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Full text of "Colección de leyes, decretos, resoluciones i otros documentos oficiales referentes al departamento de Loreto [1777-1908] formada de orden supreme"

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!W 



COLECCIÓN 



DE 



>I% 



CUMENTOS OnCIALES 



REFERENTES A 



LORETO 




tom:o IX 




i 




LEYES, DECRETOS, RESOLUCIONES 



OTROS DOCUMENTOS OFICIALES 

REFERENTES AL 

DEPARTAMENTO DE LORETO 



FHltlIADA 1>B ORUBN SlTpRBMA POR UL DOCTtlU 

CARLOS LARRABURE I CORREA 



EDICIÓN OFICIAL 



TOMO IX 



CONTENIDO: Jurisdicción eclesiásticn i raisia- 
nes, seganda parte. — Instrucción Pública. — Ca- 
minos terrestres. 



LiriA-PCRU 

Otidrví ripíigráflro ele "La OpiíWón Norfonrt** 
Oremioa 441 

1907 




L 



índice fíNHLITICO 



DE LAS MATERIAS CONTENIDAS EN ESTE NOVENO VOLUMEN 



CAPITULO Y. 



JURISDICCIÓN ECLESIÁSTICA I MISIONES. 



• 



(segunda parte. ) 

(Continuación.) 



PAGINA 



Relación histórica de ¡as misiones de fíeles é infieles 
del colegio de Santa Rosa de Ocopa^ escrita por 
los PF. Pallares j Calvo,— Restablecimiento de 

LASMISIONES EN 1870 3 

Memoria presentada por el prefecto apostólico de 
San Francisco del Ucayali al ministro de Justicia 
i culto.— 16 de julio de 1903 206 

Memoria presentada por el prefecto apostólico de 
San León del Amazonas al ministro de justicia i 
culto.— 10 de mayo de 1903 215 



— IV — 



PAGINA 



Memoria presentada al ministro de justicia, instruc- 
ción i culto por el prefecto apostólico de San 
• Francisco del Ucayali. -25 de juaio de 1904- 229 

Memoria referente á la prefectura apostólica de San 
León del Amazonas, presentada al ministerio de 
justicia, instrucción i culto por el P, prefecto frai 
Paulino Díaz,— 21 de mayo de 190* 233 

Memoria de la prefectura apostólica de San Francis- 
co del Ucayali.— W de setiembre de 1905 245 

Memoria de la prefectura apostólica de San León del 

Amazonas.— '20 de junio de 1905 249 

El prefecto apostólico de San León del Amazonas in- 
forma á la sociedad de Propagación de la fe en el 
Oriente sobre el estrado de las misiones que le es- 
tán encomendadas, en especial las de Pebas i Pu- 

tumayo 259 

Jurisdicción de las prefecturas apostólicas estableci- 
das en e/ Orie/j te. — Resolución suprema de 13 
de abril de 1907 recaída en el expediente se- 
guido con motivo de cuestiones jurisdicciona- 
les habidas entre el prefecto apostólico de 
San León del Amazonas i el cura de Iquitos... 266 



CAPITULO VI. 



ADMINISTRACIÓN GENELAL 



Pidiendo que no se impida á los comerciantes de Cha- 
chapoyas la venta de cuchillos, fierro i acero pa- 
ra Maínas.— Oficio.— 6 de marzo de 1823 271 

Orden al gobernador de Mainas para que solo obe- 
dezca las disposiciones emanadas de la presiden- 
cia de Trü/77/o.— Oficio.— 14 de marzo de 1823... 272 

Tenientes gobernadores existentes en Mainas, — Ofi- 
cio.— 6 de junio de 1823 273 



— V — 



PAGINA 



Decomiso de la zarza que se extraiga del río Ñapo sin 
licencia del gobernador de M¿ii/3as.— Oficio.— 4 
de febrero de 1825... 274 

El suprefecto de Mainas pide el establecimiento de 
guarniciones militares en Loreto i Putumyo. — 
Oficio.— 21 de febrero de 1825.. 275 

Extracción de zarzaparrilla de los territorios del Na- 

po.— Oficio.— 18 de julio de 1825 276 

Se dá el título de gobernadores á los antiguos te- 
nientes de los püe6/os.— Oficio.— 20 de agosto de 
1825 277 

Excención de contribuciones á los habitantes de Mai- 
nas.— Primera nota del prefecto de La Li- 
bertad.— 12 de enero de 1827 278 

Excención de contribuciones á los habitantes deMai- 

nas.— Segunda nota.— 12 de febrero de 1827 279 

Excención de contribuciones á los habitantes de Mai- 

uas.— Tercera nota.— Setiembre de 1827 280 

Excención de contribuciones á los habitantes de Mai- 

nas.— Cuarta nota.— Setiembre 7 de 1827 281 

Prohibiendo el trabajo forzado de los indígenas, — 
Bando expedido en la ciudad de moyobamba 
POR el subprefecto don Carlos del Castillo, i 
—20 de febrero íle 1830 282 

Amenaza de los salvajes al pueblo de Santiago.-- 

Nota.— 10 de marzo de 1830 283 

Parte á que que se refiere la anterior nota, — 15 de fe- 
brero de 1830 284 

Ordenando auxilios al gobernador de Santiago. — 

Nota.— 20 de marzo de 1830 286 

Auxilios al gobernador de Santiago para que defien- 
da ese pueblo de la agresión délos salvajes, — No- 
ta.- 14 de abril de 1830 287 

Primer nombramiento de gobernador para el pueblo 

de iVauta.— Nota.— 30 de abril de 1830 288 

Persecución de los salvajes que amenazaban los pue- 
blos de las misiones altas.-^NoTA-ciRCVLAR k los 
gobernadores de Misiones, Santiago, Borja, 
etc.— 30 de julio de 1830 289 



I 

-VI - 

pAgina 



Nota del gobernador de Santiago.— 30 de julio de 

1830 290 

Segunda nota al gobernador de Santiago,— 19 de oc- 
tubre de 1830 291 

Tercera nota a¡ gobernador de Santiago. — 19 de no- 
viembre de 1830 292 

Nota al gobernador de Borja, — 19 de noviembre de 

1830 293 

Cuarta nota al gobernador de Santiago.—SO de no 

viembre de 1830 294 

Nota al gobernador de Misiones. — 11 de diciembre de 

1830 295 

El gobernador de Misiones al subprefeecto de Mai- 

nas.— Nota.— 22 de agosto de 1830 296 

Facultades que marcan las atribuciones de los gober- 
nadores del interior de esta provincia de Mainas 
con arreglo á las leyes de la nación, dadas por 
esta subpreíéctura de Mainas. — 12 de setiembre 
de 1830 297 

Amenaza de los salvajes al pueblo de Santiago. — No- 
ta.— Marzo de 1831 302 

Armamento de la antigua guarnición de Mainas. ^2ñ 

de mayo de 1831 304 

Se declara que Mainas está eximida del uso de papel 
sellado.-— Eu prefecto de La Libertad tras- 
cribe AL SUBPREFECTO DK MAINAS LA RESOLU- 
CIÓN SUPREMA DECLARANDO k ESTA PROVINCIA 
EXIMIDA DEL USO DE PAPEL SELLADO.— 30 de junio 

de 1831 305 

Subordinación de los gobernadores de los pueblos de 
las Misiones de Mainas al gobernador general. — 
Nota.— 24 de agosto de 1831 306 

Autorizando al subprefecto de Mainas para que em- 
plee la guardia nacional en la defensa de las po- 
blaciones que amenacen los salvajes. — El pre- 
fecto DE La LiBRTAD TRASCRIBE AL SUBPREFEC- 
TO DE Mainas la orden impartida por el minis- 
tro DE GUERRA, DE ACUERDO CON S. E., QUE DIS- 
PONE SE HAGA USO DE LA GUARDIA NACIONAL DB 



— VII — 

PÁGINA 
MOYOBAMBA PaRA RECHAZAR LOS ATAQUES DE LOS 

SALVAJES. -26 de setiembre de 1831 307 

Aduana en la frontera con el Brasil. — Nota.— 26 de 

junio de 1832 308 

Compañías de círfcos.— Nota.— 7 de julio de 1832.... 309 

Ei gobernador de las misiones de Mamas se dirige á 
los pueblos de Andoas i Pinches para defenderlos 
de los salvajes. — Nota. — 14 de setiembre de 1832. 

Receptoría de alcabalas en el pueblo de Loreto, — 

Nota. -20 de mavo de 1833 311 

Establecimiento de municipalidades en todos los pue- 
blos de la provincia de Mainas. — Nota.— 8 de ju- 
nio de 1833 812 

Auxilios de los gobernadores de San Antonio, Ba- 
rranca i Borja al pueblo de Santiago amenazado 
por los salvaJes.-^NuTA. — 12 de mayo de 1834.... 313 

Amenazas de los Aguaruñas ai pueblo de Santiago. — 

NOTA.-21 de julio de 1834 314 

Amenaza de los Agunrnnas al pueblo de Santiago.-- 
Primera nota A que se refiere la anterior 
DEL sübprefecto DE Mainas.— 18 de abril de 
1834 315 

Amenaza de los Aguaruñas al pueblo de Santiago. — 

SEGUADA nota a que SE REFIERE LA ANTERIOR 

DEL SÜBPREFECTO DE Mainas.— 19 de abril de 

1834 317 

Petición de auxilios para defender las poblaciones de 
Santiago i Borja de los ataques de los salvajes. — 
Nota.— 8 de agosto de 1834 319 

Se encarga al teniente Gregorio del Castillo la perse- 
cución de los bárbaros que amenazan Santiago, 
Borja, Barranca i San Antonio. — Nota del go- 
bernador DE DICHOS PUEBLOS COMUNICÁNDOLES 

EL NOMBRAMIENTO. —14 de agosto de 1834 321 

Se encarga al teniente Gregorio del Castillo la perse- 
cución de los bárbaros que amenazan Santiago, 
Borja, Barranca i San Antonio. — Ñola al te- 
niente Castillo dándole la comisión. — 14 de 

agosto de 1834 322 

II 



— VIII — 

PÁGINA 

Se nombra á don Fedro Guerra gobernador de An- 
doas^ con cargo de que informe sobre la conducta 
del párroco de su pue6/o.— Nota.— 23 ríe octubre 
de 1834 323 

Consulta al gobernador de Chasuta sobre la hoja 
fluvial á que pertenece el PacA/íea.— Oficio. — 15 
de noviembre de 1834 324 

Orden al gobernador de Misiones para que extraiga 
del pueblo de Omaguas varios infieles mayoru- 
nas allí prisioneros, — Nota. — 27 de setiembre.de 
1835 , 325 

Orden á los gobernadores de los distritos de Misio- 
nes para que no salgan del pueblo de su mando 
sino con conocimiento de la subprefectura de Mai- 

TJaS.— NOTA-CIRCÜL'^R Á LOS GOBERNADORES DE 

LAS MISIONES ALTA I BAJA.— 30 de Setiembre de 

1835 326 

Visita á los pueblos del Huallaga.—}ioT\ que elsüb- 

PREFECTO DE MaINAS DIRIGE AL GOBERNADOR DEL 
CERCADO COMUNICÁNDOLE SU NOMBRAMIENTO DE 
VISITADOR DEL CORDÓN DEL HUALLAGA É IMPAR- 
TIÉNDOLE INSTRUCCIONES.— (3 de abril de 1836 328 

Cumplimiento de un compromiso contraído con el 
párroco de Cane/os.— Oficio.— 15 de agosto de 
1837 330 

Perjuicios ocasiooodos por los indígenas en el Putu- 
/najo.— Trascripción de una nota que hace el 

SÜBPREFECTO DE MaINAS AL ILUSTRÍSIMO SEÑOR 
OBISPO ELECTO DE CHACHAPOYAS.— 25 de BgOS- 

to de 1836 \ 331 

Temores de invasión brasilera por la frontera de Lo- 
reto.— Primera nota del subprefecto de Mai- 
NAS.— 5 de setiembre de 1836 332 

Temores de invasión brasilera por la frontera de Lo- 
reto.— Segunda nota del subprefecto de Mai- 
NAS.— 16 de setiembre de. 1836 333 

Temores de invasión brasilera por la frontera de Lo- 
reto.— Tercera nota del mismo subprefecto'.— 
24 de setiembre de 1836 335 



— IX — 



PÁGINA 



Permiso á varios brasileros para que se internen á 
Loreto por la frontera del Amazonas,— -Nota. — 
6 de setiembrede 1836 336 

Aduana de Loreto.— Nota. — 4 de noviembre de 1836. . 337 
Arreglo de los pueblos del Hua llaga, — Nota,— 4 de 

noviembre de 1836 338 

Supresión del gobierno general de Misiones, — Nota — 

1^ de enero de 1837 340 

Investigaciones sobre la existencia de una mina de 
azogue en las inmediaciones del pueblo de La- 
inas,— Nota del subprefecto de Mainas al 
PREFECTO DE Amazonas.— 6de mavo de 1837 341 

Investigaciones sobre la existencia de una mina de 
azogue en las inmediaciones del pueblo de La- 
inas.— El sübprefecto de Mainas á los gober- 
nadores DE Lamas i Tarapoto.— Nota-circu- 
lar.— 9 de mayo de 1837. '. 342 

Investigaciones sobre la existencia de una mina de 

azogue en las inmediaciones del pueblo de ha- » 

mas.— Segunda nota del sübprefecto de Mai- 
nas AL prefecto de AMAZONAS. —Junio 6 de 
1837 : 343 

Investigaciones sobre la existencia de una mina de 
azogue en las inmediaciones del pueblo de ha- 
mas.— Nota anexa á la anterior del sübpre- 
fecto DE Mainas.— Junio 6 de 1837 344 

Permiso al brasilero Silva Ferreira para penetrar al 

río Püíwniajo.— Nota.— 28 de febrero de 1838.... 344 

El sübprefecto de Mainas pide aprobación de las me- 
didas que dictó para defender Santiago i Borja de 
las invasiones de los salvajes,— Nota.—G de abril 
de 1839 346 

Castigo al gobernador de Pebas por haber dirigido 
una correría de salvajes en los territorríos del 
iVapo.— Nota.— 24 de abril de 1839 348 

Castigo al gobernador de Pebas por haber dirigido 
una correría de salvajes en los territorios del Ña- 
po,— Nota AL gobernador DE MISIONES.— 24 de 

abril de 1839 349 



— X — 



PAGINA 



Nombramiento de an segundo gobernador para el 

distrito de Valle— Kor\. -12 de mayo de 1839... 350 

Proyecto de Aduanilla de la frontera norte del Ama- 

zonas.— Nota. — 6 de setiembre de 1839 351 

Propuesta de gobernador general de Misiones. — No- 
ta.— 11 de junio de 1840 352 

Parü que los gobernadores de los aillos de Misiones 
sean tenidos por simples inspectores, — Nota. — 6 
de julio de 1840 353 

Aduanilla en la frontera de Loreto. — Nota. — 6 de no- 
viembre de 1841 354 

Supresión de los gobernadores de los pueblos de Mi- 
siones, — Nota.— 6 de marzo de 1843 355 

Proyecto de establecimiento de una aduana en el in- 
terior de Aíainas.— Nota.— 6 de julio de 1843 356 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— Nota DEL GOBERNADOR DE JEBEROS AL SUB- 

PREFEcro DE Mainas.— 2 de novienibre de 1843. 357 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para co atener los avances de és- 
íos.— El subprefecto de Mainas al goberna- 
dor DE Misiones.- Nota.— 11 de noviembre de 
1843 358 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El subprefecto de Mainas al goberna- 
dor de Jeberos. — Nota. — 11 de noviembre de 
1843 359 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El subprefecto de Mainas al prefecto 
DE Amazonas.— Nota.— 11 de noviembre de 1843. 361 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por ¡os sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El, gobernador de Misiones al subpre- 
fecto DE Mainas. — Nota— 16 de noviembre de 
1843 363 



— XI — 



PAGINA 



Destrucción del pueblo de Snnta Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El SÜBPREFEGTO DE MaINAS AL GOBERNA- 
DOR DE Misiones.— Nota.— 28 de noviembre de 
1843 364 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El GOBERNADOR DE MISIONES AL SUBPRE- 

FECTO DE Mainas. — NoTA. — 8 de noviembre de 

1843 : 365 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para repelerlos, — El juez dr paz 

DE ÜMAGUA ALGOBERNRDORDE MlSIONES.— NoTA. 

—28 de noviembre de 1843 368 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El SUBPRKFECTO DE MaINAS AL GOBERNA- 
DOR DE Misiones. — Nota.— 12 de diciembre de 
1843 369 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El SÜBPREFECTODE MaINAS AL COMANDAN- 
DANTE GENERAL DE AMAZONAS.— NoTA.— 13 de di- 
ciembre de 1843 371 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos,— El SUBPREFECTO DE MaINAS AL COMANDAN- 
DANTE GENERAL DE AwAzoNAS.— NoTA.— 15 de di- 
ciembre de 1843 374 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances dt és- 
tos. — El COMANDANTE GENERAL DE AMAZONAS AL 

SUBPREFECTO DD Mainas.— NO TA.— 19 de diciem- 
bre de 1843 375 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El SUBPREFECTO DE MaINAS AL PREFECTO 

DE Amazonas.— Nota.— 19 de diciembre de 1843. 376 



— XII — 

PÁGINA 

Destrucción del pueblo de Santa Teresa por los sal- 
vajes i medidas para contener los avances de és- 
tos.— El subpkefecto de Mainas al prefecto 
UK Amazonas.— Nota.— 6 de julio de 1844 377 

Inspectores de policía en los pueblos de Mainas,— Ko- 

TA.— 6 de octubre de 1843 379 

Inspectores de policía en los pueblos de Mainas. — Re- 
solución RECAÍDA EN LA NOTA ANTERIOR.— No- 

TA.— 13 de octubre de 1843 381 

Auxilios de indios indios cocamas á /as autoridades 
brasileras para la ejecución de obras en el puerto 
de Tnbatinga, — XoTA. -30 de noviembre de 
1843 382 

Auxilios de indioscocamas á las autaridades brasile- 
ras para la ejecución de obras en el puerto de Ta- 
fcatin^a.— Resolución recaída en la nota pre- 
cedente.— 13 de diciembre de 1843 383 

Prescripciones pitra la defensa del pueblo de Barran- 
ca en caso de un ataque de salvajes — Nota. — 26 
de febrero de 1845 384 

Término para el cumplimiento en Mainas de las ór- 
denes superiores. — Nota. — 6 de octubre de 1845.. 385 

El subprefecto de Mainas pide el nombramiento de 
un gobernador en general de las Misiones bajas, 
—Nota.— 6 de julio de 1848 386 

El subprefecto de Mainas pide el nombramiento de 
un gobernador en general de las misiones bajas. 

El subprefecto de Mainas pide el nombramiento de 
un gobernador en general de las misiones bajas, 
—Proveído en la anterior nota.— 13 de julio de 
1848 388 

Nombramiento de un visitador para los pueblos de 

Pinches i Anc/oas.— Nota.— 27 de julio de 1850... 390 

Prohibición del trabajo forzado de los indígenas. — 

Nota.— 30 de diciembre de 1850 392 

Hostilidades de los salvajes al pueblo de Barranca. — 
Nota del goberaador de Misiones al subpre- 
fecto de Mainas.— 18 de abril de 1851 393 



— XIII — 

PÁGINA 



Hostilidades de los salvajes al pueblo de Barranca, — 
Segunda nota del gobernador de Misiones al 
SUBPREFECTO DE Mainas.— 22 de mayo de 1851.. 394 

Residencia del fcobernador general de Misiones en el 

pueblo de Nauta. —Nova.— -2 de julio de 1851 396 

Extracción de indígenas de los territorios de Mainas 
por los brasileros, — Nota. — 7 de diciembre de 
1851 397 

Guarnición militar en la frontera de Loreto. — El 

PREFECTO DE AMAZONAS AL SUBPREFECTO DE 

Mainas.— Nota.— -15 de lebrero de 1853 399 

Guarnición militar en la frontera de Loreto, — El 

SUBPREFECTO DE MaINAS AL PREFECTO DE Ama- 

ZON AS.— Nota .—23 de febrero de 1 853 400 

Guarnición militar en la frontera de Loreto, — Segun- 
da NOTA del prefecto DE AMAZONAS. — 1*" de 

marzo de 1853 402 

Guarnición militar en la frontera de Loreto, — Ter- 
cera NOTA DEL prefecto DE AMAZONAS.— I'' de 

marzo de 1853 403 

Guarnición militar en la frontera de Loreto, — Cuar- 
ta NOTA DEL PREFECTO DE AmAZONaS. — 15 de 

marzo de 1853 404 

Levantamiento del departamento de Amazonas, por 
los ingenieros Maríani i Montferrer, — Nota. — 29 

de abril de 1855 405 

Auxilios militares al pueblo de Andoas,— Nota, — 

23 abril de 1856 , 407 

Remisión de armas á los habitantes del pueblo de 

i4ndoas.— Nota.— 26 de abril de 1856 408 

Rescate de indiostomados por los záparos, — Nota. — 

10 de julio de 1856 409 

Incendio del pueblo de ígnitos, — Nota.— 30 de agos- 
to de 1872 410 

Se ordena que todos los pagos á las oficinas fiscales 
de Loreto se bagan en moneda nacional,— Kuta, 
—21 de junio de 1901 413 

Se ordena que todos los pagos á las oficinas fiscales 
de Loreto se hagan en moneda nacional, — Docu- 



— XIY — 



PAGINA 



MENTÓ ANEXO AL ANTERIOR.— RAZONES QUE MOTI- 
VARON EL BANDO PREFECTURAL ORDENANDO QUE 
EN LA ADUANA DE ESTE PUERTO I EN LAS OFICINAS 
FISCALES NO SE RECIBIESE, DEt-A FECHA EN NO- 
VENTA DÍAS, OTRA MONEDA QUE LA NACIONAL.— 21 

de junio de 1901 415 

Estanco de la sa/.— Nota.— Agosto de 1903 417 

Servicio de carga i descarga por el muelle de Iqaitos. 
—Resolución prefectural.— 25 de diciembre de 

1905 418 

Muelle de /(yt/ií os.— Resolución suprema.— 1(5 de fe- 
brero de 1906 419 

Saneamiento de /gu/tos.— Informe.— 8 de febrero de 

1906 420 

Derechos de importación, — Cúmplase del ejecutivo 

Á LA leí dada por EL CONGRESO DE LA REPÚBLI- 
CA ESTABLECIENDO LOS DERECHOS DE IMPORTA- 
CIÓN A LAS MERCADERÍAS QUE SE INTRODUZCAN AL 

DEPARTAMENTO DE LoRETO. — 27 de eiiero de 

1906 430 

Pago de derechos á la empresa del muelle de Iquitos, 

Resolución suprema.— 3 de febrero de 1906 432 

Liberación de impuestos al carbón de piedra. — Reso- 
lución SUPREMA.— 21 de febrero de 1906 433 

Abono de las asignaciones dejadas en Lima por los 
empleados del ministerio de gobierno en el depar- 
tamento de ioreío.— Resolución suprema.— 11 
de junio de 1906 434 

Organización del almacén fiscal de Iquitos, — Reso- 
lución suprefectural.— 14 de julio de 1906 435 

Reorganización de los servicios administrativos en 
la Vía Centra/.— Resolución suprema. -12 de 
abril de 1907 437 

Introducción de armas de guerra á Loreío.— Decre- 
to SUPREMO.— 22 de abril de 1907 442 



— XY — 



CAPITULO VII 



INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 



PÁGINA 



Escuelas en las Misiones de Mainas. — Oficio. — 1^ de 

julio de 1825 449 

Establecimiento de e&cuelas de primeras letras en los 

pueblos de Mainas,— 1S31 430 

Enseñanza dé las primeras letras en el pueblo de San- 
tiago.— Oficio.— 20 de marzo de 1832 450 

Invitación á los padres de familia de Mainas para 
que envíen sus hijos á escuchar las lecciones de 
matemáticas que se dictan en el seminario de Tru- 
yiV/o.- 1832 451 

Solicitando una Joven de Mainas para que estudie en 
la casa de Maternidad de Lima.— Circular. — 30 
de agosto de 1832 452 

Escuela de primeras letras en Jeberos, — Nota. — 19 de 

junio de 1843 453 

Edicto del obispo de Mainas á los padres de familia 
pidiéndoles envíen sus hijos á la escuela de prime- 
ras letras establecida en el seminario de Moyo- 
bamba.'-23 de setiembre de 1843 455 

Protección á la escuela de primeras letras fundada en 
Mojrobamba por el obispo Arriaga, — Bando. — 30 
de setiembre de 1843 459 

El obispo de Mainas solicita se considere anexa al 
seminario de Moyobamba la escuela de primeras 
letras que ha fundado en esa ciudad, — Nota. — 6 
de octubre de 1843 462 

Escuelas de primeras letras en las Misiones de Maz- 
nas.— Aprobación DE LAS MEDIDAS ADOPTADAS 
POR EL GOBERNADOR DE MaINAS. — RESOLUCIÓN 

PREFECTURAL.— 27 de febrerode 1847 463 

IV 



— XVI — 

pAgina 

Escuelas de primeras letras en fas Misiones de Mai- 
nas.— Nota á que se refiere el subprefecto 
DE Mainas i que originó la anterior resolu- 
ciÓN.— 2 de febrero de 1844 464 

Proyectada traslación de la escuela de príñjeras le- 
tras de Balsapuerto á Nauta. — 1851 465 

Reglamento para las escuelas públicas del departa- 
mento de Amazonas^ entre ellas las de Mainas. — 
30 de noviembre de 1853 466 

Establecimiento de una escuela nática en el depar- 
tamento marítimo militar de Loreto,— Decreto 
—7 de enero de 1861..., 468 

Colegio de instrucción media en la capital del depar- 
tamento de Loreío.— Resolución legislatia.— 
28 de enero de 1864 468 

Aumento de la dotación asignada ni colegio de ins- 
trucción media de la capital de ioreío— Lel— 19 
de eneró de 1871 468 

Colegio de niñas en la capital del departamento de 

Lortfto.— Leí.— 19 de enero de 1871 469 

Escuela taller en la ciudad de Moyobamba.'—t,EU— 

18 de noviembre de 1871... 469 

Creación de un colegio de instrucción media en Iqui- 

tos.— Leí.— 23 dé febrero da 1900 469 

Se manda invertir Lp. 4,532*5 en Ih primera ense- 
ñanza de Loreío.— Decreto supremo.— 9 de ju- 
lio de 1904 470 

Autorizüciótí al prefecto de Loreto para que provea 
de preceptores á las escuelas tfsca/es.— Ofício.— 
25 de julio de 1904 470 

Declarando insubsistente la creación de algunas es- 
cuelas en San Martin i mandando establecer tina 
de segundo grado en Tarapoto— Resolución su- 
prema.— 11 de ag05?to de 1904 470 

Se manda aplicar Lp, 7,200 consignadas en el pliego 
adicional de instrucción del presupuesto gVtieral 
de la república al sostenimiento de varías ésttte- 
las ñscales, entre ellas algunas en LoretO.-^RK- 
solución suprema.— 25 de febfero cíe 1905 471 



— XYII — 

PÁGINA 

Establecimiento de una escuela taller 'en Iquitos.-— 

kESóLUClÓN SUPREMA.— 7 de abril de 1905.. 471 

Presupuesto de las escuelas ñscales de Loreto, — Re- 
solución MINISTERIAL.— 28 de abril de 1905 471 

Se declara nacional el colegio de instrucción media de 

Taríipoío.— Leí.— 27 de setiembre de 1905 472 

Escuela de comercio de Yurimaguas, — Leí. — 27 de 

noviembre de 1905 472 

Creación de escuelas técnicas en Loreto, — Decreto 

SUPREMO.— 14 de diciembrede Í905 472 

tiecas por Loreto para la escuela de artes i oficios de 

iima.— Oficio.— 19 de abril de 1906 474 

Editicio para el centro escolar de Iquitos, — Resolu- 
ción SUPREMA.— 1'' de junio de 1906 475 

Plan de estudios para las escuelas comerciales de Lo- 
iTeto.— Resolución ministerial.— 23 de marzo de 

1907 : : :: 476 



CAPITULO VIH 



CAMINOS TERRESTRES. 

Refección del camino del tambo de Roque á Saposoa» 
—Primera orden para la ejecución de esa 
obra.— Nota.— 13 de julio de 1853 479 

Refección del camino del tambo de Roque á Saposoa* 
—Segunda nota sobre el mismo particular.— 
6 de noviembre de 1835 480 

Refección del camino del tambo de Roque A SapoSoa» 
Tercera conminatoria.— Nota.— 29 de noviem- 
bre de 1835 481 

Camino del tambo de Roque á Saposoa. —Kor\. — 6 

de julio de 1836 482 



— xvni — 

PAGINA 

Camino de Jepelacio á Saposoa.-'NoTA. — 13 de ene- ^ 

ro de 1837 483 

Camino de Saposoa al tambo de Roque. — Primera 
NOTA AL GOBERNADOR DE Saposoa.— -14 de enero 
de 1837 484 

Camino de Saposoa al tambo de Roque. — Segunda 
nota al gobernador de Saposoa. — 2 de marzo 
de 1837 485 

Camino de Jepelacio á Guayabamba, — Nota. — 1837. 486 

Camino de Soritor á Guayabamba, — Nota.— 28 de 

marzo de 1837 , 488 

Camino de Situlli á Jepelacio,— üota. del sübpre- 
fecto de Mainas al gobernador de Saposoa.— 
29 de marzo de 1837 489 

Camino de Situlli á Jepelacio, --Ñor a al comisiona- 
Díi PARA LA apertura DEL CAMINO— 29 de marzo 
de 1837 490 

Camino de la Laguna á Pachiza. — Nota.— 6 de abril 

de 1837 491 

Camino de Yurayacu á Pucaladríllo,—NoT\.~-6 de 

junio de 1837 492 

Camino de Calavera á Quilcarumi, — Nota. — 15 de 

setiembre de 1838 493 

Camino de Saposoa á Ca/amargu/í/a— Nota.— 20 de 

febrero de 1845 494 

Camino de Copallin á i4ta22/nayo— Nota.— 28 de 

abril de 1845 .". 495 

Razón de las obras públicas nuevas^ refaccionadas ó 
en obra de la provincia de Mainas que se han 
practicado hasta el día de la fecha, formada por 
el subprefecto José Orosco.— Cuadro.— 1848 497 

Nota de remisión del anterior cuadro— 21 de agosto 

de 1848 499 

Reparación de los caminos, puentes i tambos delgo- 
biernu de las misiones de Mainas,— Nota — 4 de 
julio de 1851 500 

Trocha de Guayabamba á Soritor.— Nota.— 6 de ju- 
nio de 1852 501 



— XÜX — 



PAGINA 



Trocha de Guavahamha á Sor/ion— Nota. --23 de 

noviembre fie 1852 • 502 

Trocha de Guayabamba A Soritor.—IH de setiembre 

de 1852 503 

Oposición del sabprefecto de Mainas á que se impon- 
ga á los vecinos de su provincia la reparación de 
caminos de CAncA/iporas,— Nota.— 23de juliode 
1853 ^,. 505 

Camino de Moyobamba á CamarqaUIa^Korx.'S 

de setiembre de 1855 508 

Instrucciones'para la composición de caminos en la 

provincia-de Ma/ofls— Nota— 7 de mayo de 1856 510 

Estudio de la vía Moyobamba-Bnlsapnerto.—kcTx, 

22 de agosto de 1863 512 

Apertura del camino de Moyobamba á Balsa puer- 
to i exploración del mismo por el prefecto de 
Loreto, don Francisco de P, Secada.— Nota del 
prefecto dando cuenta de su primera explo- 
ración.— 6 de febrero de 1865 515 

Camino de Moyobamba al río Indoche, — Nota. — 

30'de octubre de 18G5 518 

Camino, de Chachapoyas al Marañón, — Nota.— 14- 

de octubre de 1871 519 

Camino de Tayabamba al Hua//a^a.— Resolución 

suprema— 29 de febrero de 1872 523 

Itinerario de los caminos de la provincia del cerca- 

dOf con los limítrofes de Chachapoyas, Alto 

• " 

Amazonas i San Martín por el subpreíecto de 
Moyobamba^ don Francisco del Águila— 1^ de 
abrü de 1892 527 

Itinerario de caminos de las provincias de Alto Ama- 

..... . ^^ 

zonas por el subprefecto don Ramón Bernales. — 

ÍÍOTA del subprefecto DE AlTO AMAZONAS 528 

Itinerario de caminos de la provincia de Huallaga, 
por el subpreíecto donjuán Chávez. — Nota del 
SUBPREFECTO.— 12 de mayo de 1892 532 

Itinerario de caminos de la provincia del' Hualluga 
poír el teniente- alcalde de Saposoa, — Nota del 
TENIENTE-ALCALDE.— 11 de mayo de 1892 534 

Y 



— XX — 

J 

PÁGINA 

Itinerarios de caminos de la provincia de San Mar- 
tin j por el subpreiecto don Pedro P. Reátegui, 
—Itinerario.— 1° de julio de 1892 ,. 539 

Itinerario de caminos de la provincia de San Martin, 
por el subpreiecto don Pedro P. Reátegui. — Iti- 
nerario.— 1^ de julio de 1892, 540 

Informe del ingeniero Carlos A. Pérez sobre el cami- 
no de Moyohamba á Yurimaguas. — Nota del 
prefecto de Loreto, elevando el informe,— 
27 de marzo de 1893.... 541 

Informe del ingeniero Pérez.— 20 de marzo de 1893... 543 

Camino de Rioja á Afojoiainia.— Oficio— 15 de 

agosto de 1893 548 

Itinerario del camino de Chachapoyas al Marañan. 

—Oficio,— 4 de noviembre de 1904 549 

Camino de Balsapuerto á Moyobamba.—RESOL.v- 

ción prefectural.—9 de diciembre de 1904 553 

Camino de Chachapoyas á Mojofcaniia.— Oficio. — 

15 de enero de 1905 554 

Informe del ingeniero Samuel Young sobre el camino 
de Moyobamba á Balsapuerto.— S de febrero de 
1905 555 

Varadero del Inuya al Cwríü/a.— Oficio.— 22 de mar- 
zo de 1905 561 

Camino de Puerto Meléndez á^azaret.— Informe de 
DON Samuel Young, ingeniero director de la 
OBRA.— 1905 562 

Memorándum sobre el estado del camino de Cha- 
chapoyas á Moyobamba i Balsapuerto^ formula- 
do por el director de obras públicas, ingeniero 
don Agustín Espinoza.—ldOS 567 

Camino de Cajamarca al río Potro.— Resolución 

SUPREMA.— 16 de febrero de 1906 570 

Camino de herradura entre los ríos Mishagua i Ma- 

721/.— Resolución suprema.— 1^ de junio de 1906 571 

Aprobando los planos para la ejecución de dos ca- 
minos que unan los ríos Blanco i Yaquerna. — 
Resolución suprema.— 15 de junio de 1906 573 



— XXI — 



PAOIXA 



Camino de Moyobamba á fíalskpuerto.—RnsotXJ- 

ciÓN SUPREMA.— 14 de setiembre de 1906 574 

Informe sobre el camino de Chachapoyas á Moyo- 
bamba i Balsapuerto, por él ingeniero Raimundo 
del Ágvila.'-9 de noviembre de 1906 575 

Personal de administración del camino al Pichis. — 

Resolución suprema.— 12 de abril de 1907 579 

Presupuesto del camino al PicAis.— Resolución su- 
prema.— 12 de abril de 1907 580 

La vía Central, 58+ 



^.^^^^^ 



CfíPITULO Y 



(CONTINUACIÓN) 



JURISDICCIÓN 



EGLESIASTIGA I IISIONES 



SEGUNDA PARTE 



■'*^=^^P^^ 



JURISDICCIÓN ECLESmSTICH 

I MISIONES 



%0^£%» 



(Se^nda Parte) 

1882 

■totoclén hlsldrlca úm las iMlslortés da flalaa é Ínflalas 
dal colagio da Santa llosa da Ocopa ascrita por 
los Pl^. Pallarás I Calvo. (1) 



CAPÍTULO I 

Restablecimiento de las misiones en 1770. 

El compendio histórico de los trabajos i muerte que su- 
frieron los misioneros de la Religión Seráfica para la conver- 
sión de los gentiles en las montañas de los Andes, compues- 
to por el R. P. Fr. José Amich é impreso en 1854, compren- 
de desde 1724, en que se concedió por la provincia de los 



( t) Aunque en esta colección no hemos querido dar cabida sino á los documentos que 
9c refieren al período republicano, consignamos íntegra la relación de los P. P. Pallerés i 
Calvo A partir del año 1770 para facilitar la comprensión de algunos hechos ocurridos en la 
época que interesa á nuestro propósito. — La primera parte de la historia de las misiones 
de Ocopa escrita por el P. Amicho i que comprende la época anterior á 1770 fué impresa en 
España el año T854 i posteriormente la reprodujeron los P. P. Pallares i Calvo, formando 
con ella el primer volumen de la obra de donde tomamos la relación que se inserta. 



_ 4 — 

doce Apóstoles de Lima, al M. R. P. Comisario de las Misio- 
nes el actual Colegio de Santa Rosa de Ocopa, que entonces 
era simplemente un anejo de la parroquia del mismo nombre, 
hasta el año 1771, concluyendo con el abandono de las mi- 
siones de Lamas. 

A causa de la expulsión de los padres Jesuítas, fueron en- 
cargadas á este Colegio las Misiones del archipiélago de 
Chiloé por los años de 1770, i en 1787 los misioneros de 
Ocopa habían visitado ya con sn celo apostólico, tanto las 
islas de dicho archipliélago como el continente, habiendo ca- 
tequizado á muchos infieles i administrado los santos sacra- 
mentos á veinte i seis mil seiscientos ochenta i cinco cristia- 
nos que encontraron en ellas diseminados. 

El Cabildo de la ciudad de Santiago de Castro, capital 
de la provincia de Chiloé, en un«a certificación de 7 de Se- 
tiembre de 1787 afirma que todos los misioneros existentes 
en aquellas islas i tierra firme, animados de su celo i amor 
de las almas, se ocupaban sin perdonar trabajo ni fatiga en 
confesarlas i adoctrinarlas; i en otro informe dado por el mis- 
mo Cabildo en 7 de Diciembre de 1789 i confirma lo mismo, 
manifestando la necesidad que había de mayor número de 
operarios, para poder dar más pronta i proporcionadamen- 
te el pasto espiritual al número expresado de almas, que mo- 
ran en la tierra firme i veinte i seis islas. D. Francisco Ga- 
ros, Gabernador intendente de dicha provincia, en su oficio 
de 1.° de Diciembre del referido año 1889, informó lo mismo 
acerca de los trabajos de los misioneros i la necesidad de 
mayor número de operarios. 

A fines del ft ño 1786, el padre misionero Fr. Francisco 
Menéndez acompañado de D. Manuel Barrientos i algunos 
indios, emprendió un penoso viaje que concluyó, en 18 de 
Enero del siguiente año. Del diario que dejó escrito consta, 
que dirigiendo su rumbo por el Este de la última isla, que se 
halla ala parte de la cordillera llamada Butachangui, se inter- 
nó por el estero Murillmo, siguiendo por el río Bodahuc, has- 
ta su confluencia con el Reremo; continuando su viaje por 
tierra llegó á atravesar la famosa cordillera nevada de los 
Andes, i habiendo bajado a una llanura de dos leguas, des- 
cubrió varias lagunas, á la otra parte de las cuales vio tres 
cerros que hacían frente á otros dos colorados. 



5 



Pasados estos, mirando por la parte del Este, vio una 
pampa interminable, i cerca de aquellos cerros encontró tres 
caminos mui trillados, con pisadas recientes de caballos. L?* 
falta de provisiones, empero, i el temor de dar sin las debi- 
das prevenciones en manos de los infieles, le impidió seguir 
la empresa. Este laborioso misionero merece un particular 
recuerdo; ejercitóse sin cesar dando misiones en aquellas is- 
las, sufriendo inmensos trabajos por mar i tierra, i en la ex- 
pedición que hizo hasta la altura de diez i siete grados en el- 
año 1779, pudo á costa de evidentes peligros, atraer mu- 
chos gentiles á la fé. 

Los pueblos i capillas de misiones que por este tiempo 
tenía á su cargo el Colegio de Ocopa en las montañas del Pe- 
ríj, fuera de las que tenía en tiera firme é islas de Chiloé, eran 
nueve á saber: cuatro conversiones de Cajamarquilla ó Huai- 
lillas, llamadas Pajaten, Valle, Sion, i Pampa-hermosa: 
cuatro en las de Huánuco, á saber: Pueblo nuevo, Chaclla, 
Muña i Pozuzo, i una capilla con el nombre de Simaribe en 
las de Huanta. 



CAPÍTULO II 

Progreso de Jas misiones durante la guardiania del R. P, Fr 

Manuel Sobreviela 

Como hemos indicado en eV capítulo anterior, las necesi- 
dades de las renacientes misiones reclamaban imperiosamen- 
te un aumento de personal, que no podía proporcionarles la 
escasez de misioneros que había en Santa Rosa de Ocopa; 
pero la Providencia que les había deparado aquel vasto cam- 
po para ejercitar en él la labor de su caridad, no tardó en su- 
ministrarles el refuerzo que para esto necesitaban. En efec- 
to, por el mes de Febrero de 1787 llegó á Otopa la numerosa 
misión de cuarenta sacerdotes i cinco legos, que condujo el 
R. P. Fr. Francisco Alvarez de Villanueva: i aún que por mo- 
tivos particulares no se dio un impulso inmediato a las mi- 
siones, no obstante luego de celebrado el capítulo i elegido 
prelado de este Colegio el célebre P. Fr. Manuel Sobreviela, 
recibieron tanto incremento las misiones de fieles é infieles, 



- 6 - 

gracias al celo i talento de este Guardián, que bien podemos 
asegurar, que este Colegio desde su fundación no ha tenido 
jamás tantos pueblos de conversiones ni un número tan con- 
siderable de almas bajo su cuidado. Este sabio misionero en 
el tiempo de su guardianía, levantó el mapa de los ríos Hua- 
llaga i Ucayali i de toda la pampa del Sacramento, siendo 
este plano el primero que se publicó en ei Perú. 

Visitó perspn^ilmente las conversiones de Cajamarquilla 
i Hauilíllas, las de Huanta i Jaiya, en^ Victoc Pucará i Collac; 
levantando planos topográficos de todo cuanto visitaba, 
los cuales fueron presentados al rei, siendo apreciados en la 
corte de Madrid, lo i;i;iisrao que en toda, España i América. 

La prensa peruana de los años 1791 i 1792 hace gran- 
des elogios del R. P. Sobrevida, reseñando con el mayor inte- 
rés i satisifa^ción sus viajes, dando cuenta de su3 planos, i 
publicando cuantas noticias les remití. Sus trabajos se di- 
rigieron principalmente á enseñar á los misioneros de Ocopa, 
los caminos i sitios por donde deben introducirse en las mi- 
siones de los pueblos que tenían formados en las montañas 
del Perú, i en innumerables tribus bárbaras, en cuya conver- 
sión emplearon nuestros predecesores su ardiente celo con in- 
mensas fatigas, hasta dejar bañada la tierra con su sangre. 
No se limitaban empero sus miras al solo bien espiritual i 
temporal de las naciones infieles, sino que atendía también 
al comercio i prosperidad de- la parte civilizada del Perú, in- 
vitando á sus moradores á penetrar en aquellas vastas re- 
giones, á fin de enrriquecerse con las preciosas i ricas produc- 
ciones de que abundan; pues, como dice él mismo, sus inmen- 
sas i feraces llanuras están, pobladas de árboles útiles i yer- 
bas medicinales, la multitud de animales, así terrestres co- 
mo volátiles, es infinita, los ríos están llenos de innumerable 
variedad de peces, etc. 

No satisfecho el P. Sobrevida con las largas: observacio- 
nes que él mismo hizo en sus repetidos viajes á las monta- 
ñas por casi todas las fronteras del Perú, examinó, minucio- 
samente los derroteros i planos que se conservan en el archi- 
vo de este Colegio desde el año 1631, formados por los reli- 
giosos de la provincia de Lima i Ocopa; procurando por to- 
dos estos medios facilitar la entrada en las misiones i asegu- 
rar las comunicaciones.de los padres cpnversores con los de 
Ocopa. Con tanto empeño i solicitud por la conversión de 



- 7 - 

loa inñeles, no pudo menos de enardecer el celo de sus subdi- 
tos; i así en el corto espacio de tres años, no solo consiguió 
poner en estado mui florecientes las misiones, sino también 
dejarlas considerablemente aumentadas. Desde Febrero de 
1787 hasta el mismo mes del año 1790, añadió con su soli- 
citud nueve pueblos con sus capillas á las reducciones que ya 
antes tenía este Colegio en las montañas del Perú, á saber: 
dos de infieles en las de Huamanga, (Ayacucho), con los 
nombres de San Antonio de Intate i San Luís de Maniroato; 
uno en Jas fronteras de Jauja, llamado San Francisco de Mo- 
nobamba; dos igualmente fronterizos de Tarma, bajo la ad- 
vocación de San Teodoro de Colla i Santa Ana de Pucará; 
uno de neófitos apóstatas de las conversiones en las de Huá- 
nuco, bajo el nombre de San Francisco de Monzón; otro 
también de neófitos fugitivos en las de Trujillo, titulado el 
Infante de Schucusbamba; i dos en las conversiones de La- 
mas con los nombres de Tarapoto i Cumbasa, de cuya direc- 
ción, temporal míCnte i á súplicas del virrei, se encargó este 
Colegio. En los referidos pueblos de las montañas del Perú 
se contaban á la sazón tres mil cuatrocientas noventa i cua- 
tro almas, adoctrinadas por los misioneros de Ocopa, aumen- 
tándose en dichos años de 1790 i 91, con dos pueblos más 
en el río Huallaga, á saber, los de Pachisa i Uchisa, que con- 
taban con una población de cien almas cada uno; de mane- 
ra que en 12 de Octubre de 1791, siendo guardián todavía 
el mencionado P. Sobrevida, según el estado de las misiones 
que él mismo presentó al Colegio de Ocopa, tenía á su cargo 
ciento tres pueblos de conversiones con sus capilla, ochenta 
i tres de los cuales estaban situados en las veinte i seis 
islas i tierra firme de la provincia de Chiloé, i los vein- 
te restantes en el vireinato del Perú. El número total 
de los habitantes que se contaban en los pueblos Chiloé, as- 
cendía á veinte i siete mil quinientos setenta i uno, que junto 
con los cuatro mil noventa i uno que habitaban en los^ pue- 
blos del Perú, formaban el número de treinta i un mil seis- 
cientos sesenta i dos. La comunidad de Ocopa se componía 
en aquella época, de ochenta i cinco religiosos, de los cuales 
cincuenta estaban empleados en las referidas misiones de in- 
fieles neófitos. 

El celo del R. P. Sobrevida era infatigable, i á todo se es- 
tendía; pues á más de lo dicho, se ocupaba en sus visitas en 



- 8 — 

delinear i abrir caminos á espensas de la comunidad, cuando 
no le alcanzaban los seis milpesoscon que anualmente el go- 
bierno le socorría. Hacía comprar herramientas i avalónos 
para los indios, con el fin de atraerlos más fácilmente; en las 
fronteras de Huanta delineó un camino, con el cual se aho- 
rraban siete leguas, desde Yantayanta á las conversiones de 
Simariba. En las de Jauja, wse abrieron para el tránsito de 
bestias once leguas de camino al través de la montaña: en 
las de Tarma concurrió i cooperó á la apertura de dos cami- 
nos, desde el Tambo de Marainíve al valle de Victoc, Últi- 
mamente, en las misiones de Huánuco abrió diez i ocho le- 
guas de camino para bestia, desde sus fronteras hasta el 
pueblo de conversiones llamado Pla^'a grande (Tingo). 

No trabajaron menos entre los pueblos civilizados los 
misioneros que dejaron en el Colegio durante el gobierno del 
P. Sobrevida. Destinó este Padre doce sacerdotes que por 
tres años continuos recorrieron el arzobispado de Lima i 
obispado de Trüjillo, predicando misiones; i habiéndose ejer- 
citado con edificación i ejemplo en el pulpito i confesonario, 
consiguieron los más abundantes i saludables frutos en las 
almas. El Padre Visitador de Terceros, Fr. Antonio Rome- 
ro Colas, logró al mismo tiempo con su actividad i notorio 
celo, restaurar i plantear la Orden Tercera de Penitencia, 
con arrelgo al encargo que sobre tan útil objeto hace nues- 
tro santísimo padre Inocencio XI á los misioneros, en su 
Bula que empieza, J5ce/es/ae Caí/?o/icae. Todos los religio- 
sos, por último, que recidieron en Ocopa durante su guardia^ 
nía trabajaron incesantemente en oír confesiones i dar ejerci. 
cios devotos á innumerables personas, que de todas partes 
concurrían con este santo objeto á este venerable santuario 
según consta de los informes i certificaciones de los señores 
curas i subdelegados, que el virei don Teodoro de Croix 
mandó al rei de España juntamente con los diarios i planos 
topográficos del R. P. Sobrevida, tantas veces mencionado. 



- 9 - 



CAPÍTLO III 



Restablecimiento de las misiones del río Ucavali 

Los trabajos apostólicos del P. Guardián i comunidad 
del Colegio de Ocopa, si debieron acarréalas, como no podía 
menos de suceder, considerables fatigas i penalidades, se vie- 
ron con todo superabundantemente recompensados por Dios, 
no solo por el fruto inmediato que de ellos sacaban, sino 
porque pudieron ver nuevamente abiertas ala predicación del 
Evangelio, las importantes i estensas comarcas que baña el 
Ucayali, pobladas por numerosas tribus de indios que ha- 
bían quedado abandonados, á causa de la muerte violenta 
sutrida por los Padres que antiguamente les catequizaran. 

El restablecimiento de estas misiones era tanto más im- 
portante, cuanto por su situación especial debían ser el cen- 
tro de las que el Colegio de Santa Rosa de Ocopa dirigiría. 

El pueblo de Sarayacu, que es el de más importancia de 
los que en aquellas misiones se encuentran, hállase coloca- 
do, según los datos que en 1818 presentó al gobierno del 
Rei el R. P. Prefecto, Fr. Pablo Alonso Carballo, á 6° 35' de 
latitud i 32° 15' de longitud, según el meridiano de Cádiz, 
tomando las longitudes al Este, como acostumbraban los 
antiguos; es un sitio mui á propósito junto á la quebrada 
qne lleva su mismo nombre, distante poco menos de una le- 
gua del río Ucayali. Desde la restauración de las misiones, 
ha "sido el hospicio principal de los padres misioneros, donde 
han residido los padres presidentes, i el punto donde se en- 
vían las remesas de los artículos que se reparten á los padres 
conversores, para darlos á sus neófitos. Hasta la fecha no 
se ha abandonado nunca ni aún en las épocas más críticas, 
debiéndose en una de estas su conservación, como se dirá 
después, á la constancia inquebrantable del R. Padre Pla^ra, 
que murió más tarde de obispo de Cuenca en el Ecuador. 

Estas misiones, establecidas en Manáo, habían quedado 
enteramente perdidas, como acabamos de indicar, por la 
muerte de los quince religiosos que las dirigían, ocurrida en 
en el año 1766, cuando posteriormente se supo en el Colegio 
de Ocopa por los años 1790, que los mismos infieles deaque- 



— lo- 
nas comarcas solicitaban á los Padres misioneros, para vol- 
ver á reunirse i formar sus pueblos. Las necesidades espiri- 
tuales de aquellas almas abandonadas enteramente de todo 
ausilio religioso, pesaron en el ánimo de los religiosos, más 
que los tristes recuerdos de los que les habfan precedido i los 
peligros iguales á que se iban nuevamente á esponer. Al 
efecto, comisionaron al R. P. Fr. Narciso Girbal i Barceló, 
para que desde Cumbasa, donde se hallaba de cura conver- 
sor, pasase á Sarayaeu, con los ausilios que le facilitaba el 
señor Gobernador de Mainas, que á la sazón lo era D. Fran- 
cisco Requena, á fin de esplorar las disposiciones de aquellos 
bárbaros. Fué de ellos mui bien recibido, i conociendo que 
podían restaurarse aquellas misiones, les prometió volver el 
año siguiente, previniéndoles que entre tanto edificasen una 
capilla i un convento para los Padres, ó todo lo cual acce- 
dieron gustosamente. En vista de tan favorables disposi- 
ciones, el R. P. Guardián Sobrevida hizo todos los prepara- 
tivos conducentes al feliz éxito de la segunda entrada de di- 
cho P. Girbali dándole por compañeros al celoso misionero 
P. Buenaventura Marqués, al virtuoso lego Pr. Juan Dueñas, 
que era un escelento carpintero, i á dos maestros herreros. 
Proveyóles abundantemente de instrumentos de corte i la- 
branza i de cuantas telas i bujerías apetecen aquellos infie- 
les, con herrería completa para reparar los útiles menosca- 
bados. 

Deseaba el P. Sobre viela acompañar á los Padres misio- 
neros en su peligrosa empresa; pero no pudiendo efectuarlo 
por tener á su cargo una comunidad tan numerosa, ejerci- 
taba su ardiente celo de la salvación de las almas, dirigien- 
do sus subditos desde Ocopa. 

Para esto registró todos los diarios manuscritos de los 
antiguos misioneros, así de Mainas, como de Manáo: estu- 
dió en ellos, el origen de las desgracias i felicidades de los en- 
viados á aquellas bárbaras naciones; los medios más segu- 
ros para atraerlas i conservarlas en la fé, i de todo esto for- 
mó un cuerpo de instrucciones para los referidos Padres i 
sus sucesores. Los animaba i consolaba con cartas llenas 
de celo para la salvación de aquellas almas^ i de un amor 
paternal hacia ellos mismos. 

*'No dudo, les decía, que en tan apartadas regiones se 
,, les ofrecerán muchas dificultades, gravísimos trabajos i 



— 11 — 

,, continuos peligros de perder la vida; pero, buen ánimo. Lá 
„ mies i la obra es del mismo Dios qne los envía, i Él les da- 
„ rá el caudal de espíritu necesario para el éxito fcli2 de tan 
„ f^loriosa empresa. En todas sus tribulaciones, tengan 
,, presente que el fin i motivo de haber abandonado á sus 
„ padres, parientes i patria, fué la conversión de la gentili- 
„ dad con previsión de los indispensables riesgos de perder 
„ la vida en honor i gloria del Señor. Bn todas sus fatigas 
., i trabajos pongan los ojos en Cristo crucificado, i este so- 
,, berano ejemplar les servirá de mucho alivio i consuelo, jun* 
,, to con el premio que les espera." 

Provistos el P. Girbal i s^s compañeros de cuanto po- 
dían desear para tan ardua empresa, i bien instruidos con 
saludables documentos i prudentes avisos de su paralelo, 
para el felix éxito de la conquista espiritual de aqellos infie- 
les, emprendieron su viaje por Huánuco el 10 de Agosto de 
1791; i después de muchos trabajos por tierra i peligro por 
los estrechos, peñascos i rápidas corrientesdelHuatlaga, su- 
friendo largas demoras en la Laguna i otros puntos, por fal- 
ta de canoas i peones que los condujesen con tan grande 
equipaje como necesitaban: entraron por el Marañón en el 
Ucajali el 4 de Noviembre, con un barco 6 garitea que les 
franqueó D. Juan Salinas, comenzando, i prosiguiendo su 
viaje con gran gozo i contento, por este hermoso río. Cuan- 
do llegó el P. Girbal á la mitad de la distancia que se regula 
desde la boca del Ucayali hasta Sarayacu, consideró que po- 
día causar novedad á los gentiles la vista de la garitea, i de- 
terminó adelantarse en una canoa A la ligera, dejando la 
garitea con sus compañeros é indios, que le acompañaban 
en sus canoas. Lleno de júbilo i alegría surcaba el P. Gir- 
bal el Ucayali, cuando de repente vio un convoi decahoas de 
gentiles que bajaban hacia él. Ignorando á que. nación per- 
tenecían, i recelando fuesen los crueles antropófagos Caschi- 
boB les hiao señales de pae 6 que correspondieron pronta- 
mente con grande algazara. Al acercarse conoció el Padre 
que eran Cunibos, habiendo entre ellos algunos que le cono- 
cían desde la visita que les hizo el año anterior, los que esta- 
ban más cercanos al Padre llamaron á los demás, para que 
llegasen sin recelo, porque era el nan papa-rígui, que en len- 
gua pana quiere decir nuestro Padre. Vinieron entonces 

con gran número de hombres, mujeres i niftos, i después de 
2 



— 12 - 

haberle dado mil abrazos con señales inequívocas de verda- 
dera amistad, les preguntó por medio del intérprete, á donde 
iban; á lo que respondieron que venían á recibirle, con inten- 
ción de pasar hasta Cumbasa, donde sabían que estaba de 
cura, á no hallarle en el Ucayali ó en el Maranón. Le aga- 
sajaron i regalaron con sus pobres i mal condimentadas co- 
midas, suplicándole hiciese noche en aquel sitio á pesar de 
no ser aún medio día. Pocas horas después llegó el barco 6 
garitea que había dejado atrás, i habiéndose los idñeles ase- 
gurado bien que no venían soldados ni blancos, entraron to- 
dos en el buque, llevados de su natural curiosidad. 

Los gentiles suplicaron altPadre que no saliese el día si- 
guiente antes de amanecer, por el peligro que tenían las ca- 
noas, cargadas de sus mujeres i niños, de topar con algún 
palo i ahogarse alguno de ellos. Condescendió el Padre, i 
el 19 por la mañana divisaron otro convoi de gentiles Cuni- 
bos; pero recelando siempre que fuesen Caschibos, practica- 
ron lo mismo que con los antecedentes, haciendo señal de 
paz, á que correspondieron igualmente con mucho ruido de 
unas cornetas de caña que usan, como las de Guayaquil, i 
con grande algazara algunos después de haberle conocido, 
gritaron á los de las otras canoas, diciéndoles que no temie- 
sen, que allí estaba el nvn papa-ríqai, nuestro Padre. 

Con esta confianza se acercaron, i después de mil mues- 
tras de regocijo, atracaron todos sus canoas para almorzar. 
Mientras que las mujeres preparaban la comida con afán, en 
todos los semblantes se veía retratada la alegría que domi- 
naba á los circunstantes, por haber hallado á quien tanto 
deseaban. Dieron á entender al P. Girbal que.no tenían Cu- 
raca que les gobernase i que era preciso que él les nombrase 
uno; resistióse naturalmente el Padre, pues como no les co- 
nocía, menos podía saber á quien nombrar con acierto; pero 
fueron tantas las instancias que le hicieron, que al fin les pre- 
guntó quién les parecía á ellos mismos más á propósito; más 
á nadie propusieron, esperando cada uno ser él el elegido, 
pues todos deseaban serlo. Viéndose obligado el Padre en la 
precisión de nombrarlo por sí mismo, gracias á las importu- 
nas instancias de todos, dio el bastón en nombre del rei á un 
anciano de unos cincuenta años, que por su fisonomía i mo- 
dales le pareció que sería e! más apto, eligiéndolo por Cura- 



~ 13 - 

ca ó Gobernador, al cual todos los demás prestaron desde 
luego obediencia. 

En los días siguientes fueron llegando sucesivamente va- 
rias canoas de infieles Séttebos que dejaban con el mismo fin, 
ofreciendo las mujeres con sus acostumbradas ceremonias la 
bebida i comida á los padres, i á los cumbasas i tarapotínos 
que con ellos venían. El día 25 vieron otra multitud de más 
de cincuenta canoas de gentiles á media jornada de Saraya- 
cu, que los esperaban con provisión de comida tan abundan- 
te, aunque sazonada á su estilo, que parecía una fonda cam- 
pestre. No podía menos de causar cierta alegría, i ofrecer 
un hermoso aspecto, la reunión de tantas canoas (que llega- 
rían á setenta) en medio del caudaloso i pacífico Ucayali al 
tiempo de hacer la travesía, i nada faltaba para asemejarse 
á una armada naval, sino traer velas las canoas que se- 
guían al barco como á otra capitana. Como á las seis de 
la tarde del mismo día llegaron al pueblo de Sarayacu, en 
cuyo puerto les aguardaba una gran multitud de personas 
de ambos sexos, con el deseo i ansia de abrazar á sus Padres, 
Fué en estremo ruidosa i general la algazara i voceria que 
levantaron, repitiendo el nombre de cAamá (hermano 6 ami- 
go). Unos entraron en la canoa en que venia el padre Gir- 
bal, con tanto tropel que casi la echaron á pique, faltando 
poco para que cayesen al río; otros se encaminaron con sus 
canoas al barco para abrazar al padre Marqués i su compa- 
ñero, i toda la muchedumbre esperaba ansiosamente en la 
orilla para abrazarlos. 

Entre tanta bulla i alegre confusión, una mujer mui céle- 
bre en aquel país, llamada Ana-Rosa, impuso silencio á la 
multitud, diciendo que callasen porque los Padres estarían 
cansados. Al instante toda la turba guardó el más profun- 
do silencio; i formando un numeroso cortejo dirigido por 
aquella mujer, condujeron á los Padres al convento que te- 
nían medio fabricado, conforme habían prometido en el año 
anterior al P. Girbal. Mandó Ana-Rosa al curaca que tra- 
jese á los Padres másato ó chicha fina, que mucho les había 
de gustar. Todos los infieles segán costumbre se sentaron 
entonces en tierra, i con gran silencio, atención i puntuali- 
dad obedecían á cuanto ordenaba Ana-Rosa. Se escusaron 
de no haber hecho la iglesia, ni concluido el convento, por- 
que habían tenido un contagio general de cursos de sangre 



- 14 — 

del que habían muerto muchos; pero la verdadera causa fué 
la desconfianza natural á todo indio, de la que se valió el 
dominio sugiriéndoles que tal vez el P. Girbal había ido el 
año anterior á engañarlos, i que subiría con soldados de 
Maiaas para llevarlos con grillos á la expedición que se pro- 
yectaba. Estos recelos como se supo después por un após- 
tata, movieron á muchos 4 que destruyesen sus chácaras i 
i botasen el cacao que habían recogido, á fin de que no ha- 
llando los soldados que comer, se viesen obligados á regre- 
sar pronto. 

Como las comunicaciones con Ocopa desde Sarayacu 
eran tan difíciles por la distancia que se debía recorrer i ma- 
los pasos que se debían atravesar, pusieron desde luego los 
Padres todo su empeño para ver si era posible hallar otra 
vía mas breve á la vez que mas segura. El éxito coronó sus 
esfuerzos;, i con fecha 3 de abril de 1792 pudieron ya escribir 
los PP. Girbal i Marqués al reverendo padre Sobrevida, en- 
tre otras cosas lo siguiente: **Ya gracias á Dios, se ha des- 
,, cubierto el camino deseado para pasar directamente desde 
,» Manáo á Cumbasa, ahorrando para esta nueva vía, las 
,, trescientas legUcVS que navegábamos desde la boca del río 
„ Chipurana por el Huallaga, Marañon i Ucayali." Para 
hacer este descubrimiento mandaron adelainte á algunos in- 
fieles i enviaron después al curaca de Sarayacu con diez hom- 
bres; bajaron estos como unas ocho leguas por el Ucayali é 
introduciéndose por el caño de una laguna^ entonces inno- 
minada i que ahora se llama Yapabiya^ arribaron por el río 
que la forma (que hoi se llama Santa Catalina), á una her- 
mosa pampa, i arrastrando por ella las canoas, las pasaron 
al río Yanayacu, tributario del Chipurana, como este lo es 
del Huallaga, subiendo fácilmen.te hasta Tarapoto. En es- 
te viaje se emplearon quince días: pero hoi puede hacerse en 
ocho ó diez, parte pK)r los espresados ríos, i parte por tierra 
á benficio del camino que abrimos de Sarayacu á Santa Ca- 
talina en 1853. 

** Nuestros amados Panos, añade la referida carta, pro- 
,, siguen con mucha tranquilidad i armonía; hemos logrado 
,, ya que casi todos los niños hasta la edad de trece años. 
,, vengan diariamente mañana i tarde al convento á apren- 
,, der el Catecismo, i algunos saben ya el Padre nuestro i el 
> , Credo. Los adultos, todavía no concurren con mucha vo- 



- 15 - 

„ Tnntad á la doctrina, sin embargo de que por medio de 
,, Ana— Rosa, los amonestamos con frecuencia. Ellos vienen 
,, i asisten á la misa, i al rosario, pero nos cuesta trabajo 
,, que se arrodillen al tiempo de la consagración, lo que per- 
,, mitimos para que se vayan aficionando poco á poco al 
,, culto i reverencia de lo más sagrado de nuestra leligión. 
,, Con todo, no esperarfios conseguir que los adultos lleguen 
„ á ser buenos cristianos, i solo afianzamos la esperanza de 
„ su salvación, en el bautismos que les administramos en e 
,, artículo de la muerte: pero sí tenemos firme confianza de 
,, conseguir el fruto de nuestras tareas i afanes apostólicos 
,, en los jóvenes i niños. Casi todos los infieles de esta na- 
,, cion que vivían dispersos, han fabricado sus casas en el 
„ pueblo i han rozado para sus chácaras en estas inmedia- 
ciones, 

** Los Cunibos nos han declarado que quieren reducirse 
,, para formar pueblo, pero no en Sarajacu, sino en una isla 
,, inmediata á su boca, llamada Yarína; i si antes habían 
„ prometido venirse aquí, fué porque no tuvieron presentes 
„ las dificultades é inconvenientes que después les han ocu- 
„ rrido. Mas la verdadera cansa de su determinación con- 
„ traria, es ía enemistad interior que tienen con los Panos 
,, Séttebos, aunque en lo exterior guarden armonía; con que,- 
,, ellos es absolutamente necesario que funden un pueblo se- 
,, parado. Los Schipibos, que fueron los principales auto- 
,, res de la muerte de los Padres antiguos, están arrepenti- 
„ dos de su delito i mui deseosos de amistarse con nosotros; 
„ pero las otras naciones sus enemigas les impiden el paso: es- 
,, peramos que con el tiempo, paciencia i prudencia, se logra- 
,, rá su constante amistad i sumisión." Teníanse ya desde 
entonces esperanzas de la reducción de la nación Pira, que 
vive diseminada en varios ríos: aseguraban, que los que se 
estaban avecindando en Sarayacu eran muchos; que se ha- 
llaban reunidas cerca de ochecientas almas, que deseaban 
ser cristianos, i ya habían rozado, para hacer sus chácaras; 
que reinaba la mejor armonía i orden, i que Sarayacu pare- 
cía en lugar mas culto por su sumisión i obediencia que 
muchos pueblos de la sierra. 

Como era ya en gran número la gente reunida i además 
eran muchos también los que visitaban á los Padre conti- 
nuamente, por el afán de recibir herramientas, se les acabó 



- 16 - 

muí presto la rica remesa con que los habilitó el R. P. Sobre- 
vida para su entrada en el Ucayali. I como es moralmente 
imposible conservar misión alguna de infieles, i mucho más 
hacer nuevos progresos sin agasajarles i regalarles conti. 
nuamente lo que necesitan i aprecian, escribieron encarecí, 
damente los Padres al referido Prelado, que les surtiese 
abundantemente de todo. **Este año, le decían, necesitamos, 
,, echando un cálculo bajo, cuatrocientas hachas, seiscientos 
,, machetes, i doscientos cuchillos: cuatro quintales de hie- 
,, rro, dos arrobas de acero, media arroba de anzuelos chi- 
,, eos, un millar de navajas corvas; ocho mil agujas, un ca- 
,, jón de chaquiras ó abalorios, quinientos eslabones, cuatro 
,, gruesas de tijeras i dos sortijas, tres mil cruces de metal, 
,, mil varas de tocu^'o para vestir á los desnudos, i los colo- 
„ res necesarios para pintar la iglesia, para la cual necesita- 
,, mos también una imagen de la Purísima, i algunos oma- 
,, mentos. También necesitamos dos botijas de vino, para 
,, cortar los cursos de sangre; pues que tomando un poco 
,, mezclado con la preciosa pepita nuevamente descubierta, 
,, llamada pucberí, generalmente se les corta." **La cosecha 
,, es mui copiosa, concluía otra carta^ pues los gentiles son 
,, infinitos. Una parte está en sazón, i otra se va sazonan- 
„ do; para recogerla toda se necesitan muchos operarios, 
,, tiempo i regalos, especialmente de herramientas i chaqui- 
,, ras; pues todos tienen fundada en estas frioleras su felici- 
,, dad, por lo que es preciso que esta nueva misión i los que 
,, la dirigimos, seamos socorridos del modo que en su alta 
,, comprehensión conocerá V. Paternidad i que conocería 
,, aún más por esperiencia, si se hallara en nuestra-cora- 
,, pañía.*' 



CAPÍTTLO IV. 



Progresos de las misiones del Ucayali, 

Las misiones del Ucaj^ali, tan satisfactoriamente comen- 
zadas, fueron progresando con el favor de Dios i el celo de 
los PP. Girbal i Marqués, quienes consagrados á la obra á 
que la obediencia les destinara, ponían todo su empeño en 



- 17 - 

estudiar el carácter i las circunstancias de los pueblos cuya 
dirección espiritual se les había confiado, para sacar de ellas 
el mejor partido facilitando su reducción á la vida cristiana 
i civilizada. ^ 

Luego de establecidos en Sarayacu, conocieron los Pa. 
dres misioneros que los Séttebos i Cunibos no se avendrian 
á vivir juntos en un mismo pueblo; por lo cual resolvieron 
fundar uno, separado para estos, dejando á aquellos solos 
en Sarayacu: pero habiéndose inundado el sitio donde se 
principiaba esta primera fundación de Cunibos, se traslada- 
ron estos á Canchahuaya, fundándose bajo la advocación 
de San Antonio: este pueblo dista de Sarayacu como un día 
de surcada. Después de varias alternativas constaba este 
pueblo en 1818, de ciento treinta i tres almas de población, 
inclusos algunos antiguos cristianos de la tribu de los Su- 
chiches de Tarapoto. 

La nación de los Piros, que habita en varios puntos del 
Ucayali i en el Yahuarí, luego que tuvieron noticia de estas 
nuevas fundaciones, bajaron en gran número á ver á los mi- 
sioneros; pero después de haber permanecido poco tiempo 
regresaron á sus tierras. En el año siguiente (1794) bajó 
otra porción de Piros, los cuales se establecieron por sí mis- 
mos á pocas leguas de Sarayacu, á donde se les mandó un 
religioso para instruirles en las verdades de nuestra santa 
religión, ya que su proximidad á Sarayacu facilitaba sucon. 
v**rsión al Cristianismo; pero todos caj-eron enfermos á un 
mismo tiempo, i muchos de ellos murieron, por lo que los 
restantes abandonaron el pueblo retirándose otra vez. No 
obstante bajaron ¿í menudo á Sarayacu hallando siempre 
buena acogida en los padres conversores, que procuraban ir 
conservando á lo menos la buena semilla depositada en sus 
corazones, hasta que en 1799, viendo que dichos Piros vol- 
vían á quedarse en número bastante considerable, fundaron 
nuevamente, para ellos, un pueblo bajo la advocación de 
nuestra Señora del Pilar de Buepo-ano, en un lugar situado 
entre el Ucayali i una laguna, que fué antiguamente el cauce 
del mismo rió, llamada Ibinahuaya, á unos dos días escasos 
de distancia de Sarayacu. Al hacerse la fundación de este 
pueblo se reunieron para haíbitarlo unos ciento tres Piros 
cuyo número se conservó á corta diferencia hasta que se re- 



— 18 - 

tiraron los misioneros á causa de la guerra de la indepen. 
dencia del Perú. 

Los Schipibos, que se estendían por el Utayali, desde 
Cuntamaná hasta la boca del río Tamaja, i en los ríos 
Pischqní i Ahuaitia, eran enemigos irreconciliables de los 
Séttebos i Cunibos; pero los Padres conversores consiguie. 
ron amistarlos con su mucha prudencia i sagacidad, i en 
1809 se fundó en el Pischquí un pueblocon el nombre de San 
Luis de Charas-maná. Para ir á este pueblo desde Saraya- 
cu, se sube con canoas hasta la boca del Pischquí en siete 
días, i siguiendo este río se llega en tres días á Charas-ma- 
ná. Constaba esta población por los años 1818 hasta 1820, 
de tres familias de cristianos viejos, i cuarenta i cuatro de 
Schipibos, siendo su total de ciento cincuenta i cinco almas. 
Mas como este pueblo estaba tan distante de las otras re. 
ducciones, i es para los misioneros tan triste el no tener al. 
gún compañero á corta distancia, con quien desahogar su 
conciencia, pareció conveniente á los Superiores de Ocopa 
auxiliarla con otra reducción de Cunibos que sirviese al mis- 
mo tiempo de escala i de seguridad en aquel tránsito, i así 
fué como en 1811 se fundó un pueblo con el nombre de Cun- 
ta-maná (cerro de la palma). Constaba antes de perderse 
por la independencia, de cuarenta i seis almas, inclusos tres 
matrimonios de cristianos suchtches residentes en el pueblo, 
i además tenía varias familias de Cunibos en nueve casas 
inmediatas, que pertenecían á esta misión. 

En el mismo año 1811 i siguientes, pacificó el reverendo 
Padre Prefecto Fr. Manuel Plaza, la nación de los Sentcis 
que divida en tres parcialidades, Inobu, Runubu i Cascas, 
componían el número de más de mil almas; pero por las epi- 
demias que sufrieron, quedaron reducidas á poco más de 
doscientas, distribuidas en cincuenta familias. Se reunieron 
todos á excepción de la parcialidad de los Runubu, que asus- 
tados de tanta mortandad, se mantuvieron en el monte, sa- 
liendo de vez en cuando á los padres de Chunáya. Este sitio 
es de los mejores del Ucayali; para llegar á él se entra por el 
caño Sahuaya, se atraviesa una laguna como de una legua, 
llena de maleza, i luego se sube por la quebrada Chunúya, ó 
bien se va por tierra, empleando en todo esto un dia desde 
Sarayacu, en tiempo de creciente, i un poco mas cuando el 



- 19 - 

río está bajo. El reverendo padre F. Baltasar Zapater,cura 
conversor de este pueblo por espacio de algunos años, 
viéndose en el de 1822 sin recursos ni esperanzas detenerlos, 
se fué por el Marañan al Brasil, quedando abandonada esta 
misión. 

Conociendo el colegio de Ocopa que la nación de los Pi- 
ros era mui numerosa, i que sin embargo eran niui pocos los 
que paraban de asiento en su pueblo de Nuestra Señora del 
Pilar de Buepo-ano, pensó en fundarles una reducción en sti 
pTOpiopaís, i después de haber observado los inconvenientes 
que se ofrecían por la enorme distancia que media, formó el 
proyecto de abrir una nueva comunicación á las misiones 
por el río Tambo, dejando por demasiado larga la del Hua- 
llaga. Con esto no sólo se facilitaba una comunicación casi 
continua con los Piros, pudiéndose fundar varios pueblos en 
su propio país, sino que también se contribuia á realizar las 
esperanzas, que siempre conservaron los misioneros de Oco- 
pa, de reconquistar las misiones del Pajonal, Cerro de la Sal 
i Sonomoro, perdidas en 1742 por la sublevación de Santos 
Atabuallpa. Para realizar este proyecto, se dispusieron dos 
expediciones, una que subiera por el Ucayali introduciéndo- 
se por el río Tambo, i otra que saliese de Andamarca bajan- 
do por el Pangoaen busca del antiguo embarcadero de Jesús 
María, uno de los pueblos perdidos en el referido alzamien- 
to. Efectuadas ambas expediciones con aprobación del go- 
bierno de Lima, se encontraron felizmente en la mitad del 
río Tambo por el mes de junio de 1815. Desde entonces se 
empezó el rozo, habiendo reunido el Padre Prefecto Fr. Ma- 
nuel Plaza, mas de ciento treinta familias de Piros para la 
nueva fundación de Santa Rosa, llamada vulgarmente Lima 
Rosa, la cual se halla situada á los 10° i 30' de latitud, 303° 
i 40' de de longitud, cerca de la confluencia del Tambo con 
el Paru ó Urubamba, necesitándose para llegar allí desde 
Sarayacu de treinta á cuarenta días. 

Para apoyar esta carrera era necesaria una fortificación 
cerca del río Pangoa, i á este efecto concedió el gobierno de 
Lima las tres pequeñas guarniciones de Uchubamba, Comas 
i Andamarca, i dos mil pesos para construir en dicho punto 
el fuerte de San Buenaventura de Chavini, sobre las ruinas 
de la antigua misión de este nombre. Hállase este sitio á 
3 



- 20 - 

V • ; ' U^' de latitud, i 302° i 24' de loi.gítud, habiéndose 
.. \«;suK^ en su establecimiento desde el mes de Octubre del 
iusuu» año 1815. Desde entonces hasta la retirada de los 
uusionerivs por la independencia, se echó mano de todos los 
ai bitrios posibles á fin de poner expedita esta carrera, con 
cuyo objeto se organizó una expedición anual que salía de 
Siiravacu hasta el mencionado punto de Cha vini, conducien- 
do de paso la remesa que antes se acostumbraba mandar 
por el Huallaga, expuesta á los continuos peligros que ofre- 
cen los muchos raudales i estrechos pasos de este río. Esta 
expedición debía haber servido para familiarizar á los misio- 
neros, con los Campas del Schanscha-mayo, que á pesar de 
las diligencias de nuestro gobierno, i de los Tarmeños desde 
el año 1847 hasta ahora para amansarlos, se manifiestan 
demasiadamente bravos todavía. El tiempo que se emplea- 
ba en la navegación desde Sarayacu hasta el expresado 
puerto de Jesüs María era de un mes i medio, haciéndose 
después por tierra, día i medio de viaje, desde este puerto 
hasta Pangoa; a !a vuelta sólo se tardaba quince días para 
ir á Sarayacu. Siete veces se hizo este viaje, siendo el último 
en el año 1820, i en ninguno de ellos fueron molestados los 
expedicionarios por los indios del Cerro de la Sal. 



CAPÍTULO Y. 

Estado de las misiones basta la proclamación 

de la independencia del Perú 

Cuando todo parecía augurar un magnífico porvenir á 
las misiones del Ucayali, segün se ha visto en el capítulo an- 
terior, mui próxima se hallaba para ellas la época de la con- 
tradicción. Por lo mismo que eran una obra animada del 
espíritu de Jesucristo, rio debían quedar exentas de las rudas 
pruebas i embates que caracterizan la vida i las obras de 
nuestro divino Maestro. 

Los trastornos políticos de Europa, las disposiciones 
dictadas por un prelado, cuyos intereses mas bien parecía 
que debían aconsejarle fomentar las misiones, que no el po- 
nerles obstáculos, i por último, la guerra de la independencia 



- 21 - 

del Perú, fueron las cansas que se detuvieron los progresos 
de nuestras misiones, haciendo que quedaran por algún 
tiempo casi abandonadas. 

Considerando el Prelado de Ocopa i su Discretorio, que 
por las continuas entradas i salidas de la montaña que los 
misioneros habían de hacer para Huánuco, tenían necesidad 
de un local que proporcionase habitación para descansar los 
Padres conversores, i restablecerse en la salud los que lo ne- 
cesitasen, en 1802 pidieron para hospicio el convento de San 
Bernardino de dicha ciudad, perteneciente entonces á la pro- 
vincia de los doce Apóstoles de Lima, el que con real cédula 
de 15 de julio de 1802 les fué concedido **para auxiliar, co- 
mo dice la misma, á las misiones de Mainas, estableciendo 
una escala de comunicación, etc., etc.*' La entrega se verifi- 
có en 2 de enero de 1804, por orden del mui reverendo Padre 
Provincial de aquella provincia. Mas, considerando el mis- 
rao Discretorio en 1816 que el Colegio no podía sostener 
aquel hospicio, con el número de religiosos que era necesario 
para formar una comunidad que cumpliese con el coro i de- 
más obligaciones de misas i obras pías, por la escasez de sa- 
cerdotes que tenía, pues por las conmociones políticas de 
Europa á causa de la guerra de Napoleón, fueron pocos en 
número los religiosos españoles que en aquellos años vinie- 
ron, deterqiinó devolver el convento á dicha provincia de 
de Lima, reservándose solo para la residencia del Padre Pre- 
sidente de aquellas misiones, i de los misioneros transeúntes, 
el hospicio antiguo que dentro de los muros del mismo con- 
vento había anteriormente tenido; cuya devolución fué apro- 
bada, i confirmada por el reverendísimo Padre Comisario 
General de Indias i Consejo de su Majestad en 1819. 

Por aquellos mismos años, aprovechando la Comunidad 
de Ocopa la ocasión de hallarse el limo. Sr. Dr. D. Diego An- 
tonio de Villodres, obispo de Concepción de Chile, visitando 
esta provincia de Jauja, por comisión del limo, i Excmo. 
Señor Arzobispo de esta diócesis, le suplicó por medio de su 
prelado, que lo era el reverendo P. Fr. Pablo Alonso Carba- 
11o, se dignase consagrar esta hermosa i devota iglesia. 
Condescendiendo el dignísimo pastor á sas súplicas, celebró 
la función con toda pompa i solemnidad, el día 15 de enero 



— 22 — 

de 1815, i hubo tal concurrencia de fíeles, que jamás se había 
visto igual en dicha provincia de Jauja. 

Poco después de estos sucesos ocasionó algunos sinsa- 
bores á los Padres de Ocopa, el limo. Sr. Dr. Fr. Hipólito 
Sánchez Rangel, primer obispo de Mainas, quien queriendo 
organizar parroquias i dar curas respectivos á los pueblos 
de su diócesis, compuesta toda de las misiones encargadas á 
los Padres Franciscos de la provincia de San Pablo de Quito 
i del Colegio de Ocopa, pretendió despojar á los prelados 
regulares de su jurisdicción, pidiendo se le entregasen todos 
los pueblos de conversiones, cu3'a pretensión apoyaba en el 
decreto de las Cortes tituladas extraordinarias del 13 de 
Setiembre de 1813, cuando aun no tenía eclesiásticos segla- 
res que las sirviesen. Obligó á los misioneros de este Cole- 
gio á abandonar la iglesia del hospicio de Cocha reas de 
Huailillas ó Cajamarquilla, poniéndola á disposición del 
ilustrísimo señor Obispo de Trujillo hasta la resolución de 
S. M., porque abandonadas las misiones de Cajamarquilla, 
era inútil este establecimiento. Hizo presente todo esto el 
reverendísimo comisario general de Indias Fr. Juan Buena- 
ventura Bastard, en Abril de 1817 á la corte de Madrid, ha- 
ciendo referencia á una carta de Ocopa, en que se manifesta- 
ba el estado decadente de los pueblos de misiones que tenía 
á su cargo este Colegio en la Provincia de Mainas, por la 
oposición que hablan hallado los misioneros de parte de 
aquel ilustrísimo señor Obispo. Concluye el reverendísimo 
Bastard, que aun cuando volviesen los Padres de Ocopa á 
servir las misiones, poco ó nada se adelantaría, si no se con- 
servaba á los prelados regulares su legítima jurisdicción, en 
cuyo caso sería también necesario restablecer en su antiguo 
estado el citado Hospicio de Cocharcas, por ser un punto en 
que debe residir el presidente de las misiones de Cajamarqui. 
Ha para atender al socorro espiritual i temporal de los con- 
versores, asistir á los que salían enfermos, i reemplazarlos en 
caso necesario. De resultas de esta representación, tomó la 
corte de Madrid á consulta del Consejo de Indias, las provi- 
dencias necesarias con respecto á las disputas de jurisdic- 
ción; por lo que tocaba á la entrega de los pueblos de reduc- 
ciones de más de diez años de antigüedad, que era en lo que 
estaba la contienda, se previno al ilustrísimo señor Obispo 



- 23 - 

de Mainas continuasen en el estado que tenían al tiempo de 
la erección de aquella silla, suministrándose por el Colegio 
de Ocopa cuantos religiosos les fuese posible para el servicio 
de aquellas misiones, i supliéndose interinamente con los de 
las demás órdenes regulares; i por último, que el ilustrisimo 
señor Obispo de Trujillo efectuase la entrega de la iglesia de 
Cocharcas, luego que el Colegio de Ocopa volviese á hacerse 
carero de las misiones deCajamarquilla, á que dicho hospicio 
está destinado. 

Como la expresada real cédula se expidió en Madrid en 
28 de Febrero de 1820, cuando llegó á este Colegio estaba 
mui adelantada la causa de la independencia del Perú, por 
cuyo motivo no surtió efecto alguno. El prelado de Ocopa 
en 1821, proclamada la independencia, mandó retirar á siete 
religiosos europeos que acompañaban al P. Plaza, i juntos 
trabajaban en las misiones del Ucayali: unos vinieron por el 
Pangoa, i otros emigraron al Brasil, quedando solo el padre 
Plaza sin ausüio alguno, i en tal soledad que no tenía con 
quien hablar el castellano. Su desamparo fué tal, que no 
teniendo con que socorrer sus necesidades propias, i las de 
los neófitos de siete pueblos, para sostenerlos de algún modo 
se vio en la precisión de arbitrarse fabricando asacares, me- 
lados, é internarse hacia el monte en busca de zarzaparrilla. 
Estos productos los mandaba á la frontera del Brasil, donde 
se cambian por hachas, machetes, cuchillos, i otros efectos 
aparentes, con los que sostenía sus misiones, aunque escasa- 
mente, hasta que cansados los neófitos por no tener misio- 
neros, abandonaron los pueblos referidos en el capítulo pre- 
cedente, retirándose á sus anticuas rancherías á mantenerse 
de la caza i pesca, ya que por falta de herramientas no po- 
dían cultivar la tierra; solo quedaron los de Sarayacu, á 
donde se reunieron algunas familias de aquellos otros pue- 
blos, quienes hicieron al dicho P. Plaza grata compañía. En 
vano este ejemplar misionero hizo cuatro recursos al gobier- 
no de la República exponiendo su situación por medio de la 
subprefectura de Moyobamba, pues no recibió contestación 
alguna; de modo que desde el año 1821 hasta 1834 en que 
recibife una carta del teniente Smith de la marina inglesa, en 
que le anunciaba i recomendaba á unos caballeros que via- 



- 24 - 

jaban para conocer aquellos lugares, nada supo del Perú 
civilizado. 

Viéndose en tanto abandono, lleno de aflicciones, aconic- 
tióle una fiebre maligna, que le tuvo aletargado por quince 
días, transcurridos los cuales volviendo en sí, vio en su apo- 
sento á una imagen de María Santísima que los neófitos te- 
nían rodeada de luces, é hincados de rodillas, suplicaban á 
la Reina de los cielos le concediese la salud. Este espectácu- 
lo le enterneció tanto i le causó tal alegría, que desde ese 
momento se le retiró la fiebre i recobró la salud. Mas como 
se hallaba tan necesitado, dete-minó ir á la ciudad de Quito 
en busca de auxilios entre los suyos, i el 17 de Diciembre de 
1828 se dirigió deSarayacu al Marañón, i de este siguió por 
el río Ñapo: á los cuarenta días de navegación, aportó en el 
pueblo de Santa .Rosa, de donde marchó por tierra /i la ciu- 
dad de Quito en catorce días. Pudo allí reunir mil quinien* 
tos pesos, con cuya suma regresó á los pocos meses por otro 
camino que sale de la ciudad de Riobamba, llegó á las mi- 
siones de Canelos, i embarcándose en el Río Bombonasa, 
llegó en cinco días al río Pastaza. Salió al pueblo de Yuri- 
mahuas en el Huallaga, i desde este pueblo, siguió cinco días 
por el mismo río, é introduciéndose por el Chipurana, des- 
embarcó á los cuatro días en el pueblecito de Yanayacu. 
Desde este punto siguió por tierra hasta Santa Catalina, en 
donde se embarcó entrando al Ucayali después de tres días 
de navegación; dos días más navegó por este río, llegando 
por fin á su antiguo establecimiento de Sarayacu, en donde 
tuvo la satisfacción de reunirse otra vez con sus amados feli- 
greses á los ocho meses de ausencia. Con los socorros que 
sacó de Quito pudo reunir tres pueblos mas, uno á media le- 
gua de Sarayacu llamado Belén, otro á un día de bajada por 
el Ucayali llamado Tierrablanca, i otro en el puertecito 
de Santa Catalina, que es el último para la comunicación i 
carguío hasta Yanayacu. 

Es fácil concebir el triste estado en que quedarían los 
neófitos del Ucayali cuando por tantos años estuvieron sin 
misioneros, i podemos asegurar que los pueblos del Ucayali 
hubieran vuelto á su antigua barbarie, en la que tal vez aun 
seguirían, si el celoso P. Plaza no hubiese hecho el heroico 
sacrificio de permanecer solo como quedaba, en medio de las 



- 25 - 

inmensas Pampas del Sacramento, i no hubiese impuesto 
algún temor á las hordas salvajes que le rodeaban, por me- 
dio de una corta milicia de veinte hombres que de sus feligre- 
ses formó, enseñándoles é instruyéndoles en el manejo de las 
armas de fuego. Estamos seguros que sin la constancia de 
aquel varón apostólico, no tendría el Perú en el día un sitio 
de hospitalidad en aquellas dilatadas regiones. 



CAPITULO VI. 

Restauración del Colegio de Ocopa 

Por lo que se ha dicho en el capítulo anterior, parecía 
humanamente hablando, que había llegado la última hora 
para las misiones del Ucayali, i la vuelta de los indios al es- 
tado salvaje, parecía la consecuencia natural del abandono 
en que iban á quedar. Dios empero, miró propicio á aquella 
cristiandad, i no permitió que los abrojos i espinas planta- 
dos por el hombre enemigo, ahogaran por completo la bue- 
na semilla que los misioneros con tanto esmero se habían 
esforzado en sembrar. 

Mientras el P. Plaza sostenía él solo, hasta donde al- 
canzaban sus fuerzas, las misiones que había logrado con 
servar, viendo los pocos padres qne habían qu?dado en Oco- 
pa, después de la batalla de Ayacucho, jen 1823, en que el 
ejército español fué vencido según unos ó entregados según 
otros, que se habían perdido las esperanzas de poder subsis- 
tir en el Colegio con el nuevo sistema político i con la gran- 
de oposición que había contra todos los españoles, se retira- 
ron casi todos hacia la parte del Cuzco, i á los pocos meses 
como el general Rodil, que se había fortificado en el castillo 
del Callao, proclamase que el general Bolívar había quitado 
la vida á los padres de Ocopa, mandó este al coronel Santa 
Cruz al Colegio, para que condujese á los que habian que- 
dado al Callao, i viese la capital de Lima que vivían los 
Ocopinos. Llegaron en efecto los religiosos que habian que- 
dado en Ocopa á aquella ciudad, i remitiéndolos á Rodil, 
los recibió á balazos, viéndose obligados á refugiarse en el 
convento de los Descalzos de la capital 



- 26 - 

En el 1^ de Noviembre de 1824, expidió el Gobierno de 
la República, un decreto, por el cual erigía el local de Ocopa 
en el colegio de educación i disolvia la Comunidad de misio- 
ñeros. Sin embargo, el primer Rector que fué el Dr. D. José 
Manuel Pasquel, cura de la Concepción i después arzobispo 
de Lima, llamó á los padres que se habían retirado al Cuzco, 
para que sin perjuicio de la nueva institución que el gobier- 
no habia establecido en el Colegio viniesen á acompañarle! 
pero solo consiguió volviesen los reverendos padresFr. Je- 
rónimo Zurita i Fr. Mariano Gil, dos religiosos legos i un 
donado. Mas habiendo después los colegiales quitado cruel- 
mente la vida al hermano donado, cuyo apelativo era Amo. 
ros, por la codicia de la poca plata que, como sub-síndico de 
los padres tenía depositada, enfermó i murió el reverendo 
padre Zurita, retirándose de Ocopa los demás mencionados. 

Pasado el primer hervor de las pasiones políticas, no 
tardaron en conocerse i poderse apreciar las fatales conse- 
cuencias del decreto de supresión, i tratando de reparare* 
mal que con él se habia causado, en Marzo de 1836, el pre- 
sidente interino de la república, don Luis José Orbegoso, de. 
rogó el citado decreto, facultando al Illmo. Sr. Dr. D.Jorge 
Benavente, á la sazón arzobispo de Lima, para enviar un co- 
misionado á Europa en busca de religiosos i restablecer la 
Comunidad de misioneros de Ocopa. Encargó esta comisión 
el señor Arzobispo, al mui reverendo padre frai Andrés He. 
rrero. Comisario general de toda la América meridional, por 
nuestro Santísimo Padre Gregorio XVI, cuyo padre se ha- 
llaba en Lima de tránsito para su segundo viaje á Europa, 
en busca de misioneros para los colegios de Solivia. Tuvo 
su comisión tal feliz éxito, que embarcó en Genova en 1837 
á ochenta religiosos Franciscanos entre sacerdotes, coristas 
i legos; de este numero mandó desde Arica al Callao para 
Ocopa, cinco sacerdotes, ocho coristas con algunos legos i 
un donado, que componian el número de diez i nueve.'De los 
sacerdotes quedaron dos en los Descalzos de Lima, i el resto 
de la misión llegó á este Colegio con felicidad el 22 de Fe- 
brero de 1838, habiendo sido recibido desde Jauja por to- 
das las autoridades, así eclesiásticas como civiles, y por los 
pueblos, con las mayores atenciones i con grandes demos- 
traciones de alegría. 



- 27 - 

Instalado el Colegio, el primer cuidado de los padres no 
se empleó en la refacción de lo material de su fábrica, que 
bien deteriorada se 'hallaba desde que fué suprimido por el 
Gobierno de la indepenpencia, sino que su primera atención 
se dirigió á socorrer las misiones de infieles, con los opera- 
rios i recursos que tenían disponibles. Desde luego se pusie- 
ron en comunicación con el reverendo padre Plrza, para in- 
formarse del estado en que se hallaban las misiones del Uca. 
yali, ofreciéndose voluntariamente algunos religiosos á sa. 
crificarse en tan santa obra; noticia que causó un gran pla- 
cer á dicho Padre, quien confiando en la divina Providen- 
cia había siempre esperado la restauración de la Comunidad 
de Ocopa, único medio para proseguir en la conversión de 
los infieles. 

En 1840 salieron de Ocopa el reverendo padre frai Juan 
Crisóstomo Chimini, i el religioso lego frai Luis Bieli, am- 
bos italianos. La repentina llegada de estos religiosos cau- 
só extraordinaria conmoción i ternura á los habitantes del 
Ucayali. i sobre todo al mui reverendo padre Plaza. Entre 
tanto el hermano donado del Colegio de Ocopa, Alfonso 
Roa, religioso de singular virtud, se ocupaba en recolectar 
limosnas para las misiones, á lo que en lo sucesivo entera- 
mente se contrajo. Verificada su vuelta al Cerro, reunió en 
poco tiempo doce cargas de útiles, de valor de seiscientos 
pesos. Después colectó siete cargas mas en Huánuco, i últi- 
mamente para dar principio á la apertura del camino desde 
Muña al Pozuzo, recogió en la misma ciudad de Huánuco, 
doscientos sesenta pesos. 

Reanimado el reverendo P. Plaza con los dos compañe- 
ros i con los socorros que le envió el Colegio, los que les fran- 
queó el ilustrisimo señor Obispo de Chachapoyas Dr. D.Jo- 
sé María Arriaga i los 3'a mencionados del hermano Roa, 
trató de hacer una expedición ai río Pachitea con el objeto 
de salir á Huánuco; pues por el río Huallaga á mas de ser 
mui larga la distancia, preséntanse á cada paso mil peligros. 
Con este fin emprendió su marcha en compañía del padre 
Chimini en el verano de 1841; llegaron en diez i siete días á 
la confluencia de Pachitea con el Ucayali: siguieron ocho 
días por el primero hasta el rio Zungarauyacu, i creyendo ser 
este el río Pozuzo, se internaron en él algunos días, hasta 
4 



— 28 — 

qiHf conociendo que iban perdidos regresaron á Sarayacu, 
porque va se les acaban las provisiones. 

En este viaje tuvieron repetidos encuentros con los an- 
tropófagos Caschibos, sin poder entrar en relaciones con 
ellos; pues apenas divisaban a la comitiva, disparaban fle- 
chas internándose de nuevo al monte. Como los que acom- 
pañaban á los padres no tenían conocimiento de los ríos 
Mairo i Pozuzo, donde era preciso aportar para salir á la 
sierra, quedó esta espedición sin efecto. 

El año siguiente 1842, mandó el P. Plaza al P. Chimini 
hacer un viaje por el Huallaga, encargándole que regresase 
por el Pozuzo, i haciendo en aquel punto un» balsa, bajase 
por el mismo río al Palcázu. Cumplió el P. Chimini su co- 
misión con exactitud: formó su balsa cuatro leguas mas 
abajo de Yanahuanca, en el sitio llamado el Sereno, embar- 
cóse con solos cuatro hombres que le acompañaban en tan 
arriesgada empresa, i en diez días llegó á la unión del Pozu- 
zo con el Palcazu, después de vencer á cada paso terribles 
obstáculos que ponía el río en sus soberbias corrientes i pre- 
cipitados declives, que lo hacen cuasi enteramente intransi- 
table. El P. Chimini, aunque consiguió su intento, quedó no 
obstante desengañado de que fuera navegable este río, por 
los grandes peligros que ofrece. El curioso que de ellos quie- 
ra imponerse, i de lo mucho que este Padre padeció en di- 
cho viaje, puede leerlo en las Memorias del Conde Castellnou, 
quien cita al Comercio, periódico de Lima, que fuéel primero 
que^lo publicó. Pareciéndole, no obstante, al P. Plaza que 
la poca esperiencia del P. Chimini en la navegación fluvial, 
le había hecho representar los obstáculos i peligros del Po- 
zuzo como mayores de lo que eran en realidad, quiso inten- 
tar una nueva espedición por el mismo río en el año 1843; 
])ero tampoco pudo obtener resultado alguno, perdiendo 
cuatro canoas que se hicieron pedazos, con la mayor parte 
de los víveres i muchas curiosidades que llevaban de la mon- 
taña. 

En estos viajes se iban reconociendo los rios i puntos por 
donde más fácilmente se podría llegar al antiguo pueblo del 
Pozuzo, que era el objeto que constantemente se proponían 
los Padres misioneros. Así fué como sin desalentarse por las 
contrariedades que experimentaron en las expediciones men- 



- 29 - 

donadas, hicieron una nueva tentativa en 1844, empren- 
diendo un nuevo viaje por el río Pachitea hasta el Mairo^ 
donde llegaron con felicidad después de una travesía de cua- 
renta i cinco i dias. Encargóse de esta espedición, á ruego 
de los Padres, D. Cipriano Mesa, quien tuvo la fortuna de 
descubrir el antiguo camino que se había perdido entera- 
mente desde la revolución de Santos Altahualpa; pero se 
volvió á perder á causa de haber transcurrido once años sin 
que se pasara por él, hasta que en 1858, gracias á los perse- 
verantes trabajos del P. Calvo, se volvió á descubrir para 
no perderse ya mas hasta el día de hoy. 

Desde el Mairo se abrió un camino de veinte leguas has- 
ta Yanahuanca, las cuales se han reducido á ocho, después 
de bien estudiado el terreno. En las cuatro leguas que hai, 
desde el puerto del Mairo hasta los cerros, habitan los infie- 
les Lorenzos, mui pacíficos i tímidos; que huyen apenas oyen 
el menor ruido. 

De Yanahuanca salió el P. Plaza con Fr. Luis Bieli para 
Huánuco; pasando desde allí A Lima el primero, i quedán- 
dose en Ocopa el segundo. Llegado á la capital el P. Plaza, 
se vio colmado de merecidos elogios i atenciones, por parte 
del Gobierno i de las personas mas notables de la población. 
El congreso señaló tres rail pesos anuales á él i sus sucesores 
en la Prefectura de las misiones, para atender á la subsisten- 
cia del Padre que debía haber en el Pozuzo, i á la perfección 
del camino hasta el Mairo. La prensa limeña se esmeró 
también por su parte en dar publicidad á los hechos mas no- 
tables de la vida de este apostólico varón, publicando cir- 
cunstanciadas reseñas de los hechos mas notables de su la- 
boriosa vida. Permaneció en Lima el P. Plaza hasta el año 
1845, en que se internó por el Mairo en el Ucayali: pero no 
pudo permanecer mucho tiempo con sus queridos neófitos, 
pues al año siguiente la República del Ecuador, le eligió 
Obispo de Cuenca; i habiendo recibido las Bulas Pontificias 
en Agosto de 1847, hubo de pasar á hacerse cargo del go- 
bierno de su diócesis, á la avanzada edad de setenta i cuatro 
años. Por espacio de otros ocho rigió su obispado, cumplien- 
do los deberes de un verdadero pastor: su celo infatigable 
aun allí le condujo á buscar las ovejas errantes i perdidas; 
pues entró repetidas veces en territorio de los infieles, encía- 



- 30 - 

vado dentro su jurisdicción, hallándole la muerte ocupado 
en santos trabajos entre la grei que el Espíritu Santo le ha- 
bía confiado. 



CAPÍTULO VII. 

Llegada de nuevos religiosos i trabajos apostólicos 
de los misioneros entre los fieles. 

Antes de proseguir la historia de nuestras misiones en- 
tre infieles, con la relación de lo sucedido después de la pro- 
moción del R. P. Plaza al obispado de Cuenca, bueno será 
que echemos una ojeada sobre los trabajos délos Padres mi- 
sioneros en las poblaciones civilizadas de la República, en 
cierta manera cuasi tan necesitadas como los infieles de los 
cuidados de los ministros del Evangelio. Tan necesitadas, 
decimos, porque si entre los salvajes era preciso predicar las 
verdades de la féá las inteligencias, para formar según aque- 
lla las virtudes del corazón, también en las poblaciones ya 
cristianas i civilizadas se hacía indispensable hablar al co* 
razón con la palabra de Dios, para estirpar los vicios, en- 
frenar las costumbres, i consolidar así con la caridad en los 
corazones, la fé en las inteligencias. 

A dar satisfacción á esta necesidad, que tan imperiosa- 
mente se dejaba sentir, dedicó sus primeros cuidados el R. 
P. Chimini, á quien había sido preciso dejar las misiones de 
infieles, para venir á desempeñar el cargo de guardián de 
Ocopa, para el cual había sido electo en el Capítulo celebra- 
do en el mes de Agosto de Ig^rS. Viendo este celoso Prelado, 
que por la muerta de algunos religiosos la Comunidad que- 
daba reducida al corto número de cinco sacerdotes i algu- 
nos pocos legos, envió c^esde luego á Europa al R. P. Fr. 
Fernando Pallares como comisionado para reunir una nue- 
va misión, el cual con las limosnas que suministró la piedad 
de los peruanos, pudo traer de Europa doce sacerdotes i sie- 
te entre legos i donados. La misión salió del puerto de Ge- 
nova el 14 de Ma^'-o de 1845, aportando en el Callao en 17 
de Setiembre del mismo año después de un viaje feliz. Duran- 
te su estancia en Italia, el P. Pallares se había proporciona- 



-si- 
do el cuerpo del glorioso* mártir San Vidal, cuya preciosa re- 
liquia se trajo consigo, en una elegante urna tal como se ve- 
nera hoi día en este Colegio; adquirió también para nuestra 
Iglesia varios ornamentos, cálices i misales, i varias herra- 
mientas i otros átiles para los infieles. 

Muí bien recibidos hubieron de ser en Lima los Padres 
recien llegados, i como entre ellos hubiese algunos que ha- 
bían ejercitado 3'a su celo predicando misiones en Italia, el 
limo. Sr. Arzobispo D. Javier de Luna Pizarro, se interesó 
vivamente para que antes de marchar á su colegio dichos 
Padres predicaran algunas misiones en la capital. Quedá- 
ronse, al efecto, nueve i predicaron en la iglesia del convento 
grande de nuestro padre San Francisco una misión que du- 
ró cerca de un mes, haciendo algunas pláticas instructivas 
por la mañana, esplicación del decálogo i sermón moral por 
la noche, con cánticos patéticos análogos á la misión, todo 
según el estilo de Italia, cuyo método hemos ido observan- 
ds, en las continuas misiones que predicamos, con gran fru- 
to de las almas. 

La novedad de este método, i sobre todo el celo de los 
misioneros, sirvió á los fines misericordiosos de la Providen- 
cia para la conversión de las almas; pues fué tan fructuosa 
esta misión, que el Sr. Arzobispo, ofició á todas las Comu- 
nidades religiosas, para que por turno hubiese todo el día 
confesores en las respectivas iglesias para administrar el 
santísimo sacramento de la Penitencia á la gran multitud 
de fieles que se acercaban á recibirlo. El concurso era tan 
numeroso, que la iglesia de San Francisco, con ser de las mas 
capaces en Lima, estaba enteramente cuajada de fieles, de mo- 
do que á petición del Prelado debieron ponerse guardias á 
las puertas para evitar la confusión, concluidos los ejerci- 
cios de cada día. El día de la comunión general, recibieron 
al Señor seis mil personas, sin contar los que comulgaron 
durante la misión i después de concluida. 

Desde muchos años no recordaba Lima un espectáculo 
semejante. Yiéronse acercar verdaderamente contritos al tri- 
bunal de la Penitencia un sinnúmero de pecadores públicos 
de toda clase i condición, celebráronse muchos matrimonios, 
- se hicieron cuantiosas restituciones, se quemaron centena- 



- 32 



I 



res de libros prohibidos, i desde entonces se notó mayor con- 
currencia á los templos i mas frecuencia de Sacramentos. i 

Tan opimos resultados sin duda excitarían el rencor del i 

espíritu maligno, que veía perder su dominio sobre tan gran 
número de almas, : tal vez fué á instigación suya que el Go- 
bierno, que entonces tenía la República, en vez de proteger á 
la misión i auxiliarla, conforme debe hacer un Gobierno ca- 
tólico, se quejó al señor Arzobispo con frivolos pretestos de 
política para impedir la permanencia de los Padres misio- 
neros en la capital, lo que fué causa de que estos no pasasen 
al Callao, donde tan útiles hnbieran podido ser, i se retira- 
sen desde luego á su Colegio. 

Llegados á Ocopa los nuevos misioneros, su primera 
atención fué establecer en el Colegio la disciplina regular en 
la forma que prescriben la Bulas Inocencianas; i una vez or- 
ganizado el régimen interior de la Comunidad, prosiguie- 
ran con nuevo empeño los apostólicos trabajos á que su vo- 
cación les destinaba. Por de pronto no pudieron enviarse 
muchos religiosos á las misiones del Ucayali, pues habiéndo- 
se desentendido por completo el Gobierno dé ausiliarlas con 
los fondos con que antes lo hacía, no le era posible al Cole- 
gio de Ocopa sufragar por sí solo los cuantiosos gastos que 
exigían. No obstante, ausiliado con las limosnas que le su- 
mistra la piedad de los fieles peruanos, ha podido sostener 
constantemente, cuatro, cinco, i hasta siete sacerdotes en 
los países infieles. 

Si, empero, las circunstancias impidieron á los Padres de 
Ocopa dar á estas misiones el impulso que hubieran deseado^ 
no por eso debieron mantenerse inactivos su celo i su cari- 
dad. La ruidosa misión de Lima, de que acabamos de ha- 
blar, despertó en muchísimos pueblos de la República el de- 
seo de oir la palabra de Dios, i de aprovecharse de los sin- 
gulares beneficios que reporta una misión, facilitando á los 
pueblos la reforma de las costumbres, que entonces, gene- 
ralmente hablando, estaban allí mui estragadas. Así fué que 
de todas partes acudían á porfía al Prelado de Ocopa, soli- 
citando misioneros que les'instruj'esen en las verdades de la 
religión, i les enseñasen el camino para salir del mal estado 
en que muchos se encontraban. Con sumo placer accedió el 
Prelado i todos los Padres á las ardientes súplicas i cristia- 



- 33 - 

nos deseos de los pueblos, i muí pronto salieron de Ocopa 
varios misioneros, que por espacio cuasi de dos años conse- 
cutivos fueron predicando las verdades eternas á la ciudad 
de lea con todo su valle, á Palma, Nasca, Pisco, Chincha i 
Huaras. Mientras estos religiosos predicaban en las ciuda- 
des i pueblos en la costa, otros hacían lo mismo en la sierra, 
en el mismo arzobispado de Lima i obispado de Ayacucho 
Al efecto recorrieron toda la provincia de Jauja, la de Huan 
cayo. Pampas, Huancavelica, Huanta, Aj'acucho i Anda 
huailas, predicando misiones á los pueblos i dando ejerci 
cios espirituales al clero i á los monasterios de religiosas 
De esta manera fué como el celo de los Padres de Ocopa hi 
20 sentir sus saludables efectos sobre todas las clases i esta 
dos de la sociedad. 

No reposaron por mucho tiempo los Padres después de 
estos apostólicos trabajos, toda vez que los pueblos á que 
no había aún llegado su palabra evangélica la solicitaban 
con vehemencia, i su caridad infatigable no les permitía de- 
soir sus clamores; i así fué que se predicaron misiones en 
Tarma, Acobamba, Cerro de Pasco, Huánuco, i por segun- 
da vez en casi toda la provincia de Jauja, Huancayo i otros 
pueblos del Araobispado de Lima i obispado de Ayacucho. 
Interminables seríamos si debiésemss enumerar los repetidos 
ejercicios que se han dado al clero i á los seglares de ambos 
sexos, ya en el mismo colegio de Ocopa, ya también en las 
ciudades donde hai casas de retiro; las cuaresmas i misiones 
que fueron predicando los sacerdotes de la comunidad, que 
en sus dos terceras partes sale todos los años á recorrer los 
pueblos, ocupándose en tan tantas obras. Diremos, pues, 
en una sola palabra, queen el espacio de catorce años los pa- 
dres de Ocopa predicaron mas de ochenta misiones, duran- 
do algunas de ellas seis semanas i aun dos meses, i casi to- 
das tres ó cuatro semanas, según la importancia de los pue- 
blos ó ciudades. 

Estos multiplicados trabajos no fueron, empero, por la 
gracia de Dios estériles. Al contrario, el fruto que de ellos 
se reportó fué tan copioso, que por un cálculo aproximado 
podemos decir que se reconciliaron con Dios ciento veinte 
mil almas; siendo en gran número los que hacian diez, vein- 
ite, treinta i mas años que se habian confesado; muchos que 



— su- 
basta entonces vivian públicamente amancebados recibie- 
ron el santo sacramento del matrimonio, habiendo misión 
en que llegaron estos á doscientos cincuenta; otros que des- 
de muchos años estaban divorciados con escándalo de los 
pueblos, se reunieron para vivir cristianamente en el cum. 
plimiento de los deberes de su estado. Se pusieron en paz 
las enemistades; poblaciones enteras, en que por causas po- 
líticas habia penetrado la división entre las familias, se re- 
conciliaron viviendo después en santa paz i armonía. Hi- 
ciéronse cuantiosas restituciones de hurtos i bienes mal ad- 
quiridos; se entregaron á las llamas cargas enteras de libros 
irreligiosos é inmorales. Se desterraron innumerables abu- 
sos i supersticiones en los pueblos de los indios; en Chilca se 
borraron los últimos restos de la idolatría, quemando los 
padres misioneros por orden del señor Arzobispo de Lima, 
un simulacro del demonio i otro de un judío á quienes se 
prestaba adoración. En fin, do quiera se predicaron misio. 
nes, desaparecieron loe escándalos, floreció la piedad i toda 
virtud, de suerte que allí donde los curas párrocos i demás 
eclesiásticos han seguido cultivando con la predicación i la 
asiduidad en el confesonario, la semilla que los misioneros 
sembraron en los corazones de los fieles, se la ve aun hoi 
fructificar abundantemente, conservándose los pueblos fer- 
vorosos frecuentando los santos Sacramentos i apartados 
en gran número de los vicios i peligros de pecar. 

Prueba evidente que confirma cuanto acabamos de decir, 
es el odio mortal que contra nuestras misiones han concebí, 
do, las calumnias que han propalado i las vilezas de que pa- 
ra impedirlas se han servido los enemigos de nuestra santa 
religión. Apoyándose en los frtvolos pretextos de que las 
misiones son perjudiciales á los intereses de la nación; ya 
porque distraen á los pueblos de su trabajo; ya porque á 
causa de ellas se retarda el cobro de los impuestos; ya tam- 
bién porque en las críticas circunstancias porque atravesaba 
la república, los misioneros (dr -an) encubiertos con el ropa- 
je de pobreza i humildad tenían miras siniestras contra el 
gobierno; yo. por último, atribuyendo á las misiones sucesos 
casuales que sin ellas igualmente hubieran ocurrido; razones 
todas que, al parecer, no prueban por parte de los que las 
presentaban mas que una ignorancia apenas escusable, 6 



- 35 - 

una insigne mala fé, lograron empero atraer á sus ideas á 
algunas autoridades, consiguiendo que en 1846 se mandara 
suspender la misión que se daba en Tarma, haciendo retirar 
los Padres á su Colegio, intentándose después lo mismo en 
otros pueblos sin que afortunadamente se pudiera conseguir. 
Solo en el año 1847 un ministro obligó á retirarse de los 
pueblos i ciudades á los Padres cuaresmeros de Ocopa, pa- 
sando al señor Arzobispo una nota llena de calumnias i pue- 
riles razones, para que los misioneros nada pudieran hacer 
sin solicitar permiso de la autoridad departamental de Ju- 
nin^ pretendiendo que fueran todos á las montañas de An- 
damarca i Saraj'acu, á cumplir con su destino de propagar 
la fé entre los infieles, obligándolos al propio tiempo á vivir 
encerrados en el Colegio, por ser esto lo único que podían 
pretender del Gobierno ñlantrópico del Perú, 

Los pueblos empero, siempre anciosos de recibir el pasto 
espiritual de la divina palabra, que tan abundantemente se 
les proporcionaba por medio de las misiones, al paso que no 
cesaban de dirigir continuas representaciones al Gobierno, 
pidiendo la revocación de las fatales medidas que contra los 
Padres había tomado, procuraban demostrar con mas em- 
peño todavía el afecto que á éstos profesaban, pidiéndoles 
misiones i prodigándoles las mas ostensibles muestras de 
amor i benevolencia, en términos que los misioneros se veian 
obligados á entrar i salir de los pueblos ocultamente i á des- 
hora de la noche, para librarse de las continuas ovaciones, 
que el entusiasmo de los fieles les hubiera tributado. 

Así era como una vez mas se confirmaba que la contra- 
dicción, lejos de destruir las obras de Dios las consolida i 
enaltece. Las comarcas mas apartadas del Perü, que sin 
aquellos sucesos apenas hubieran tenido quizá noticias de 
las misiones de Ocopa, gracias á los mismos las conocieron 
i las desearon; i s*u fama traspasando los mares, atrajo fer- 
vorosos operarios del Evangelio á trabajar en aquel vasto 
campo, que el Padre celestial les proporcionaba para ejerci- 
tar la labor de su apostólica caridad. 

Mientras que en estos se ocupaba una parte de la comu- 
nidad de Ocopa, los Padres que en el Colegio permanecían, 
procuraban conservar el fruto que sus hermanos habían 
recogido, dedicándose con asiduidad infatigable á oir las 



- 36 - 

confesiones de los fieles, que en grandísimo número acudían 
de todos los pueblos de las provincias de Jauja i Huancayo 
i á suministrar los auxilios espirituales á todos los enfermos 
que de ellos necesitaban. Una ocasión magnifica para acre- 
ditar la caridad, que para con los pobres afligidos les ani- 
maba, fué la peste que se desarrolló en casi todos los pueblos 
de las dos citadas provincias en el año 1855. Tristísimo era 
el aspecto que presentaban los pueblos de Apata, San Lo- 
renzo, Pucucho, Matahuasi, Concepción, San Jerónimo i el 
mismo pueblo de Ocopa, invadidos por aquella enfermedad 
tan terrible, que á penas dejaba con vida á ninguno de los 
que atacaba. En medio de tanta desolación, los padres eran 
la providencia de aquellos lugares; repartidos por los pue- 
blos contagiados, no solo suministraban el remedio espiri- 
tual á los enfermos, por medio de los Santos Sacramentos, 
sino que les aplicaban también los remedios corporales para 
el alivio de sus dolencias. Era un espectáculo sumamente 
edificante ver á los Padres entrar en las chozas fétidas de los 
indios i confesar á tres, cuatro i á veces más enfermos en al- 
gunas de ellas, sin cuidarse del peligro del contagio i de la 
muerte, de que, no sin especial providencia de Dios, se libra- 
ron, no obstante, cuantos asistieron á los apestados. 

Ya que hemos consagrado este capítulo á la reseña de 
las misiones predicadas en las comarcas civilizadas del 
Perú, no podemos terminarlo, sin recordar las que en 1852 
se predicaron en la capital de la República, con tan felices 
resultados, que á causa de ellas se fundó en dicha capital el 
actual Colegio de los Descalzos. 

En el citado año de 1857, salieron en efecto de Ocopa 
para Lima nueve padres misioneros para dar las misiones 
que, con motivo del Jubileo concedido por Nuestro Santísimo 
Padre Pío IX, había pedido el limo. Sr. 4^zobispo. Empe- 
zaron por la iglesia de San Francisco i prosiguieron en las 
parroquias de Santa Ana, San Lázaro, iglesia de las Naza- 
renas i de la Merced, i por último en el Callao. La palabra 
de Dios, ca vendo sobre ambas ciudades como un rocío de lo 
alto sobre terreno íértil, vivificó los corazones aletargados» 
é hizo florecer la virtud en todas las clases de la sociedad. 
Veinte mil almas se reconciliaron con Dios, por medio del 
Santo Sacramento de la Penitencia; celebráronse doscientos 



- 37 - 

cincuenta matrimonios; cinco protestantes abjuraron sus 
errores i las mujeres dejaron su profano modo de vestir. 

En medio de la santa paz i alegría que inundaba los co- 
rozanes de los católicos de Lima, al verse colmados de los 
beneficios que les habia derramado esta santa misión, solo 
una idea les angustiaba, i era el pensar que los padres mi- 
sioneros, concluida su tarea, debian regresar á Ocopa, que- 
dando por consiguiente privada la ciudad de Lima, de la 
presencia de aquellos varones apostólicos que, con su cons- 
tante predicación i buen ejemplo, hubieran podido conservar 
viva fé en las almas i la morigeración de las costumbres. No 
sabiendo pues, los católicos limeños resignarse á tan dolo- 
rosa separación, acudieron con entusiasmo al ilustrísimo se- 
ñor Arzobispo i al Gobierno de la República, pidiendo que 
se concediese á los padres de Ocopa un local á propósito pa- 
ra fundar un Colegio de misiones en la misma capital de la 
nación. Con indecible complacencia accedió el prelado, D. 
Javier de Luna Pizarro, á los deseos de su pueblo, i al efec- 
to se dirigió al Presidente de la Kepüblica, que entonces lo 
era don José Rufino Echenique, quien, respondiendo á sü 
instancia con un decreto favorable, concedió el convento de 
los Descalzos, estramuros de Lima, que entonces estaba cua- 
si abandonado, para que en él pudiesen establecer su hospi- 
cio los padres de Ocopa. 

A consecuencia de esto, el M. R. P. Guardian i el Discre- 
torio de Ocopa, con fecha 8 de Noviembre del citado año, 
aceptó dicho Convento en clase de hospicio, nombrando 
Presidente de la Comunidad, que en él debia reunirse, al R. 
P. Fr. Pedro Gual, el cual junto con otros seis Padres, un 
lego i un donado, tomó posesión del edificio, retirándose al 
convento grande de San Francisco los tres únicos sacerdo- 
tes que lo ocupaban. Posteriormente aumentándose consi- 
derablemente la Comunidad, con motivo de la llegada de la 
misión que condujo de Europa el R. P. Fr. Pablo Bastarras, 
en agosto de 1854, el citado hospicio fué erigido en Colegio 
de misiones, con todas las formalidades que prescriben las 
Bulas Inocencianas, dándose el nombre de Colegio de Santa 
María de los Angeles. Este Colegio subsiste aun hoi dia ba- 
jo el mismo régimen i disciplina que el de Ocopa, habiendo 
colmado con exceso las halagüeñas esperanzas que hizo con- 



— 38 — 

cebir su fundación. No entra en nuestro plan, i por otra par- 
te seria una tarea sobrado prolija, enumerarlos beneficios 
que de él ha reportado, no solo la ciudad de Lima, sino to- 
do el Perú, por medio de sus continuadas misiones, ejerci- 
cios espirituales, dados á toda clase de personas, i dirección 
de las almas á que constantemente los Padres se han dedi- 
cado. Basta lo dicho, para concluir lo que en este capítulo 
hemos creido conveniente reseñar, acerca de los trabajos de 
los Padres misioneros Franciscanos en las poblaciones civi- 
lizadas del Perú, antes de volver á tomar el hilo de nuestra 
relación de las misiones entre los infieles, objeto principal de 
esta obra. 



CAPÍTULO VIH 

Continuación de las misiones del Ucayali i elección del R, P. 

Chimini para Prefecto de las misma 

Como se ha dicho en el capítulo sexto, apenas restable- 
cido el Colegio de Ocopa, proveyó al mantenimiento de las 
misiones del Ucayali, tan necesitadas de religiosos desde la 
espulsión de los Padres misioneros, que á no haber sido por 
el celo heroico del P. Plaza, hubieron quedado completamen- 
te perdidas. Desde 1840 los Prelados de Ocopa habian pues 
procurado enviar sucesivamente algunos religiosos á aque- 
llas conversiones, pasando allí entre otros los PP. Rossi, 
Antonio Brigatti, Juan de Dios Lorente, Vicente Calvo i 
Francisco Avellana, i los riligiosos legos Fr. Elias Simoneli i 
Fr. Santiago Peses, á más del í^. Chimini i Fr. Luis Bieli^ 
que como hemos visto ya, fueron los primeros enviados á 
ausiliar al P. Plaza cuando este se hallaba todavía sólo en- 
tre los infieles. 

El P. Rossi fijó su residencia en el Pueblo ó conversión 
de Tierrablanca, donde fabricó un convento de bastante ca 
pacidad; derribó la Capilla que amenazaba ruina, levantan- 
do otra de mejor forma i más decente, i proporcionó al pue- 
blo una fragua. El P. Brigatti pasó á residir al pueblo de 
Santa Catalina. Por este tiempo empezaron á avecindarse 
algunos indios Cahuapanas en las márgenes del río Yana^-a- 



— 39 — 

cu; reuniéronse á ellos algunos de Santa Catalina, de Balsa- 
puerto i Chasuta, fundándose un pueblo con la advocación 
de San Cristóbal de Yanaj'-acu. Este pueblo ha ido aumen- 
tando desde su fundación, i en la actualidad es mayor que 
Santa Catalina; tiene una bonita i capaz iglesia de tapia que 
el R. P. Fr. Felipe Martínez edifico en el año 1856. 

A principios de Setiembre de 184?2, á súplicas del señor 
Arzobispo de Lima el Dr. D. Francisco Javier de Luna Piza- 
rro i del Prefecto del Departamento de Junin, con motivo de 
haber abierto de nuevo la montaña de Schanscha-mayo los 
habitantes de Tarma i Acobamba, salieron le Ofopa los PP. 
Fernando Pallares i Antonio Gallisans por la vía de Tarma 
i Palca, i el día 10 llegaron con felicidad á la confluencia del 
referido río Schanscha-mayo con el Tulu-mayo. En este 
punto hallaron á dos compañías de tropa cívica con dos ca- 
ñones de pequeño calibre, las que cometían grandes desórde- 
nes, arrojando balas á los indios que con frecuencia asoma- 
ban á la otra parte. No podían los Padres mirar con indi- 
ferencia semejante modo de conquistar infieles, i por esto 
procuraban impedir con la persuasión un mal de tan fatales 
consecuencias. Algunos cristianos de los que por allí había, 
pasaron inconsiderablemente el Tulu-moyo con el intento 
de robar á los indios i tomarles algunos muchachos chun- 
chos para su servicio, pero les sucedió mui mal, porque los 
indios llamados campas los flecharon hiriendo á algunos de 
los cristianos de la expedición. Para ausiliar á estos pasó 
el Tulu-mayo con una balsa el P. Gallisans con algunos in- 
dividuos de la pequeña guarnición de Tarma el 28 del citado 
mes. Más, como por la extraordinaria corriente de aquel 
río no podía pasar la balsa sino tirada de un cable, este 
aunque pudo sostenerla en la ida, quedó inutilizado para la 
vuelta; i así fué como, debiendo regresar sin este ausilio, tu- 
vo la desgracia de naufragar el referido Padre, ahogándose 
á poca distancia de la reunión de los dos ríos, con otros dos 
cristianos que con él habían entrado en la balsa. 

Para reemplazar al P. Gallisans i al P. Pallares, que se 
había retirado al Colegio, fué enviado el P. Vicente Calvo i 
Fr. Amadios Bertona. religioso lego, permaneciendo en el 
campo de tropas, diciendo misa el primero en los dias festi- 
vos, haciendo los dos todo el bien que les era posible en ser- 
vicio de los heridos de flechas, que continuamente tiraban 



~ 40 — 

los indios campas, hasta que por Enero del próximo año co- 
nociendo el R. P. Guardián del Colegio, que ningún prove- 
cho espiritual podía esperarse é favor de aquellos infieles de 
la permanencia de los Religiosos entre los soldados, mandó 
que se retirasen. 

Como era tan extraordinario el empeño que tenían los 
pueblos de Tarma i Acobaraba para poseer los terrenos de 
las montañas de Schanscha-mayo, é iguales las esperanzas 
del Gobierno de auxiliar la costa con los brazos de los Chun- 
chos, que se pretendían sacar de aquellos puntos, suplicó el 
Prefecto de Junin al R. P. Chimini hiciese una expedición 
por el Ucayali al río Schanscha-mayo. Emprendióla en efec- 
to este Padre acompañado del P. Rossi en el año 1848, i en 
treinta i seis días de navegación llegaron á la confluencia del 
dicho Schanscha-mayo con el río Apurimac, de donde tuvie- 
ron que regresar por la resistencia que les hicieron los cam- 
pas, habiendo quedado herido el indio popero de la canon 
del reverendo padre Rossi. 

Debiendo celebrarse capítulo en el Colegio de Ocopa en 
1849, salieron de las misiones para tomar parte en el, los 
Padres Chimini i Rossi. En este capítulo, celebrado en 12 
de Agosto del citado año, fué elegido Guardián el M. R. P. 
Frai Pedro Gual i reelegido Prefecto de misiones en propi*?- 
dad el sobre dicho padre Chimini, Como el nuevo Prefecto 
debía de regresar á las conversiones i el P. Rossi se quedó en 
Ocopa, partió en su lugar en compañía del primero el P. Fr. 
Vicente Calvo. 

Como en aquel tiempo no había otro derrotero más es- 
pedito que el del río Huallaga para introducirse en las con- 
versiones, dirigiéndose los Padres hacia este río á pesar de lo 
peligrosa que es una navegación. En Tingo-María encon- 
traron diez neófitos que habían acompañado al P. Prefecto 
en su viaje á Ocopa i á los cuales había dejado en aquel pun- 
to para que le aguardasen hasta su regreso. Sin detenerse 
más tiempo que el necesario para acomodar en la canoa los 
efectos que conducían para las conversiones, entregáronse, 
puesta su confianza en Dios á merced de las impetuoséis co- 
rrientes del Huallaga. Como esta era la vez primera que el 
P. Calvo emprendía aquella navegación, c iba ya prevenido 
de los continuados é inminentes peligros que otrecía, á medi- 
da que iba surcando sus aguas se apoderaba de él un gran- 



— 41 — 

dfsitno temor, de manera que desconfiaba ya de poder llegar 
á su destino creyendo cada instante ser el último de su vida. 
A la verdad no eran infundados sus temores, pues desde Tin- 
go-María hasta el sitio denominado el Pongo, son en nume- 
ro de cuarenta i dos los pasos difíciles que han de vencer i el 
menor descuido del timonero i aun de los mismos remeros 
basta en cualquier de ellos para hallar una muerte segur?» 
en tan espantosos abismos. Así lo reconoció raui bien un 
viajero francés, quien para expresar los gravísimos peligros 
de esta navegación, dijo mui acertadamente, '*que los hom- 
bres habían hecho navegable el Huallaga, al parecer, contra 
la voluntad de Dios.'* 

A los ocho días de emprendido su viaje, llegaron los Pa- 
dres felizmente á la desembocadura del río Chipurana, ha- 
biendo vencido por la misericordia de Dios, todos los peli- 
gros que se les habíí^n ofrecido. 

Llegados allí, fuéles preciso dividirse, continuando el Pa- 
dre Prefecto con la misma canoa en que hasta allí habían 
ido con la mayor parte de los efectos que condncían diri- 
giéndose hacia el río Marañón, mientras que el P. Cal- 
vo junto con el hermano Magin Espoi, que también había 
salido con ellos de Ocopa, se introdujo por el Chipurana con 
otra canoa i alguna gente que había alquilado en el pueblo 
de Chasuta. Después de navegar un día por este río, que es 
el canal por donde se comunican con el Ucayali los habitan- 
tes de Tarapoto i su provincia, entró en el pequeño río Ya- 
nayacu, llegando al siguiente día al pueblecito que lleva ese 
mismo nombre. Después de un día de descanso, el Padre 
Calvo i su compañero hicieron por tierra las siete leguas de 
camino que dista Yanayacu de Santa Catalina i tras otros 
dos días de navegación por el río que tiene este nombre, en- 
traron por fin en el famoso Ucayali. 

Un paisaje enteramente nuevo'se les descubrió al embocar 
este caudaloso río. Pocos días hacía que habían atravesa- 
do la árida pampadejunin, experimentando el excesivo frío i 
sutileza del aire del Cerro de Pasco que llega hasta privar la 
respiración; habían recreado su vista con el ameno valle de 
Huánuco i atravesado después los grandes peligros que ofre- 
ce la navegación del Huallaga, habiendo sufrido cuantas 
molestias acompañan á un viaje tan largo por caminos tan 
ásperos i sitios desconocidos, cuando derrepente se les pre- 



— 42 — 

senta á la vista el Uca3''al¡, río por tantos títulos famoso. 
El viajero que por primera vez lo contempla, no puede me- 
nos de quedar admirablemente sorprendido al ver aquel in- 
meiiso caudal de aguas, deslizándose mansamente por el 
fondo de los valles, i crece de punto su admiración al ver la 
innumerable multitud de animales que se crían en su seno, 
la que es tal, que con razón puede dudarse que haya en todo 
el mundo otro río, atendidas las proporciones, que los lleve 
en número mavor. I en efecto, críanse allí un número incal- 
enlabie de tortugas, muchas vacas marinas i pacches en tal 
abundancia que con este pescado salado se alimenta Moyo- 
bamba con toda la provincia de Tarapoto, i todos los escla- 
vos de muchas haciendas del Brasil, para cuyo punto se ex- 
trae desde Nauta por medio de buques de vapor, i casi po- 
dría asegurarse que con el pescado del Ucayalii el de las mu- 
chas lagunas que con él se comunican, habría para alimen- 
tar á toda la república del Perú. 

Después de haber seguido, por espacio de un día el curso 
de aquel río, contemplando con creciente admiración tan 
asombroso prodigio de la naturaleza, para abreviar el ca- 
mino, entraron los Padres en la laguna de Tipischca, nave- 
gando por ella como dos ó tres horas, i habiendo llegado al 
sitio denominado e/ puerto, desembarcaron tomando el ca- 
mino que guía á Sarayacu, á cuyo pueblo llegaron á las cua- 
tro de la tarde, después de haber andad o como dos horas por 
tierra. A la llegada del P. Calvo áesta población, que fué en 
29 de Setiembre, no se hallaba en ella ningún Padre; pues 
de los dos únicos que quedaron á la salida del P. Chimini 
para Ocopa, el uno, que era el P. Brigatti, habíei ido al pue- 
blo de Yurac-Allpa (Tierra blanca) de donde no regresó has- 
ta el 2 de Octubre, i el c>tro, que era el P. Llórente, se había 
bajado á los pueblos del Marañón para comprar algunas 
prov isiones que necesitaba. Estaba, empero, ya de regreso 
en el IJcayali, cuando lo supo el P. Chimini al llegar á Nau- 
ta, con cuyo motivo apresuró este su marcha, teniendo así 
la satisfacción de encontrarse por el camino i entrar juntos 
en Saraj'acu. 

A la llegada de los Padres hicieron los neófitos grandes 
demostraciones de alegría, saliendo á recibirles hasta el 
puerto con danzas i divertida música. Halláronles los mi- 
sioneros bastante instruidos en la doctrina cristiana, pero 



- 43 - 

sobre manera atrasados en civilización, sin que pudiera lo- 
grarse que adelantaran en ella, hasta el año de 1852 en que 
con ocasión de la llegada á las misiones del R. P. Pallares, 
se establecieron escuelas de primera educación en Sarayacu 
i Santa Catalina. Apenas establecido en Sarayacu el nuevo 
P. Prefecto, envió el P. Llórente á Tierra blanca para que 
cuidase de dicha conversión; puso bajo el cuidado del Padre 
Brigatti los pueblos de Santa Catalina i Yanayacu, quedán- 
dose él con el P. Calvo en Sarayacu, para dirigir las obras 
de la reedificación de la iglesia, que amenazaba desplo- 
marse. Emprendió esta obra con tanto empeño, que él 
mismo, junto con el P. Calvo, trabajaba con los in. 
dios conduciendo i colocando*los materiales. Por este me- 
dio logró estimular á sus operarios de tal manera, que al si- 
guiente año (1850) quedó reedificada la iglesia con su nue- 
va sacristía, mui cómoda i capaz. Una vez concluida, el P. 
Prefecto emprendió en compañía del P. Llórente una espedi- 
ción al río Pischquí, con el doble objeto de visitar las misio- 
nes perdidas de Cuntumaná i Charasmaná, i ver al mismo 
tiempo si podría abrirse un camino, que desde aquel río sa- 
liese al Huallaga por las salinas de Tocachi ó por las de 
Uchisa, cuyo trecho parecía ser de corta distancia según el 
mapa del P. Sobrevida; sus planes, empero, quedaron frus- 
trados por estar mui adelantada la estación de las aguas i 
bajar el río mui crecido. 



CAPÍTULO IX 

Martirio del P, Cbimini i sus compañeros i elección del 2?. P. 
Pallares para prefecto de las misiones 

Ardua i trabajosa era la tarea que habían emprendido 
los Padres de Ocopa, al restablecer las misiones entre los in- 
fieles. Iban á luchar, no sólo contra los obstáculos que 
oponía una naturaleza enteramente salvaje, como era la del 
país en que se debían establecer, sino también con el carác- 
ter de los indios que estremadamente recelosos, eran incapa- 
ces de comprender los beneficios que se les otorgaban. No fué 

pues de estrañar, que muchas veces la más negra ingratitud 
6 



— 44 - 

fuese el pago de los sacrificios que los misioneros hacían en 
favor de aquellos infieles. Las antiguas misiones del Perú 
registran en sus anales los nombres de más de sesenta reli- 
giosos que sufrieron un glorioso martirio á manos de los in- 
dios. Las nuevas misiones, apenas establecidas tuvieron ya 
ocasión de continuar nuevos nombres A unas páginas tan 
ilustres, cabiendo al P. Chimini i á dos de sus compañeros 
la insigne honra de ser los primer^^s, después del restableci- 
miento, en derramar su sangre por la religión de Jesucristo, 

Habia regresado dicho Padre á Ocopa en 1851 saliendo 
de las misiones por Balsapuerto, Moyobamba, Trujillo i Li- 
ma, i una vez llegado al Colegio, trató en seguida de restau- 
rar las conversiones de Huanta en el río Apurimac. Salió 
de Ocopa con este fin en compañía del P. Juan Bautista Nar- 
váez en Mayo del 52, i después de haber seguido como unas 
treinta leguas desde Huanta, se embarcó en una canoa na- 
vegando felizmente como unas quince leguas, cuando 
derepente, no se sabe porqué circunstancia, zozobró la bar- 
quilla, teniendo la desgracia de perecer ahogado un joven 
huantino que les acompañaba, i aun los mismos Padres se 
vieron en los mayores apuros, debiendo salvarse á nado, 
pues los indios que dirigían la canoa los abandonaron para 
ponerse ellos en salvo. Con este percance perdiéronse tam- 
bién los ornamentos de un altar portátil i muchos útiles que 
llevaban los Padres para regalar á los indios. 

No por eso desistió el P. Chimini de sus proyectos, i aun- 
que regresó á Ocopa para asistir al Capítulo que se celebra- 
ba en aquel año, una vez concluido emprendió nuevamente 
su expedición, acompañado del P. Fr. Feliciano Morentin i 
del religioso lego Fr, Amadios Bertona. Antes de salir de 
Ocopa escribió al P. Calvo á Sarayacu, diciéndole, que si no 
podía realizar su plan, formaría una balsa i bajaría por el 
río Tambo al Ucayali. 

Llegados al término de su viaje, coacibieron en un prin- 
cipio mili lisongeras esperanzas, pues los indios les recibie- 
ron con grandes demostraciones de amistad; sin embargo, 
mui pronto se trocaron sus sentimientos, pues seducidos 
aquellos bárbaros, según parece, por el intérprete, llegaron á 
persuadirse que los misioneros no eran tales en realidad, si- 
no que eran hombres que habían ido allí con el fin de robar- 
les sus mujeres é hijos, para hacerlos trabajar como esclavos 



- 45 - 

en sus haciendas. Enfurecidos con esta idea, arremetieron 
contra los Padres, asesinándoles cruelmente con sus flechas 
i macanas. Tal es á lo menos lo que con más verosimilitud 
ha podido conjeturarse sobre la muerte de P. Chimini i sus 
compañeros, en medio de las distintas versiones que hai so- 
bre el particular. Una relación exacta i circunstanciada, no 
ha sido posible obtenerla por más diligencias que se han 
practicado. En Huanta se asegura que la muerte violenta 
de los Padres, tuvo lugar entre Choymacota i Catongo. 

En un viaje que el P. Pallares hizo desde Saraj'acu al río 
Tambo en 1854?, los infieles Piros i Cunibos le contaron que 
por Diciembre de 1852 ó Enero de 1853, (épocas de mayor 
creciente de los ríos de cuyas crecientes se valen los indios 
para contar las estaciones i los años) vieron bajar hasta 
Santa Rosa de los Piros una balsa grande con su pamacari 
(camarote); (1) encontrando en ella un vaso de cristal i 
una campanilla de las que se usan en la Misa para hacer la 
señal al Sanctus, la cual entregaron á dicho P. Pallares, ase- 
gurando el hermano Magin Espoi que le acompañaba, ser 
la misma que él había comprado en Lima i colocado en los 
cajones del P. Chimini á su salida para Huanta. El mismo 
infiel que entregó la campanilla, afirmó también que en 
aquellos mismos días en que pasó la balsa, bajaron igual- 
mente dos cadáveres por delante del sitio llamado Iparia, 
donde él estaba, añadiendo que dichos cadáveres eran de Vi- 
rachochas (personas blancas), atravesados de flechas por 
todas partes i ya medio corrompidos, no habiéndose él atre- 
vido á recogerlos por el horror que le causaron. 

De esta relación del infiel, dedujo el P. Pallares que de los 
tres religiosos martirizados, solo uno fué muerto en el lugar 
citado; que los otros formarían seguramente después una 
balsa, en la que debieron cargar los ornamentos con todo lo 
demás que pudieron recoger; i por último, que se dejarían 
llevar de la corriente del Apurímac con dirección al Tambo 
i Ucayali para llegar á Sarayacu, conforme lo tenía prome- 



(I) **Pomacari, se llama una guarnición que se labra sobre las balsas, la cual, son un 
cierto número de palos gruesos de iguales dimensiones, fuertemente atados entre sí por me- 
dio del rejuco llamado Tamschi, en forma de techo; en las canoas siempre tiene la forma 
de una bóveda semicircular, prolongada desde la popa hasta la mitad de ella, debajo de la 
cual se guarecen los viageros." — Pallares i Calvo. 



^ 46 — 

tido el P. Chimini; pero que alcanzados por los campas les 
quitaron estos la vida, para robarles los efectos que lleva- 
ban; i que en el saqueo que hicieron se les caj'^ó entre los pa- 
los de la balsa la campanilla i alguna vinagera, que el inñel 
llamó vaso. 

La hipótesis del P. Pallares no hai duda que parece mal 
fundada por lo que aseguran los huantinos; no obstante, en 
caso de admitirla quedarían en pié varias dificultades. En 
efecto, si los infieles quisieron asesinar en Choimacota á los 
Padres ¿cómo dejaron escapar á dos de ellos en unos sitios 
tan escabrosos en que la fuga era tan difícil? ¿Cómo hubie- 
ran podido dos hombres solos, construir una balsa tan gran- 
de con su camarote sin ser vistos ni oídos por sus persegui- 
dores? Lo que parece, pues, probable es que el P. Chimini. 
conforme á lo que había escrito al P. Calvo, viendo irreali- 
zables por entonces sus proyectos, trató de bajar al Ucayali, 
sin enemistarse con los indios, lo que tal vez procuraba el in- 
térprete, como insinuamos más arriba; i que con ayuda de 
los mismos indios fabricaría su balsa, en la que se embarca- 
ron viéndose acometidos al pasar por el Tambo por los in- 
dios Campas, que son seguramente los que le asesinaron 
junto con sus compañeros, para robarles lo que llevaban. 

La relación del infiel, en nada se opone á esta esplicación, 
pues aún cuando los Padres hubiesen sido asesinados en el 
río Tambo, pudo mui bien la corriente haber llevado sus ca- 
dáveres hasta el sitio en que el indio dice que los vio, puesto 
que es mui corta la distancia; i no importa que el indio viese 
tan solo dos cadáveres, siendo tres los religiosos que habían 
perecido, pues pudo suceder mui bien que uno de ellos que- 
dase detenido en algún recodo ó empalizada. Esto es á lo 
menos lo que debe creerse, admitiendo como verídica la rela- 
ción del infiel; pero como tampoco faltan motivos para du- 
dar de su veracidad, queda siempre como probable, la pri- 
mera relación que hemos dado del suceso. 

Entre tanto que estos acontecimientos tenían lugar, los 
reverendos PP. Pallares i Martínez, salían también de Oco- 
pa por el Huallaga, para reunirse con los PP. Calvo, Loren- 
te i Avellana, que durante la espedición del P. Chimini ha- 
bían quedado en el Ucayali. A su llegada encontraron á los 
dos primeros mui desconsolados por la reciente pérdida del 
P. Avellana, que había fallecido en el hospicio de Sarayacu. 



- 47 - 

El P. Pallares había sido nombrado vice-prefecto de las mi- 
siones, pero como estas quedaron sin prefecto, por la glorio- 
sa muerte del P. Chimini, el colegio de Ocopa, en conformi- 
dad á lo dispuesto en las Bulas Inocencianas, confirió dicho 
cargo al citado P. Pallares por el tiempo que faltaba hasta 
concluir la prefectura del P. Chimiui. 

El primer paso que dio el nuevo prefecto al llegar á Sa- 
rayacu, fué establecer allí una escuela de primera educación 
i otra en el pueblo de Santa Catalina, produciendo ambas 
tan felices resultados, que aquellos indios á quienes se creía 
incapaces de aprender cosa alguna, en poco más de un año 
leían ya el castellano i algunos el latín. El R. P. Calvo les hi- 
zo los carteles 6 muestras para aprender á escribir é imita- 
ron la forma de su letrero con tal perfección, que en algunos 
apenas se advertía ninguna diferencia; así se confirmó lo que 
suele decirse de los indios, esto es, que sino son inventores, 
son buenos imitadores. Viéndolos ya en disposición de es- 
cribir correctamente, los ocupaban los padres en copiar las 
relaciones de sus viajes, i en escribir las partidas en los li- 
bros parroquiales; una prueba de las favorables disposicio- 
nes intelectuales de los indios, era que muchos aprendían el 
modo de ayudar á misa en solo ocho días, i algunos en me- 
nos, ocupándose el padre misionero únicamente una media 
hora cada día en esta instrucción. Mas á pesar de tan bue- 
nos principios como manifestaban para la instrucción desde 
niños, que desgraciadamente se malograban sus facultades 
intelectuales al llegar á los once ó doce años de edad. Atri- 
buyese esto en gran parte á una bebida que ellos toman, 
raui espesa i grosera llamada asssaa 6 másato, compuesta 
de la yuca hervida i un poco de camote mascado, que son 
dos raíces que abundan mucho en el país. Con esta sola be- 
bida se conservan robustos, pero si les llega á faltar, como 
acontece en los viajes largos, se les vé perder las fuerzas i dis- 
minuirse sus carnes aun cuando tomen otras viandas más 
alimenticias. Solo ellos saben acomodarse á esta bebida, 
siendo rarisimos los blancos que pueden gustarla, porque 
sobre ser mui ingrata al paladar i repugnante á la vista, es 
tan asquerosa en el modo de confeccionarse, que el que la vé 
componer no le vienen ganas de probarla. Los indios, no 
obstante la toman en tal abundancia, que la beben aún re. 
pugnando á la naturaleza, de suerte que en sus borracheras 



- 48 — 

quedan sus cuerpos como odres henchidos de viento. Desde 
la edad de doce años en que empiezan á tomarla con algún 
exceso, pierden el talento i la memoria para aprender, embo- 
tándose sus facultades intelectuales; si bien les queda una 
gran retentiva de los objetos que una vez han visto conser- 
vándolos cuasi en todo su vida. 

Por aquel tiempo, considerando los Padres el grande ro- 
deo que era preciso dar para ir desde Surayacu á Santa Ca- 
talina, pues se empleaban cinco 6 más días según era la cre- 
ciente del río; resolvieron abrir un camino por el bosque, 
por medio del cual se abreviaría considerablemente distan- 
cia; mucho les costó empero decidir á los indios á que traba- 
jasen en una obra, que á la verdad no dejaba de ofrecer al- 
gunas dificultades, pero al fin, atraídos con el aliciente de la 
paga que se ofreció, emprendieron el trabajo i se logró abrir 
un camino de doce leguas con solo los pocos recursos con 
que contaban las misiones, pues si lo hubiese emprendido el 
gobierno, de seguro hubiera costado algunos miles. 



Capítulo x 

Estado de las misiones á la muerte del P. Chimini 
i esplornciones del P, Pallares por el río Piscbquí i Cbunvya 

Si se tiene en consideración los obstáculos de todo géne- 
ro que se oponían al desarrollo de las misiones del Ucayali 
en la época de su restablecimiento, bien puede calificarse de 
bastante próspero su estado, al encargarse de la prefectura 
el reverendo P. Pallares cuando la muerte del P. Chimini. 
Un número harto regular de Padres misioneros, atendía al 
cuidado espiritual de los neófitos que se habían conservado 
reunidos; las escuelas abiertas de Sarayacu i Santa Catali- 
na, de que hemos hablado en el capítulo anterior, servían 
para su instrucción intelectual, i la apertura de caminos al 
través de los bosques seculares de aquellos desiertos, ó reco- 
nocimientos de nuevas vías de comunicación por la corrien- 
te de los ríos, facilitando las comunicaciones, abría un nue- 
vo campo al celo de los misioneros, para restaurar conver- 
siones perdidas i conservar las que se restablecieran, al pa- 



— 49 - 

so que les permitía proporcionarse, con más prontitud i fre 
cuencia, los axilios que de Ocopa, i otras partes se les en- 
viaban. 

Por otra parte, como hasta la época de que venimos ha- 
blando los indios no se comunicaban con otras personas 
mas que con los Padres conversores, les estaban sumisos i 
obedientes en todo, i si bien es cierto que á veces se entrega- 
ban á la crápula i otros vicios que de ella dimanan, no obs- 
tante, como los Padres jamás les perdían de vista, los re- 
prendían al momento i aún les castigaban paternalmente 
cuando era necesario, i así era como se conservaban aque- 
llos pueblos en un estado de moralidad, que con razón cree- 
mos podían envidiarles los otros pueblos de la república. 
No se veía en efecto un solo amancebamiento entre los neó- 
fitos; si alguno caía en algún desliz, los mismos alcaldes i sus 
agregados, que también les vigilaban, les imponían algún 
castigo, consultándolo antes empero con los Padres. Todos 
los adultos, excepto los que los mismos Padres no conside- 
raban suficientemente dispuestos cumplían religiosamente 
con el precepto pascual: no se conocían odios ni rencores, i 
si alguno se indisponía con otro, era solo en alguna borra- 
chera, i tan momentáneamente, que á la indicación de los 
Varayos 6 alcaldes, se pedían luego mutuamente perdón. 

Desde la edad de cinco años hasta el día en que se casa- 
ban, los jóvenes de ambos sexos asistían al Catecismo dos 
veces al día, i para que ninguno faltase, había cuatro hom- 
bres llamados fiscales, que recorrían las casas obligando á 
acudir á los negligentes. Los mismos fiscales les acompaña- 
ban cuando era necesario barrer la plaza i los alrededores de 
la iglesia i convento ó cuando debían ocuparse en los demás 
trabajos que, atendidas sus débiles fuerzas, podían desempe- 
ñar. Las viudas tenían á su cargo barrer la iglesia todos 
los sábados; la limpieza del convento corría á cuenta de al- 
gunos muchachitos infieles que los Padres solían tener á su 
servicio, i á los cuales catequizaban, bautizándoles después, 
de instruidos, i casándoles á su tiempo con las hijas del país 
que en esto no hallaban repugnancia, antes los preferían á 
os mismos del pueblo, pues aquellos salían del convento do- 
tados de cuanto necesitaban para su manera de vivir. 

Dejadas en este estado las cosas, en 1853 trató el P. Pa- 
llares de visitar á todos los infieles que se encontraban des- 



- 50 - 

de Sarayacu hasta el río Pischqui, internándose al efecto 
hasta Charás-maná á la falda de los cerros que hidean el ci- 
tado río; debiendo empero suspender su viaje por lo ade- 
lantado de la estación i crecimiento de las aguas. En el 
año siguiente por el mes de Mayo salió á visitar á los Sent. 
cis de Chunuya, pero no encontró persona alguna en el sitio 
en que antes habitaban, hallando tan solo los vestigios de 
la iglesia i casa en que vivió el Padre misionero hasta el año 
1822. Internóse luego unas cuatro leguas por el monte 
hasta llegar al sitio llamado Máuca, en donde vio dos fami. 
lias de indios fugitivos, quienes le dieron razón del punto 
donde residían. Entrado en una canoa se remontó por el 
caño de Maqueya i halló á los Sentéis reunidos fabricando 
canoas en una pequeña quebrada llamada Yamiya. Encon- 
tró á esta nación tan reducida por las enfermedades, que en 
el espacio de treinta años, de mil personas que antes la com- 
ponían, no quedaban 3'a más que trece hombres, quince mu- 
jeres i nueve niños, habiendo solo dos individuos que pasa- 
ran de treinta años. 

De regreso del país de los Sentéis salió el P. Pallares á 
primeros de Julio de 1854 á visitar todos los infieles esparci- 
dos desde Saravacu hasta el río Tambo, internándose ocho 
ó diez leguas por los riachuelos i lagunas tributarias del 
Ucayali, con el único objeto de informarse lo mejor posible 
del estado de cultura, religión i número de infieles que po- 
blaban sus orillas; acompañándose al efecto con mui buenos 
intérpretes i llevando consigo varias herramientas, telas, 
anzuelos, avalónos i otras bugerías que los indios apetecen, 
además de algún instrumento de música para tenerlos gus- 
tosamente entretenidos. Cuando llegaba á las casas de los 
infieles hacía llamar á los que tal vez por temor habían hui- 
do, haciendo también sacar á los niños que esconden en el 
interior del monte, por temor de que se los roben cuando 
ven aparecer gente desconocida. Valiéndose de estos medios 
era como lograba, generalmente hablando, captarse la con- 
fianza i benevolencia de los indios. Los principales de entre 
ellos se les presentaban con sus hijos varones aliado vestidos 
todos de gala, con sus cusmas nuevas, pintado el rostro i 
las manos, con el arco i flechas al brazo, que es señal inequí- 
voca de amistad. Apenas veían llegar al Padre, mandaban 
emisarios que con la ma\'or velocidad iban á avisar á los 



- 51 - 

parientes su venida i los regalos que les habían hecho; á cu- 
yas noticias acudían prontamente, viéndose, entonces el Pa- 
dre apurado, porque empezaban todos á pedirle herramien- 
tas, que ya no tenía, pero que, ellos deseaban tanto más, 
cuanto veían que ya otros las habían conseguido. Durante 
este viaje acompañaron al P. Pallares seis 6 siete canoas i 
algunas veces hasta catorce 6 quince, i en los puntos de pa- 
rada le ofrecían los salvajes tanta provisión de comida, que 
no solo bastaba para saciar á todos los que le acompaña- 
ban, sino que cada cual se llevaba del resto para el camino. 
Observó el P. Pallares en este viaje que tambiín esas tri- 
bus habían disminuido considerablemente de treinta años á 
esta parte, sin duda por las fiebres que de vez en cuando apa- 
recen en el ücayali i por los casos frecuentes de disentería 
que los indios llaman Qaicha. Esta última enfermedad es 
casi siempre mortal, i ataca principalmente á los se entre- 
gan á los excesos de la destemplanza. También notó que la 
mayor parte de Iqs niños morían antes de llegar á los doce 
años. Esto depende en gran parte, del poco cuidado de sus 
padres que les dejan comer tierra sin reprenderlos, de cuyo 
vicio se les ocasiona una hinchazón monstruosa en el vien- 
tre, que á los dos ó tres años les causa la muerte. Cuando 
padecen de reumatismo ó de catarro, que son enfermedades 
mui frecuentes en las riberas del Ucayali por su mucha hu- 
medad, tienen á los niños desnudos colocándolos por la no- 
che junto al fuego, i cuando les ocurre los bañan en el río 
volviendo á calentarles después, de suerte, que tanto de día 
como de noche hasta que mueren, los tienen en esta alterna- 
tiva. No son en menor número los niños que mueren en el 
mes de Setiembre, por haber comido huevos de Charapa 
(Tortuga); estos huevos son mui sabrosos al paladar pero 
mui indigestos, i como los comen en gran cantidad, fácil- 
mente les ocasionan la muerte. Estas son las causas prin- 
cipales de la disminución de los infieles del Ucayali, i así se 
esplica como en una extensión de más de ciento ochenta le- 
guas que hai desde la desembocadura del río de Santa Cata- 
lina hasta el Tambo, el P. Pallares encontrase tan solo mil 
setecientos ochenta infieles, á saber: setecientos nueve hom- 
bres, seiscientas cuarenta i nueve mujeres i cuatrocientos 
veinte i dos niños menores de catorce años; de manera que 
aun suponiendo que se ocultaran algunos pocos á la vista 
7 



- 52 - 

del Padre, puede calcularse que no pasan de dos mil los infie- 
les que habitan en tan vasto territorio. (1) 

Muchos de estos indios son ya bautizados, los ancianos 
por los antiguos padres que los catequizaban antes de la in- 
dependencia del Perú, i los jóvenes por algunos comerciantes 
que constantemente cruzan el ücayali. El bautismo admi- 
nistrado por éstos, es empero mui dudoso por ser gentes en 
su mayor parte ignorantísimas, i quedar por lo mismo mo- 
tivo de duda acerca de la manera como aplicaron la mate- 
ria i forma del Sacramento. Por esta razón el Ilustrísimo 
señor Obispo Dr. D.José María Arriaga, en la visita que pa- 
só por los pueblos de Mainas en 1841, escandalizado de los 
abusos que se cometían, prohibió bajo peña de excomunión 
mayor conferir este Sacramente á los infieles á todos los que 
no fueren sacerdotes, escepto en el artículo de la muerte. A 
los indios que no están bautizados se les conoce por el nom- 
bre que llevan, que acostumbra ser el de algún animal, 
planta ó cosa parecida. (2) 

En punto á industria están estas gentes bastante ade- 
lantadas; conocen no solo la que les es indispensable para su 
modo de vivir sino también otras; mas como carecen de ins- 
trumentos, apenas pueden dar completa perfección á ningu- 
na de sus obras. Lo que todos saben, es cortar i coser sus 
pantalones i camisas que es el único vestido que usan; tam- 
bién se fabrican sus cuerdas i sogas para la pesca, en la que 
emplean anzuelos i arpones que tiran con tal destreza, que 
raro es el pez que se les escapa. No hai entre ellos terrenos 
de propiedad particular, á no ser los que de momento están 
cultivando, pues cuando la tierra está cansada de producir, 
la abandonan pudiendo tomarla el que quiera (3). Su agri- 
cultura es mui sencilla; para roturar las tierras empiezan 
por cortar los árboles, lo que les cuesta mucho trabajo por 
el grosor i dureza de sus maderas; luego los dejan secar por 
dos ó tres meses, i cuando las ramas i hojarascas están se- 



[i] "Me parece que el explorador padeció equivocación; pues la experiencia de 15 años 
nos ha enseñado que son muchos más de los que cita. — Pallares i Calvo. 

[2] *'No es regla fija; porque muchos tienen nombre de Santo i no son bautizados." — 
Pallares i Calvo. 

(3) "La experiencia nos ha enseñado lo contrario, al menos posteriormente." — Pa- 
llares i Calvo. 



- 53 - 

cas, prenden fuego á todo el rozo; pero como los enormes 
troncos de los árboles conservan todavía su humedad, que- 
dan la mayor parte sin quemar, siéndoles preciso dejarles en 
el sitio en que cayeron, pues exigiría un trabajo superior á 
sus fuerzas el trasportólos de allí á otro lugar. Limpiando 
así el terreno del mejor modo posible, verifican la planta- 
ción introduciendo en la tierra un palo de madera fuerte, i en 
el agujero meten un trozo de la planta llamada yuca que es 
el principal fruto que ellos cultivan. Practican la misma 
operación para la siembra del camote, caña dulce, zapallo i 
sandías, que son las pocas cosas á cuyo cultivo se dedican. 

Concluidos estos trabajos, ya los hombres no tienen más 
cuenta con sus chácaras; porque todo lo demás corre á car- 
ino de las mujeres. Estas pobres criaturas son verdaderas 
exclavas de sus maridos, quienes no obstante de amarlas co- 
mo sus esposas, las tratan mui mal en sus borracheras. Cau- 
sa aflicción muchas veces, verlas regresar de la chácara tra- 
yendo la yuca para el gasto de su casa, cosa que deben ha- 
cer á lo menos dos veces por semana, acompañadas de su 
marido que vá delante mui ligero con su pucuna (cervatana) 
al hombro, i su cuchillo de monte, mientras la pobre mujer 
va detrás sudando por todos sus poros, cargada con un ces- 
to de yuca que pesa tres ó cuatro arrobas, llevando además 
la criatura de pechos i algún instrumento de labranza, lle- 
gando sin aliento á sus casas después de haber recorrido al- 
gunas veces una legua de camino. 

I no es solo de la incumbencia de la mujer el conservar la 
chácara en buen estado i proveerse de yuca para toda la fa- 
milia, sino que también debe proveerse del agua i leña nece- 
saria; ha de hilar tejer también toda la ropa de su uso i á 
veces algunos pantalones para su marido, i si quiere procu- 
rarse algodón ella misma lo ha de sembrar, pues su marido 
en nada de esto piensa. 

En los ratos que estos cuidados domésticos las dejan li- 
bres, se ocupan en obras de alfarería, cuyo oficio conocen to- 
das, siendo de admirar la perfección con que hacen sus ollas, 
platos i tinajas, i sobre todo los alambiques para destilar el 
aguardiente. Quedarían admirados los mismos alfareros de ' 
Europa, si vieran la perfección de aquellas obras i crecería 
de punto su admiración viendo trabajar á las mujeres sin 
más instrumentos que sus dedos i una piedrecita para afinar 



— 54 - 

la obra. Preparan el barro mezclándole la ceniza de la cor- 
teza de un árbol que llaman apacharania i polvo de platos 
rotos, i con el barro ya preparado hacen uua especie de so- 
gas del grueso de un dedo pulgar; forman luego el asiento 
de la olla ó tinaja, que quieren trabajar, sobre una tabla, 
principiando por el centro i dando vueltas á la soga unién- 
dola i pegándola con los dedos hasta que aquel queda redon. 
do i del tamaño que quieren; hecho el asiento, empiezan á su- 
bir ensanchando la vasija cuasi imperceptiblemente afirman- 
do siempre la obra con la piedrecita, i para darle el grueso 
correspondiente van aplastando el barro con ambas manos 
por dentro i por fuera, dándole al mismo tiempo la torma 
que han pretendido, la cual sale siempre tan perfecta que el 
círculo parece hecho á compás, ¡Lástima que esta pobre 
gente carezca de instrumentos! pues si los tuviesen, no cabe 
duda que harían con primor toda suerte de trabajos mecáni- 
cos, pues su capacidad no es de mucho lo que generalmente 
se cree. 



CAPÍTULO XI 



Noticia de varías tríbus lindantes con el Ucavali. 

Antes de hablar mas detenidamente de las costumbres 
de nuestros neófitos y de los infieles que con ellos habitan, 
de lo cual nos ocuparemos en el capítulo siguiente, creemos 
oportuno dar una noticia, siquiera brevísima, de las demás 
naciones que pueblan las márgenes del Ucayali y los ríos que 
le son tributarios, Su conocimiento facilitará mucho la in- 
teligencia de varios pasajes de nuestra historia, permitién- 
donos formar una idea de los pueblos, con los que mas ó me- 
nos directamente han debido relacionarse los Padres misio- 
neros. 

En el ángulo que forma el Marañón con el Ucayali, á la 
derecha de ambos ríos hasta Huanacha, se encuentran los 
Mayorunas, pueblo mui numeroso i guerrero; á diferencia de 
otros indios, no usan éstos ni arcos ni flechas, sino que se 
valen de lanzas de chonta, que manejan con mucha destreza, 
arrojándolas á considerable distancia. Confinan con ellos, 



- 55 - 

por el Sur los Cappa-nahuás en cuya conversión se trabajó 
en 1817, aun que con poco fruto, á causa de la epidemia que 
atacó á los primeros que habían seguido á los Padres hasta 
el Ucayali, pues los que se libraron de la peste, se volvieron 
asustados á sus antiguas rancherías. Van enteramente des- 
nudos, se pintan la mitad del cuerpo principiando desde la 
cara, i por un especie de piedad, á su manera, dan á sus pa- 
dres difuntos el destino que les dan los Remos, como mas 
adelante se verá. Están divididos en pequeñas parcialida- 
des, al igual que casi todos los inñeles de aquellas monta- 
ñas i hablan un dialecto derivado de la lengua Rema. 

Los Cappa-náhuas dan noticia de otra nación mui nu- 
merosa, que dicen vive reunida en poblaciones considerables 
á la orilla de un gran río que corre de Sur á Norte; este río á 
nuestro entender, no puede ser otro que el Yahuarí. Tam- 
bién dan noticia de otra nación que dicen les hostiliza, para 
robarles sus mujeres. Desde los cerros de Caschibo-hiya has- 
ta una quebrada llamada Ahuanchumia, que tributa al río 
Tameya, se encuentran los Remos, nación pacífica, en otro 
tiempo mui populosa, pero que hoi cuasi acaba de desapa- 
recer por las continuas luchas con los indios del Ucayali; ha- 
blan un dialecto derivado del Paño, i son de regular fisono- 
mía. 

Los Amuehuaques, ocupan todo el país comprendido en- 
tre el Ucayali i el Yahuarí, que corre de S. á NE.; i el Tama- 
ya i Sipahua, que van de S. E. á N, O. De esta nación es de 
donde reúnen más cautivos los indios del Ucayali. Por los 
que hemos visto i rescatado, inferimos que son dóciles, ale- 
gres, de regular talento i fáciles de convertir. Por ellos se 
sabe que existe una tribu de negros, que sin duda deben de 
ser esclavos fugitivos del Brasil, con los cuales viven en paz. 
Todas las mencionadas naciones pueblan la orilla derecha 
del Ucayali, ocupando la izquierda las siguientes. 

Los Hotentotes ó Puy-náhuas, á los que por sucios i as- 
querosos se les ha comparado á los Hotentotes del África; el 
nombre de Puy-náhuas que les dan los Panos, significa en su 
lengua: hombres de escremento, por tener la costumbre de 
socorrer su necesidades corporales á la puerta de sus casas, 
descubriéronse en 1811. Vivían á la otra parte déla isla que 
el P. Sobrevida en su mapa llama isla deseada i venían con 



— 56 - 

frecuencia á nuestras misiones: los Séttebos los han destrui- 
do cuasi completamente. No usaban ninguna especie de 
relaciones de paz i amistad con él, pero le contestaron que 
no podían hacer alianza, sino con gente que comiere armas^ 
i eran mui tímidos, huyendo apenas veían algún infiel de 
cualquier otra tribu. A diferencia de otros indios no se pin- 
taban el cuerpo, iban con los cabellos prendidos detraz ue 
la cabeza, i su vestido era una cusma ó camisa sin mangas, 
de corteza de árboles, mui estrecha; dícese que comían 
tierra. 

Ya no existen. 

Los Maparis, segón se asegura, era una parcialidad de 
la tierra de los Cumbasas de Tatapoto; antes de abrirse ej 
camina de Santa Catalina á Yanayacu vivían entre ambos 
pueblos. Los misioneros que visitaron aquellas regiones, an- 
tes de la independencia del Perú, encontraban vestigios de 
esta nación en aquel camino, i aún á veces se oían el redoble 
de sus tambores, empero de muchos años á esta parte, se ha 
perdido toda noticia de su paradero. Opinan algunos, que 
actualmente habitan en el origen del río Cuschiabatai; cu- 
yos cerros colindantes, son los que dividen el Ucayali del 
Huallaga, creyéndose que se han vuelto feroces i que tienen 
algunas fortificaciones; pero nada positivo nos ha sido dado 
averiguar, á pesar del viaje que con este fin hizo por aquel 
río el P. P. Vicente Calvo (1). 

Encuéntranse también en aquellas riberas los Cachibos, 
nación bárbara i cruel, que es el terror del Ucayali. Ilállan- 
se diseminados par los ríos Pachitea, Cipiriya, ó Sampoya, 
Ahuaiti-ya, i Pischquí. Son estos infieles verdaderos antro- 
pófagos, carácter que les hace en cierto modo irreducibles. 
En uno de los últimos viajes que el Illmo. P. Plaza hizo al 
Pachitea, quizo tener una entrevista con ellos, pudiendo lo- 
grar que se acercasen tres bien armados á la orilla del río, 
para hablar con él solo. Acercóse después una gran multitud 
visto lo cual por los neófitos que le acompañaban al Padre 
se acercaron también, para defenderle en caso necesario. 
Exhortó el celoso misionero á losCaschivos á entrar 



(I) "Se ha averiguado ya que no eran los Maparís, sino los Chazutinos del Hualla- 
ga que iban á sus cacerías y á hacer veneno para cazar*'. — Pallares — Calvo. 



— 57 - 

carne humana, presentándole, al tiempo de decir esto, algu- 
nos restos de un cadáver que los Panos Sarayaquinos arro- 
jaron con horror. En esto los Caschivos dispararon una 
lluvia de flechas, á la que contestaron los de Sarayacu con 
algninos disparos de fusil, sin que el P. Plaza lo pudiera im- 
pedir. Por fortuna estos infieles no tienen canoas ni herra- 
mientas para hacerlas, valiéndose tan solo de balsas para 
pasar el rio; no es menor fortuna el que sus arcos son mui 
toscos, necesitándose una fuerza hercúlea para arquearlos, 
por lo que carecen de la fuerza i elasticidad necesaria para 
arrojar á larga distancia las flechas que son también mui 
pesadas; gracias á estos defectos no pueden con sus armas 
causar daño sino á mui corta distancia. 

Finalmente, el último de los pueblos que habitaban la 
margen izquierda del Ucayali, es el de los Campas i Antis 6 
Andes, los cuales se estienden desde las cercanías del Cuzco 
hasta las de Tarma, divididos en muchas parcialidades. Mu- 
chas de sus familias están diseminadas por las riberas del 
Tambo sin tenercomunicación, según se ha observado con 
otros infieles. A esta nación pertenecen los indios que ccn 
frecuencia se presentan trente las haciendas del Schanscha- 
mayo i que en su espedición del año 1848 encontraron los 
Padres Chimini i Rossi. A la misma nación pertenecen los 
que se encuentran dispersos por los ríos Eneno i Perene, los 
que habitan en el Cerro de la Sal i el Pajonal, junto con los 
restantes que componían los veinte i ocho pueblos, que en 
1742 se perdieron por la sublevación de Santos Atahuallpa. 
El idioma de estos infieles es enteramente distinto del de las 
otras naciones. (1), 



(I I "A los pueblos de que hemos dado noticia en este capítulo, podemos añadir otro 
que habita una región desconocida en el interior del Perú, llamado la tribu délos Orejones. 
Dáseles este nombre á causa de tener sus individuos las orejas tan sumamente grandes 
que les llegan casi hasta los hombros. Para hacerlas crecer de este modo, apenas los ni- 
ños acaban de nacer, se les agujerean, colgándoles de las mismas unos pesos de plomo ü 
otro metal. Aunque los neófitos del Ucayali hablaban varías vrces de esta nación extraña, 
los Padres misioneros no les daban crédito fácilmente hasta que el religioso Fr. Luis Bieli, 
de quien hemos hablado varios veces en esta historia, pudo convencerse de la realidad de 
su existencia, por haber visto él mismo en Sarayacu á un individuo de esta tribu. ^Palla- 
res— Calvo." 



- 58 — 



CAPÍTULO XII 

Usos i costumbres de los infieles del Ucayali 

Diversas son las costumbres de las tribus de que hasta 
aquí hemos hecho mención, siendo mas 6 menos suaves i cul- 
tas según el roce que han tenido con los padres misioneros, ó 
con las poblaciones civilizadas del Perú. Sin embargo, gene- 
ralmente hablando, revelan un atraso sumamente notable, i 
ponen de manifiesto el ímprobo trabajo que cuesta á los mi- 
sioneros hacer entrar en aquellas rudas naturalezas, las ma- 
neras propias de personas cristianas i civilizades. 

Como hemos dicho ya, los Piros, Cunibos, Schipibos, 
Séttebos i Mayorunas habitan en las mársfenes del Ucayali; 
los Mayorunas, empero, viven completamente aislados de 
las demás tribus, así es como cuasi nada se puede saber de 
sus costumbres; solo se dice que son crueles con los viajeros 
que se descuidan durmiendo en la parte del río Tapichiga, 
en que ellos habitan. Mas sin embargo de su ferocidad, las 
otras tribus á veces se reúnen contra ellos causándoles al- 
gunos daños. 

Respecto á las otras cuatro tribus, apenas se diferencian 
en sus costumbres; únicamente en los Piros se nota un poco 
mas de aeeo, i algún viso de civilización, gracias á su trato 
mas frecuente con personas civilizadas, en los viajes que ha- 
cen al Cuzco. Los indios que componen estas tribus visten 
una especie de saco ancho, sin mangas, (al que llaman cus- 
má)^ no tanto por decencia i honestidad, cuanto para li- 
brarse de la picadura de los zancudos i mosquitos, plaga 
horrible de aquel país; pues por lo demás, poco les importa, 
principalmente á los hombres; desnudarse aunque sea delan- 
te de quien no les conoce. Las mujeres son más recatadas 
en este punto; su traje que llaman pampanilla^ consiste en 
un pedazo de tela, lar^o como de vara i media, i ancho co- 
mo de unos tres cuartos de vara, el cual sujetan á la cintura 
al rededor del cuerpo, bajándoles hasta las rodillas i luego 
con otro pedazo de tela se cubren las espaldas. Aunque sa- 
ben frabricarse unos peines de caña brava, mui ingeniosos 



- 59 — 

llevan de ordinario el pelo desgreñado. Tienen el rostro mui 
ancho i las narices chatas), lo cual les da una fisonomía mui 
desagradable por cierto, contribuyendo á afearlos mas las 
pinturas que se hacen en el semblante con una sustancia lla- 
mada achote, i las rayas negras de que se llenan la cara, con 
el sumo de huitu, que es la fruta de un árbol. 

Su comida es mui asquerosa; apesar de la esquisita abun 
dancia de pescados, sabrosas aves, i otros animales que con 
suma facilidad pueden proporcionarse, se dedican no obs- 
tante con mui poca frecuencia al ejercicio de la caza i pesca, 
i cuando lo verifican, procuran hacer provisión para muchos 
dias, i lo que les sobra del primero, lo ahuman i procuran 
conservarlo cerca del fuego para que no se corrompa; pero 
como la humedad es tan excesiva i son tantos en número los 
insectos que menudean por alK, al segundo ó tercer dia, la 
carne i pescado, aparecen hechos un hormiguero de gusanos. 
No por eso la arrojan al rio, sino que al dia siguiente, des-* 
pues de lavarla un poco, i á veces sin haber esta operación, 
i ponen á hervir con solo agua i después de cuatro 6 cinco 
minutos, aunque sea la carne mas dura, como es la de mo- 
no, su manjar favorito, la sacan del fuego i la comen, un- 
tándola con el caldo que tienen preparado en una vasija 
mezclando un poco de sal i mucho ají; i como por ser natu* 
raímente la carne mui dura, no pueden desmenuzarla con 
los dientes, sirvense de estos como de un tenedor, asiendo 
el pedazo de carne que tienen en la boca, con la mano iz- 
quierda, i cortándola con el cuchillo que tienen en la dere- 
cha. Cucharas i trinches son cosa desconocida, i como tam- 
poco tienen platos para cada uno, todos meten sin escrúpu- 
lo los dedos llenos de caracha en el plato común. 

Como en el género de vida de estos indios, son mui po- 
cas las necesidades que se dejan sentir, apenas necesitan tra- 
bajo alguno para satisfacérselas. I asi es como pasan la 
mayor parte del tiempo en la mas completa ociosidad. Solo 
algunos ratos se ocupan en componer sus flechas, ó en pes- 
car cuando les es indispensable para procurarse el sustento. 

Cuando necesitan machetes, cuchillos ú otras herramientas 
de las que los comerciantes suelen proporcionarles, entonces 
manifiestan alguna mayor actividad, i se dedican con mas 
empeño á la pesca, para salar después el pescado que entre- 

8 



- 60 — 

gan á los comerciantes, 6 bien emprenden correrías para 
apoderarse de algunos muchachos que después venden co- 
mo esclavos. En estas espediciones no dejan de sufrir bas- 
tante, pues no llevan otras provisiones que algunos pláta- 
nos para tres 6 cuatro meses que suelen estar fuera de sus 
chozas. 

Entre los infieles reina generalmente la poligamia, i los 
maridos son mui celosos de sus mujeres: de ahí resulta que 
gran numero de jóvenes pasan mucho tiempo sin mujer, i 
para conseguirla sirven como esclavos al padre 6 dueño que 
se las proporciona, bien hacen correrías á lejanas tribus ro- 
bando á las mujeres i niños que encuentran, después de ha- 
ber asesinado bárbaramente á los hombres. 

Los Piros i las otras tres tribus del Ucayali, tienen la 
circuncisión, pero han equivocado el sexo: pues en vez de 
circuncidar á los hombres, como los demás pueblos que tie- 
nen esta práctica, lo verifican con las mujeres. Luego que 
una joven llega á la edad de once ó doce años, se celebra una 
gran fiesta á la cual son convidados sus parientes i amigos, 
los cuales se presentan con sus cusmas nuevas i mui pinta- 
dos; la joven que ha de ser cincuncidada, aparece de medio 
cuerpo arriba llena de chaquiras de varios colores i puesta 
sobre su cabeza una corona de plumas á su alrrededor; se 
forman varias danzas al son de pequ Ȗos tambores por es- 
pacio de siete días, soliendo ir acompañados de algunas bo- 
rracheras. Al octavo día, después de salido el sol, hacen be- 
ber á la pobre joven hasta que pierde el sentido, i luego dos 
mujeres diestras en la operación, se apoderan de ella ten- 
diéndola en una barbacoa, llamada Quischiqüepiti, prepa- 
rada de antemano, i realizan luego la sangrienta ceremonia; 
el flujo de sangre consiguiente lo contienen con la aplicación 
de una yerba particular que ellos conocen, i por último, en- 
tre danzas i cantos plañideros, pasean de casa en casa á la 
triste i llorosa víctima recostada en una hamaca. (1). 



( I ) "El P. Luís Sabaté en su Viaje, dado á luz en 1774, en el capítulo XXII, describe pof 
estenso todo lo que acompaña á esa indigna función de la circuncisión de las muchachas 
Piras. Esta operación no nos era desconocida tampoco á nosotros i con más particulari- 
dad que al viajero por los muchos años que hemos ocupado entre los Infieles, pero por el 
temor de ofender á los lectores hemos omitido el describirla."— Pallares i Calvo. 



— 61 - 

Los Cunibos tienen la bárbara costumbre de atar dos 
tablas á los niños recién nacidos, la una en la frente y la 
otra detrás de la cabeza; esas tablas bien aseguradas para 
que no caigan, la conservan en la misma forma hasta que el 
cráneo ha adquirido bastante consistencia, lo que viene á 
ser á los seis meses, resultando de ahí que la frente les quedia 
aplastada, tomando su cabeza la figura de un cono trunca- 
do; esta figura muí rara i chocante es para ellos de grande 
hermosura i la han adoptado para conocerse los de la tribu 
aun que no se hayan visto jamás. Para quitar las tablillas 
al niño, se celeb'-a también una fiesta que viene á reducirse á 
una borrachera. A los Remos para conocerse, sus madres les 
pintan varias partes del cuerpo, en especial el rostro i los 
brazos, punzándoles con una espina aguda hasta que brota 
la sangre, i aplicándoles luego el humo del copal; de este 
modo la pintura no se les borra toda la vida. A mas de es- 
to, cuando son pequeños, acostum^bran hacerles tres aguje- 
ros en las narices, uno en la ternilla del medio i otros bas- 
tante arriba á ambos lados, haciendo lo mismo en los labios 
i la barba, de suerte que en algunos hemos podido contárse- 
los en número de veinte i ocho. De los agujeros de la nariz, 
suelen llevar colgada una planchita de plata del tamaño de 
un cuartillo aunque algo más delgada; también acostum- 
bran horadarse debajo el labio inferior, donde llevan cons- 
tantemente atravesado un palito, que en los días de gala 
sustituyen con un puntero de plata de unas cuatro pulgadas 
de largo. 

Finalmente, respecto á los Caschibos, aunque se nos ha- 
brá asegurado que eran antropófagos, siempre lo habíamos 
puesto en duda; no obstante hoi parece enteramente ciertp, 
después del hecho acontecido recientemente con dos oficiales 
asesinados delante de la Chonta, isla situada á la derecha 
del Pachitea. El mismo padre Calvo, que confiesa haber si- 
do el más incrédulo acerca de este particular, asegura haber 
oído decir á una mujer Caschiba, que ella había comido de 
la carne de dichos oficiales, igualmente que catorce niños 
que estaban allí presentes. Esta mujer i aquellos muchachos 
fueron hechos prisioneros en la expedición se hizo por el Pa- 
chitea en el año 1866, de la cual formaba parte en calidad 
de capellán el citado P. Calvo, que es quien estas líneas es- 
cribe. Esta expedición tenía por objeto reconocer simple- 



— 62 — 

mente si era ó nó navegable dicho río; pero aprovechando 
la ocasión el Prefecto de Loreto, D. Benito Arana, quiso ha- 
cer un escarmiento castigando aquellos bárbaros, i repri- 
mir su audacia para lo sucesivo; á cuyo efecto desembarcan- 
do toda la gente disponible, se internó diez i ocho millas por 
tierra, hasta dar alcance á los Caschivos, en una casa en 
donde se habían reunido; al ver estos á los soldados, em- 
prendieron una precipitada fuga, escapando de la persecu- 
ción en la espesura del bosque; sólo se logró prender á los 
catorce muchachos que hemos hablado i á tres mujeres, sien- 
do una de estas la que por medio de un intérprete dio cuen- 
ta de lo que habían hecho con los oñciales asesinados. 

Cuéntase que son los Caschibos tan apasionados por la 
carne humana, que no s¿ perdonan ni aún entre ellos mis- 
mos, pues los hijos matan á sus propios padres cuando son 
3''a ancianos; añádese que cuando se ha tomado tan cruel re- 
solución, los jóvenes la comunican al anciano, quién á seme- 
jante anuncio muestra contento i alegría por creer que así 
vá á reunirse con sus antepasados. Tres días después en me- 
dio de un alegre banquete, se le dá un furioso golpede maca- 
na, i se termina el convite comiendo la mayor parte de la 
víctima; el resto lo queman i reducido á polvo sirve á los hi- 
jos para sazonar su comidas. No respondemos empero de la 
exactitud de estas últimas noticias, pues no nos merecen 
mucha fé los conductos por donde las hemos adquirido, i si 
las trascribimos aquí, es porque les dá alguna verosimilitud 
el carácter estremadamente bárbaro de este pueblo. 

La lengua que hablan los Caschibos cercanos al Ucaya- 
li es una corrupción de la lengua pana; pero se vá perdiendo 
este idioma, á medida que se sube por el Pachitea, hasta 
que al fin desaparece enteramente. 



CAPITULO XIII. 



Religión de los infieles del Ucayali. 

Cuando la razón no lo explicara, bastaría la experien- 
cia para atestiguar la universalidad de la creencia en lo so- 
brenatural. La verdad que ya enunció Cicerón, al decir que 



- 63 - 

no se encontraría en todo el orbe una sola nación ni una tri- 
bu tan salvaje, que si ignoraba cual es la divinidad que exis- 
te, no admitiese á lo menos como necesaria la existencia de 
alguna, hállase una vez mas confirmada, por lo que vemos 
en las bárbaras tribus del Ucayali. Por supuesto que entre 
aquellas rudas inteligencias no debemos buscar un culto or- 
denado, ni siquiera nociones claras de la divinidad que ado- 
ran; no obstante, al través de sus prácticas supersticiosas 
no deja de descubrirse una sombra de religión, que basta pa- 
ra destruir cualquiera opinión que quisiera suponerles en 
completo estado de ateismo. 

Para practicar sus ceremonias religiosas, los infieles del 
Ucayali se reúnen de vez en cuando en la choza de uno de 
sus jefes, al que los nófitos llaman brujo i los infieles Mura- 
ya. Cuando están reunidos, se coloca éste debajo de una es- 
pecie de toldo con una gran oipa de tabaco en la mano, i 
sentados todos con el mas profundo silencio, el Muraya em- 
pieza á hablar en una lengua que los circunstantes no en- 
tienden, contestándole en el mismo idioma otra voz distin- 
ta que se deja oir; luego los que están fuera del toldo ento- 
nan unas canciones que solo comprenden los que pertenecen 
á la tribu, i permaneciendo otro rato en silencio, principia el 
Muraya una especie de lecanía mui larga, á la que los cir- 
cunstantes van contestando. Por más diligencias que he- 
mos practicado no nos ha sido posible averiguar lo que en 
esas letanías dicen los infieles, pues ni aún los neófitos que 
hablan su mismo idioma, han sabido esplicárnoslo. Con- 
cluido este acto el Muraya pronuncia algunas palabras, pro- 
rrumpiendo al instante los demás en gritos i muestras de re- 
gocijo con lo que acaba la ceremonia. 

Esta especie de brujos ó Yotumiz son mui temidos de los 
salvajes, por creer que solo con un soplo pueden introducir 
en el cuerpo de una persona á quien quieran mal unos peda- 
citos de chonta semejantes á pequeños clavos. Cualquiera 
enferroenad de que adolezcan, luego les parece ser la chon- 
ta, que algún brujo les ha metido en el cuerpo, i no des- 
cansan hasta haber encontrado algún otro para que se la 
saque: conducido el enfermo delante del Yutumiso Muraya 
que ha de volverle la salud, suele éste preguntarle cuál es 
la parte de su cuerpo que tiene dolorida; i una vez averi- 



-en- 
guado; se pone disimuladamente dentro de la boca algu- 
nos clavitos de chonta, comienza á chupar la parte enfer- 
ma, haciendo salir entretanto con la punta de la lengua 
alguno de dichos clavos i poniendo aparte para que todos 
lo vean; vA siguiendo la misma operación hasta haber sa- 
cado todos los que tenía dentro la boca, siendo tan estú- 
pidos los observadores, que no advierten esta impostura, 
ni comprenden que es imposible sacar del cuerpo humano, 
otro cuerpo estrafio sin dejar ninguna lesión 6 cicatriz. Es 
verdad que algunas veces acontece. quedar sano el pacien- 
te conchuda esta operación, pero eso únicamente tiene lu- 
gar cuando su enfermedad proviene solo de la imaginación 
ción, lo que por cierto es con mucha frecuencia. 

Preguntando una vez un comerciante al brujo mayor de 
todo el Ucayali, llamado Chasupui (excrementos de venado), 
porque no embrujaba á los Padres ni les metía en su cuerpo 
la chonta, le responvió que sobre los Padres, nada podían 
las Murayas; insistió el comerciante en que cuando menos 
hiciera por una vez, una prueba para embrujar al P. Calvo, 
que se encontraba entonces allí, á lo que contestó: ¡ho, al 
Padre Calvo, todavía menos! porque ese Padre es mayor 
brujo que yo. Observábase en efecto que á este Padre le te- 
nía algún respeto i hasta cierto temor, de manera que cuan- 
do pasaba por delante de su casa le saludaban con atención, 
ofreciéndole lo que tenía; i si el Padre le pedía peones para 
ayudarle en algún trabajo, se los proporcionaba al instante, 
exhortándoles que le cuidasen i guardasen toda considera- 
ción. Sucedió una vez que habiendo ido él al pueblo de Cari- 
yaya á llevar tortugas á los Padres para que se las cambia- 
sen por herramientas, se hospedó en casa de uno de los infie- 
les que se habían reunido en el pueblo para vivir entre los 
neófitos; i en el momento de entrar el Muraya en la casa, se 
puso gravemente enferma la mujer del que la habitaba. Es. 
ta coincidencia, ó lo que fuere, bastó para que la gente cre- 
yera sin ningún género de duda que la enferma había sido 
embrujada, i encolerizado su marido, se preparaba para 
asesinar al Yutumis, cuando avisados los Padres del peligro 
que estecorrííí, se presentaron al instante en la casa, que 
distaba poco del convento, i hallaron á la pobre mujer con 
untis convulsiones espantosas que en nada parecían cosa 



- 65 - 

natural. Dolíales í\ los Padresque aqudla infeliz muriera sin 
bautismo, pero como por otra parte no la consideraban en 
inminente peligro de muerte, no quisieron de pronto ¿id mi- 
nistrarle el Sacramento, sino que el P. Ignacio M. Sans, 
mandó que le trajeran los útiles para bendecir la casa, hecho 
lo cual i exorcisada la paciente, sin haberla aplicado remedio 
alguno, quedó repentinamente sana. Lleno de temor el bru- 
jo, que cuando rociaba la casa con el agua bendita, vio huir 
á un diablo. No damos entera fé á las palabras del brujo, ni 
somos enteramente incrédulos; piensen lo que quieran los 
enemigos de las ceremonias de la Iglesia, no hacemos mas 
que referir lo que nosotros mismos presenciamos, esto es, 
que la mujer que se hallaba buena i sana, al entrar el Santu- 
rrón de los Schipibos en su casa enfermó repentinamente, i 
que al exorcisarla el P. Sans, i rociarla con el agua bendita- 
quedó instantáneamente curada. 

Hemos indicado mas arriba que no es fácil conocer, á 
que divinidad tributan culto los infieles del Ucayali, sin em- 
bargo, lo que no admite duda; es su creencia en la existencia 
del demonio, del cual tienen un grandísimo temor. Vimos 
un día que en un toldo, debajo del que dormía uno de los 
muchachitos que tenemos á nuestro servicio, había un palo 
fijado á la cabecera de la cama, preguntámosle para que les 
servía, i nos respondió que para ahuyentar el yusch, que es 
el nombre que dan al demonio, pues segfin afirman, venia á 
molestarle por la noche. Quitámosle entonces aquel palo i 
procuramos tranquilizarle, diciéndole que no temiese, por- 
que el demonio ya no se atrevería á molestarles mas; efecti- 
vamente durmióse el muchacho i ya no habló más de apari- 
ciones ni espantos diabólicos. 

Algunos opinan, que los infieles de que tratamos, tienen 
una creencia esplícita en la existencia de un solo Dios, su- 
premo creador de todas las cosas, á quien atribuyen todo 
el bien que reciben; que creen también en la inmortalidad del 
alma i en los premios i castigos de la otra vida. De los Re- 
mos i Sentéis en particular, se dice que profesan la creencia 
de que las almas de los malos son arrojadas á los fuegos 
subterráneos i que las de los buenos van á habitar en la lu- 
na. No discutiremos lo que en esas opiniones haya de ver- 
dad, solo podemos decir, que nada hemos observado que 



-ce- 
las confirme. A lo que sí nos inclinamos, es á creer que los 
infieles del Ucayali tienen alguna tradición acerca de los di- 
funtos; pues les hemos visto colocar algunas lámparas so- 
bre los sepulcros, aunque ignoramos con que objeto. 

Son, por último, así los neófitos como los infieles muí 
supersticiosos, atribuyendo á los brujos la causa de todas 
sus desgracias, enfermedades i muertes. En vano trabajamos^ 
los Padres en disuadirles de esas necias preocupaciones, pues 
están tan imbuidos de ellas, que nuestros esfuerzos son inü- 
tiles. 

Posteriormente el P. Luis Sabaté en su viaje del Cuzco á 
Miaria, tuvo oportunidad de ser testigo de una de esas ope- 
raciones teurgicas en el mismo pueblo de Miaria; pero el 
brujo tuvo que suspender su embaimiento, confesando que: 
los PP, eran un obstáculo invencible que impedían venir el 
espíritu. Viaje á las Tribus salv. pág. 252, en 1874. 



CAPÍTULO XIY. 

Causas de la decadencia de las misiones. 

Por desgracia, á los multiplicados esfuerzos que ha he- 
cho el Colegio de Ocopa, para sostener i propagar las misio- 
nes del Ucayali, no ha correspondido el éxito que era de de- 
sear. Dificultades que mas abajo enumeraremos» nacidas del 
carácter de los indios, han sido una remora constante que 
ha entorpecido los trabajos de los Padres misioneros, i otras 
dificultades creadas á veces por las mismas autoridades de 
la República, han venido cuasi á destruir el poco fruto que á 
costa de un ímprobo trabajo se había logrado sacar. Solo 
el que conozca el entrañable amor que el misionero católico 
profesa á los pobres salvajes, después que con su ternura i 
sus desvelos, auxiliados con la divina gracia, ha logrado á 
duras penas sacarles de su estado de degradación, para lle- 
varlos á la vida de la fé i de la civilización cristiana, podrá 
comprender la honda pena que le causa, cuando la codicia ó 
la perfidia se los arrebata, robándoles así el fruto de sus en- 
trañas; i no obstante, eso es lo que no raras veces ha acón- 



- 67 - 

tecido á los ministros del Evangelio, i lo que degracíada- 
mcnte ha sucedido en particular á los misioneros del Perú. 

El gobierno de Igi. República, para fcicilitar la navegación 
al vapor por el ücay^vli i otros ríos navegables, trató de ha- 
cer contribuir á los neófitos, aun medio salvajes, á los tra- 
bajos de los establecimientos que proyectaba formar en el 
Alarañón. Para llevar á cabo sus planes, era indispensable 
constituir autoridades civiles é imponer un sistema de go- 
bierno á ios que no habían conocido otro que el suave i pa- 
ternal de los misioneros; mas los indios bien hallados con 
los Padres, no sabían avenirse á ser gobernados por otras 
personas á quienes no conocían i á las que se consideraban 
deudoras de ningún beneficio. Agregábase á esto que algu- 
nos ancianos que habían pasado al Ucayali desde el antiguo 
pueblo de la Laguna, recordaban aun lo que les había hecho 
sufrir un gobernador de Mainas en tiempo del gobierno es- 
pañol, i se resistían por lo mismo á recibir otro gobernador 
blanco ó viracocha, como ellos decían, temerosos de pasarlo 
mal otra vez. En vano los Padres nos esforzábamos en ha- 
cedes comprender las ventajas que les reportaría el régimen 
á que quería sujetarlos el gobierno supremo, pues nos con- 
testaban que el gobierno ó el señor de Lima, que allí no 
querían otra autoridad que la de los Padres misioneros. Lo 
único, pues, que logramos con nuestros consejos i exhorta- 
ciones fué el quedar mal con todos, pues nos hicimos sospe- 
chosos para con los indios perdiendo la confianza i el respeto 
con que antes nos miraban; mientras que los gobernadores 
por su parte desconfiaban también de nosotros, creyendo 
que aconsejábamos á los neófitos la desobediencia á las au- 
toridades civiles, para así conservar la influencia que hasta 
entonces habíamos tenido. 

A la contradicción que por parte de los gobernadores 
empezaron á encontrar las misiones, se agregó la plaga mas 
funesta que en todas épocas i en todos países han debido 
sufrir los misioneros; nos referimos á cierta clase de viajeros, 
que introduciéndose en las conversiones con objetos comer- 
ciales, han retardado en unas partes é impedido enteramen- 
te en otras la conversión de los infieles al Cristianismo. Así 
procuraban hacerlo los que traficaban e;i el Ucayali. porque 
conociendo que los misioneros impedían sus desórdenes inmo- 

9 



- 68 - 

rales i su injusto i tiránico modo de comerciar con aquellos 
infelices, á quienes los Padres miraban como hijos, se unie- 
ron con los gobernadores para calumniar á diches Padres 
ante las autoridades superiores i desprestigiarlos entre los 
indios. Por desgracia pudieron gloriarse de haber consegui- 
do una i otra cosa, pues los gobernadores empezaron á pri- 
varles aun de las cosas más necesarias para su sustento, 
mientras por otra parte procuraban con frivolos regalos 
captarse la amistad de los curacas, de los neófitos, i jefes de 
las tribus infieles, supliendo con las falsedades i fábulas que 
les referían particularmente á estos últimos, la ineficacia de 
los otros medios para hacerles desconfiar de los Padres é 
irles disponiendo poco á poco á la realización de sus inten- 
tos. 

Cuando el P. Calvo dio principio á la fundación del pue- 
blo de San Miguel de Ca\'ariya en 1859, eran como cin- 
cuenta familias de infieles Schipibos í Remos, que querían 
reunirse con las doce familias de Saraj'acu i Santa Catalina 
que dicho padre se llevó para dar principio á la fundación. 
Con mucho empeño ayudaron á los cristianos á construir la 
casa que se edificó para habitación provisional de los pa- 
dres, con intención de fabricarse después otras para vivir 
ellos mismos. Dess:raciamente, empero, en aquel mismo 
tiempo se presentó por aquellas cercanías im comerciante 
inmoral i sin señal alguna de religión, aunque revestido de 
una refinada hipocresía. Este sujeto que trataba á los pa- 
dres con la maj'or sumisión i les servía en muchas cosas que 
estos le confiaban, pero que interiormente les profesaba im 
odio irreconciliable, era de íiqucUos que todo lo atropellan i 
en nada reparan con tal de poder realizar sus designios; ne- 
cesitaba por entonces peones para ayudarle en la pesca i sa- 
lazón, i al ver que aquellos con quienes contaba se habían 
retirado de sus moradas para habitar en el nuevo pueblo,, 
temiendo que con eso quedaran frustrados sus planes, habló 
con imo de los infieles con cuya hermana mantenía relacio- 
nes ilícitas, i le dijo que no se fiaran de los padres, pues su 
intento no era otro que tenerlos reunidos en pueblos para 
poder después entregarlos á los soldados que los llevarían 
presos á Lima, para hacerlos entrar también á ellos en el 
servicio militar. Los infieles á quienes el solo nombre de 



- 69 - 

soldado les espanta, se estremecieron al oir estas palabras, 
i como en breve cundió la noticia por todo el contorno, de 
las cincuenta familias que se habían reunido para la funda- 
ción de Ca^'ariva, quedaron tan solo quince, que á su vez 
van desapareciendo poco á poco. Con el abandono de este 
pueblo que no tardará mucho en consumarse, se abarán los 
Remos que habían escapado de las flechas de los Schipibos. 
en sus correrías. 

La situación fué empeorando por momentos. Cí)n el 
nombramiento de los Gobernadores de los países del Ucaya- 
li, los negociantes de que h;ímos hablado perdieron el temor 
que antes tenían de internarse nifis allá de Sarayacu, i por 
consiguiente también los Padres han perdido la esperanza 
de recuperar lo perdido entre aquellos neófitos. En 1854 es- 
pecialmente, por la subida que esperimentaron los precios 
de la zarzaparrilla, sobre todo por haber aumentado la es- 
tracción de la pesca salada, de los huevos de tortuga i man- 
teca de vaca marina; confiando hacer un negocio lucrativo 
los comerciantes de Nauta, emplearon á una multitud de jó- 
venes sin instrucción alguna, pero viciosos hasta el estremo. 
Dominados estos por la prisión i sin freno que les contuvie- 
se, pues las autoridades de allí, poco ó nada es lo que pue- 
den, cometieron tantos excesos que no había mujer segura 
ni aún al lado de sus maridos. Para e1k)S la Religión i sus 
ministros no eran mas que una farsa, i propalan entre los 
infieles i neófitos, que no había infierno, i que si los Padres les 
enseñaban lo contrario, era solo para atemorizarles i tener- 
los sujetos á su obediencia. 

Inclinados los indios á la sensualidad muí presto se aco- 
modaron á estas máximas perniciosas. Poco les importaba 
ya acudir á la misa los domingos, ni hacer la confesión en 
tiempo de Cuaresma, pues estaban seguros de que por esas 
faltas no se les había de castigar. En efecto, los Goberna- 
dores, para traerlos á su partido habían prohibido todo 
castigo; pero no tardaron en tener que arrepentirse de su 
conducta, pues mui presto pudieron conocer, que el indio es 
ingobernable sino se le impone alguna ligera pena. Libre de 
toda obediencia, tampoco venían los muchachos á la escue- 
la, viéndose los Padres precisos á abandonar sus clases de 
primera educación, lo cual fué ciertamente una de las cosas 



— 70 - 

que más sentimiento les causó. En vano procuraban incul- 
car á los padres de esas criaturas las ventajas que reporta- 
ría á sus hijos el estudio de las letras, pues á sus exhortacio- 
nes contestaban, que las letras no les ensenarían á fisgar la 
vaca marina, en cu3'o ejercicio les ocupaban ya desde la 
edad de once ó doce años. 

Esos medios que se pusieron en práctica para apartar á 
los infieles del tratado intimo con los Misioneres, i de la con- 
fianza que en estos tenían depositada, eran yéi bastante pode- 
rosos de por sí, para producir los mas funestos resultados, 
pero su eficájie sube de punto, si se atiende al carácter na- 
tural de los indios, que como indicamos mas arriba, es por 
sí sólo un firme obstáculo á los trabajos del misionero. 

En efecto, es preciso tener en cuenta que el indio vive en 
medio de una naturaleza pródiga, que le suministra apenas 
sin trabajo alguno, todos los medios de subsistencia; la ca- 
za que halla en sus bosques i la pesca que encuentra en sus 
ríos, es tan abundante que parecería increíble á quién no lo 
hubiese visto (1). Así es como satisfechas sus cortas necesi- 
dades, pueden pasar la vida en la más ccfmpleta ociosidad, 
abandonados á su indolencia característica. Si se les pro- 
pone cambiar de género de vida, instruirse i portarse de la 
manera que enseña el Cristianismo i la civilización, esperi- 
mentan desde luego ^la gran repugnancia; pues no reparan 
en otra cosa que en el aumento de trabajo que esto les re- 
portaría, sin que basten á estimularles las nuevas ventajas 
i comodidades de que podrían disfrutar: porque su rudeza 
natural no les {jermite desearlas ni siquiera comprenderlas. 
Esta carencia de necesidades, i esta especie de bienestar ma- 



( I ) "Hemos hablado ya anteriormente do la multitud de peces que alimenta en su 
seno el Ucayali; algunos de ellos son de garandes dimensiones como la vaca marina, por 
ejemplo, que pesa & veces no menos de veinte arrobas; los paichvs, que pesan de cinco á 
seis arrobas, causando admiración la gran cantidad de este pescado que cargan los vapn. 
res para las provincias de Tarapotn, Muj'obamba, i muchas haciendas del Brasil. Kntrc 
las muchísimas clases de peces, cuyo peso varía de veinticinco á cincuenta libras, se en- 
cuentran los zungaros divididos en muchas lamilias, c.idu una de las cuales tiene su 
nombre especial, tules son: la doncella, el churahuan, el puma-zunjíaro; llamado así por 
tener todo el cuerpo lleno de pintas como el tigre, que en lengua quichua se llama puma; 
de zungaros blancos los hai de dos ó tres clases. Ksicuéntrase también el zungaro amari- 
llo 6 torris, i'l piro i otros; pero sobre todo debemos hacer mención del rico pescado lla- 
mado gamitana i de otro muí semejante á este, llamado paco. Las especies de pcseados 
pequeños son innumerables, siendo los princiimles por su gusto delicado la corbina, el 
tucumaré, el maparati, etc., etc." 



- 71 - 

terial de que a su manera gozan los infieles, es pues 'el pri- 
mer inconveniente, no pequeño por cierto, que encuentran 
los Misioneros para lograr su conversión. 

Este obstáculo no es empero el único; á él debe agregar- 
se el sensualismo de los infieles, dimanado sin duda de la 
ociosidad «á que se abandonan i del clima abrasador en que 
viven. Ya dijimos al hablar de sus costumbres, que reinaba 
entre ellos la poligamia, i sabido es que en todas partes este 
vicio, es un gran impedimento para liis conversiones, ya 
que es obligación precisa al abrazar el Catolicismo, que el 
infiel se ((uede con una sola mujer separándose de todas las 
demás. Las pasiones que apenas han conocido freno algu- 
no, se sublevan contra este sacrificio indispensable, i si las 
pasiones por desgracia llegan muchas veces á ofuscar los 
dictámenes de una razón clara é ilustrada, ¿cuánto más no 
deben ejercer una influencia perniciosa en aquellas inteligen- 
cias tan obtusas? 

La gran diversidad de dialectos que hablan los infieles, 
es también otra causa que dificulta la conversión. Aunque 
la lengua Pana es la más generalizada en el Uca\'ali, no obs- 
tante cada tribu tiene su dialecto particular, i aún muchas 
tribus se subdividen en varias parcialidades, cada una de 
las cuales tiene también distinto dialecto. Esto como se 
echa de ver embaraisa considerablemente la comunicación 
del Misionero con los infieles. 

Tales son los principales inconvenientes con que necesa- 
riamente tropitzan los Padres misioniros en sus evangeli- 



"A mas de esta variedad incalculable de peces que cría el Ucayali, alimentan también 
sus aguas un número prodijrioso de ríquisimas tortugas. Es tanto lo que abunda alli 
este anfibio, que como dijo un infiel á un comerciante, que se lamentaba del desperdicio 
que se hacía de este animal sólo para aprovechar la manteca que se saca de su grasa, sino 
fuera por la constante persecución de que son objeto apenas se podría viajar por el Uca- 
yali, pues se llenaría el río de tal manera que las canoas tropezarían con ellas á cada 
paso". 

"En el bosque se crían también gran número de animales cuya cprne es buena para la 
alimentación: cuéntanse entre estos los ituches ó saginos i las huanganas, dos clases de 
jabalíes algún tanto mas pequeños que los de Europa; la sacha-va'^a ( vaca del bosque ) 
llamada también danta ó gran bestia; una multitud de monos de varias especies, á más 
de otros muchos cuadrúpedos, que sería largo enumerar. Tampoco escasean las avvs, 
aunque algunas si bien es verdad que son mui sabrosas tienen la carne mui dura, de modo 
que nectfsita hervir mucho tiempo para que pueda comerse. Los indios son bastante 
diestros en el ejercicio de la caza i ijcsca; para la primera usan cerbntanes i Hechas i para 
la segunda se valen de arpones i anzuelos". ~/*/i //.'iris í Calvo. 



- 72 - 

cas tareas, inconvenientes que explican el fruto relativamen- 
te escaso de sus trabajos entre los infieles. No obstante, re- 
petimos lo dicho; estos obstáculos, que dificultan su obra, 
no son los únicos, ni quizá tampoco los principales. A fuer- 
za de trabajo i paciencia, i con la gracia de Dios, que no fal- 
ta, aunque sea difícil, no les sería imposible modificar al fin 
el carácter de los indios i hacerles comorender la nececidad 
de abrazar un ^jénero de vida mas racional, i el único que 
por medio del Cristianismo, puede proporcionarles una feli- 
cidad completa i verdadera; pero cuando á las malas incli- 
naciones de su naturaleza se agregan los escándalos i máxi- 
mas perversas que les enseñan los mismos cristianos, enton- 
ces ¿qué es lo que puede esperar de sus sudores i fatigas el 
Misionero, si no le asiste un milagro manifiesto de la Divina 
gracia? ¡Ali que responsabilidad tan terrible caerá en su 
día sobre los que de un modo tan inicuo roban á Jesucristo 
apuellas pobres almas rediminas con su sangre! 



CAPÍTULO XV 

Elección del P. Pallares para Gunrdiáu de Ocopa i del P, 

Calvo para Prefecto de wisiones.— Viajes de este último 

Dejando pendiente nuestra historia, hablando délos via- 
jes que el P. Pallares emprendió por los ríos^Pischquí, Chu- 
nuya i Tambo, al poco tiempo de haber tomado posesión 
del cargo de Prefecto de las misiones, de cuyos viajes sacó 
conocimientos muí útiles para el régimen de los pueblos que 
le estaban confiados. Durante su Prefectura, como dijimos 
en un lugar, fué cuando se establecieron las escuelas para los 
niños de ambos sexos, que tan importantes resultados pro- 
dujeron para el fomento de las conversiones, hasta que vi- 
nieron á decaer por las causas espücadas en el capítulo pre- 
cedente. 

Al llegar la época de la renovación de los carg<>s del Co- 
legio de Ocopa en 1853, debiendo celebrarse el Capítulo ge- 
neral en 12 de Agosto de dicho año, dispuso el P. Pallares 
que acudieron á tomar parte en el Capítulo los Padres Vi- 
cente Calvo i Juan de Dios Lorentc, quedando en las misio- 



- 73 - 

nes el citado Prefecto P. Pallares, acompañado del P. Felipe 
Martínez; de conformidad á lo dispuesto en las Bulas Ino- 
eencianas, que prescriben la asistencia al Capítulo de la mi- 
tad de los sacerdotes que estén ocupados en misiones. 

Salieron de Sarayacu los Padres Calvo i Lorente por el 
mes de Abril, dirigiendo su rumbo por el río Huallaga, que 
como llevamos dicho era en aquel tiempo el único camino 
espedito, á menos de hacer un largo i penoso rodeo. Después 
de varias vicisitudes que les ocurrieron durante su navega- 
ción por aquel peligroso río i por los países que debieron 
atravesar en sus viajes por tierra, llegaron al fin sin nove- 
dad al Colegio á los tres meses de haber salido de Sarayacu. 
Celebróse el Capítulo en el día prefijado, quedando elegido 
Guardián de Ocopa el P. Pallares i Prefecto de misiones el 
P. Vicente Calvo. Seis años hacía ya que este Padre se ha- 
llaba entre los infieles, i después de las penalidades que du- 
rante ellos naturalmente había sufrido necesitaba hasta 
cierto punto algún descanso, pero aceptando el cargo que la 
obediencia le imponía, renunció á sus deseos de quedarse en 
Ocopa regresado otra vez á las misiones. A este efecto sa- 
lió del Colegio en compañía del P. Fr. Bruno A. Guiu i del 
hermano lego Fr. Enrique Portóles; surcaron nuevamente 
las furiosas corrientes del Huallaga, pero como hacía días 
que no había llovido, las aguas habían disminuido considc- 
niblemente, i así fué que siendo mucho menor la rapidez de 
la corriente, no eran tantos ni tíin graves los peligros de 
aquella navegación. 

Llegados felizmente los dos Padres á Sarayacu, notifica- 
ron al P. Pallares su elección para el cargo de Guardian, no- 
ticia que le causó un gran sentimiento, pero como buen hijo 
de obediencia hizo prontamente el sacrificio de abandonar íí 
sus queridos neófitos, saliendo de Sarayacu para ir á desem- 
peñar en Ocopa su nuevo destino. Como empero se acerca- 
ba ya la estación de las aguas, durante la cual es imposible 
surcar el Huallaga, sin esponerse á cada paso á un peligro 
inminente de muerte, se vio precisado á emprender una lar- 
guísima i difícil travesía pasando por Moyobamba, Chacha- 
poyas i Trugillo; donde se embarcó en un vapor que le con- 
dujo hasta Lima, en cuyo punto descansó unos pocos días, 
emprendiendo después la 54 leguas que le restaban al través 
de la cordillera de los Andes, que por segunda vez debía 



- 74.- - 

atravesar hasta haber llegado al término de su viaje. Solo 
la virtud i robustez de este Padre pudo hacer un viaje tan 
largo i penoso en tan corto tiempo; pues, habiendo salido 
de Sarayacu á primeros de Octubre, se hallaba j^a en Ocopa 
á fines de Diciembre. 

Mucho se dejó sentir en las misiones la ausencia del Pa- 
dre Pallares; pues de los dos Padres que quedaron en com- 
pañía del nuevo Prefecto, el uno que era el P. Martínez, es- 
taba habitualmentc enfermo i apenas podía administrar los 
Sacramentos á ningún moribundo durante las ausencias del 
P. Calvo, que por razón de su carácter de Prefecto tenía que 
ir recorriendo continuamente los otros pueblos que estaban 
á su cuidado; i el otro P: Fr. Bruno Guiu tampoco podía 
ayudarles mucho, pues como era la vez primera que entraba 
en las misiones, no hablaba aún la lengua quichua, cuyo co- 
nocimiento es indispensable para instruir i confesar á los 
neófitos. En esta situación se pasaron dos años durante 
los cuales el P. Guiu se instruyó algún tanto en la lengua del 
país, hallándose pronto en estado de ejercer su ministerio, 
mas el P. Felipe Martínez, aunque esperimentó alguna me- 
joría, seguía siempre achacoso. 

En el año siguiente (1856) de la elección del P. Calvo 
para F'refecto de las misiones, á instancias de este Padre los 
indios Suchiches abandonaron por completo el pueblo de su 
residencia, llamado Santa María de Belén, pasando á reu- 
nirse con los que habitaban en Saraj'acu. La fundación de 
dicho pueblo de Belén había tenido lugar en tiempo del pa- 
dre Plaza. Ya se recordará, como dejamos referido, que 
cuando estalló la guerra de la independencia del Perü, emi- 
graron todos los Padres españoles que se hallaban en las 
misiones del Uca3\ali, quedando únicamente en ellas el men- 
cionado P. Plaza. Falto de compañeros i de recursos, no 
pudo ese Padre, como vimos en su lugar, sostener todas las 
misiones que estaban á su cargo, apesar del celo extraordi- 
nario que le animaba; debiendo presenciar como los infieles 
i neófitos que habitaban en los pueblos de Buepó-ano, Can- 
chá-hua3'a, Cuntá-maná i Charás-maná abandonaban estas 
poblaciones partí retirarse á sus antiguas rancherías, más 
arriba de la desembocadura del Pachitea. En el pueblo de 
Canchahua3'a habían habitado junto con los Cunibos algu- 
nas familias de los antiguos Suchiches deTarapoto, i temien- 



- 75 - 

do estos algún asalto de los infieles, pidieron al padre Plaza 
que los sañalasc un sitio cerca de Sarayacu para establecer 
en él sus viviendas, pero que fuera un lugar enteramente se- 
parado de los indios Panos. El Padre les señaló entonces 
un terreno algo reducido, pero que estaba á cubierto de las 
inundaciones, i á media legua de Sarayacu i á otra media 
legua del Ucayali, dándosele el nombre de^ Santa María de 
Belén al pueblo que se fundó en este sitio. Siguió sin aumen- 
tarse su población, pues en 1850, apesar de haber trascurri- 
do treinta años de su fundación, sus habitantes eran á cor- 
ta diferencia en número igual á los que habían venido de 
Canchahuaya. En 1853 no tenían todavía iglesia, aunque 
á decir verdad, no hacía mucha falta, atendida la proximi- 
dad de Sarayacu, así que rarísimo era el que no oía misa los 
domingos i días de ñesta. Deseosos no obstante de tener 
iglesia propia, suplicaron al P. Pallares, que entonces era 
Prefecto, que se la construyera; i accediendo el Padre á la 
súplica de los neófitos, nombró al P. Calvo para que á falta 
de arquitecto dirigiera las obras i trabajara con ellos; empe- 
záronse los trabajos que siguieron sin interrupción, logran- 
do en poco tiempo dejar construida una iglesia mui linda, 
que si bien pequeña, era no obstante capaz para una pobla- 
ción tres veces mayor de lo que era Santa María de Belén. 

Como los Padres no podían abandonar su residencia de 
Sarayacu, no les era posible observar de cerca la conducta 
de los Suchiches; de lo que resultó que estos se entregaron á 
los excesos de la intemperancia i otros vicios, acarreándose- 
les algunas enfermedades, que acabaron en poco tiempo ca- 
si con la mitad de los hombres i algunas mujeres. Hablaba 
un día de esa mortandad el Prefecto P. Calvo con el Curaca 
i otros de aquel pueblo, i les dijo: parece que ha caído la mal- 
dición del ciclo sobre vosotros; siete años hace no mas que 
estoi á vuestro lado i Belén no es ahora la mitad de cuando 
vine; fuéles nombrando uno á uno los difuntos que había ha- 
bido desde su llegada, que igualaban casi en número á los 
que quedaban vivos; añadiéndoles, que él era de parecer que 
abandonasen un sitio que tan mal les correspondía i se fue- 
ran á vivir á Sarayacu, donde estarían mejor asistidos, á lo 
menos en cuanto á lo espiritual; pues ya sabían ellos que 
habían muerto algunos sin confesión, por no haber avisado 
con tiempo á los Padres, como se les tenía encargado. Con- 

10 



^ 76 — 

testáronle que consultarían con los del pueblo su proposi- 
ción, í pasados algunos días, se presentaron en Sarayacu 
formados en procesión llevando la imágea de la Virgen San- 
tísima, las campanas i demAs cosívs perteaecientes á la igle- 
sia; señalóles entonces el P. Calvo el sitio llamado de la Pac- 
cha ó Paecha para que fabricaran allí sus casas, quedando 
de este modo desUsibitado el pmeblo áe. Bden. 

Una de las ideas más constante del P. Calvo, había sido 
ver si podía descubrir algún ca-minio desde Sarayacu á Oco- 
pa, por la ctial se pudiesen dirigir los Padres misionero sin 
esponerse cada vess á los gravísimos peligros que ofrecía la 
navegación del Huallaga, como repetidas veces hemos dicho. 
Antiguamente se dirigían los Padres por- el río Pachitca, pe* 
ro esa travesía desde largo tiempo se había abandonado, 
por creerse que los gastos que importaban los viajes eran 
mas crecidos que por el Huallaga. Quisa desengañarse el P. 
Calvo, i habiendo formado un presupuesto aproximado de 
lo que por ambas travesías se podía gastar, se convenció de 
que el viaje por el Pachitea prol>ablem«nte sería tanto más 
económico que por el Huallaga; i que au» cuando no fuera 
así, el corto aumento que debiera exigir, quedaría de sobras 
compensado con la mayor seguridad que navegando por es- 
te río se obtendría. Para cerciorar masen sus cálculos, de- 
terminó emprender un viaje de- esploración pop el Pachitea, 
sin detenerse ante el peligro de enc<Mitrar iDS' antropófagos 
Caschibos; pues francamente prefería» sufrir la muerte á ma- 
nos de esos infieles, á perecer ahogado en los precipicios del 
Huallaga. 

Al efecto, principió á hacer los acopios necesarios para 
la larga i costosa espedición que iba á emprender, ya que es- 
taba resuelto á buscar á todo trance el antiguo camino del 
Maira al Pozuzo, á la sa^on completamente perdido en las 
espesuras del bosquei Terminados todos los preparativos, 
se puso en camino el día 7 de Junio de 1857, saliendo de Sa- 
rayacu en compañía del P. Martínez, que como seguía enfer- 
mo, trató de aprovechar esto ocasión para regt esar al Cole- 
gio de Ocopa. Ignorantes de los sitios que debííin atravesar 
i de las fuerzas de los Caschibos que pudieren sorprenderles, 
admitió gustoso el P* Calvo el ofrecimiento que el goberna- 
dor de Sarayacu D. José Antonio Iriarte i dos compañeros 
suyos les hicieron de acompañarle en su espedición; pues pro- 



— 77 - 

vistos de armas de fuego comc^ estos señores iban, les se- 
ría mili fácil defenderse en caso de alguna aeometidu. Afor- 
tunadamente, empero, este caso no Hegó, i las armas que lle- 
vaban para su defensa, deWeron emplearlas más que en la 
caza que con abundancia sin igual encontraron en su cami- 
no. Una ])equeña escuadra compuesta de ocho canoas i una 
lancha, tripuladas por unos cincuenta hombres, formaba la 
espedición, habiendo creído necesario reunir ese número por 
el temor que inspiraban los Caschibos; aunque después de 
conocido el terreno, se vio que no eran necesario tantas pre- 
cauciones, pues otros viajes hizo el mismo padre Calvo por 
aquel río con solos catorce hombres, sin cspeiimentar nin- 
gún contratiempo. Durante Ja travesía todos los espedicio- 
narios ocupaban su embarcación al rayar el alba, navegan- 
do hasta las diez, hora en qnx: saltaban en tierra para pre- 
parar si almuerzo; siendo cosa de admirar, que solo en dos 
horas que se detenían, les sobraba tiempo para bu.«car la 
comida, bien fuese por medro de la caza 6 de la pesca i ade- 
rezarla después; pareciéndoles en cierto modo que andaban 
como los Israelitas por el desierto, cogiendo el maná que les 
llovia del cielo; pues no ptwiía compararse á otra cosa la su- 
ma facilidad con que se proporcionaban alimentos para tan- 
ta gente, 

Diez i ocho días hncía yacfue«ubían por el üca3'^al¡, cuan- 
do Hegaron á la dectnlK)cadttra del Pachítea; en este sitio 
les salieron al encuentro los Cumbos; haciéndoles grandes 
demostraciones de afecto i amistad, i agasajándoles á su 
manera, les llenaron las canoas de plátanos, que es el ali- 
mento principal de aquellas gentes. Con estas provisiones 
mui útiles i necesarias para proseguir el viaje, entraron lle- 
nos de contento i alegría al dicho río; diez 6 doce días iban 
ya navegando por este hermoso río sin haber visto todavía 
un solo Caschibo, de modo que solo conocían ser habitado 
aquel país por los huellas que veín impresas en las playas. 
Un día empero, cuando estaban ocupados los viajeros en 
preparar la comida, oyeron gritos hxírribles que parecían sa- 
lir de entre los árboles de la orilla opuesta; sin detenerse más 
tiempo que el precrso para poner en salvo los efectos que te- 
nían en hi playa, se dirigieron hacia el sitio donde se oían 
las voces, aunque sin dejar nunca la margen del río en la que 
«retaban; la espesura del bosque les impedía distinguir nin- 



- 78 - 

gún ser humano, hasta que perdido algún tanto el temor, 
se dejaron ver cuatro 6 cinco Caschibos. Como el P. Calvo i 
los que le acompañaban ignoraban el idioma de aquellos in- 
fieles, no pudieron hacer otra cosa que proponerles por me- 
dio de señas, la paz i amistad; comprendieron los Caschibos 
lo que estas señales significaban, i manifsstaron aceptar la 
amistad que se les proponía. Para no asustarles si pasaba 
toda la gente á la otra parte del río, dispuso el P. Calvo que 
lo atravesara únicamente una canoa con cinco hombres, em- 
pero los bravos Caschibos al ver que los de la espedición se 
dirigían hAcia ellos emprendieron la fuga internándose en el 
bosque i cesando en su gritería. Fustrados con estos los de- 
seos del Calvo, prosigió este su marcha, más al poco rato 
volvieron á parecer los infieles, haciendo las mismas demos- 
traciones de amistad que antes; pero como tampoco se pudo 
lograr de ellos otra cosa, á la tercera vez les dejaron con sus 
gritos i demostraciones, conociendo ser inútil toda tentati- 
va para entrar en relación con ellos; i prosiguiendo la nave- 
gación por el Pachitea, al cabo de otros diez ó doce días 
llegaron felizmente al deseado Mairo. 

Escaseaban 3'a á los espedicionarios las provisiones de 
plátanos, harina de yuca i aguardiente, siéndoles por consi- 
guiente preciso no perder el tiempo; i así fué, que habiendo 
descansado no más que un día, dieron principio desde luego 
á las esploraciones necesarias para encontrar el antiguo ca- 
mino, que debía conducirles por tierra hasta el Pozuzo. La 
prodigiosa vegetación de aquellas montañas lo había obs- 
truido empero de tal suerte, que ni aún los indios ancianos 
que lo habían recorrido varias veces en compañía del P. Pla- 
za, pudieron conocer por donde pasaba. Errantes por aque- 
llos bosques en que solo se descubre la tierra que se pisa, se 
enredaron de tal manera, que después de ocho días emplea- 
dos en inútiles invertigaciones, tuvieron que desistir de sus 
intentos i regresar al punto de donde habían salido, siguien. 
do las señales que habían puesto, para no estraviarse en la 
espesura del monte. Desconsolados al ver como se habían 
fustrado sus planes, volvieron á embarcarse, y como bajan- 
do por el río se adelanta el triple que cuando se navega con- 
tra corrieate, á los tres días se hallaban otra vez en el sitio 
donde á la ida les salieron al encuentro los Caschibos. Más 
animosos que entonces estos infieles, se presentaron nueva- 



- 79 - 

mente á la playa cuatro de ellos sin arnias i á cuerpo descu- 
bierto, i levantando la mano, mostraron una Conchita re- 
donda, en señal de paz. Por las señas que hicieron i por al- 
guna espresión que pudieron entender los compañeros del 
R. P. Calvo, comprendieron que los Caschibos decían, que si 
prometían no matarles, se hartan amigos. Al oír esto, sal- 
taron en tierra, los peones que iban en una canoa, i tras ellos 
el P. Calvo con toda la comitiva; i una vez en tierra, se abra- 
zaron afectuosamente con los infieles, teniendo entonces oca- 
sión de conocer que no era tanta su fiereea como se ponde- 
raba. En efecto, el sólo nombre de Caschibo, cuya palabra 
significa, vampiro ó chupador de sangre, hacia estremecer á 
todos los infieles, i he aquí que entonces veían que con solo 
acercarse á ellos aquella pequeña comitiva, perdían el color 
i temblaban de pies á cabeza. Para inspirarles confianza, 
tanto el gobernador como el P. Calvo, les regalaron varias 
bugerías que ellos aprecian mucho, como anzuelos, agujas, 
cascabeles, chaquiras, cuchillos, etc., etc.; los peones les re- 
galaron sus pantalones viejos, siendo cosa de risa al ponér- 
selos; pues como nunca habían usado otro vestido que el 
que les dio la naturaleza, se creyeron que puestos los calzo- 
nes se les habían de pegar al cuerpo; pero sucedió natural- 
mente, que poniéndose á andar, se les escurrieron hasta los 
pies, siendo preciso enseñarles el modo de atárselos con una 
cuerda. 

Después de haberse detenido un poco con aquella gente, 
el P. Calvo i los que le acompañaban prosiguieron su viaje; 
llegando después de ocho días á Sarayacu, con el sentimien- 
to de no haber podido realizar el objeto que se propu- 
sieron. 



CAPÍTULO XVI 



Nuevos viajes del P. Calvo i éxito que tuvieron 



Poco satisfactorios eran por cierto, los resultados de la 
primera espedición del P. Calvo en busca del deseado cami- 
no del Mairo al Pozuzo, pero como era tanta la utilidad 



— so- 
que de su descnbrímtento se de1>í¿i seginr, así ¿i lus Misione- 
ros de Oeopa como al gobienio de la Repábltca, para poder 
establecer más fácilitiente sus comunicaciones con el nuevo de- 
partamento de Loreto, mediante la navej^aci6n al vapor por 
aquellos caudalosos ríos, aquel infatigable Misionero, trató 
de emprender una segunda «pedición para ver si sería más 
afortunado que en la primera. Hizo con este fin los prepa- 
rativos indispensables, i en 2o de Mayo de 1858 salió de Sa- 
rayacu en compañía del P. Martínez que seguía aún enfer- 
mo. Los accidentes d<í este viajo fueron mui parecidos á los 
del anterior i el luiico resultado que produjo, fué el desenga- 
ñarse completamente el P. mensionado de La posibilidad de 
hallar el deseado dsrrotero, buscándolo desde el Mairo; i 
quedándoles solo la esperanzfi de enccmtrarlos, si se hacía 
la esploración en sentklo inverso, es decir, buscándolo desde 
el Pozuzo. Sin desanimarse, pues, ni desistir de sus proyec- 
tos, auiKiue había poderosos motivos para desesperar del 
éxito, tomó la vuelta para Sarayacu A donde llegó el día 19 
de Agosto. 

Si graves habían sido las dificultades con que tropezó el 
Padre referido en sus dos espediciones por el río Mairo, no 
eran menores las que debían esperarse, en su peo^^ectado 
viaje por el Pozuzo; era ante todo preciso surcar una vez 
más las peligrosísimas corrientes del Huallaga, cuando esta- 
ba ya para acabarse la estación del verano, linico tiempo en 
que como liemos dicho es dable navegar por aquel río; i por 
otra parte, aun cuando se saliera 4e Sarayacu á mediados 
de Agosto, era casi imposible poder llegar al Pozuzo antes 
de fines de octubre, tiempo en que principia la, est¿ición de 
las aguas, que en aquel país caen á torrentes i sin interrup- 
ción por espacio de muchos días. Otros impedimentos se 
representaban al mismo P. Calvo, que los acontecimientos 
probaron no ser imaginarios; pero apesar de tantas razones 
capaces de hacerle vacilar en la realización de su empresa, 
no quiso este Misionero retroceder de sus intentos, forman- 
do la resolución de acometer á costa suya, todas las dificul- 
tades que se le presentaran. 

'Sin mas descanso que el de seis días después de su llega- 
da del Mairo, salió por tercera vez de Sara3'acu dirigiéndose 
hacia el Huallaga en compañía del P. Martínez, que no ha- 
bía curado aún de sus dolencias. Quisieron acompañarle 



- 81 - 

también cxtIto iv^dios de Ssumymea^ cuya compañía le fué úti- 
lísima clarante todo sa viaje, i baJatemlo llegada al pueblo 
de Chasuta, pidió ad^tnás al goberaad^r cuatro hombres 
prácticos de los peligros del HaaUa|»^«. con cuya ayuda lle- 
garon sin contra tiempa al puerto rteTínceo-Mnría* Sin pér- 
dida de tiempo se pusiero» en mairchaj para la ciuilad de 
Huánuco, a donde Itegaroii el cuatro de Octubre, habiendo 
recorrida esta distancia parte A pié i parte á caballo. En 
Huánuco viéronse pcecisado^a detenerse pior espcurlo de diez 
días, que desptiés les hi^ierotí^ mucha falta*, saliendo el cator- 
ce para el Po«uzo, mientras el P. Martines se dirigía á Oco- 
pa para curarse de sus males. A eauíSfi de aJgunas demoras 
que fueron precisas para allegar provbuitfea en^ los pueblos 
de Panáo, Chaclla i Muña,. no pudaentrar el otro Padre en 
el Pozíizo hasta el pirioxee^» de noviemhre; i aun. que llevaba 
la correspondiente caballería pa-ra atniA'Csar la distancia 
que le separaba.de este río^ fuete pneetso recorrerla á pié des- 
de Muña, por la falta absakita de caminos^ paest na merecía 
este nombrcj el qne eotoneea no era mas qiie un continuo 
despeñadero, por el que hnbíera sido- temeridad empeñarse 
en pasar monftado. Aqudla primera tarde,, después de su 
salida, fué tal el agaaeero q^sc les desca^rg^i, que por la noche 
temían verse arrastrados por hi« ag^as liasta las corrientes 
del Pozuzo. 

En la orilla izquierda de aqiael río, que era la que seguía 
la comitiva, no se encontiuiba mea que una mala choza en 
que habitabanidos íamílías poco- numeroeas, no teniendo 
otros recursos que unas pocas attigachas; mas abundantes 
provisiones hubieran podido encontrarse en la orilla opues- 
ta; pero la plata con que contaba el P. Misionero era mui 
poca, i habríale sido mui duro tener que pagar en la monta- 
ña un peso por cada racimo de plátanos, i otro por cada 
arroba de maíz; así que limitóse á comprar lo estrictamente 
necesario para su sustento i el de los que le acompañaVian. 

Era aquella vez la primera que el Padre navegaba por el 
Pozuzo, i no dejó de imponerle al ver los elevados cerros que 
debía atravesar, cubiertos de corpulentos árboles i de una 
maleza de bejucos i palos caidos.que impedían, dar un paso 
seguro. Nada empero. de. estj3. le' detuvo^ sino que al día si- 
guiente, hizo que pasaran, el río siete hombres de los de Sa- 
ra^'acu que le acompañaban,, junto con otros cuatro de 



- 82 - 

Chaclla conocedores de aquellos cerros, que había pedido al 
Subprefecto de Huánuco; quien no solo los concedió gusto- 
so, sino que sin pedirle nada más le entregó cuarenta pesos 
para gastos de la expedición, conociendo las grandes venta- 
jas que de ella habían de resultar en beneficio de la Repúbli- 
ca, i en especial de aqu^l departamento. Estos once hom- 
bres decididos á llegar al Mairo, perdieron no obstante las 
esperanzas de conseguirlo, i cuando el P. los esf)eraba de re- 
greso á los seis 6 siete días, tardaron diez i siete en verificar- 
lo, habiendo padecido los mayores trabajos, en continuas 
vueltas i revueltas, sin haber podido conseguir el fin que se 
habían propuesto. Durante su prolongada ausencia el P. 
Calvo que había quedado en el Pozuzo, se hallaba domina- 
do de la tristeza, temiendo un fin desgraciado para sus com- 
pañeros. ¿Quién sabe, pensaba, si se habrán metido en al- 
gún laberinto de donde no podrán salir? ¿Si habrán queri- 
do pasar algún río i se los habrá llevado la corriente? ¿Si 
habrán sido devorados por los tigres? Lleno de melancolía 
i ocupado en estas tristes reflexiones, se hallaba casi sin es- 
peranzas de que volviesen los ausentes, cuando de repente 
parecióle oír voces á la otra parte del río; lleno de alegría 
corrió á la orilla i tuvo la satisfacción de ver á sus compa- 
ñeros sanos i salvos; i aunque llenos de desaliento, por estar 
convencidos, sin ningún género de duda, de no poder seguir 
adelante en su empresa, ya que no se presentaba medio de 
pasar hasta el Mairo. Sucedía esto en 18 de Noviembre, 
época mui adelantada i en que los aguaceros eran espantosos 
no conviniendo por consiguiente perder momento alguno sin 
tomar una resolución definitiva de lo que en aquellas cir- 
cunstancias se debía practicar. Preguntó el Padre á los in- 
dios, si ya que nada habían podido descubrir, habían oidoá 
lo menos ruido de aguas hacia alguna parte, á lo que con- 
testaron que sí, que desde un cerro muí elevado lo oyeron; 
i pareciéndoles que no estaba mui lejos, subieron á un árbol, 
desde donde descubrieron grandes pampas á su izquierda, 
hacia donde creían que se dirigían las aguas. No quiso oir 
más el Padre, pues con esta relación tuvo lo bastante para 
convencerse de que el rumor de las aguas que oyeron los in- 
dios, no podía venir de otra parte que del mismo Mairo. 

Lleno de confianza con este descubrimiento, solo trató 
ya de prevenir las dificultades que los indios le pudieran opo- 



— 83 - 

her; i al efecto, llamando aparte al que hacía de capataz, le 
dijo: supongo que vosotros descaréis volver á Sarayacu,¿no 
es verdad?: claro está que sí, le contestó. Pues bien, ¿por 
dónde queréis pasar? replicó el Padre, ¿por el Huallaga, 6 
por el Mairo?: por el Alairo contestó; pues á pesar de que 
aquellos indios son una especie de anfibios, llegaron ñ conce- 
bir un gran temor á las furias del Huallaga, acostumbrados 
como estaban á la mansedumbre del Ucayalí. El Padre que 
no deseaba sino obtener esta contestación, le di}o: prepa- 
raos pues esta tarde, porque mañana pasaremos el rio. Pa- 
ra pasarlo empero, no tenían mas que una pequeña canoa 
con una ventana hacia popa, de media vara en cuadro; i es- 
taba tan desvencijada, que le era absolutamente necesaria 
una buena reparación; pero como no había allí instrumen- 
tos ni madera á propósito, limitáronse á deshacer un cajón 
para aprovechar una de su tablas, con los mismos delgados 
clavos que contenía, sirviéndoles de brea, un pedazo de piel 
de vaca que por casualidad llevaban. Hechos los prepara- 
tiuos necesarios» al día siguiente, que era el 19 de Noviem- 
bre, pasaron aí Pozuzo un poco mas abajo de su confluencia 
con el Huancabamba, i aunque la corriente era impetuosa, 
gracias á Dios, ningún percance sufrieron. Luego de pasado 
el río principiaron ya á subir por un cerro mui empinado, 
pero como después tuvieron que bajarlo para atravesar el 
arroyo llamado Sisu, en todo el día no recorrieron en línea 
recta mas distancias que la de un tiro de fusih Bl día 20 
madrugaron,^i hecha candela para preparar el desayuno, 
pusieron á hervir un poco de maíz; eran entonces nueve per- 
sonas las que formaban la comitiva; pues aunque en el Po- 
zuzo se les había juntado un indio que quiso seguirles para 
conocer la montaña, no cayendo el pobre en la cuenta de lo 
que iba á padecer en cambio, en el reconocimiento de que 
hace poco hemos hablado, huyeron dos sarayaquinos, que 
espantados de los padecimientos que habían sufrido^ prefi- 
rieron bajar solos, esponiéndose á ser víctimas de los Cas- 

chibos ó de los tigres, antes que deshacer el camino que ha- 
bían hecho. En su fuga se habían llevado una olla grande 
de hierro que tenían, no quedando á sus compañeros más 
que una, tan pequeña, en que solo cabía comida para tres 

personas, sirviéndose de ella los nueve que habían quedado, 
11 



- 84 - 

para hervir el maíz que era el único alimento que tenían, tres 
días después de haber salido del Pozuzo. 

Concluido el almuerzo, principiaron á subir un cerro lla- 
mado Aíonocanca, en cuya cumbre se estiende una llanura 
como de tres leguas; recorriéronlas en día 21 que fué el día 
en que más camino hicieron, llegando hasta las Pampas que 
los indios anteriormente habían divisido. Pernoctaron en 
la Llaquina, puesto que en español significa sitio de la tris- 
teza, cuyo nombre le pusieron los indios cuando en el reco- 
nocimiento, por lo mucho que en él sufrieron; i al día si- 
guiente llegaron á lo más alto del cerro, desde donde los in- 
dios habían oído el ruido de las aguas. Allí se confirmó el 
Padre en su creencia, de que aquellas eran las del Mairo; i 
adelantando por la llanura, tomaron la dirección que pare- 
cian llevar las dichas aguas, prosiguiendo su marcha hasta 
unas dos leguas del río, en cuyo punto por habérseles hecho 
ya mui tarde debieron pasar la noche, dejando para día si- 
guiente el descanso de la montaña i el paso del río. 

Corría el Mairo encajonado entre cerros, i como llovía 
sin cesar, Ijis aguas llenaban el cauce por completo. El día 
en que el Padre i sus compañeros lo pasaron, amenazaba ser 
más recio el aguacero; por lo cual se apresuraron á hacer 
ranchos de hojas de palma, para, poder descansar siquiera 
por la noche con sosiego. Antes de anochecer d^ícUtróse efec- 
tivamente la lluvia tan copiosa, que por momentos temían 
quedar ahogados; siguió lloviendo del mismo modo el día si- 
guiente hasta la tarde. Sin poder dar un paso fuera del ran- 
cho, el Padre se veía asaltado por los pensamientos más 
tristes; se les acababa el maíz, único alimento que tenían, 
ignoraban el sitio que se encontraban i la distancia que les 
separaba aun del puerto del Mairo, que era el sitio donde 
confiaban encontrar algún alivio, i por otra parte aunque 
creían ser el Mairo el río que tenían á la vista, no obstante no 
tenían aun de esto una certeza "absoluta. Entretanto acla- 
róse la atmósfera, pero como la corriente era todavía mui 
impetuosa no era posibie atr.iversala para seguir el viaje 
por la orilla izquierda; por lo cual el Padre dispuso que se 
adelantaran los indios á descubrir paso por la- derecha. Yol- 
vieron á poco rato, diciendo que más abajo había un peñas- 
co cortado, que subía desde el mismo rio hasta la cumbre 
del cerro, siendo por consiguiente imposible pasar por allí; 



- 85 - 

motivo era de esas nuevas aflicciones, i no hubo más reme- 
dio que pasar la noche en el mismo sitio. Como en toda 
aquella noche no llovió, bajaron considerablemente las aguas; 
pero no obstantes eso, no era aán prudente aventurarse á 
navegarlo. El día 25 amaneció sereno, i después de haber 
preparado el almuerzo que era igual al de todos los días, se 
atrevieron á hacer la difícil prueba de atravesar el peñasco; 
al efecto entraron en el río i asiéndose de las raíces de los ar- 
bustos, que entre las grietas se descubrían, lo pasaron feliz- 
mente. Tanto se había acostumbrado á vencerlos peligros, 
que ya no reparaban en ellos; i mas consolados con este fe- 
liz suceso, siguieron bajando por la corriente, cuando á poca 
distancia vieron un rancho á la otra parte del río. De pron- 
to creyó el Padre que sería de infieles, pero los indios que le 
acompañaban más conocedores que él en esta materia, le 
digeron: no Padre, eso será que habrán pernoctado aquí los 
dos compañeros que días atrás no huyeron. Había colgado 
en el rancho un objeto negro i un lio de ropo, i uno de los in- 
dios dijo: aquello es mi ropa que los fugitivos se me llevaron. 
El bulto negro que de lejos habían distinguido eran dos mo- 
nos ahumados, que los dos indios tuvieron la precaución de 
dejar, por si acaso el Padre pasaba por allí; siete ú ocho días 
hacía por lo menos, que los habrían muerto; i como es tan 
grande la humedad i el calor de la montaña, estaban tan 
llenos de gusanos que daba asco solo el mirarlos; no obstan- 
te, como era tan grande la necesidad que todos sentían, los 
indios que ya no son mui delicados en esta materia, se los 
comieron sin repugnancia; mientras que el Padre con una 
mala escopeta, que era el único instrumento de caza que le 
quedaba, después que los fugitivos se les habían llevado la 
cerbetana i el veneno que tenían para la caza, tuvo la fortu- 
na de matar un paugil, que tendría carne como tres galli- 
nas; saciándose i recobrando sus estenuadas fuerzas con la 
carne de esta ave, que es mui sabrosa aunque dura. 

Dos días les faltaban aun para llegar á las Pampas, i co- 
mo ignoraban el sitio donde se encontraban i caminaban sin 
otra dirección que la del río solo, en la creencia de que fuese 
el Mairo, no estaban mui tranquilos sus ánimos. Llegó por 
fin el día 27 de, i como á las diez de la mañana observaron 
que la quebrada iba ya ensanchándose; á medio día, desde un 
claro que formaba el río, descubrieron un inmenso horizon- 



— 86 — 

te, que no era otro que el que formaban las Pampas que ya 
tenían á la vista. Dirigió entonces el Padre su mirada ha- 
cia los cerros^ i reconoció uno (1) en que había subido el ve* 
rano anterior, con cuyo feliz descubrimiento se diciparon sus 
recelos; mas como la tarde estaba ya mui adelantada, no les 
fué posible encaminarse aquel mismo día hacia el sendero 
que en el año último habían hecho. El día 28 antes :le ama 
necer pusiéronse en camino i, á unas tres leguas ant<^s de lie 
gar al puerto, vieron escelentes palos mui propios para cons 
truir una balsa; y como en el puerto no los había, contaron 
los en número de dies i siete, fabricando tres pequeñas bal 
sas ya que por las estrechas dimensiones del río no era posi 
ble navegar en una balsa grande. Gracias á este nuevo auxi 
lio, pudieron hacer la última parte de su viaje con alguna 
mayor comodidad, llegando sin contratiempo alguno al de* 
seado puerto de Mairo aquel mismo día á las tres de la 
tarde. 

Lo primero que se les presentó á la vista al llegar la 
puerto, fueron los dos fugitivos que estaban allí avergonza- 
dos de su cobardía; detúvoso un poco á hablarles el Padre i 
luego se dirigió á examinar la plantación de plátanos que 
había mandado hacer el año anterior; cuarenta eran los plá- 
tanos que se habían plantado, i causó á todos suma alegría 
el ver que tenían ya veinte i cinco grandes racimos en esta- 
do de poderse cortar. Los fugitivos para aplacar algún tan- 
to el enojo que con razón tendría el Padre contra ellos, le 
presentaron un enorme racimo de guineos morados i como 
era tan extraordinaria la apetencia que que todos tenían, 
en pocos minutos fueron acabados; habían tratado dichos 
fugitivos de continuar su viaje al día siguiente, á cuyo efec- 
to se habían construido ya una pequeña balsa, i hecho pro- 
visión de monos i algunas aves; pero á causa de la llegada 
del Padre, suspendieron la salida, ofreciéndoles las provisio- 
nes que para ellos habían preparado. 

El día siguiente lo emplearon en construir con los palos 
que habían cortado, una gran balsa con un espacioso cama* 
rote de hojas de palma, para preservarse del sol i de la llu" 



( T) A que después le pusieron el nombre Cerro de Pilatot , i al fío que navegaron, el del 
Tigre. — FolUrís i Calvo. 



- 87 - 

via; i el 1*^ de Diciembre se pusieron otra vez en camino, ben- 
diciendo al Señor que de tantos peligros les había librado. 
Muí crecido bajaba el Pachitea, i como no debían salir de la 
balsa ni aun para cocer los alimentos, pues habían hecho 
también provisión de leña, no se detenían hasta entrada la 
noche, i así en solo cinco días llegaron al Ucayali. Descan- 
saron un día no más en las primeras casas de los Cunibos, á 
los que el P. Calvo compró una grande i hermosa canoa; 
merced á la cual, adelantando rápidamente en su camino, en 
otros cinco días con sus noches llegaron felizmente á Sara- 
vacu. 

Si hubiésemos tratado de referir minuciosamente todo^ 
los acontecimientos, privasiones i molestias de este largo 
viaje nos hubiera sido preciso llenar muchas páginas. Con 
lo que llevamos referido bastará para que el lector pueda 
formarse una idea del sinnúmero de diñcultades que se opo* 
nían á la ardua empresa que llevó á cabo el P. Calvo. Sólo 
la idea de procurar la gloría de Dios i la consideración de las 
incalculables ventajes, que debían reportar las misiones de 
Ocopa i aún todo el Perú, del descubrimiento que proyecta* 
ba, pudo animarles á arrostrar el peligro de los ríos, la es- 
cabrosidad de los cerros, las mordeduras de los reptiles ve- 
nenosos i los asaltos de los tigres. Solo aquel pensamiento 
le hacfa soportar con resignación el dolor que le causaban 
las espinas que tenía clavadas en las manos i pies, que le di- 
ficultaban el andar, pues á veces le chorreaban sangre i se 
le formaban llegas molestas; las picaduras de los sancudos, 
mosquitos tábanos i otros insectos; los cambios de clin^a 
que k hacían sufrir tan pronto los rayos de un sol abraza- 
dor, como un intenso frío; el hambre, la sed, en una palabra, 
todas las molestias que imaginarse puedan. El Señor em- 
pero por su i'nñnita misericordia, le libró de todos los peli- 
gros i le dio fuerzas para sufrir todas estas mortificaciom¿s. 



- 88 — 



CAPÍTULO XVII 



Abertura de una nueva comunicación 

entre el Mairo i el Pozuzo i fundación de Cayariya 

Los viajes de que hemos hablado en el capítulo anterior, 
no tenían otro objeto que estudiar tanto el curso de los ríos 
Pachitea, Pozuzo i Mairo, como la configuración del terre- 
no que separa estos dos últimos ríos, con el único fin de co- 
nocer si era posible 6 no la abertura de un camino que les 
pusiera en comunicación. Hemos visto como estas investi- 
gaciones dieron felices resultados, poniendo de manifiesto la 
posibilidad de realizarse la empresa proyectada. Poco ó 
nada empero hubieran aprovechado las fatigas i trabajos 
que á este fin sufrió el P. Calvo en sus repetidos viajes de 
exploración, si no se hubiese emprendido la abertura del 
camino proyectado, mientras se conservaba en la memoria 
de todos el conocimiento de los terrenos que se debían atra- 
vesar. 

Con esta mira se dispuso el mismo R. P. á emprender 
un nuevo viaje al Mairo en 1859, tomando en su compañía 
á los indios que eran ya prácticos del país por haberle acom- 
pañado en sus viajes anteriores, agregando también á la co- 
mitiva algunos jóvenes; para que en el caso de perderse el 
nuevo camino que se iba á trazar, como desgraciadamente 
había sucedido con el que anteriormente se abrió, conserva- 
ran á lo menos una idea de los cerros i torrentes que debían 
atravesarse. Dispuestas al efecto las cosas necesarias i ele- 
gidos treinta hombres, de entre los muchos que se ofrecieron, 
salió de Sarayacu el P. Prefecto expresado á primeros de Ju- 
nio. En la embocadura del Pachitea hizo provisión de plá- 
tanos, como en los viajes anteriores, empezando luego á su- 
bir por la corriente de aquel río, en medio del contento i sa* 
tisfacción que manifestaban los indios en su semblante i en 
sus chistosas espresiones. Una sorpresa les aguardaba en 
aquel sitio. En efecto, desde algún tiempo atrás los Cum- 
bos de Santa Rita, habían trabado amistad con los Caschi- 
bos de Semueya; i hacía pocos días que les habían visitado, 



— 89 — 

participándoles que en breve subiría el Padre con mucha 
gente; que no le temiesen, porque i^i el Padre ni sus peones 
les harían daño alguno; antes bien si se les mostraban ami- 
gos, les regalarían herramientas i otras cosas que necesi' 
taban. 

Alegres los Caschibos con estas noticias, desde aquel día 
pusieron atalayas para estar en observación del momento 
en que pasara la comitiva, i así fué como al instante en que 
la divisaron, comenzó el centinela á dar voces i hacer señas 
para que las canoas sie acertaran al sitio donde él estaba. 
Luego que el P. advirtió estas señales, mandó á los pope- 
ros que tomasen aquella dirección; más cuando hubieron lle- 
gado, apesar de que eran cinco los Caschibos allí reunidos, 
solo uno que era bastante joven, se acercó; abrazáronle el 
Padre i los sarayaquinos i le dieron herramientas, anzuelos, 
agujas, cascabeles i chaquiras, lo que recibió con indecible 
contento retirándose enseguida hacia el monte. Los neófi- 
tos entendieron bastante lo que el joven Caschibo les habló; 
pues loa infieles de aquella comarca, como más inmediatos 
al Ucaj'ali, tienen en su dialecto muchas espresiones de la 
lengua Paña. • Cuando iban ya á despedirse, les pidió que se 
aguardasen porque al instante regresaría; volvió en efecto 
al poco rato con otro compañero, i habiendo también este 
recibido algunos regalos, se internaron ambos otra vez; de 
la misn^a manera se presentaron otros hasta el número de 
doce, pero siempre de uno en uno acompañados del primero. 
Los neófitos sarayaquinos se internaron también por el 
monte, i siguiendo una especie de camino que encontraron, 
recogieron algunos arcos, flechas i macanas, sin que los Cas* 
chibos les hicieran ninguna oposición. Cuando los viajeros 
se pusieron otra vez en camino, tres dé aquellos infieles que 
por allí habían quedado, les preguntaron cuando volverían 
á pasar, i les encargaron que no se detuviesen en la quebrar- 
da que encontrarían mas arriba, porque la habitaban hom» 
bres malos que les quitarían la vida; no sabemos si dieron es- 
te aviso por caridad ó por el deseo de que otros no partici- 
paran de los regalos que ellos habían recibido. 

Despidiéronse por último i, hasta que pudieron tener é 
los espedicionarios á la vista, permanecieron en gran númcr 
ro en la pla3'a pareciendo de lejos que hablan salido tam- 
bién las mujeres i niños, de los que antes ni uno había apa- 



- 90 — 

rectdo; sin dada por temor de ser robados. Siete días hacía, 
después de este encuentro, que el Padre i sus compañeros re- 
montaban el Pachitea, cuando otra vez oyeron voces pare* 
cidas á las que habían dado los Caschibos; precisamente en 
el mismo punto en que en el año anterior habían trabado, 
por vez primera, amistad con ellos; dirigieron las canoas al 
sitio donde los salvajes se encontraban, i como estos por el 
conocimiento que ya tenían con el Padre, no se mostraban 
tan esquivos como los anteriormente encontrados, se lanza- 
ron en tropel á las canoas, abrazándose con el Padre i los 
sarayaquinos; i no contentos con los regalos que aquel les 
hacía, tomaron por sí mismos todo lo que les venía á la ma« 
no, de suerte que hasta el anafre se le lia varón; mas consi* 
derando el Padre que machas de las cosas que querían lie- 
varse, como los remos, ollas de hierro etc., le eran de suma 
necesidad para seguir su mafcha, no consintió que lo toca- 
sen; más ellos entonces decían, que si no les daban aquellas 
cosas, ¿á qué fin querían hacerse amigos suyos? Deseando 
entonces el Padre zafarse de aquella gente sin razón, mandó 
á los neófitos que entrasen en las canoas i dio la señal de 
marcha; pero hé aquí que cuando estaban á la mitad del río, 
los infieles la emprendieron á pedradas contra ellos; así co- 
rrespondieron á las mercedes que les habían hecho i no es fá- 
cil concebir de que modo hubieran podido despedir al Padre 
misionero, si en vez de agasajarles les hubiese hostilizado. 
Mientras tanto que este seguía su marcha, i hasta que le per- 
dieron de vista, no cesaron de proferir horribles gritos, que 
sin duda serían maldiciones que le echaban, por no haberles 
permitido llevar lo que él tanto necesitaba. Bstos infieles 
parece que no eran Caschibos, sino los que el P. Sobrevida 
designa con el nombre de Carapachos ó Amages. 

Con estos encuentros, á falta de otra cosa, se lograba á 
lo menos que los Caschibos fueran perdiendo su nativa fero- 
cidad, i los neófitos el temor cerval, que les tenían. Entre- 
tanto á los quince días de haber salido la expedición del Uca- 
yali, llegó al puerto del Mairo i, después de hal>er empleado 
un día en cazar i pescar, principiaron los espedicionaríos á 
abrir el sendero que debía conducirles al Pozuzo. Mil difi- 
cultades se presentaban también esta vez á semejante obra, 
pues los cerros i quebradas que debían atravesarse forma- 
•ban un laberinto, i como la vista no alcanzaba á larga dis- 



— 91 - 

tancia por la altura ¡ espesor de los árboles, no era posible 
formar un camino recto; solo en años posteriores, habiendo 
el Gobierno hecho estudiar científicamente aquellos sitios 
por una comisión, de la que el P. Calvo formaba parte, sg 
pudo abrir un camino en regla, cuya estensión no pasaba de 
nueve leguas, siendo así que el primero que se construyó, 
del cual ahora estamos hablando, solo podía recorrerse en 
cinco días. Llegó por fin el P. Prefecto al Pozuzo, no sin 
haber padecido algunos trabajos, aunque en nada compara- 
bles á los del viaje anterior; un día no más descansó en este 
punto, dirigiéndose en seguida hacia la ciudad de Huánuco. 
Entusiasmados los habitantes de esta ciudad con las noti- 
cias que se tenían de aquel Padre misionero, sintieron dis- 
pertárseles el deseo de nuevos descubrimientos, concibiendo 
el proyecto de buscar un camino hasta el Pachitea, sin nece- 
sidad de tocar en el Mairo ni en el Pozuzo; á este efecto en el 
año siguiente armaron dos espedicionesq.uese dirigieron por 
distintos rumbos, pero ambas regresaron después de mil pe- 
nalidades, con el desengaño de ser imposible la realización 
del proyecto que meditaban. Desde Huánuco se dirigió el 
Padre al Cerro de Pasco, en cuya capital produjo su llegada 
el mismo movimiento que en Huánuco. El Sr. Prefecto i 
otras personas notables de la ciudad, determinaron armar 
también una pequeña espedición con el objeto de descubrir 
el río Palcazu, que es la continuación del Pachitea un poco 
mas arriba del puerto del Mairo, siendo el ñu de este descu- 
brimiento poder tener la ciudad del Cerro, un puerto distin- 
to de Huánuco. Esta espedición, no obstante, no fué mas 
afortunada que las otras dos, pues los que la dirigían solo 
pudieron dar cuenta de haber llegado á un río que creían ser 
el Palcazu; aunque realmente no era así, pues el río que en- 
contraron era el Chuchurras, del que hablaremos después. 

Desde el Cerro, dirigióse el Padre á Ocopa, donde des- 
cansó algunos días, regresando después á las misiones; i co- 
mo entonces había en ellas bastante falta de sacerdotes, con-' 
siguió le acampanaran los Padres Fr. Manuel Vargas i Fr. 
Jostí M. Batellas. Al llegar otra vez al Cerro, de vuelta de 
Ocopa, lo primero que le dijo el Sr. Prefecto, fue suplicarle 
que en el año próximo hiciera una nueva espedición, alo 
cual accedió el Padre, entregando dicho Prefecto íil síndico 
de las misiones D. Hilario Parra doscientos pesos, que se ha- 
12 



- 02 - 

bíac recojido para gastos de la misma. En esta ocasión se 
introdujo el Padre en el Pozuzo por un nuevo camino que 
se había hecho por el río Marcan, pero fué la única vez que 
pudo atravesarlo; porque debió abandonarse mui presto 
por los grandes derrumbes que continuamente ocurrían. 
Después de haber agasajado á los indios con algunos rega- 
los que bien se habían merecido, tuvo el Padre la satisfac- 
ción de dejar terminado un espacioso camino, hasta la mi- 
tad de la distancia que separa el Pozuzo del Mairo, para cu- 
yos gastos le ausilió con cincuenta pesos el Prefecto del de- 
partamento, i tras una corta detención en el último de di- 
chos ríos, se embarcó de regreso al Ucayali. 

La inauguración de este camino tan deseado, no era el 
único suceso importante que se realizó durante aquel año 
en las misiones; por aquel mismo tiempo se dio también 
principio á la fundación de un pueblo al cual se dio el nom- 
bre de Cayariya. Tiempo Jiacía que las misiones estaban co- 
mo estacionadas por falt/i de personal, i de recursos pecu- 
niarios; pero en 1859 con el aumento que había tenido la 
comunidad de Ocopa, pudieron salir algunos Padres alas 
misiones, reuniéndose cinco de ellos en el Ucayali. Contan- 
do con su ayuda, propúsoles el Pradre Prefecto la fundación 
de un pueblo, con el objeto principal de impedir desde el mis- 
mo las incesantes correrías que hacen los infieles de aquellas 
comarcas A las otras tribus, que pueblan las márgenes del 
Ucayali i de los ríos que le son tributarios; i habiéndoles me- 
recido aprobación unánime su proyecto, ya no se trató de 
otra cosa que de buscar el local más apropósito para la fun- 
dación. El primero en que se pensó, fué uno de los que se 
encuentran á orillas del Tamaya (quebrada de Maní), pues 
los Sacayas que habitaban por aquellos contorn-^s, eran de 
los que con mucha frecuencia, veían caer sus mujeres i nlíios 
en manos de los infieles; con el objeto de atender á su segu- 
ridad, había ya ideado esta fundación en el año anterior el 
P. Prefecto; i comunicando sus planes á los Cunibos que ha- 
bitaban en la desembocaduras del Pachitea, quienes se mos- 
traron dispuestos á acceder á sus deseos, ofreciéndose á vi- 
vir con los cristianos en un sitio que le indicaron, mui apro- 
pósito para sus fines. Para no perder pues la favorable 
ocasión que entonces se ofrecía, A su regreso del Mairo, di- 
cho P. no hizo más que descansar algunos días, saliendo lúe- 



— 93 — 

fjo en dirección al Tania3^a para inspeccionar deteiiidamente 
el terreno. Acompañáronle en esta espedición íilgunos Cii- 
nibos, i después de tres días de subir por el río, le indicaron, 
como sitio apropósito para fundar el pueblo, precisamente 
un terreno que estaba del todo inundado; ignoraba el Padre 
que aquellos terrenos pudieran inundarse tan fácilmente i no 
pudo menos de estrañar, que conociendo los Cunibos, sitios 
más aparentes á los que no llegaban los desbordes del rio, 
no se los hubiesen manifestado; i sí, tan solamente aquel 
que tan poco se prestaba, para el establecimiento de una po- 
blación. Con esto sospechó qu2 los CunibDS no tenían ver- 
dadero ánimo de hacerse cristianos, sino únicamente de sa- 
carles las herramientas que pudiesen, por lo cual determinó 
regresar á Sarayacu, no habiendo quedado mui satisfecho 
de los resultados de su viaje. Al pasar por el sitio en que hot 
está Cayariya, hospedóse en la choza de un Schipibo llama- 
do Santiago i le preguntó, si en la quebrada que allí desem. 
bocaba, habitaban muchos Remos; i como contestase que sí, 
volvió el Padre á preguntarle si se encontrarían por aquellos 
alrededores sitios convenientes para formar un pueblo, con 
los terrenos necesarios para establecer buenas chácaras, á 
lo cual también le contestó afírmativamente; añadiendo que 
él mismo tenía una, un poco apartada de allí, con su corres- 
pondiente casa para cuando se innundaban las riberas del 
Ucayali, i ofreciéndose á enseñársela al día siguiente si que- 
ría acompañarle. Aceptó el P. su invitación, i al día siguien- 
te se embarcó navegando por la quebrada hasta las cuatro 
de la tarde, poco más ó menos, en que llegaron á I¿t chácara; 
enseñóle erSchipibo todo lo que tenía, i al día siguiente re- 
corrieron los bosques que habían al rededor de la casa. 6us* 
tole mucho al Padre todo cuanto veía; i tomando de las he- 
rramientas que traía consigo algunas hachas, machetes, cu- 
chillos i otros instrumentos análogos, los regaló al Schipibo 
para que él i sus parientes pudieran rozar una gran chácara 
i plantar plátanos i yuca, á ñn de que no faltara este ali- 
mento, el principal de la montaña, á los fundadores de la 
nueva población; después de lo cual regresó el P. Prefecto á 
Sarayacu, más satisfecho que de su escursión al Taniaya. 

Como á la sazón estaba este Padre comprometido con el 
señor Prefecto del Cerro para buscar un medio de comunica* 
ción con el Palcazu, según llevamos dicho más arriba, no le 



- 94 - 

fue posible comenzar por de pronto los tnibajos de funda- 
ción de CaYari\'a, debiendo suspenderlas hasta su regreso 
del Pcilcazu. Cuando lo hubo verificado, pasó en seguida al 
sitio donde debía. formarse la población; i viendo que aón no 
habían sembrado la chácara, instó á los Schipibos que allí 
se encontraban á que la sembraran cuanto antes, encargán- 
doles ¿\\ propio ticmj>o que pasados dos meses, ó dos lunas 
como dicen ellos, bajasen cuatro ó cinco hombres a buscarle 
a Sarayacu. Cumpliéronlo ¿isí puntualmente, i haciéndose 
el F. Calvo acompañar por otros diez hombres de Sarayacu, 
se puso en camino á mediados d? Noviembre. Doce días em- 
plearon en la navegación, i luego de haber llegado, empeza- 
ron á construir una p'j(|ueña casa, CU3MS paredes eran de ca- 
ña brava i el techo de hojas de palma, para habitación 
del Padre; i una vez concluítla, loí sarayaquinos regre- 
saron á su pueblo, (|uedando el Padre con cuatro fami- 
lias cristianas que habían acudido para establecerse en 
la nueva población^ además de veinte familias de Schipi- 
bos, mientras iban llegando poco á poco unas do?e fa- 
milias más, procedentes de Tierrablanca i Santa Catali- 
na. Aquel invierno, que entonces empezaba, fué mui lluvio- 
so, i los indios no pudieron formar sino unos pequeños ran- 
chos, dondie poder albergarse i ponerse A cubierto de los 
aguaceros. Aproximábase entre tanto la cuaresma del año 
sesenta, i como los Padres recien venidos de Ocopa no se ha- 
llaban bien instruidos todavía en la lengua del país, el P. 
Prefecto Calvo tuvo que regresar á Sarayacu para hacer 
cumplir el precepto pascual á los fieles allí reunidos, quedan- 
do en el nuevo pueblo durante su ausencia, el P. buenaven- 
tura Comellas. A su regreso en 1860, trató de construir un 
convento formal, consiguiendo verificarlo con la ayuda de 
las 21 familias de Schipibos, de que únicamente constaba el 
pueblo. Dándoles luego el término de un año para trabajar 
i mejorar sus chácaras, logróse también construir una her- 
mosa iglesia, que atendidas sus proporciones no tenía igual 
en aquel país, ni quizá en todo el departamento de Loreto. 
¡Lástima que estos dos edificios que tantos desvelos costa- 
roa á los Padres misioneros, en especial á los PP. Ignacio 
M. Sa-is i Vicente Calvo, tan frecuentemente en este i ante- 
rior capitulo mencionado, se hallen próximos á perderse i 
aún toda la población por los obstáculos que ^ \o menos ia- 



- 95 - 

(lirectameiitc han suscitado algunos Gobernadores, i por las 
otras causas, de que hicimos ya mención al hablar de la de- 
cadencia de las misiones. A más de los Schipibos, que como 
llevamos dicho abandonaron la población, gracias á las in- 
trigas de un viajero, perdiéronse también ciento sesenta Re- 
mos de ambos sexos que habían presentado al P. Fr. Ma- 
nuel Vargas, quedándose muchos de ellos a vivir reunidos 
en el sitio llamado Pamaya. Como algvmos comerciantes 
no cesaban de inspirar á los Schipibos máximas contra los 
Padres, i pedirles muchachos en cambio de hachas i mache- 
tes; estos infieles, perdiólo el poco respeto que les quedaba á 
los Misioneros, se juntaron en número superior á los Remos 
i les dieron varias acometidas, retirándose los pocos que pu- 
dieron escapar de sus manos al interior del Pi^'uya, sin que 
hasta ahora ha3'a podido averiguarse su paradero. A cau- 
sa de estos percances, Ca^'ari^'a, podemos decir que nació 
herida de muerte, i todo induce á temer que cuanto antes 
quedará enteramente destruida, fustrándose los planes que 
en su fundación los Padres se habían propuesto. 



CAPÍTULO xvni 

Molestias que sufrieron los Padres por parte del Gobernador, 
—Exploración del Palcazn, por el P. Calvo. 

Hemos señalado ya en otro parte, como uno de los obs- 
táculos que dificultan el progreso de las misiones de Ocopa, 
la conducta observada por algunas de las autoridades que 
el Gobierno de la República envía á los países en que traba- 
jan los Misioneros. En efecto, para que estos puedan con- 
servar el ascendiente necesario sobre los neófitos, se requiere 
naturalmente, que sean respetados i tratados con la digni- 
dad que se merecen, por todos; pero principalmente por 
aquellos que ejercen autoridad ó cargo público. Más los Go- 
bernadores no siempre han sabido hacerlos así, sin tener en 
cuenta que desprestigiando la autoridad de los Religiosos, 
indirectamente labran la ruina de la su va. 

Hallábase en Saraj'acu por la cuaresma de 1860 el Pa- 
dre Fr. Manuel Bargas, natural de de Huanta, á quien co- 



- 96 - 

mo más instruido en la lengua quiehua, juzgó el Padre Pre- 
fecto de las misiones como el más á propósito para encar- 
garle la predicación al pueblo en los Domingos. Hizo, pues, 
un día un sermón sobre el amor á Dios, i queriendo probar 
á sus oyentes que el verdadero amor consiste en cumplir los 
mandamientos, les dijo: que ái observaban la Doctrina que 
los Padres les enseñaban, no vivirían tan descuidados de su 
salvación; añadiéndoles que no siguieran los malos conse- 
jos que muchos de los blancos les daban, pues de lo contra- 
rio se apartaría el cumplimiento de sus deberes de cristiano, 
i si constíjeros i aconsejados no se arr,cpcntían, serían casti- 
gados con las penas del infierno. A esto se reduce en pocas 
palabras el sermón que les predicó, en el cual como á prime- 
ra vista se echa de ver, nada había que pudiera censurarse. 
El Gobernador, aquel Domingo no asistió á la misa, pero si 
su amigo, la cual, al llegar á su casa le contó que el Padre 
predicador había dicho en su sermón, que los indios á nadie 
debían de obedecer sino á los padres, i que todos los blancos 
que iban al iTcayali eran unos demonios que irían á arder en 
los infiernos; de este modo tan indigno calumnió aquella 
mujer al Misionero. El Gobernador que ya no era de los más 
adictos á los Padres, prorrumpió en voces descompasadas 
i amenazadoras que oían estos desde su convento, poco dis- 
tante de la casa que aquel habitaba. Enterado el Padre 
Calvo de lo que le pasaba, envió á dicho Gobernador un ofi- 
cio cuyo contenido era el sígnente: 

** He sabido que la mujer que tiene V. en su compañía le 
,, ha informado siniestramente de lo que ha predicado el Pa- 
,, dre Bargas i sin duda á consecuencia de estos informes, se 
,, han proferido amenazas, que nosotros mismo hemos oido, 
,, de quitarnos la vida de un pistoletazo. En su vista supli- 
„ co á V. se digne señalar un sitio, .ya sea en su casa ó en 
,, nuestro convento, donde podamos tener una entrevista 
,, para aclarar la verdad del sucoso; pues no m2 parece con- 
,, forme que las dos autoridades, eclesiástica i civil, estén de- 
,, sunidas, por ser cosa contraria al buen régimen i dirección 
,, de estos pueblos. Dios guarde, etc." 

No quiso el Gobernador constestar por escrito á esta co- 
municación, limitándose tan solo á devolver la carpeta al 
Padre, como prueba de haberla recibido, i á decirle por me- 
dio del portador que designaba la casa del Gobierno para 



- 97 - 

• 

la entrevista solicitada. Acudieron entonces á ella los tres 
Píidres que se hallaban en Saniyacu, á saber: el Padre Pre- 
fecto Calvo, el P. Bargas i el P. Guiu, i puestos en presencia 
del Gobernador, le preguntó el P. Calvo ¿cuáleseranlas que- 
jas que tenía contra ellos? Replicóle estediciéndole; que ha- 
bía njado gravemente su honor, dando el título bajo de mu- 
jer á aquella señora que tenía en su compañía; estaba ella 
presente ñ aquella conferencia i no pudiendo contenerse qui- 
so hablar, pero ndvirtiéndolo el P. Guiu hizo un ademán de 
imponerle silencio, con lo cual encolerizada se salió de la ha- 
tación. El P. Calvo contestó entonces al Gobernador que 
antes de enviarle el oficio había pensado mui bien lo que de- 
bía hacer, pero que como él no era adulador no sabía dar tí- 
tulos á quien no los tenía ni los merecía, i aproposito de la 
cuestión que se ha suscitado, anadia: quiero que sepa que 
ya estoi enterado de que apenas hacían cuatro horas que V. 
había llegado 4 este pueblo, i en ocasión en que estíiba co- 
miendo la pobre cena que con el servicio de mesa le había- 
mos ofrecido, dijo V. á los circuntantes que los Padres era- 
mos los encubridares del Gobernador anterior, cuyas picar- 
días ocultábamos. Al oir esto sobresaltóse el Gobprnador i 
dijo al P. Prefecto: ¿quién se lo ha dicho á V? no tengo ne- 
cesidad ni obligación de decírselo, le contestó. No puede ser 
otro que fulano, repuso el Gobernador, i efectivamente él era; 
mas no había pasado hora i media, que 3'a lo había hecho 
poner en el cepo, paliando la venganza, con que se había em- 
borrachado i desafiado á un forastero. 

De todo se habló en aquella entrevista, menos del objeto 
para el que se había tenido; porque acalorado el Goberna- 
dor por haberle repetido á la cara lo que su cuncubina ha- 
bía dicho de los Padres, dijo que si él se hubiera encontrado 
en la iglesia de un pistoletazo hubiera levantado al Padre la 
tapa de los sesos. Al oir estas espresiones, el P. Prefecto le 
dijo: Sr. Gobernador, á mí no me atemoriza V. con pistole- 
tazos ni bal.izos, porque puede ser que siendo como soi un 
pobre friale, haya oido silbar cerca de mí mas balas que no 
usted, apesar de ser militar; á lo cual añadió el P. Guiu: i siii 
volver la cabeza. Viendo el Gobernador que los Padres no 
se inmutaban con su amenazas, mudó de tono i se acabó la 
entrevista, sin que ninguna de ambas partes quedara satis- 
lecha. 



_ 98 — 

• 

Era en aquella sazón Prefecto del Departamento el coro- 
nel D. Javier Meza; este señor sin haber conocido ni tratado 
jamás al P. Vicente Calvo le escribió no obstante una carta 
mui atenta, i como estaba ya enterado de que todo lo que 
en Mbyobamba se decía de los Padres era una pura calum- 
nia, le ofrecía en dicha carta toda su protección en favor de 
las misiones- Por desgracia, desempeñó poco tiempo su car- 
go, siendo de creer que á haber continuado por mas tiempo 
en él, no hubieran tenido eco las muchas calumnias con que 
aún después se procuró deshonrar á los Misioneros; pues co- 
mo ne le dominaba ninguna pasión contra ellos, debemos 
presumir que hubiera obrado siempre con rectitud i justicia. 
Este señor Prefecto, cuando nombró Gobernador de Sara\'a- 
cu á aquel de quien nos ocupamos, escribió al Padre una car- 
ta mui amistosa, inclu3'éndoIe un oficio para el nuevo Go- 
bernador, de cuyo contenido le decía que se enterase antes 
de entregarlo. Decía la comunicación textualmente estas 
palabras. '*Doi á V. por única instrucción para su gobier- 
no, que en todo i por todo lo concerniente á él, consulte V. 
con el R. P. Frai Vicente Calvo, Prefecto de las misiones. — 
Dios íjuarde V. muchos años etc. etc.'* No debió parecerlc 
mui bien esta instrucción al Gobernador; porque al leerla, se 
sonrió con algún ademán de desprecio i ni uua sola vez cum- 
plió lo que en ella se le encargaba; antes al contrario, ha- 
biéndose visto con su antecesor, le preguntó si se aconsejaba 
de los Padres, i como le respondiese que sí i que le iba mui 
bien en ello, le replicó que él no quería hacerlo; pues no que- 
ría poner la espada debajo del manto de un fraile. Desde 
que fué depuesto de la Gobernación, se declaró irreconciliable 
enemigo de los Padre; estaba persuadido que su deposición 
había sido motivada por la carta que el P. Calvo envió al 
Sr. Prefecto, lo cual sin embargo era absolutamente falso; 
porque ni una letra escribió dicho Padre antes de su deposi- 
ción, ni en la carta que envió después hacía referencia á es- 
tos sucesos. Solo una casualidad hizo que en el mismo día 
en que ocurrieron, llegase á Saraj'acu un comerciante de Ta- 
rapoto, el cual se enteró de lo sucedido, refiriéndolo des^pués 
al Prefecto. 

A raíz de estos sucesos emprendió el P. Calvo un nuevo 
viaje al Mairo para complacer al Sr. Prefecto del Cerro de 
Pasco, quien le había suplicado que hiciese una expedición 



- 99 - 

al río Palcazu, hasta descubrir un rozo grande con una cruz * 
colocada en él, junto á la orilla del río, como señal del sitio 
hasta donde había llegado la primera espedición enviada 
desde el cerro. Pañi su instrucción envióle dicho Sr. Prefec- 
to una reseña de esta espedición; recibida la cual i hechos los 
preparativos necesarios, salió de Sarayacu el dicho Padre el 
22 de ma^^o, llegando al Mairo el 23 de junio. Sin detenerse 
mas que un día proseguió su marcha en el Palcazu, i tres 
días después se halló frente á la desembocadura del río Chu- 
churras, que seguramente es el río que en la espedición cita- 
da se tomó equivocadamente por el Palcazu. No obstante 
de creerlo así, el P. continuó por el mismo río, ya que no es- 
taba bien cierto de cucil de los dos era el que la espedición 
había recorrida; j'a mui tarde de aquel mismo día vio otro 
río sin nombre, al cual apellidó San Vicente, por ser el de su 
santo Patrón; poco más ó menos llevaba este río el mismo 
caudal que el Palcazu, i como ambos corrían encajonados 
entre cerros, era mucha la rapidez de sus corrientes, siendo 
por otra parte mui poca el agua que llevaban para poder ser 
navegables, por lo cual trató de volverse atrás sin haber 
visto el rozo ni la cruz que para señal se había plantado. 

En el puerto del Mairo habían quedado las canoas, i el 
Padre marchó con toda la gente al Pozuzo, desde donde es- 
cribió al Prefecto, que se hallaba en Huancabamba, dicién- 
dole que desistiera de su empeño, pues era inútil, toda vez 
q\ie el Palcazu no llevaba suficiente caudal de aguas para la 
navegación del vapor, desde el puerto del Mairo arriba, 
Añadíale también que él se iba por Huánuco, i que en el Ce- 
rro podrían hablar detenidamente sobre este asunto. Como 
medida de precaución tomó para acompañarle en el camino 
que debía recorer, cinco hombres Sarayaquinos, dejando los 
demás en la colonia alemana, que allí cerca se ha estableci- 
do, donde se quedaron á trabajar. A su llegada al Cerro 
avistóse con el Prefecto,*'quien le manifestó que se hallaba 
comprometido en la empresa de descubrir el camino del Pal- 
cazu, i que solo en él tenía sus esperanzas para conseguirlo. 
He mandado le dijo dos espediciones que me han hecho ;^as- 
tar mucha plata, i tan confuso me hallo ahora como antes 
de enviarlas. En efecto, esta segunda espedición á que el 
Prefecto se refería, salió por el mes de mayo tomando parte 
en ella íilgunos habitantes del Cerro, acompañados de una 

13 



— loo - 

partida de tropa, para' defenderse de los infieles si se presen- 
taban por aquellas partes, i de cien indígenas cargueros i 
macheteros; pero el resultado fué volverse sin mfis ventajas 
que la primera espedición. 

Antes de salir del Cerro el P. Calvo le preguntó el Pre- 
fecto qué era lo que necesitaba para el viaje; á lo que contes- 
tó, que solo deseaba le acompañaran una ó dos personas in- 
teligentes para que le refiriesen lo que habían visto i obser- 
vado; pues siempre quedaría más instruido con lo que ver- 
balmente le refieran que con todo lo que el pudiera co- 
municarle por medio de cartas. Ofrecióse entonces A formar 
parte de lá espedición un apreciable joven, llamado Don Pe- 
dro Dominguez, cuya compañía fué durante todo el viaje 
niui agradable al padre, quien no quiso tomar á su servicio 
los indios macheteros que el Gobernador le ofrecia por que 
tenía afín á su disposición los cinco sarayaquinos de que he- 
mos hablado, con los cuales tenía bastante para atravesar 
toda la montaña; como la experiencia le había enseñado que 
las espedicioues por aquellos países con poca gente, pero de- 
cidida, salen mejor que con mucho barullo i comitiva, así 
admitió solamente cuatro hombres para acompañar al se- 
ñor Dominguez á su regreso desde el Puerto del Mairo, el 
Pozuzo i Huancabamba. Cuatro días emplearon hasta lle- 
gar á la hacienda del Chilachí, cuyo dueño era el Goberna- 
dor de todo el valle de Huancabamba; puso este señor quin- 
ce hombres á disposición del Padre para cargar los víveres 
necesarios, pero tuvo que despedirlos á los pocos días, por- 
que lejos de servirle de utilidad, mas bien le causaban estor- 
bo. A los dos días salieron de Chilachí i !tres días <Iespués 
llegaron al Mirador, sitio que se encuentra en el elevadísi- 
mo cerro llamado Yanachaga. Desde este puntoerade don- 
de debían observarse las pampas i la dirección de los ríos. 
A la llegada de la espedición á este sitio, se hallaba cubierto 
de una densísima niebla que impedía ver objeto alguno; por 
fortuna la atmósfera se despejó por cinco minutos, durante 
los que tuvieron el tiempo suficiente para mirar lo que de- 
seaban, pudiendo ya mas orientados proseguir su marcha. 

Era en extremo molesta la bajada de aquel cerro, lleno 
como estaba de raíces que impedían andar, i tan empina- 
do que en algunos sitios era preciso asirse de los bejucos i 
otros arbustos i dejarse colgar; á veces no se encontraba 



- 101 - 

materialmente sitio doiuleponer los pies, i entonces no ha- 
bía mas remedio que soltar los arbustos i dejarse llevar de 
la pendiente hasta (|ue se encontraba terreno firme. Llega- 
ron por fin los espedieionarios, con las manos i pies ensan- 
grenta(K/S, hasta el Chucliurras, que tiene en aquel cerro su 
manantial, i después de andar tres días mas, atravesaron 
otro río afluente de aquel al cual tributa bastante agua. Co- 
mo el caudal que llevaba era suficiente para sostener una balsa 
i por otra parte todos estaban cansados de andar por aque- 
llos matorrales, mandó el P. Calvo á los Sarayaquinos que 
cortasen unos excelentes palos de árboles que allí híibía, i 
construyeron una pequeña embarcación, en la cual entraron 
para continuar su viaje al día siguiente por la mañana. Re- 
puesto de las pasadas fatigas bajaban contentos la corrien- 
te del río, aunque iban con la incertidumbre de que río era 
aquel; en esta ignorancia i sin advertir el riesgo en que se 
ponían, metiéronse en una corriente tan furiosa, que pronto 
se hallaron sin fuerzas para atraer la balsa á la orilla, cuan- 
do de repente notaron que iban á precipitarse contra un 
enorme peñasco. Advertido el peligro por el Padre, gritó 
con todas sus fuerzas: ¡Sarayaquinos á los botadores!; cum- 
plieron estos con su deber, pero la fuerza de las aguas era 
irresistible i el naufragio parecía inevitable. Estaba el Pa- 
dre en pié á la puerta del camarote, mirando á ambos lados 
por ver si se descubría algún sitio hacia el cual pudiera di- 
rigirse á nado, cuando advirtió que una rama que la Divi- 
na Providencia había dirigido por aquella parte, se enredó 
con el camarote de la balsa, i haciéndole dar una medía vuel- 
ta, la lanzó fuera de la corriente, quedando con este inespe- 
rado auxilio libres del peligro. La rama estropeó la mano 
que el Padre tenía puesta sobre el camarote, pero aunque le 
corrió bastante sangre, no le parecía sentir ningún dolor, ya 
que con aquella pequeñu herida habían escapado de una 
muerte segura. Esto les sirvió de lección para hacerlos an- 
dar más cautos en lo sucesivo, de manera que cuando oían 
el rumor de alguna corriente rápida saltaban en tierra que- 
dando solo dos hombres para detener la balsa, mientras los 
demás seguían el camino por la ribera; i cuando habían lle- 
gado ya más abajo del precipicio, aquellos la soltaban, reco- 
giéndola los otros después. El día siguiente de haberse li- 
bf^íjp ^P ijquel peligro divisaron unas grandes piedras cerca 



- 102 - 

de la o.rilUi, i como las vio D. Pedro Domingucíz dijo: hasta 
aquí llegó nuestra fustrada espedición. ¿Cómo, dijo enton- 
ces el Padre Calvo, no llegaron pues hasta el Palcazu? Por- 
que debe estar mui lejos todavía, replicó el señor Dominguez; 
antes de media hora estaremos, repuso el padre. En esta 
conversación estaban todavía, cuando uno de los saraqui- 
nos dice: Padre, hé aquí el Palcazu; i efectivamente, no dis- 
taba de allí más que unas cinco cuadras. Aunque esto á to- 
dos llenó de alegría, el señor Dominguez esperimentaba cier- 
ta confusión. ¡Es posible, decía, que se haya hecho una es* 
pedición tan ruidosa con el fin de llegar al Palcazu i que, des" 
pues de haber visto sus aguas tan de cerca, nos volviéramos 
sin haber podido dar razón de nuestro cometido? Pero no 
fué mía la culpa; no me faltó valor como no me falta ahora. 
Entrados ya en el Palcazu, como el padre era conocedor 
de aquel río hasta el puerto, se disipó en el ánimo de todos 
la ansiedad natural que antes csperimentaban, mayormente 
desde el riesgo tan inminente que habían corrido de perder 
la vida; no obstante, ya que no todos, algunos al menos de 
los que formaban parte de la comitiva, no dejaron de esperi- 
nientar un pc(|ueño susto aquel día. Fue el caso que'como 
entre diez i once de la mañana llegaron á un sitio en que el 
río forma una pequeña cascada; cre^^endo que había caudal 
suficiente para deslizarse la balsa, no habían tomado ningu- 
na precaución, pero sucedió lo contrario quedándose vara- 
dos en medio del río. No es para descrito el temor que se 
apoderó de los indios del Cerro, al ver que la balsa no podía 
seguir adelante; perdieron el color, creyéndose condenados á 
tener que esperar la muerte en medio de aquellas aguas. Sin 
embargo no corrían ningún peligro, porque solo había agua 
hasta la rodilla; pero con todo, no había palabras bastantes 
para animarles i hacerles salir de la balsa, como era indis- 
pensable hacerlo para sacarla á flote, hasta que para darles 
ejemplo el padre saltó el primero al río i tras él lo hizo el se- 
ñor Dominguez; á los sara3raquinos no hubo necesidad de 
animarles, pues no tenían ningún temor, riéndose á carcaja- 
das cuando veían los visages de los otros indios. Al fin, 
cuando todos estuvieron en el agua, levantaron la balsa por 
medio de palancas i sin dificultad la hicieron mover. Sin 
otro novedad, continuaron bajando por el río hasta llegar 
al puerto al día siguiente por la tarde. Allí se detuvieron 



- 103 - 

por espacio de (los días durante los que el padre i el señor 
Domínguez levantando un plano de los sitios que habían re- 
corrido, i enviaron al Prefecto del Departamento un parte, 
que esta vez pudo ser más satisfactorio que el de la otra es- 
pedición, despidiéndose luego el P. Calvo para el Ucayali i 
el señor Dominguez para el Cerro. 



CAPÍTULO XIX 

Desgracia que cspcrímentaron las misiones, i muerte de 

varios Padres* 

Mientras tenían lugar los sucesos que acabamos de refe- 
rir, las misiones del Uca3'ali espcrimentaban un terrible con- 
tratiempo. Bajaba el P. Calvo por el Pachitea satisfecho 
del buen resultado de su compromiso con el Prefecto del Ce- 
rro, c iba pensando ya en otro viaje que debía hacer el si- 
guiente año para ir al capítulo de Ocopa; entró en el Ucaya- 
h con la satisfacción que esperimcnta el que ha reportado 
victoria de una empresa mui difícil, cuando bien pronto su 
alegría debía trocarse en inconsolable aflicción. Al pasar 
por delante de las primeras casas de infieles Schipibos, que 
habitaban á la orilla del lí :>, hizo dirigir hacia ellas la canoa 
i no dejó de sorprenderle el profundo silencio que en todas 
partes reinaba; entró en una de aquellas chozas i su sorpre- 
sa creció de punto al observar que había cinco sepulturas 
recientes. No tuvo empero que discurrir mucho para averi- 
guar lo queaquello significaba. Uno de sus peones se había 
sentido atacado de las viruelas en el Pozuzo; i retirándose 
al Mairo se hizo conducir por otros dos peones hasta el Uca- 
yali. Esta enfermedad de las viruelas es la más temida de 
los indios; porque dicen que para todas las enfermedades tie- 
nen remedio en el monte, menos para esta. Los dos indios 
que conducían á aquel desgraciado, temerosos del contagio, 
al llegar cerca del Ucayali construyeron una pequeña balsa i 
entrando en ella dejaron al paciente 3'a medio moribundo, 
en la canoa, á merced de las aguas. Al pasar por delante de 
la casa de los Schipibos, viendo estos que nadie la conducía 
quisieron aprovecharla, yendo dos hombres con otra canoa 



- 104 - 

á rccojerla; pero viendo dentro un enfermo en tan mal esta- 
do, lo llevaron con su misma canoa hacia á su casa; pidió- 
les el paciente que le diesen de beber, por que la sed le abra- 
>.aVja, encargándoles el mismo que se lo diesen desde lejos pa- 
ra no inficionarse; hiciéronlo á así los Schipibos i, dando un 
empuge á la canoa, volvió el moribundo á seguir á merced 
de la corriente, sin que nada se supiera de él. Bastó este pe- 
queño contacto que tuvieron con el enfermo, para que se 
contagiase toda aquella gente; i aún que varios de ellos se 
dispersaron, todos perecieron. Los dos indios que le habían 
abandonado, no tardaron en recibir el castigo de su poca 
caridad; porque el uno murió en breves días en el monte sin 
auxilio alguno i el otro se sintió atacado del mal, i afin que 
no murió, comunicó sin embargo el contagio á su mujer qne 
falleció en pocos días. Enfermaron luego dos jóvenes neófi- 
tos, que también murieron; siendo estos únicas víctimas que 
en aquel sitio causó la enfermedad, evitando sin duda que 
hiciera mayores estragos el grandísimo temor que le tienen 
los indios; pues en el acto en que se declaró Sarayacu quedó 
desierto, permaneciendo únicamente los Padres que estaban 
también enfermos, un hombre de cerca de setenta años i dos 
mujeres que habían pasado j^a las viruelas en Tarapoto. 

Afligido en estremo, bajaba el P. referido por el Uca^'ali, 
i aumentaba su tristeza la carencia obsoluta de noticias res- 
pecto lo que pasaba en Sarayacu; pues que ninguna de las 
personas que hubieran podido informarle de lo que ocurría 
•quería hablar con él ni ¡e permitían entrar en sus casas, ni 
'aún socorrerle en lo que él i sus compañeros necesitaban. 
La aflicción se le acrecentaba conforme se acercaba á Sara- 
yacu; aquellas plaj'as que en el verano estaban cubiertas de 
ranchos, i pobladas tanto de cristianos como de infieles, es- 
taban convertidas en un desierto, i por todas partes reinaba 
un profundo silencio. Al llegar al puerto de Sarayacu pare- 
cióle entraren un cementerio, nada se oía, i no se veía perso- 
na alguna; hasta los perros i las gallinas habían emigrado 
con sus dueños, i en el pueblo había crecido la 3'erba lo mismo 
que en un prado. El P. dirigióse en seguida al convento; i 
al abrir la puerta, lo primero que se le presentó á la vista fue- 
ron dos espectros; el P. Bruno Guiu i Fr. Enrique Portóles 
representaban la misma muerte; al verle el P. Guiu le abra- 
zo dicicndole, gracias á Dios ya muero contento. El P. Bar- 



~ 105 — 

gas era el único que les asistía, pero con suma clificultarl, 
pues también el estaba enfermo, el pobre se levantaba de la 
cama para darles algíín alimento, i luego volvía á acostar- 
se. No adolecía de la misma enfermedad que los otros, sino 
que tenía otros achaques causados por la asistencia á los 
enfermos, i la aflicción de que estaba poseído. Contribuía á 
causarles á todos mayores angustias, la iirolongada ausen- 
cia del P. Calvo, i el ver que se les habían acabado ya los 
alimentos; i que no no tenían medicinas ni mévlico alguno 
que les asistiera. 

El dicho P. Calvo había llegado de sn viaje sano i robus- 
to, pero al contemplar aquel cuadro tan desconsolador, sin 
esperanzas de remediar, a lo menos por de pronto, tan gra- 
ves necesidades, le entró una especie de desaliento que poco 
á poco le fué quitando las fuerzas. Los indios que le acom- 
pañaron en el viaje, como vieron á los padres enfermos i el 
pueblo abandonado, se marcharon en busca de sus familias. 
Solo un sueco que recorría el UcayaÜ dedicándose al comer- 
cio, pudo suministrarles algún pequeño auxilio, entregándo- 
les cinco gallinas que pudo recojer por aquellos alrededores; 
grandísima fué la utilidad que este socorro les proporcionó, 
pero era necesario economizarlas, porque ignoraban cuando 
les vendría otro refrigerio, i así solo mataban una cada dos 
días para cuatro enfermos* Había también dos muchachi- 
tos infieles que se quedaron al servicio de los Padres, pero 
no les servían para otra cosa que para traerles el agua i le- 
ña pue necesitaban. En esto el P. Calvo se iba poniendo 
peor, entrándole una inapetencia tan grande que apenas lle- 
gaba á dos onzas el alimento que tomaba; así fué que en po- 
cos días su cuerpo parecía un esqueleto. Entre tanto los 
sara3''aquinos seguían en la emigración i solo de vez en cuan- 
do parecía alguno trayendo á los Padres algún pájaro del 
monte ó algún pescado del Ucayali. Serían ya los últimos 
de Noviembre del citado año 18G0 cuando se presentó un in- 
glés que algún tiempo atrás se había hospedado en el con-, 
vento, i al contemplar aquel triste espectáculo que se ofre- 
ció á su vista, se fué al Ucayali, regresando á los pocos días 
con veinticinco pollos i gallinas para los Padres enfermos. 
Gracias á este alivio, i á que algunos Sara3'^aquinos empeza- 
ban á regresar á sus casas, mejoró algún tanto la situación, 
aunque en nada cedía la enfermedad, sino que al contrario 



- 106 - 

los Padres iban empeorando cada día. Fr. Enrique Portó- 
les fué el primero que falleció, entregando su alma al Cria- 
dor el día 26 de Enero de 1861. 

El P. Calvo había perdido el conocimiento en el estado 
de debilidad en que se encuentraba pero tuvo a lo menos la 
fortuna de recobrar la apetencia, con lo que se le restable- 
cieron algún tanto las fuerzas. El P. Guiu, debilitándose 
mas i mas, murió á primero de marzo, pasando á recibir el 
premio de los sacrificios heroicos á que le había llevado su 
ardiente celo para la gloria de Dios i la salvación de las al- 
mas. Esta nueva desgracia hizo recaer al P. Calvo, que que- 
dó sumido en una gran postración. Dióle luego una especie 
de delirio no pudiéndosele sujetar á que guardara cama; el 
P. Bargas buscó cuatro hombres de mucha fuerza para que 
le sujetasen, pero aunque él había perdido sus carnes jugaba 
con ellos como si fueran chiquillos; rendidos de fatiga tuvie- 
ron que relevarlos con otros cuatro al cabo de una hora, i íi 
estos sucesivamente durante diez horas seguidas, hasta que 
pasado este furioso ataque quedó el Padre aletargado por 
espacio de ocho horas. El Gobernador que era hombre de 
mucha fuerza i uno de los primeros que le habían sujetado, 
le decía después que no podía comprender como era posible, 
que un hombre estenuado por la enfermedad hubiese podido 
rendir tan completamente las fuerza de m/is de treinta hom- 
bres ágiles i robustos. Con este ataque llegó el P. Calvo á 
los últimos trances de la vida, en términos que el P. Bargas 
creyó conveniente administrarle los Santos Sacramentos; i 
cumplida esta obligación de cristiano, creyendo inminente 
la muerte del enfermo, envió un propio á Cayariya llaman- 
do al P. Buenaventura Comellas, que como más antiguo de- 
bía hacerse cargo de la Prefectura de las misiones. A los 
veinte días poco mas ó menos llegó este Padre á Sara3'acu, 
encontrando al P. Calvo un tanto mejorado, aunque pos- 
trado todavía en la hamaca. 

Durante aquella Cuaresma el P. Bargas sola había po- 
dido confesar en Sarayacj, quedando los neófitos de los de- 
más pueblos sin haber podido cumplir el precepto pascual. 
El Padre Comellas acababa también de sufrir la misma en- 
fermedad que los Padres be Sarayacu, de la cual no estaba 
aún completamente restablecido. Viendo este padre que el 
Padre Calvo seguía mejor, trató de ir á los pueblos comar- 



— 107 -- 

canos para hacer cumplir á sus habitantejB con el precepto 
de la Iglesia; i. aun el Padre Calvo no quería permitírselo de 
ninguna manera, viéndole.tan falto de fuerzas todavía, al 
fin accediendo á sus reiteradas instancias se lo permitió. Sa- 
lió, pues, para Santa Catalina, i queriendo principiar desde 
Yanaj'^acu pasó antes por este pueblo, pero le sucedió que al 
día siguiente antes de dar principio á las confesiones esperi- 
mentó una grave recaída en sus dolencias, siendo preciso 
trasladarlo eauna hamaca á Santa Catalina; allí lo coloca- 
ran en una canoa conduciéndole á Sarayacu, donde llegó sin 
esperanza de vi^la. Viéndole en este estado se le administra- 
ron los Santos Sacramentos, muriendo á los cinco días de su 
regreso de Yanayacu, víctima también de su» ardiente cari- 
dad. 

Fatal por todos conceptos había sido, pues, ej año. 61 pa- 
ra las misiones; tres de sus individuos habían muerto i el 
Padre Calvo, convaleciente apenas de su gravísima enferme- 
dad, tenía que dejarles para ir á.Ocopa á toniar parte en el 
capítulo i restablecer cu aquel colegio sus perdidas fuerzas. 
Solo quedaban, pues, el P. Bargas, que seguía achacoso, i el 
Padre Bateítas, que era el único que había quedado sano; 
pero que se hallalxi falto déla experiencia que se .necesita 
para la dirección de las conversiones.de infieles. El P. Calvo 
seguía mejorando lentamente, pero le quedó tal flojedad en 
los nervios, que le era casi imposible • sostenerse en pié; no 
obstante, algo mas aliviado, á fines de mayo emprendió su 
viaje para Ocopo,. aunque con. pocas esperanzas de llegar 
allí. Entró en elUcayali i con los nuevos aires que respira- 
ba iba también experimentando mas alivio, conforme se 
apartaba de los ardientes calores de la montaña, i se acer- 
caba á la fresca atmósfera del Mairo. Mucho le hi;?o sufrir 
la debilidad que experimentaba todavía, en el camino que 
debía recorrer para llegar del Mairo á Pozuzo. Llegado 
aquí descansó cinco ó seis días, i estaba ya preparándose 
para seguir hasta Ocopa, cuando una tarde mientras se ha- 
llaba en conversación con el señor cura de la colonia alema- 
na, el Gobernador Artolá del Pozuzo i otros caballeros que 
allí se encontraban, el Gobernador que entendía algo en me- 
dicina notó cierto visaje extraña en el rostro del Padre, i 
gritando dijo: que le sostuviesen, porque iba á caerse por 
detrás; efectivamente era así, pero uno de los señores que es- 

14 



- 108 - 

tnban preaentes acudió tan tiempo qae pudo impedir d gol- 
pe que hubiera dado de cabeza contra el suelo« Este ataque 
fué de igual naturaleza al que el mismo. Padre había tenido 
en Sarayacu, aunque mas ligero, pues las convulsiones no 
pasaron esta vez de una hora i el letargo duró como unas 
cinco. Quedó sin embargo en estado de.no poder continuar 
su viaje, escribiéndolo asi á Ocapa, mientras.hacta lo mismo 
el Gol^ernador; pero como las cartas se retardaron mucho, 
no llegaron á tiempo i los Padres reunidos pasaron á cele- 
brar capítulo. El R. P. Juan Cuesta fué elegido Guardián, i 
como no se habían recibido las cartas de Sarayacu.en que se 
participaban las desgracias ocurridas, seprocedió.también á 
la elección de Prefecto de misiones, quedando. reelegido el P. 
Vicente Calvo. 

Entretanto restablecióse este de sus dolencias i salió pa« 
ra Huánuco, llegando sin novedad aunque mui débil; de allí 
prosiguió para el Cerro, pero el tener que pasar por entre 
los minerales i la sutileza del aire que allí reina, le causó tal 
impresión, que respiraba. con dificultad i apenas podía dar 
algunos pasos; el frío le consumía tanto más, cuanto ya no 
estaba acostumbrado á sentirlo después de tantos años, pa- 
sados en los ardores del Ucayali. Al pasar por Tama encon- 
tróse con el M. R. Padre Comisario general que. regresaba á 
Lima después de celebrado el capitulo deOeopa, i aprox^echó 
esta circunstancia el P.^Calvo p¿ira hacerle allí mismo la re- 
nuncia verbal de la Prefectura de misiones; pero el P. Comi- 
sario le contestó que la presentase al Directario de Ocopa, 
como así lo hizo ñ su llegada al Colegio, mas los Padres no 
se la admitieron. 



CAPÍrvi^o XX 



Traslación de los Padres Misioneros á Cayariya. 

-^Nuevas molestias que sufrieron. 

Cuando las misiones de Sarayacu necesitaban de la pro- 
tección de todos, para rehacerse del terrible golpe que ha- 
bían sufrido, nuevas contrariedades 4ie le presentaron, que 



— 109 - 

más dé una vez hicieron llegar {{ los misioneros cuasi al es- 
tremo de abandonarlas. Por de pronto el Padre Prefecto, 
Vicente Calvo, no-podía^ volver en ellas, pues la larga i pe- 
nosa enferme<lnd que había sufrido, le exigía imperiosamen- 
te el descanso i unos cuidados que no era dable encontrar en 
aquellas desiertas regiones, i por otra parte era indispensa- 
ble reemplazar aianto antes con nuevos Padres las bajas 
que había ciiusado la gloriosa muerte de los Padres Guiui 
Cornelias. 

En este estado se ofreciero ñ partir para las misiones los 
Padres Fr. Lucas Martorell i Fr. Ignacio María Sans, dos 
sacerdotes á cual más dignos i capaces para desempeñar el 
cargo que iba á confiárseles. Especialmente el P. Martorell 
estaba adornado de las mas bellas cualidades de virtud i 
ciencia, i así fué que P. Calvo no vaciló en nombrarle desde 
luego Vice-preíecto, dándole todas las facultades que él te- 
nía para el réghnen de las conversiones. Partieron de Oco- 
pa ambos Padres á ákimos de Agosto de 1861 i llegados fe- 
lizmente el primero 'á'Sarayaeu, i el segundo á Gayariya die- 
ron principio al ejercicio de su ministerio, instruyendo á sus 
ieligreses con 'tal perfección como nunca* lo habían estado. 
Los jó venes^de ambos sexos i a¿n algunos de mayor edad 
no sok> aprendieron las oraciones más comunes i las respues- 
tas del Catecismo, sino que aprendieron también varios him- 
nos castellanos que cantaban en la hora del rosario i trisa- 
gio i durante la misa de los domingos. Abrieron también 
nuevamente la escuela de primeras letras con gran aprove- 
chamiento dé los niños, dirigiéndola hasta que debieron en- 
tregarlaal preceptor nombrado i pagado- por el Gobierno. 
Todo parecía i augurarles un • risueño porvenir, cuando nue- 
vos disgustos vinieron á entorpecerles su marcha, aunque 
no por cúlpamelas autoridades, pues los dos - Gol^ernadores 
que hubo e» aquella época corrieron en buena armonía con 
los Padres. La causa de estas molestias fué la siguiente: 

El Prefecto de* Mollobamba habí a encargado la forma 
ción del censo de la provincia á un húngaro mui instruido 
que residía <alK: cuando este llegó con su comisión á Saraya- 
se hospedó en el convento como sitio el mas decente de la po- 
blación, recibiémlole los Padres con mucho cariño i sirvién- 
dole con mui buena voluntad con lo poco que allí tenían. 
Agradeció mucho el comisíonodo estos obsequios i manifes- 



- lio - 

tó al Padre superior el deseo de que le acompañase hasta 
dejarlo fuera de los límites de las misiones. Condescendió el 
Padre, cre3'endo prestar un obsequio á la República, con 
acompañar & un delegado del Gobierno. Síilieron erí conse- 
cuencia los dos dfe Sarayacu acompañados del Gobernador 
del distrito, i fueron juntos hasta el sitio llamado Pueacuru. 
Desde que se despobló Saraj'-acu á causa de las viruelas, se 
habían reunido en aquel punto una gran porción de sara3'<i- 
quinos, viviendo cuasi como infieles en unas chozas de hojas 
de caña brava, que con'suma facilidad construían: un co- 
merciante les tenía ocupados en pescar i salar el pescado, i 
en trabajar una chácara que estaba arreglando, i los sara- 
yaquinos bien hallados con aquel género de vida sin acor- 
darse apenas de que eran cristianos no pensaban en volver 
á Sarayacu. Con el objeto de hacerles abandonar aquella 
residencia, que por varios títulos^ nó les convenía, acordaron 
el Gobernador, el hiin;a:aro i el P. Martoroll, que si los indios 
no querían buenamente dejarla les quemarían los ranchos, 
con lo que no se les ocasionaba una gran pérdida, pues & lo 
sumo podrían haber empleado dos ó tres jornales, que en 
aquel año se pagaban tan solo á un real cada uno. Ejecutá- 
ronlo, pues, como habían convenido, sacando primero de los 
ranchos todo lo que había dentro. Hallábase á la sazón au* 
senté el comerciante, cuya casa como demás coste, fué respe- 
tada, pero noticioso del hecho supo pintarlo con tan vivos 
colores que hasta decía haberse quemado 'viva uníi mujer 
anciana. 

Tenían algunos habitantes de Ma^'obamba fuertes pre- 
venciones contra el húngaro i, noticiosos del acontecimiento 
de Pueacuru, no quisieron desperdiciar la coyuntura con 
que se les brindaba para fastidiarle; al efecto pusieron en 
juego todos los resortes, acusándole de incendiario ante los 
tribunales. En un principio no hicieron mención alguna de 
los Padres, pero como sus constantes enemigos tampoco 
perdían ocasión de acusarlos, hicieron de manera que el P. 
Martorell quedase envuelto en la acusación que pesaba so- 
bre el húngaro, sin que se dijese un& sola palabra del Gober- 
nador, siendo así que en caso de haber habido culpa, él hu- 
biera sido más culpable que los otros dos por razón del car- 
go que desempeñaba. Pero, á los acusadores poco les impor- 
taba esto, pues lo que desbaban era que el tribunal proce- 



- 111 -^- 

diera contra el húngaro i el P. Martorcll, aunque quedase 
libre el Gobernador, á quien les convenía tener propicio. 

Pasado algún tiempo el P. Martorell recibió un anóni- 
mo fechado en Aloyobamba, en el cual se le decía que si en 
su declaración culpaba solamente al húngaro^ nada le resul- 
taría en contra de él ni de las . Misiones» i por lo tanto que 
diese este paso i todo quedaría concluido. El Padre, no obs- 
tante, como tenía la conciencia rnás delicada que sus adver- 
sarios, en vez de cometer la acción tan poco decorosa que se 
le aconsejaba, lo que hizo fué enviar el anónimo al señor 
Prefecto, quien conociendo toda la intriga procuró que se 
suspendiera el procedimiento, concluyendo todo con te- 
ner que ausentarse de Moyobamba, el comisionado hún- 
garo. Si el P. Martorell faltó en el suceso de Pucacuru sír- 
vale de disculpa Ui rectitud de sus inte^iciones, que eran pro- 
curar que volviese á Ln. vida cristiana aquella gran myltitud 
de sus feligreses que, con sumo dolor, les veía vivir como in^ 
fieles. 

Aunque como acabamos de decir, este asunto no tuvo 
ulteriores consecuencias para las misiones, continuaron sin 
embargo los Padres esperimcntando nuevos disgustos. Así 
lo escribieron al P. Prefecto, que se hallaba todavía en Oco- 
pa, significándole que se hallaban algo inclin<ados á aban- 
donar aquel trabajo tan ingrato, i regresar al colegio, aun- 
que solo lo verificaron así el P. Manuel Vargas i el hermano 
lego Fr. Manuel Cornejo. Tanto por las cartas de los Pa- 
dres que quedaron, como por las noticias verbales de los que 
volvieron, quedó informado el Padre Prefecto del triste es- 
tado en que se hallaban las misiones, i como él se encontra- 
ba ya enteramente restablecido de sus achaques, determinó 
trasladarse allí para ver si con su presencia podría contri- 
buir á mejorar algún tanto la situación. A su llegada á Sa- 
rayacu pudo convencerse por esperiencia, de que no era exa- 
gerada la pintura que los otros Píidres le habían hecho. 
Apenas merecían la confianza de nadie, i aquellos á quienes 
mas servicios habían prestado, por no comprometerse los 
unos se retiraban tímidamente i los más se unían al partido 
de sus contrarios, calumniando á los Religiosos como los 
demás. 

Era tan intolerable la situación á que los Padres habían 
venido, que en 1863 les vino nuevamente el pensamiento de 



- 112 - 

dejar aqncllas misiones, retirándose todos al Colegio; pero 
esta vez como la otra no supieron vencerla repugnancia qac 
les causaba dejar enteramente abandonadas aquellas po- 
bres almas, que tantos- sudores i fatigas les habían costado, 
i hacia las que sentían un entrañable amor, apesar de la ma- 
la correspondenda que por parte de algunos encontraban. 
Así, pues, lo que hicieron fué adoptar un término medio, re- 
tirándose todos A.Cayarij'a, á donde por la considerable 
distancia de Sarayacu á que se encuentra, rara vez llega nin- 
gún forastero; pero con la inteiKión de visitar de vez en 
cuando los otros pueblos de conversiones, como constante- 
mente se ha hecho, 

A su salida de Sara^'acu, los Padres fueron objeto de 
grandes demostraciones de afecto por parte de los indios, 
quienes, aunque no les profesaban el respeto de antes, ni les 
guardaban aquelias^consideraciones que siempre les habían 
tenido, manifestaron mucho sentimiento por su partida; i 
aun muchos de ellos no sabiendo avenirse á la idea de vivir 
solos sin \íi compañía délos Padres^ quisieron seguirles á su 
nueva residencia, lo que estos no quisieron permitirselo pa- 
ra que después no se dijera que los Padres les habían induci- 
do á abandonar Sárayfieu. No les valió, sin embargo, esta 
precaución, pues á los pocos días de su- partida, el llamado 
partido Pano que predonrinabaen Sarayacu se apoderó de la 
la iglesia j i tomando las-imágenes dé los santos que bien les 
parecieron, los ornamentos dé la-saerístía' i las campanas, 
se fueron á vivir á Caschiboya. En la fundación de este 
pud^l© ninguna parte tomaron l6s misioneros, antes al con- 
trario instaron mucho á Jos indios para que no se movieran 
de Sarayacu; f)ero estos se hallal:yan mui disgustados del te- 
rreno tiempo hacía, i á no Hallarles contenido los Padres, 
mtichos años há que lo hubieran abandonado. La tierra, 
decían, está ntui gastada i no produce á proporción de nues- 
tros trabajos; además tenían que hacer las chácaras mui le- 
jos i se cansaban para'conducir al pueblo sus productos. Lo 
que les era mas sensible era el tener que arrastrarlas ca^noas 

siempre que iban ó volvían del Ucayali, pues hacía como 
unos sensenta años que á causa de una grande avenida rom- 
pieron las aguas á larga- distancia del pueblo, i desde enton- 
ces la quebrada queda seca durante los veranos, teniendo 



- 113 — 

asf que emplear «tete ó ocho horas; para hacer cLcamtno que 
antes hubieran recorrido «n una. 

Con estas disposiciones naturalmente se .aprovecharon 
de la ausencia de los Padres pararealiz^tr sus intentos, aban- 
donando Sara^'acu para ir á. establecerse detrás de la lagu- 
na llíimada CaschJboya (laguna del Chaschibo), por.ha1>er- 
se escapado un Caschibo, cuyo nombre cHeron también á la 
nueva población. El sitio^escQgido era escelen te para vivir, 
atendida la poca inclinación que Jos indios tienen al trabajo; 
pues la laguna es mui grande i nbunda en riquísimos pesca- 
dos, estendiéndose á. -su lado una tmnetisa llanura, en la que 
por estar á cubierto de:las;inniidaciones, podían proporcia- 
narse fácilmente todo lo necesario para la alimentación. 
Apesar de que esta fundación fué determinada espontáncf^- 
mente por los indios.como acabamos de decir, conforme era 
de preveer se echó la cu!pa.á los Padres, propalandosus ene- 
migos que ellos les habían aconsejado el abandono de -Sara- 
yacu para no servir á los Viracochas; pero si bien es falso 
que los Padres dieron -semejante consejo, no lo es el que los 
indios se ausentaran. para ;no.2servirá;las autoridades que se 
les habían puesto. Acostumbrados al poco trabajo que ha- 
cían con los Padres, no podían acomodarse á las continuas 
molestias que les causaban los camerx:iantes, ocupándoles 
sin cesar en trabajos escesivos, como era, de servir de bogas 
subiendo i bajando á Nauta i otros puntos, bajo los ra3'os 
de un sol abrasador; sin que á veces pudieran regresar á sus 
casas en cuatro, seis ó más meses, quedando entretanto 
abandonadas sus chácaras i sus familias. Estas son las ver- 
daderas causas de la emigración, sin que sea preciso recur- 
rir á otras para esplicada; pues al fin no son aquellos indios 
tan faltos de razón que no conozcan lo que les conviene, y 
como ya se les había acostumbrado & desobedecer á los Pa- 
dres, aplicaron las lecciones que se les habían dado para no 
servir á sus nuevos dueños. 

En 1S64 volvió á salir para Ocopa «1 R. P. Calvo, para 
proporcionarse los recursos que las misioiiies necesitaban. A 
su regfeso no halló en el Cerro al Prefecto del Departamen- 
to, que á la sazón lo era el.coronel Santa María, el cual ha. 
bía ido á Huánuco; prosiguió entonces el Padre su camino 
encontrándole en el pueblo de San Rafael. Xa primera pre- 
gunta que le \wo al avistarse fué decirle si había recibido un 



- 114 - 

oñcio que le pasó por el me» de inarzo. Contestóle el Padre 
que no haWa visto semejante oficio, lo cual estrañó mucho 
el Prefecto; pues, según dijo, la autoridad de Mo\''obamba le 
había acusado recibo de él. En esta .nota le decía que avisa- 
se la época de su'llegada al Mairo, porque la Prefectura que- 
ría aprovecharse de sus canoas para hacer un reconocimien- 
to del río Palcazu hasta su confluencia con el Píchisa, á fin 
de facilitar la navegación al vapor por aquellos ríos, de lo 
cual entonces se trataba. No sospechó por de pronto el P. 
Calvo lo que podía haber acontecido con la comunicación 
del Prefecto; pero á su llegada á Ca^'-ariya ya supo que el 
Gobernador la había detenido maliciosamente con otras co- 
municaciones que había recibido. Como después de pocos 
días bajó á visitar los pueblos eomarcanos,< conforme lo su- 
po dicho GobuTnalor, para que no le hallasen todavía en su 
poder las prcdichns comunicaciones las dio á un comercian- 
te para que las entrégase al Padre Calvo, quien las recibió 
la víspera de su llegada á Sarayacu; mas como al recibirlas 
observase que habían sido abiertas, cuando tuvo ocasión de 
avistarse con el Gobernador, no pudo menos de decirle ¿por- 
qué las había detenido tanto tiempo i se las habían manda- 
do en aquel estado?: contestóle que no había tenido propor- 
ción para mandárselas antes i que se las había remitido en 
el mismo estado 'Cn que el las recibió. Al oir el P. Calvo es- 
ta contestación le dijo: pues bien V. sale responsable de ha- 
berse frustrado los planes del Prefecto, alo que no supo con- 
testar sino díciéndole que también 61 sería . responsable de 
otras cosas. 

Acercábase mientras tanto la Cuaresma del año sesenta 
i cinco, i el P. Prefecto emprendió la visita á las conversio- 
nes en compañía del P; Sans, á fin de que los cristianos pu- 
diesen cumplir con el precepto pascual. Seguía aún de Go- 
bernador en Sarayacu el mismo que lo era el año anterior, 
i cuando se hallaban los dos Padres en la mitad del camino 
poco más ó menos, recibieron de él una nota que vamos á 
transcribir sin cambiar una sola letra, ya que por su forma i 
contenido nos sería imposible estractarla. **/?. P: Goberna- 
ción del distrito deSaravacu 18 de Ero. 1865- Al M R P. 
Pito, Fr. Visente Calvo— M R P.—En esta feeha la goberna- 
ción en cumplimiento de sus deberes prebiene á S. P. para 
que desde que toque esta asus manos deje de suministrar en lo 



— 115 - 

Espiritual como manda su sagrada Misions, de la emboca- 
dura de la quebrada de Gallería para abajo, quedando V. P, 
i los demás padres Misioneros, con el campo libre de tranci- 
tnr por todas las tribus que se considera su mayor necesi- 
dad, para su redimición en el Ucayali arriba del punto pre- 
lucido que lo es de dha embocadura Gallería — Dios gua á V. 
P.— Sigue la firma. (1) 

Por el contesto de este original documento puede tras- 
lucirse á que clase de hombres pertenecería nuestro Gober- 
nador. Para desgracia de aquel distrito, á escepción de dos 
ó eres, los demás Gobernadores han sido por el mismo estilo 
tjue este i por consiguiente ¿qué clase de apoyo podían espe- 
rar de ellos los Padres? Indignados con esta nota, prosi- 
guieron los dos misioneros su marcha para Sarayacu, don- 
de deseaban avistarse con dicho Gobernador; pero no tuvie- 
ron ocasión de encontrarle, por haberse ido á Tierrablanca 
por temor de un joven italiano, que le tenía amenazado de 
muerte; desde Tierra blanca buscó otro destino, despidién- 
dose del Ucayali sin volver á Sarayacu, tal fué el temor que 
llegó á concebir al italiano. (2) Era este uno de aquellos 
jóvenes libertinos, de pasiones desenfrenadas, sin temor de 
Dios, ni de las Autoridades (aunque solo de las que suele ha- 
ber en Sarayacu), de aquellos, en una palabra, que todo lo 
atropellan con tal de conseguir sus fines. Este joven, aun- 
que cobarde en estremo, no dejaba de amenazar con revol- 
vers i puñales á cuantos conocía que no le opondrían resis- 
tencia; no así empero con los que se la oponían, como acon- 
teció con el señor Calixto Gobernador de Santa Catalina, 
ante quien se arrodilló pidiéndole mil perdones. El fué el 
primero i el que más incitó al señor Sandi, su paisano, para 
que escribiese cuanto ha publicado contra los Padres. Aun- 



(I) "Para que no se maravillen tanto nuestros lectores de esta carta, recordaré aqai 
que años atrás otro Gobernador no supo ni pudo contestar al P. Martorell, que en cum- 
plimiento de su cargo le había escrito; también el mismo tuvo que dictar la renuncia de su 
cargo á un Gobernador de Sarayacu, i á otro de este mismo pueblo, una simple carta re- 
comendatoria, que quiso dirigir al limo. Diocesano." — Pallares i Calvo. 

(3) "Anterior á este, otro Gobernador ecuatoriano, poco antes que se retirasen los 
Padres á Cayariya, como se ha referido, abandonó su Gobernación de Sarayactf, refugián- 
dose á Nauta, prefiriendo servir al Gobernador de Nauta en el servicio bajo de fámulo, co- 
mo es, de barrer la casa, etc., á regir en su cargo su Distrito, para poder alimentarse. Co- 
mo estamos ciertos de lo que escribimos i de los recursos que le suministramos para su par- 
tida de Sarayacu i viático, solo omitimos aquí su nombre, como es justo. — Pallares i Calvo. 
15 



~ 116 - 

que de pocas luces, como él mismo confiesa, en una carta de 
que mas abajo hablaremos, tenía particular habilidad para 
inventar cuentos chistosos; i como muchos de los que van de 
Sarayacu apenas saben leer, no sobrándoles por consiguien- 
te la instrucción, los tenía embaucados arrastrándoles fácil- 
mente á su modo de pensar. 

Al P. Calvo, no obstante, Je guardaba algunas conside- 
raciones de respeto, á los menos en lo esterior i cuando se 
hallaba en su presencia, pues cuando no le tenía delante ya 
era otra cosa. Deseando este Padre atraerle con dulzura 
para ver si podría evitarse el daño que causaba á la moral 
en aquellos pueblos, le escribió dos cartas; la primera mui 
amistosa i hasta cierto punto humillante para el que la es- 
cribía, i la otra por el contrario mui seria i resuelta, en la 
que le ponía de manifiesto todas las infamias i bajezas que 
había cometido, no solo con los Padres sino también con 
otras personas. Ambas cartas confiólas al P. Félix Padró, 
para que las entregase al interesado, encargándole que si 
veía que la primera producía buen efecto, no entregase la se- 
gunda; haciéndolo tan solo en el caso contrario. Pero suce- 
dió lo que el P. Prefecto había provisto, esto es, que leída la 
primera carta el italiano prorrumpió en espresiones de des- 
precio, creyendo haberle vencido i humillado; pero cambió 
de tono al momento que el P. Prado le entregó la segunda, 
diciendo entonces para justificarse que había sido engañado. 
Para dar más satisfacción al P. Calvo le escribió una carta 
mui humilde, dándole las gracias por las reprensiones que 
en su segunda le daba, proponiendo vivir con más cautela 
en lo sucesivo para no dejarse engañar por gentes chismo- 
sas. Prometióle no tener mas contiendas en adelante i co- 
rresponder á la amistad con que le brindaba, deseando dar- 
le pruebas de ser un buen amigo i buen católico, i por último 
le dada las gracias por el interés que le había merecido, en- 
viando á Sarayacu al P. Padró para salvar sus intereses 
que estaban seriamente amenazados. 

Efectivamente, por aquellos días se había alborotado el 
pueblo de Sarayacu con el objeto de echarle de allí; pues co- 
nocieron los indios que los Padres no iban á visitarles con l?i 
frecuencia que ellos deseaban, á causa de aquel italiano. 
Viéndose este en un trance apurado, no tenía más remedio 
que mal vender todas las cosas i marcharse para siempre del 



- 117 - 

Ucayali. Escribióle á un comerciante que llegó á Caschibo- 
ya, donde á la sazón se hallaba el P. Prefecto, diciéndole que 
si quería entrar en pactos para comprarle sus bienss acudie- 
se á Sara3''acu. Dio el comen:iante á leer esta carta á dicho 
Padre, quien movido á compasión al ver las pérdidas que el 
italiano iba á esperimentar, olvidando cristianamente los 
agravios recibidos, envió, como hemos dicho más arriba, al 
P. Padró ¿í Sarayacu, para que apaciguase álos indios, pro- 
metiéndoles que los Padres irían á visitarles cuantas veces 
pudieran. Cíilmáronse con esto los Sarayaquinos i no inco- 
modaron mas al italiano, pero este lejos de agradecer tan 
marcados favores, olvidó las promesas que había hecho, no 
perdiendo ocasión de calumniar á los Padres de la manera 
más vil. 

Nota. — Por este sujeto conocido con el nombre de Italia- 
no, i otros pocos como él, se determinaron los Padres á de- 
jar Sarayacu. Este italiano se cree que cvr judío de religión, 
i estaba en Sara3'acu amancebado públicamente con dos 
criastianas, madre é hija, etc., de cu^^as hazañas se jactaba. 
Por fin, se haría bautizar, porque se casó. Muerta su man- 
ceba sin confesión fue sepultada en la iglesia de Sarayacu 
por el mismo italiano 



CAPÍTULO XXI 

Éxito desgraciado de una espedición alPalcazu, — Calumnias 
levantadas contra los misioneros. 

En 1865 tuvieron lugar graves acontecimientos en la 
República del Perú; una escuadra española ocupó las islas 
de Chincha, que es de donde el Gobierno peruano saca uno 
de los principales elementos de su riqueza, i las consecuen- 
cias de este suceso que en nada parecía relacionarse con las 
misiones, no dejaron de sentirse de rechazo en los países del 
Ucayali. En efecto, el Gobierno Supremo había dictado va- 
rias medidas acerca de los españoles establecidos en el terri- 
torio de la República, disponiendo entre otras cosas que los 
Prefectos procediesen á la retención de los que residieran en 
sus respectivos departamentos. Túvose, no obstante, el 
buen sentido de exceptuar de las disposiciones de este decre- 



-" 118 - 

to, á los Padres misioneros, pues el Gobierno de la Repúbli- 
ca, no pudo menos de hacer justicia á la rectitud de su pro 
ceder, que ajeno á toda mira política no tenía otro fin que 
la gloria de Dios i bien de las almas. Por otra parte, si un 
sentimiento de justicia no hubiese bastado para trazar esta 
línea de conducta al Gobierno nacional, hubiera debido su- 
jerírsela á lo menos su propio interés; ya que de otra suerte 
el daño principal lo causaba á los pueblos de la República, 
que hubieran quedado privados de los inmensos servicios 
que sin retribución alguna, y á costa de no pocos trabajos, 
les están prodigando los Padres misioneros. 

Si estas conn;dcracicní*s pesaron, como no podía menos 
de suceder, en el ánimo del Supremo Gobierno en favor de 
los Padres, no sucedió lo mismo con alguna de las autor'da- 
des de departamento; i sobre todo con alguno de sus cons- 
tantes enemigos, que no sabían resignarse á desperdiciar la 
favorable conyuntura que se les ofrecía, para echarlos com- 
pletamente del Ucayali, en cuyo punto parece que su presen- 
cia se les hacía sobradamente molesta. Ei. este estado se- 
hallaban las cosas, cuando un comerciante, por su propia 
autoridad reunió como unos cuarenta hombres, marchando 
con ellos hacia Sarayacu. Al llegar al pueblo fué á vistarsc 
con el Gobernador, dejando en el Ínterin á sus reclutas ence- 
rrados en el convento. Ignoramos lo que se trató en la con- 
ferencia i sólo hemos podido averiguar por uno que también 
debía estar comprometido, aunque era enemigo del comer- 
ciante, que la intención de éste era comprometer igualmente 
al Gobernador é irse á Cayariya en busca de los Padres, pa- 
ra llevárselos presos á Moyobamba. Si este era realmente 
su plan, tuvo el disgusto de que se le frustra; porque duran- 
te la noche, los reclutas que no estarían mui satisfechos de 
verse encerrados como prisioneros, hicieron pedazos las ven- 
tanas del convento i se marcharon cada uno por donde qui- 
so, dejando solo á nuestro enemigo. 

Libres los Padres misioneros de esta persecución, no tar- 
daron en ser víctimas de otra más terrible, que vulneraba 
su honor de una manera inicua. 

El Gobierno peruano había hecho gastos de considera- 
ción de los establecimientos de Iquitos, con el objeto de faci- 
litar la navegación al vapor por los caudalosos ríos que 



- 119 - 

atraviesan la RepübUca; i era tiempo ya de praAicar un re- 
conocimiento del Pachitea y del Palcazu hasta el puerto del 
Mairo. para ver de facilitar las comunicaciones de la Capi- 
tal en el departamento de Loreto, i dar impulso al comercio 
con el establecimiento de una línea de vapores, que constan- 
temente surcaran aquellos ríos. El vapor Putumayo fué el 
destinado para dicho reconocimiento; pero este vapor era 
de mui poca fuerza para vencer las corrientes, i por poco que 
se discurriera, era fácil preveer un mal resultado de la em- 
presa. Tampoco hubo buen acierto en la elección de los je- 
fes que habían de diri<>:irla, pues se nombró un Maj'or i un 
primero i secundo comandante, pero que sin que se deslin- 
daran las atribuciones de cada unu. De ello resultó que á 
poco de emprendida la marcha nacieron rencillas entre el 
mayor y el primer comandante, acerca de á cuál de los dos 
pertenecía la dirección del buque; el Mayor pretendía corres- 
ponderé á él, atendida su graduación superior, y el coman- 
dante alegaba en favor suyo la razón de que á él incumbía 
su dirección. No nos toca resolver quien llevaba la mejor 
parte en esta contienda, limitándonos á decir que según tes- 
timonio de uno de los mismos empleados del vapor, á ella se 
debió una parte no pequeña del éxito desgraciado que tuvo 
la expedición. 

Siguieron con esta falta de armonía hasta el Pachitea; i 
habiendo llegado al sitio llamado Isla de Chonta, el prácti- 
co, que no lo sería mucho, les dirigió por el canal de la iz- 
quierda, donde la corriente era mas rápida i había menos 
agua que por la derecha. Como el vapor, según hemos di- 
cho ya, era de mui poca fuerza, no tuvo la bastante para 
vencer la corriente; i arrebatado por la impetuosidad de las 
aguas, dio contra un escollo, abriéndosele un aujero de bas- 
tante magnitud. Arimáronle entonces á la playa para com- 
ponerlo del mejor modo posible, no ya para proseguir el re- 
conocimiento, sino para regresar á Iquitos, No sabemos, si 
el Mayor había salido del buque embarcándose en una ca- 
noa para bajar hasta el Marañón, antes ó después de suce- 
der este percance; pero lo que si es cierto, es que mientras se 
estaban haciendo los reparos de las averías sufridas, el vapor 
quedó á la sola voluntad del comandante, auuque por poco 
tiempo i para desgracia suj'a, como diremos luego. 



— 120 — 

En efeeto, los Cashibos que habitan la orilla opuesta, al 
oir el ruido de los qne trabajaban en la recomposición del 
buque, i tal vez los disparos de alguna arma de fuego, acu- 
dieron en silencio á la ribera, i habiendo observado lo que 
los blancos hacían, dos de aquellos infieles, según su costum- 
bre, se pusieron á dar grandes voces, presentándose á cuerpo 
descubierto, mientras quedaban otros escondidos en la espe- 
sura del bosque. Los oficiales que iban en la expedición, 
incautos i sin sospechar lo que les podía sobrevenir, entra- 
ron en un bote con tres ó cuatro marineros i pasaron á don- 
de estaban los infieles, manifestándoles desde lejos los rega- 
los que les llevaban, para atraerlos é inspirarles confianza. 

Una vez desembarcados, estendieron en tierra un pañuelo 
donde pusieron todas las cosas que traían para agasajarlos, 
pero queriendo hacerles el reparto de ellas por sí mismos, los 
infieles qne no tenían paciencia para aguardar tanto, se 
echaron sobre el pañuelo para llevárselo todo; los oficiales 
quisieron resistirse, pero en mala hora para ellos, pues de 
repente quedaron atravesados por una multitud de flechas, 

• 

que les asestaron los que se hallaban ocultos en el bosque. 

Los marineros, para librarse no tuvieron mas remedio que 
echarse precipitadamente en el agua, abandonando el bote i 
pasando á nado á la orilla opuesta. Esta desgracia debe 
servir de aviso á cuantos naveguen por aquel río, á fin de 
que jamás se acerquen á los Caschibos, á no ser en una pla- 
ya bien descubierta, á donde no puedan llegar las flechas 
disparadas desde el bosque; sobre todo deben evitarse los 
que pueblan la ribera derecha del río, pues aunque á todos se 
les.dá el nombre de Caschibos, que ya hemos dicho lo que 
significa, los de dichas riberas son mas traidores i atre- 
vidos. Arreglado el vapor, los maquinistas que eran los úni- 
cos que podían dirigirlo, después de la cruel muerte que es- 
periraentaron sus desgraciados jefes, hicieron rumbo hacia 
el Uca3''ali, i antes de llegar á él se les reunió el Mayor, que 
ya tenía noticia de la catástrofe ocurrida. 

A la salida de la expedición, se había agregado á ella en 
Sarayacu el célebre italiano de quien hablamos en el capítulo 
anterior, para servir de intérprete á un barón alemán que 
iba también en el buque, i que ignoraba el español; al llegar 
de regreso á Caschibo3''a dicho joven italiano, en unión de 



- 121 — 

aquel otro sujeto que 3'a dijimos había impedido el aumento 
del pueblo de Cayariya, para dar satisfacción al odio irre- 
conciliable que profesaban á los Padres, fueron á avistarse 
con el Mayor i á fuerza de chismes i calumnias procuraron 
persuadirle, que aquellos habían tenido la culpa de la desas- 
trosa muerte de los oficiales. El Mayor por su parte no so- 
lo llegó á sospecharlo, sino que como le convenía para des- 
cargar su responsabilidad ante el Gobierno por el mal éxito 
de la expedición, se adhirió á lo que aquellos dos enemigos 
de los Padres le contaron; diciendo que por no haber salido 
al encuentro de la expedición para saludar á los que de ella 
formaban parte, no sólo habían faltado á la política, sino 
que por esta sola circunstancia se hacían sospechosos de 
aquel crimen. Pero á esta frivola suposición respondemos: 
que si el Mayor no hubiera estado ya prevenido contra los 
Padres, íx lo menos desde que salió de Saraj'acu en compa- 
ñía del italiano i hubiese tenido mejores deseos de aconsejar- 
se con quien podía darle con más exactitud los informes que 
necesitaba, debía haberse tomado la pena de avisar con an- 
ticipación á los Padres, i no pretender que le siguieran en 
una canoa, yendo él con la veloz marcha de vapor. Debía 
saber también que todos los Padres se había retirado al 
pueblo de Cayana, que dista ocho leguas del Ucayali, para 
librarse de la persecución que como españoles sufrían, ¿i que- 
ría el señor Mayor que salieran á felicitarle sin haber recibi- 
do aviso previo de su llegada, de la que ninguna noticia se 
tenía, como quiera que el mismo encargado de proveer de 
leña al vapor sólo la supo cuando vio aparecer el humo á lo 
lejos? Si el Mayor, repetimos, se hubiera aconsejado de los 
Padres, habría recibido tal vez datos mas exactos, así de los 
peligros que ofrece la navegación de aquellos ríos, que el P. 
Calvo había recorrido diez i ocho veces, como también de 
las precauciones que era preciso tomar para no ser víctimas 
de los infieles antropófagos; evitando con esto algunas des- 
gracias, como así se practicó en la expedición que se hizo 
después. 

Como el P. Prefecto de las misiones se hallaba entonces 
en aquellos desiertos; no tuvo oportunidad de leer el terrible 
parte que dicho Mayor envió al Gobierno contra los misio- 
neros, en el cual decía que al pasar el vapor por Cacbiyacu 



- 122 - 

junto á dos casas de infieles Piros, que había cerca del río, 
creyeron estos que iba á abordar en aquel sitio, i reunidos 
en número de cinco 6 seis, tomaron sus arcos i flechas for- 
mandóse mui cerca de la orilla. Esta es la costumbre de los 
indios que hacen dicha ceremonia cuando cjuieren recibir á 
alguno con amistad; mas el Mayor ignorante de esta cos- 
tumbre, creyó que iban á opcnerle resistencia, i se confirmó, 
dice, en lo que le contaron los comerciantes, esto es que los 
Padres habían aconsejado á los indios que se armaran de 
flechas é impidieran el paso á los vapores. Pero francamen- 
te hablando, es mui de extrañar que el Mayor diera crédito. 
á esas patrañas, porque ¿tan desp>rovi'ítos de razón conside- 
ran á los Padres que no conocieran que aun cuando se jun- 
tasen todos los infieles del Ucayali, nin«J^una resistencia po- 
drían oponer con sus flechas á las armas de fuego de que es- 
taba dotada la tripulación, mayormente peleando esta den- 
tro del buque i los otros á cuerpo descubierto? Esto aun su- 
poniendo que los misioneros hubiesen tenido algn interés en 
impedir la navegación; pero no habían dado precisamente 
mil pruebas evidentes de lo contrario? ¿no se recuerdan los 
penosos viajes hechos por el P. Calvo para secundar los 
planes del Gobierno? Estas consideraciones debían bastar 
para contener á aquel funcionario público, antes de lan- 
zar una acusación que destituida de pruebps, no podía me- 
nos de ser rechazada por la conciencia de toda persona hon- 
rada. 

El Prefecto de Loreto D.Benito Arana podría atestiguar 
lo que decimos acerca del carácter pacífico con que se presen- 
taron los infieles Piros; pues en la expedición que él hizo poco 
tiempo después, se le presentaron de la misma manera que 
refiere el Mayor; i cuando los expedicionarios iban ya á pre- 
parar sus armas creyendo ser hostilizados, pudieron conven- 
cerse de lo que les dijo el P. Calvo i que hemos insinuado 
mas arriba, es decir, que aquello no era mas que una cere- 
monia pacífica i amistosa de aquella gente. 



— 123 — 



CAPÍTULO XXII 



Nueva expedición al Falcazu, — Reelección del P, Calvo para 
la Prefectura de las Misiones. 

Muí poco lisonjera es la situación en que habían quedado 
las misiones después de los sucesos referidos en el capítulo 

R 

anterior. A los entorpecimientos que ya desde mucho tiempo 
dificultaban la obra de los religiosos, se había agregado esta 
recrudencia, uue hemos visto, en el odio que les profesaban 
sus enemigos, hasta el punto de hacerles pasar á los ojos del 
Supremo Gobierno como criminales, que no retrocedían ni 
aun ante la complicidad en el asesinato para lograr sus fines. 
A haber animado á los Padres otro móvil menos elevado 
que el que les dirigía, tenían motivos de sobra para abando- 
nar unos trabajos que les acarreaban tan graves sinsabores; 
no obstante no lo hicieron así, sino que permanecieron en su 
puesto para prestar nuevos servicios á la Religión í á la Re- 
pública. 

Deseaba saber el Gobierno si los ríos Pachitea i Palcazu 
eran navegables hasta el puerto del Mairo, para en caso que 
lo fuesen establecer una línea de vapores de la capital al De- 
partamento de Loreto, cuyas comunicaciones serían mucho 
más fáciles i breves por esta vía, que por las de Trujillo i 
Chachapoyas. Frustrada la primera expedición que á este 
objeto se mandó, por el asesinato de dos jefes del vapor Pu- 
tumayo, dispuso el Gobierno que saliera otra encargando 
su dirección al mismo Prefecto del Departamento, que lo era 
entonces D. Benito Arana. Antes de salir la expedición de 
Iquitos, el señor Prefecto pasó una nota al P. Calvo, dicién- 
dole que pasase á Sarayacu el 15 de Noviembre, á fin dar sus 
descargos en el proceso que se había íormado, á consecuen- 
cia de la muerte violenta de los oficiales de que arriba hemos 
hecho mención. Recibió el Padre la nota el mismo día quin- 
ce para el cual se lecitaba, i sin pérdida de momento se puso 
en camino, recorriendo en tres días la distancia que en otras 
ocasiones exigía seis. Gradas á esta rapidez llegó á Sara- 
yacu antes que la expedición; pero no pudtendo sosegar has- 
16 



— 124 — 

ta haberse quitado de encima la calumniosa acusación que 
sobre él pesaba, volvióse á embarcar el día siguiente, con 
ánimo de proseguir hasta que encontrara al Prefecto, aun- 
que para esto fuera preciso llegar hasta el mismo puerto de 
IquitQS.. Al. tercer día que bftjaba por elUcayali, de^cqtírió 
el vapor Morona, en el cual ibíi íiicho Pr^e^to jefe de la ex- 
pedición; i dirigiendo hacia él la canoa, subió al vapor para 
tener la entrevista para la que se le había citado. 

, Coijidújole el ^F^refepto 6 su ^ám^a^ra,; i, en pr^3encia del ca- 
pitán D., Bnfíljio BaWiísan, le hizp y a.ri^s. pv^unt^? r€:la,tivíV9 
al objeto para el cuay| había sidoll^m^dp,.. <?pn)t^stán4Qlc; ¡ej 
P. Calvo entre otras r^pnes lo siguiente:.. ¿será po^iblí?, se., 
ñor Pr^fecto,^que acjuelque ha idg-dp,?;! primea" ínipulsjp 4 esta 
navegación; que; ^finto.s trabajos l\a pndecidp, qpn riesgo de 
perd^f muchas V;eces Ja vi^a, para bu?Qar ej .camino dej .Mai-r. 
ro al Pqzuí^q i el <^el. ^al^íizvi, en cuippJimíenjtp ,de. los die$qp9 
del Gobierno;, que; ^1 que lleva, ga^taflos en estos yi^es.mís 
de tres mil peso3 de los rec^rsos de las ^lisio^^s, Siin bab^r-í 
sele abpn^c^o un me^Jio ni por el Gpbiernp, . »i por Jqs partí- 
culai;es, á esqepcipn dp los doscieqjtps.p^sQs.que. sa .necAuda-r 
ron en el Cerro; que aquel, por último, que tantos deseóos. hcv 
tenido djeVjer.realia^able esta nayeg^ciíin, s^lg^ aljipra con la 
npta.de a^e$ipo, pr^9isam*ei?te de dos oficiales que iban ¿.po- 
ner en práctica el sueño dor^^do de sus dcsvelps? La eu^o- 
ción que le , dominaba i que.l^ hizo ]:^asta.derran?arlágríma3»., 
no le permitió cpnt^i;iuar. El Sr. Prefecto trató d? consolai:- 
le, dicjéndpl^; nunca he podido persuadirme que Vd?. fueran . 
capaces de un. crimen tan hon:endp; i en .prueba.de esto be 
dichp al A^ayor que dio el parte cpntra ustedes,, que si Ips 
Padres se presentaban en el t'ribunal contra él,, no sabía cp- 
mo le irfí^, peligrandp que no saliese bien del asunto; pero yo, 
añadió, pov razón del cargo que .desempen<) he (de averiguar 
los hechos paro, hacer justicia á quien la tenga.. Así lo hi^o 
en efectp: i comp Ijiablaba l^.lengna quichua^ np solo se in-. 
formó de Ips comerciantes i otras personas blancas que po- 
dían enterarle dé los sucesos, . sino, también de los indips, .i 
confrontandq todas Ia3 declaraciones, cpmprendió que todo 
habiá sido una inicua calumnia trancada contra los Padres, 
para de este modo quedar .Ubres su$ enemigos de. la vigilan- 
cia de aquellos, que. les impedían dedicarse con libertad á la 



- X25 - 

c(¡>mpra i venta de los ^luchach^tos inñ^les^ cpn quienes tra- 
ficaban cqmo si jfuprají ¡especies de ganado. . , . , , 

. I Tjrestdiasi se detuvo lia expetlición en Sarayacu^ durante 
lo9cuales<$eocup6 el Prefeeto en las< referidas 'diligencias;* i 
convenícido áU fío de leí completa inocencia de losMisionerosv 
propusjo»al JP* Calívo sipreferíaiquedarse- en Cayariya 6 se- 
guir» acompañando la expedición. Contestóle éste: que sus 
deseos «ran i siempre servir eti ló quis pxidieraá la Religión i á 
)a Repiáblic&t* i poi7 .tanto <)tte no hflciendo falta por entoni- 
cesen lasimisione^rtoidd. veis.qile Gjuedaban cuatro Sacerdo* 
tesidos legos, sien. algo. 86' le juzgaba útili seguiría álaex*- 
pediciójriicoa tanto más güsto^cuanto que así podría dar fin i 
remat^c& una enipresa que tantos trabajos le h^bia costado; 
AgracleciO mucho: el ' PrefectOi estie bffecitniento, diciéndole 
que lo aceptaba; no, solo porque podrid, servirles de Capellán 
de la expedición, sino también porque sus conocimientos 
prácticos de aquellos ríos podrían serles ntui útiles i hasta 
tal vez necesarios. En efecto, el P. Calvó se* había arregla- 
do un mapa del Pachitea i' del P^lcazu,. qué aunque algo 
imperfecto-, le servía para dirigirse en 6Us- viajes, i del mismo 
se sirvió también el comaadante del vapor Morona para He** 
gar hasta eljpu^rt^.^?! ;M^irp., Pad^^, pu^s, las órdenes 
convenientes al Gpbei;naxÍQr. pai^ft que vigilase . la cpnducta 
de ío^qijLe.yeporr^en e^.,ücja^^li, i sqbre todo para, que nadi^ 
se ocUjpag^en el cotnprcio de los.mupli'i^ch-itíp^s.in ni mo^ 

lestftse i^ás á Jo? Pad,res, s^lió. la ??cppdición del . puerto de 
Sarftyacp^jdirigie/idp.pu¡i;um)DiOvhápia Cjfis^^^ ; , 

..DosidíM tardóelraporcn. llegar á este punto,: iniien- 
tra^.^ed^nía léA prqveersedej combustible, í el Prefecto 
aobimpa^adoídel'PJ Cal VIO, 'pasóla: visitar érpueblo,. que dis^ 
tajcomb do^ leg[ua«>del Uoayali; pernotetarduén él, i al: día 
si^uiéhiterrol vieron tempbaho al vapory ootitinuatid'o la mar- 
cha) háidiaiCayariya; Otrob dos días se ñecesitaíron para lie- 
garj&lá dbsembqca^dtsra de'la quebra'da en' que est^' situada 
est^kípioblabión^^iodmb tiabfa mucha leña preparada para el 
vapoar; fué necesario idétenérse ^bástante tíeimpo para su em- 
barque. El Prefecto quiso aprovecharlo, visitando también 
el pueblo de Cayariya i al efecto á la madrugada siguiente 
se. efnbai?(;$ .e,n la montería al Padre; que era mui ligera, 
acoriipaMndole á dibhb Padre, un ayudante i el coman- 



- 126 — 

dante Raigada; mucho les gusto él sitio en que se había 
construido el pueblti, pero sobre todo la linda iglesia i her- 
moso convento que se había edificado, quedando admirados 
de como pudieron levantarse en un sitio tan retirado i con 
tan poca gente aquellos dos edificios. Después de haber al- 
morzado, tomaron los ornamentos sagrados i demás cosas 
necesarias para el Santo Sacrificio, regresando al sitio don- 
de se hallaba el vapor, á donde llegaron como á las cinco de 
la tarde. Durante la noche permanecieron fondeados i al 
día siguiente hicieron rumbo háciá el Tamaya. Aquí se pro- 
veyeron de plátanos i prosiguiendo la navegación, después 
de haberse detenido durante la noche, llegaron como á las 
dos de la tarde del día siguiente frente al Pachitea, cuyo 
acontecimiento fué saludado con salvas de artillería, que 
por cierto asustaron bastante á algunos infieles que se ha- 
bían agregado á la espedicion. 

No proseguimos la relación de este viaje en lo que falta 
hasta la llegada al puerto del Mairo, para no alargardema- 
siado nuestra historia (1), limitándonos á referir lo que me 
dio desde el puerto del Mairo hasta Lima, por tener más 
íntima relación con nuestras misiones. 

Llegó la expedición al puerto del Mairo el 1^ de enero 
de 1867, después de vencer mil dificultades ocasionadas por 
la mala construcción de los vapores, pues el uno era de ex- 
cesivo porte, poniendo en grave dificultad cada vez que se 
ofrecía alguna curva en los ríos; i los otros dos eran mui en- 
debles i de tan poca fuerza, que muchas veces no podían 
romper las corrientes, siendo preciso retroceder alg()n tanto 
i esperar á que se hiciera bastante vapor. Una alegría gene- 
ral se esperimentó en el puerto á la llegada de la expedición, 
así por parte de los que estaban en tierra como por los que 
formaban parte de ella; pues se habían ya consumido las 
provisiones i se padecía necesidad, ó mejor diremos bastan- 
te hambre. El día después de la llegada lo pasó el Prefecto 
ocupado en escribir los partes para el Gobierno, la Subpre- 
fectura de Huánuco i el Gobernador del Pozuzo, lo mismo 



( I ) "El que quiera enterarse detenidamente de los sucesos de esta exi)edición, puede 
consultar el número i8 del Peruano, periódico ofíeial de Luna, correspondiente al tomo 
52, semestre primero. "—Pallares i Calvo. 



- 127 - 

que otras comunicaciones que fué preciso enviar, para quef 
sin pérdida de momento se socorriese á los espedicionarios 
con los víveres que se necesitaban; estos partes fueron entre- 
gados al capitán Baldizán para que los llevase á Huánuco, 
mientras que P. Calvo como conocedor d^l Pozuzo, se ade- 
lantó para comprar todos los comestibles que encontrara, 
á cuyo efecto le había entregado quinientos pesos el jefe de 
la expedición. Cuatro días necesitó para hacer este viaje, 
llegando al Pozuzo él i sus compañeros con las fuerzas des- 
fallecidas por el hambre. Fortuna que antes de pasar el rio 
Huancabamba encontraron la chácara de un indio, que te- 
nía en su choza dos grandes cestos de plátanos maduros, los 
que les sirvieron mui oportunamente para tomar algún ali-. 
mentó, no faltando quien comió hasta veinte de estas fru- 
tas; tal era el apetito que tenía. Inmediatamente de haber 
llegado, entregaron al Gobernador la comunicación del Pre- 
fecto, i así que hubieron encontrado algunas arrobas de 
arroz i fréjoles, manteca, gallinas i otros comestibles, dispu- 
so el P. Calvo que algunos de sus peones los trajeran á los 
espedicionarios, mientras él seguía recogiendo nuefvas pro. 
visiones que les iba mandando, á medida que se presentaba 
oportunidad. A los seis ó siete días llegó el Prefecto, mui 
cansado de subir i bajar por aquellos cerros, i algo molesta- 
do por unas llagas que se le abrieron en las piernas. Descan- 
só unos tres días, saliendo luego juntos para Huánuco. 

Los huanuqueños apenas tuvieron noticia de la proximi- 
dad de los espedicionarios, salieron á recibirles á más de tres 
leguas de distancia, con el entusiasmo que les caracteriza, i 
que se excedió aquella vez al considerar las grandes venta- 
jas, que la ciudad de Huáruco, hoi capital de Departamen- 
to, iba á reportar de aquella expedición, Puéle preciso al 
Gobernador, lo mismo que á su Secretario i á algunos de su 
comitiva, descansar algunos días en aquella ciudad para cu. 
rarse las llagas de las piernas. Solo el P. Calvo, como más 
acostumbrado á aquellas fatigas, quedó libre de semejantes 
molestias, pero en cambio enfermó al llegar al Cerro, como 
solía acóntecerle cada vez que respiraba los aires tan sutiles 
de aquella población. Tres días debió demorar en ella para 
restablecerse de su indisposición, i entretanto el señor Pre- 
fecto se fué á Lima, mereciendo á su llegada los plácemes del 



- 128 - 

Í^Pfi^Sb^^ií^'^. navegjadón qjie él había hec^o.^ Tpes.dfas dea- 
P^^.W^SA <1.|a Wsma ^apital el ,P. Cal yo, en ocasión^d^ aue 
SP e^íí^^^P yapiiblif^nc^ol.as releído f^^\J^^: 
%!l^i?' ^P ^,^^Si'h^ñt^ fW^^.nancv^e ocupaba d(fl. procesf)^g.«e 
se formó á consecuencia de la muerte d^ los jefes dd Putumar 
yo, r-efutando las odiosas calvimnias levantadas .contra los 
Padrps, por las qpe l^s ^uppníañ córppbces en el asesinato, i 
patentizando á todos sil completa inocencia 

Bl Presiideotedela ,RepábHcavqu«<Se!.idtieres(^ba.lmii!ho 
por el éxito. definitivo, de: la L^pedicióm rfialiaada;; no iaolio- pof 
cazón del cargo que desempeña ba^ aia(^.: también. |>Qr<siQ£ nn- 
turaldc-Huénueo, cuya ciudad tan benefic«adai<}d3ÍH;iqiii^t 
dar conremptesA que se/proiy6ctaba^:dti6[ila(Qrdeta riciabnr un 
caminaéspedito. desde el Ro^uíbo jiastavcl .pqcrtojdieJ JtófejLroi 
A: cate fin, nombró una conaiáión- ctím(Diiuesrtaid«; «njing^nier^i 
i cuatro awjcitíares, inteligientea, con&ríe&do ¡la prpsídensia; dcj 
esta Comisión al R. J*. :CalyiP,í:en.iv¡ataTideilo*inf0iiibeí5,qiie 
le dio el :Pt>pfeetOra<*erca oe las-cjíxmnsfcatKrias.queicoiicurrian 
en-este Padr:e, qui^ñ por rafcón de Jaamwciías.recesqíííe ha- 
bí* recorJpido.íiqufjUgilf^aí^Sv »<> teüta^e» j^odaJa n^ep^iWica 
Ortr.^ qu?,lé%{aalaseeti^Lcanocii»ientio-4eil0s cferjfoafqw.el 
camifto^.debia atpav:tí$an Nq qtfteríav «tó etnba.ifgQ,jél .admitir 
e):boQc^ que se.le dispjejiflaba,:.í al íefccí0('pidi6 áV.sffnoir Pre- 
sidentie quie nWnbra^ejefetdie. l^i ,e«$p€iiÍQÍ6icv. ^1 ingewcp>iP.ero 

^o^:rPéi>e9¿as én^ rb^h Jas cosas» i^ieeesaína^oettipq&ndióisá ii»w 

jgftmí suce^ (notable i dunditef elockmínoj^ í Det ^ ^otktííor pa«6 ^) 
rforiH(ranfrsAa^bfa;:rii]0sdei(ncftiyo^piAVitbI eb{9e¿ófíei>^eo«)|tiocti. 
hiiewtJOJdql t«(c»¿tto,r8Ígt¡lciidt> eHhjtta^delJcnttriut^rxiue ie4< áñd 
ntítiríovis^iifÁaíiK iC»ll^*íliBt&( > bl'8Ítioitta«iiá*) 

do ebM?Vadíin'x:otíwí fde/acntoáf dklto/g/'«. t Ntn diíf abaJ">dé bfrcj 
<íeffgt«ve8>díftcld'tádys ílaofao^s4tiiícci6pH3íí tínK}^#tiíioi{^ori4n 
^íOitantderfafiolí^íaail feí iBfáí.ielíqUtítmend^ 
^j^ipor^xstcá, ^arte;:ei-álel (Cp6ohiás>i<^eiftaja8o(i)ft^c$«i jE>dsdQ 
?a>(^élí9hib áióipiín¿ipdbrelc;mgerfifir(ai:^á sits^e^vidjrMci 4}rey¿i»< 
áae\ P. qur>muícpcio6 óirialda'pbdtscálayiSKiiaflIe^ppr^íéfiítpnceis 
en sus trabájosx2íentlñtos,r détéiimifyóldeí aieuct^de^^cofcklibho 
TÁgeniero^ádd(ainithr9e^á udescubBriií'jtCYrenoíiiádi domif^Sfñi^id^l 



— 129 - 

sefíor Cura de la colonia alemana, que también, quiso tomar 
parteen a'qúellóstrábiaj os. Lleváronse diez hombres por lo 
que pudiese ocür'rir i salieron del Mirador, tardando- cerca 
de dos días eñ llegar á lá confluencia de dos quebradas que 
desde áq'úél sitio' páfecta tío distai* más que ftiediiá legua; la 
causa de 'este rejtrááó fueron los rodeos que tuvieron que ha- 
cer, para evltái' los {Precipicios que continuamente se les pre- 
sentábate, i' por los iTíuchos palos i bejucos que habían de 
cortar, ÉÍ querían dar un paso seguro. El estado atmosféri- 
<ío ñó íes era tanípocó'fnüi favorable, siendo tan continuas 
lais lluvias que apenas se les secaba por cortos' momentos la 
ropa que les cubría. ' ' 

Dos dias después de andar por aquellas malezas, encon- 
traron por fin una pequeña pampa, en la que como sitio mas 
á propósito se detuvieron para arreglar su rancho; i desde 
allí hadan sus investigaciones, volviendo siempt:e á descan- 
sar en el mismo sitio. Entre tanto iban pasando los días i . 
disminuyéndose las provisiones; en vista de lo cual, después 
de trascurridos unos once días, ks fué preciso enviar cuatro 
hombres á buscar viveres al Mirador; pues el ingeniero' te- 
nía algunos, i en caso que le faltaran le era más fácil procu- 
rárselos en el Pozuzo. No habiendo regresado aún los peo- 
nes con los víveres que se necesitaban, al cabo de tres días el 
señor Cura tomó la escopeta, para ver si encontraba alguna 
pieza de caza; siéndole tan propicia la fortuna; que mató un 
gran mono maquizapa. No pudiendo sin embargo, saciarse 
con este refrigerio tanto como creían; porque los tres únicos 
indios que habían quedado en su compañía, pues los demás 
habían huido, viéndose con el mono, asaron más de la mi- 
tad i al día siguiente antes de amanecer, cuando el padríe i 
su compañero todavía dormían, se escaparon dejándoles 
abandonados en un sitio mui triste, en la profundidad de 
dos elevados cerros. No decayó por esto su ánimo, sino que 
procurando conservar sus fuerzas con el refrigerio que la 
Providencia les había deparado, se pusieron á hervir el pe- 
dazo de mono que los indios habían dejado, sin mas aderezo 
que agua pura i un poco de sal, pues las circunstancias no 
eran las más á propósito para apetecer esquisitos manja- 
res. Comieron de este refrigerio aunque en corta cantidad, i 
esignados á lo que pudiera venir, esperaban tranquilos la 



- 130 - 

llegada de las provisiones, cuando por desgracia aquella no. 
che el señor Cura cayó enfermo de alguna gravedad, decla- 
rándose en el siguiente día la disentería. Mil reflexiones tris- 
tes les asaltaron entonces i en ninguna parte veían esperan- 
za de alivio; cualquier rumor de las £^uas i movimiento de 
los árboles les parecía señalar que los indios regresaban yá, 
pero niui pronto se disipaban sus ilusiones. Tfataban ya de 
irse solos, pero ¿cómo era posible hallar camino en medio de 
la espesura tan grande del bosque? i ¿cómo podrían pasar 
sin alimento cuatro días «^ lo menos que necesitaban para 
llegar á Mirador? De este modo iban discurriendo al tercer 
día de hallarse en aquella soledad, cuando por la tarde se le 
presentaron dos indios con algunas libras de arroz i un poco 
de carne salada. Al recibir aquel socorro que les venía como 
del cielo, no pudieron menos de dar fervientes gracias á 
Dios, que jamás desampara en la necesidad á aquel que en 
él espera. Pusieron luego á hervir una buena porción de car* 
ne i arroz, pero desgraciadamente el estado del. señor Cura 
no le permitió pasar ni un pequeño sorbo de caldo, tal era 
Su postración. Con esta falta de limenti» se iba agravando 
sü enfermedad i no le quedaba ninguna esperanza de librarse 
de la muerte, careciendo como carecían de médico i de medi- 
cinas á propósito para curar sus dolencias. El día siguiente 
amaneció sereno el tiempo i el enfermo, haciendo un esfuerzo 
sobre sí mismo, se puso en canliilo para Mirador en compa- 
ñí del P. Calvo i de los dos indios, quienes dejaron en aquel 
sitio la tienda de campaña i otros efectos que habían lleva- 
do, seguros de encontrarlo todo en el mismo sitio cuando 
. volvieran, pues no había por aquellos contornos, ni es fácil 
{ivbiese penetrado jamás en aquel punto persona alguna. Pe- 
nosísimo era el camino, atendido el modo como debían veri- 
ficarlo, empleando todo el día para recorrer un trecho que á 
paso regular hubieran atravesado en ipedia hora; el enfermo 
seguía sin apetito, no habiendo probado en todo el día sino 
dos cucharadas de arroz. De esta manera continuaron el 
día siguiente el camino, en medio de muchos» precipicios que 
atravesaron con suma dificultad. Como á las diez de la ma- 
ñana, detuviéronse para arreglar un poco de comida, i mien- 
tras tanto el enfermo para refrigerarse descansaba sobre 
unas piedras, ya que no era dable ofrecerle mas blando lecho 



- 131 - 

en aquella soledad. Rendido del cansancio ó por otras cau- 
zá, comió menos aquel dia que el anterior, sigiendo el cami- 
no con tanta dificultad, que á cada diez ó doce pasos que da- 
ba tenia que pararse otros tantos minutos; era tanta su 
postración que aquel día parecía iba á espirar, de manera 
que afligido el Padre iba ya discurriendo en que sitio ente- 
rraría su cadáver; pues no era fácil conducirlo al Pozuzo, 
atendida la larga distancia en que se encontraban. Tampo- 
co se hacía ilusiones el enfermo, sino que sus pensamientos 
eran idénticos á los del Padre, segán él mismo se lo mani- 
festó después. No obstante, serían como las dos de la tarde 
cuando se observó que el enfermo iba recobrando un poco las 
fuerzas, no siendo necesarios ser tan frecuentes los descansos; 
pero como no convenía abusar de esta pequeña mejoría i por 
otra el tiempo amenazaba lluvia, resolvieron detenerse para 
hacer un rancho, á fin de pasar la noche al abrigo de los 
chubascos. Mientras que los indios se ocupaban en cortar 
algunas hojas de palma, el Padre se fué á buscar leña para 
encender fuego; pues que el enfermo manifestaba tener al- 
guna apetencia; i aunque los alimentos que podían propor- 
cionársele no eran los más apropósitos para su dolencia, á 
lo menos hacia concebir algunas esperanzas, si su estómago 
desfallecido podía reparar de cualquier modo que fuere sus 
abatidas fuerzas. La leña desgraciadamente* estaba tan 
impregnada de la humedad, que no había medio de hacerla 
arder, de suerte que el padre hubiera 3ra desistido de buen 
grado de su empeño, á no haber sido la pena que le daba no 
poder proporcionar algún refrigerio á su pobre compañero. 
Dos horas, pues, hacia que estaba batallando, sin conseguir 
más resultado que hacer un poco de humo; pero al fin á fuer- 
za de cortar astillas secas logró extraer la humedad de la le. 
ña que principió á arder. Arreglaron entonces la cena, te- 
niendo la gran satisfacción de ver que el señor Cura, comió 
un buen plato de arroz, con el desabrido caldo que hizo la 
carne «alada, único alimento de que en aquella soledad po- 
dían disponer. 

A fin de que no se repitiera el trabajo que les había cos- 
tado encender fuego, procuraron mantener toda la noche el 
que habían encendido; á cuyo efecto amontonaron bastante 
leña, que aunque húmeda, se iba sacando al calor de las bra- 

17 



- 132 — 

sas encendidas. Procuraron también dejar preparado el 
arroz que les sobró para poderse con él alimentar á la ma- 
ñana siguiente, como en efecto lo hicieron así, adquiriendo 
de esta suerte el enfermo las fuerzas necesarias para empren- 
der la larga subida, que es preciso h^cerpara llegar al Mira- 
dor. 

Indecible fué la satisfacción que esperimentaron al llegar 
á aquel sitio, i cuando no creían de ninguna manera posible 
llegara con vida el señor Cura, visto el lastimoso estado en 
que le había puesto su enfermedad. A su llegada el ingenie- 
ro mandó preparar una buena comida, que bien necesaria 
les era, después de lo mal alimentados que habían estado 
durante tantos días; pasaron allí mismo aquella noche, par- 
tiendo al siguiente para el Pozuzo, porque el estado del en- 
fermo no permitía pensar siquiera en seguir acompañando 
la expedición; i para evitar el difícil descenso del Mirador, 
se internaron por detrás del cerro Monocanca^ para ver si 
por aquella parte habría una pendiente mas suave i menos 
penosa. Gracias á la divina Providencia, llegaron con felici- 
dad á la colonia alemana, donde el señor Cura se restableció 
de sus dolencias, con las mayores comodidades que pudo en- 
contrar en su casa; pero al P. Calvo se le frustraron sus pla- 
nes de investigación, pues en la misma tarde en que llegaron 
al Pozuzo le dio por primera vez las tercianas que, salvo al- 
gunos cortos intervalos de diez ó doce días, le duraron has- 
ta el mes de noviembre, en cuya época salió para Huánuco. 
En los días que la terciana le dejaba libre, se ocupaba en me- 
jorar el camino que en el próximo pasado año había hecho 
abrir hasta el Mirador, mientras que el ingeniero á fuerza de 
constancia i trabajo lograba encontrar una bajada suave 
hasta la unión de las dos quebradas, i continuaba el trazo 
del camino hasta encontrar el puerto del Mairo. 

Llegó entre tanto la época de la celebración del capítulo 
Guardinal en el Colegio de Ocopa, correspondiente al año de 
1867, i considerando el P. Calvo que de retirarse del trabajo 
para asistir á dicho capítulo, pudiera disgustarse el Presi- 
dente de la República que le había honrado con la presiden- 
cia de aquella científica comisión, escribió al P. comisario 
general, haciéndole presente las circunstancias en que se en- 
contraba; en vista de las cuales, éste le contestó dispensan- 



— 133 — 

dolé de la asistencia á dicho capítulo. En aquel año se acá* 
baba al P. Calvo su segundo sexenio de la Prefectura de Mi- 
siones, pero al proceder los capitulares á nueva elección, le 
reeligieron por tercer¿i vez para desempeñar dicho cargo. 

Mucha pena le causó el recibir esta noticia, pues deseaba 
retirarse á Ocopa, para reparar sus fuerzas debilitadas con 
tanto trabajo; pero sus gestiones para que se le admitiese la 
renuncia fueron inútiles, pues el mui reverendo P. Comisario 
le escribió que, como las Bulas Inocencianas dejan á los Pre- 
fectos de Misiones en libertad para vivir, ya en los colegios, 
ya en las mismas conversiones de infieles, ningún inconve- 
niente había en que apesar de su reelección, se retirase á Oco- 
pa, desde donde podría dirigir las Misiones por medio de 
cartas; como estas razones no daban lugar á nuevas instan- 
cias, obedeció el Padre, aceptando nuevamente su destino i 
regresando al Colegio. Su salida del Pozuzo fué como indi- 
camos más arriba por el mes de noviembre, yendo en com- 
pañía de los demás miembros de la comisión, que habían 
terminado ya sus trabajos, hasta la ciudad del Cerro; en 
cuyo punto se despidieron éstos para Lima, i el P. Calvo 
para Ocópa. 

Llegó á este colegio el 1^ de diciembre, pero cuando creía 
poder descansar en él de todas sus fatigas, se encontró con 
que su temperamento le probaba tan mal, que le sobrevino 
una completa inapetencia de modo que solo tomaba por ali- 
mento un poco de sopa; declarándosele luego una hinchazón 
en los pies, que poco á poco le fué subiendo hasta la mitad 
del c.erpo. Los médicos le deshauciaron, manifestando no 
haber esperanzas de salvarle si no se trasladaba á Lima pa- 
ra disfrutar del temperamento mas benigno de aquella capi- 
tal; pues su naturaleza no podría acomodarse á los fríos de 
Ocopa, después de haber vivido por espacio de tantos años 
bajo la acción de un clima tan cálido como el del Ucayali. 

La dificultad consistía, sin embargo, en poder hacer la tra* 
vesía, porque estaba el Padre tan débil, que apenas podía 
sostenerse en la caballería; como no había empero otro re. 
medio, le fué preciso hacer un esfuerzo y ponerse en camino. 
No es fácil decir lo mucho que durante el mismo sufrió, al 
llegar á la cordillera especialmente, le parecía morirse á cada 
instante. A los pocos pasos que daba, tenían que bajarle de 



— 134 — 

la caballería para qne pudiese descansar un rato, volviendo 
á montarle después; necesitando trece días para hacer el 
viaje que regularmente se hace en seis, i llegando á Lima en 
el deplorable estado que se puede imaginar. No obstante, 
gracias á la benigna influencia de la temperatura de Lima, 
al asiduo cuidado de los Padres del Colegio, i á la inteligen- 
cia de los facultativos, fué mejorando notablemente; de suer- 
te que á los quince días pudo dar gracias á Dios, por verse 
completamente restablecido de su gravísima enfermedad. 



CAPITULO XXIII 

Sucesos ocurridos en las misiones desde 1867 basta 1870. 

Deseáramos poder dar comienzo á este capítulo manifes- 
tando el cumplimiento de las justísimas disposiciones dicta- 
dos por el Prefecto de Loreto, D. Benito Arana, á su paso 
por Sarayacu, en las que se prohibía severamente la compra 
i venta de los muchachitos infieles, i se mandaba guardar á 
los Padres misioneros todo el respeto i consideración debi- 
das. Mas por desgracia, no podemos satisfacer nuestros 
deseos, que sin duda, son también los de nuestros lectores; 
porque lo que pasó en el Ucayali, apenas se ausentó el señor 
Prefecto, fué á corta diferencia lo mismo que pasaba antes, 
si es que no fué peor. 

Para nuestras misiones ha sido siempre un gravísimo 
inconveniente la enorme distancia á que se encuentran, no 
solo del Gobierno supremo de la República, sino también de 
sus delegados superiores. De ahí resulta que por buenos que 
sean los deseos de aquel i por enérgicas que sean las órdenes 
que expida, se estrellan contra la falta de medios eficaces 
para ponerlos en práctica, si los que están inmediatamente 
encargados de cumplirlos no tienen la rectitud de proceder, i 
los conocimientos necesarios para el buen desempeño de su 
cargo, lo que por desgracia mas de una vez ha sucedido. El 
siguiente suceso ocurrido en Caschiboya, confirma lo que 
estamos diciendo. 

Habíanse reunido en dicha población á primeros de Mar- 
zo de 1867 varios comerciantes, para recibir algunas mer- 



— 135 - 

candas que les había llegado de Nauta, i para pasar el tiem- 
po alegremente, se entretenían un día en el juego, como lo 
tienen de costumbre, mientras tanto que apuraban algunas 
copas de licor que de aquel mismo punto habían recibido. 
No tardó en causar su efecto la bebida i viendo el Curaca de 
loo* indios Dionisio Inuma que los jugadores empezaban á 
promover desórdenes, quiso ponerles en paz; pero el Teniente 
gobernador, más ebrio aún que los otros, juzgando sin duda 
que era un abuso del Curaca entrometerse en apaciguar tu- 
multos hallándose presente él, sin reflexión alguna, acometió 
al Curaca espada en mano, aunque afortunadamente no lo- 
gró tocarle, por habérselo impedido los circunstantes. 

Encontrábase en aquella ocasión enCaschiboya el Padre 
Frai Antonio Mejoral i al oir desde su habitación, que no dis- 
taba del lugar del tumulto, las descompasadas voces del Te- 
niente-gobernador i al ver al mismo tiempo á los indios que 
iban reuniéndose para defender á su Curaca, temiendo algu- 
na catástrofe, salió aqresuradamente para sosegar el alboro- 
to, llegando en medio de los contendientes, cuando el Gober- 
nador tenia su espada levantada contr el gefe de los indios. 
Poco trabajo le costó al Padre hacerse dueño de esta arma, 
lo mismo que de un gran cuchillo que llevaba uno de los de- 
fensores del Curaca, prometiendo devolvérselas al día si- 
guiente, cuando estuviesen más tranquilos los ánimos. Con 
sus cristianas exhortaciones logró poner en paz á todos tos 
adversarios i llevándolos á su habitación les convidó á to- 
mar algún refrescante, después de lo cual se despidieron, 
dándole todos las gracias por haber evitado con su media- 
ción las desgracias que hubieran ocurrido. 

Era este Teniente-gobernador, aquel mismo comerciante 
de quién en otro lugar hemos hablado; el que impidió que 
progresara el pueblo de Cayariya, i que sirvió de principal 
instrumento al señor Vargas para escribir el parte en que se 
acusaba á los Padres de complicidad en el asesinato de los 
oñciales del Puturaayo. Como necesitaba ia amistad del 
Curaca para conseguir los hombres que empleaba para sus 
negocios, que por lo común eran todos los del pueblos, solía 
hacerles algunos regalos de ropas ó herramientas; más esta 
vez para desagraviale de la injuria que le había hecho, le 
convidó con el aliciente mejor para el indio, qne es el vino. 



- 136 — 

logrando por este medio que le perdonara la injuria recibi- 
da, Esta segunda reunión tuvo lugar ocho días después de 
la primera i eñ ella quedó tan ebrio uno de los convidados, 
que se cayó dando de cabeza contra un palo, de cuyas re- 
sultas se causó una herida por la que estaba desangrándo- 
se. Noticioso de esta desgracia el P. Majoral, acudió al mo- 
mento, i después de prodigar al herido los auxilios necesa- 
rios, se fué á reconvenir al Teniente por los escándalos que 
daba á los neófitos. Habíase éste ocultado en su toldo 6 
mosquitero, más al ver que el Padre se dirigía hacia él, sa- 
lió furioso acometiéndole con una espada; pero cDmo nota- 
sen esta acción, su concubina i su hermano corrieron á de- 
tenerle, pudiendo arrancársela de las manos. Retiróse el 
Padre á su habitación, mas al «poco rato volvió á salir el 
Teniente armado de dos sables ó largos machetes i se enca- 
minó hacia él, profiriendo las mas soeces espresiones contra 
los Religiosos españoles. Muchas cosas estrañas causa la 
borrachera, i así sucedió entonces que el mismo hermano, 
que impidió al Teniente descargar el golpe sobre el Padre po- 
cos momentos antes, al verle salir ahora tan armado, le si- 
guió gritando que él era quien debía matar á dicho Religio- 
so; de lo cual se ofendió el Teniente-gobernador diciendo, 
que á él era á quien tocaba hacer justicia i por consiguiente 
que se abstuviese de tocarlo. Mucho rato duró esta contien- 
da sobre quién había de matar al Padre i entretanto vino la 
noche, durante la cual se les pasaron los efectos del vino, re- 
tirándose cada uno á su casa. 

Más no por eso s¿ le pasó al Teniente-gobernador la 
mala voluntad que tenía á los Padres, sino que tan pronto 
como tuvo ocasión, mandó un oficio al Gobernador de Sa- 
rayacu, en que le decía que el Padre tuvo la osadía de entrar 
en su casa i levantar el toldo cuando él estaba dentro, para 
ver si tenía en su compañía alguna mujer. Esta calumnia 
no dejaba de ser grave i escandalosa, pero no debió tal vez 
causarle mucho escrúpulo al que antes había contribuido á 
calumniar á los mismos Religiosos como cómplices de asesi- 
nato. El Gobernador de Sarayacu que también era hombre 
que deseaba tener ocasión de acusar á los Padres, comunicó 
el parte al Sub-prefecto de Tarapoto, i no sabemos si este 
lo puso en conocimiento del Prefecto de Moyobamba. Así 



- 137 - 

era como recibían los informes las. autoridades superiores, 
cumpliéndose á la letra lo que muchos años atrás dijo al P. 
Calvo el primer Prefejto de aquel Departamento con estas 
textuales palabras: '*esté V. persuadido, Padre, que cuanto 
** ocurra en el Ucayali, se les ha de achacar á Vds. por estos 
** zafíos que por allí trafican." 

Este mismo Prefecto había dado órdenes mui serías pa- 
ra que fuesen entregados á los Misioneros todos los mucha- 
chos infieles que los comerciantes bajaran por el Ucayali, á 
fin de que aquellos se dedicaran á su instrucción; pero la 
lástima fué que estas órdenes, como tantas otras, quedaron, 
sin cumplirse. 

Entre tanto el P. Antonio Majoral emprendió una es- 
cursión á varios países de infieles, dando cuenta de su resul- 
tado al reverendo P. Prefecto, en una carta fechada en Ca- 
yariya á 7 de Octubre de 1867, en la que entre otras cosas 
le decía lo siguiente: **El día 11 del pasado Agosto, después 
** de haber consultado el parecer del P. Francisco, salíacom- 
** panado de ocho cristianos en dirección á la desembocadu- 
'*ra del río Tambo, para entablar relaciones con los Piros 
**que habitan por aquellos salrededores. Fuimos surcando 
**el Tamaya por espacio de ocho días, durante los cuales in- 
'* tenté trabar amistad con los Amuehuacas, que viven dise- 
•* minados por su contorno, más viendo que no correspon- 
**dían á lo que yo esperaba, fui persiguiendo mi viaje hacia 
"el punto antes indicado. A los quince días de haberme 
** puesto en camino, llegué á la desembocadura del Pachitea, 
** donde tuve el gusto de saludar á los señores Oficiales del 
** vapor Morona, que estaban allí aguardando á una comi- 
** sión que debía llegar de Lima. Recibiéronme dichos seño- 
"res con su acostumbrada benevolencia, mostrándose dis- 
**ppestos á prestar cualquier servicio que se ofrezca á núes- 
**tras Misiones" 

** A las tres semanas de mi viaje me atacó una hinchazón 
•*i dolor tan molesto en la mejilla, que á poco que hubiese 
** aumentado me ponía en mui apurado trance. En medio 
*' del desconsuelo que me causaba el pensar que á causa de 
''esta dolencia se frustraría acaso mi espedición, acudí á la 
*• Virgen Santísima i á mi glorioso patrón san Antonio, sin- 
'*tiéndome repentinamente sin dolor, aunque la hinchakón 



- 138 - 

** fué bajando poco á poco. A los quince días, gracias á Dios, 
** pude continuar mi camino sin otra contrariedad, que las 
** molestias inherentes á esta clase de viajes, y después de 
•* cuatro semanas i media de haber salido de nuestro Hospi- 
**cio, tuve por fin el contento de llegar á la desembocadura 
** del Tambo''. 

**Los indios Piros, con quienes pude avistarme, instruí- 
**dos por la tradición acerca de los grandes servicios que los 
** antiguos Misioneros prestaron á sus progenitores, me re- 
'*cib¡eron con las mayores demostraciones de alegría, i uná- 
" nimente me prometieron reunirse en población, tan pronto 
**como yo me fuera á residir entre ellos. Animado con esta 
** esperanza, bauticé á mas de treinta chiquitos, por sí acaso 
'* alguno moría antes de establecerse allí algún Padre. Con- 
'* seguí también ponerme en relaciones con los indios Cam- 
'* pas mas inmediatos, quienes me hicieron igualmente con- 
'• cebir halagüeñas esperanzas; aunque tengo la dificultad de 
**su idioma que no me es tan conocido como el de los Piros. 
** Con estos resultados, i con la confianza que llegué á abri- 
** gar de poder amansar á los fieros Campas del Tambo, rc- 
'*gresé satisfecho de mi escursión, pasando otra vez á mi 
** vuelta por la tribu de los Cunibos i parte de los Schipibos, 
** haciendo mi viaje con mucha rapidez durante el día i con 
** poco descanso por la noche, para poderme hallar en Caya- 
•* riya el día de san Miguel Arcángel, patrón de este pueblo, 
'*cuya fiesta deseaba celebrar en compañía de los otros P«i- 
"dres". 

** En todo el curso de la espedieión, gracias al Señor, no 
** hemos tenido novedad, aunque nos vimos amenazados de 
** algunas desgracias. Entre otras ocuriencias, un día me 
** encontré con una enorme serpiente, la cual conseguí matar; 
** tenía una vara bien cumplida en grueso, i seis varas esca- 
**sas de largo'*. 

Un año, ó poco más, después de haber regresado el Padre 
Majoral de su espedieión, el Vice-prefecto de misiones. Padre 
Ignacio M. Sans, escribía al reverendo P. Prefecto dándole 
cuenta de otra que él tenía proyectada. Copiamos á conti- 
nuación algunos párrafos de su carta, que servirán al propio 
tiempo para dar á conocer el estado actual de nuestras mi- 
siones. 



•^ 139 — 



** Cayariya, 20 de noviembre de 1868. 

'* Mi amadfsimo Padre: 

** Por la Cuaresma" próxima, Dios mediante, iré á traba- 
** jar en la convertión de los Hiscis-BAquebUy que como sabe 
** V. P. son una parcialidad de los Remos de Cayariya, i es- 
** pero en Aquel que rae conforta, que esta empresa me sal- 
'*drá mejor que la expedición que hice á los otros Remos. 
'* He tenido A mi lado por espacio de más de un año á cinco 
** neófitos de aquella tribu, i he enviado cuatro cíe ellos con 
**el encargo de reunir á sus parientes, i de que una vez reuni- 
**dos volviesen á buscarme; creo que cumplirán con fidelidad 
"su cometido, porque hasta ahora me han dado pruebas de 
** corresponder al amor que les profeso. I no en vano lo ha- 
"cen así, pues me deben el beneficio de la vida, por haber im- 
** pedido yo que se la quitasen los bárbaros Schipibos. El 
** resultado de su comisión confío saberlo por Navidad. Lo 
''que ahora suplico á V. P.,>es que se digne auxiliarme con 
'' recursos i sobre todo coa sus oraciones, para que Dios i la 
*' Virgen Santísima ñor ayuden'-* 

** Como el vecindario de Cayariya es tan corto, como 
** V. F. sabe, he redimido siete jovchcitos Campas, cuatro 
** varones, i tres mujeres, que eran llevados á Nauta para 
•* ser vendidos como esclavos. Además, habiéndome dicho 
*'un comerciante de dicha ciudad, que tenía encargado á al- 
"gunos de los que vagan por el país de los Piros que le pro- 
** porcionaran hasta veinte, le dije que me los entregase i no 
'*no los pusiera en venta, por ser cosa detestable i contraria 
'* á las leyes de Dios i de la República; i que no temiese por 
^ la plata, porque cuanto antes se la entregaría, pues á este 
•* efecto iba á escribir á V^. P., para que sin pérdidade tiempo 
** me la mandase. Si con esto he obrado mal, le suplico me 
** perdone, pero la compasión que me causa ver á estos des- 
** graciados sumidos en tal degradación, me ha movido á 
** obrar de este modo; con esto me parece haber hecho un 
^'servicio á Dios i también á >a República, rescatando de la 
"esclavitud á estos infelices que algún día podrán ser útiles 
" á la sociedad. Procure por tanto V. P. reunir alguna plata 

18 • 



— 140 — 

**i mandármela á Huánuco para el mes de julio, que ^'o ó 
** alguno de los Padres ¡remos á recibirla". 

"Yaqueestoi escribiendo, no puedo pasar en silencio, 
**para que V. P. pueda denunciarlo á quien le convenga, el 
** abuso que cometen algunas tribus del Ucaj^ali, haciendo 
** correrías á otras tribus, c9mo son los Campas, Caschibos 
**Remos i Amuehuacas, que se van destruyendo. Mientras 
**el Gobierno no tome un fuerte empeño en prohibir á los 
** comerciantes la compra i venta de los jovencitos indios, 
** los infieles del Ucayali no cesarán en sus hostilidades con 
"las otras tribus, pues por este medio consiguen lo que les 
•*hace falta para atender á sus necesidades. Pero esto no es 
**aún suficiente, pues debería además reprimir la audacia de 
'* los infieles amenazándoles con la esclavitud i con que se- 
**rán trasportados á Lima para servir de soldados, que es 
**lo que más temor les infunde; i estas amenazas no son su- 
**ficientes, convendría hacer algún escarmiento, que con po- 
'*co bastaiía, pues es sabido que la timidez es el carácter 
•* natural de los infieles'*. 

** S. P. sabe mejor que yo, que ni uno solo de los que re- 
•* corren el Ucayali con el nombre de comerciantes, ha pros- 
**perado con este tráfico ni<ion el de la pesca salada; antes 
•* bien al llegar á los meses de marzo ó abril, todos han de 
•^recurrir á los comerciantes de Nauta; pero como estos los 
** tienen bien conocidos, no los habilitan sino con aquellos 
'*que pueden ganar en un año. ¿Pero cómo es posible que 
** prosperen, 'dejándose dominar por el juego i demás vicios* 
** que le son anejos? Las funestas consecuencias que de estos. 
•* dimanan fácilmente pueden comprenderse; para satisfacer 
**sus acreedores compran los muchachitos de los indios, lo 
"cuales causa de que estos se ocupen en piraterías que no 
** cometerían, si les faltara aquel incitamento. Mientras tan,- 
*'to los hijos de la República Peruana, apesar de la lei de 
"abolición de la esclavitud, son vendidos para sostener los 
"vicios de unos cuantos aventureros. ¡Ojalá que esta carta 
"sirva para poner remedio á tamaño escándalo"! 

Finalmente en otro párrafo dice: "Ahuaitiya ya han 
"acabado enteramente con los Caschivos, no quedando ni 
" uno solo de esta tribu. Los Schipibos que vivieron en este 
" pueblo al principio de su fundación, tienen varios de estos 



— 141 - 

"salvajes en su poder, i sí estas gentes de Cayari3'a tienen 
** tantos, ¿cuántos más tendrán los de otras tribus que son 
** más astutos i atrevidos? Dias atrás bajaban porelUca- 
**yali cuatro ó seis canoas i al pasar por delante de las vi- 
**viendas de los Schipibos de estas cercanías, redoblaron 
*Mos tambores, como tienen por costumbre practicarlo siem- 
**pre que les ha salido bien algunr. correría. ¿Cuántos pues, 
**de estos infelices llevarían en aquellas canoas? 

El martirio sufrido por este Padre misionero, es un glo. 
rioso epílogo de la historia de los continuados padecimien- 
tos i trabajos esperimentados por los religiosos en el ejerció 
de sus evangélicas tareas entre las tribus salvages del Uca- 
3'aH, que hemos referido ya, aunque mui sucintamente en los 
capítulos procedentes. 

La relación que vamos á dar está tomada cuasi textual- 
mente de la que el mismo Padre Sans ha escrito por orden 
de sus superiores, después de haberse curado de las gloriosas 
heridas que le causaron los infieles. 

Con el designio, dice este padre, de abrir un camino por 
el Chanscbamayo, i al mismo tiempo convertir á la fé á 
aquellos pobres salvages, sumidos aún en las tinieblas del 
error, fuíme al colegio de Ocopa, para llevar en mi compañía 
algunos religiosos que ocuparan mi lugar en las reducciones 
del Ucayali, poder yo internarme por el río Unini 6 recorrer 
todo el Chanschamayo, i salir me después por el Tambo á 
dar un estrecho abrazo á mis hermanos por las fiestas de 
Navidad,^ si la Divina Providencia no me disponía antes la 
corona del martirio. El diez de Julio del presente año de 
1869 llegué á Huánuco, i habiéndome presentado al Ilustrí- 
mo Sr. D, Manuel Teodoro del Valle, primer Obispo de aque- 
lla ciudad, le espuse el proyecto que había formado, de fun- 
dar en la desembocadura del Pichis una nueva población, 
con algunas familias de Sarayacu i otras de indígenas de la 
Sierra. Mucho le gustó á S. lima, mi plan; más como por 
razón de la próxima apertura del Santo Concilio Vaticano 
tenía que marcharse á la Capital del mundo católico, no lo 
fué posible por de pronto tomar una parte activa en su rea- 
lización; prometiéndome no obstante su apoyo, publicando 
mis proyectos en los periódicos del cerro de Pasco. 

Así que llegué á mi colegio de Ocopa, se ofrecieron á 
acompañarme los Reverendos Padres Fr. Domingo Burgés i 



- 142 - 

Fr. Francisco Sagols, lo« cuales me concedió nuestro celoso 
Padre Guardián, Fr. Femando Pallares, con el venerable 
Discretorio; después de haberles examinado su vocación i su- 
ficiencia, conforme lo previene nuestra santa regla. A siete 
del mes de agosto salí de Ocopa con mis nuevos compañeros, 
llegando felizmente á la ciudad de Tarma, en donde fuimos 
visitados por los señores Prefectos i Subprefecto del depar- 
tamente de Junín, D. Bernardo Berraudez i don Luis Santa- 
maría; é inmediataraientc vino también á avistarse con no- 
sotros el señor coronel don José Manuel Pereira, jefe de la es- 
pedición de Chanscharaayo, quien me manifestó sus deseos 
de que le acompañase en su viaje. Contéstele que como yo 
era hijo de obediencia, no podía disponer absolutamente de 
mi persona; i por consiguiente que lo escribiría al Rdo. P. 
Prefecto de Misiones, para que resolviese loque estimar mas 
conveniente al servicio de Dios nuestro Señor. Escribíle efec- 
tivamente, diciéndole que esperaría su contestación en la ciu- 
dad de Huánuco, en donde se nos había de reunir el Reveren- 
do Padre Fr. Buenaventura Amer, religioso de los descalzos 
de Lima. Este padre fué quien me trajo la contestación de 
dicho P. Prefecto, en la cual me decía entre otras cosas, que 
si tenía yo algún nuevo plan de Misiones, podía pasar ade- 
lante, aunque fuera abandonando las antiguas é infructuo- 
sas que entonces teníamos^ añadiendo, que él junto con el M. 
Rdo. Padre Comisario General cuidarían de protejerme an- 
te el Gobierno Supremo. Nada mas necesitaba yo para 
obrar con libertad; i así conferencié con mis comp?iñeros lo 
que debíamos hacer, conviniendo al fin en que les acompaña- 
ra hasta el Pozuzo, en cuyo parage nos aguardaban los diez 
i ocho indios que vinieron conmigo en la zureada. Tiernísi- 
ma fué la entrevista que con éstos tuve, i las lágrimas inun- 
daban de tal manera nuestros ojos, que ellas mas bien que 
las palabras espresabah los afectos de nuestros corazones. 
Cuando les repartía yo los regalitos que para ellos había 
traído espresamente, no sabían de que palabras valerse 
para manifestar la estimación que me tenían: Nato queheya- 
mai, Miabirez tiubira quehei. Nato cupi ma Miabirez cupis- 
chamay gritaban en su lengua; mas vales tó que lo que nos 
nos das, por mas que sea de precio, me decían; valiéndose 
de estas i otras mas tiernas espresiones. 

Después de haberse retirado nuestros queridos neófitos. 



- 143 - 

me despedí de mis compañeros religiosos, dándoles un tierno 
abrazo de fraternal amor. El nueve de Setiembre fué el día 
en que tuvo lugar nuestra separación, continuando los otros 
religiosos su viaje para el Mairo, Palcazu, Pachitea i Ucaya- 
li, mientras yo regresaba á Huánuco, donde dejé á los Comi- 
sionados que habían ido á buscar el imaginado oro del Ce- 
rro de S. Matías; desde aquel punto pasé á Tarma á donde 
llegué el día del arcángel S. Miguel, i pasada la fíesta de 
nuestro glorios.o patriarca S. Francisco, proseguí el día cin- 
co de octubre mi viaje al Chanschamayo á cuyo punto llegué 
felizmente el día después. Hospédeme en una hacienda lla- 
mada Haaeará, cuyos dueños me recibieron con mucho ca- 
riño; i después de haber descansado como tres días, durante 
ios cuales recibí las visitas de otros varios hacendados que 
viven en aquel hermoso valle, partí en compañía de algunos 
de ellos para el valle del Quimirí, atravesando el río por un 
puente de cadenas que antes había colgado el señor Coronel 
Pereira, sies ó siete cuadras mas abajo de la desembocadura 
del Oczabamba, internándome después hacia la montaña. 

Con indecible gozo de mi alma daba fervientes gracias á 
Dios por la merced que me hacía, en disponer que fuera yo el 
que después de tantos años tuviese la dicha de poder visitar 
los sepulcros de nuestros hermanos, gloriosamente martiri- 
zados por la misma causa que me Hevaba á mí á aquella re- 
gión. Biitretenido rae hallaba con las reflexiones que me su- 
gería el recuerdo de aquellos ínclitos atletas de la fé, cuando 
hé quí que se me presentan á la vista las ruinosas paredes 
del templo que había levantado en medio de aquellos desier- 
tos, el V. P. Fr. Francisco de S. José en 1750, cuando en 
nombre de Jesucristo lanzó á los demonios que tiranizaban 
las almas de aquellos infelices salvajes. Profundo dolor rae 
causó aquel espectáculo de destrucción, que rae enseñaba 
cuan estériles habían sido tantos desvelos, iatigas i sangre 
derramada, para fertilizar para siempre aquella tierra in- 
grata. 

Siguiendo mi derrotero, llegué por la orilla del río á otra 
hermosa Pampa, en «no de cuyos estremos se dejaban ver 
varias casas de infieles, coa sus chácaras sembradas de yuca, 
maíz i hermosos plátanos; subí la cuesta llamada de San 
Bernardo, desde cuya cumbre se presenta á la vista la pin- 
toresca llanura del Carmen. Bajando un poco se encuentra 



- 144 - 

al estremo otra pampa arenosa, un poco más elevada qoc 
la primera, en la cual fijó su campamento el señor Coronel 
gefe de la espedición, de que más arriba he hablado, ponién- 
dole por nombre la Merced. En esta pampa del Carmen pe- 
recieron á manos de los salvajes tres celadores i hubiera pe- 
recido también un ayudante, á no haber id o montado en 
nna caballería. La naturaleza del terreno favorecíalas agre- 
siones de los indios, que podían resguardarse impunemente 
detrás de la maleza que todo !o cubría; por la cual fué preci- 
so reducirla á cenizas para despejar el terreno. 

Llegué por último al pueblo de la Merced como alas cin- 
co i media de la tarde, sin sospechar que fuera aquel el sitio 
que me tenía reservado Dios nuestro Señor para el combate. 
El señor Pereira i toda su comitiva me recibieron con la ma- 
yor atención i respeto, prohibiendo que se disparase rifle al- 
guno i que por mas infieles que se presentaran, de ninguna 
manera se les hostilizase; sino que antes de entrar con ellos 
en relaciones de ninguna clase, me llamasen primero á mí, 
para que les hablara en su ndioma i procurase el modo de 
amansar aquellas naturalezas feroces, por todos los medios 
que la religión i la prudencia me enseñaran. De allí pasé á 
Santa Rosa de Quimirí, donde por de pronto hube de conten- 
tarme mirando algunas de las muchas casas que había en la 
parte opuesta del río; pero al día siguiente aparecieron fren- 
te del pueblo diez ú once chunchos que iban á cultivar la chá- 
cara, que mas tarde sería el teatro de mis sufrimientos. Avi- 
sáronme que en la orilla del mismo río, frente á la emboca- 
dura de la quebrada del Toro, había una casa; traté de diri- 
girme á ella para darme á conocer como amigo á sus dueños, 
i cuando estaba ya cerca, vi que no era una sÍ!io que mas 
bien eran tres las que allí se encontraban. Llamé varias ve- 
ces desde alguna distancia corta, pero nadie quiso respon- 
derme; por lo cual viendo que eran inútiles mis esfuerzos 
de entrar en relaciones con ellos fui me de allí. 

El único móvil que me había animado á acompañar á la 
espedición era la esperanza de poder hablar i convertir á la 
fé á los infieles, pues de otra suerte no me hubiera puesto en 
camino; ya que por razón de mi instituto no quería ni podía 
ser capellán castrense. Poco á poco pude lograr el objeto 
de mis ansias, porque en los días trece, catorce, quince i diez 
i seis de octubre, conseguí tener una entrevista con tres sal- 



- 145 - 

vajes del valle de Quimirí; aunque solo nos hablamos de una 
á otra orilla del río. Desde aquella en que me hallaba yo, 
les echaba algunas bugerías, á las que correspondían tam- 
bién con lo que su pobreza les suministra; en uno de los cita- 
dos días les enseñé el Crucifijo que yo llevaba, i al verlo los 
salvajes, junto con la novedad de mi hábito les inspiró mu- 
cho confianza para conmigo; confianza que les subió de pun- 
to, al saber que yo era Padre i por consiguiente quenada de- 
bían temer de mí. Si algún otro se les presentaba separado 
de mi compañía, le rechazaban con amenazas, limitándose á 
preguntarle donde estaba el Padre i porque iban sin'él. Vien- 
do yo esto i que por otra parte mi presencia era para ellos 
una señal inequívoca de confianza i amistad, el día diez i sie- 
te, que fué la tercera dominica de octubre, les prometí que 
por la tarde del mismo día pasaría á la parte del río en que 
ellos estaban, para vernos así j tratarnos más de cerca, i que 
al mismo tiempo les traería hachas, machetes, cuchillos i 
otras cosas. 

Por la tarde pues, habiéndome encomendado A Dios, á 
la Virgen Santísimas i á los Santos Patrones de nuestras mi- 
siones, me embarqué en una balsa con cinco hombres que me 
habían acompañado ya en los días anteriore.s, i atravesamos 
el río, en presencia de un considerable número de personas, 
que elevaban sus oraciones á Dios, implorando su protección 
á favor nuestro; mientras nosotros llegamos con felicidad A 
una isleta mui cercana al lugar donde se hallaban los salva- 
ges. Hacíanme éstos señas invitándome á que acabase de 
llegar al sitio en que ellos estaban, pero no creí prudente en- 
tregarme de una vez en sus manos, teniendo como tenía an- 
tecedentes de las desgracias que habían sucedido á otros re- 
ligiosos. Viendo ellos que yo no quería moverme de la isla 
i que les invitaba á reunirse conmigo, uno se arrojó al agua 
con el mas decidido valor i, atravesando á nada el canal que 
le separaba de la isla, se quedó dentro del agua, sin atrever- 
se á saltar en tierra, hasta que habiéndome metido yo tam. 
bien dentro del río i aq^asajádole con algunos regalos, logré 
disipar sus temores i llevármelo hasta la orilla, donde tuvi- 
mos largo rato de conversación. Después de todo esto se 
regresó cargado de herramientas, advirtiéndonos antes que 
no nos fuésemos; pues volvería luego para traernos algunas 
papayas, pinas, maíz i una yerba que ellos llaman Chupis- 



- 146 - 

chi, de la cual hacen mucho aprecio. Cumplió como lo ha- 
bía ofrecido, volviendo otra vez á nado cargado con sus re- 
galos; i habiendo conversado otro rato conmigo, nos despe- 
dimos, dándonos cita para d día siguiente, en el que tuvi- 
mos nuestra entrevista como en el anteri or, sin mas diferen- 
cia que el mostrarse el salv^aje un poco menos receloso. Su- 
cedióme en este día que habiendo colocado sobre unas pie- 
dras el crucifijo junto con mi sombrero, ei pobre indio cauti- 
vo sin duda par la novedad que le ofrecían una i otra cosa, 
tuvo la debilidad de tomársemelas, arrojándose al río con 
ellas; mas al oir las voces que le daba i al ver que jome ponía 
triste, tuvo la generosidad de detenerse i restituirme lo que 
me había quitado. En los tres días siguientes, mis ocupa- 
ciones rae impidieron acudir al lugar de nuestras conferen- 
cias, aunque los indios estaban aguardándome ya en la con- 
sabida isla; pero las reanudamos después estrechándose ca- 
da día mas nuestras relaciones, é invitándome siempre el in- 
dio á quien primero había conocido, que fuera á su casa; 
añadiéndome que no tuviese recelo alguno, porque él no era 
chuncho sino Cuyaco; que quiere decir, sacado del Inga Cu- 
yani. Amante 6 amigo. 

Por fin, el domingo día veinte i cuatro, que era precisa- 
mente el cumpleaños de mi promoción aldiaconado, habién- 
dome encomendado á Dios i á los Santos mis protectores, 
tomé la resolución de pasar, no ya á la isla, sino á la misma 
tierra i posesión de aquellos infieles, que tan ¡gratamente de- 
bían corresponder al interés que por ellos me tomaba. En 
este día fueron mas abundantes los regalos por ambas par-i^ 
tes, trayéndoles yo cuanto me habían pedido en el día ante- 
rior i además una hermosa hacha americana. Quedaron tan 
satisfechos con estos regalos, que no sabían como espresar 
su alegría; i especialmente el que se quedó con el hacha, se la 
puso entre las manos, levantándolas al cielo, mientras diri- 
gía algunas palabras á lo alto. Jo que no dejó de afectarme 
é infundirme mas valor para ir hasta su casa, que distaba 
poco de allí. Encaminábame al lugar determinado, bien le- 
jos de sospechar que iba cómo un cordero á ser entregado á 
las manos del sacrificador; á poco de haber llegado á su ca* 
sita i cuando tenía ánimo de retirarme, observé que el buen 
hombre se ponía triste i me hacía señas de que marchase; no 
aguardé á que me lo digera otra vez, cuando hé aquí que al 



- 147 — 

volver yo la chbeza, vi dos arcos i dos atadítos de flechas, 
arrimados al tronco de un árbol; al ver yo aquello pregu«}té 
al joven indio, que era lo que significaba; á lo que pareció 
decir, que no creía fuera preparado contra mí. No obstaite, 
como los síntomas no eran nada tranquilizadoras, tracé de 
retirarme, haciéndome acompañar siempre del salvage i di- 
rigiendo la vista hacia todos lados, para evitar cualquier 
sorpresa; así llegué hasta donde el peligro no parecía tan 
evidente i, volviendo entonces la vista atrás, observé que 
un caballero que me acompañaba, se había detenido á ha- 
blar con un salvage; llámele varia? veces gritándole, que se 
apurase porque había peligro; sin embargo, él con sus demo- 
ras daba lugar á que se preparase una emboscada que, aun- 
que todos ignorábamos, yo no obstante la recelaba. En vez 
de pasar adelante i ponerme en campo libre, me vino la idea 
de acercarme á él para llevármelo de una vez; después de lo 
cual regresé al lugar donde antes estaba; mas al volver la 
cabeza para ver si dicho señor me seguía, lo que vi fué salir 
de entre los matorrales, como una manada de lobos, á una 
multitud de bárbaros armados de arcos i flechas, que pron- 
to hubieran acabado con la vida de este pobre misionero, 
que poco há les convidaba con la salud i la vida; si Aquel 
que defiende á los que militan bajo la bandera de la Cruz, no 
le hubiese cubierto con el manto de su protección. Tomé en- 
tonces la definitiva de escaparme; pero en el mismo instante 
una flecha de chonta dentada, vino á traspasarme el codo de 
parte á parte por debajo el hueso, aunque sin lisiármelo, ni 
romperme ningún tendón, mientras otra se me clavó en la 
parte superior del brazo, rompiéndose dentro al tocar con el 
hueso. Al sentirme herido, levanté las manos cielo escla- 
mando, jjesus!; i hé aquí que al dar las espaldas á mis per- 
seguidores para escaparme de su furia, siento clavarse otra 
flecha en el espinazo con grande ruido; peligrosa hubiera si- 
do esta herida, pero gracias á la Divina Providencia, vino á 
dar contra una banda compuesta de cuatro sartas de cuen- 
tas como de rosario, que el mismo salvage de que antes he- 
mos hablado me había puesto, la que resistiendo á la pene- 
trante punta de la flecha, la rechazó i rompió. Recuerdo 
que, al oir el ruido i sentirme la punzada, dije: A dios; estoi 
muerto: i caí sin poder dar un paso, por habérseme parali- 
zado las piernas, á causa de una afección nerviosa; mas con- 
19 



— 148 — 

tra lo que yo temía, observé que las fuerzas nd se me dismi- 
nuían; pasándome la mano por las espaldas, no encontré la 
flecha que creí me mataba, i animado con esto, me puse á 
andar á gatas, hasta ponerme en medio de mis fieles defen* 
sores. Valencia i Aguilera. Este último que me defendía á 
pedradas, díjome: ¡ai, Padre, gracias á Dios!; i llorando se 
abalanzó hacia mí, que me estaba con los brazos cruzados i 
los ojos al cielo, i colocándome sobre sus espaldas, me con- 
dujo hasta ponerme en la balsa, 

En medio de este crítico lance. Dios me favoreció con 
una fortaleza mui superior á lo que podía esperar; quedán- 
dose maravillados los circunstantes al oir las palabras de 
aliento que profería el que irremisiblemente habían creido 
muerto. Apenas estuve en la balsa, nos encaminamos á la 
otra orilla del río en compañía de los citados Aguilera i Va- 
lencia, del señor Relayase i de los otros dos individuos que 
nos habían acompañado; cuando faltaban tres ó cuatro va- 
ras para llegar á tierra, se arrojaron al agua dos de los bal- 
ceros para contener la balsa; pero toda su fuerza fué poco 
para dominar la de la corriente, i viendo yo el riesgo de que 
fuéramos á chocar contra un pedrón que más abajo había, 
con lo cual corríamos peligro manifiesto de ahogarnos, heri- 
do como estaba, no tuve mas remedio que arrojarme al agua; 
pero aunque no sabia nadar i que las heridas naturalmente 
debían estorbarme, gracias á Dios alcancé felizmente la ori- 
lla. Cuando estuve en tierra; volvieron á llevarme cargado 
sobre sus espaldas mis buenos compañeros, i al llegar á la 
cuestecita del pueblo, dos de ellos asiéndose los brazos, for- 
maron una especie de asiento, sobre el cual me llevaron co- 
mo en una silla de manos. Así me condujeron hasta dejar- 
me en en medio de una multitud de personas, entre las que 
había el señor Coronel, que deshechos en lágrimas i sollozos 
se precipitaban sobre mí, para besarme el santo hábito, es- 
pecialmente en las partes atravesadas por las flechas. Pro- 
curé consolarlos á todos, especialmente á dicho señor Coro- 
nel que estaba sumamente afligido. 

Después de haberme prestado los primeros auxilios, me 
hicieron guardar cama, sobreviniéndome una fuerte calentu- 
ra que me duró unas veinte horas; mas no creo fuese ocasio- 
nada por las heridas, porque estas, conforme á lo que me ha- 
bía pronosticado ya el Dr. D. José Zapater, quedaron cica- 



- 149 - 

trizadas á los tres días; sino por el golpe que me dio el señor 
Relayse, cuando estando yo echado en tierra, cayó con todo 
su peso sobre mí al huir de la persecución de los bárbaros. 
Cuatro días estuve en cama, pero al levantarme apenas me 
podía sostener en pié; sin duda por la falta de la sangre que 
había perdido. 

Al concluir esta relación, puedo no obstante asegurar, 
que jamás he tenido ninguna llaga, ni contusión alguna que 
me haya dolido menos que los flechazos que recibí; solo el 
hueso me dolía un poco, al mover el brazo. Así es como pa- 
ga Dios á los que se esponen á los trabajos i sufrimientos, 
para trabajar en su santo servicio. 



CAPÍTULO XXV 



Relación de las principales producciones del Ucayali 

Muchos son en número los que han escrito acerca las 
producciones de las montañas del Pera, así en lo tocante al 
reino vegetal como al animal; pero como la maj'or parte de 
los escritores que de esto sé han ocupado, lo han hecho sin 
haber penetrado jamás en el interior, ó si lo han verificado 
algunos ha sido con mui poca detención, resulta que han de- 
bido escribir, ó fiándose de los informes que les daban perso- 
nas no siempre bastante enteradas i veraces, ó cuando me- 
nos no han podido averiguar muchas particularidades, cu- 
yo conocimiento solo se adquiere con una dilatada perma- 
nencia en el país i después de haberlo atravesado por distin- 
tas veces en varias direcciones. El sabio naturalista D. An- 
tonio Raymondi es sin duda el que mas acertadamente ha 
escrito sobre esta materia, tanto por los muchos viajes que 
ha hecho por todas las montañas del Perú, como por su ad- 
mirable talento i rara memoria, acompañados de sus gran- 
des deseos de poner en conocimiento de sus lectores los pro- 
ductos de aquellas regiones privilegiadas. Pero como sus 
obras sesguramente no llegarán á manos de muchos, por ser 
mui voluminosas i descrecido costo; creemos por fin prestar 
un obsequio á nuestros lectores, dándoles, por conclusión de 
nuestra obrira una relación de las producciones mas impor- 



- 150 - 

tantes cíe los países del ücayali, sacada de los conocimientos 
que por nosotros mismos hemos adquirido, durante nuestra 
larga perqianencia en dichas regiones. 

Entre los productos vegetales debemos dar un lugar pre- 
ferente á la zarzaparrilla; esta preciosa planta, de que tanto 
uso se hace en la medicina de algunos años á esta parte, se 
encuentra en mucha abundancia en las riberas del Píscbquí, 
del Cuscbi'Rhataeyy del Yapa-atí, i en general en toda la ori- 
lla izquierda del UcajÁli; pero de ninguna parte se ha estraí- 
do en tanta cantidad como del Ahuuyti-ya, Es digno de la- 
mentarse el abuso cometido en los zarzales de este río des- 
de 1851 en que aumentó el precio de la zarza; pues algunos 
comerciantes, sin cuidarse mas que de las utilidades que po- 
dían sacar de presente, encargaron la recolección de este pro- 
ducto á los infieles; i como estos torapoco miran al porvenir, 
arrancarron sus plantas de raíz, sin cuidarsede plantar otra 
vez la raíz que está unida al tallo; de donde vino que queda- 
ron enteramente destruidas aquellas plantaciones, cuando 
si se hubiese tenido semejante cuidado, cada año se habrían 
podido extraer muchísimas arrobas de aquel artículo. 

En cuanto á comestibles, los principales son: la yuca, el 
camote, arroz, maíz frijoles i maní; para recojer los cuales se 
requiere mui poco trabajo, gracias á la imponderable fertili- 
dad del terreno. La caña dulce, que también se cría allí, á 
los ocho meses ya tiene flor, i produciría por espacio de mu- 
chos años, si los indios supieran cultivarla i tuvieran los me- 
dios para hacerlo á propósito; pero como no los tienen, i 
por otra parte el terreno no escasea, al segundo corte prefie- 
ren hacer una plantación nueva, abandonando la antigua. 
El café da cosecha á les tres años. En los bosques abundan 
también el cacao de superior calidad, pero como nadie se to- 
ma el trabajo de recojerlo, sirve únicamente de alimento pa- 
ra los monos. 

Aunque no todas las comarcas son á propósito para la 
cosecha del algodón, se recoge no obstante en abundancia i 
de mui buena calidad en los terrenos inmediatos al Ucayali. 
En la montaña se encuentra un árbol mui elevado, que pro- 
duce una especie de seda mas suave al tacto que la de los gu- 
sanos, pero no se puede hilar por su poca consistencia; los 
indígenas le dan el nombre de hiumba i la recogen para co- 
locarla en una de las estremidades de las flechitas llamadas 



- 151 - 

virotes, las que mojan con el veneno ticuna i arrojan con un 
soplo, después de haberlas metido dentro de una cerbatana. 
No debió de producir buenos resultados el proj-ecto del te- 
niente de marina americana Herdon, quien había recogido 
una gran porción de esta seda en Sarayacü con el objeto de 
hacerla hilar i tejer, mezclada con seda común; pero repeti- 
mos que no debió de producir grandes resultados este pro- 
yecto, toda vez que no se ha hablado mas de él. 

Todos los neófitos é infieles, principalmente los Piros, 
sacan de un árbol que se cria en sus montañas mucha cera 
de abejas silvestres, que es otro artículo de comercio en el 
Ucayali; esta cera se consume toda en el departamento lito- 
ral de Loreto, pues no reportaría utilidad á los comercian- 
tes el llevarla á otros departamentos mas lejanos de la Re- 
publica, 

En toda la montaña se encuentra gran variedad de ma- 
deríis, útiles para las construcciones; habiendo muchas cla- 
ses de árboles, cuyas maderas son de tal fortaleza, que al 
pretender cortarlos rechazan las hachas; por cu^'a razón i 
abundando los más fáciles de cortar, se consumen en aque- 
llos bosques. Entre estos árboles debe contarse el chiuahua- 
co, el estantecHspi, el canelón (especie de canela mui ordina- 
ria), el estoraque, del que se estrae el famoso bálsamo Pe- 
ruano i cuya cascara sirve de excelente incienso, el palo co- 
lorado, el quiJlubordon, cuya madera es de color amarillo i 
mui fina, etc., etc. Hai otras clase cuyas maderas no tienen 
tanta fortaleza, pero que también son de mucha duración, 
sirviendo á los indios para fabricar sus canoas; tales son el 
cedro, el ahuano, el lagarto-caspi, el espUngc^ la moleña, de 
la cual hai dos especies, una amarilla mui odorífera i de la 
que, según hemos oido decir á un inteligente americano, se 
extrae el alcanfor, destilando en un alambique agua mezcla- 
da con dicha madera, i finalmente el árbol del que se extrae 
el bálsamo copaiba. Además de estos árboles medicinales 
hai otros que destilan varias gomas i resinas, á saber: el 
cauchuyO'gebe, el copal, la caraña, el aceite de María, la le- 
che Sandi, cierta goma ó resina que los indios llaman lacre, 
por tener muchos puntos de semejanza con nuestro lacre or- 
dinario, i finalmente se encuentran dos clases de inciensos 
mui aromáticos. 

Revolotean por aquellos bosques multitud de aves de 



- 152 — 

toda especie, que alegran la vista con su variedad de colore» 
i ñnÍ6Ímo plumaje, i embelesan los oídos con sus armonio- 
sos cuntos; sucediendo empero por lo regular que las aves, 
que mas recrean á la vista, desagradan al oído, como son 
muchas clases de Huacamayos i Loros. Hai otros pájaros 
de mas pequeñas dimensiones; cuyos colores son tan vivos i 
de tan rara hermosura, que ningún pintor podrá pintar ja- 
más; uno hai sobre todo, al que se le distinguen siete colores, 
pareciendo que el Autor de la naturaleza se ha esmerado en 
hermosearlo de un modo especial. Se distinguen por su can- 
to el Pierna, al cual los indios llaman Urco-Piscvm (pájaro 
del cerro) i sobresale entre todos el Flautista, llamada tam- 
bién organista, el cual es mui difícil cazarlo, pues anda siem- 
pre por tierra entre lo mas espeso del monte; cuando este 
pájaro empieza á cantar, no para á veces en dos horas, sien- 
do tal su melodía que al percibirla el viajante, fe vé obliga- 
do á detener'su marcha para escucharle. Tampoco faltan 
algunas especies de aves de rapiña, entre las cuales ocupa el 
primer lugar el Águila, cuya fuerza es tan considerable, que 
con sus garras despedaza un mono de arriba á bajo. En las 
playas del Ucayali se crían muchas especies de patos, garzas 
i una clase de aves enteramente blancas mayores que los 
Alcatraces dei Pacíñco, cuyo pico tiene mas de una tercia, 
sirviéndose los indios de los huesos de sus alas para hacer 
los pitos que tocan en sus músicas; el nombre de esta ave es 
Tuyuyú. 

Al hablar de los impedimentos que dificultan la conver- 
sión de los infieles, hicimos mención de las muchas clases de 
animales terrestres i pescados aptos para la alimentación; 
así que, ahora añadiremos solo, que á mas de los referidos, 
se encuentran tres especies de tigres que no son tan feroces 
como los del Africa¿ la primera especie la forma el Otoruncu, 
cuya piel es mui linda i semejante á la de los tigres africanos. 
Por lo regular huyen del hombre i no hemos oido hablar 
mas que de un solo caso en que se hayan llevado alguna per- 
sona; esto sucedió cuando nosotros estábamos enSarayacu, 
en cuya época uno de estos tigres se llevó una muchachita; 
pero á los lloros de la víctima acudió una tía suya i agarro- 
tazos obligó á la fiera soltar su presa, mas como le había ya 
atravesado el cráneo con los dientes ó uñas, murió la infeliz 
á las pocas horas. Los mas feroces son los Yana-pumas (ti- 



- 153 — 

gres negros), pero deben existir en mui corto número, pues 
rara vez se dejan ver. La última especie es el Lluicha-puma 
(tigre venado), por ser el color de su pelo semejante al vena- 
do de la montaña; este tigre no huye del hombre, á no ser 
cuando está herido, i nunca acomete de frente sino á trai- 
ción. A estas tres especies de tigres podrían añadirse otras 
dos mas pequeñas, pues no exceden de unas tres cuartas de 
largo; sus pintas se asemejan mucho á las del Otoruncui son 
mui diestros para cazar las gallinas. Se llaman tigrillos. 

También hemos hablado en otro lugar de la abundancia 
i variedad de los peces que cria el Ucayali, debiendo ahora 
por consiguiente hablar tan solo de dos especies, que lejos 
de servir al hombre son enemigos suyos; tales son el Caimán 
6 lagarto, que es mui parecido al cocodrilo; sin embargo, no 
deben ser estos animales tan bravos como dice ser los del 
Huallaga, i fortuna que así sea, pues de otro modo apenas 
podría navegarse por el Ucayali en canoas, por su gran 
abundancia en aquellas aguas; muchos se encuentran ^n las 
lagunas, bajando durante el verano, á tomar el sol en las 
playas del río; mas apenas oyen el ruido de los remos, cuan- 
do huyen precipitadamente á esconderse debajo del agua, 
nadando hasta la mitad del río, en cuyas profundidades de- 
saparecen. Cuando están sobre las aguas, solo descubren 
la cabeza i el lomo; i cuando se les dispara, es preciso apun- 
tarles debajo del oido, pues la piel que les cubre lo restante 
del cuerpo rechaza las balas. 

La otra especie de pescado de que debemos' hacer men- 
ción, es Ir anguila eléctrica, á la que algunos llaman anguila 
temblor. Algunos creían una fábula las propiedades eléctri- 
cas de esta anguila, pero nosotros quisimos hacer la espe- 
riencia, i al aplicarle un dedo, que es el medio para comuni- 
carle la electricidad, dio un sacudimiento que nos causó un 
gran dolor en el brazo, dejándonoslo como adormecido. Los 
indios lo comen, pero á nosotros no nos gustó una vez que 
quisimos probarlo, pues su carne es todo manteca i de mui 
poca sustancia; su color es amarillo oscuro i suestension co- 
mo de cinco ó seis pies. 

Reptiles los hai de muchísimas especies, siendo la ma3''or 
parte venenosos. Es digna de mencionarse la culebra llama- 
da Cbaschupí que tiene hasta quince pies de largo; i es tan 
activo su veneno, que si el que ha sufrido su mordedura no 



— 154 — 

toma antes de dos horas el huaco^ mezclado con aguardien- 
te, á las tres horas no escapa de la muerte. En nuestros os- 
picios tenemos siempre preparado este contraveneno, cuya 
eficacia es tan probada que, ni uno solo ha muerto, de cuan- 
tos lo han tomado. Otra de las culebras mas notables es la 
Yaca-mama (madre del agua), la cual es un anfibio de enor* 
me magnitud; no es venenosa, pero con su álito sabe atraer 
la caza; i es tanta su fuerza que sugeta i se traga cualquiera 
de los animales del monte, aunque sea la sacha-vaca ó gran 
bestia. A propósito de esta serpiente, recordamos que al 
bajar en 1854 por el río de Santa Catalina en compañía del 
Padre Martinez, cuando pasábamos una vez por una empa- 
lizada, el indio que nos acompañaba gritó: Padre, Yacu- 
mama; hicimos volver la canoa, i nos la mostró; estaba me- 
tida dentro del agua i solo dejaba ver la punta del hocico, i 
ciertamente nunca nos hubiéramos figurado que fuese un 
animal tan enorme; disparámosle un tiro, que le dio en la 
cabeza; i al sentirse mortalmente herida, sacó como dos va- 
ras de su cuerpo fuera del agua, meneando la cabeza de una 
á otra parte hasta que al fin la dejó caer. Tomamos enton- 
ces una soga i, amarrándosela al cuello, tiramos de ella pa- 
ra sacarla á la orilla; pero fueron inútiles nuestros esfuerzos; 
hasta que metiendo los botadores dentro de la empalizada, 
fué desprendiéndose poco á poco del palo á que se había en- 
roscado. Quisimos llevarla á una playa que había un poco 
mas abajo del sitio en que nos encontrábamos; pero apesar 
de que ya era medio muerta, i de que eran cinco los peones 
que con sus botadores daban mucho impulso á la canoa, sin 
embargo nos la detenía en medio del río, i cuando por fin 
llegamos á dicha playa, nos costó mucho trabajo ponerla 
en tierra. Allí la medimos i vimos que pasaba de diez i nue- 
ve pies de longitud, i su grosor era auti mas del que á pro- 
porción le hubiera correspondido. No nos entretuvimos en 
desollarla, como hubiéramos deseado, ya porque la enferme- 
dad del P. Martínez nos precisaba á apurar la marcha, ya 
también porque á los indios les causa cierta especie de ho- 
rror. 

En uno de los viajes que hicimos al Pachitea, matamos 
otra de igual tamaño; i recordamos que cuando estaba ya 
para morir, vomitó un lagarto entero que tendría unas cin- 



~ 155 — 

co cuartas de largo, sin que se le conociese lesión alguna, 
pues es sabido que las yacu- mamas carecen de dientes. 

Otro animal muí raro que se encuentra en aquellas mon- 
tañas es la chicharra machacuy (culebra chicar ra), llamada 
así por ser una especie de mariposa, larga de unas tres pul- 
gadas i media, con la cabeza semejante á una víbora. En- 
tre los indígenas se cree que muere repentinamente aquel á 
quien este animal clava una especie de lanceta que tiene en 
el pecho; pero el señor Reymondi ha desmentido esta creen- 
cia, de modo que, según le hemos oído decir, la picadura de 
este animal no es venenosa. 

Muchísimas son las otras clases de mariposas que embe- 
llecen aquel país con sus hermosos coloros, no siendo pocos 
los viajeros que pasan largos ratos persiguiéndolas para ha- 
cerlas servir de adorno; pero en cambio no son menores las 
especies de insectos que atormentan al caminante, debiendo 
hacer mención en primer lugar, de las hormigas, de las cua- 
les hai varias clases; las mayores tienen cerca de una pulga- 
da; llámanlas los indios Isúia i tienen un aguijón, cuyas pi- 
cadura causa algunas horas de calentura. Hai otras llama- 
das Cítaracuy, las cuales tienen como dos anzuelos en la ca- 
beza, con los que causan un vehemente dolor, siendo preciso 
matarla para arrancarles del lugar donde se ha sufrido la 
picadura. El Runavinci, que es otra especie de hormiga, 
acaba con las hojas de los árboles que hai al rededor de su 
madriguera; en cada nido deben haberlas á millones, pues le- 
vantan la tierra hasta la altura de dos varas, poco mas ó 
menos, cogiendo una circunsferencia de mas de doce. Hemos 
oído contar á un indio, que es persona de mucho crédito, ha- 
ber visto que en las cuevas de estas hormigas se encuentra 
una especie de culebra, que tendrá como una vara de largo 
i es gruesa como la pierna regular de hombre; la que es igual 
por todas sus partes, sin que pueda distinguirse donde tiene 
su cabeza, aunque si se le percibe movimiento. La hormiga 
Tancarnna se encuentra solamente en el árbol de su mismo 
nombre, i pone sus huevos en el tronco i en las ramas; su pi- 
cadura levanta una ampolla i causa un vehementísimo 
dolor. 

Finalmente, dejando otras muchas i variadas especies de 

estos insectos, hablaremos tan solo de la mas pequeña, que 

es la llamada Ptica-ctiruy que quiere decir gusano CQlorado, 
20 



— 156 - 

por ser de este color; es sumamente pequeña i por consecuen- 
cia es muí díficil distinguirla cuando se pega al cuerpo. Es tal 
el dolor que causa, que parece aplicarse á la carne un hierro 
candente, durando este ardor mucho rato, hasta que han 
desaparecido la especie de ampollas que levanta su picadura. 
Entre las hiervas de la montaña críase también en algunas 
partes, especialmente en los pueblos del Huallaga, un insec- 
to llamado Yangüe, de tan diminutas formas que se requie- 
re una vista mui fina para poderlo distinguir; este pequeño 
animal se coloca en los poros del cuerpo sin introducirse den- 
tro la piel, i es tal la comezón que causa, principalmente á 
los que por vez primera llegan á la montaña, que los pone 
casi en estado de desesperación; fortuna que esta grave mo- 
lestia no pasa de cinco ó seis días, porque cnando el insecto 
está lleno, se desprende por sí mismo i desaparece. 

En el polvo de los sitios en donde no penetra la hume- 
dad de las aguas, se cría otra clase de insectos llamados ni- 
huas 6 piques; para librarse de esta plaga no haiotro medio 
que matarlos al momento preciso que se descubren; pues co- 
mo ordinariamente se introducen en las partes callosas de 
los pies i de un modo especial alrededor de las uñas, sino se 
sacan antes que los huevecillos salten al polvo, un solo pi- 
que es capaz de infestar toda una casa. Cuando se apode- 
ran de un hombre desidioso que descuide esta precaución, le 
causan mucho estrago en los pies, imposibilitando á algunos 
hasta de poder andar. Un hombre conocimos nosotros en 
Sarayacu que murió sin otra entermedad, que el habérsele 
introducido muchos piques por todo el cuerpo. 

Pasaremos por alto otras muchas plagas que no son tan 
molestas, i solo hablaremos, para dar fin al presente capítu- 
lo, de los insectos volátiles, que por molestar continuamen- 
te, son las mas fastidiosos. Son los primeros los zancudos, 
que atormentan de día i de noche causando, princincipal- 
mente al anochecr, con sus pequeñas alas un ruido sordo que 
se oye por todas partes; parecen una nube que todo lo cubre, 
pero esta gran multitud que sería insoportable si durase al- 
gunas horas, desaparece al cuarto de hora, quedando sin 
embargo los suficientes para no dejar dormir tranquilo en 
toda la noche; de modo que no se podría descansar un solo 
instante, á no valemos todos de toldos ó mosquiteros, pro- 
curando no dejar ninguna pequeña abertura; porque un so- 



- 157 - 

lo agujero bastaría, por pequeño que fuese, para llenarse de 
dichos insectos todo el toldo. Vienen después los mosquitos^ 
que son aún mas terribles que los zancudos; pues causan una 
comezón insoportable i que dura por espacio de muchas ho- 
ras, originando á veces hasta algunas llagas en las piernas 
i en los pies; solo tienen la ventaja que no molestan de no- 
che como los zancudos. El guigen es otra clase de mosquito 
raui pequeño, de alas blancas, siendo preciso el microscopio 
para poderlo distinguir; no se encuentra en todas las partes, 
pero allí donde los hai es mui grande el tormento que se su- 
fre; porpue hasta parece que penetran la ropa, pues se siente 
el dolor por todo el cuerpo; pero especialmente en la cabeza 
es donde mas sufre, porque mezclándose con el pelo, de nada 
sirve rascársela con las manos ni el mojársela, sino que allí 
permanecen atormentando hasta que se abandona el sitio 
donde se encuentran. 

Por último encuéntrase también los tábanos, que son 
unas moscas de un tamaño doble de las que todos conoce- 
mos; si abundaran estos insectos como los zancudos i mos- 
quitos, sería imposible habitar en el Ucayali, pero por fortu- 
na los hai poquísimos, en comparación de éstos, i no morti- 
fican vSino á ciertas horas i en determinados parajes. 

Estas son las molestias mas comunes de aquellas partes 
de la montaña, siendo de creer que si esta llega á poblarse, 
desaparecería en gran parte, principalmente en las cercanías 
de los pueblos; pues como semejantes insectos se reproducen 
de un modo especial en los lugares pantanosos i entre los ar- 
bustos i yerbas que rodean las aguas encharcadas, con el 
desmonte i cultivo de estos terrenos disminuiría también su 
propagación; i como el principal cuidado se pondría natu- 
ralmente en los pueblos i sus inmediaciones, arrancando las 
yerbas i secando los pozos de aguas corrompidas, no ten- 
drían los insectos donde fomentar sus huevecillos, i por con- 
siguiente, disminuirían las molestias de que hemos hablado, 
siendo mas soportable la vida á los que debiesen pasarla en 
aquellas regiones. 



— 158 — 



CAPÍTULO XXYI 



Muerte del Reverendo P, Fr. Vicente Calvo 

Tanto la fé, como la experiencia nos enseñan que todas 
las cosas tienen su fin i que tOvJas así mismo v^n á reunirse 
á su fin. Después de haber el R. P. Calvo gastado 18 años 
en el penosísimo ejercicio de las Misiones de Infieles, i de ha- 
ber desempeñado en este tiempo el cargo de tres sexenios de 
Prefecto, se vio en la precisión de retirarse de su oficio é im- 
pulsado por un crecido número de achaques, recogerse al Co- 
legio de Ocopa por ver si sepultado en el profundísimo silen- 
cio i estrechísima observancia de la regla que allí se guarda, 
podría en algún modo alivarse i mejorarse su quebrantada 
salud, con el alto designio de prepararse para pasar del tiem- 
po á la eternidad, camino por el cual todos indispensable- 
mente debemos de pasar. 

Este varón apostólico dejó ver en todo su sagacidad i 
desprendimiento; pero en lo que más manifestó su heroici- 
dad, fue en que habiendo recibido una carta de su hermano 
Cura, en España, en que le ofrecía mui brillantes proporcio- 
nes con las cuales podría pasar una ancianidad feliz i tran- 
quila, echando á un lado todo respeto de carne i sangre, que 
ordinariamente es la tentación mas poderosa con el diablo 
suele derribar los corazones mas bien formados, llamó á su 
mui amado P. Ignacio i le dijo: hombre! hombre! miradlo 
que me dice mi hermano; ¡caracoles! i habiéndole leído el 
contenido de mi carta, repuso ¿qué le parece, mi padre, de 
tales propuestas? i echando un profundo suspiro, dijo: ja- 
más Fr. Vicente Calvo trocará el oro por el lodo, el cielo por 
el cieno, ni mucho menos logrará la corona que por sus fati- 
gas, sudores i trabajos espera recibir de manos del justo Juez 
en el día de la retribución. Haec est requies mea in saecu- 
lum saeculif esto es Ocopa, quonium eligí eam. 

En efecto; después que hubo entregado al R. P. Ignacio, 
su V ice- Prefecto, los negocios de la Misión, se despidió de 
su amados Neófitos,, que, deshechos en mares de lágrimas 
porque se les ausentaba para siempre un padre en quien te- 



— 159 — 

nían depositados su cariño, amor i confíánza, no sabían des- 
prenderse de besarle su santo hábito. Una despedida tan 
tierna como aquella, no sería fácil describirse. Salió de Ca- 
yariya i llegó al Seminario de Ocopa, después de haber expe- 
rimentado todas las peripecias que dá á gustar un viage de 
mas de doscientas leguas, que en esta vez le apretaron mas 
la mano, por razón de que su vejez estaba mas debilitada i 
cargada, además, de las consecuencias de la montaña, que 
son la moneda común i ordinaria con que paga á los Misio- 
neros. Este es el oro, estas son las riquezas con que los po- 
bres hijos del Serañn de Asis, hacen felices á sus familias de 
Europa, según canta la malevolencia, ignorante de la delica- 
deza de nuestras conciencia i de la altísima pobreza que pro- 
fesamos. 

Hartas veces se le oyó decir que de ninguna manera qui- 
siera morir fuera de Ocopa, i que para ello había dirigido 
muchas oraciones á la Virgen María, de quien era devotísi- 
mo; pero al poco tiempo de haber á su amado retiro, se le 
comenzaron á hichar las piernas de tal suerte, que esta hin- 
chazón mancomunada con el asma i quebradura le apura- 
ron bien la paciencia. I/OS Prelados, al ver al paciente en 
tan mal estado i juzgando que aquel achaque provenía del 
frío, trataron de mandarlo á Paríahuanca con el noble fin 
•de que con el calor de aquel temperamento se restableciese. 
Para el efecto se fué en compañía del R. P. Fr. Francisco 
Ballescá; mas á las pocas semanas que estuvo en el lugar re- 
lacionado, se sintió muí mejorado; i conociendo que todo 
buen religioso estando fuera del claustro se halla como un 
hueso desconcertado, tomó desde luego el camino para Oco- 
pa. En esta segunda vez el temperamento invariable de es- 
te rincón le asentó peor, porque además de las enfermedades 
susodichas, le asaltó una inapetencia tan extraordinaria, 
que á los pocos días de estar mas en el Colegio le habría he- 
cho descender al sepulcro. El meritísimo P. Pallares, que 
entonces era el Prelado, consultó al Discrectorio acerca de 
lo que se debía hacer para conservar la vida de un Religioso 
que tan mercido lo tenía, después de haberla sacrificado por 
tantos años en la montaña, trabajando por la gloria de 
Dios i salud de aquellas almas, que estaban sentadas en las 
tinieblas del error i sombra de la muerte, i se resolvió pasa, 
se sin dilatación á los Descalzos de Lima. En este viage, es 



- 160 — 

decir, de Ocopa á Lima, gastó 20 días; con la prolongación 
de él, se puede deducir cual estaría su salud. No es.fácil de- 
cir el gusto que sintieron en su corazón los RR. PP. de aquel 
Colegio, primogénito de Ocopa después déla Independencia, 
al recibir en sus brazos un hombre verdaderamente digno de 
todo respeto i amor. Sin embargo, aunque veía el venera- 
ble anciano las finezas i atenciones que le prestaban los 
alumnos de dicho Colegio, en que se hallaba ya incorpora- 
do ó de familia, no obstante su corazón i sus pensamientos 
no sabían desprenderse de Ocopa i mas de una vez se le oyó 
decir: que esperaba se le mejorase la salud para irse á morirá 
Ocopa. Permítaseme aquí hacer una digresión para mani- 
festar al público la caridad de aquellos hermanos para con 
el R. P. Prefecto Calvo. Preséntasele un día á aquel bendi- 
to i santo varón el M. R. P. Masiá, Comisario general, pa- 
ra saludarle i al verle tan abatido por la inapetencia, le dijo: 
Padre mío, ¿qué cosa le apetece á V? i sin mas se sacó de la 
manga el mismo M. R. P. Comisario un mui grueso pimien- 
to colorado que había cogido en la huerta, i enseñándoselo, 
le dijo: ¿Lo ve? pues bieriy ahorita mismo se lo voi á adere- 
zar en la Enfermería con mis manos para que en presencia se 
lo coma; i cogiéndolo de la mano al Rdo. P. Calvo se lo lle- 
vó consigo. 

Mas la enfermedad iba gradualmente de mal á peor; pues 
ya casi no podía andar sin que se sintiese asaltado de una 
espantosa i alarmante sofocación, que le tenía imposibilita- 
do para salir á confesar algún enfermo. Viéndole el M. R. 
P. Comisario en aquel estado, consultó á los Facultativos, 
los cuales le aconsejaron que, yendo á lea i tomando baños 
en Huacachina, podría mejorar algún tanto, pero que de cu- 
rar no curaría. Efectuó su viaje, con el mérito de la santa 
Obediencia, en compRñía. del R. P. Comisario Fr. JoséM. 
Masiá, en ocasión en que iba á celebrar el Capítulo Guardia- 
nal en el Colegio que se había fundada en aquella Ciudad; i 
algunos días de haber llegado á aquella santa casa, se amo- 
tinaron sus enfermedades i obligándole las mismas á recibir 
los Santos Sacramentos, murió ejemplarmente en el ósculo 
del Señor, entregando su espíritu al Criador á los 12 días 
del mes de Mayo de 1873, i fué enterrado en el panteón an. 
tiguo, llamado de Lirin 6 Hurin, á diferencia del nuevo en la 
parte opuesta á la Ciudad. 



— 161 — 

Así acabó el número de sus días el varón apostólico Frai 
Vicente Calvo; aquel varón, digo, que vio por primera vez 
la luz del mundo en Saviñan, Obispado de Tarazona i des- 
pués, jovencito, pasó su noviciado en Calatayud, Provincia 
de Aragón, punto en donde emitió su -profesión. El P. Cal- 
vo siendo Corista Diácono, tuvo ya la dichosa suerte de 
de cumplir con el cargo de esforzado soldado de Jesucristo 
que se le había impuesto en el sacramento de la confirmación, 
cuando de Zaragoza recibió de la mano sacrilega del Gober- 
nador de aquella plaza, una ignominiosa bofetada en su ino- 
cente mejilla, en ocasión de ir á pedir al inhumano manda- 
rín un seguro para no quedar envuelto en aquel funesto ca^ 
taclismo del año 1835, en que España desnaturalizada i en- 
tregada al frenesí de las sociedades de Juan de Prócida i 
otros demagogos de la impiedad, con la tea incendiaria i el 
alevoso puñal en mano, sacrificó un sinnúmero de inocentes 
hijos, clamando: Mueran los Frailes^ abajóla religión de Je- 
sucristo! En medio de tanto desorden emigró á Francia, 
en cuyo imperio trabajó en clase de operario, hasta que con 
la ayuda de la limosna de la misa i el poco sueldo que gana- 
ba, tuvo lo suficiente para pasar á la Ciudad eterna i de allí 
á Ocopa en el Perú, donde predicó sermones en las Misiones 
de Lima, Jauja, Huancayo i Ayucucho revestido de aquel ce- 
lo, que después le hizo decir: que con la gente de Caschiboya 
se empeñaba conquistar todo el Perú. 

En el año 1846 fué elegido Discreto. En 1848 desempe- 
ñó el oficio de Vicario. Muerto martirizado el R. P. Cimini, 
i elegido para ocupar su lugar el R. P. Pallares como al po- 
co tiempo éste sale nombrado Guardián, el R. P. Calvo que- 
da en el mismo Capítulo nombrado por primera vez Prefec- 
to de Misiones; concluye exactamente su sexenio; mas los 
RR. PP. electores, viendo las excelentes cualidades que ha- 
cían recomendable al que iba á cesar de su oficio de Prefecto, 
le cargaron otra vez con la cruz de la Prefectura, reeligién- 
dolo primera i segunda vez, en cuyo destino le había Dios 
nuestro Señor preparado la serie de tantos trabajos que de- 
bía padecer, conforme hemos indicado en los capítulos ante- 
cedentes. 

Para dar fin á la larga jomado de 18 años de Prefecto, 
le faltaba pasar por la última prueba; i ésta se le esperaba 
en el Pozuzo. Había en dicho lugar un Gobernador protes- 



— 162 — 

■ 

tante que, impulsado por sus paniaguados, mandó una no- 
ta al Padre, intimándole que inmediatamente de vista, de- 
sistiese de hacer el camino que estaba haciendo i que la en- 
tregase al tal D. Fulano, expresando su nomlwe, so pena de 
que haciendo lo contrario le metería en un Cepo. El Reve- 
rendo Padre, en vez de intimidarse, se sonrió i dijo: que se- 
ría en su mayor gusto poder santificar con sus pies las grue- 
sas maderas de un Cepo] mas como Dios permite que sea- 
mos tentados hasta tal punto no mas, dio la casualidad 
que llegase en aquellas días de Iquitos un Capiíá de Infante- 
ría, llamado D. Ramón Herrera que, amenazando pegar 
cuatro balazos al hijo de Lutero, hizo pedazos la execrable 
-nota i le dejo; oiga V. Gobernador i tenga bien entendido, 
que en la persona del R. P. Calvo reconozco dos cosas: la 
una, la dignidad sacerdotal, digna de ser respetada i de ha- 
cerla respetar cuando se le falte; la otra la persona de mi 
Excelentísimo Sr, Presidente Prado, ante cuya dignidad V. 
no es sino un infeliz pancista. El Sr. General dijo al R. P,: 
V, P. será otro yo, i sin su permiso nadase hará ni deshará; 
V. está destinado á ir con el Ingeniero de Estado, mi cuña- 
do, que era el Sr. D. Manuel Ugarteche, á abrir el camino 
del Mairo i no le dejarán hasta que esté abierto; por consi- 
guiente, mándese V. cambiar de aquí i no moleste mas al 
Padre, añadió, dirigiéndose al Gobernador. 

Finalmente debemos decir, segün nos han enseñado los 
maestros de la vida espiritual i la experiencia de tantos 
años, que jamás habría podido el R. P. Calvo desempeñar 
debidamente su importante Misión, sino hubiera sido hom- 
bre interior, de mortificación i oración, maestro i guía de 
los deberes sagrados de un Ministro católico, discípulo de 
Jesucristo. En efecto, a pesar de estar su vida tan complica- 
da de contigencias temporales i combatida de fríos, calores, 
aguaceros, hambre, sed, dolores i cansancios» ninguna de es- 
tas cosas le pudo impedir de pagar con toda la exactitud 
posible la pensión del Oficio divino, de rezar la corona fran- 
ciscana á la santísima Virgen María, cuya amantísima Ma- 
dre, esperamos que, cobijándole en las purísimas telas de su 
tiernísimo Corazón, se lo llevaría á la mansión de los Bien- 
aventurados, á gozar de la gloria prometida á los hijos de 
N. S. P. S. Francisco, mayormente á los Misioneros, en cu- 
yo número confiamos un día ser colocados. 



- 163 - 



CAPÍTULO xxvn 



Peligros inminentes de que ha librado la divina Providencia^ 
á este Colegio de Ocopá.'-Fundación de nuevos Colegios 
de Misioneros de '* Propaganda Fide^\ procedentes del 
de Ocopa i Descalzos de JLima, 

La sangrienta persecución que de cuatro siglos á esta 
parte ha suscitado el infierno contra la Iglesia Católica, cu- 
ya persecución siempre mas recia ensancha sus desmedidas 
proporciones, i á semejanza de un inmenso volcán amenaza 
sepultar el universo con sus ruinas, es un hecho histórico que 
se lee en grandes caracteres en los rasgos trazados por ese 
tiempo en la Alemania, Inglaterra, Dinamarca, Suecia i de- 
más naciones del Norte de Europa. La nueva forma i con 
ella el nuevo plan'de ataque que ha puesto en ejecución, pa- 
ra conseguir mas en breve la realización de su fin, nos lo di- 
ce la Francia, España. Portugal. Italia i nuestra América, 
de polo á polo. Un siglo completo que muestra su torvo 
seño es mimada hija de Satán, llamada la Revolución con- 
tra Dios i su Ungido, i como forzosa consecuencia contra sus 
mas fieles adoradores, es mas que suficiente para que todo 
el mundo la conozca; pero no lo ha sido para que todos los 
que la conocen la aborrezcan. En América, como en Euro- 
pa, tiene un sinnúmero de los mas abyectos esclavos, que 
con la frente en el polvo la idolatran. El Perü basta por 
muestra. Suprimida la insigne Compañía de Jesús en el si- 
glo pasado en este Virreinato del Perú i en todos los esten- 
sos dominios de las Españas, encargáronse las antiguas Mi- 
siones de infieles de los beneméritos PP. de la Compañía, á 
los de este Colegio de Ocopa, i consumada la independencia 
de la Metrópoli por parte de esta infeliz República, nunca 
desde entonces la han faltado discípulos i pedagogos escru- 
pulosos de Lutero, Volter, Vesaupt i otross emejantes maes- 
tros, que espada en mano han dado las mas lamentables lec- 
ciones á la ruda é inesperta sociedad. 

La política, por una parte, pero esa política descreída i 
proiesora del puro ateísmo, i la filantropía, por otra, no pu- 
21 



— 164 — 

oliendo sufrir el clamoreo i los suspiros de los verdaderos fie- 
les i codiciosa de las ventajas esperadas fundadamente por 
el ministerio de los Misioneros, que regaran con sus sudores 
i propia sangre las fértiles montañas de esta vasta Repúbli- 
ca, decretó el restablecimiento de este Colegio, como se ha 
visto en la presente Historia. Pero esas mismas seductoras, 
la política i la filantropía mencionadas, no contentas, de 
mentidas promesas, votadas en los Congresos públicos i so- 
lemnes por puro lujo, como ellas mismas han declarado con 
desfachatez i sin pudor, i para poder, á satisfacción de su 
codiciosa liviandad, cubrir sus prodigalidades, han juzgado 
ser mas conformes á su genio i análogo á su naturaleza el 
proseguir á los misioneros, que el prestarles amparo i pro- 
tección. ¡Madrastras crueles i sin corazón ni entrañas de 
caridad, que en un minuto habéis arrojado miles de pesos en 
el juego, habéis pedido otros miles por precio de una rúbri- 
ca puesta debajo de un ignoble nombre, habéis disipado mi- 
llones para satisfacer vuestros celos i habéis regado la sierra 
i las costas del Perú, para destruir hasta donde os fué posi- 
ble las virtudes i la prosperidad de los pacíficos i mejores Pe- 
ruanos!... Por fin, la Divina Justicia, al parecer, os empieza 
á notificar que, no estando mui satisfecha de vuestro com^ 
portamiento, es tiempo de que le rindáis cuentas. Los tres 
años de guerra destructora que llevamos con Chile i lo que 
se nos espera, es vuestro fruto. 

Los peligros, pues, inminentes en que se ha visto Ocopa 
desde su restablecimiento, han sido continuos; pero arrecia- 
ron en algunos acontecimientos públicos de que hace recuer- 
do la historia de 1853; en la eaída i desposeimiento déla Su- 
prema Autoridad del Sr. Echenique, el cual prometía protec- 
ción para la Religión, paz i armonía para la sociedad i de- 
fensa para el estado eclesiástico, singularmente en conside- 
ración de las esclarecidas prendas del ilustre Ministro, alma 
de aquel Gobierno, el Sr. Dr. D. Bartolomé Herrera, después 
Obispo de Arequipa, en cuya Silla Episcopal dio pruebas de 
celoso é íntegro Pastor, como antes, en la Universidad de 
S. Marcos, en el Cabildo de la Catedral de Lima i en el Mi- 
nisterio, las había dado. Este Colegio de Ocopa por ese 
tiempo estuvo en gran peligro de ser clausurado i los Misio- 
neros de ser espelidos de la República; los de aquí lo mismo 
que los de las montañas. Intención i deseos de ejecutarlo no 



— 165 — 

les faltaron á las celosas Madrastras ya nombradas, la po- 
lítica espúrea i degenerada, i la irónica i antitética filantro- 
pía, que es una irrisión de la que merece ese verdadero nom- 
bre; pues ésta quiere i aquélla aborrece la imagen de Dios, 
ésta conserva lo que aquélla destruye, la primera trata db 
salvar lo que la ssgunda hace condenar. 

Peligro igual i aún mayor corrió este Colegio, con sus 
Colegiales Misioneros, por los años de 1864 á 1867, mien- 
tras duró el desacuerdo de esta República con la Nación Es- 
pañola. En 1866 todos los Misioneros Españoles de Ocopa, 
escepto el P. Pallares i el P. Lorente, que se hallaban en el 
Cuzco en la Visita i Capítulo Guardianal, todos, aun los de 
las Misiones de infieles, sintieron los amargos i crueles efec- 
tos del rencor profundo i mortal envidia de la política i fi- 
lantropía dichas, en dos subalternos Mandarínes ultra-libe- 
rales, los cuales se declararon verdugos decididos de los 
Frailes, cubriéndose con el manto de patriotismo ñlantrópi- 
co. Siguió ese peligro sin disminuir en un ápice, por fin, en 
los tiempos potestativos del espíritu de vértigo i furor, al 
tratarse en el Congreso de la absurda licencia de perseguir 
impunemente la inocencia i bondad, á cuya licencia, que los 
necios llaman libertad de Cultos, en países esencialmente 
Católicos por un inefable don de la Misericordia i liberali- 
dad divinas. 



Prisión i Destierro de los P, P, de Ocopa al Schanschamayo 

En el mes de Abril del año 1866, á causa de haber el Go- 
bierno Español intimado, por su representante Méndez Nu- 
ñez, el bombardeo del Callao, el cual se efectuó en el día dos 
de Mayo del mismo citado año, el Gobierno del Perú decre- 
tó la reclusión i estrañamiento de todos los Españoles de la 
República sin quedar exentos aun los Misioneros en ella com- 
predidos. 

En cumplimiento de tan apremiante Decreto, el Señor 
Prefecto de Junín, entonces residente en Huancayo, túvola. 
amabilidad de cebarse con los ministros de la paz i caridad, 
los RR. PP. Misioneros de Ocopa, ordenando su prisión i es- 
trañaraiente á Schanschama3'o con toda escrupulosidad, Sa- 



- 166 - 

bida tal ordenación por los PP., i temiendo por otra parte 
que sus sagradas personas fuesen vejadas i quizás también 
sacrificadas á la punta del homicida puñal, cual lo fueron 
sus hermanos en España en el memorable año 1835, toma- 
ron la resolución de fugarse, no embargante las duplicadas 
guardias, si bien algunos se quedaron para acompañar en 
sus trabajos i angustias al R. P. Fr. Francisco Espoy, su ve-' 
nerable Prelado, cuales fueron: el Diácono Fr. Buenaventu- 
ra SelvVt Fr. Mariano Castellanzuelo, Fr. Antonio Pradas, 
Fr. Francisco SagolSy Fr.Juan Petit i los Hermanos legos 
Fr. Juan Carrera i Fr. Esteban Rubio; éstos i un Sacerdote 
que se les agregó fueron los que santificaron las cadenas i 
famoso presidio de Schanschamayo. 

Llegado el día de la salida, que fué en 27 de Abril, el R. 
P. Fr.Juan Cuesta, Ecuatoriano, hizo presente al humani- 
tario I*refecto que en el Colegio se hallaban dos religiosos, 
el uno de ochenta años i el otro deshauciado porlos médicos 
í á quien se le había administrado el Sacramento de la Ex- 
trema-Unción: bien ¡contestó el Huancaino, si los enfermos 
no pueden ir al destierro por sí propios, que vayan por de- 
lante en litera ó camilla!! [Qué angustia para el pobre Guar- 
dián i el R. P. intercesor! 

No obstante; merced á los caritativos ruegos de algunas 
piadosas personas que ofrecieron tenerlos bajo su responsa- 
bilidad en sus casas, el edicto contra estos no tuvo efecto, 
pero sí para con los sanos. Efectivamente; salieron de su 
amado Colegio de Ocopa los modestos hijos del Serafín lla- 
gado, é inmediatamente fueron colocados entre dos filas de 
soldados armados con rifles de bayoneta calada. ¡Que es- 
pectáculo para el cielo! Centenares de personas de todo sexo, 
clase i condición inundan la pampa de Ocopa! gritan, sollo- 
zan, lloran i al ver que no pueden arrebatar de las manos de 
los hijos de Marte á los pantos malhechores, postrados pi- 
den les den la bendición. El corazón de los discípulos del 
Crucificado se enternece, i entonces la venerable mano del 
anciano i virtuoso P. Espoy formula la señal santa de la 
Cruz i sigue con sus queridos hijos su jornada hasta á Jauja, 
donde llegaron á las seis horas <le la tarde, i fueron hospe- 
dados en una casa decente i atendidos con el mayor esmero 
i caridad cristiana. 



- 167 - 

En esta ciudad estuvieron descansando unos dos 6 tres 
días; durante ellos enfermó el M. R. P. Guardián, el cual pu- 
do quedarse en ella en compañía de Fr. Esteban Rubio, pa- 
ra que cuidase su persona, pero bajo garantía i responsabi- 
lidad de una distinguida familia. Antes que los Misioneros 
emprendiesen nuevamente su viage, llegó un Jefe de Tarma, 
comisionado para llevarlos con todo esmero á aquella ciu- 
dad, i este cabalmente, según el mismo se declaró, era Ma- 
són... Tocó la hora de la partida, i muchos prisioneros fue- 
ron á recibir la bendición de su Prelado que se hallaba pos- 
trado en cama; antes que éste empezase á darles la bendi- 
ción, llamando al Diácono Fr. Buenaventura Selvy, que era 
el mayor de todos, le dijo: **Hermano, V. hará mis veces; 
,, procurarán guardar en cuanto les sea posible el reglamen- 
,, to del Colegio; tengan á lo menos media hora de oración 
,, por la montaña i otra media hora por la tarde; sean su- 
fridos i modestos; puros i castos; cu3'as virtudes no po- 
drían permanecer en vuestros tiernos corazones por mucho 
tiempo, ámenos de ser mui amantes del ejercicio de la ora- 
ción, i tierna devoción de nuestra amabilísima madre la 
Virgen María. Yo os bendigo en nombre de Dios Padre, 
de Dios Hijo i de Dios Espíritu Santo i de nuestro Seráfico 
P. San Francisco: id en paz i el ángel del Señoi que os 
,, acompaña nos dé el placer i gczo de volvernos á ver reu- 
,, nidos en nuestro amado retiro, apesar del poder de las ti- 
,, nieblas que se ha propuesto nuestra extinción." 

Recibida la bendición de su R. P. Guardián, fueron con* 
ducidos á Tarma, no ya en medio de dos alas de soldados 
con rifles, sino de lanceros de á caballo y sin clase de basti- 
mento alguno para hacer una jornada de nueve leguas. ¡Qué 
vergüenza! en el Perú negar á los frailes el sustento que ellos 
han dado i prosiguen dando con tanta prodigalidad á sus 
moradores! Pero gracias á la bondad de aquél que siempre 
tiene su bondadoso corazón inclinado hacia los suyos, no les 
faltó dicho sustento, ya que se valió de unas pobres indíge- 
nas que los socorrieron con Chupé; de otra suerte bien se ha- 
brían quedado á la Luna de Paita. 

Caminaron todo el día, i al anochecer, estando como á 
anas dos ó tres leguas de Tarma, el Jefe de la espedición reci- 
bió un oficio de la autoridad de aquella población, en que se 



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- 168 - 

le decía se sirviese tomar las medidas convenientes para evi. 
tar un conflicto, pues que en los indios tenían tomados cier- 
tos puntos de la quebrada con el fin de matar á los soldados 
i libertar á los Misioneros. Sea lo que fuera de ello, lo cierto 
es que gracias á Dios nada sucedió de particular; pues que 
los indios viendo ya cerrada la noche y juzgando que los PP- 
se habrían queaado á pernoctar en alguna estancia, aban- 
donaron sus puestos i se retiraron á sus casas; cosa que tal 
vez no agradó á algunos, que so pretexto de rivalidades de 
nación deseban derramar la inocente sangre de la religión. 

Serían como las once ó doce de la noche cuando los reli- 
giosos entraron en la ciudad; i en medio de un consternado 
gentío, fueron alojados no en el colegio de los del pantalón 
rojo como se había pretendido, sino en la casa de su Síndico^ 
el Sr. D. Andrés Beraun, que los aguardaba con el alimento 
más bien preparado que el mate de Cbupéy que la caridad de 
las pobres indias les había dado. 

Durante los pocos días que les dieron para descansar, 
fueron visitados por las más distinguidas familias del lugar, 
i por estas supieron que los religiosos que habían huido de 
Ocopa, unos andaban errantes per montes et colles i que 
otros estaban refugiados en distintos pueblos bajo el techo 
hospitalario de los indios; quienes los atendían con todo el 
esmero que las beneméritas señoras tarmeñas les insinuaban. 
Desde aquí pasaron á la población de Acobamba i descansa- 
ron un ratito en casa del señor Cura Andrade, en donde sus 
habitantes, después de haber cumplido con el laudable acto 
de besar el santo hábito, á lo que la ilustración de nuestros 
días llama fanatismo, regalaron á los humildes huéspedes 
los pobres productos de sus cosechas. Viendo el jefe espedi- 
cionario, aquel que dijo ser masón, es decir, aquel que tuvo 
la religiosidad de no permitir que en Tarma los frailes oye- 
sen misa el Domingo por la mañana i la sinvergüenza de ha 
cerlos salir á pasear forzosamente por la tarde, que las ofren- 
das no eran conformes á los Estatutos de su paladar, diri- 
giéndose á los bienhechores les dijo: ¡Muchachas, á robar 
gallinas para los Padres! á lo que contestaron los religiosos: 
poco á poco, señor, sepa V. que no es lícito robar para hacer 
caridad i mucho menos estando provistos de las viandas que 
el Padre de familias ha puesto tan gustosamente en las ma- 



- 169 — 

nos de sus pobres hijos! Después de todo esto bajaron al 
pueblo llamado Palca, en donde pernoctaron i cuyos vecinos 
se sorprendieron al divisar á los PP. en medio de los solda- 
dos armados de lanzas. 

Al día siguiente llegaron por fin á Schanschamayo des- 
pués de una penosa jornada; i no obstante de estar como 
una legua distantes del famoso Presidio, se quedaron á dor- 
mir en la hacienda del Español D. Félix Tené, que con su 
mui virtuosa esposa los recibieron i trataron con el cariño 
que se puede considerar. En esta noche, apesar de estar ren- 
didos por el casancio, no pudieron conciliar el sueño.'al con- 
siderar que ya en la noche inmediata deberían dormir entre 
colegiales de capote azul i quepis, confundidos entre las cu- 
carachas, alacranes y la hormiga Citaracu 6 saco. Se le- 
vantaron nuestros prisioneros al son de una corneta, más 
ronca que la pasión, que tocaba diana, i después de haber 
tomado su almuerzo, prosiguieron su marcha al famoso 
fuerte de San Ramón, sito en el malecón que forma la unión 
de los ríos Schanschamayo y Tuluma3'0. 

No bien se habían aproximado á la fortaleza, que mas 
parecía una hacienda, al ver que en su puerta estaba parado 
un soldado cuyo rifle parecia haber sido fraguado por el in- 
signe Tubál, se adelantó Fr. Buenaventura Seluy á pregun- 
tarle: ¿es esta, por ventura, la fortaleza ó castillo de Schan 
schamayo? ¡Sí, mi padre, contestó el centinela! Al oir la 
afirmativa se internaron é inmediatamente dieron con la 
oficialidad que saludó mui cortesmente á sus nuevos alo- 
jados. No describiremos las propiedades de este castillo. 

En el día inmediato después de su ingreso al presidio, 
instalaron su reglamento de vida, conforme les había encar- 
gado el P, P. Guardián, sirviéndoles para ello un reloj des- 
pertador que consigo había traído el ya memorado Sacerdo- 
te D. Silvestre Castañé. Efectivamente; á la hora señalada 
se levantaban, hacían los actos cristianos, rezaban Prima i 
Tercia i seguía media hora de oración: á las once i media, 
después de haber rezado Sexta i Nona, tomaban la pobre co- 
mida que una piadosa persona les tenía preparada i así en 
las demás horas correspondientes. A las tres de la tarde, re- 
zaban Vísperas i Completas. A hora competente rezaban 
Maytines i Laudes, á las que seguían media hora en medita- 



- 170 - 

ción, la estación á Jesús Sacramentado, é inmediatamente la 
cena. A esta subseguía un rato de recreo, en el que les acom- 
pañaba lo oficialidad. AI dar la hora para el rezo de la san- 
ta corona, se invitaba á los Jefes si querían asistir; y sino, 
dándoles las buenas noches, se recogían á sus aposentos, 
Veinte i un día estuvieron en este convenso de nueva obser- 
vancia i distinta penitencia, ya por haber de reclinarse so- 
bre unas duras i mal labradas tablas, ya también por la 
muchedumbre de zancudos i murciélagos que no tenían la 
menor pereza de incarles el aguijón los unos, i de plantarles 
el dienjLe los otros. 

No estaba ociosa la caridad de las señoras de Tarma; 
pues en prueba de que no se habían olvidado de los que ha- 
bían sido dignos de padecer contumelias i cárceles por el 
nombre de Cristo, les mandaron arroz, fideos, manteca, car- 
neros, camisas, i algunos pares de medias. De todo ese car- 
gamento sólo tomaban las cosas necesarias á la vida; más 
en cuanto á las camisas i medias ninguno quiso quebrantar 
las reglas de su instituto, sino que cada uno conservaba no 
solo la túnica interior i el santo Hábito, capaz por sí sólo 
de abrumar al hombre más robusto en un clima tan ardien- 
te, si que también la descalsez sufriendo las cruelles picadas 
de les mosquitos i zancudos por amor de aquel Dios que no 
les daba á padecer más de lo que ellos deseaban. La divi- 
na Providencia que cuidaba á los religiosos, no dejaba de 
extenderse hasta favorecer á los soldados también; comQ 
los pobres las más de las veces se habían de apretar el cin tu- 
rón para atajar ó entretener el hambre, de aquí es que cuan- 
do divisanban los centinelas á los hombres que conducían el 
cargamento, alzaban la voz gritando: ¡Alerta! cabo de guar- 
dia ¡alerta! ya viene San Francisco!; con esto daban á com- 
prender que ta'nto los prisioneros como sus guardianes eran 
escrupulosamente socorridos por la caridad i no por el Go- 
bierno nacional. ¡Qué borrón! 

Mientras que el señor Castañé estuvo un día divirtiendo 
á los religiosos tañendo un violín que el señor Capitán del 
fuerte le había dejado, se dejaron oír las voces alarmantes 
de ¡los Chunchos! los Chunchos! los Chunchos vienen! A tal 
clamoreo salió Fr. Seluy á ver el objeto de la vocinglería; 
al divisarlo desde esta banda del río, con el Sto. Cristo en la 



- 171 - 

mano le hacía señas á que se aproximase i no temiera. Ve. 
nía el infiel con mucha precaución, i cuando estuvo mui cer- 
ca; imo de los oficiales empuñó un rifle para aflojarle un ti- 
ro; apenas el religioso notó semejante actitud, indignado de 
una santa ira, le dijo: ¿que cosa? ¡así no más se mata á un 
hombre infeliz! ¡Cuidado que cometa V. semejante crimen! 
El oficial bajó el arma y se contuvo; pero no bien había pa- 
sado un rato cuando echó un grito diciendo: nó Padre, nó 
Padre. ¡Quiero comer carne del Chuncho! Sepa que el otro 
día sin ir más lejos, me mataron á un Sargento, i acto con- 
tinuo mandó disparar un cañón, cu\'o proyectil no produjo 
otro efecto que el de hacer correr al infeliz más ligero que 
una Bicuña. 



Regreso de los Padres de Ocopa i su recibimiento. 

Como los religiosos ignorasen el tiempo que duraría su 
destierro, iban recibiendo antre tanto las provisiones que 
las compasivas señoras de Tarma les estaban remitiendo; 
hasta tanto que en una de las remesas, Fr. Buenaventura 
Seluy recibió justamente varias comunicaciones de manos de 
un indígena. Las abrió, i en una de ellas encontró una nota 
simplemente firmada por un señor Tejada, que, á no ser in- 
grata nuestra memoria, era Ministro de Estado. No dejó la 
dicha nota i firma de llamarle la atención; i al llegar al pun- 
to deseado, saltando de alegría, clamó: ¡libres, libres, libres! 
¡demos gracias á nuestro amabilísimo Redentor Jesús! Al 
oír el señor Capitán tan inesperada noticia, dijo: no puede 
ser eso, mi Padre. Sí señor, lea usted, contestó Fr. Seluy: y 
habiéndose impuesto el buen Jefe les dijo: cierto; quedan VV. 
libres; pueden irse cuando gusten. ¡Ah, eso no, Sr. Capitán! 
repuso el religioso; V. no puede ni debe soltarnos hasta que 
el Subprefecto de Tarma le mande la **Nota*' respectiva; 
porque aunque la que acaba de leer sea verídica, no obstan- 
te, es simplemente una copia, i la copia es copia. Cierto: 
contestó el Señor Capitán, ¡gracias mi Padre; mucho le 
agradezco su advertencia i buen corazón! 

No tardó en llegar la tan deseada **Nota'*, ni las bestias 
para emprender su regreso del Schanschamayo los religiosos 
prisioneros; así es que, olvidándose, ó mejor diremos, rega-< 

22 



— 172 — 

lando á la guaidia del fuerte las provisiones que les habían 
sobrado, se despidieron de la oficialidad con un fuerte abra- 
zo, del cual, i con mas razón, gozaron también otros dos ca- 
balleros paisanos suyos que todavía quedaban; sin haber 
ocasionado el menor gasto á la República Peruana. 

Las personas que están al corriente del amor que el pue" 
blo peruano profesa á los PP. Misioneros, podrán calificar 
el grado de entusiasmo con que vitoreaban el regreso i liber- 
tad de los prisioneros en su tránsito. Ya no eran los llantos 
los que ocupaban los ojos, sino que eran los festivos clamo- 
res de: ¡alabado sea Dios! ¡Ave María Purísima Taita! ¡Vi- 
van los Taitas! que salían de sus amorosos labios. Arcos 
triunfales eran los que se veían por los caminos i nubes de 
olorosas flores llovían sobre ellos, de tal suerte, que los deja- 
ban completamente consolados; pero el arco mas hermosc» i 
elegantefue el que levantaron en su hacienda, llamada Flori- 
da las siempre respetables señoras Otero. La virtud en todo 
se distingue. Aquí descansaron, i después de haber tomado 
el almuerzo, dejaron ese vistoso panorama, siguiendo su ca- 
mino para Tarma. Un continuo estallido de cohetes echados 
por los aires, anuncia á los moradores de Tarma alguna co- 
sa extraordinaria; la gente sale de sus casas i cada uno pre- 
gunta: ¿Qué será esto? ¡Ah los PP. han llegado de Schans- 
chamavo!, contesta el otro. Efectivamente: los misioneros 
entran á la portada de la ciudad, son recibidos por un gentío 
cada vez mas numeroso, que con el semblante festivo i risue- 
ño celebra su buena llegada en medio de una lluvia de fra- 
gantísima mistura esmeradamente confeccionadas. Dejamos 
dicho arriba que los PP. fueron antes visitados i cuidadosa- 
mente atendidos en casa del señor Síndico por las más dis- 
tinguidas familias. ¿Qué diremos ahora de lo que hizo toda 
la población en el tiempo de su regreso de Schanschamayo? 

Que nos hemos perfectamente convencido del amor sincero 
que los tarmeños profesan al Colegio de Ocopa por el acto 
que sigue: Habiendo sabido S. S. lima, el Sr. D. Manuel T. 
del Valle, dignísimo obispo de Huánuco, desiie Lima, que al- 
gunos Misioneros de Ocopa habían sido confinados á Schans- 
chamayo, escribió á una estimable familia que para atender 
á las necesidades de los confinados gastase por primera vez 
500 pesos. Mas las tarmeñas, llenas de un santo entusias- 



~ 173 - 

TOO i pundonor, contestaron: dignísimo señor; le agradece- 
mos su venerable cooperación en la mantención de nuestros 
taitas Misioneros; pero por el presente no puede el cariño de 
Tarroa quedar ni un solo instante suspenso, supuesto que 
todavía quedaban algunos reales que gastar en su obse- 
quio. 

Deseando los religiosos con ansioso anhelo unirse con los 
demás Padres i Hermanos que 3'a se hallaban en Ocopa, Fr. 
Seluy dio todas las disposiciones necesarias para salir de 
Tarma temprano al día siguiente. Más, como la piedad de 
las señoras no resultaba satisfecha, los hicieron quedar has- 
ta el otro día, porque querian dar gracias al Dios de las al- 
turas, á la manera de los hijos de Israel cuando salieron de 
la esclavitud de Egipto, por medio de una solemne Misa can- 
tada i Te-Deum. 

Efectivamente, la Misa fué lo más solemne que hasta en- 
tonces había visto Tarma; el concurso fué incalculable i to. 
das las señoras eran ojos, pies, manos i \oluntad, para ser- 
vir á los religiosos. Después de haber dado gracias al Señor 
del modo que se ha dicho, salieron en dicho día para Jauja» 
donde se les esperaba con ansiedad. Un mes cabal estuvie- 
ron ausentes de sú santa morada, pues el 27 de abril salie- 
ron del Colegio para Jauja, i el 27 de mayo salieron de Jau- 
ja para reingresar á su amada i suspirada morada, morada 
de paz como la llama el melifluo San Bernardo, Pax in coella, 
etc. Salieron por fín de Jauja i al pasar por su extensa pam. 
pa, lo que llamaba más la atención de nuestros religiosos 
era la multitud de cohetes que se disparaban en la cumbre de 
unos cerros, i la rapidez con que eran contestados desde la 
cumbre de otros cerros, preguntaron qué cosa significaba 
aquel telégrafo, i les fué contestado que por ese medio se da- 
ba noticia á la Comunidad de Ocopa de su proximidad. 
También en esa pampa sucedió otra cosa rara i fué: que una 
pobre indiecita, no obstante de ir bien cargada con su Qui- 
pe (lío) iba corriendo delante de las cabalgaduras de los 
PP., i cuando notaba que el paso de los animales era lento, 
echaba á bailar i por el gozo que inundaba su corazón gri- 
taba: ¡Veva el Tayta Mareano! ¡Veva, que veva el Tayta 
Ventora! i así iba funcionando cada vez que se le ofrecía 
hasta al llegar á Ocopa. 



— 174 — 

Indescriptible fué el gozo i contento que inundó el cora- 
zón de los jóvenes expatriados; i para dar algún bosquejo de 
ello, expondremos brevemente lo que hemos oido de los la- 
bios del R. P. Seluy, entonces Fr. Selu}'. Distaríamos, dice, 
de nuestra morada, como una media legua, i como para ver 
la media naranja i cúpulas de las torres ó campanarios de 
nuestra iglesia intermediaba un cerrito, apuramos el paso 
para ver el aspecto imponente i magestuoso que á todo pa- 
sajero le dice: allí se adora con espíritu i verdad al Dios de 
las alturas, allí está aque Dios, que con una sola mirada ha- 
ce estremecer la tierra, aquel Dios á cuya presencia he de 
presentarme para un día ser juzgado i por El mismo premia- 
do i castigado según mis buenas ó malas obras; i al divisar 
aquel dichoso convento que ha dado al Perú i á la Religión 
Seráfica setenta mártires por la propagación de la Fé, llenos 
de la alegría que se deja comprender gritamos: Ocopa! Oco- 
pa! Laudemus Dominum qui fecit nobiscum mibilia. No tar- 
damos en oir los festivos repiqueteos de las campanas, que 
anunciaban á los pueblos nuestra próxima llegada. íbamos 
subiendo con lentitud desde Huanchas^ encontrando en el 
paso algunos elegantes arcos triunfales, i á cierta distancia 
notamos que se dirigía hacia A nosotros, un señor sacerdo- 
te, quien después de habernos saludado respetuosamente 
nos dijo que nos desmontásemos de las bestias, porque ha- 
bía mucho peligro de que se espantasen con la multitud i re- 
petido disparo de cohetes. En efecto, nos apeamos, porque 
lo requería la prudencia; i luego una banda de música, el es- 
tallido de los cohetes, las danzas indígenas, i el repiqueteo de 
las campanas, nos dieron el cien doblado por los malos ra- 
tos que como criaturas habíamos padecido durante nuestra 
peregrinación. ¡Qué chasco para el infierno! Y mayor fué en 
la anteentrada de las Alamedas, donde habían levantado el 
arco mas espléndido que hasta entonces habíamos visto; en 
en su pie habían colocado una mesa, sobre la cual estaba 
parada una tierna niña gustosamente vestida de blanco, 
quien al pasar nosotros por debajo del arco, levantó su ino- 
cente mano, en señal de imponer silencio; todos se callaron, 
i durante el profundo silencio, recitó en voz clara, sonora é 
intelegible unos elegantes i sentidos versos á nosotros diri- 
gidos, acabados los cuales, dijo con la gracia de un ángel, he 



— 175 — 

dicho señores; pasen adelante mis Padres. Entramos, desde 
luego, por la portada que conduce á la Alameda dividida por 
dos espaciosos caminos; uno que conduce al hermoso i reco- 
gido templo i el otro á la portería del Colegio, refugio de la 
mendicidad; apesar de que en el primero había también un 
arco tanto ó más vistoso i agradable que el que antes se ha 
dicho, apesar de esto, repito, ninguno de ellos arrebató tan- 
to nuestra atención como el del camino que conduce á la re- 
ferida portería. El suelo estaba desde su principio hasta el 
extremo primorosamente tapizado de alfombras con precio- 
sas flores de jardín i de otras bellísimas hechas á mano. De 
los árboles pendían á derecha é izquierda centenares de ban- 
deritas peruanas. Entre la alegría, repiqueteos de campa- 
nas, música i cohetes, nos encontramos en la portería del 
Convento, ante la cual estaba toda la comunidad presidida 
de nuestro digno i venerable Prelado. Aquí se impuso, por 
segunda vez, silencio al interminable clamoreo de ¡Vivan los 
Taitas! ¡Bienvenidos sean nuestros Taitas!, i otra niña pro- 
nunció una tierna **Loa'* en prosa; acabada la cual, caímos 
en los tiernos abrazos del M. R. P. Guardián, Fr. Francisco 
Espoi, que nos dijo: ¡bienvenidos carísimos hermanos! ¿Có- 
mo les ha ido? Nadie es capaz de penetrar la dulzura con 
que fueron pronunciadas las dichas palabras, sino por aque- 
llas personas que están al corriente de su elevada virtud. A 
este tan dulce saludo, siguió el abrazo de cada uno de los 
alumnos de la Comunidad é inmediatamente fuimos condu- 
cidos á la celda del Guardianal, donde fuimos obsequiados 
con los presentes que permite nuestra altísima pobreza i nos 
retiramos con paz i sociego á nuestro Coristado i celda, des- 
pués de haber cumplido con los actos de urbanidad i política 
religiosa. 

Esta fué, amados lectores, la peregrinación de nuestros 
pobres coristas; padecieron ellos i padecieron los RR. Padres 
Sacerdotes; ellos padecieron entre las inmundicias i escaseces 
de un castillo situado entre bárbaros i apóstatas infieles; es 
decir, en Schanchamayo, en aquel río sepultura de tantos 
atletas de Ocopa desde su fundación hasta la triste escena 
del R. P. Antonio Qallisans i Fr. Ignacio M. Sans; i padecie- 
ron los venerables Sacerdotes andando por montes et colles 
siguiendo las huellas del grande Atanasio; pero ni la malicia 



- 176 — 

de los hombres, ni la de Satanás con todo su infernal ejército, 
pudieron recabar que faltase un solo religioso en el tiempo 
de su reunión. Ello es cierto que derramaron copiosas lágri- 
mas yendo unos al destierro i otros dispersos de un lugar á 
otro; pero también se puede decir de ellos que con alegría re- 
cogieron á manos llenas los frutos copiosos de sus sudores, 
como dice de los justos perseguidos el coronado Profeta de 
Israel: E untes ihant et fíebant mittentes semina sv a: ve- 
nientes autem venient cum exultatione portantes manipulas 
svos, » 

Aón podríamos añadir que no fué menos grave en los 
años de 1875 i siguientes el peligro mencionado, de quedar 
aniquilados los Misioneros, ó destruida por lo menos esta 
Venerable comunidad, al igual de lo que recuerda la histo- 
ría de la supresión de los Conventos en algunas ciudades de 
la República, como son lea, Arequipa i Cuzco; así mismo lo 
demuestran los esfuerzos hechos para protestantizar el Pe- 
rú católico i otros ensayos semejantes. Aún no han pasado 
tres años después que el infausto Alcalde de la ciudad de lea 
intentó por sí i ante sí mismo obligar á los PP. Misioneros 
á que desalojasen el Colegio de aquella ciudad, para alojar 
en él á cuatrocientos reclutas que, teniendo sobrado lugar 
en los Conventos que fueron de la Compañía i de San Agus- 
tín en otro tiempo, i hechos hoi cuarteles, no le acomodaba 
colocarlos en esos Cuarteles comunes i sí pretendía hacerlo 
en el Colegio de San Francisco, para ejecutar sus premedita- 
dos intentos que quedan ya indicados. La capilla de dicho 
Colegio, que precariamente cedieron á la Ciudad años atrás, 
cuando solo era S. Francisco Convento, alentó á los Sultn- 
nes de la libertad para animarse é incautarse después del 
Colegio é Iglesia i retener injustamente dicha Capilla, ape- 
sar de los repetidos reclamos judiciciales de parte de la justi- 
cia. En esos escrúpulos no se miran esos filántropos fraile- 
fobos, para no atrasar en un caso dado, aunque sea fuera de 
la recta vía de la justicia; i por ahí puede calcularse lo que 
sería de este Colegio i de los otros del Perú, á no haber im- 
pedido la divina Providencia los esfuerzos de los enemigos 
de la Religión. El ostracismo i secuestración de esta Comu- 
nidad, que en Schanschamayo sufrió en 1866 por una parte, 
i las calumnias atroces por otra parte, han sido la conse- 



- 177 - 

cuencia de lo intentado por nuestros enemigos. Dios les ilu- 
mine i les dé gracias para que reconozcan con tiempo. 

Pasando ahora de los peligros de que nos libró miseri- 
cordiosamente la divina bondad é infinita clemencia, á los 
beneficios que nos hizo, diremos lo que ya decía en el jírimer 
siglo de nuestra seráfica Religión el Romano Pontífice Nico- 
lás III: que las olas de las tempestades lejos de habernos 
abogado^ mas bien nos hnn hecho crecer en la observancia 
de nuestras obligaciones i aumentado el número de nues- 
tros colegios. Efectivamente; cuando este colegio era prote- 
gido por el gobierno civil fundó los colegios de Tarija, en 
Bolivia, i el de Castro, enChiloé, á mas de setecientas leguas 
de distancia; ó, lo que es más difícil, conservó aquellas tan 
remotas i estensas misiones, de modo que al presente es Co- 
legio de la Propaganda, la Misión de Castro en Chiloé. Mas, 
después del restablecimiento, este mismo Colegio de Ocopa 
vé con no pequetia satisfacción espiritual, á la derecha i á la 
izquierda, los colegios del Cuzco, de Quito, de Arequipa, de 
Cajamarca i de lea que, en compañía del de los Descalzos de 
Lima, le reconocen por Madre i á Él le deben la existencia 
inmediata ó mediatamente. Ya se ha hablado de la funda- 
ción del Colegio de los Descalzos de Lima, en en el capítulo 
VII de esta segunda Época; ahora vamos á historiar lo per- 
teneciente á la fundación de los demás Colegios expresa- 
dos. 

Colegio de Propaganda Fide de san Antonio de la 
CIUDAD DEL Cuzco.— Su fundación fué debida, ó mejor moti- 
vada, por la extraordinaria Misión que dieron los PP. de 
Ocopa en aquella ciudad. Corte antigua de los Incas, i, en 
tiempos posteriores, fomentadora de insignes Doctores i ar- 
tistas. Fué tan célebre i fructuosa aquella Misión dada por 
los Misioneros los RR. PP. Pallares, Vera, Berrocal, Casa- 
novas i Aliveras, que Dios transformó por de ella, de un mo- 
do admirable i pocas veces visro, á aquella noble é ilustre 
ciudad i á todas las clases de sus ciudadanos; pobres i ricos, 
nobles i plebeyos, sabios i del vulgo, empleados del Estado i 
respetables eclesiásticos, militares, paisanos i hasta los mis- 
mos detenidos por la justicia en las cárceles públicas, religio- 
sos i religiosas, todos los cuzqueños en una palabra, siendo 
dóciles á ía divina gracia, esperimentaron la eficacia de las 



- 178 — 

Misiones i ejercicios espirituales, los comunes i los dados á 
algunas clases especiales de personas, con que Dios los lla- 
maba á mejor vida. Solo sintieron la brevedad del tiempo 
de que pudieron disponer los mencionados PP. Misioneros, 
ayudados del respetable clero secular i regular de aquella 
populosa capital i metrópoli del imperio Inca en los antiguos 
tiempos; pues que únicamente pudieron detei.erse unos tres 
meses i aun no completos, i la cosecha se ofrecía mucho más 
abundante para que, sazonada como estaba con la influen- 
cia del rocío celestial i de la Divina palabra, pudiera recoger- 
se convenientemente por los pocos operarios que la brevedad 
tiempo ofrecía. Por esto, i ya que no habían podido los di- 
chos Misioneros acceder á las justas suplicas que les dirigie- 
ron el Ilustre Sr. Vicario Capitular en Sede vacante, i los se- 
ñores i señoras que acompañaban en Acta su demanda, por 
no permitir las circustancias prolongar aquellas Misiones, 
hasta el medio año, como deseaban i juzgaban convenien- 
te, el mencionado Vicario Capitular señor Dr. D. Mariano 
Chacón i Becerra, solicitó i consiguió de los Prelados de 
nuestra Orden, el Rmo. Padre General i definidor General, lo 
que toda aquella insigne ciudad apetecía con ardor; la fun- 
dación de un colegio de Misiones. Para la instalación de 
aquella nueva comunidad partieron ^jor entonces de Ocopa 
el presidente de aquel hospicio, i después guardián, una vez 
transformado el Hospicio en Colegio, el R. P. Fr. Melchor 
Vera, insigne predicador; el reverendo padre Vicario, Fr. 
Jaime Corretjer, en tiempos posteriores varias veces Guar- 
dián de aquel colegio i colector de Misiones en Europa; el P. 
Fr. Pedro Serra, Guardián en el mismo colegio i del que des- 
pués se fundó en Arequipa; el devoto Ramón Espel, que mu- 
rió en Arequipa de tránsito, i un donado. Mas luego después 
mandó el Guardián de Ocopa á otros, i fueron, Fr. José Ra- 
mos, el padre Torremorell, el Corista Palacios, un donado, i 
algunos novicios, que se educaron en este lugar i partieron 
al Cuzco recien profesos. De los PP. del colegio de Lima fue- 
ron con los de Ocopa cuatro, con algunos donados, i de la 
misma Recoleta del Cuzco el virtuoso, celoso i venerable R. 
padre Fr. Mariano Cornejo con dos coristas, quienes recibie- 
ran á los Misioneros de Ocopa i de Lima á medida de sus 
deseos; i con esta nueva comunidad formada por los expre- 



- 179 - 

sados, comenzó á constituirse aquel nuevo hospicio, que lo 
fué solo breve tiempo, porque por junio de aquel mismo año 
1860 fué elevado á colegio independiente del de dcopa i Li- 
ma,-como todos losdemás de Propaganda Fide entre infieles 
i fieles. 

El día 9 de junio del año 1863 salieron de este colegio de 
Ocopa los RR. PP. Fr. José María Aliveras i Fr. Felipe de S. 
Vicente Martinez, con destino á la fundación del nuevo Hos- 
picio i Colegio de la Capital de la República del Ecuador; el 
primero, con el cargo de Presidente i después Guardian, en 
cuyo cargo había sido reelegido antes de que muriera vícti- 
nla de sus imponderables fatigas en las Misiones de Ocopa i 
de Quito, donde había también ejercido con diligencia el mui 
delicado empleo de Reformador de Monjas, con comisión de. 
legada para el efecto: el segundo, con el cargo de Vicario. 
Este nuevo colegio instalóse en un principio en la sala Reco. 
leta de Quito; mas después se le agregó por orden del SS. 
Pontífice Pió IX, á cuya insinuación i á solicitud del nunca 
bien llorado Presidente Señor García Moreno, fué debida la 
fundación expresada, el Convento Máximo de San Francis- 
co de Quito, formando en virtud de la referida disposición 
apostólica los dos Conventos una sola Comunidad, que^s 
hoi dia la del Colegio de San Diego. 

En el año 1869 se dirigieron á Arequipa desde Ocopa el 
R. P. Fr. Elias del Carmen Passarell i el R. P. Fr. Buenaven- 
tura Seluy, i desde el Cuzco el R. P. Fr. Pedro Serra con un 
Donado, para incorporarse con los RR. PP. Fr. José Ma. 
ria Masiá, Fr. Rodó i demás Padres de Lima, que espera, 
ban se disipasen las turbulencias que en Arequipa los enemi- 
gos de la Religión Catónica i Orden Seráfica, promovieron 
por medio del periódico La Bolsa^ así como en Lima por me- 
dio del Fiscal de la Corte Suprema, el señor Paz-Soldán, se- 
cundando la oposición levantada por un Prefecto de aquel 
Departamento, para proceder á la fundación de un colegio, 
según había pedido aquella noble ciudad después de las mui 
extraordinarias Misiones dadas en la misma. Vencidas to- 
das las dificultades, gracias á la enérgica defensa del M. R. 
Padre Gual, Comisario General i Ex-Definidor, que hizo has- 
ta fiscalizar al mismo sistemático Fiscal mencionado, i al 
fervor constante de los piadosos arequipeños contra los ata- 

23 



— 180 — 

q ues irreligiosos i atrevidos de aquel descomedido é impío 
periódico; el Jefe Supremo de la República, Sr. Balta, dio un 
decreto favorable i con las debidas prescripciones de derecho 
se instaló, á despecho de los rugidos fieros de los partida* 
rios de la actual Revolución cosmopolita, el nuevo colegio 
de San Genaro en la Recoleta del mismo Arequipa, que ac- 
tualmente subsiste. El M. R. P. Masiá tomó luego el cargo 
de Comisario General Delegado, en ausencia del M. R. P. 
Gual, i lo fué después en propiedad hasta que en la visita de 
Ocopa le llegaron las Bulas de su promoción al Obispado de 
Loja, cu3'a Diócesis rige todavía hoi. 

Por el mismo año de 1869 se trabajó con empeño en la 
reedificación del Convento de Cajamf rea i en él se instaló el 
actual colegio, después de una misión que en aquella ciudad 
dieron los PP. del de los Descalzos de Lima con buen resul- 
tado espiritual, semejante á lo que queda dicho de las de- 
más Misiones. 

Últimamente, el Hospicio que en 1855 se había aceptado 
i que poco después había vuelto á su primitivo estado de 
Convento sujeto al Ordinario, en la ciudad de lea, hace co- 
mo unos tres años que se elevó á colegio de Misioneros, co- 
mo los hasta aquí espresados. Los RR. PP. Clivilles, Rossi, 
Fontecedro, Molteni, Codolosa, Narvaes, Berrocal, Planas, 
Selui, primer guardián de ese colegio, Bohigas, etc., todos 
de Ocopa, han morado i moran actualmente los dos últi- 
mos, en dicho colegio de San Antonio de lea, vulgarmente 
llamado San Francisco. 

Dios conserve i santifique á todos los PP. i HH. de to- 
dos los colegios de que nos hemos ocupado en el capítulo 
presente. Amén. 

CAPÍTULO XXVIII. 

Elección del P. Fr, Ignacio María Sans para Prefecto de las 
Misiones, — Entrega de algunos pueblos de nuestras mi- 
siones al ordinario, — Nuevas reducciones de inñeles, ma- 
logradas por /a inveterada malicia de los Cunihos i Schi- 
pibos. 

Volviendo á tomar el hilo de la historia de las Misiones, 
diremos que en 1864- el P. Martore], por el estado continuo 



- 181 - 

de su quebrantada salud, en que sigue todavía hasta la fecha 
(1882), renunció el cargo de Vice-prefecto, regresando á 
Ocopa, i en su lugar fué elegido el P. Sans^ Al pasar el padre 
Calvo en compañía del referido P. Lúeas de J. Martorell por 
Chilache, en el valle de Huancabamba, diéronles noticias 
ciertas de las repetidas salidas de los infieles Campas á dicho 
valle; mas como el tiempo era escaso para llegar con opor- 
tunidad al futuro Capítulo á que tenía que asistir i estaban 
también faltos de recursos, no pudieron intentar la reduc- 
ción de aquellos infieles hasta mas tarde, como se dirá en su 
lus:ar. Si al entrar en las montañas del Ucayali en 1861 los 
PP. Sans, Martorell i Fr. Cornejo fueron grandes sus sufri- 
mientos por encontrar las -Misiones en lastimoso estado de 
querer ausentarse de ellas los Sarayaquinos i establecer su 
residencia en el Pachitea en las márgenes del Pichis á causa 
de una peste de viruelas; de que murieron los PP. Guiu, Co- 
mellas i Fr. Enrique Portóles; de la ausencia del P. Calvo, 
que se hallaba gravemente enfermo; de la ausencia próxima 
del P. Manuel Vargas, que debía marcharse á los ocho días; 
i principalmente á causa de las hostilidades de que eran víc- 
timas los indios i del pánico que de los mismos se había apo- 
derado con las medidas adoptadas por el gobernador D. 
Venceslao Jaña, de nacionalidad chilena, puien hizo flajelar 
á un sarajaquino por los soldados i disparar un fusil á la 
noa misionera en que iba el P. Manuel Vargas, cuando se 
dirigía á Sarayacu i al encuentro de dicho gobernador i sol- 
dados, cuyo tiro dejó la bala en el pamacarij porque la ca- 
canoa no pudo detenerse en medio de la impetuosa corriente 
del Ucayali, como intentara dicho gobernador; si fueron no 
pocos los trabajos que padecieron por sujetar los feligreses 
de Sara3'acu, á quienes amenazaba repetidas veces posterior- 
mente el gobernador mencionado con la venida de otros sol- 
dados, no fueron menos los que subsiguieron á dicho P. Sans 
en los seis años de su Vicc-prefectura, de 1864 á 1870, en 
cuya época fué electo Prefecto en el Capítulo Guardianal de 
este último año, sucediendo al virtuoso i benemérito P. Fr. 
Vicente Calvo. Hallábase con él el P. Fr. José María Bate- 
Has, misionero de un candor i virtud reconocidas, pero enfer- 
mo habitualmente i de un carácter algo pusilánime, lo que 
hacía que duplicaran las fatigas del mencionado P. Sans. El 



- 182 - 

Padre Batallas tuvo por fin que regresar á su Colegio, í mu- 
rió en la misión de Huancabelica en 1868, donde está sepul- 
tado en el presbiterio de la iglesia de San Francisco. 

Para dar una idea de los peligros que corrían, bastará 
reseñar, entre los muchos i de distinto género que' podrían 
citarse, el siguiente caso. Uno de los muchachos que servían 
en Cavariva á los referidos PP. intentó envenenar á dicho 
Padre Batellas, i para verificarlo había ya echado el veneno 
en el tacho donde preparaba la poción de su desaj^uno, para 
después de la misa que celebraba. Quiso, empero, la divina 
Providencia que el P. Sans fuese, mientras aquel celebraba la 
misa, á la cocina, i al registrar dicho vaso i notar las man- 
chas grasicntas de la manteca venenosa que había echado el 
referido mal intencionado muchacho, arrojase con indigna- 
ción todo aquel licor; aunque sólo fué por encontrarlo as- 
queroso, pues ignoraba que estuviese envenenado. Conclui- 
da su misa el P. Batellas entró en el Convento, i otro mu- 
chacho sirviente le refirió la maldad cometida por su picaro 
compañero i de cómo Dios le había librado de la muerte por 
medio del P. Sans, sin saberlo éste. 

El envenenamiento es en aquellas regiones bastante fre- 
cuente i por demás fácil. En 1864 se envenenaron los Padres 
Calvo, Martorell, Sans, D. Alberto Blochoise, D. Carlos N. i 
un indio llamado Teodoro, con la disolución del plomo del 
alambique en que se destilaba el aguardiente. Mas, como 
solo usaban de dicho licor á la hora de comida, i en la pe- 
queña cantidad de una sola copita ó vasito, para aj'udar la 
digestión, advinieron á tiempo el envenenamiento por los 
acerbos dolores de vientre i por la telita de plomo diluido en 
el vasito de aguardiente; i quitando la causa i medicinándo- 
se, se restablecieron pronto sin ulteriores consecuencias. 
Sospechas hubo también, apesar de lo que llevamos dicho 
antes, de que las muertes de los PP. Guiu, Comellas i Frai 
Portóles fueron causadas por el veneno que ó ellos inocente- 
mente ú otros con malignidad les propinaron. I no es de ad- 
mirar esta sospecha, pues que en años posteriores se ha visto 
á los infieles envenenar á algunos blancos, i repetidos se dan 
los casos en que las mujeres gentiles se hacen estériles para 
toda la vida con unas pocas pócimas de determinados vene- 
nos, como del solimán del monte, del ticuna i otros, cuya 



- 183 — 

actividad es mui notoria. Sirva, pues, lo aqui referido para 
hacer cautos á los Misioneros i á cuantos deben transitar 
por los lugares de infieles, de quienes no deben nunca fiarse 
demasiado. 

En 1871, el día 12 de octubre, el gobernador eclesiástico 
de la diócesis de Chachapoyas confirió al Sr. D. Remigio Ar- 
bildo, encargado de la Doctrina de Yurimaguas, el título 
canónico de Cura interino de la doctrina de Catalina, En- 
tonces el P. Prefecto Fr. Ignacio M. Sans, en cumplimiento 
de lo ordenado por Inocencio XI i demás disposiciones pon- 
tificias vigentes, dando aviso al Guardián i Discretorio de 
Ocopa, hizo dimisión de dicha cura de almas i entregó, con 
fecha 11 de febrero de 1872. al mencionado señor cura inte- 
rino de la Doctrina de Catalinei, D. Remigio Arbildo, el pue- 
blo de **Catalina i sus anejos, á saber: Yanayacu i Leche; 
Saravaca i Tierrablanca; inclusos todos los que viven en 
Yarína, Paca, Canchahuaya é isla de Buepoano^'; de cuyos 
pueblos el P. Martorell había hecho ya dimisión ante el 
limo. Sr. Ruiz en 1861, la cual no le fué aceptada; así como 
la hizo también, cuando se le nombró cura de Catalina, el 
P. Fr. José M. Batelias. Pero desde 1872 las Misiones que- 
dan definitivamente exoneradas de la carga de dichos pue- 
blos. 

Como aquí nos despedimos de estos nuestros amados 
Neófitos i no hemos de volver á ocuparnos de ellos en el de- 
curso de esta historia, consignaremos !a situación de aque- 
llos pueblos que pertenecieron anteriormente á nuestras Mi- 
siones i formaron un tiempo su porción más principal. Sa- 
raj^acu, cabeza de las misiones desde 1793, es población de 
mil á dos mil almas, según sus varias alternativas, compues 
ta de las tribus Pana, Umahua, Yamea, Suchichi, Sentci, 
Setteba, Rema, Amuehuaca, etc., situada en la orilla iz- 
quierda del rio del mismo nombre, dista una legua del Uca- 
yali. A un cuarto de legua con dirección á la orilla izquier- 
da del mismo Ucayali, estaba, en la misma izquierda del 
rio Sarayacu, el pueblo de Belén. A un poco mas de una 
legua, encontrábase la ranchería de Yarina: á un día Uca- 
yali arriba, la del antiguo pueblo de Canchahuaya; i á un 
día de surcada, la de Paca, Buepoáno se halla como á unos 
dos días. Esto por lo que mira subiendo de Sarayacu las 



- 184 - 

orillas del Ucayali. Mas bajando, á una le*^ua de Saraya- 
cu, en la izquierda del Ucayali, est«á Tipischca^ donde vivía 
alguna gente; no lejos de aquí Cruz-znnyana; i aunque ha 
habido otras rancherías, las omitimos. Tierra-blanca se ha- 
llaba en la izquierda del Ucayali, á un dia de bajada de Sa- 
rayacu i dos i medio ó tres al subir regresando: forman este 
pueblo los de la nación Pana, que tuvieron después que 
trasladarse mas arriba á la derecha del Ucayali, por haber- 
se inundado el sitio primitivo. A un dia i parte de una no- 
che mas abajo, vivían los fugitivos deSarayacu en Tipischca 
de losnegritos i Pacacuru; si bien algunos otros vivían cerca 
de Nauta en Puynáhuas. Catalina dista como once leguas 
por tierra de Sarayacu, mas por el río algunos días. Yana- 
racu dista de Catalina, siguiendo la misma dirección hacia 
el Huallaga, como unas seis leguas; i de Yanayacu, el pue- 
blecito de Leche solo está apartado tres ó cuatro leguas. 
Tal es la situación de estos pueblos que Dios quiera conser- 
var i aumentar. Pasemos ahora á dar noticia de aquellos 
que se malograron por desdicha i malicia humanas. 

Descargado el P. Prefecto i sus nueve compañeros, que 
de Ocopa i otros colegios (Lima i Cuzco) fueron á ayudar- 
le, consagróse con calor á la reducción de los Remos, que 
desde 1862, aunque á paso lento, iban aproximándose i ma. 
nifestando deseos de hacerse cristianos. Efectivamente; di- 
cho P. en una expedición que hizo á las cabezadas ^del río 
Cayariya, bautizó varios niños i á unos adultos que le pidie- 
ron el bautismo de un modo extraordinario, en el punto 
llamado Piyuya, distante como unos diez días del pueblo 
Cayariya. Algunas jornadas más lejos todavía vivían otros 
Remos llamados Isisbaquebu i otras parcialidades; mas, 
como dicho río Cayariya es casi intransitable por su rapidí- 
sima corriente en las avenidas, que no pueden vencerse al 
subir con la canoa, i estar su cauce lleno de palos que impi- 
dsn bajar por él cuando aquellas menguan, i tener sus orillas 
intransitables á causa de los pantanos i recodos cenagosos 
cuasi continuos, de manera que frecuentemente es preciso 
doblar i quizás triplicar el tiempo necesario en su subida ¡ 
bajada; se hacía mui difícil la reducción de todos aquellps 
infieles i su conversión caminaba mui lentamente. Es de ad- 
vertir al propio tiempo que en esa quebrada de Cayariya 



— 185 — 

hai muchas culebras boas, á las que llaman los quichuas j/i- 
cumRtnüs i no pocos tigres al parecer de la especie jaguares^ 
los cuales, aunque no tan fieros como los tigres del África, 
no por eso dejaron alguna vez de mantener en zozobra por 
muchos días á todo el pueblo de Caj'-ariya i de devorar á al- 
gunos infelices Remos, que en su fervor ó temeridad bajaban 
en busca de los padres por tierra i no habían tenido la pre- 
caución de suspender la hamaca en que dormían de noche á 
la altura suficiente en las ramas de los árboles. Para com- 
prender el peligro que allí se corre con las descomunales cu. 
lebras, sépase que el P. Fr. Manuel Vargas hirió en una oca- 
sión desde la canoa á una culebra que se hallaba en la orilla» 
arrollada á pocos pasos de distancia, i que á pesar de haber 
recibido en su cuerpo toda la munición del tiro de escopeta- 
ai momento se alargó en derechura de la canoa, no quedan- 
do al mencionado P. más arbitrio que alejar la canoa i de 
fenderse de aquella terrible fiera con un grueso palo de caña 
brava llamada botador. Hállanse también en esc río desco- 
munales lagartos, que no dejan de asustar i hacer presa de 
lo que pueden arrebatar. 

Siendo, pues, tan difícil el establecerse en las cabezadas 
del Cayariya los PP. Misioneros, por lascausas de que se ha 
hecho mérito, el P. Prefecto excitó á aquellos Remos á que 
bajaran hasta el punto intermedio llamado Schunumaná i, 
preparada de antemano una chácara suficiente para todas 
las familias, en él establecieran un pueblo. Hiciéronlo así; 
pero después de establecidos allí i de las inauditas fatigas de 
los PP. en las repetidas visitas que les hicieron, singularmen- 
te el infatigable P. Sans, ¿quién lo creyera! al fin de algunos 
años, vinieron á ser presa de las piraterías de los perversos 
Cunibos, quienes, robando las mujeres i los muchachos para 
esclavizarlos ó venderlos á los blancos del Ucayali, dispersa- 
ron á los hombres que no pudieron matar. Esos monstruos 
gentiles, desde la fundación del Cayariya se quejaron ya de 
que los Padres les habían usurpado el derecho feroz ó diga- 
mos mejor feral, que ellos creen tener al crimen que las le- 
yes divinas i humanas llaman plagio i que castigan severísi- 
mamente. 

Por lo que hai quien opina que á los tales gentiles debe- 
ría tratárselos según las lecciones que, á tenor de lo que se 



— 186 — 

lee en el Recreo de famiUí^s^ aplicaron Rolando, Nabal, el 
sanguinario, Kunnel i su hijo á los indios del Norte América, 
mni parecidos á estos; como si ese modo deportarse los pro- 
testantes con los infieles no fuera tan indigno 6 más que el 
de los mismos Cunibos. 

Las hostilidades, pues, de los Cunibos contra los PP. 
Misioneros, fueron desde ahí, como se comprende, casi con- 
tinuas. Al P. Comellas, por ejemplo, ya años anteriores, al 
querer impedirles la subida para sus piraterías le asestaron 
las flechas entesando el arco, i sólo se libró de sus saetas re- 
tirándose detrás de la puerta del convento. A los Padres 
Calvo, Sans i Martorell, á quienes hipócritamente aparenta- 
ron respetar en 1864 esos desalmados, burlaron también un 
día completamente, en tiempo de la misa á que asistía todo 
el pueblo de Ca^'^ariya, subiendo á los Remos para hacer 
presa de ellos; lo que no consiguieron gracias al miedo que 
después tuvieron al rifle del valeroso, inteligente i piadoso 
belga D. Alberto Blochoise, quien, oida aquella misa de día 
domingo, al salir á cazar se encontró con ellos i les amenazó 
seriamente por su felonía i el desprecio á los Padres mencio. 
nados. ¡Véase, pues, en qué peligros se hallan los indefensos 
misioneros! Los Schipibos, asi mismo, son para esas corre- 
rías tan atrevidos como los Cunibos. 



CAPÍTULO XXIX 

Iglesia i conventos de los pueblos de los Conversiones de in- 
ñeles. — Espedición al rio Yahvarí. 

Por el tiempo que pasaba lo referido en el capítulo an- 
terior, se edificaba en Cayarij^a un hermoso convento, con 
un corredor delante de seis seldas, una sala para el rezo de 
los niños i las niñas á un extremo i las varias oficinas al 
otro. Pasado un zaguán ó patio encuéntrase la iglesia de 
hermosa construcción. 

La iglesia de Sarayacu fué entonces mui celebrada, fi- 
gurando entre los edificios más notables de las montañas; 
pero mas digna de mentarse es la de Caschiboya, construida 
con tumbadillo en medio i á los dos lados i que tiene sus al- 



— 187 - 

tares montados con sobrado gusto. Todas las iglesias de 
los pueblos, así las de aquellos que se entregaron al Ordina. 
rio (Sarayaeu, Catalina, Yanayacu i Tierra blanca) como 
las que forman las actuales Misiones, encuéntranse suficien- 
temente provistas de ornamentos i extremadamente lim- 
pias. 

Los edifícios mencionados son construidos de tapial, cu- 
yeL tierra arenosa es mui á propósito para la edificación, i 
mientras que los techos, que sonde hoja de palma jrar/i?^, 
se mantengan en buen estado es dable esperar que por lar- 
go tiempo puedan estar consagrados al culto divino i satis- 
facer las necesidades espirituales de los fieles i neófitos, como 
así se lo ha acreditado á los PP. Misioneros, la experiencia. 
Empero, si no se cuidan los techos con el esmero necesario 
sobretodo en tiempo de lluvias, que suelen ser allí excesi. 
vas, mui luego se deterioran i resultan inservibles dichos edi- 
ficios. 

Algún tiempo después de los sucesos que venimos refi- 
riendo, intentóse una expedición al rio Yahuari, al que los 
portugueses brasileños llaman Alto Madera i que suelen na- 
vegar á vapor. Fué esto cuando la Prefectura del P. Sans, 
i este mismo padre quien la emprendió, dando asenso á las 
noticias que circulaban de que, era numerosa la gentilidad 
que vivía en las orillas de aquel rio. Mas, después de ha- 
ber andado largos dias por entre aquellos bosques vírgenes^ 
llenos de espinales breñas, cual no se encuentran en otras 
montañas, i habérseles fugado el guía que llevaban, sin otro 
motivo que el del natural tramposo i desconfiado de los in_ 
fieles; como que habían consumido todas las provisiones^ 
aunque quisieron el P. i los cristianos de Cayariya que le se- 
guían, continuar adelante, porque conjeturaban que dista- 
ban pocas jornadas de las Pampas de las orillas del Ya- 
huari tan ansiado, no tuvieron mas remedio que retroceder 
en su empresa, sufriendo en su retirada fatigas indecibles i 
alimentándose solo de írutSs silvestres. 

Nuestros PP. Misioneros de Manaos pKJsteriormente, 

en 1871, hicieron también una expedición por este rio, lo. 

grando subir hasta la catarata de San Antonio. En otra 

segunda expedición, el Rdo. padre Gesualdo Machetti da 

Montalino, según lo que refiere en su Breve Memoria della 
24 



- 188 — 

nuova Missione Francescane nel nord del Brasile de 1877, 
penetró mas arriba hasta el rio Machado, visitando una 
tribu de los infieles Araras, d los cuales encontró casi todos 
bautizados, unos por un religioso franciscano del Para, que 
estuvo por esa comarca diez i siete años atrás, i otros por 
los comerciantes del rio Madera. El párroco de Manicoré 
en ese mismo año de 1871, visitando su estensa Parroquia 
hasta la mentada catarata de San Antonio, bautizó sin dis- 
tinción alguna á cuantos indios, grandes i pequeños, se le 
presentaron. 

La exploración, pues, del rio Yahuari, según lo que han 
demostrado las antecedentes expediciones, puede hacerse 
con felicidad ó bien subiendo por él desde Tabatinga, ó ba- 
jando á él desde las fronteras de Bolivia. Debe, con todo, 
tenerse en cuenta que es rio mui infecto, como lo acreditan 
los soldados i los PP. Misioneros del Brasil, i que algunos 
de los infieles de sus cabezadas frecuentemente asaltan i ma- 
tan á traición á los incautos expedicionarios. 



CAPÍTULO XXX 

Reducción frustrada de los inñeles Amuehaaques del río 
Tamaya. — Lamentable muerte del P. Fr. Ignacio Ta- 
pia, 

En el capítulo Guardianal de 1876 fué elegido para Pre- 
fecto de Misiones el P. Fr. Lúeas de J. Martorell, cuyo car- 
go renunció por razón de los achaques contraidos en las 
Pampas del Sacramento, en donde llegaron los zancudos á 
agusanarle una pierna, i por no haber podido curar de un 
reuma crónico en 21 años. Habiéndole admitido su renun. 
cia el P. Presidente del Capítulo, Comisario General i Obis. 
po electo de Loja, el limo. Dr. D. Fr. José Masiá, fué recle, 
gido el P. Ignacio M. Sans, quien á su vez renunció también 
dicho cargo, viendo aceptada de la misma manera su renun- 
cia. Entonces el P Fr. Tomás Hermoso, hijo del colegio de 
La Paz en Bolivia, que se había trasladado al colegio de 
Arequipa i hecho un viaje desde el Cuzco hasta las Pampas 
del Sacramento, Nauta, Iquitos, Moyobaniba, Cajamarca, 



— 189 - 

Lima, pareció á los superiores ser el mas á propósito para 
desempeñar en aquella sazón el arduo i grave cargo vacan- 
te del Prefecto de Misiones, en consideración á la práctica 
que había adquirido en las Misiones de infieles de Bolivia, 
i para tal cargo fué elegido. Dirigióse éste al Ucayali por la 
vía de Cajamarca, Moyobamba, etc., en compañía délos 
padres Fr. Ignacio Tapia, hijo del cjlegiode los Descalzos 
de Lima, i Fr. Agustín Alemani del de Cajamarca, surcando 
el rio con el vapor Patumayo hasta Caschiboya, primer 
pueblo de nuestras actuales Misiones. 

Viendo frustrados los trabajos i diligencias empleadas 
en tantos años, para la conversión de los Remos del Caya- 
riya, expuestos en los anteriores capítulos de esta historia, 
determinó emplear á los padres en la reducción de los infieles 
Amuebuaques, que vivían en las cabezadas del río Tamaya, 
cuya confluencia con el Ucayali dista de Cayariya seis días, 
i con igual longilíud desde este punto hasta Pacahusumaná, 
donde fundaron el pueblo de S. Pedro de este mismo nombre 
ó del Tamaya. Recibiéronlos los mencionados Amuehuaques 
en su primera, entrevista con las flechas i el arco en actitud 
de traspasarlos, pues que eran desconocidos los padres de 
estos remotísimos bárbaros; i solo el conductor i su mujer 
que entendían su lengua pudieron apaciguarlos abrazándose 
con ellos, impidiéndoles disparar las flechas de sus arcos pre- 
parados i dándoles noticias minuciosas de los Misioneros, 
de su carácter distintivo, índole, ocupaciones i fin propuesto 
en su visita. Regaláronles los padres las herramientas que 
llevaban al efecto, á cuya vista se Jes disipó la saña concebida. 
En los pocos días de su permanencia entre ellos los indujeron 
á rozar el local para la iglesia i el convento del pueblo futuro 
de S. Pedro mencionado, i á que les dieran palabra de reu- 
nirse en ese punto las varias parcialidades, que, como es cos- 
tumbre entre gentiles, vivían en parajes mui distantes; i los 
padres á su vez por el intérprete les ' aseguraron volver allá 
dentro de dos lunas, es decir, dos meses lunares, cuya pro- 
mesa les cumplieron. Retornáronse después los padres á Ca- 
yariya, donde llegaron á últimos de julio de 1877, habiendo 
salido de allí por el mes de mayo del mismo año. 

Por el agosto siguiente hicieron su nueva entrada el mis- 
mo prefecto i el padre Ortí, hijo del colegio de Quito, acom- 



— 190 — 

panado de los padres Fr. Buenaventura Martínez i Fr. Die- 
go Falcó (lego), que regresaban á Ocopa, de Fr. Pablo Iba- 
ñez, que se dirigía á Lima para traer recursos, i de dos mu- 
chachos que se llevaron consigo hasta el mencionado San 
Pedro; despidiéndose los tres religiosos dichos en la embo- 
cadura del Taroaya. Aunque llevaban las herramientas de 
carpintería i herrería para el trabajo proyectado, juzgaron 
conveniente esperar la vuelta de Fr. Pablo Ibañez, que debía 
ser por el mes de noviembre, con cuyos recursos de Lima hi- 
ciera dicho padre prefecto, como efectivamente hizo, un viaje 
á Afanaos del Brasil, para comprar lo necesario á las Misio. 
nes en el Para. El padre prefecto enfermó en Manaos ha- 
llándose en compañía délos padres de aquel hospicio, sin 
embargo estuvo de vuelta eu Cayarij'a por el mes de ma3'0 
siguiente de 1878. 

Los padres Fr. Manuel Ortí i Fr. Ignacio Tapia se halla- 
ban ya por el mes de abril de ese mismo año, 1878, en San 
Pedro, desde donde debían partir para salir á recibir los 
efectos que traía del Para el padre prefecto Hermoso. Mas 
como aquellos indolentes infieles Amueahuaques del nuevo 
pueblo se negaran á accompañarles, temerosos quizás de te- 
ner que ayudarles á llevar las cargas que trajera al Tamaya 
el padre prefecto (pues había un atajo por tierra antes de la 
llegada al pueblo de San Pedro, por cuyo camino se abrevia- 
ban algunas jornadas) i ellos se habían ya apoltronado has- 
ta el punto de negarse á trabajar en la iglesia empezada, 
pasados los primeros fervores, por más que vieran que los 
dos padres proseguían su construcción; determinaron éstos 
partir de alia solos, á fin de cumplir, llegado el plazo que se 
les había fijado, con la santa obediencia del padre prefecto, 
i, puesta la confianza en el Señor, embarcáronse en una ca- 
noa pequeña para poder hacer su bajada con menos tra- 
bajo. 

Bajaban los dos nuevos navegantes, con la paz i sereni- 
dad que da la conciencia del cumplimiento de la voluntad de 
Dios, manifestada por la orden del superior legítimo, que es 
su vice-gerente, cuando á poca distancia topó la endeble 
embarcación en un palo, se volteó i arrojó al agua cuanto 
contenía, es decir, el fiambre, la escopeta, hasta el breviario. 
Los azorados padres agarráronse de la canoa, i así aun con 



- 191 - 

trabajo apenas pudieron salvarse del naufragio inesperado. 
Aunque mojados i desprovistos de todo, tenaces, quizás más 
de lo que dictara la prudencia en tan grave caso, en el cum- 
plimiento de un tan sagrado deber de la obediencia, empren- 
dieron de nuevo su navegación; pero al poco rato de su de- 
rrotero, conversando sobre el percance acaecido, arrebata- 
dos por la corriente impetuosa del río, dan en otro palo, á 
cuyo golpe cayfron los dos al agua, siendo arrastrada la 
canoa de la furiosa corriente, sin que pudieran jamás alcan- 
zarla. 

Fuéronse los padres al fondo del agua i sumergidos en 
tan peligroso elemento lucharon largo rato con tesón contra 
la muerte, asiéndose, por ignorar el arte de nadar, el P. Fr. 
Ignacio Tapia de su compañero de infortunio el P. Fr. Ma- 
nuel Ortí, corriendo de este modo evidente peligro de aho- 
garse los dos. Rechazados de una á otra parte por la inven- 
cible corriente del caudaloso río, el P. Tapia fué á dar entrí- 
palos i piedras ensarzándose en ellos hasta que, ahogado, 
una nueva avenida arrojóle á la playa; mientras tanto el P. 
Ortí con su habilidad i pericia lograba á nado salir á duras 
penas del río, quedándosele éste endesquitetoda la ropa que 
llevaba encima, ya que no había podido como al otro padre 
hacerle su víctima. De un modo tan triste i lamentable aca- 
bó sus días el P, Tapia, religioso ejemplar i edificante, para 
ir á recibir el premio de su obediencia, como esperamos, de 
la bondad divina. 

El infortunado P. Ortí, solo en aquella desierta playa, 
donde le arrojó la corriente del río, desnudo, sin auxilio hu- 
mano, i llorando la muerte de su buen compañero, aunque 
sin canoa, siguió como pudo la orilla del temido río. en la 
imposibilidad de volver al pueblo de S. Pedro; confiando po- 
der llegar al punto desde donde se tomaba el camino por 
tierra para ir á dicho pueblo, alimentándose solamente de 
gramalote i frutas silvestres hasta cerca dos semanas. Al 
fin, desfallecidas sus fuerzas, persuadido que se le acerca- 
ba su ultimo instante, preparó como pudo en la playa are- 
nosa un ho3'o, dentro del cual se metió, enterrándose, digá- 
moslo así, vivo i haciendo actos fervientes de resignación i 
cuanto debe hacer el fiel cristiano en ese trance, esperando 
que Dios le mandara la muerte para despenarlo. Mas están- 



— 192 — 

do en ese conflicto estremo, i pareciéndole oir por la parte 
del río un ruido como de gente que llegaba, se levanta de 
aquella sepultura fabricada por sus propias manos, i divisa 
una canoa con gente. Era la canoa en que Fr. Pablo Ibañez 
había llegado á aquel punto el día anterior, después de haber 
buscado en vano el dicho camino de tierra, para llegar mas 
pronto 4 S. Pedro, que buscara también el agonizante P. 
Orti, según hemos referido. Los bogas de 1^ canoa al ver 
un hombre desnudo á esa distancia, juzgaron que sería un 
chuncho bárbaro, i recelando alguna emboscada de otros 
ocultos que pudieran asaltarles traidoramente, como suelen 
hacerlo tales infieles, preparaban ya sus arcos i flechas para 
defenderse i ofender á los imaginados enemigos, cuando, al 
asomarse Fr. Pablo en el pamacarí desde dentro de la mis- 
ma canoa, fué visto del P. Ortí, i púsose este á dar voces en 
cuello, como suele decirse, llamando á Fr. Pablo, hasta que 
fué de él reconocido i con él de todos los que se hallaban en 
la canoa. Volaron al momento á fuerza de todos los remos 
hacia donde estaba el estenuado P., i Fr. Pablo quitándose 
incontinenti el hábito, quedándose con la túnica interior, 
veló su vista como virtuoso i honestísimo religioso, i, vis- 
tiéndoselo, con él cubrió la lacrimosa desnudez del P. Ortí. 
Infinitas gracias sean dadas á la Divina Clemencia, que así 
libró de una muerte inminente á ese buen P., el cual si algún 
exceso cometió, no fué otro que el de haber entendido con ri- 
gor extricto el precepto de la santa obediencia en ese caso 
tan excepcional, i de haberse entregado como un infante en 
manos de la Divina Providencia, la cual no le faltó en esa su 
estrema necesidad, permitiendo para socorrerle la equivoca- 
ción de Fr. Pablo, en no poder dar con el camino de tierra i 
obligarle á seguir su ruta por el río. Bajaron luego de allí 
ios dos padres á Cayariya, donde sufrió dicho padre Ortí los 
gravísimos resultados de las pesadas calamidades en una 
enfermedad grave, de la cual al fin logró restablecerse. 

El P. Prefecto se dirigió después á Lima con Fr. Pablo 
Ibañez para dar cuenta de lo ocurrido á los superiores i pedir 
nuevos operarios. Volvió con él á S. Pedro del Tamaya el 
P. Alemani; pero, al llegar allí, halló el convento saqueado, 
los sagrados ornamentos profanados, los libros rotos, roba- 
das las herramientas, fugados los moradores de aquel nuevo 



— 193 - 

pueblo i quemadas sus casas. Para no quedar frustradas 
tantas amarguras pasadas en este quinto viaje i en los ante- 
riores, corren en busca de los padres de aquellas ovejuelas 
reacias i protervas esparramadas, las encuentran por fin i 
las bajan cuatro días de camino mas abajo de Pacahusuma- 
n/i, i consignen formar con ellas un pueblo distinto del ante- 
rior en una quebradita, llamada Huaitzaya. Despide el P. 
Prefecto los conductores á Cayariya i escribe al P. Pallas 
que venga por el mes de Agosto, trayendo herramientas i 
todo lo necesario. Cumplido este mandato, ordena de nue- 
vo que le manden de Cayariya mas herramientas por el mes 
de Octubre, lo cual se hizo, encontrándose los comisionados 
en su regreso con Fr. Pablo Ibañez, que llegaba de la sierra, 
trayendo consigo un nuevo refuerzo de los Padres Fr. Bue- 
naventura Martínez, Fr. Luis Sabaté, hijo del colegio del 
Cuzco, i el Lego Fr. José Magret. Notificaron estos su lie* 
gada al P. Prefecto, haciendo regresar los mismos comisio- 
nados á Huaitzaya; mientras el P. Martínez sube allá desde 
Cayariya. haciendo la octava i última subida á aquellos 
tan remotos lugares, con tantos dispendios, desgracias i pe- 
ligros, verificándose de este modo siguiente la difinitiva é 
irremediable ruina de aquel nuevo pueblo i de sus pérfidos i 
bárbaros vecinos. 

Durante el verano del presente año de 1878 habían aque- 
llos Padres encargado á dos moradores de Huaitza3'a la 
construcción de una canoa, i como eran los únicos que se 
habían distinguido en su servicio i les prestaban alguna 
confianza, los obsequiaron con preferencia á los demás, re- 
munerándoles á la vez sus servicios i el de la nueva canoa 
encargada. Pero, ¡oh feroz barbarie! movidos los Amue- 
huacas restantes de Huaitzaya de venenosa envidia, al stiber 
la preferencia de que se habían hecho acreedores sus dos 
convecinos i el paraje donde construían en el bosque la nue- 
va canoa, van allá, los asaltan i los sacrifican báfbara, cruel 
é inhumanamente, quitándoles alevosamente la vida, por 
el mérito único de la piedad de estos neófitos, manifestada 
á los Misioneros, salvadores secundarios i verdaderos in- 
signes bien hechores deunos i otros. Vuélvense los feroces 
asesinos precipitadamente de allá á Huaitzaj^a, amotinan 
todo el pueblo, inconsciente ó quizás mui cómplice en la atro- 



- 194 — 

cidad consumada, según puede presumirse de todas las cir- 
cunstancias, i lo arrastran al primitivo lugar de San Pedro 
de Pacahusumaná. Eso pasaba el día 7 de Diciembre de 
aquel mismo año. 

Mas, por la noche de aquel mismo día, algunos de aque- 
llos traidores infieles volvieron del camino de San Pedro á 
Huaitzava, colocáronse en una casa cercana al Convento de 
los Padres i empezaron á golpear, metiendo gran ruido con 
las hachas, machetes i machetones, con un ademán de pre- 
parar macanas, palos, lanzas i otras armas de que se sirven 
para pelear, manteniendo así toda la noche á los Padres Mi- 
sioneros desvelados i en la temible espectativa del suceso. 
Al día siguiente, al ver que los Padres seguían en su Conven- 
to, como sabían que tenían alguna arma de fuego de que se 
sirven al ir de camino para la caza i para resguardo de las 
fieras, huyéronse para juntarse con los primeros que se ha- 
bían adelantado. Al parecer, su intención no fué otra que 
la de amedrentar á los Misioneros, ahuyentarlos del Con- 
vento, saquearlo ccmo otra vez hicieron, según queda espli- 
cado, i profanar los ornamentos del culto divino, haciendo 
trizas de las mismas casullas, i servirse de ellas para sus mo- 
jigangas ó bailes ridículos. Esos miserables chanchos, en 
su estúpida brutalidad, podrían figurar al lado de los Sans- 
culotes de París i de los Jacobinos franceses de 1793, que 
bailaban la carmañola con las capas de coro de las Catedra- 
les de aquella cristianíssima Nación, i ser dignos compañeros 
de los Comunistas del mismo París, sus contemporáneos. 
Solo que unos i otros de aquellos febos deslustradores de la 
civilización ignoraban donde se halla el Tamaya i aún pro- 
bablemente la existencia del Perú, por cuya causa debieron 
de carecer de unos ausiliares tan idóneos. Pero, concluya- 
mos la narración del presente capítulo, algo largo por la 
importancia de la historia. 

Después de lo dicho, llegó á Huaitzaya el P. Martínez i 
con él, los que allí estaban, recogiendo todo lo de la Misión. 
Se bajaron á Cayariya, encontrándose por el trayecto con 
centenares de canoas de los arpias Cunibos i Schipibos que, 
con algazara i sarcasmos contra los Padres Misioneros, su- 
bían á manera de caimanes á hacer presa de los Amuehuacas 
huidos á Pacahusumaná, castigando yade ese modo la di- 



— 195 — 

vina Justicia una infidelidad con otra» i permitiendo que la 
barbaridad semi-salvaje destruya la completamente salva- 
je, como la de la falsa civilización usa i convierte en su pro- 
vecho codicioso á las dos á la vez. Este fué, en resumen, el 
fin trágico de los ocho viajes empleados en la fundación de 
los dos pueblos del Tamaya, causa de tantos dispendios, i de 
tantos sudores de varios Padres, i en uno de los Padres de 
la pérdida de lá vida temporal, que, conmutó, como espera- 
mos, con la eterna en premio de su caridad i demás virtudes. 



CAPÍTULO XXXI 



Reinstalación de la misión de los Piros de Lima-Rosa 

Renuncia del P. Hermoso 

El día 12 de Febrero de 1879 partió el P. Prefecto Her- 
moso, con el P. Fr. Buenaventura Martinez, de las Pampas 
del Uca^'ali; i al pasar por el valle de Huancabamba hizo una 
entrada á los Campas de Oczapampa, Habiéndole dispen- 
sado estos un recibimiento que le dejó satisfecho, hizo que 
pensara en la utilidad de su reducción, para lo que pidió al 
V. Discretorio de Ocopa las debidas licencias legales así co- 
mo los Padres que necesitaba. Obtenida la venia, el P. Fran- 
cisco Samper de Ocopa salió para e9a nueva misión, acom- 
pañando á dicho P. Prefecto, bajando por orden de este al 
Ucayali. 

Había dicho P. Prefecto ordenado á los Padres al ausen- 
tarse de ellos para la sierra, que al presentárseles los Piros 
de Santa Rosa ó Lima-Rosa^ colocados entre el río Unini i el 
Tambo, á tres leguas de distancia de uno i otro, fuese allá 
con ellos el P. Agustín M. Alemany, con Fr. Pablo, á fin de 
restablecer aquella antigua misión, i ver si de algán modo 
podrían recuperar algunos de los infieles Amuehuacas de San 
Pedro, de los cuales largamente se ha hablado en el Capítu- 
lo anterior; pues las vertientes de aquel terreno confluyen 
por el Uttini i otros ríos hacia el territorio ocupado de los 
Piros, de los cuales distaban solo algunas jornadas. Al pre- 
sentarse, pues, los Piros á Cayariya, se fueron con ellos los 
25 



- 196 - 

mencionados P. Alemany i Fr. Pablo, partiendo de Cayari- 
ya el 24 de Junio i llegando á Santa Rosa el día 16 del si- 
guiente mes de Julio. Empezaron el establecimiento del nue- 
vo pueblo con ardor en una pampa mui hermosa i fértil, en 
el lugar expresado, edificando Iglesia i Convento, rozando 
chácaras en número considerable, para las trescientas almas 
de las varias parcialidades de los Piros que se juntaron 
[ofreciendo bajar allá los de Miariya, arrepentidos del mal 
comportamiento que habían observado en 1874 con los Pa-. 
dres Fr. Luis Sabaté i Fr. Tomás Hermoso, de que se tiene 
noticia por el viaje del Cuzco que hicieron esos dos Padres, 
i que corre impreso.] 

Durante el trayecto tuvieron los Piros que vencer las re- 
convenciones de los Schipibos i Cunibos que, recibiéndoles á 
ellos con glacial indiferencia i á los Padres con torvos sem- 
blantes, intentaban disuadirles de sus buenos proyectos de 
vivir civil i cristianamente. En un principio se aplicaban 
satisfactoriamente en aprender el rezo i canto, máximamen- 
te los niños i niñas; así pudieron los Padres Misioneros ale- 
jar las preconcebidas sospechas de la poca sinceridad i cons- 
tancia de aquellos semi-salvajes i ae la perfidia de ciertos 
hombres astutos, codiciosos interesados. Mas, la maligna 
tenacidad de los comerciantes en sujetar á su avariento trá- 
fico á aquellos infieles, á quienes con sus máximas i escánda- 
los empeoran en el modo de vivir; i el hábito por otra parte 
mui arraigado en estos de la poligamia, i fomentada tam- 
bién la piratería con los indefensos Campas, por los comer- 
ciantes, comprándoles los esclavos que soh el fruto de su ra* 
pina i plagio, i para no enumerar más causas, una extraor- 
dinaria i espantosa peste sobrevenida, que los dispersó, ma- 
tando á 55 en el espacio de dos años i un mes, desengañaron 
á los Padres, haciéndoles ver que en el Piro en el Cuzco, en 
Miriaya, en Santa Rosa de^Lima, en Buepoano i otros mu- 
chos lugares por donde trafica siempre es el mismo, esto es, 
interesado, pendenciero, astuto é hipócrita. Por esto es que, 
como amenazaban con la muerte al P. Alemany, avisado el 
nuevo P. Prefecto, P. Pallas, éste, á su tiempo, dispuso que 
se abandonara resueltamente un pueblo, donde solo moraba 
un Piro i algunas mujeres; quedando en consecuencia, aquel 
pueblo sin Sacerdote Misionero desde el mes de Setiembre de 
1881. 



- 197 - 

El P. Hermoso, como se acercaba el Capítulo Guardia- 
nal de Ocopa, envió á él la renuncia de su oficio i se volvió á 
su antiguo colegio de la Paz de Solivia. 



CAPÍTULO XXXII 



Elección del P. Pallas para Prefecto de las misiones de intíe- 
le^, — Restauración de las misiones de Oczapampa entre 
los intíeles. — Alarmante incidente de Caschiboya, que 
obliga á Proponer á la sagrada ^Congregación el eficaz 
propósito de hacer Ocopa la dimisión de los pueblos de 
las misiones del Ucayali. 

Celebróse en este Colegio en 23 de Octubre de 1879 el 
Capítulo Guardianal de costumbre, i en él quedó canónica- 
mente electo Prefecto de las Misiones de infieles el P. Fr. Juan 
de la Concepción Pallas. Había éste en 1874 hecho dos en- 
tradas á los infieles Campas, con el P. Mayoral la primera i 
la segunda con el P. Bernardino de S. José, yendo desde An- 
damarca hasta el Pangoa; i aunque el resultado de ellas fué 
solo el haberse mutuamente sorprendido los habitantes de 
una i otra orilla del río la primera vez, i la segunda haber 
llegado los infieles al Pangoa, después que los PP. dejaron 
aquel punto por la obediencia i la estación lluviosa del mes 
de Diciembre, que los enfermó gravemente á los dos, desde 
aquella época siguen en comunicación los infieles con los 
cristianos, esperando este Colegio ocasión propicia para ha- 
cer á ellos nuevas entradas. ' • 

Por el año siguiente, 1880, el P. Guardián de este Cole- 
gio ílamó con urgencia á dicho P. Prefecto, quien vino de 
Cayariya, i conferidas las materias del caso, objeto de su 
llamamiento, se resolvió por este V. Discretorío que debía 
á todo trance restaurarse la misión de Oczapampa^ valle 
contiguo al de Chorobamba i Huancabamba, i no lejano del 
Cerro de la Sal í de Schanchamayo; lugares todos de las an- 
tiguas misiones de esté Colegio, perdidas por las causas re- 
selladas en la primera parte de la presente Historia, i que 
tantas veces, i con el derramamiento de tanta sangre de Mi 



— 198 - 

síoneros i españoles, la Religión i el Gobierno procuró, aun- 
que sin resultado provechoso, recuperan 

Los meneionados Campas venían haciendo breves i pa- 
cíficas correrías al estremo del valle de Chorobamba, desde 
la vez que pasaron por ahí el P. Fr. Vicente Calvo con su 
compañero en 1864, i esto dio lugar á que los hacendados 
de Chorobamba, Huancabamba i Paucartambo, calculando 
la utilidad que podían prometerse de esos salvajes que tban 
mota propio amansándose i acercándose á sus haciendas* 
pidieran, por conducto de un lego de este Colegio, PP. para 
que entraran á civilizarlos, i aun pusieron en práctica los 
tales hacendados medios extremados para que fuesen allá 
los PP., pues al poco tiempo llevaron á más de 40 hombres 
de esos Campas al Cerro del Pasco, i en ocho ó menos días 
los bautizaron, sin la más mínima instrucción previa. Re- 
gresados á su valle esos infieles, ellos i los hacendados men- 
cionados instaron nuevamente por los PP. de este Colegio, 
hasta que el P. Prefecto Hermoso se dirigió allá con un 
solo Sacerdote de esta Comunidad, dejando á otro, concedi- 
do por el V. Discretorio, para después de la primera esplora - 
ción que iba á hacer i de la cual se esperaba algún favorable 
resultado. 

Hecha la debida visita i examen de aquellas gentes i 
cuando hubo renunciado el cargo de Prefecto el P. Hermoso, 
en la Prefectura del P. Pallas, fueron destinados á Oczapam- 
pa los PP. de este Colegio Fr. Buenaventura Martínez i Fr. 
Francisco Herrero, i una vez instalados estos en Oczapam- 
pa, reuniéronseles además dos Padres i un seglar expiloto 
en traje de H^ Donado (del cual tuvo que despojarle después 
el P. Colina, por los motivos que se sabe él mismo), manda- 
dos del Colegio de los Deccalzos de Lima. Traían los últi- 
mos Padres el designio de abrir un camino al puerto del 
Mairo, con anuencia del Gobierno Supremo; camino que se 
abrió por las diligencias del R. P. Fr. Bernardino González, 
actual Guardián de aquel Colegio. 

A consecuencia de las providencias dictadas por el M. R. 
P. Comisario General para obviar inconvenientes, regresa- 
ron luego de Oczapampa los cuatro Padres indicados, sien- 
do destinado á aquel punto el P. Fr. Maximino Colina: mas 
desde el ultimo Capítulo, celebrado el día 10 de Octubre de 
1882, siguen en esa restaurada misión, en el nuevo pueblo 



- 199 — 

de Qnillazu de Oczapampa, los Padres Fr. Juan José Mas i 
Fr. Tomás Bzequiel Hernández. La restauración legal i ca- 
nónica de esa nueva, Conversión aunque tan antigua como 
la de la Doctrina i anejos de Huancabamba, de la cual es ve- 
rosímil en otros tiempos formara parte, data pues de 21 de 
Abril de 1881, en cuya fecha, como dice en sus memorias el 
P. Prefecto Juan de la Concepción Pallas, púsole el nombre 
de su advocación i desde entonces es reconocida bajo el de 
Nuestra Señora de la Asunción de QuHJazú. De ella fué nom- 
brado su primer Cura Conversor por ese mismo tiempo el 
P. Colina, al cual acompañaron hasta el mes de Junio el P. 
Prefecto, el P. Luis Torra i el H° Donado Diego Gutiérrez. 

Bajados por el mes de Julio del mismo año estos tres úl- 
timos al Ucavali, fué el P. Prefecto á ver el estado de deso- 
lación en que se encontraba Santa Rosa de los Piros, sacan- 
do el 4 de Setiembre para Cayariya al buen P. Alemany de 
aquella peligrosa, ruinosa i cuasi desierta población. Ha- 
llándose el P. Preíecto en Santa Rosa de los Piros fué cuan- 
do recibió la relación que le escribía el P. Fr. Luis de Sabaté 
desde Caschiboya, según la que el 7 del mismo Setiembre ha- 
bíase presentado en Caschiboya un desconocido con el títu- 
lo de nuevo Gobernador de Sarayacu, i que con gran orgullo 
se propotiía, apoyado por el Sr. Prefecto de Mo3'obamba i 
el Sr. Subprefecto de Iquitos, arrojar á los Padres Misione- 
ros del Ucayali, estaVjleciendo en los pueblos Curas del Obis- 
pado i Autoridades civiles, empezando por estas i siguiendo 
con aquellos; i como el pueblo de Caschiboya se había nega- 
do á reconocer i admitir al nuevo Gobernador i al Teniente 
Gobernador que nombró para el mismo pueblo creyendo que 
había sido esto por la insinuación i soborno de los Padres, 
se había dirigido al Convento en ademán amenazador, lle- 
nando de denuestos al P. que suscribía i jurando 4ar parte 
al Gobierno, tomar preso á ese P. i á los que hallase culpa- 
bles, para llevarlos á la cárcel de Moyobamba, i que luego 
despachado en sumo grado, había regresado á Sarayacu. 

Recordaremos que no es esta la primera tropelía que 
han tenido que sufrir los Padres Misioneros de sugetos se- 
mejantes; podríamos aducir en este lugar Ja relación de los 
atentados de un sugeto ecuatoriano, de otro chileno, etcéte- 
ra, contra los Misioneros peruanos; por ej. el del R. P. fr. 
Manuel Vargas, nacido en la ciudad de Huanta, á quien el 



- 200 - 

Gobernador de Sarayacu, de nacionalidad chilena, saludó en 
1861 con un balazo, que fué parar al pamacari de la caiK>a 
misionera, por no haberse podido detener en medio de la co- 
rriente del caudaloso Ucayali, cuyas impetuosas aguas, á cau- 
sa de las lluvias, surcaba, dirigiéndose hacia la embarcación 
del mencionado Gobernador, i lo de otros Misioneros, perua- 
nos por naturalización, como lo acontecido al que escribe el 
presente capitulo en 1863 con un Gobernador de Sarayacu, 
ecuatoriano de nacionalidad, quien se presentó por primera 
voz, como á media noche con su equipaje i armas en son de 
de amenaza á la puerta del Convento, i de ella no se retiró 
hasta trascurridas 10 horas. Esos fulanos sería bien que 
conociesen, que un mandatario en el Perú no puede conside- 
rarse ni es legal que se porte como un Sultán de Egipto, ó 
como ua Nabucodonosor de la Caldea, principalmente en ^1 
siglo en que vivimos. Asimismo otros Mandarines,, desde 
Moyobamba i desde el alto puesto de la Prefectura, han da- 
do que sufrir de un modo semejante á los Padres Misioneros 
del Ucayali; aunque el público i el Supremo Gobierno de esta 
República les han pagado 3ra sus demasías, como ellos mere- 
cían, según es de ver, en el caso del Prefecto de Moyobamba, 
llamado Vargas, acérrimo enemigo de los Misioneros del 
Ucayali, á quien depusieron eu Moyobamba de su cargo, 
siendo en Lima aprobada su bien merecida disposición por 
el Supremo Gobierno. Ojalá imitaran esos mal aconsejados 
sugetos á los íntegros Magistrados de aquel Departamento, 
los Coroneles Prefectos Solís, los Stevenson, los Lamas, etc., 
i á los Gobernadores probos de Sarayacu, como los Espoys, 
los Reateguis, etcétera. Mas concluyamos esta digresión i 
sigamos con nuestra historia. 

* Cerciorado el P. Prefecto de las perversas intenciones del 
Gobernador por cartas del Sr. D. Marcial A. Piñón, comer- 
ciante acreditado ante la sociedad i Gobierno del Perú, en 
las cuales se confirmaba lo expresado por el P. Sabaté, man- 
dó á todos los Padres residentes en Caschiboya que se reti- 
rasen de ese pueblo, bajó él mismo allá i con los que quisie- 
ron seguirle embarcóse en el vapor del mencionado Sr. D. 
Marcial, por el mes de Noviembre, hasta llegar á un mal pa- 
so del río Pachitea, en que por haberse varado desistió del 
plan que llevaba de edificar en el Palcázu un Convento don- 
de refugiarse él i los Padres de las misiones del Ucayali, du- 



- 201 - 

rante tan inesperada é inmotivada persecución que ya ha- 
bía empezado i que siguió en adelante. Recordando enton- 
ces que en 1861 habían los Sarayaquinos, estando los Pa- 
dres en Ca^'ariya, con motivo de las crueldades cometidas 
por el Gobernador de Sarayacu i los soldados llamados por 
él desde Nauta, cerca de esa población, con un vecino suyo, 
habían resuelto motu propio pasarse á las orillas del Piscb- 
quí, concibió el proyecto de establecer aquí una población; 
cuya realización impidió la llegada del Viceprefecto de las 
Misiones i los consejos del Prefecto de Moyobamba, Sr. D. 
Carlos Stevenson, i del limo. Obispo Diocesano, á quienes 
notificó oportunamente dicha resolución. En años poste- 
riores, esto es, eii 1870, al pasar por estos puntos del Padre 
Prefecto de las misiones, en compañía del Sr. Prefecto del 
Departamento de Huánuco, concibió igual proyecto, que, 
aunque manifestado al público por los periódicos de aquel 
tiempo i autorizado por la Autoridad civil del modo dicho, 
no pudo llevarse á cabo hasta la época presente. 

Varado, pue?, el vapor á los tres días de subida del Pa- 
chitea i vuelto ya el P. Prefecto á Cayariya por el mes de 
Enero del siguiente año 1882, el referido Gobernador de Sa- 
rayacu, con 20 hombres armados, presentóse un día al pue- 
blo de Caschiboya. distante del primero como unos cinco 
días de subida ó zureada, sefjún la llaman allá, prendió á 
dos de los pocos hombres que encontró, púsoles con grillos 
en el vapor Putumayo i los entregó á un comerciante para 
que se los llevase lejos é Ijiciera trabajar por su cuenta; i en 
el inmediato mes de Febrero mandóles asimismo un sacer- 
dote al mismo pueblo, para que ejerciera la Cura de las al- 
mas de sus moradores. ¡Sacrilego atrevimiento! Como si 
las almas fueran plantas de café ó de cacao, encargadas á 
un hombre indigno, simoniaco, sumamente ignorante de las 
censuras eclesiásticas ó escandaloso menospreciador de las 
mismas, por un seglar ni mas sabio ni mas edificante que él 
en la conducta! Ese nuevo cura pretenso dispensaba con 
sus omnipotentes facultades gubernamentales sara3'aqui- 
ñas, de la confesión sacramental i de las proL'lamas á los es- 
posos para contraer el grande i santo Sacramento del ma- 
trimonio, con tal de no estar incursos en el íínico i universal 
impedimento impedicnte i dirimente, á que los reducía todos 



- 202 - 

SU estraño Derecho anticanónico; i era: el carecer de 6 soles, 
siendo indio, i 50 cuando no lo era, para la tal dispensa. 

Negándose los Caschiboyanos á entregar la iglesia á ese 
indigno intruso, como estaban obligados, éste cura fuese el 
mismo día despachado á quejarse á su buen patrón el Go- 
bernador de Sarayacu, quien sabiendo por tercera vez allá, 
con la furia de un energúmeno aprisiona al Curaca i á cua- 
tro de sus hombres, únicos que pudo prender, llévalos á Sara- 
yacu, i los sentencia al antilegal é inmortal castigo de 200 
azotes, i al sufrimiento de algunas lavativas con agí ó pi- 
miento picante. Atemorizados esos pobres montañeces ce- 
dieron ante la terrible jurisprudencia de ese nuevo Czar; i él 
entonces los despachó libres i absueltos de los castigos im- 
puestos para Caschiboya, logrando así que los vecinos de 
este pueblo, que andaban esparramados, volviesen á juntar- 
se después de la pasada borrasca, i que pidiesen sin condi- 
ción i manifestasen por escrito la aceptación absoluta por 
su parte de la Autoridad civil que pluguiese mandarles el 
Gobernador de Sarayacu. Mas este, ¡oh inescrutables jui- 
cios de Dios sobre los hombres, principalmente de aquellos 
que quieren con una sola mano, i aun esta la izquierda ma. 
nejar el cetro i el incensario á su sabor i satisfacción! al ter- 
cer día de esos últimos acontecimientos, se hallaba víctima 
de una hemorragia de sangre por la boca que le quitó sus 
ambiciosos proyectos con la vida. ¡Adoremos con la frente 
puesta en el polvo al que se titula Padre de pobres i Juez de 
los huérfanos! 

Por la cuaresma volvieron los Padres á ejercer el debido 
ministerio entre aquellos sus feligreses de Caschiboya, si 
bien que fastidiados de unos sucesos tan desagradables co- 
mo los ocurridos, imprescindibles é imprevistos para ellos; 
después de la Pascua, aprovechando la mengua de los ríos, 
salieron de las montañas los Padres Misioneros Fr. Luis 
Sabaté para Lima i Cuzco, acompañado del P. Fr. Luis To- 
rra hasta los Descalzos, su Colegio; i el P. Prefecto, que se 
despidió de ellos en Huancabamba, pasando por Quillazú 
de Oczapampa, se vino, con el P. Maximino Colina, al Capí- 
tulo Guardianal de este mismo año, celebrado el día 10 de 
Octubre de 1882, en el que se aprobó el proyecto de abdicar 
las misiones del Ucayali, propuesto por el mencionado P. 
Prefecto con la debida formal legalidad, cuyo proyecto se 



- 203 — 

envió después á la Congregación de Propaganda Fide, sin 
que haya caído sobre él la resolución que esperamos. Sclo 
quedó en Cayariya el constante i virtuoso P. Alemany, 
acompañado del Lego Fr. José Margret i el Hermano Diego 
Gutiérrez. Pasado el Capituló, el P. Prefecto Pallas partió 
con los Padres Mas i Hernández de este Colegio para Quilla- 
zo, con intención de entrar él solo al ücayali. Últimamente 
Fr. Diego Plaza partió con destino á este mismo pueblo pa- 
ra ayudarles. 



CONCLUSIÓN 



Esta es la historia de los principales hechos de las misio- 
nes de inñeles de este apostólico colegio de Santa Rosa de 
Ocopa, escrita con sencillez i candor por el R. P. Fr. José 
Amich, en su primera parte, que abraza de 1724-1771; i la 
segunda por los RR. Padres Fr. Fernando Pallares i Fr. Vi- 
cente Calvo, i por otros, en lo que se refiere á estos doce úl- 
timos años. La primera parte se imprimió en 1854 i solo 
dos ejemplares de esta edición hasta ahora, que sepamos, 
han llegado á esta República; por lo que podrá considerarse 
como que vé por primera la luz pública en cuanto á lo lite- 
ral de su contenido, pues el Mercurio i el Peruano, periódi- 
cos acreditados de la última década del pasado siglo XVIH, 
dieron á luz la sustancia de una gran parte de lo contenido 
en el Compendio Histórico del P. Araich en artículos sabia- 
mente escritos, que se han impreso en el presente siglo en 
una obra de notable aceptación. La segunda parte, en lo 
que abraza de 1771-1870, vio con satisfacción del público 
en 1870 la luz por primera vez. Ahora, pues, ofrecemos al 
mismo público ambas partes, con lo que hemos nosotros re- 
señado i dos apéndices, esperando que la presente edición de 
la Historia de las Misiones del Colegio de Santa Rosa de 
Ocopa satisfará la necesidad que la moderna sociedad siente 
deser instruida délos trabajos, aflicciones i demás adversida- 
des de los Padres Misioneros que se emplean en la conversión 
de infieles, i que servirá para éstos de medio de sincerarse de 
las inculpaciones que con mucha frecuencia les dirigen los ene- 
migos de las Ordenes Religiosas; correspondiendo al mismo 

26 



— 204 - 

tiempo á la invitación de ilustrados escritores i piadosos pe- 
riodistas que nos han ofrecido sus columnas para la publi- 
cación de los hechos coetáneos, i que solo en pequeña parte 
hemos podido aceptarla con agradecimiento. 

Por la presente obra habrán conocido nuestros benévo- 
los lectores lo que han trabajado los Padres Misioneros de 
la Provincia de los doce Apóstoles de Lima i de este colegio 
de Ocopa; colegio que puede considerarse como una rama de 
esa grandioso Árbol místico i á su historia como un episo- 
dio de la de Aquella, cuyas admirables glorias, sembradas 
por toda la América de sud, desde Panamá hasta el Cabo 
de Hornos, podrán leerse con maj^or extensión en las volu- 
minosas obras de nuestros célebres Padres Wadingo i Gu- 
bernatis,. i en las crónicas de las mencionada Provincia i en 
la de la Provincia de los Charcas. El colegio de Ocopa, por 
lo que se ha visto, ha cultivado un campo mui dilatado i que 
se extiende ñ miles de leguas en las orillas de los caudolisísi- 
mos ríos Marañón, Huallaga i ücayali en su mayor longi- 
tud, cuyas comarcas están sembradas de no pequeño núme- 
ro de pueblos cristianos, civilizados por los Misioneros á 
costa del sudor de sus venas. Prueba evidente de que ellos 
aman en extremo la verdadera civilización i de que sus de- 
tractores la cacarean solo con los labios, al paso que la per- 
siguen con las obras i la odian con el corazón. Aquí el ár- 
bol osténtase con los frutos, mas que por la hojarasca i cor- 
teza que deja caer por el suelo. 

Es verdad que las orillas del Ene? Perene, Apurimac i 
otros ríos han sido también zureadas i empapadas con la 
sangre de muchos misioneros de Ocopa, lo mismo que las 
pampas del dilatado Pajonal, i que no han obtenido en esos 
lugares iguales resultados; pero la presente obra también 
maniñesta que, á no ser por los universales disturbios cau- 
dos por el pretenso Santos Atahuallpa i después por la in- 
dependencia de la República, estarían esas comarcas mas 
florecientes todavía que las primeras. El catálogo de los már- 
tires Misioneros, que vá en el apéndice siguiente; los 55 re- 
ligiosos muertos de este Colegio desde su restauración en 
1838; los que habiendo pertenecido á él se hallan en los 
Colegios de Lima, Cuzco, Arequipa, Quito é lea, no menos 
que en varios puntos de esta República, en la de Solivia, en 



— 205 — 

España i Palestina, i los pueblos que verán más adelante en 
su lugar del apéndice reducidos por los Padres de Ocopa, 
ayudados por algunos de los de otros Colegios, manifiestan 
asimismo como emplean los Padres Misioneros el tiempo, 
la salud i la vida. Juzgue, pues, la sociedad i m parcial con 
conocimiento de causa. No pedimos de ella indulgencia; si- 
no á la divina Clemencia del Dios de las Misericordias, que 
se digne mirarnos con ojos de benevolencia, acepte nuestros 
trabajos, derrame su copiosa bendición sobre nuestras almas 
i las de nuestros encomendados i sobre todo el Perú, i acoja 
la presente obrita que dirigimos á su mayor gloria i prove- 
cho de nuestros prógimos. Amén. (1) 



(II "Historia de las misiones de fíeles é infieles del colegio de propaganda fide de San- 
ta Rosa de Ocopa por los Padres misioneros del mismo colegio," — Tomo II, — Barcelona, 
imprenta peninsular. — 1883. 



— 206 — 



1903 

Memoria presentada por ol prefecto apostólico do 
San Francisco del Ucayall al ministro de Justicia 
I culto. (1) 

Lima, 16 de julio de 1903. 



Señor ministro de estado en el despacho de justicia, ins- 
trucción i culto. 

Señor ministro: 

En contestación á su estimable oficio de 3 de julio del 
presente año, en el que se pide una memoria descriptiva del 
estado, adelantos i necesidades de las misiones de infieles en 
^a montaña, en la parte que comprende la prefectura central 
confiada á mi cuidado, tengo el honor de poner en manos 
de US. esta pequeña relación ó memoria, trabajada con la 
brevedad i sencillez A que me obliga la premura del tiempo. 



Idea, no solamente alta, religiosa i humanitaria, sino 
también mui patriótica, fuélade la creación de tres prefectu- 
ras apostólicas decretadas por el supremo gobierno el 27 de 
octubre de 1898, aceptada luego i llevada á efecto por la sa- 
grada congregación de cardenales de propaganda fide; el cin- 
co de febrero de 1900, San Francisco del Ucayali es la parte 
central de las misiones i la región que ha sido encargada al 
cuidado i celo de los padres descalzos de los colegios de mi- 
sioneros franciscanos de todo el Perú. 



(I) En el tomo i°, pá^'inas 207, 210, 3rt, 213, 214, 217 i 219, se han consignado lot docu- 
mentos relativos á la creación de las prefecturas apostólicas del Oriente. 



— 207 — 

Nombrado superior 6 prefecto apostólico de estas misio- 
nes el 13 de julio de 1900, á tenor del antedicho, decreto, hu- 
be de tomar posesión de mi cargo i ponerme al frente de ellas, 
para consagrar en bien de las misiones lo que me restaba 
aán de vida i de energía, aparte de los 15 años que llevaba' 
ya sacrificados en la montaña. 

Comprende mi jurisdicción, según el mencionado decreto» 
los ríos del Bajo i Alto Ucayali con todos sus afluentes, á de' 
recha é izquierda, como son el Pichis, Palcazu, el Pichitea, 
Ene, Perene, i el Tambo, confluente con elürubamba, el cual 
corresponde á los padres dominicos. En mi prefectura se 
halla por consiguiente toda la nueva provincia del Ucayali, 
perteneciente al departamento de Loreto que queda al norte 
de la misión i confinando, por el sur con los departamentos 
de Junín i Ayacucho. 



II 



Los pueblos i caseríos que actualmente tengo bajo mi 
jurisdicciónson: 

ConíajM&na.— Residencia habitual de la prefectura apos' 
tólica, á la vez que de la primera autoridad política de aque- 
lla provincia, por la comodidad que ofrecen las lanchas á 
vapor que surcan por allí i facilitan el movimiento de los mi- 
sioneros. Tiene trece pueblecitos ó anexos, á saber: Ina- 
huaca, Canhuaya, Paca, Yarina, Sarayacu. Yanchamayo, 
Tierrablanca, Catalina, Mongoa, Santoa, Puinahua. Trapi- 
che, i Pacaya, con varias otras estancias ó caseríos en el in- 
termedio de estas poblaciones. 

Tiene Contamana cuatro mil habitantes, con escuelas 
de ambos sexos; i actualmente estoi haciendo edificar un re. 
guiar conventillo, en el que pueden habitar siquiera unos 
tres ó cuatro padres con dos ó tres hermanos legos, para 
que atiendan á las necesidades de esa zona, pues ahora sólo 
residen allí el reverendo padre Agustín Alemany del colegio 
de Cajamarca, el reverendo padre Ángel Pérez del colegio de 
Lima, i el hermano lego, frai Juan Cherín, también de Lima. 
Uno de sus anexos — Inahuaya — tiene, así mismo, escuela 
de ambos sexos. 



— 208 — 

Cashiboya, — Este pueblo fué fundado por el reverendo 
padre padre Vicente Calvo en 1869, i llegó á contar tres mil 
ó más habitantes; pero ahora sólo tiene trescientos, debido, 
entre otras varias causas, á que los cashiboyanos han ba- 
jado á trabajar en las márgenes del Uiayali. Reside allí el 
reverendo padre Carlos Saavedra de los descalzos de Lima, 
1 el lego frai José Olariaga del colegio de Arequipa: tiene do- 
ce anexos pequeños que recorre el padre misionero según las 
necesidades i son Conchamaya, San Gerónimo, San Juan, 
San Francisco, Tomichico, Cayana, Pucallpa, Baonisho, 
Tamaya, Masisea, Tucshmo i Santa Rosa de los Piros, con 
muchas otras estancias intermedias. Hai también una es- 
cuela para niños en donde enseña las primeras letras el mis- 
mo padre. 

El Pichis ó sea Puerto Bermádez, — Se fundó este pueblo 
por el que suscribe en el año 1898. Existen allí cincuenta 
cristianos entre amueshcas i campas; la comisaría rural con 
diez gendarmes, la oficina del telégrafo con sus respectivos 
empleados, fuera de como otros cien habitantes i algunas 
familias que, por temporadas i con frecuencia, suben del Uca- 
3'ali en busca de caucho, Residen actualmente allí el revé" 
rendo padre Leovigildo Olano del colegio de Cajamarca, i e 
reverendo padre Mariano Legarra de los descalzos de Lima. 

Es un punto céntrico i llamado á ser de suma importan- 
cia para la república, por llegar hasta allí la vía central más 
traficable, que pone en comunicación al departamento de 
Loreto con la capital, i ambos mares Pacífico i Atlántico. 
Es digno de todo encomio el gobierno que ha realizado tan 
magna obra, lo mismo que el que hoi día la cuida i conserva 
en buen estado con sus doce tambos en el camino, todo lo 
cual facilita la movilidad de los pasajeros i dá garantías á 
los habitantes de dicha región. 

San Luis de Shaaro, — Se fundó este pueblo en el año 
1886 por el entusiasta misionero i explorador reverendo pa- 
dre Gabriel Salas. Tiene actualmente unos mil habitantes 
comprendidos en toda su zona, de los cuales cien serán los 
convertidos de los amueshas, unos quinientos indígenas de 
la sierra, como cien asiáticos, i cosa de doscientos extranje- 
ros que han ido llegando de año en año. Tiene por anexos 
la colonia inglesa del Perene, más los caseríos del río Colo- 
aado i del río Seco. Reside allí el reverendo padre Bernardo 



— 209 — 

Irastorza del colegio de Ocopa, i como adscrito frai Llovero- 
la de los descalzos de Lima.' Hai oficina telegráfica de la 
misma línea del Pichis, cuyo camino pasa por el pueblo en 
dirección á Puerto Bermúdez, que se puede andar á bestia 
en cinco días i á pié en ocho. 

Sogormo. — Este pueblo fué fundado por el reverendo pa- 
dre Salas. Comenzó en sus principios con sólo 20 familias, 
i hoi día cuenta con más de 80, todas ellas de la tribu de los 
amueshas i además diez familias extrangeras en las cerca- 
nías. Ciento i cincuenta de esos amueshas son ya cristianos, 
i los restantes, hasta trescientos cincuenta., son todavía neó- 
fitos i semi-civilizados. Allí reside el reverendo padre Agus- 
tín López del colegio de Arequipa, con el hermono Pedro Bal- 
tazar de Lima. Hai una escuela de niños, un camino expe- 
dito para San Luis de Shuaro, i otro para Huanca- 
bamba, pudiendo comunicarse con el Cerro de Pasco por 
Paucartambo, lo propio que con Tarma por Chancha- 
mayo. Dichos caminos fueron abiertos, en parte, por el 
reverendo padre Sala con los infieles i algunos hacen- 
dados de Htiancabamba, i en parte, por la colonia ingle- 
sa i alemana, protegidos por el gobierno que, como ^1 actual 
de S. E. el señor Romana, hia dado la cantidad de cinco mil 
quinientos soles para rectificar i mejorar el trayecto desde 
Oxapampa hasta . Sogormo,. i ha ordenado reconstruir el 
puente sobre el Paucartambo ó río de la Sal que había caído. 

Oxapampa 6 QaiUazú. — Este pueblo es fundación del 
padre Juan Pallac de Ocopa de 1880. Actualmente, entre 
infieles [cristianos ya casi todos], indígenas de la sierra, ope- 
rarios de las haciendas de Huancabamba, i alemanes, for- 
man un total de tres mil habitantes. La colonia alemana 
establecida más el interior, á doce leguas de la misión, tiene 
edificada una capilla llamada Santa Rosa de Oxapampa, en 
la que con frecuencia celebran misa alguno de los padres mi- 
sioneros. Tiene como anexos ocho haciendas con sus respec- 
tivas capillas en el valle llamado Huancabamba. Allí resi- 
den el reverendo padre Buenaventura Ivars de Ocopa, el re- 
verendo padre Teófilo García de Lima, i el hermano lego ffai 
Bernabé Ludeña. 

En las márgenes del Palcazu residen cuatro familias ale- 
manas, con otros diez de los medios civilizados; i en el puer- 
to Victoria, 6 sea en la confluencia del Palcazu con el Pichis, 



— 210 — 

viven otra^ cuatro familias brasileñas ocupadas en la ex* 
tracción de caucho i shiringa. 

Estos son, señor ministro, los pueblos i puntos más no- 
tables de la prefectura apostólica de mi cargo, i en los que 
siempre reside algún padre. 

Todos ellos tienen su capilla ó iglesia para el culto reli- 
gioso, i para instruir á los neófitos i fieles, con su conventi- 
llo ó casa para el padre conversor, todo ello humilde i pobre 
como fabricado con los rudimentarios elementos de tan 
apartados lugares i sin otro arquitecto ni artesano que el 
mismo misionero. Sin embargo, en alguno de esos pueblos 
las capillas son de tapia con techo de calamina, i en otras de 
quincha ó madera con techos de hoja de palmera. 

£n Contamana carecemos aún de habitación propia, i 
viven los ppdres en una habitación particular arrendada; 
por lo que, confiado en la protección del gobierno, espero 
hacer edificar cuanto antes un conventillo i una iglesia boni- 
ta que corresponda á categoría de capital de la nueva pro- 
vincia. 

Abarca mi jurisdicción los afluentes principales del Bajo 
Ucayali, en cuyas márgenes reside un gran número de habi- 
tantes. Forman esos afluentes los ríosTapiche, Pacaya con 
las prolongadas islas Puhinahua i Painacu, Pucaruru, Tie- 
rrablanca, Catalina, Sarayacu, Inahuaya, Cashiboya, Pish- 
quí, Robabova, Aguaitia, Gayaría, Abujao, i el Tamaya. 

En el Alto Ucayali son: Sinuya, Acumaria, Chisota, Uni- 
ni, i el Lima-Rosa. 

I en el Pachitea: Baños, Zungaroyacu, i Llullapiche. 

En el Palcazu: Pazozo, Mairo, i Chuchurras, i por últi- 
mo en el Pichis: Apurucayali, Anacayali, Esperanza, Chivis, 
ó Puerto Bermúdez, i el Mazarétequi. 



III 



Un poco difícil me parece calcular con gran exactitud el 
número total de pobladores que actualmente habitan en la 
montaña; sin embargo, por lo que he visto i observado en el 
trascurso de tantos años que allí vivo, opino que no bajan 
de sesenta rail los que se encuentran tan sólo en mi prefectu- 
ra apostólica. 



- 211 - 

De este número, una tercera parte la componen los co- 
merciantes i caucheros extranjeros, entre europeos, asiáti- 
cos, i de diferentes repúblicas sudamericanas; á unos ocho ó 
diez mil ascenderán los peruanos emigrados de la sierra i aun 
de la costa, los demás son naturales de aquellas regiones. 
Unos quince mil de estos están bautizados ya i civilizados; 
pero hai otro número de semi-civilizados que, a pesar de tra- 
tar con los padres i con los comerciantes, no se desprenden 
aún de sus supersticiones gentílicas ni de su chusma, ni me- 
nos de sus bárbaras costumbres: los restantes que supongo 
oscilan entre quince 6 veinte mil, viven errantes i metidos en 
los bosques 6 remontados en los cerros, parte por ceguedad 
i obstinación, parte por el terror pánico que les infunden los 
conivos i lo shipibos con sus persecuciones i correrías. Los 
inñeles que aún no tienen relación ni roce con gente civiliza- 
da, son los que viven en el Apurímac, Tambo, i Gran Pajo- 
nal, i en las quebradas del Pachitea. 

Las tribus conocidas que recuerdo son las siguientes: 
Campas, cunibos, shipibos, piros, amueshas, cucamas, cuca- 
millas, amahuas, cumbasas, chetebos, remos, panos, cashi- 
bos i amahuacas: todas estas tribus tienen sus dialectos 
particulares derivados del idioma general de la montaña, 
que es el Paño. Con los padres i comerciantes peruanos de 
Loreto, Chachapoyas i Cajamarca, hablan su quechua que 
en el Ucayali llaman Inga, 

En el Alto Ucayali, Urubamba, Tambo, Apurímac, i Gran 
Pajonal, viven los piros, amahuacas i campas; en el Pichis i 
el Perene los campas, i en el Cerro de la Sal, Oxapampa, Ca- 
casú i Palcázu, los amueshas, tribu dócil i reducida casi en 
su totalidad al cristianismo: en las tribus del Pachitea ha- 
bitan los desgraciados Cashibos que son antropófagos i re- 
fractarios á la civilización, en gran parte á mi juicio, por las 
mencionadas persecuciones i correrías que sufren. 

El cultivo de la caña, del café, del tabaco i del arroz; la 
extracción del caucho i de shiringa, la salazón del paiche i de 
la vaca marina, de la que también sacan mucha manteca 
para el consumo i para hacer jabón, la preparación de la fa- 
riña ó sea el tostar la harina que sacan de la yuca i que la 
consumen de preferencia los caucheros; la cera de abeja que 
recogen con abundancia de los huecos deunos árboles llama- 
dos sicicas, mui numerosos en las islas i márgenes delUcaya- 
27 



- 212 - 

li; la extracción del bálsamo de copaíba ó peruano: he aquí 
indicados brevemente los productos i el movimiento comer- 
cial de la montaña, i en lo que se ocupa todo indio civilizado 
ó semicivilizado, se entiende cuando se vé obligado á traba- 
jar por la necesidad 6 por la fuerza, pues de otro modo, el 
indio es de por áí riojo i dejado, sin graves necesidades ni as- 
piraciones de ningún género. 



IV 



Mediante la protección qne prestan á los misioneros los 
dignos gobiernos que se van sucediendo i el apoyo que con 
celo nos suministra la asociación de la obra de la propaga- 
ción de la fé en el oriente del Perú, puedo asegurar que la ac- 
ción civilizadora del misionero ha podido ejercerse allí con 
más eficacia en estos últimos tiempos, suavisando por todas 
partes las costumbres, i especialmente en el (Jcayali de tres 
años á esta parte, en donde el culto i el movimiento religio- 
so se ha aumentado de un modo notable i se sostiene con 
bastante regularidad. Caso de acrecentarse (como lo espe- 
ro) el número de 16 religiosos que actualmente se encuen 
tran espacidos en los pueblos indicados, i se me auxilie con 
los convientes recursos, confío en la Divina Providencia que 
podré fundar tres pueblos ó conversiones más: uno en el 
Apurímac 6 montaña de Huanta; otro en la confluencia del 
Tambo con el Urubamba; i otro, por fin, en el Palcázu ó 
puerto Victoria. 

Desde que me hice cargo de la prefectura apostólica, he 
recorrido casi toda la parte habitada de la montaña admi- 
nistrando algunos centenares de bautismos, entre párvulos i 
adultos i algunos miles de confirmaciones, aparte de los de- 
más sacramentos que se han conferido á los que ya antes 
eran criscianos. 



V 



En mi humilde parecer, la manera de reducir pronto á la 
verdadera civilización las tribus errantes, sería la de estable- 
cer colonias de familias honradas i laboriosas civilizadas, en 



- 213 - 

numero tal que pudiera contrarrestar el abuso que todavía 
siguen cometiendo algunos comerciantes generosos, quienes 
atizan i habilitan á los infieles chipibos i cunibos del Ucaya- 
li ya semicivilizados, para que, como galgos vayan á hacer 
correrías por el Pachitea en busca de los cashibos, i recorran 
también con tal objeto el Tambo, Tamaya, Unini, Perene, 
Ene i Apurímac, persiguiendo á los amaguacas i campas, 
matando á los hombres que les resisten, i apresando á las 
mujeres i niños para negociar con ellos i venderlos como es- 
clavos. 

Estos son, señor ministro, los datos que he creído con- 
veniente consignar del mejor modo que me ha sido posible i 
que tengo el honor de presentar á US., á fin de satisfacer los 
nobles i patrióticos deseoso que se dignara manifestarme en 
el oficio arriba indicado. 

Séame permitido, señor ministro, antes de concluir, ha- 
cer constar una vez más, que el misionero apostólico es el 
porta estandarte, no solo de la cruz, sino también de la luz 
i de la civilización verdadera, i que si en todo lugar i tiempo 
es acreedor al reconocimiento de la humanidad, en el Perú, 
sobre todo, tiene incuestionables títulos para que se le con- 
sidere como el factor principal de la raza indígena, pues que, 
si la espada conquista i subyuga, sólo la cruz civiliza. Con- 
cretándose empero, á la parte oriental de la montaña pro- 
piamente dicha del Perú, el misionero tiene escritas página- 
mui gloriosas en su historia, en especial el misionero francis- 
cano del que tratamos ahora. 

Durante tres siglos ¡qué de sacrificios! ¡Cuántas tentati- 
vas no han realizado los padres descalzos de Lima i Ocopa 
para abrirse paso á los bosques i llevar hasta allí, junto con 
la luz de la Fé, los beneficios de la civilización! ¡Cuántas 
energías, cuántas vidas se han sacrificado en esas soledades 
i en esos ríos en aras del más puro celo i de la más heroica 
abnegación, en pos del indio errante, con el único objeto de 
hacerlo hombre civilzado, cristiano i también peruano! 
Cuan distinto sería hoi el estado de la montaña, i cuan ri- 
sueño i floreciente su aspecto á no ser por la tan sabia su- 
blevación del que se tituló Juan Santos Atahualpa, que aca- 
bó en un momento con los misioneros, con el fruto de todos 
sus trabajos i sudores, i redujo de nuevo al salvajismo los 
muchísimos pueblos del Pajonal, Cerro de la Sal i Ucayal 



- 214 - 

cerrando para largo tiempo toda entrada en la montaña! 
I si á todo esto añadimos los interregnos que á consecuencia 
de las vicisitudes políticas han sufrido las misiones i los tra- 
bajos por los que han pasado los padres de Ocopa, entonces 
se comprenderá perfectamente el porqué aún hai infieles en 
la montaña del Perú. 

Pero gracias sean dadas á la Divina providencia, i gra- 
cias también á los dignos gobiernos que han protegido últi- 
mamente las misiones, ha podido de nuevo dárseles podero- 
rosos impulsos, por lo cual parece 3'a llegada la hora en que 
amanezca la luz del pregreso i de la civilización católica pa- 
ra toda aquella sombría región, cosechan el fruto de su san- 
gre derramada en la montaña tantos misioneros múrtires, 
i vean también realizados sus deseos tantos dignísimos pre- 
decesores míos los reverendos padres Sobrevida, Plaza, Cal- 
vo, Sanz, Gonzáles i Sala, verdaderamente beneméritos así 
para la religión como para la patria. 

Aprovechando esta ocación, cábeme el honor de reiterar 
á US., las consideraciones del alto aprecio i sincera estima- 
ción. 



Dios guarde á US. 



Frai Antonio Baile, 

Prefecto apotólico [1] 



íi) Anexos de la memoria que presenta el tnínisterío de justicia, culto é insttxiccíón ftl 
congreso ordinario de 1903. — Página 435. 



— 215 - 



1903 



Memoria presentada por el prefecto apostélico de 
San León de Amazonas al ministro de Justicia I 
culto. 

Iquitos, 10 de mayo de 1903, 

Señor doctor don Telémaco Orihuela, ministro de justicia 
i culto. 

Lima. 

Excmo. señor ministro: 

Ausente en el distrito de Pebas desde el mes de enero 
próximo pasado, ocupado en recorrer los extensos territo- 
rios que median entre los ríos Amazonas peruano, i el Isla ó 
Putumayo, donde moran los salvajes Yaguas, i Ticunas, con 
el fin de reconocer personalmente los lugares más apropia- 
dos para el establecimiento de misiones, para lograr la con- 
versión i civilización de los mencionados salvajes: al regre- 
sar á esta ciudad, recibo su superior comunicación número 
308 fechada en Lima á 5 de marzo del corriente año, en la 
que ordena **remita á ese superior despacho una memoria 
descriptiva del estado de esta prefectura de San l^eón de 
Amazonas, desde su fundación, consignando en ella todos los 
datos que ju^fgue indispensables para formar mejor concepto 
de las necesidades de esta región, así como también el grado 
de adelanto que haya alcanzado, cuya memoria deberá de 
hallarse en poder de US. antes del 10 del mes de junio próxi- 
mo." 

Gran perplegidad me ha causado el cumplimiento de esa 
superior orden, pues por una parte la premura del tiempo no 
me permite redactar una memoria amplia i razonada, res- 
pecto de los extremos que me indica, i aunque me concreto 
á una suscinta relación, á fin de abreviar, faltando sólo 20 



— 216 — 

días para la fecha marcada, i tardando generalmente los co- 
rreos ordinarios desde Iquitos á Lima, aun sin accidentes 
imprevistos de 45 á 50 días, es materialmente imposible, 
pueda US. recibirla oportunamente. 

Por otra parte, aunque hace ya más de dos años que es- 
ta prefectura de San León de Amazonas se halla aquí insta- 
lada; apesar de los precisos términos del decreto de creación, 
para señalar sus límites; apesar de las instrucciones verba- 
les que de ese centro recibí, i apesar de las posteriores acla- 
raciones de la sagrada congregación de Roma, esta es la ho- 
ra que aún ignoro hasta dónde se extiende el territorio asig- 
nado á esta prefectura, ó si real i verdaderamente existe un 
territorio en el que legítimamente i sin contradicción pueda 
ejercer jurisdicción. El citado decreto de creación de esta 
prefectura, señala como territorio asignado á ella, todo el 
comprendido en ambas márgenes del río Marañón con to- 
dos sus afluentes igualmente hasta los límites con el Ecua- 
dor, Colombia i el Brasil. Ahora bien, se pretende que los 
afluentes del Marañón en su margen derecha i aun toda la 
margen derecha corresponden á la jurisdicción de la diócesis 
de Chachapoyas: que ambas márgenes délos ríos Marañón, 
Amazonas i demás en que residen gantes civilizadas, se ha- 
llan excluidas de la jurisdición de esta prefectura, por estar 
esta fundada única i exclusivamente, para los salvajes, i que 
por tanto su jurisdición se limita al terreno que éstos pisan, 
apesar de las declaraciones de Roma en contrario; i como 
todos los territorios de la margen izquierda de los ríos Ma- 
rañón i Amaz .ñas, donde habitan los salvajes, los disputan 
como suyos, las repúblicas del Ecuador i de Colombia, re- 
sulta esta prefectura reducida á sólo el título, sin un solo 
palmo de terreno que no le sea disputado. En esta situación 
las cosas, sin que hasta )a fecha hubiese recaído decisión al- 
guna de ese supremo gobierno, apesar de las varias consul- 
tas que con tal motivo se le han elevado, no extrañará US. 
mi indecisión para remitirle la memoria que me pide; más, 
dócil i obsecuente á los menores deseos del supremo gobier- 
no, como es mi deber, sin prejuzgar la cuestión i con las con- 
siguientes salvedades, rae apresuro á elevar á ese superior 
despacho de su digna dirección, no la memoria que desea, 
por no disponer de tiempo necesario para ello, sino una una 
suscinta relación de las más apremiantes necesidades de es- 



- 217 - 

ta región en lo qne á la religión atañe, al correr la pluma, i 
con la incoherencia é incorrección del lenguaje consiguientes, 
sin más mérito que la verdad i el buen deseo. 

Ante todo, debo hacer constar las razas de que se com- 
pone la heterogénea población de esta dilatada región. La 
raza blanca nacional ó peruana, procedente en su mayoría 
de Chachapo3'as i Moyobamba, i de los departamentos de 
la costa, especialmente de los del norte, designados aquí es- 
tos últimos con el genérico nombre de **Limeños*\ La raza 
blanca extranjera, comupuesta de casi todas las naciones, 
portugueses, brasileros, italianos, españoles, alemanes, fran- 
ceses, ingleses, colombianos, ecuatorianos, etc. También hai 
bastantes asiáticos de raza amarilla. La raza mixta proce- 
de de Chachapoyas, Moyobamba, Tarapoto, Soritor, Jaén, 
etc. 

La raza indígena autóctona i sin mezcla, que es la más 
numerosa, dominante en el Bajo Amazonas procede de los. 
Mayorunas i Pebas; en el Bajo Ñapo de los Cocamas i Tu- 
tapicos; i en el Alto de los extinguidos pueblos fundados por 
los padres jesuitas en el río Coca i sus afluentes; eu el Cen-. 
tral 1 Alto Marañón de los borjeños i Omaguas; en el Bajo 
Marañón de los Cocamas i Urarinas; i en el Alto de los Je- 
beros i Cahuapanas. 

En el río Yavarí hai mui pocos peruanos siendo en su 
mayoría brasileños, tanto patrones como peones. Esto que 
acabo de consignar, es hablando en general, pues, á conse- 
cuencia de las numerosas i frecuentísimas compras i ventas 
de peones, paliadas con el nombre de traspaso de deudas, 
más ó menos reales, hai una gran mezcolanza de estas diver- 
sas tribus i de otras muchas. Además de estos indígenas, 
concidos con el nombre ''choIo'\ hai otro numeroso contin- 
gente, dedicado generalmente á la servidumbre doméstica, 
adquirido por compra ó herencia, ó por otros medios bárba- 
ros i criminales de las diversas tribus de infieles que aún pue- 
blan las apartadas selvas de las cabeceras de los ríos. Es- 
tos infelices seres, arrancados por la fuerza de sus hogares 
respectivos, i separados de sus padres, hermanos, parientes, 
aunque en general bien tratados, no por eso dejan de ser es- 
clavos en todo el brutal rigor de la palabra, sin esperanza de 
salir de su estado de abyección á no ser por una fnga. To- 
dos los indígenas hasta aquí mencionados, son considerados 



- 218 — 

civilizados i cristianos, porque han sido bautizados, en oca- 
siones por los mismos patrones ó amos, parodiando la cere- 
monias de la iglesia, pero en general tanto en instrucción 
profana como religiosa se diferencian poco de los llamados 
infieles salvajes. Estos ó sean los salvajes, habitan en pe- 
queños grupos ó por familias en los más apartados é inacce- 
sibles lugares de las cabeceras de los ríos i en las quebradas 
ó pequeños afluentes, casi como nómades, i á considerables 
distancias unos de otros. He aquí una relación de los más 
conocidos. Bn la margen derecha del Alto Marañón i sus 
afluentes se hallan los aguarunas, considerados pacíficos i 
ya acostumbrados al trato con los civilizados. En la mar- 
gen izquierda del mismo río i en el Santiago, habitan los an- 
tipas i huambisas, i en los ríos Morona, Paztaza, i sus nu- 
merosos afluentes, los Muratos, Chapras, Patucos, Achua- 
les i otros varios, que están reputados de implacables enemi- 
gos de los blancos i de todos los civilizados, i aún de sus mis- 
mos congéneres los aguarunas, á los que hacen constante- 
mente una guerra de exterminio. 

En los ríos Chambira i Tigre hai también diversas tribus 
de infieles, cuyos nombres ignoro, i en los afluentes del río 
Ñapo en su margen derecha hai también infieles denomina- 
dos Auishiris, Saparos, Paucaros, i otros varios. Entre el 
Ñapo i el Putumayo se hallan los llamados orejones i entre 
el Amazonas peruano i el mismo Putumayo, los yaguas i ti- 
cunas. Respecto al número de salvajes infieles que actual- 
mente existen dispersos por las soledades de estos bosques, 
es mui difícil formar un cálculo aproximado, dada la contra- 
riedad de referencia, pues mientras unos les hacen subirá mu- 
chos millares, otros los reducen á mui pocos. Concretándome á 
los Yaguas, por ejemplo, personas que se dicen conocedoras, 
aseguran que pasan de diez mil, i por lo que he podido obser- 
var personalmente, al recorrer el territorio en que habitan 
no creo exceden de tres ó cuatro mil. 

Lo que si es cierto é indudable, que muchas tribus salva- 
jes cuyos nombres figuraban no hace aún muchos años han 
desaparecido totalmente, otras se hallan reducidas á poquí- 
simo número, i todas decrecen de día en día. 

Hecha esta somera descripción de las diversas razas que 
pueblan esta región, pasaré á referir su estado actual en lo 
que á la religión 6 á sus múltiples manifestaciones respecta, 



— 219 — 

permitiéndome antes echar una rñpida ojeada acerca de su 
riqueza i prosperidad material. 

Es casi axiomático el considerar como incalculable, in* 
mensa é inagotable la riqueza de esta región, i sin embargo 
el que por primera vez recorre estas llanuras sin fin. no pue- 
de menos de preguntarse, dónde se halla escondida tan de- 
cantada riqueza, que por parte alguna se descubre. En va- 
no se busca la riqueza urbana, pues excepción hecha de unos 
pocos edificios de Iquitos, todos los demás son en general 
poco más que barracas i chozas de duración efímera. Tam- 
poco se ven construcciones de cualquier clase quesean, puen- 
tes 6 acueductos, carreteras 6 terrocarriles, lineas telegráfi- 
cas ni nada que revele la actividad de un pueblo, como tam- 
poco establecimientos industriales ó agrícolas, i á no ver de 
vez en cuando agitadas las mansas aguas de estos ríos por 
las paletas de las hélices de algunas lanchas á vapor i oír 
sus estridentes silvidos, se creería uno trasportado al siglo 
XVI, en que por primera vez vinieron europeos á admirar 
extasiados el poderoso caudal de aguas de estos ríos, i 
la exuberante vegetación de sus bosques vírgenes. En cuan- 
to al comercio, en el que parece se halla concentrada toda 
la fuer>:a vital del adelanto, ocurre un fenómeno singular que 
llama la atención de todo el que, después de algún tiempo 
de residencia en él, llega á imponerse de la marcha general 
de sus negocios. Se ven casas comerciales, aún las más res- 
petables, i de mayor prestigio i que representan un capital 
considerable, que si se ha de dar crédito al rumor público, 
viven única i exclusivamente del crédito, excediendo en oca- 
siones su pasivo al activo: así como propietarios de fundos 
avaluados en cientos de miles de soleá que el día en que por 
cualquier causa les retiran el crédito, se ven sin un centavo 
de qu€ disponer, por consistir la parte principal del valor 
aparente de su finca en los peones de que' dispone para los 
trabajos de explotación i en las sumas, á veces enormes, que 
éstos adeudan, ó aparecen deben al propietario. 

En una palabra, todo aquí, al parecer, es efímero, delez- 
nable, fantasmagórico, i aparente más bien que real ó sólido: 
todo se halla en el aire como sus edificios. ¿Se puede dedu- 
cir de lo antedicho que no existe riqueza en esta región? Na- 
da de eso. Pocos países en el mundo han sido tan pródiga- 

28 



- 220 - 

mente dotados por Dios de riquezas naturales, como esta re- 
gión amazónica. Esta inconmensurable zona, capaz de sus* 
tentar muchísimos millones de seres humanos, con vías flu- 
viales naturales, sin rival en el mundo, para facilitar el co- 
mercio, con bosques sin fin que encierran incalculables ri- 
quezas en gomas, resinas, maderas, plantas medicinales, é 
infinidad de productos vegetales: con llanuras extensísimas 
que forman horizonte de terrenos de primer orden que sólo 
esperan la actividad del hombre para explotarlos, con innu- 
merables lagos en que abunda de una manera prodigiosa la 
pesca, así como la caza en los bosques: con ríos que arras- 
tran arenas de oro: en una palabra con todos los elementos 
para que la riqueza agrícola florestal, pecuaria, mineral, in- 
dustrial i comercial de esta región pueda llegar á ser con po- 
co esfuerzo la primera del mundo. ¿Qué medios se necesitan 
para la consecución de tan anhelado fin? Brazos, morali- 
dad, instrucción í sobre todo instrucción cristiana, base 
esencial de la moral, i por tanto de todo progreso, irrealiza- 
ble sin ella. 

Pasemos ahora á relatar lo concerniente á esta prefectu- 
ra apostólica de San León de Amazonas. Creada pordecre- 
to de la sagrada congregación de propaganda £de de fecha 
5 de febrero de 1900 i nombrado para desempeñarla en 19 
de junio del mismo año, llegué en compañía de cuatro reli- 
giosos misioneros, á esta ciudad de Iquitos en 1^ de marzo 
de 1901, i en cuanto me fué posible, procuré enterarme 
personalmente de las necesidades espirituales de esta prefec. 
tura confiada á mi cargo, i al efecto recorrí los ríos Amazo- 
nas, i Marañón desde la frontera brasileña hasta el pongo 
del Manseriche, el río Ñapo hasta más arriba de la Coca i el 
río Yavarí en toda su parte navegable, así como unas 150 
millas por el interior del territorio habitado por los infieles 
yaguas i ticunas entre los ríos Amazonas i Putumayo. De 
esta personal inspección, quedé tristemente impresionado 
del deplorable estado en que se hallan en esta región la reli- 
gión i el culto, la iglesia i la instrucción religiosa, i de los te- 
rribles efectos que no es difícil preveer para el porvenir, si no 
se acude con tiempo á poner el oportuno remedio á los ma- 
les que indefectiblemente ha de producir tal situación. Den- 
tro del territorio asignado á esta prefectura apostólica hai 



- 221 — 

• 

cinco parroquias; 6 doctrinas administradas por sacerdotes 
seculares que son: Yurimaguas, Lagunas, Nauta, Caballoco- 
cha é Iquitos. Descartadas las dos primeras que no visité, 
por haberse suscitado dudas respecto á los límites de juris- 
dicción de esta prefectura i del obispo de Chachapoyas, me 
concretaré á dar cuenta de estas últimas. 

En Nauta, capital del distrito de su nombre i población 
importante, hai una iglesia bastante capaz, con paredones 
de tierra apisonada i cubierta de calamina, desmantelada, 
sin palpito, confesionario ni más señales de su sagrado des- 
tino que un retable de madera en el altar mayor i único. No 
pude apreciar el mérito i valor de sus ornamentos i alhajas, 
por hallarse en poder de una señora encargada de custoñiar- 
las, durante la ausencia del párroco ó doctrinero. Aunque 
hai una escuela ó al menos maestro de instrucción primaria, 
dotado con los fondos del Concejo, sin duda no se enseña en 
ella ni tampoco el catecismo, pues advertí general ignoran- 
cia en esta parte tan importante de la instrucción. En Ca- 
ballococha, capital del distrito de Loreto, población rica i 
de gran importancia comercial, hai un edificio al que llaman 
iglesia, por más que sólo es un inmundo barracón sin tener 
nada que acredite estar dedicado para dar culto á Dios, sino 
es un ridículo armatoste de madera i papel de color deslus- 
trado, con el nombre de altar. Los ornamentos, vasos sa- 
grados i demás utensilios dedicados al culto divino, están en 
relación con el edificio. Hai escuela municipal en la que sin 
duda tampoco se enseña el catecismo, ni fuera de ella hai quien 
se preocupe de tan interesante asunto, pues en los 12 días 
que allí permanecí, pude notar con honda pena, tanto en los 
adultos como en los niños, la más crasa ignorancia acerca 
de los elementos más fundamentales de la religión cristiana. 
El sacerdote encargado de la administración espiritual tam- 
bién se halla ausente. 

En Iquitos, capital del departamento, hai una iglesia 
que podría pasar como provisional en una aldea, pero que 
es indecente é impropia, no ya de la importancia política i 
comercial de Iquitos, sino de un pueblo que en algo se esti- 
me. Si el edificio es modestísimo, la decoración interior, ro- 
pas, alhajas, i utensilios es de lo más pobre, La instrucción 



- 222 - 

primaria profana se halla regularmente atendida en Iquitos, 
pero en lo que á la religión i al catecismo se reñere, se halla 
á la misma altura que llevo indicada en los demás lugares. 
Hai también un sacerdote que la administra en calidad de 
interino. 

En ninguna de estas parroquias hai casa parroquial ni 
personal alguno para aseo i servicio de la iglesia i necesi- 
dades del culto. Los cementarlos se hallan secularizados i 
desligados de la inspección párroco. No existe arance! que 
señale los derechos que deben percibir los párrocos, ni éstos 
perciben más que los correspondientes á los bautismos i ca- 
samientos [casi únicos sacramentos que aquí se administra] 
á capricho del párroco i del donante. Tal es la situación 
descrita á grandes rasgos de los pueblos de esta región ad- 
ministrados por sacerdotes, respecto á edificios dedicados 
al culto é instrucción religiosa: veamos ahora la de los de- 
más que carecen de sacerdotes. 

Comenzando por el Alto Marañón en su margen derecha 
hállanso los antiguos florecientes pueblos de Chayavitas, 
Cahuapanas i Jeveros, hoi casi desiertos, especialmente los 
dos primeros, cuyas iglesias están completamente arruina- 
das i los ornamentos i alhajas han desaparecido: en cuanto 
á Jeveros aún conserva su hermosa iglesia en buen estado, 
pero según referencias, sus ricos ornamentos i alhajas han 
desaparecido igualmente, i su antes numerosa población 
queda reducida á mui pocas familias. 

En el mismo Alto Marañón, en su margen izquierda, 
frente á la desembocadura del río Cahuapanas, hállanse los 
restos del antiguo pueblo de San Francisco de la Barranca, 
hoi reducido á un fundo de propiedad particular, cuyo due- 
ño donjuán Ramírez, ha comen/,ado á construir una iglesia 
de madera i calamina hace y^a algunos años, i es de temer se 
pudra antes de que se termine. Aunque es capital de distri- 
to, carece de escuela, i la población relativamente numerosa 
que allí habita se halla sumida en la más profunda ignoran- 
cia. De los utensilios de su antigua iglesia, sólo he visto un 
cáliz, una piedra de ara rota i dos pequeñas campanas. El 
pueblo de San Antonio, también en el .\lto Marañón, ha de- 
saparecido por completo. 



- 223 - 

Del pueblo de Parinari, en el Marañón central, ni que- 
dan ni vestigios, ignorándose el paradero de los ornamen- 
tos i alhajas de su iglesia. Lo que hoi se conoce con el nom- 
bre de Parinari, aunque es capital de distrito, es una hacien- 
da de propiedad particular, i todos sus habitantes, reduci- 
dos casi á la condición de esclavos, son peones dependientes 
del propietario. En San Regis hai una pequeña capilla rui- 
nosa destarlada. De los pueblos de San Miguel i San Salva- 
dor de Omaguas en el Amazonas, pueblos florecientes aún 
no hace muchos años, según aseguran, sólo quedan restos 
de sus iglesias, sin que hubiese podido adquirir noticia algu- 
na respecto del paradero de sus alhajas, ornamentos i de- 
más utensilios pertenecientes á sus iglesias. EnT^ampsiyacu, 
cerca de Iquitos, hai una iglesia, si bien pobre, decente, con 
ornamentos i vasos sagrados en regular estado, i un ce- 
menterio con su tapia correspondiente, pero no hai escuela. 

Del pueblo de Oran en la margen izquierda del Amazo- 
nas, aguas abajo de la desembocadura del Ñapo, solo queda 
el nombre. Del pueblo de Cochiquinas, en la margen dere- 
cha del Amazonas solo quedan algunos restos de su derruida 
iglesia, dos campanas i una carcomida efigie de San Fran- 
cisco, su patrón, i del pueblo de Maucallacta apenas se cono- 
ce el lugar donde estuvo situado. El pueblo de Loreto, del 
que tomó el nombre este departamento, ha desaparecido 
igualmente, i sólo encontré en una casa la imagen de la pa- 
trona titular con algunos fragmentos deteriorados é inservi- 
bles de sus ornamentos. En los ríos Ñapo i Yavarí no exis- 
te iglesia ni menos casa alguna. 

Réstame ahora para terminar esta breve reseña, mencio- 
nar las misiones de San Antonio de Puerto Meléndez i de la 
Purísima Concepción de Pebas. Desde mi llegada á este de- 
partamento, comprendí la urgente necesidad de establecer 
una misión en el Alto Marañón para la conversión de los 
numerosos salvajes aguarunas, antipas, huambisas* mura- 
tos, etc., que vagan por aquellos extensísimos territorios en 
ambas márgenes del Marañón i sus caudalosos afluentes i 
contener sus correrías que han llevado la devastación más 
absoluta á aquella rica comarca, en otro tiempo mui pobla- 
da i floreciente, i hoi completamente desierta; pero no me fué 



— 224 - 

posible realizar mi ardiente deseo, hasta que en el mes de no- 
viembre de 1901, al mismo tiempo que se fundaba la colonia 
de Puerto Meléndez, á la entrada del pongo de Manseriche 
en la margen del Marañón, de donde arrranca el camino que 
ha de unir la cuenca hidrográfica del Amazonas con las cos- 
tas del Pacífico, á través de los Andes, establecí en el mismo 
sitio la misión de San Antonio, compuesta por ahora de un 
religioso sacerdote i un hermano lego. Apesar de inmensas 
dificultades, gracias al apoyo del señor coronel Portillo, se 
ha conseguido levantar una modesta capilla con todos los 
ornamentos i utensilios necesarias i una casita para aloja- 
miento de los misioneros. 

En el mes de enero próximo pasado, establecí también 
en Pebas, en la margen izquierda del Amazonas, otra misión 
de dos sacerdotes, para la conversión de los numerosos in- 
fieles 3'águas i ticunas, que con mengua de la religión i de 
la patria aun pueblan los territorios que median entre el río 
Amazonas i Putuma3'o, casi á las puertas de Iquitos. 

Conseguí poner en estado decente una capilla que ha- 
bía, habilitándola para el culto, i la adquisición de una casa 
para los misioneros, en la que establecí una escuela, á la que 
concurren once muchachos cuyo número confío irá aumen- 
tando. Una i otra misión de la mayor importancia, no sólo 
religiosa i moral, sino también política, para el porvenir de 
este pedazo de la patria tan apartado de su centro. La de 
Puerto Meléndez, porque civilizados aquellos feroces salva- 
jes, no sólo volverán á repoblarse aquéllos hermosísimos te- 
rritorios, i á ser un emporio de riqueza, sino que se conten- 
drá la invasión que continuamente realizan los ecuatorianos 
en terrenos pertenecientes sin género alguno de duda al Perú; 
i en cuanto á Pebas, una vez escalonadas las misiones hasta 
las orillas del Putumayo, será fácil rehacer la vía terrestre 
que existía en tiempo del coloniaje, i tomar efectiva posesión 
del río Putumayo, que hoi disputa Colombia al Perú. Fun- 
dado en idénticas consideraciones, creo de urgente necesi- 
dad la fundación de una parroquia con el personal necesario 
en cada uno de los ríos Ñapo i Yavarí. 

Por la suscinta relación que á grandes rasgos acabo de 
hacer del estado de los pueblos de esta región respecto á igle- 



— 225 - 

sias, casas parroquiales, escuelas i demás edificios religiosos, 
así como de su cultura é instrucción religiosa, verá US. que 
no puede ser más precario i lastimoso. Apena el ánimo ver 
que en una región tan extensa i tan rica, no haiuna sola igle. 
sia que merezca el nombre de tal, ni una casa parroquial, 
buena 6 mala, ni una escuela, hallándose las contadísimas 
que existen, instaladas en locales alquilados, no siempre en 
condiciones higiénicas. La instrucción primaria religiosa i 
profana, se halla en tal estado de atraso entre la raza india 
pura (vulgarmente cholos) que quizá no llegue al uno por 
mil los que saben leer i escribir i los más rudimentarios prin- 
cipios de religión: i respecto de la raza blanca i mixta, si 
bien la instrucción profana se halla algo adelantada, en lo 
que concierne á instrucción religiosa i catecismo, están á po- 
ca más altura que los cholos, hasta el punto que es rarísimo 
el que sabe recitar el símbolo. 

Esto explica el que casi haya desaparecido de esta re- 
gión la práctica de la religión i culto católicos, reduciéndose 
todo á algunas prácticas exteriores, que más bien pueden 
apellidarse supersticiosas, que religiosas, i que, como conse- 
cuencia lógica, la desmoralización cunde i se extiende, cual 
mancha de aceite, por todas partes i en todas las clases so- 
ciales, casi sin excepción, en tal forma, que más del 70 % de 
los niños nacidos son naturales, ó adulterinos (i aán de 
otros calificativos peores), sin que á nadie sorprenda en lo 
más mínimo tan inaudito estado de corrupción. 

Una de las causas primordiales de tan lamentable situa- 
ción, que tiende á agravarse i se agravará si no se pone 
pronto i eficaz remedio, es, entre otras cosas, que no es del 
caso enumerar aquí, la escasés del clero, reducido á tan cor- 
to número en un territorio tan extenso, con tan difíciles me- 
dios de comunicación i con una población tan dispersa, i si 
á esto se añade que la conducta de este clero deja mucho que 
desear en el estricto cumplimiento de su deber, no sorpren- 
derá á US. el triste cuadro que déla situación de esta comar- 
ca, bajo el punto de vista religioso i moral, acabo de pintar- 
le, i que lejos de recargar las sombras, es sólo un pálido bos- 
quejo de la realidad. Aunque digno de ser llorado con lágri- 
mas de sangre, es explicable, (i casi me atrevería á decir que. 
lógico) el abandono del clero en el cumplimiento del deber, 



— 226 — 

que con hondo pesar me veo precisado á manifestar. Por 
buenos i santos que fueran los deseos i propósitos de estos 
sacerdotes, de dedicarse al más exacto cumplimiento de los 
deberes, que su sagrado carácter les imponía, era mui difícil, 
siendo hombres, que no desfallecieran en sus sanos propósi- 
tos. Colocados en lugares aislados, i á inmensa distancia 
de sus superiores gerárquicos, encargados de vigilar su con- 
ducta, con una merquina dotación de 25 soles, suficiente 
apenas para el pago de una habitación modesta, teniendo 
que atender á su decorosa subsist:?ncia, i quizás á sagrados 
deberes de familia, en un p3Ís donde los artículos de prime- 
ra necesidad i la servidumbre doméstica son fabulosamente 
earos, en el que nadie paga diezmos ni primicias i en el que 
los ingresos por los llamados derechos de estola i pié de al- 
tar se hallan casi exclusivamente reducidos á los derechos 
percibidos por bautismos i casamientos, i aún estos mode- 
rados por los derechos impuestos por los municipios con 
pretexto de registro civil; ¿qué había de suceder? lo que des- 
graciadamente ha sucedido i sucede. 

Careciendo los citados sacerdotes de medios de subsis- 
tencia decorosa, se vieron precisados á procurárselos por 
otras ocupaciones impropias del estado sacerdotal, abando- 
nando el cumplimiento de las obligaciones peculiares de su 
sagrado cargo, i enfriado el espíritu sacerdotal, la adminis* 
tración de sacramentos, se convirtió en mercantilismo con 
lógicas consecuencias que de aquí se siguen. 

No tengo para qué ponderar la urgencia de poner pron- 
to i eficaz remedio á los incalculables males i á los pernicio- 
sos efectos que tal situación puede producir en una región 
tan lejana, que con tan débiles vínculos se halla unida al 
centro común de la patria, que se halla rodeada de enemigos 
que codician su posesión, á la que llega debilitada Ha acción 
del gobierno central. Siéndome conocidas las, nobles aspi- 
raciones, elevados propósitos i ardiente patriotismo en que 
ese ministerio i todo el supremo gobierno se inspiran, res- 
pecto de este rico florón de la patria peruana, me permito 
someter al ilustrado criterio de US* la adopción de las si- 
guientes resoluciones, que en mi humilde sentir, i en mi mo- 
djsta esfera de acción, creo han de influir eficazmente para 
prevenir los males que se temen, i conseguir los altos fines á 



- 227 - 

que aspiramos, cuales son el adelanto i prosperidad moral i 
material de estas regiones i su unión íntima con el resto de 
la república. 

Helas aquí á continuación. 

1^— Que se tomen las más minuciosas precausiones en la 
elección de las autoridades, singularmente de los prefectos i 
subprefectos, i que se procure recaiga siempre en personas, 
que á una sólida ilustración, prudencia energía i excepciona- 
les dotes de mando, indispensables para gobernar una re- 
gión de tan especiales cotidiciones ofrezcan segura garantía 
de religiosidad práctica i severa moralidad, con extraordi- 
narias i amplias atribuciones sobre los demás organismos 
administrativ^os. 

2*^— Aumentar el número de sacerdotes que prudencial- 
mente se juzgue necesario, para poder atender á la adminis- 
tración de los sacramentos, celebrar el culto i proporcionar 
la instrucción religiosa á la numerosa población disemina- 
da por estos ríos i sumida en la más profunda ignorancia. 
Por de pronto creo indispensable la creación de una doctri- 
na en el sitio de Barranca para atender á los ríos Morona, 
Pastaza, Potro i Cahuapanas en ambas márgenes del Alto 
Marañón; otra en el Marañón central i otra en cada uno de 
los ríos Ñapo i Yavarí. 

S''— Es de absoluta é imprescindible necesidad que los 
sacerdotes que han de administrar espiritualmente los pue- 
blos i doctrinas sean modelos de moralidad, abnegación i 
celo en el cumplimiento de sus deberes sacerdotales i apostó- 
licos, i todo el que por mezclarse en asuntos mercantiles, 
abandona.se ó descuidase su sagrado ministerio, ó el que por 
cualquier otro motivo, en vez de servir de modelo, fuese más 
bien motivo de escándalo, debe ser removido de su cargo sin 
contemplaciones de ningún género; i á ñn de poder exigirles 
la más extrecha responsabilidad, i de que no puedan alegar 
pretextos fundados en sus necesidades materiales, es impres- 
cindible ocurrirles con una congrua dotación, así como con 
las facilidades necesarias para el buen desempeño de su co- 
metido. 

29 



— 228 - 

4^ — Arbitrar los recursos indispensables para la cons- 
trucción de iglesias, casas parroquiales i escuelas i adquisi- 
ción de ornamentos, vasos sagrados i demás utensilios nece- 
sarios para que el culto divino se celebre con el debido deco- 
ro asi como dictar las oportunas disposiciones, á fin de que 
los padres de familia i los dueños de fundos no se opongan 
con fútiles pretextos á que los niños concurvan á la escuela 
ó á la iglesia á la enseñanza del catecismo. 

t*ara terminar, sólo me resta implorar su benevolencia 
á fin de que habida consideración á mis cortos alcances i al 
poco tiempo de que dispuse para redactar esta desabazada 
relación, se digne dispensar los muchísimos defectos que en 
ella necesariamente ha de notar i que su claro entendimien- 
to ha de subsanar. 

Aprovecho la oportunidad para repetirme de US. con to- 
da consideración i respeto atto. S. S. i capellán. 

Fr. Paulino Díaz, 

Prefecto apotólico [1] 



(O Anexo de la meiuoría que presenta el ministerio de justicia, culto é instrucción ai 
congreso ordinario de 1903.— Página 425. 



\ 



- 229 - 



1904 



■emorla presentada al ■inistro de Justicia, Instruc- 
cclón I Culto por el Prefecto Apostólico de San 
Francisco del UcayalU 

San Luis de Shuaro, Junio 25 de 1904, 

Señor Ministro de Estado en el Despacho de Justicia, Ins- 
trucción i Culto. 

Señor Ministro: 

En contestación á &u estimable oficio de 15 de marzo del 
presente año, en el que me pide una memoria descriptiva 
del estado de esta Prefectura apostólica, desde la última que 
remití, tengo el honor de poner en las manos de U. S. esta 
pequeña relación ó memoria, trabajada con la brevedad i 
sencillez á que me obliga la premura del tiempo. 

Habiendo ya fijado en la memoria que presenté el año 
pasado la fecha de la fundación de la prefectura apostólica 
de San Francisco del Ucayali, de mi cargo, los límites aproxi- 
mados que la separan de las otras dos prefecturas, los prin- 
cipales afluentes del Tambo, alto i bajo Ucayali, Pichis, Pal- 
cazu i Pachitea, la variedad de tribus salvajes que existen 
én las márgenes de dichos ríos, los adelantos realizados des- 
de un medio siglo hasta el presente, los frutos que produce i 
que podría producir esta tierra por su fertilidad; solo me 
resta ahora poner en conocimiento de US. los trabajos rea- 
lizados por mí i por los RR. PP. misioneros, mis subalternos, 
durante este año, á fin de que se digne informar al supremo 
gobierno de esta república del Perú, que para secundar sus 
nobles i patrióticos deseos del adelantamiento i progreso de 
la montaña, en lo espiritual i temporal, continuamente nos 
desvelamos animados por la protección que se digna prestar- 
nos. 



- 230 - 

Los pueblos de conversiones que actualmente tengo en 
la prefectura apostólica son: 

Cotamana.— Residencia principal de la Prefectura. Resi- 
den allí el Rvdo. P. Pr. Bernardo Trastorza, de Ocopa, i el 
hermano lego Fr. Juan Cherin, de los Descalzos de Lima, 
presididos por el Rvdo. P. Agustín Alemani de Cajaraarca, 
quien por el mes de julio del año pasado inició el trabajo de 
construir una casa grande i bien acondicionada para la re- 
sidencia de los misioneros. Para la ya citada fábrica, hecha 
en gran parte por los mismos religiosos, contribuyeron el 
señor subprefecto de aquella nueva provincia, el señor alcal- 
de municipal i los principales habitantes de aquella pobla- 
ción inclusos algunos judíos. 

Edificada la casa, en la que se ha levantado un oratorio 
provisional, hasta que sea posible edificar una iglesia com- 
petente, el sobredicho P. Alemani embarcándose en la lanchéi 
de guerra del Estado llamada Amazonas surcó para el alto 
Ucayali con el objeto de reconocer el estado i condiciones en 
que hallan los infieles cunivos, piros i campas existentes en 
aquella región, en donde urge establecer una nueva residen- 
cia. 

Santa Rosa de CasA/6oya.— Residen en Cashiboya el 
Rvdo. P. Fr. Mariano Zegarra de los Descalzos de Lima i el 
hermano lego Fr. José Olariaga de Arequipa, quienes ade- 
más de atender en lo espiritual á los habitantes en dicho 
pueblo i sus anexos, se ocupan en enseñar las primeras le- 
tras á los niños de las tribus de los Pano3, fundadores i po- 
bladores de dicho lugar. 

San Miguel de Cayana. — Residen en Cayaria el Rvdo. 
P. Fr. Agustín López i el hermanó lego Fr. Salvador Osoro 
de Arequipa, quienes también enseñan á leer á algunos ni- 
ños i atienden en lo espiritual á los muchos anexos i caseríos 
que hay en sus alrededores. 

El número de habitantes de los mencionados pueblos» 
sus anexos i caseríos existentes en las márgenes del Tambo, 
alto i bajo Ucayali con todos sus afluentes, entre europeos i 
americanos de varias nacionalidades, i los indígenas civili- 
zados i reducidos al cristianismo por los misioneros, los se- 
micivilizados con los que todavía son salvajes completamen- 
te asciende á más de 60,000. 



- 231 - 
San Francisco Solano del Picbis 6 sea Puerto Bermúdez. 

m 

—Reside en aquella conversión el Rvdo. P. Leovijildo Olano 
con el hermano lego Fr. Luis Morales, del convento de San 
Francisco de Cajamarca. 

Allí existtín solamente los neófitos campas mezclados con 
los amueshas en numero de doscientos, á más de que vienen 
con frecuencia del interior de las selvas un o^ran nómero de 
infieles que se presentan con toda su familia respectiva, 
atraídos por la codicia de conseguir ya sea de la Comisaría 
rural, ya sea del Convento, ropa i algunas herramientas, 
entrando de este modo por lo material en la civilización i en 
el conocimiento del Dios verdadero. 

San Luis de Shuaro, — Residencia principal i punto de 
partida establecido desde el año 1887 en esta región de 
Chanchamayo ó Cerro de la Sal. 

ff 

A más de los neófitos amueshas, reducidos va casi todos 
al cristianismo, se halla rodeado el pueblo de dicha conver- 
sión, por la colonia de la Peruvian, situada entre el río Pere- 
ne i Paucartambo ó Cerro de la Sal. i por un crecido núme- 
ro de colonos de varias nacionalidades. 

Residen en el ya citado pueblo el que suscribe, de Ocopa, 
el Rvdo. P. Fr. Santiago Zarandona, el hermano lego Fr. 
Pascual Valaguer y Fr. Juan José Lloverola, de los Descal- 
zos de Lima. 

SanJosédeSogormo. — En esta conversión, fundada en 
la misma época que San Luis, residen el Rvdo. P. Fr. Teófilo 
Gassia con el lego Fr. José M. Ferrando de Lima i el her- 
mano Enrique Boluarte del convento de Santa Rosa de Oco- 
pa. 

Atienden en lo espiritual i temporal á los neófitos amue- 
shas que, desde el establecimieuto de los misioneros en aquel 
sitio, van dejando 3'a la fiereza i salvajismo con la educación 
religiosa, i con el trato con los colonos de Oxapampa i San 
Luis, por quienes se hallan rodeados. 

Asunción de Oxapampa. ^Residen allí el Rvdo. P. Fr. 
Buenaventura Ivars i el hermano Bernabé Ludeña ambos 
de Ocopa, con el hermano lego Fr. Diego Domingo del con- 
vento de San Antonio de lea. 



^ 232 - 

A m&9 de atender á los pien neófitoi^ amuesbas, atienden 
también á los habitantes de las siete kacteadas del valle de 
Httancabamba» la colonia alemana de Oxapampa i la de 
Chontabamba, de quienes se halla rodeada el pueblo de lá 
misión de dicho lugar, fundado entre infieles puramente por 
el año de 1880 del siglo próximo pasado. 

Las residencias, pues, señor ministro, que actualmente 
tenemos en la prefectura apostólica de San Francisco del 
Ucayali, son tres en la región del bajo Uc^yali, una en la re- 
gión del Pichts i tres en esta región de Chanchamayo 6 del 
Cerro de la Sal. 

Los RR. PP. redentoristas de Lima también deseosos de 
cooperar ea la conversión de los infieles dd Perú, me han pe- 
<Jid o licencia para evatigeUzar los infieles campas de la re- 
gión del Apurímac, en cuyas márgenes espero que en brcTe 
tiempo establecerán una mui importante residencia^ 

Los R]&, PP. misioneros ya mencionados» tanto en el 
Ucay^ali como en estas regiones del Pichis i Chanchamayo, 
con frecuencia se ven obligados á dejar las re^deacias res- 
pectivas, por más ó menos tiempo, i visitar ya sea por agua, 
ya sea por tierra, las estancias i caseríos que hai por ambas 
márgenes de los ya menciot^ados ríos i sus afluentes, para 
administrar los santos ^acran^entos á aquellos habitantes, 
colocando con frecuencia altares provisionales ó portátiles 
en alguna de las casas que ofrece alguna comodidad i de- 
cencia. 

Para sostener la^ dichas residencias i realizar los dichos 
viajes, á más de los sufrimientos que agobian á los misione- 
ros es indispensable hacer grandes gastos i vencer enormes 
dificultades para lo que estamos animados con la ayuda del 
Todo Poderoso i medíante la protección decidida que con 
tan buena voluntad nos prestan el supremo gobierno de es- 
ta república i la obra de la propagación de la fé en el oriente 
del Perú. 

Estos son, señor ministro, los datos que he creído conve- 
niente consignar del mejor modo que me ha sido posible i 
tengo el honor de presentar á US. á fin de satisfacer los no- 
bles i patrióticos deseos que se digna manifestarme en el ofi- 
cio arriba indicado. 



— 233 — 

Aprovechando esta ocasión me cabe el honor de reiteráis 
á US. las condiciones de alto aprecio i sincera estimación. 



Dios guarde á US. 



Fr, Antonio Batlle (1) 

Prefecto Apostólico. 



1904 



■•moría referente é la prefectura apostólica de San 
León del Amazonas, presentada al ministerio de 
Justicia, Instrucción I culto, por el P. prefecto Fr. 
Paulino Díaz. 

Lima, 27 de mayo de 1904. 

Señor ministro de estado en el despacho de justicia, instruc- 
ción i culto. 

Señor ministro: 

Sumiso por deber i agradecimiento á las menores indica- 
ciones emanadas de ese despacho de su digna dirección, me 
apresuro á cumplir la orden de V. U, de 15 de marzo del co- 
rriente año, remitiéndole la siguiente reseña, como comple- 
mento á la que, con análogo objeto, envié desde Iquitos en 
el mes de julio próximo pasado. 

En la inmensidad de territorio correspondiente á esta 
prefectura, de San León del Amazonas, en ambas márgenes 
de los ríos Amazonas i Marañón, que se extiende desde Taba- 
tinga, en la frontera del Brasil, hasta la quebrada de Pomar á» 



(I) Anexos á la memoria presentada por el ministro de justicia, culto é instrucción al 
concreto ortfinaiio de i904.~PAgnia 817. 



— 234 — 

próximo al PongodeRentemaporla izquierda i el río Milaná 
por la derecha en el Alto Marañón, i en sus numerosos anuen- 
tes, que son: por la izquierda elCusd, el Simipa,e\ Santiago^ 
el Morona, el Pastaza, el Cbamhira, el Tigre, el Nanai i el Nh- 
po; i por la derecha el Muchingis, ó {Juruza) el Nieva, el Apa- 
ga, el Potro, él Cahuapanas,e\ Huallaga i el /a vari, omitien- 
do numerosísimas quebradas navegables en la época de la 
creciente de las aguas, i los ríos Putumayo, Yapurá, Yuruá i 
Puras que desaguan en territorio del Brasil, en toda la par- 
te de los citados ríos, recorrida por vapores, easi todos los 
escasos habitantes que la pueblan son bautizados, hallándo- 
se los inñeles relegados á los sitios inaccesibles á las lanchas 
de vapor, bien por falta de líquido elemento, i por la impe- 
tuosidad de las corrientes, ú obstáculos de otra índole, como 
ocurre en la parte superior del río Marañen, en el Pastaza i 
otros. 

De lo dicho se desprende la suma dificultad que encuen- 
tran los misioneros para conseguir llegar á los apartados 
riscos donde se guarecen los salvajes, no teniendo otros me- 
dios de locomoción que frágiles canoas movidas á remo, te- 
niendo que vencer impetuosísimas corrientes de torrentosos 
raudales erizados de obstáculos de todo género, ó recorrer á 
pié sendas sólo practicables para los salvajes, durante sema- 
nas i aún meses enteros sin más auxilios que los que pueden 
suministrar los bosques i ríos sin fin de aquella dilatadísima 
zona, i no obstante, durante el tiempo á que se contrae esta 
sencilla memoria, se realizáronlas expediciones que suscinta- 
mente paso á relatar. 

En el mes de agosto próximo pasado giré una visita á la 
misión establecida en Pebas, teniendo la satisfacción de com- 
probar que responde perfectamente al fin que me propuse al 
crearla, cual fué atender á las necesidades espirituales de los 
numerosos sitios poblados en ambas márgenes del Amazo- 
nas hasta la frontera del Brasil i á la parte peruana del río 
Yavarí i, sobre todo, á la conversión i civilización de los in- 
fieles Yaguas i Ticunas que con mengua de la religión i de la 
cultura de la patria peruana, aún pululan, sin lei ni freno al- 
guno, diseminados por las quebradas i ríos Ampiyacu, Shi- 
shita, Atacuari, Corotú,Jagua, Algodón i otros muchos que 
vierten sus aguas en el Amazonas i el Isa ó Putumayo, pues 



- 235 ~ 

mientras el R. P. Fr. Pedro Prat regenta la escuda fundada 
en Pebas al mismo tiempo que la misión, i administra el pas- 
to espiritual á los fieles habitantes del distrito, el R. P. Fn 
Plácido Mallo recorre, con frecuencia, arrostrando toda cía- 
se de peligros, el territorio habitado por los susodichos infie- 
les con notorio feliz resultado. Ajctualmente está redactan- 
do una minuciosa relación de todas sus expediciones i de los 
resultados obtenidos; asi como un pequeño vocabulario del 
dialecto yagua, que se publicarán, Dios mediante, en los 
''Anales de la obra de la propag&jción de la fé en el Oriente 
del Perú'\ 

No creo inoportuno consignar que d establecimiento de 
la escuela de instrucción primaría gratuita en Pebas regen- 
tada por uno de los padres de la misión, sirvió de estímulo 
para que la junta provincial de instrucción se deddiese á 
nombrar un maestro, con suddo, del que careda Pebas ha- 
cía mucho tiempo. 

En el mes de setiembre emprendí un viaje al río Ñapo, 
donde tuve la satisfacción de bendeci;* el sitio i e lifícios del 
destacamento militar establecidos en la boca del río Santa 
María, en la margen izquierda del Ñapo, para seguridad i 
resguardo de los intereses peruanos allí creados, el cual pue- 
de ser, (i lo será sin duda) para la repobladón de aquel her- 
moso río, que tantas fadlidades ofrece para d establedmien- 
to de fundos agrícolas, i es tan rico en pezca i caza de todas 
ciases. Garantizada va la seguridad personal i facilitando 
la salida de productos i entrada de la subsistencia para In 
vida, la frecuencia con que actualmente surcan sus aguas 
lanchas á vapor del estado i particulares, es indudable que 
se irán estableciendo allí colonos dvilizados, como va han 
empezado á verificarlo algunos, i de este modo los infieles 
salvajes que al presente se hallan confinados en las aparta- 
das cabeceras de las quebradas irán, poco á poco, abando- 
nando sus inaccesibles guaridas i formando nádeos de po- 
blación á la sombra de los colonos civilizados, sirviendo así 
éstos de auxiliares de los misioneros. Los infieles que moran 
en el Ñapo son en general de índole pacífica, excepción hecha 
de los aushiris, los cuales suelen dar en repetidas ocasiones 
sangrientas muestras de su ferocidad i vengativos instintos. 
También se comunican, por los afluentes de la margen iz- 

30 



- 236 - 

quierda, con el Ñapo, los Huitotas del Pu tu mayo, que tienen 
triste fama de antropófagos, como se ha acreditado desgra- 
ciadamente por diversos casos de horrible canivalisrao ocu- 
rridos allí el año pasado. Las diferencias de limites surgidas 
con la vecina repüblica del Ecuador, que hasta ahora han 
sido remora, no pequeña, para que la acción civilizadora de 
los misioneros surtiese el resultado apetecido en el rfo Ñapo, 
es de esperar que serán mui pronto satisfactoriamente zan- 
jadas, i, entonces, podrán establecerse las misiones en los 
puntos más apropiados al efecto. 

Durante los meses de julio, agosto i setiembre del año 
precedente el R. P. Fr. Bernardo Calle, que tiene á su cargo 
la misión de puerto Mí'léndez, realizó una arriesgada expedi- 
ción al río Morona, que recorrió en gran parte, visitando i 
entablando relaciones con las diversas tribus que lo pueblan, 
siendo su intención pasar desdé allí por un Varadero al río 
Pastaza con idéntico fin, i aunque no le fué posible vencer los 
obstáculos que impidieron la realización de su santo anhelo, 
recogió datos interesantes acerca de los infieles que lo habi- 
tan i de los medios de que debe valerse para llevar á efecto, 
en ocasión más propicia, el proyecto de establecer relaciones 
con las tribus salvajes del Pastaza. 

He aquí algunos párrafos de la relación que me remitió 
referentes á la expedición citada al río Morona. ** Es el Mo- 
** roña un río bastante caudaloso i de poca anchura relati- 
** vamente á su caudal de agua, en especial hasta el sitio 
** 'donde empiezan las islas, i de mansa corriente por lo gene- 
*' ral, sin remolinos ni palizadas, i por tanto sin peligro al- 
** guno para la navegación, sea á vapor ó á remo, hasta el 
*' punto de que un niño puede manejar perfectamente una 
** canoa, al menos de bajada'*. 

** Hemos surcado el río durante una de sus mayores cre- 
'* cidas, estando las islas anegadas por completo, quedando 
** ünicamente al descubierto los terrenos altos que son los 
*' más. En estos se notaban perfectamente el suelo i subsue- 
** lo, formado el primero del humus de los detritus vegetales 
** en los ültimos siglos, i el segundo, en muchas partes, pare- 
** ce de la misma formación, aunque de más remotas edades, 
** i en otras aparece la arcilla i la greda, i algunas veces el 
** cascajo i la piedra, i solo en rarísimas la tierra vejetal tie- 



- 237 — 

* ne más de un metro de espesor. Los terrenos en la parte 

* media del río en ambas márgenes, pero más especialmente 
' en la izquierda aparecen como pampas, inmensas con nu- 

* merosas cochas^ en general poco profundas, i que creo que- 
' darán secas la mayor parte en la época de verano." 

** Tiene nuerosos afluentes (quebradas) casi todos nave- 
gables, especialmente en la parte superior, que .aparece la 
mas rica, pues además de contar con extensísimos terre- 
nos libres de inundaciones i de excelente calidad, á propó- 
sito para pequeñas i grandes explotaciones agrícolas i pe- 
cuarias, sus seculares bosques abundan en gomas, de to- 
das clases: caucho, jebe, quinilla, gutapercha, favorache é 
innumerables resinas como incienso^ copal, seoata, lacre; 
storac, catahua, ojé, i la famosa resina negra con que los 
salvajes bañan sus pacunas] como también en maderas fi- 
nas, cedro aguano, puhí, itauva, buaina, vainilla, palo de 
sangre, ayahuasca é infinidad de palmas i bejucos. El rei- 
no animal es abundantísimo en caza de pelo i pluma, co- 
mo dantas, ronsocos, tigres, huanganas, saginos, majaás, 
añujes, ardillas, venados, carachapas ó ormadi^os, osos 
hormigueros é innumerables monos pelejos, paujiles, piu- 
ríes, pavas, perdices, pinshas, (Dios te dé) montetes, etc., 
así como en pesca; paiche, charapas, (tortugas), gamita- 
nas, zúngaros, sábalos, i otras muchas clases, así en el río 
i sus afluentes, como en las incontables cochas formadas 
en la época de crecientes. 

•* Del reino mineral no puedo dar razón: dicen que hai 
abundante oro en las arenas de algunas quebradas, pero 
yo nada he visto. También aseguran que existen yaci-. 
mientos de carbón i otros minerales en la cordillera que 
separa la cuenca del Morona de la del Santiago. i 

** Los chapras como todos los demás infieles que pue- 
blan estas regiones, pertenecen á la indómita raza de Jíba- 
ros. Son generalmente de regular estatura, de carácter 
afable i cariñoso i de ordinario, serios i formales en sus 
tratos, sin la fea costumbre de sus congéneres los aguaru- 
nas de que todo se les dé regalado, ó de yangamanda^como 
ellos dicen. Son robustos i fuertes i en general de mui regu- 
lares facciones, i aún en muchos de ellos se notan razgos de 
mezcla con la raza española. Son trabajadores (en cuanto 



- 238 - 



pueden .^r lo» salvajes) i kjos de dejar todo el peso de las 
faenas más rudas á las mujeres, como es general costum- 
bre entre salvajes, ellos se encargan del rozo, siembra i re- 
colección de) fruto de stts chacras, prestándoles ayuda áni- 
caraente sus mujeres. Aunque descendientes de los Mura- 
tos del Pastaza son enemigos irreconciliables suyos 

^* Como todos los salvajes, son nómades, trasladando 
constantemente su residencia de un punto á otro á gran- 
d<rs distancias; pero prefiriendo siempre la cabecera de los 
ríos donde es imposible ó mui difícil la navegación fluvial 
causa, sin duda, de no tener prácticos en la construcción i 
manejo de las canoas. Sus viviendas, como siempre las 
consideran provisionales, son mni reducidas i miserables. 
Sus armas ofensivas i defensivas son el rejón 6 lanza de 
glandes dimensiones que manejan con mucha destreza i de 

las que DO se separan ni aún para dormir Sin ser 

religiosos, pues no se les conoce ninguna clase de culto, 
son sumamente supersticiosos. Como todos los demás sal- 
salvajes de esta región, están persuadidos de que cuando 
mueren, es siempre á consecuencia de algón maleficio ó 
brujería, siendo esto causa de una interminable serie de 
venganzas i de la guerra de exterminio que con harta fre- 
cuencia se hacen entre sí, i una causa semejante fué la que 
motivó el estado de alarma en que encontré á los chapras 

Los chapras tienen como vecinos á losAchua- 

les, Wambisas i Macas con quienes están en guerra conti- 
nuamente. 

" Los achuales son una tribu numerosa que, según da- 
tos fidedignos, pasa de quinientos. Habitan en la quebra- 
de la margen derecha del Pastaza i, al parecer, proceden 
de los aguarunas, pues hablan elmismo dialecto con al- 
gunas modificaciones. Son pacíficos i formales. Loswam- 
1>isas se hallan diseminados en varios puntos: los que ha- 
bitan en el Morona residen en un pequeño afluente de la 
quebrada "Anaso", en la margen izquierda del Morona, i 
en "Alum-Chihuasa". Segün ellos dicen, son enemigos de 
los wambisas del Santiago. Los macas son mui bravos i 

viven en el '*Mangua-Sua" Es mui probable 

que toda esta región, hoi casi despoblada, contuvo en 
otro tiempo, no mui lejano, numerosa población. Me fun- 



- 239 - j ;;;■ ¡ 

" do para hacer esta conjetura en la abundancia que se ob- 
** serva, en todas partes, de la palma llamada "Pijuayo", 
•* que por lo general, sólo se desarrolla en terrenos limpios, 
** en los muchos restos de alfarería que se encuentran en di- 
** ferentes lugares. No pude realizar mi proyecto de pasar 
" al río Pastaza, como era mi deseo, i le anuncié á S. R., 
" por no encontrar medios de locomoción ni gente que se 
'* atreviese á guiarme i acompañarme, á causa del estado 
'* anormal de los ánimos como ya le indiqué más arriba. 
** Puedo darme por ampliamente recompensado de las pena- 
'' lidades sufridas en mi expedición, por el resultado obteni- 
'* do en ella, cual fué el ponerme en relaciones amistosas con 
'' los infieles del Morona, sembrando entre ellos la buena se- 
*' milla que, espero en Dios, á su tiempo fructificará i dará 
** opimos frutos.'* 

Fácilmente se desprende de los párrafos copiados que, 
dado el primer paso, perdido el miedo, mqor dicho, el horror 
que hasta hoy han tenido los salvajes del Morona i del Pas- 
taza hacia los cristianos en general, i los blancos en par- 
ticular, pronto se conseguirá que abandonen sus actuales 
madrigueras, estableciéndose en puntos accesibles, i suavi- 
zados sus feroces instintos, por el poderoso influjo de las 
doctrinas cristianas, entren á formar parte en la masa gene- 
ral* de la población peruana civilizada, si, como espero, faci- 
litados los medios de comunicación i aumentado el personal 
de misioneros, se hace factible la residencia permanente de 
uno ó más religiosos en aquellos lugares. 

El mismo R. P. Calle, sin descansar de las fatigas i pe- 
nalidades sufridas en su expedición al Morona, surcó en el 
mes de octubre todo el alto Marañón, recorriendo las ran- 
cherías de infieles aguarunas i antipas existentes en ambas 
márgenes del citado río desde el pongo de Manseriche hasta 
la boca dd Muchtnguis ó Inaza, recibiendo en todas partes 
muestras de respeto de parte de los referidos infieles, i en el 
mes de noviembre tuvo la santa audacia de penetrar en el 
fío Santiago, cuyas aguas no habían surcadas por 'gente 
civilizada en lapresente generación por el terror que inspira- 
ban los temibles salvajes wambisas de sangriento renombre 
que lo habitan, sin más armas que su breviario, ni más au- 
xilio que dos muchachos á los que logró conquistar para 



— 240 - 

qtie lo ayudasen á conducir la canoa. Aunque no logró con- 
seguir su deseo de avistarse con los infieles después de nave- 
gar por el Santiago durante doce días, su viaje no fué esté- 
ril, pues su valeroso ejemplo sirvió de estímulo para qne al- 
gunos blancos caucheros movidos del acicate del lucro, en 
vista de los informes dados por el P. Calle, se decidieron á 
seguir sus huellas, y actualmente ya se han entablado rela- 
ciones comerciales entre aquellos terroríferos salvajes y la 
gente civilizada con la risueña perspectiva deque, muy pron- 
to, serán ganados para el Evangelio, pues el P. Calle pensa- 
ba reiterar sus visitas al Santiago en el mes de enero de este 
año. A continuación copio algunos párrafos de la carta 
en que el P. Calle me daba cuenta de su viaje al río Santia- 
go. ** El Santiago es perfectamente navegable, uo solo por 
** canoas sino también por lanchas á vapor, según mihumil- 
** de parecer. No tiene Jas fuertes correntadas ni las grandes 
** palizadas que hacen tan peligrosa la navegación del alto 
** Marañón. Sus terrenos de moderna formación son en su 
•* mayor parte inundables, lo que no impide que sean apro- 
** piados para el cultivo pues las crecientes merman con su- 
** ma rapidez; además de que no faltan terrenos á los que no 
** cubren las mayores crecientes. No puedo dar razón de si 
** abunda ó no el caucho y la shiringa, auque así lo asegu- 
** ran, pues como mi objeto exclusivo era entrevistarme con 
** los salvajes wambisas y patucas, no tuve tiempo de hacer 

** otras investigaciones Acerca de la importancia 

** religiosa y política de la colonización de este río hasta 
** hoy absolutamente inexplorado, no necesito hacer hinca- 
** pié, pues creo que cualquier peruano puedo comprender* 
** lo." 

En el mes de diciembre último, viéndome precisado á em- 
prender un viaje á esta capital, determiné realizarlo por la 
ruta del alto Marañón, aunque no ignoraba las dificultades 
que ofrece una travesía por lugares casi en absoluto desco- 
nocidos, con el fin de, al paso, escogitar los medios de esta- 
blecer una ó más misiones permanentes en el centro del terri- 
torio habitado por los infieles Aguarunas i Antipas, cuyo 
núcleo principal radica en ambas márgenes del Marañón 
desde el Pongo de Manseriche al de Rentema, i mui especial- 
mente desde el Pongo de Huaracayu al de Uta, i habiendo 



- 24:1 - 

salido de Iquitos el día 1^ i de puerto Meléndez el 11, llegué 
el 19 de dicho mes al sitio denominado Huabico, donde tiene 
un fundo el señor don Fabriciano Yajamanco. Este señor, 
con un desprendimiento digno del mayor encomio, deseoso 
de coadyuvar al adelanto moral i material de aquella locali- 
dad, me instó para que fundase allí una misión para la con- 
versión de los numerosos infieles del Marañón, dando como 
razón de ser aquel punto céntrico casi equidistante de los 
lugares extremos en que aquellos habitan i ofreciendo para 
ello no sólo todo su apoyo, sino también ceder gratuitamen- 
te terreno para chacra i una casa donde provisionalmente 
pueda residir el misionero, lo que acepté con reconocimiento 
é inmediatamente procedí á instalar la misión levantando 
una modesta capilla que fué bendecida el 25 del mismo mes,- 
bajo la advocación del Dulcísimo Nombre de Jesús, prestán- 
dome toda clase de auxilios, no sólo el citado señor Yaja- 
manco, sino también los infieles de las inmediaciones. 

No necesito ponderar la gran importancia política i reli- 
giosa que entraña la fundación de esta misión desde cual- 
quier punto de vista que se le considere. Me bastará decir, 
para comprenderla, que desde los días de la independencia, 
todo el rerritorio de que llevo hecho mérito ha estado en po- 
der i bajo el control exclusivo de los salvajes, quienes, no só- 
lo se han conservado libres de toda dependencia de las auto- 
ridades nacionales, sino que con sus frecuentes correrías i 
depredaciones devastaron aquella extensísima i rica comar- 
ca, destruyendo una infinidad de pueblos situados en los 
confines de los departamentos de Amazonas i Cajamarca, 
entre los cuales yo mismo he podido comprobar personal- 
mente, á mi paso, la desaparición completa de los pueblos 
de Santiago, Yusamaro, Embarcadero, Pomará í Puyaya, 
sin contar los de Borja, San Antonio i otros varios situados 
aguas abajo del Pongo de Manseriche, todos los cuales vol- 
verán indudablemente á renacer de sus cenizas tan pronto 
como cesen los fundados temores que inspiraban las incur- 
siones de los salvajes. 

Es incalculable la riqueza mineral, agrícola, pecuaria i 
forestal, susceptible de fácil explotación, existente en esos 
extensísimos territorios hasta hoi patrimonio exclusixo de 
los salvajes, máxime si se logra abrir nuevas vías de comu- 



— 242 - 

nicación con la costa dd Pacífico i hacer navegable el Mará* 
ñon. Respecto á la navegabilidad del Marañen, personali- 
dades técnicas competentes aseguran que no ofrece dificulta- 
des insuperables el alto Marañón para la navegación á va- 
por, pero por lo que he podido observar personalmente, mi 
humilde sentir (quizá por ser profano en la materia), es que, 
sino imposible, es dificultosísima i siempre arriesgada la na- 
vegación A vapor desde el Pongo de Manserichepara arriba. 
En la dilatada hoyada que se extiende entre los pongos de 
Manseriche i Huaracayu, la corriente es relativamente man- 
sa, i sin gran dificultad podrán vencerla lanchas de regular 
potencia, pero en cambio se emplaya allí muchisimo el río, 
dividiéndose bu caudal en varios brazos, lo que constituye 
un gran obstáculo, resultando sumamente dificultoso encon- 
trar uti canal con el caudal líquido suficiente para el paso de 
las lanchas, por mui poco calado que éstas tengan. Desde el 
Pongo de Huaracayu, para arriba, el cauce del río se estre- 
cha considerablemente hasta el ponto de quedar reducida su 
anchura en ocasiones á poco más de 50 metros, i como con- 
secuencia la profiíndidad es considerable, pero en cambio la 
corriente es tan impetuosa en algunos puntos que sólo lie* 
vando á la sirga la embarcación por medio de cables, creo 
imposible vencerla, pues si hubiese deconseguirlo por la fuer- 
za de su máquina, se expondría á un fracaso seguro. 

Estas apreciaciones más pueden ser resultado de mi ig- 
norancia en la materia, puesto que, como ya dije antes, per- 
sonas de aptitud científica probada, i que han hecho un es- 
tadio minucioso sobre el terreno aseguran que es factible la 
nav^ación á vapor dd Alto Marañón con dispendios rela- 
tivamente módicos, pero a6n supuesta la imposibilidad ab- 
soluta de hacer navegable á vapor el Alto Marañón, no por 
eso dejaría de ser éste una arteria importantísima para el 
comercio, realizando los transportes por medio de canoas i 
balsas, con rdativa seguridad, empleando algunos fondos 
para hacer volar con materias explosivas los puntos salien- 
tes de alguas rocas que actualmente costituyen pasos peli- 
grosos, como ocurre en los Pongos de Anquichaqui ó Escu- 
rre-bragas, Chu-suy, Acay-quichá i algunos otros más, i en 
limpiar algunas pahzadas formadas con los troncos arras- 
trados por la corriente en las grandes creddas. 



— 243 - 

De algún tiempo á esta parte se van estableciendo paU' 
latinamente, en el territorio de que voi tratando, algunos 
blancos con peones civilizados para el beneficio i extracción 
del llamado jebe débil, mui abundante allí, entre otros D« 
Fernando Valdez en Embarcadero, D. Amadeo Burga en Na. 
zareth, D. Miguel Hartado en Numpat— ay. D. Manuel Díaz 
en Chipe, D, Fabriciano Yajamanco, en Huabico, D. Valen- 
tín Orellano en id., D. Benjamín Arce en el Smipa i D. Artu- 
ro Izquierdo en el Nieva, de modo que, formado ya un nú- 
cleo respetable de personal civilizado, reforzado i robusteci- 
do con el establecimiento de la misión de Huabico i otras 
que sucesivamente se irán formando i que servirán de base 
para nuevos centros de población, no es aventurado asegu- 
rar que mui pronto será un hecho la civilización de los sal- 
vajes del alto Marañón i la repoblación de los pueblos por 
ellos arruinados, pudiendo la república contar con una nue- 
va provincia rica i próspera. 

Para apresurar i consolidar tan halagüeñas esperanzas 
sería de desear que el Supremo Gobierno de la República, ín- 
terin se realiza el deseo de unir esos hermosos territorios á 
la costa del Pacifico, por medio de una línea férrea, además 
de prestar todo el apoyo que se.merece á la más rápida ter- 
minación del camino de la montaña que actualmente se cons- 
truye desde Puerto Me!endez á Nazareth, estimulase el celo 
de las autoridades t pueblos de la rica provincia de Jaén, 
para que conserven expedita i mejoren la importante vía te- 
rrestre que desde el poblado de Naranjos hasta el sitio de- 
nominado Tutumberos, i de aquí al camino llamado de Iz. 
quierdo, que abrió á su costa, con no pequeños desembolsos, 
el benemérito ciudadano D. Juan Antonio Marulanda, con el 
objeto de fomentar la inmigración i estrechar las relaciones 
comerciales con el cambio de productos i trato frecuente 
entre los habitantes de dicha provincia de Jaén i los del alto 
Marañón, sirviendo de lazo de unión con la costa i el resto 
de la república. 

Bosquejados lijeramente i á vuela pluma los trabajos 

realizados por los misioneros de esta prefectura apostólica 

de San León del Amazonas, durante el tiempo trascurrido 

desde la fecha en que tuve el honor de dirigir á ese sjipremo 

despacho una relación análoga en el año último, con las re- 
31 



— 244 — 

flexiones más 6 menos oportunas i pertinentes, pero siem- 
pre sugeridas por el intenso i sincero cariño (|ue siento hacia 
aquel terruño regado iron mi sudor i en el que probablemen- 
te quedarán mis huesos esperando la resurrección final, sólo 
me resta decir á V. S. en síntesis: que durante el período ci- 
tado se ha fundado la nueva misión del Santo Niño de Hua- 
bico poniendo los cimientos para otras, se ha aumentado el 
personal con dos sacerdotes más, siendo ahora ocho de (es- 
tos, seis sacerdotes i dos hermanos legos) el número de reli- 
giosos dedicados á la evangelización de la comarca amazó- 
nica. También se han establecido tres escuelas de instrucción 
primaria que espero ir aumentando, si los recursos necesa- 
rios no me faltan, como asi mismo el personal para la fun- 
dación de nuevas misiones. 

No terminaré esta ligera reseña sin dirigir á V. S. un res- 
petuoso ruego para que vea el medio de escogitar los fondos 
indispensables para fundar en Iquitos, bajo bases sólida.«, 
un colegio de segunda enseñanza para niños i otro análogo 
dirigido, á ser posible, por religiosas, para la educación de 
las niñas, i escuelas de primeras letras en todos los poblados 
algo numerosos de aquella región. 

No se me ocultan las dificultades económicas que estos 
proyectos ofrecen al llevarlos á la práctica, teniendo en cuen- 
ta los apuros del tesoro i las premiosas atenciones que sobre 
él gravitan, pero constándome la elevación de miras i el am- 
plio criterio que V. S. tiene respecto á educación é instruc- 
ción pública, no dudo que acogerá benignamente esta mi 
humilde indicación, i que pondrá de su parte todos los me- 
dios que estén á su alcance para llevarla á la práctica, con- 
vencido de que no hai gasto más reproductivo que el inver- 
tido en la instrucción, que es el primer factor para el adelan- 
to i prosperidad moral i material de un pueblo. 

Aprovecho esta oportunidad para reiterar á V. S. el tes- 
timonio sincero de mi más respetuosa consideración i apre- 
cio. 

Fr. Paulino DíaZj (1) 

Prefecto apostólico. 



(t) Anexos á la memoria presentada por el ministro de jasticia, culto é instrucción al 
congreso ordinario de 1904. — Pág. 809. 



- 245 — 



1905 

■emorla de la prefectura apestóllca de San Fren- 
clsce del Ucayail. 

Oxapampa, 11 de setiembre de 1905. 

m 

Ministerio de Justicia, Culto é Instrucción. 

Excmo. Señor: 

Correspondiendo á la petición que VE. se ha dignado 
hacerme tengo el alto honor de poner en conocimiento de 
VE. el estado actual de esta prefectura apostólica de San 
Francisco del Ucayali. 

En esta prefectura de mi cargo se encuentran las conver- 
siones siguientes: 

1*— La conversión de Nuestra Señora de la Asunción de 
Oxapampa, fundada entre puros infieles amueshas el año 
1880. Desde esa época, por intervención de los PP. misio- 
neros, quienes con los mismos neófitos, hicieron abrir cami- 
nos algo transitables, se han introducido 32 familias proce- 
dentes de la colonia del Pozuso, de nacionalidad alemana, 
algunos hacendados del valle llamado Huancabamba i un 
gran número de familias indígenas procedentes de varios 
pueblos de la sierra. 

La misión de Oxapampa se halla situada en el centro, 
con 150 amueschas ya reducidos al cristianismo i civiliza- 
ción, rodeados por las muchas familias que residen en los 
valles de Huancabamba, Chontabamba i Culebra-marca, 
formando el número de 2000 almas. 

En la ya citada conversión, hai edificadas las capillas 
del Naranjal, Yanachaga, i la que los alemanes han edifica- 
do á Santa Rosa de Lima. 

La misión de Oxapampa es administrada en lo espiri- 
tual por los RR. PP. Fr. Buenaventura Ivars, Fr. Joaquín 



- 246 - 

M. Pauli i el hermano Bernabé Ludeña. Actualmente se ha- 
lla también en esta haciendo la visita i administrando el Sa- 
cramento de la confírmaciÓTi el que suscribe. 

2*— En el año 1866, pasando el R. P. Sala por la senda 
de los salvajes, se internó desde Oxapampa hasta el Cerro 
de la Sal i fundó la conversión de San Luis de Shuaro entre 
los infieles amueshas i campas. 

Actualmente se encuentra está misión en un centro con 
os 100 neófitos amueschas ya reducidos á la fé, rodeados 
por la colonia Peruvian Corporación, i un crecido numerode 
familias procedentes de la costa i sierra de] Perú unas, i 
otras de varias i diversas naciones, formando un total de 
3000 almas, establecidas en las márgenes del Río de la Sal ó 
Pariatambo i sus afluentes, I^erosú, Ramasá, Shuaro, río 
Seco i río Colorado. 

En la yá citada conversión de Shuaro residen los PP. 
Fr. Agustín Solé, Fr. Fidel Castillo, Fr. Leonardo Diaz i los 
hermanos legos Fr. Benito Manrique i Fr. Pascual Bala- 
guer. 

Los PP. de esta conversión, con aprobación del ilustrí- 
simo señor obispo de Huánuco, atienden al mismo tiempo el 
valle de Chanchamayo, en las capillas de la Merced, i San 
Ramón i Vítoc; i también recorren las diversas haciendas 
de café i caña establecidas en diferentes sitios. 

3^— En frente del Cerro de la Sal i á tres leguas más al 
interior de San Luis, se halla la conversión de San José de 
Sogormo, para la cual pedimos en 1894 el amparo de 1000 
hectáreas de terreno exclusivamente para los neófitos cam- 
pas i amueschas que allí residen, i se cuentan 400. 

Residen en Sogormo los RR. PP. Fr. Sanciago Zarando- 
na, Fr. Teófilo Gassia i el hermano lego Fr. José Fernando. 

4* — En vista de que muchos misioneros nos hemos en- 
fermado de gravedad en el Puerto Berraudez, i, otras difi- 
cultades que se nos ofrecen para ejercer nuestro ministerio 
en el citado puerto, hemos trasladado la residencia de dicho 
Puerto á la confluencia del Apuruquiali con el Pichis, en 
donde el R. P. Fr. Leovigildo Olano ha reunido un crecido 
námero de infieles campas, quienes, mediante el roce con los 
neófitos amueschas va civilizados aue allí se trasladaron. 



- 247 - 

con el tnisionero, van entrando al catolicismo i á la civiliza- 
ción. 

5* — En el año 1902fundaniO8unnueYOcentrode misiones 
que es la principal residencia dt esta prefectura, en Conta- 
mana, capital de la nueva provincia del Ucayali, en donde 
varios comerciantes de diversas naciones, indígenas i civili- 
zados se cuentan 3,000 habitantes. En dicho lugar tene- 
mos edificada una hermosa capilLi i casa-misión, ambas 
techadas con calamina traída de Iquitos. 

En aquellas vastísimas i tan dilatadas regiones residen 
los RR. PP. Fr. Agustín Alemani, Fr. Mariano Zegarra, con 
el hermano Fr. Juan Cherin, i los RR. PP. Fr. Agustín Ló- 
pez i Fr. Bernardo Irastorza con el hermano Fr. José 01a- 
riaga. 

Estas misioneros residen en Con tamaña, Castribova i 

' mi 

el río Tapiche. 

La distancia que hai de Contamana á Castribova es un 
día de jornada río arriba i al interior dejando el Ucayali i 
atravesando por una grandei prolongada laguna hasta en- 
contrar un terreno elevado en donde residen 500 almas de 
la tribu de los pana covertidos en Sarayacu, hace un siglo i 
se trasladaron allí. 

• Hai en Castriboy«i una espaciosa iglesia i convento de 
tapial que datan de medio siglo. 

Desde Contamana aprovechándose de las lanchas, ca- 
noas i balsas, según lo exige la necesidad, viajan los misio- 
neros, con altar portátil para administrar los sacramentos 
en las múltiples estancias i caseríos ó puertos que en ambas 
márgenes del Alto i Bajo Ucayali, á cada media, una ó dos 
leguas se divisan i, cuyo número de habitantes asciende á la 
considerable suma de 60.000. 

Es inexplicable, Excmo. Sr., el trabajo' i sufrimientos 
que el misionero tiene que arrostrar para reducir los infieles 
de nuestras montaiías, para que se reúnan las familias á fin 
de formar pueblos, debido á la absurda creencia, ignorancia 
i salvajismo que tienen, de que algunos de ellos tienen poder 
oculto del demonio para hacer enfermar á aquellos á quie- 
nes tienen antipatía. En amuescha, los llaman Amasinich, 
(envenenadores). Los ancianos en general haciéndose dar 
crédito de un modo despótico por las mujeres i menores de 



— 248 — 

sus respectix^as familias, se hacen llamar, Iñotañes [adivi- 
nos] i se atribuyen la diabólica potestad de adivinar quien 
ha embrujado al enfermo, para lo cual toman la bebida fer- 
mentada que preparan de la yuca hervida, hasta embriagar- 
se por completo, tragando esencia de tabaco, i mascan ccíca 
con mucha cal. 

Por lo regular los sobredichos adivinos culpan á los 
huérfanos, viudas i desvalidos, á quienes los parientes del 
enfermo, por su torpe ignorancia persiguen de muerte, mar- 
tirizándolos primero de mil maneras, para que saquen la 
pretendida brujerííi. 

Otra dificultad se ofrece al misionero, ocasionada por 
los mismos civilizados que comercian en el Ucayali, de diver- 
sas naciones, quienes no teniendo otra mira que el negocio, 
i careciendo del personal suficiente para extraer el caucho i 
cultivo de sus chacras instigan á los mismos infieles del Uca- 
yali cunivos i shipibos á que vayan por correrías en las 
márgenes del Pachitea donde residen los cachibos, i en la de 
los ríos Tambo, Ene, Peré i Gran Pajonal, donde viven los 
campas, por lo que dichos infieles siempre son esquivos i re- 
fractarios al catolicismo i civilización. 

Todas estas dificultades se remediarían si prolongando 
la línea férrea hasta un punto navegable de los ríos orienta- 
les, facilitase el paso para introducirse al interior de nues- 
tras montañas extensas colonias de numerosas familias ca- 
tólicas, laboriosas i pacíficas absorberían á nuestros infieles 
i asi les facilitarían el medio de ganar algo para remediar sus 
apremiantes necesidades como sucede en Chanchama3'o, San 
Luis de Shuaro, Sogormo i Oxapampa. 

Esta es, Excmo. Señor, la relación que he juzgado conve- 
niente, para informar á VE. el estado actual de nuestra pre- 
fectura apostóKca de San Francisco del Ucayali. 

Con sentimientos del mayor respeto i alta consideración, 
me t;s grato suscribirme de VE. 

Obsecuente i S. S. 

Fr, Antonio Batlle (1) 

Prefecto Apostólico. 



(I) Anexoa á la memoria presentada por el ministro de justicia, culto é instrucción al 
congreso ordinario de 1905.— Página I129. 



249 — 



1905 



■emorla de la prefectura apostólica de San León del 
Amazonas. 



Al señor ministro de estado en el departamento de justicia, 
instrucción i culto. 



Señor ministro: 

Al redactar la memoria del año próximo pasado, dando 
cuenta de los trabajos realizados en todo el alto Marañón, 
complaciéndome en relatar las repetidas excursiones del R. 
P. Calle á los ríos Pastaza/ Morona i Santiago: excursiones 
arríesgadísimas i erizadas de peligros, así de las que ofrece 
la naturaleza en aquellos ríos llenos de palizadas, remolinos 
i rápidos, en los que A cada paso se hallan expuestas á zozo- 
brar las canoas, frágiles embarcaciones con las que única- 
mente es dable surcar sus traidoras aguas, como de los que 
ofrecen la innata fiereza i sanguinarios instintos de las tri- 
bus de raza indómita i salvaje, que pueblan aquellas vastas 
regiones, i haciendo entrever la fundada esperanza de poder 
dar cuenta en la presente memoria délos opimos frutos reco- 
gidos, i de los brillantes resultados producidos ])or los ince- 
santes e ímprobos trabajos del R. P. Calle; pero podía supo- 
ner que tan halagüeñas i casi seguras esperanzas se con verti- 
rían en humo por una de esas rebeliones súbitas, é inesperadas, 
aunque periódicas, de estas tribus salvajes, que tantas vícti- 
mas inocentes lleva inmoladas desde la primera sublevación 
de los **Cocamas'' en 1660 hasta la fecha; i sin embargo eso 
es lo que desgraciadamente ha ocurrido. 

A fines de mayo próximo pasado de 1903, 1 s infieles 
Aguarunas, instigados por criminales seductores, sirviendo 
de instrumento de venganzas particulares, ó movidos de sus 
ingénitos instintos salvajes, i seculares hábitos sanguina- 



— 250 — 

ríos, aumentados con el acicate del robo i del saqueo á man- 
salva, atacaron el poblado de Nazareth, propiedad de don 
Amadeo Burga, robando cuanto hallaron, incendiando las 
casas i asesinando á cuantos cristianos pudieron haber á las 
manos i bajando luego por el Marañón, ejecutaron idénticas 
atrocidades en los poblados de Timashto, Pate, Numpa (ai) 
Chipe, Huabico i Boca del Sinipa. La casa-misión con to- 
das sus dependencias, establecida en Huabico, fué saqueada 
i reducida á cenizas, i el P. misionero R. P. Calle i el herma- 
no coadjutor Fr. Miguel EHlajolí vil i traidoramente asesi- 
nados el día 4 d-* junio del mismo año, no quedando de aque- 
lla floreciente misión más que el recuerdo i algunos informes 
escombros, como pude comprobarlo por mí mismo, al reco- 
rrer personalmente los lugares que fueron testigos de tan 
aciaga como horrenda catástrofe, como ya tuve el honor 
de poner en conocimiento de ese ministerio á su debido 

tiempo. 

La impunidad absoluta en que han quedado los atroces 

desmanes cometidos por los Aguarunas, ha hecho llegar 
hasta el delirio su ridicula pretensión de creerse invencibles, 
i de ser la raza más intrépida i esforzada del mundo, consi- 
derándose mui superiores á los blancos, cu^'^a civilización i 
costumbres miran con olímpico desprecio, i por tanto los 
cruentos sucesos de referencia, no solo son altamente sensi- 
bles por los gravísimos daños causados, por la pérdida de 
preciosas vidas é intereses materiales de consideración, sino 
que como consecuencia ineludible, originan insuperables di- 
ficultades para el porvenir, haciendo poco menos que impo- 
sible, al menos durante tiempo indefinido, la reanudación 
de relaciones amistosas con aquellos salvajes, para atraer, 
los a! cristianismo i á la civilización. Todos los esfuerzos 
practicados, para entablar de nuevo relaciones de amistad 
con los Aguarunas i Antipas del alto Marañón, han resulta- 
do por completo ineficaces. Según referencias, remontados 
como se hallan actualmente, i sin relación alguna con los 
blancos i civilizados, i estando provistos de armas i abun- 
dantes municiones, adquiridas en el saqueo .de los poblados 
cristianos, además de las que ya poseían suministradas por 
el criminal afán de lucro de algunas gentes, que se dicen civi. 

lizadas, se hacen la guerra tribus contra tribus, en especial 
Aguarunas contra Antipas. 



- 251 — 

En la imposibilidad de poder penetrar en las actuales 
circunstancias en el territorio habitado por los infieles, sin 
gravísima, i casi segura exposición de la vida, i sobre todo, 
siendo perfectamente inútil efectuarlo, por cuanto los salv«i. 
jes se esconden en la espesura de los bosques, como yo mis- 
mo lo comprobé sobre el terreno, determiné establecer una 
misión en el antiguo pueblo de San Francisco de Barranca, 
situado en la confluencia del río» Cahuapanas, i punto inter- 
medio entre el Morona i el Pastaza, desde donde no solo se 
puede atender á suministrar el pasto espiritual á la numero- 
sa población indígena allí residente, la que, aunque se dice 
cristiana porque está bautizada, en punto instrucción reli- 
giosa se halla casi al mismo nivel qne los infieles, sino tam- 
bién hacer excursiones periódicas á los citados ríos, donde 
moran muchísimos infieles, Muratos, Achales, Patucas, 
Chapras, Elambicas i Aguarunas i sobre todo estar á la mi- 
ra para poder reanudar en tiempo oportuno los interrumpi- 
dos trabajos encaminadas á la conversión de Aguarunas i 
Antipas; pero me vi precisado á desistir de un proyecto del 
que esperaba conseguir excelentes resultados, porque ha- 
biendo pasado dicho pueblo con todo su territorio jurisdic- 
cional, á ser un funda de propiedad particular, sin quedar 
un palmo de terreno de propiedad del Estado, ó municipal, 
donde establecer los edificios indispensables, resulta de ahí 
un obstáculo insuperable, Ínterin no sea removido, para po- 
der formar una misión en condiciones aceptables de indepen- 
dencia i sin el peligro de constantes conriictos con el propie- 
tario, ó que como tal se considera, del fundo de referencia. 

Las dificultades surgidas para el establecimiento de mi- 
siones en los ríos Morona, Pastaza i Tigre, con motivo de 
la enojosa cuestión de límites territoriales con la vecina re- 
páblica del Ecuador, no han sido zanjadas hasta la fecha 
por cuyo motivo nada he podido emprender en aquellas re- 
giones: no obstante el dignísimo señor prefecto de este de- 
partamento doctor Fuentes, me ha prometido avisarme el 
momento oportuno, para fundar misiones en los dos últi- 
mos ríos. En idéntica situación me hallo respecto del río 
Ñapo. 

. Si en el Alto Marañón la sublevación de los infieles ha 
destruido las misiones, inutilizando el fruto de tantos tra- 
32 



— 252 - 

bajos, sudores i fatigas, é imposibilitando la prosecución, 
(por ahora al menos) de la labor evangélica i civilizadora 
en aquellas desoladas regiones, en compensación la misión 
establecida en Pebas, con objeto de que sirviera de punto 
de partida ó centro, desde donde se irían escalonando otras 
misiones para la evangelización de los Yaguas, Ticunas, Vi- 
Iotas i otros, diseminados en el vastísimo territorio que me- 
dia entre el Amazonas peruano i la margen derecha del río 
Isa ó Ptumayo, va llenando compHdamente el objeto de su 
fundación. Durante el año trascurrido no sólo se ha logra- 
do que algunas familias Yaguas abandonasen el interior de 
los bosques, para establecer sus viviendas i chacras en las 
inmediaciones de Pebas, facilitando de este modo la labor 
del misionero, para poder instruirles i conseguir que sus hi- 
jos asistan á la escuela, sino que hai esperanzas muí funda- 
das de conseguir se reduzcan á la vida social criastiana i ci- 
vilizada, todas, ó la mayor parte de las tribus yaguas. 

Entre las no pocas remoras que entorpecen la benéfica 
labor del minisionero, no es la de menor cuantía, la dificul- 
tad suma, que halla para adquirir el conocimiento (así sea 
superficial) de los diversos dialectos hablados por los infie- 
les, careciendo como se carece, de los elementos más indis- 
pensables para aprenderlos. Para obviar este grave incon- 
veniente en lo posible, se ha dedicado el R. P. misionero Fr. 
Plácido Mallo á formar un bocabulario, que aún está ma- 
nuscrito, porque no habiendo otro medio de tomar los tér- 
minos, que al oído, i siendo la pronunciación mui gutural, 
hai que rectificar con frecuencia. 

Los límites designados á esta misión, denominada de 
'VLa Purísima Concepción de Pebas'', son ambas márgenes 
del .amazonas peruano, con todos sns afluentes, desde la 
boca del río Ñapo, hasta la frontera del Brasil, i los ríos 
Y^avari i Putumayo peruanos. Los misioneros destinados 
á esta misión, son los RR. PP. Fr. Pedro Prat, Fr. Pedro 
Pulgar i Fr. Plácido Mallo, quienes constantemente reco- 
rren aquellos dilatados territorios, sin economizar fatigas 
i penalidades sin cuenta, para el mejor desempeño de la pe- 
nosa misión á ellos encomendada. Entre otras, es notable 
la expedición realizada por el R, P. Mallo en los meses de 
febrero i marzo del corriente año. Después de un viaje de 



- 253 - 

3eís días á pié, (no hai otro modo posible de locomoción) 
visitando diversas viviendas de infieles, diseminados á lar- 
gas distancias unos de otros, llegó á un sitio, en el que se- 
gún referencias, i algunos vestigios, que aún se observan,^ 
hubo en otro tiempo uno ó dos pueblos que servían de pun- 
tos de escala para las comunicaciones terrestres entre el 
Amazonas i el Putuma3''o. Este lugar se halla situado en la 
margen del río Yagua, donde yá este río es navegable pa- 
ra embarcaciones menores, á los 2° 32" latitud Sur i 74° 
26'' longitud O. del meridiano de París, poco más ó menos, 
así como casi equidistante de Pebas i del río Putumayo. 
Juzgando este sitio á propósito, para fundar allí una misión, 
reuniendo ella varias familias de infieles Yaguas, i Ticunas, 
deseminadas por aquella montaña, procedió á rozarle i es- 
combrarle, levantando luego en él el signo de nuestra reden- 
ciói^ i bautizándole con el nombre de **Puerto de San Agus- 
tín". Terminada esta operación, hizo construir una balsa 
con ponas, (palmas) i en ella se lanzó á explorar el río Ya- 
gua, reconociéndolo minuciosamente durante los 25 días, 
empleó, hasta llegar á su confluencia con el Putumayo, i 
trazando un croquis, qne remití á la Sociedad Geográfica de 
esa capital, en el cual anotó los nombres puestos por él á 
las quebradas principales, i otros sitios, que antes carecían 
de él, por no haber sido jamás explorados por gente civiliza- 
da, No vio infieles ni tampoco casas en las márgenes del 
río, pero sí canoas amarradas, i numerosas trochas, lo que 
no da lugar á duda, de que hai habitantes en el interior. 

Hé aquí, ahora, algunos párrafos de comunicaciones, 
que desde Pebas me ha dirigido el R. P. Mallo, después del 
regreso de la referida expedición. 

** Para conocer completamente á fondo el idioma, como 
,, es indispensable conocerlo, para poder explicar á los infie- 
,, les la doctrina del Evangelio, i también para inspirarles 
,, completa confianza, solo hai un medio, costoso sí, i peli- 
,, groso, pero de éxito seguro, i este es, someterse ó resignar- 
„ á vivir aislado en su compañía; así que, si Y. R. no ordena 
,, otra cosa me iré con el P. Pulgar á vivir durance tres ó 
,, cuatros meses á un caserío de Yaguas, donde no nos será 
,, difícil conseguir cargueros á fin de conducir al **Puerto de^ 
„ San Agustín'' en el río **Yagua'' los víveres necesarios, 



— 254 — 

,, (hasta que se formen chacras para proveerlos) para fun- 
,, dar allí un pueblo de **Yaguas i Ticunas", los que libres 
,, del maléfico influjo de los blancos, no opondrán graves di- 
,, fícultades para reunirse i atraerlos poco á poco á la vida 
,, cristiana civilizada. Luego nos dedicaremos á recorrer 
,, las quebradas afluentes del **Yagua" en busca de los infie- 
,, les, porque de otro modo jamás se conseguirá reunidos, 
,, necesitando para ello llevarles regalos de Olanes, pólvora, 
,, munición cuchillos, sables, tabaco, trajes hechos i pañue- 
,, los, (todo de colores vivos), anzuelos, agujas, sal, espeji- 
,, tos, chaquiras, etc. Con esto creo fácil conseguir reunir- 
,*, los, i someterlos al trabajo i por el trabajo, la instrucción, 
,, i el buen ejemplo, á la civilización. El trabajo á que por 
,, de pronto se les podría dedicar, después de la construcción 
,, de sus viviendas i chacras, sería la apertura de una tro- 
,, cha, para enlazar por la vía terrestre al Amazonas i al»Pu- 
,, tumayo, lo que redundaría en utilidad grandísima á estas 
,. regiones en particular, i al país en general. En tiempo re- 
,, lativamente corto, i con un insignificante desembolso, po- 
,, drían éstos indios poner en comunicación al Amazonas 
,, con el PutumaN'o, abriendo á través de la montaña, que 
,, reúne las mejores condiciones para ello, un camino, que á 
,, lo sumo se tardaría en recorrer tres días, desde Pebas has- 
,, ta el **Puerto de San Agustín'*, i otros tantos, desde ese 
,, puerto hasta la margen derecha del río Putumayo, casi 
,, enfrente de la Chorrera. Una vez fundado el pueblo, á fin 
,, de evitar el entrometimiento de ciei tos • elementos que dis- 
,, pensarían á los neófitos, como lo prueba lo ocurrido con 
,, otros pueblos de guas, que hubo antiguamente, conven- 
,, dría obtener del Gobierno, que éste declarase propiedad 
,, exclusiva de los indios, toda la extensión del terreno, que 
,, media entre la quebrada **Tagaste*- i el referido **Puerto 
,, de San Agustín'*, según aparece en el adjunto croquis. 
,, Con esto no quiero decir, que todos los blancos sean ele- 
,, raentos perturbadores para la cristianización de los infie- 
,, les, pues hai honrosísimas excepciones, i entre éstas, pue- 

,, do citar á don Ildefonso Fonseca, que reside cerca de la 

,, confluencia del río Yagua con el Putumayo, quien ejer- 

,, ciendo de catequista, instru^'^e á los inficiesen el catecismo, 

,, tratando como un padre á los neófitos, i como á tal le re- 



- 255 - 

,, verenda éstos, pudicndo yo administrar el bautismo á va- 
,, ríos niños i adultos, **Yaguas'*, **Ticunas*' i**P¡lotas" pre- 
,, parados por dicho señor para recibirlo. Ah! si todos ob- 
., servasen idéntico proceder! " 

Hasta aquí el P. Mallo. Por mi parte no necesito enca- 
recer la importancia político-religioso-social de la misión de 
Pebas, de los resultados obtenidos, i de los incalculables be- 
neficios que ha de reportar la fundación del pueblo de 
"Puerto San Agustín'*, si, como es de esperar, prestándole 
el Gobierno el apoyo que se merece, se realiza el proyecto de 
camino entre Pebas i el río Putumayo. Si en todo tiempo 
sería convenientísima la realización de dicho pro^'ecto, en 
las actuales circunstancias, en que á cada paso, i por todas 
partes se suscitan complicaciones internacionales acerca de 
límites de territorios, i en que el Perú necesita recorrer aguas 
de extrangera jurisdicción, para comunicarse por la vía flu- 
vial con sus disputadas posesiones del río Putumayo, es á 
todps luces indispensable, establecer, con toda urgencia co- 
municación terrestre; por territorio propio, con aquel río, 
en previsión de posibles entorpecimientos futuros por la vía 
fluvial. 

Es en verdad inexplicable el descuido, (por no darle otro 
calificativo) en que hasta la fecha ha estado tan delicado, 
como importante asunto. Se dirá tal vez que hai varaderos 
más cortos, i por tanto más fácil de realizar el camino por 
ellos, que por el de Pebas, como el del Tamboryacu, el del 
Algodón i el del Atacuari. Será así, pero además de que se- 
ría discutible, como siempre lo mejor fué enemigó de lo bue- 
no, lo cierto es, que hasta ahora no existe camino alguno, 
que establezca comunicación viable del Amazonas con el Pu- 
tumayo por territorio nacional, por tanto llamo mui espe- 
cialmente la atención de US. i del gobierno hacia un asunto 
de vital interés para el porvenir de la República. Una vez 
abierta la trocha desde Pebas al Putumayo, que se podría 
recorrer, según el P. Mallo, en seis días, no sería mui costo- 
so tender un alambre telefónico, para la más rápida comu- 
nicación. 

El río Yagua, que desagua, i sigue todo su curso en te- 
rritorio nacional, si bien no aportaría rapidez en las cgmu- 
nicaciones entre el Amazonas i el Putumayo, por las excesi- 



- 256 — 

va longitud de su curso, i las numerosas curvas, que prolon-. 
gan á muchos días su navegación, siempre sería una arteria, 
importantísima, para facilitf^r el comercio entre uno i otro 
río. 

En resumen diré á US., que las misiones del alto Mara- 
ñen, en que tenía cifradas tantas esperanzas, han desapare- 
cido sin vislumbrar siquiera un resurgimiento futuro, los 
trabajos en el camino terrestre que debía unir Puerto Me- 
léndez con Bagua del Departamento de Amazonas i con la. 
provincia de Jaén del de Cajamarca en suspenso, las tran- 
sacciones comerciales i comunicaciones entre este Departa- 
mento de Loreto i los de Amazonas i Cajamarca interrum- 
pidas, en una pallibra la desolación i la barbarie han vuelto 
á enseñorearse de aquellos territorios desde los lamentables 
acontecimientos de los meses de mayo i junio de 1903, apa- 
gándose de un soplo los destellos de civilización i de cultura 
que la luz evangélica había logrado hacer allí germinar. 

En compensación las misiones de Pebas en estado flore- 
ciente, son susceptibles de gran adelanto, i si algán aconte- 
cimiento imprevisto no ciega en flor las esperanzas concebí- 
das, como en el del alto Marañón, confío poder darle am- 
plias pruebas de ello en la memoria del año venidero, así co- 
mo de la fundación de las misiones en el Pastaza i Tigre pa- 
ra lo que sólo espero las órdenes del señor Prefecto, i la lle- 
gada de nuevo personal de Europa. 

Después de la anterior somera descripción del estado ac- 
tual de las misiones de infieles, primordial objeto de la crea- 
ción de estas Prefecturas Apostólicas, réstame someter á su 
consideración algunas observaciones referentes á asuntos, 
que conciernen á la jurisdicción asignada á esta Prefectura 
Apostólica de mi cargo, i cuya vigilancia espiritual me ha 
sido confiada. 

Ocurre en este Departamento un fenómeno extraño, i es, 
que varios pueblos como Barranca, Parinari, San Regis, 
Omaguas etc., aunque están considerados civilmente como 
pueblos i aún cabezas de Distrito i con autoridades titulares, 
no son en realidad más que fundos de propiedad particular 
sin un solo palmo de terreno perteneciente al pro-comun. 
Desde luego es de suponer, que al fundar los pueblos, el Es- 
tado les concederá gratuitamente, en el área señalada á ca- 



- 257 - 

da pueblo, no solo los terrenos necesarios, para construir 
las viviendas particulares, i edificios públicos, como Iglesia, 
casa parroquial, escuelas, cementerio i casa comunal de 
aprovechamiento general; pero andando el tiempo, la incu- 
ria propia de esos indios, i la ausencia 6 distancia de las au. 
toridades fueron causa ú ocasión, de que paulatinamente se 
fuese acumulando la propiedad en una sola mano, hasta ab- 
sorber la totalidad de los terrenos en que estuvieron ubica- 
dos los mencionados pueblos, i como por la misma incuria i 
la destructora acción del tiempo habrán desaparecido, (si es 
que alguna vez existieron) las actas originales de la funda- 
ción, sin dificultad alguna habrán podido los propietarios 
de los fundos adquirir título, más ó menos legal, i subrepti- 
cio, máxime no habiendo persona interesada en presentar 
las reclamaciones oportunas. 

Esta anómala situación irroga perjuicios incalculables, i 
urge darle la debida solución. Es remora gravísima para el 
adelanto de pueblos en otro tiempo florecientes, i hoi no ya 
sumidos en el marasmo, sino reducidos en absoluto á la na- 
da, por cuanto en tales condiciones no es posible que haya 
en esos pueblos sacerdotes para el culto, ni maestros para 

la instrucción. 

Juzgo que para la resolución de ese asunto de innegable 

trascendencia, sería mui conveniente una suprema resolución, 
ordenando á quien corresponda la devolución á los pueblos 
respectivos de los terrenos comunales indebidamente deten- 
tados, si, como creo, no han prescripto, i su adquisición por 
los actuales poseedores no ha sido legal. 

Con gran complacencia he observado el notable impulso 
dado por ese Ministerio á la instrucción primaria en ese te- 
rritorio, aumentando considerablemente el número de escue- 
las i profesores de ambos sexos, cumpliéndose con exceso mis 
deseos i aspiraciones manifestadas en mi anterior memoria. 

Bien es verdad, que se ha tropezado con algunos incon- 
venientes, para establecer las escuelas en los lugares más 
adecuados, para que estas respondan al fin patriótico, civi- 
lizador i cristiano, que ha sido el móvil de su creación, é in- 
demnicen co.i su buen resultado el gran sacrificio pecuniario, 
que la Nación se ha impuesto, pero estos inconvenientes se 
irán obviando poco á poco, hasta normalizar su situación. 
Entre estos inconvenientes, no es el de menor alcance, el re- 



— 258 - 

ferído en el párrafo anterior sobre detención de los terrenos 
comunales de los pueblos. Deseoso pjr mi parte de llevar 
mi grano de arena al acervo común de la instrucción, además 
de las escuelas de las misiones, abrí una escuela de instruc. 
ción primaria, gratuita para los pobres, i con una modestísi- 
ma retribución para los que no lo son, en la casa residencia 
de esta prefectura en esta ciudad, la que está bastante con. 
currida, á pesar de su reciente apertura i de obstáculos de 
diversa índole, que para su apertura i continuación he teni- 
do que vencer. Esta escuela se halla regentada por los Pa- 
dres misioneros, que accidentalmente se hallan en este Cen- 
tro, bien de paso para los misioneros, ó bien que se han vis- 
to precisados á venir de las misiones para convalecer, i re- 
ponerse de sus fatigas, además de los ratos que mis ocupa- 
ciones me permiten dedicarme á la enseñanza. 

A su debido tiempo tuve el honor de poner en conoci- 
miento de ese Ministerio, que la iglesia llamada Matriz úni- 
ca en esta capital, había sido declarada en estado ruinoso 
por el Concejo Pravincial, acordando éste derribarla, i apro- 
piarse el terreno que ocupaba en la plaza, para formar en él 
jardines i paseos públicos, según anuncio de la prensa local, 
interesando su protección, á fin de que los sagrados intere- 
ses de la iglesia no fuesen hollados 6 menoscabados. Pos- 
terit)rmente he podido observar, que efectivamente la iglesia 
ha sido derribada, i recogidos sus materiales, habilitando 
para el servicio del culto un local, facilitado por el Concejo 
Provincial, en el cual estuvo instalada una de las escuelas 
municipales de niñas, que fué abandonado por amenazar 
ruina, el cual, además de esa circunstancia, es muí reducido 
i completamente inadecuado para el santo objeto á que se le 
destina. Todo esto se ha efectuado, sin que esta prefectura 
apostólica hubiese procurado tenerla, por razones fáciles de 
comprender, limitándome á dar cuenta de lo ocurrido á ese 
Ministerio, esperando «us órdenes. 

Iquitos, 20 de junio de 1903. 

Fr. Paulino Díaz, 

Prefecto apotólico [1] 



Ci) Anexos á la memoria presentada por el ministerio de justicia, culto é instracci6n al 
congreso ordinario de 1905.— Página mi. 



— 259 — 



1905 

El prefecto apostólico de San León del Amazonas In- 
forma á la sociedad de pr^ipagaclón de la fé en 
Oriente sobre el estado de las misiones que le es- 
tán eneomondadasp en especial las de Pebas I el 
Putamaye. 

Prefectura de San León. 



La impunidad absoluta en que han quedado los atroces 
desmanes cometidos por los Aguarunas en el Alto Marañón 
ha hecho llegar hasta el delirio su ridicula pretensión de cre- 
erse invencibles i de ser la raza más intrépida i esforzada del 
mundo, considerándose mui superiores á los blancos, cuya 
civilización i costumbres miran con olímpico desprecio i por 
tanto estos cruentos sucesos de la misión de Huabico no só- 
lo son altamente sensibles por los gravísimos daños causa- 
dos i por la pérdida de preciosas vidas é intereses materiales 
de consideración, sino que, como consecuencia ineludible, 
originan innumerables dificultades para el porvenir, hacien- 
do poco menos que imposible, al menos durante tiempo in 
definido, la reanudación de relaciones amistosas con aque 
líos salvajes para atraerlos al cristianismo i á la civilización 
todos los esfuerzos practicados para atraerlos, para enta 
blar de nuevo relaciones de amistad con los Aguarunas i 
Antipas del Alto Marañón, han resultado por completo ine- 
ficaces. En la imposibilidad de penetrar en las actuales cir- 
cunstancias en los territorios habitados por los infieles sin 
gravísima i casi segura exposición de la vida, i sobre todo, 
siendo perfectamente inútil efectuarlas por cuanto los salva- 
jes se esconden en la espesura de los bosques, como yo mis- 

33 



- 260 — 

mo lo comprobé sobre el terreno, determiné establecer una 
misión en el antiguo pueblo de **San Francisco de Barranca" 
situado en la confluencia del río Cahuapanas i punto inter- 
medio entre el Marañón i el Pastaza desde donde no sólo se 
puede atender á suministrar el pasto espiritual á la numero- 
sa población indígena allí residente, la que aunque se dice 
cristiana porque está bautizada, en punto á instrucción reli- 
giosa se halla casi al nivel de los infieles; sino también hacer 
excursiones periódicas á los citados ríos, donde moran mu- 
chísimos infieles Aluratos, Achuales, Patucas, Chapras, 
Vambisas i Aguarunas i sobre todo estará la mira para rea- 
nudar en tiempo oportuno los interrumpidos trabajos enca- 
minados á la conversión de los Aguarunas i Antipas; pero 
me vi precisado á desistir de un proyecto del que esperaba 
conseguir excelentes resultados porque habiéndome pasado 
dicho pueblo con todo su territorio jurisdiccional á ser un 
fundo de propiedad particular, sin quedar un palmo de te- 
rreno de estado ó municipal, donde establecer los edificios 
indispensables, resulta de ahf un obstáculo insuperable, Ín- 
terin no sea removido, para poder formar una misión en 
condiciones aceptables de independencia i sin el peligro de 
constantes conflictos con el propietario ó con el que como 
tal se considera del fundo en referencia. 

Si en el alto Marañón la sublevación de los infieles ha 
destruido las misiones, inutilizando el fruto de tantos tra- 
bajos, sudores i fatigas, en compensación la misión estable- 
cida en Pebas, con el objeto de que sirva de punto de parti- 
da ó centro, desde donde se irán escalonando otras misio- 
nes para la evangelización de los Yaguas, Ticunas, Vitolas 
i otros entre el Amazonas peruano i la margen derecha del 
río Isa ó Putumayo, vá llenando cumplidamente su objeto. 
Durante el año trascurrido no sólo se ha logrado que algu- 
nas familias yaguas abandonen el interior de los bosques, 
para establecer sus viviendas i chacras en las inmediaciones 
de Pebas, facilitando de este modo la labor del misionero, 
para poder instruirles i conseguir que sas hijos asistan á la 
escuela, sino que hai esperanzas mui fundadas de conseguir 
se reduzcan á la vida social cristiana i civilizada, todas á la 
mayor parte de las tribus Yaguas. 

Entre las no pocas remoras que entorpecen la benéfica 



— 261 - 

labor del misionero no es la de menos cu¿intía, la dificultad 
suma, que se halla para adquirir el conocimiento (así sea 
superficial) de los diversos 'dialectos hablados por los infie- 
les, careciendo, como se carece, de los elementos mas indis- 
pensables para aprenderlos. Para obviar este grave incon- 
veniente en lo posible, se ha dedicado el reverendo padre mi- 
sionero frai Plácido Mallo, á formar un vocabulario que aún 
está manuscriio, porque no habiendo otro medio de tomar 
los términos, que al oído i siendo la pronunciación mui gu- 
tural, hai que rectificar con frecuencia. 

Los limites destinados á esta misión^ den ominada de 
''ha Purísima Concepción de Pebas*' son ambas margenes 
del Amazonas peruano, con todos sus anuentes desde la bo- 
ca del río Ñapo hasta la frontera del Brasil i los ríos Yava- 
rí i Putumayo peruanos. 

Los misioneros destinados á esta misión son los RR. PP. 
Pedro Pulgar, Fr. P. Prat, i Fr. Plácido Mallo, quienes cons- 
tantemente recorren aquellos dilatados territorios sin econo- 
mizar fatigas i penalidades sin cuento, para el mejor desem- 
peño de la penosa, misión á ellos encomendada. 

Entre otras es notable la expedición realizada durante 
algún tiempo á un caserío de Yaguas, donde no nos será di- 
fícil conseguir cargueros, á fin de conducir al puerto de San 
Agustín en el río Yagua los víveres necesarios (hasta que se 
formen chacras para proveerlos) para fundar allí un pueblo 
de Yaguas i Ticunas, los que libres de todo influjo maléfico 
no opondrán graves dificultades para reunirse i dejarse atraer 
poco á poco á la vida cristiana i civilizada*'. Luego nos de- 
dicaremos á recorrer las quebradas afluentes del Yagua, en 
busca de infieles, porque de otro modo jamás se conseguirá 
reunirlos, necesitando para ello llevarles regalos de géneros, 
pólvora, minuciones, cuchillos, sables, tabaco, trajes hechos 
i pañuelos, (todo de colores vivos) anzuelos, agujas, sal, es- 
pejitos, chaquiras, etc. Con esto creo fácil reunirlos i some- 
terlos al trabajo i por el trabajo, la instrucción i el buen 
ejemplo á la civilización. 

"El trabajo á que por de pronto se les podría dedicar, 
después de la construcción de sus viviendas i chacras sería la 
apertura de una trocha, para enlazar por la vía terrestre al 
Amazonas i al Pvitumayo, lo que redundaría en utilidad 



- 262 - 

grandísima á estas regiones en particular i al país en gene- 
ral. 

**En tiempo relativamente corto i con un insignificante 
desembolso, podrían estos indios poner en comunicación el 
Amazonas i el Putumayo, abriendo á través de la montaña 
que reúne mejores condiciones para ello, un camino que á lo 
sumo se tardaría en recorrer tres días desde Febas hasta el 
puerto de San Agustín, i otros tantos desde este puerto has- 
ta In margen derecha del río Putumayo, casi al frente de la 
Chorrera. 

**Una vez fundado el pueblo, á fin de evitar el entrometi- 
miento de ciertos elementos que dispersarían á los neófitos, 
como lo prueba lo ocurrido en Yaguas, que hubo antigua* 
mente, convendría obtener del gobierno, que éste declarase 
propiedad exclusiva de los indios toda la extensión del terre- 
no, que media entre la quebrada Tagnsti i el referido puerto 
de San Agustín, según aparece en el croquis. 

**Con esto no quiero decir, que todos los blancos sean 
"elementos perturbadores para la evangelización de los in- 
** fieles, pues hai honrosísimas excepciones, i entre estas pue- 
*' do citar á don Ildefonso Ponseca, que reside cerca de la 
*• confluencia del río Yagua con el Putumayo, quien ejercien- 
**do de catequista instruye a los infieles en el catecismo, tra- 
** tando como un padre á los neófitos i como á tal lo reve- 
*' rencian éstos; pudiendo yo administrar el bautismo á va- 
**rios niños i adultos Yaguas, Ticunas i Vitolas preparados 
** por dicho señor. ¡Ah si todosobservaraii idéntico proce- 
•*der!'' 

Por mi parte no necesito encarecer la importancia polí- 
tico-religioso-social de la misión de Pebas, de los resultados 
obtenidos que ha de reportar la fundación del puerto de San 
Agustín si, como es de esperar, prestándole el gobierno el 
que merece, se realiza el proyecto de camino entre Pebas i el 
río Putumavo. 

No existiendo hasta ahora camino alguno que establez- 
ca comunicación viable del Amazonas con el Putumayo por 
territorio nacional, llamo mui especialmente la atención de 
US. i del gobierno hacia un asunto de vital interés para el 
porvenir de la república. Una vez abierta la trocha desde 
Pebas al Putumayo, cjue se podría recorrer, según el padre 



— 263 - 

Mallo, en seis días, no sería muí costoso tender un alambre 
telefónico, para la más rápida comunicación. 

El rio Yagua que desagua i sigue todo su curso en terri- 
torio nacional, si bien no aportaría rapidez en las comuni- 
caciones entre el Amazonas i el Putumayo por la excesiva 
longitud de su curso i las numerosas curvas que prolongan 
á muchos días su navegación, siempre sería una arteria im- 
portantísima, para facilitar el comercio entre uno i otro río. 

Si como ya lo he expuesto las misiones del alto Marañón, 
en que tenía cifradas tantas esperanzas, han desaparecido 
sin vislumbrar siquiera un resurgimiento futuuro, los traba- 
jos en el camino terrestre que debía de unir Puerto Meléndez 
con Bagua del departamento de Amazonas i con la provin- 
cia de Jaén del de Cajamarca en suspenso, las transacciones 
comerciales i comunicaciones entre este departamento de 
Loreto i los de Amazonas i Cajamarca interrumpidas, en 
una palabra la desolación i la barbarie han vuelto á enseño* 
rearse de aquellos territorios desde los lamentables aconte- 
cimientos de los meses de mayo i junio de 1903 apagándose 
de un soplo los destellos de la civilización i de cultura que la 
uz evangélica había logrado hacer allí germinar. 

En compensación las misiones de Pebas en estado flore- 
ciente, son susceptibles de gran adelanto i si algún acontrt- 
ciraiento imprevisto ciega en flor las esperanzas concebidas, 
como en el Alto Marañón, confío poder amplias pruebas de 
ello en la memoria del año venidero así como de la fundación 
de misiones en el Pastaza i Tigre para lo que sólo espero las 
órdenes del señor l^refecto i la llegada del nuevo personal de 
Europa. 

Después de la anterior somera descripción del estado ac- 
tual de las misiones de infieles, primordial objeto de la crea- 
ción de estas Prefecturas Apostólicas, réstame someter á su 
consideración algunas observaciones referentes á asuntos 
que conciernen á la jurisdicción asignada á esta Prefectura 
Apostólica de mi cargo i cuya vigilancia espiritual me ha si- 
do con nada. 

Ocurre en este Departamento un fenómeno extraño i es 
que varios pueblos como Barranca, Parinarí, San Regis, 
Omaguas, aunque están consideradas civilmente como pue- 
blos i aun cabezas de Distrito i con autoridades titulares, no 



— 264 - 

son en realidad más que fundos de propiedad particular sin 
un solo palmo de terreno perteneciente al procomún. 

Desde luego es de suponer que al fundar los pueblos el 
Estado les concedería gratuitamente, en el área señalada á 
cada'pueblo, no sólo los terrenos necesarios para construir 
las viviendas particulares, i edificios públicos, como iglesia, 
casa parroquial, escuelas, cementerios i municipalidades, si- 
no también la legua común de aprovechami^^nto general; pe- 
ro andando el tiempo, la incuria propia de estos indios i la 
ausencia á distancia de las autoridades fueron causa ú oca- 
sión de que paulatinamente se fuese acumulando la propie- 
dad en una sola mano hasta absorvcr la totalidad de los te- 
rrenos, en que estuvieron ubicados dichos pueblos, i como 
por la misma incuria i la acción destructora del tiempo ha- 
bían desaparecido (si es que alguna vez existieron) las actas 
originales de la fundación, bin dificultad alguna habrán po- 
dido los propietarios de los fundos adquirir título, masó me- 
nos legal, máxime no habiendo persona interesada en pre- 
sentar las reclamaciones oportunas. 

Esta anómala situación irroga perjuicios incalculables 
i urge darle la debida solución. Es remora gravísima para 
el adelanto de los pueblos en otro tiempo florescientes i hoi, 
no ya sumidos en el marasmo, sino reducidos en absoluto á 
la nada, por cuanto en tales condiciones no es posible que 
haya en esos pueblos sacerdotes para el culto, ni maestros 
para la instrucción. 

Juzgo que para la resolución de este asunto de innegable 
trascendencia, sería mui conveniente una Suprema resolu* 
ción, ordeng.ndo á quien corresponda, la devolución de los 
terrenos comunales indebidamente detentados, si como creo, 
no han prescrito i su adquisición por los actuales poseedo- 
res no ha sido legal. 

Deseoso por mi parte de llevar mi grano de arena al te- 
rreno común de la instrucción; además de las escuelas de la 
misión abrí una escuela de instrucción primaria gratuita pa- 
ra los pobres; i con una pobrícima retribución para los que no 
lo son, en la casa residencia de esa Prefectura en esta Ciudad, 
la escuela está bastante concurrida á pesar de su reciente 
apertura i de obstáculos de diversa índole que he tenido que 
vencer para su continuación é instalación. La regentan los 



— 265 — 

RR. PP. misioneros, que accidentalmente se hallan en este 
centro, bien de paso para las misiones, 6 bien que se han vis- 
to precisados á venir de las misiones para convalecer i repo- 
nerse de sus fatigas i por mí en los ratos que tengo desocupa- 
dos que me permiten dedicarme á la enseñanza. 

A su debido tiempo tuve el honor de poner en conoci- 
miento de ese ministerio que la Iglesia llamada Matriz, úni- 
ca de esta Capital había sido declarada en estado ruinoso 
por el Concejo Provincial, acordando éste derribarla i apro- 
piarse del terreno que ocupaba en la plazci para formar en él 
jardines i paseos públicos, según anuncio de la prensa local, 
interesando su protección a fin de que los sagrados intereses 
de la Iglesia no fuesen hollados ó menoscabados. 

Posteriormente he podido observar que efectivamente la 
Iglesia ha sido derribada i recogidos sus materiales, habili- 
tando para el ser%'icio del Culto un local, facilitado por el 
Concejo Provincial, en el cual estuvo una de las escuelas mu- 
nicipales de niñas, que fué abandonada por amenazar ruina, 
el cual además deestacircunstancia es mui reducido i comple- 
tamente inadecuado para el santo objeto á que se le destina. 

Todo esto se ha efectuado, sin que esta Prefectura Apos- 
tólica hubiese tenido en ello la menor intervención, ni tam- 
poco hubiese precisado tenerla, por razones fáciles de com- 
prender, limitándome á dar cuenta de lo ocurrido á ese mi- 
ni.sterio, esperando sus ordénes. 

Frai Paulino Díaz, 

Prefecto Apostólico. [1] 



(1).— "El Bien Social" del 26 de diciembre de 1905. 



- 266 - 



1907 



Jurisdicción de las Prefecturas Apostólicas estable- 
cidas en el Oriente. 



Lima, 13 de abril de 1907. 

Visto este expediente, del que aparece que, con motivo de 

haberse suscitado cuestiones jurisdiccionales entre el Prefec- 
to Apostólico de San León del Amazonas i el Cura de Iqui- 
tos, don Pedro Correa, el Administrador Apostólico de la 
Diócesis de Chachapoyas en esa época, Reverendo Padre Pa- 
blo Visalot, manifestó á éste, que con sujeción ñ las pre^rip- 
ciones pertinentes, la jurisdicción de las Prefecturas Apostó- 
licas, no se extendía é los pueblos civilizados; pero posterior- 
mente le ordenó que hiciera entrega del Curato á esa Prefec- 
tura, por considerarlo comprendido dentro de los límites de 
ella; que el Concejo Provincial de Iquitos, el vecindario i el 
mismo Curato cesante, han reclamado de esta disposición, 
fundándose en que no se halla en conformidad con las pres- 
cripciones legales i las prerrogativas del Patronato; 

Considerando: 

Que según lo estatuido en la resolución Suprema de 27 
de octubre de 1898, (1), en virtud de la cual se mandó crear 
las Prefecturas Apostólicas, i la modificatoria de 3 de mav'o 
de 1899, [2], estas Prefecturas tienen por objeto la reducción 
de los infieles á la civilización i á la fé católica, no estando, 
por consiguiente, comprendidos en los límites de las Pretec- 



II).- Véase en la página 207 del tomo i.** 
(2).- Corre en el tomo i.°, página 212. 



- 267 - 

turas Apostólicas los pueblos civilizados en los que no hai 
infieles que convertir. 

Que la misma Delegación Apostólica ha dado la indica- 
da interpretación á las citadas resoluciones, pues por oficio 
dirigido al Administradorde la Diócesis de Chachapoyas [1], 
expuso que la Prefectura de San León de Amazonas debía 
abrazar el río Marañón con todos sus afluentes, menos el 
Ucayali, hasta los límites con el Brasil, con Colombia i con 
el Ecuador, i que las misiones se extienden sólo al territorio 
salvaje llamado montaña, de manera que los límites de las 
regiones civilizadas serán respectivamente los límites de los 
obispados; 

Que según consta en las memorias del Prefecto de San 
León de Amazonas, es mui reducido el personal de las misio- 
nes, i si con éste no Ipuede atender, debidamente, á la tras- 
cendental obra de la conversión de los infieles, no es conve- 
niente que extiendan sus atribuciones á los pueblos civiliza- 
dos, empleando en la administración de los curatos los ele- 
mentos que podrían aplicarse con mayor provecho en el obje- 
to propio de los misioneros. 

Que las resoluciones citadas relativas á la creación de las 
Prefecturas Apostólicas, fueron expedidas de común acuerdo 
entre la Santa Sede i el Gobierno, i no pueden ser modifica- 
das por una de las partes con prescindencia de la otra; 

De acuerdo con lo informado por la Sección del Culto i 
lo dictaminado por el Fiscal de la Corte Suprema; 

Se resuelve: 

1' La jurisdicción de las Prefecturas Apostólicas se ex- 
tiende únicamente á los territorios salvajes i en ningún caso 
á los territorios civilizados, sujetos al respectivo Diocesano 
i demás autoridades que constituyen la jerarquía eclesiás- 
tica; 

2' La Parroquia de Iquitos no corresponde á la Prefec- 
tura Apostólica de San León de Amazonas, sino á la Dióce- 
sis de Chachapoyas, i está bajo la jurisdicción del ordinario 
de ella; i 



(i).~Véafle en la página 214 del tomo i.^, el oficio qae el Delegado Apostólico dirigió 
al Gobierno en x6 de abril de 1900. 

34 



— 268 — 

3"^ Recomendar al Obispo de Chachapoj'as que reponga 
al Presbítero Pedro Correa en el Curato de Iquitos, i en el 
caso de no creerlo conveniente, provea esa doctrina con el 
respectivo Párroco dando aviso al Ministerio del Culto. 

Regístrese i comuniqúese. 
Rúbrica de S. E. (1) 

Wasbburn. (2), (3). 



[i]. -^Doctor don JoBÍ Pardo. 
(2t. Doctor dí)n Carlos. 
',3).- Ministerio de Justicia i Culto. 



CfíPITULO VI 



ADMINISTRACIÓN 



GENERAL 




HDMINISTRfíCION GENERfíL 



1823 

Pldlondo no mo Impida á loa comarclantos da Cha- 
chapoyas la vanta do cuchlllaSp Horro I acoro 
para Halnaa. 

Gobierno I'olitico de Mainas 

Moyobamba, 6 de Marzo de 1823, 

Muí Ilustre ¡ Honorable Señor Presidente: 

El Caballero Gobernador de la Ciudad de Chachapoyas 
ha privado por Bando que ha publicado el que absoluta- 
mente los comerciantes de dicha Ciudad á los Ciudadanos de 
esta vendan los renglones de azufre, salitre, fierro, acero i 
cuchillos de los dos primeros renglones ha sido mui acerta- 
da providencia porque estos ciudadanos han tenido, por in- 
veterada costumbre, ir A comprar para fabricar aquí Pól- 
vora, i hacer sus fuegos artificiales para sus fiestas, i lo ten- 
go privado desde que se halla á mi cargo el Mando de esta 
Provincia, pero por lo que hace á fierro, azero i cuchillos t s 
quitar á estos Ciudadanos, i á todos los Peruanos Neófitos 
de lo interior de la Provincia el sustento diario, pues no 
manteniéndose de otro ramo sino del cultivo de sus montes 
todos en general ya están palpando la extrema necesidad 
que en breve experimentarán por falta de Erramientas prin- 
cipalmente los de esta Ciudad, Lamas i Tarapoto, que por 
lo que hace á los Peruanos de lo interior de la Provincia co- 
mo tienen á Portugal mas cerca se debe creer prudentemen- 



- 272 — 

te que de allí se proveerán de Erramientas hechas, í el fierro 
ú azero que necesitan, i tampoco se puede permitir todavía 
este Comercio amplio por ser en perjuicio de nuestra Repú- 
blica saliendo á Reino extranjero, sea Numerario, 6 frutos 
que deben quedar entre nosotros mismos, lo que con el aca- 
tamiento que debo lo hago presente á la Superioridad de U. 
S. H. para que usando de la benignidad de Padre para con 
estos Subditos se digne siendo de su Superior agrado man- 
dar que no se impida el Comercio de cuchillos, fierro i azero 
que es tan necesario para la labranza de estos Montes de 
cuyos frutos subsistimos todos, ó lo que sea del mejor agra- 
do de esa Superioridad. 

Tengo la honra de ofrecer á US. los sentimientos de mi 
ma3'or respeto i beneración. 

Nicolás Arrióla, [Ij 



1823 



Orden al gobernador de Malnas para que solo obe- 
dezca las disposiciones emanadas do la presl» 
dónela do TruJIllo. 

Presidencia de Tnijillo 



Marzo, 14 de 1823. 

Por la nota de U. de 21 del próximo pasado Febrero, 
quedo Impuesto que el Gobernador de Chachapoyas le pidió 
los Fuciles bobrantes de esa Guarnición, i que U. le remitió 
seis, i una Bayoneta que se pudieron recojer de los prófugos 
que se les presentaron. Para lo sucesivo tenga U. entendí- 



[i] Documento del archivo especial d^ líi^ite?.— Sección Ecuador.r-^iglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta No. 9. — No. 490. 



- 273 - 

do que no debe dar cumplimiento á órdenes que no sean in- 
mediatamente de esta Presidencia, 6 referente A ella. 

Tengo la satisfacción de exponer á ü. los sentimientos 
de mi distinguido aprecio. 

Juan Salazan 

Señor Gobernador del Partido de Mainas. [1] 



1823 

Tenientes gebernadores existentes en Mainas. 

Gobierno Político de Mainas 

Moyobamba, 6 de Junio de 1823. 

Muí Ilustre i Honorable Señor Presidente Don Juan Sala- 
zar: 

Obedeciendo lo que se sirve U. S. H. prevenirme por su 
Superior orden de 14, de Junio próximo pasado hago pre- 
sente que en este Partido tengo tres Tenientes Goberna- 
dores el uno de ellos que está hecho cargo de todos los 
Pueblos de la Misión Alta i baja de lo interior de la Pro- 
vincia de Mainas, i es Don Carlos del Castillo; otro que 
está hecho cargo de todos los Pueblos de las combercio- 
nes del Río Guallaga, i es Don Francisco Bermeo, i el últi- 
mo está hecho cargo de la Ciudad de Lamas, Pueblo de Ta- 
rapoto, con los demás de su comprensión i es Donjuán Bau- 
tista Dávila la que queda obedecida i cumplida la Superior 
orden que he recibido. 

Tengo el honor de rendir á U. S. H. los sentimientos de 
mi mayor respeto i veneración. 



Dios ffuarde á U. S. H. 



o 



Dionicio Cabeza Enriquez. [2] 



[ij Documento del archivo especial de límites.— Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — ^Carpeta No. lo. — No. 536. 

[2] Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo KIX, repú- 
hlica. — Carpeta No. 9. — No. 490. 



— 274 - 



1825 

Decomiso do la zarza quo so oxtralga dol rio Ñapo 
sin llconcla dol gobornador do Malnas. 

República Peruana 



Gobierno Político de Mainas 



Moyobamba, Febrero 4 de 1825. 

Al Gobernador de las Misiones. 

Se me ha dado parte que el Inglés Miguel Ramos á subí, 
do para el Río Ñapo á acopiar cantidad de Zarza; preven- 
drá V. al Teniente que destine para Cochiquinas, i al de Lo- 
reto le decomisen toda la Zarza por no haber tenido licencia 
de esta Intendencia. 

De dicho Comiso ó cantidad de Zarza, se harán cuatro 
partes, la una de ellas para el Teniente que decomise, la otra 
para V. dándome V. parte de los resultados. 

Dios guarde á U. 

Damián Nájar. ( 1 ) 

P. D.— Creo que ningún Teniente solo podrá hacer deco- 
miso, por las fanfarronadas del Inglés, i me parece conve- 
niente que V. averigüe donde se halla para mandar de aquí 
un Sargento i ocho hombres de confianza á que hagan el de- 
comiso i lo traigan preso al Inglés. 



(i) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIV, repú- 
blica. — Carpeta No. 9. — ^No. 489. 



- 275 - 



1825 

» 

El subprefecto do Malnas pide el establecimlonto de 
guarnicienes militaros en Loreto i Putumayo. 

Gobierno politico de Mainas 

Moyobambs^, 21 de febrero de 1825, 

Al Honorable »eñor Prefecto del Departamento. 

H. S. 

Es de mi dever poner en noticia de esa Superioridad que 
esta Provincia es fronjterisa á los portugueses por la de Lo- 
reto con Tavatinga i por el Putumayo con la voca djcl Iza, 
las cuales por nuestra parte han. estado acéfalas más de 4 
años con motivo de la guerra, i por la de lo»s portugueses 
han estado como siempre guarnecidas sus fronteras, i faltan- 
do la correspondiente guarnición en nuestras fronte^ras tie- 
nen los portugueses amplios los ríos para introducirse á 
nuestro territorio á sacar zarza i á los indios infieles para es- 
clavizarlos i considerando que, con la conclusión de la guerra 
ya tendrá el Estado algún desahogo siendo US. servido pue- 
de disponer se pongan los dos Destacamentos que son mui 
precisos para no permitir la introducción de los portugueses, 
estorvar la saca de los infieles i sarza, i por consiguiente evi- 
tar el perjuicio de los pueblos inmediatos á una nación ex- 
tranjera. 

Dips guarde á US. 

Damián Nejar. (1) 



[t] Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 9. — N&mero 595. 

35 



— 276 — 



182 



5 



Extracción da zarzaparrilla da los tarrltorlos dal Ñapo 

Gobierno de laa misiones 

Balsapuerto, 18 de julio de 1825. 

r 

AI señor intendente de la provincia. 
S. I. 

Recibí el superior oficio de V. S. de 13 del corriente en el 
que se persuade sobre la marcha que ha emprendido al río 
Ñapo don Alexo Kenxifo, á diligencia de saque de zarza á lo 
que contesto, que quando bino de Moyabamba trajo su pa- 
saporte con destino al río Ñapo en virtud déla contrata que 
hizo con Doroteo Arebalo en esa ciudad parahirá sacar zar- 
za en dicho río más como Arébalo mudo de parecer luego 
que llegó á este punto, quedó Renxifo plantado, i bajó con 
destino á Taba tinga con sus tocuyos, i después por no 
haver podido hender sus tocuyos subió por el mencionado 
río según he sabido no se con que fin, que creo hará con des- 
tino á sacar zarza, pero este gobierno ignora por cuyo mo- 
tibo no tengo dado á V. S. el oportuno parte para su cono- 
cimiento. 

Que el dicho don Alexo saca zarza en virtud de lo que 
trató en esa capital con Arébalo siempre se ha de saber las 
arrobas que tenga sacado, por hallarse el teniente de Pevas 
i Cochiquinas prolijamente encargados para el celo de los 
negociantes de este efecto, cascarilla, i bálsamo de copaiba 
que espero darán cumplimiento para según ello poner en 
noticia de V. S. 

Dios guarde á V. S. 

Carlos del Castillo. (1) 



4 1 1 Documento del aarchivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Número 491. — Carpeta 9. 



— 277 - 



1825 

Se dé el título de gobernedores á loe entiguoe tenien- 
tee de loe puebloe. 

República Peruana 
Gobierno político de Mainas 

Moyobambay 20 de agosto de 1825, 

Al gobernador de las misiones de Mainas. 

Estando ya abolida la denominación de tenientes de 
pueblos, cuya denominación actual es de gobernadores, ha- 
rá V. entender á'todos los tenientes de esas misiones que de 
hoi en adelante se titularán de gobernadores de los pueblos 
i todos mantendrán la misma sugesión que hasta aquí al 
governador de la provincia como á su gefe inmediato á quien 
no se le restringe ninguna de las facultades de que está en 
poseción, ló que tendrá V. entendido para su cumplimiento. 

Dios guarde á U. 

Damián Nájar. (1) 



(I) Documento det archÍTO especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
publica. — Carpeta 9. — Número 489. 



- 278 — 



1827 



Excensión da contribuciones ¿ los habitantes efe Mal- 



PRIMBRA. NOTA DEL PREFECTO DE LA LIBERTAD 



República Peruana 



Prefectura 
del departamento de la Libertad 



Bolívar, á 12 de enero de 1827. 
Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

S. S. 

En Vista de la nota de US. nú hiero 104 en qae me comu- 
nica él Estado de esa provincia, le contesto que según lo que 
tengo comunicado en el correo anterior S. E. el Supremo Go- 
bierno se ha servido exonerarla de la contribución i de cual- 
quiera otro impuesto que se le haya hecho. En esta virtud 
procederá U. con la prudencia i celo que acostumbra aredu- 
cir esos habitantes al buen orden que deven observar, i cui- 
dar de que se restituyan á sus hogares los que los habían 
abandonado. 

Dios guarde á U. 

Luis José Orhegoso. (1) 



( 1 1 Docuraetíto del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
páblica. — Carpeta to. — Número 537. 



- 279 — 



'segunda nota 



República Peruana 

Prefectura 
del departamento de la Libertad 



Bolívar, á 14 de febrero de 1827. 

Al señor intenáente de la provincia de Mainas. 

S. I. 

La botidad con qué la Stípréttia Autoridad de la Repúbli- 
ca se ha servido exonerar ft esa*provinGÍa del establecimien- 
tf) de contribuciones i de qualquiera otra pensión, no debe 
influir en que* los ha vitantes de ella sé entreguen al ocio i á 
los VíciOís sino at contrario libres de toda carga, les to<?a 
unii«6e en sociedad, mejorarse, tfatar de ilustrarse, de culti- 
var la ttefía, i de adquirir todo» género de industria, medios 
unióos de llagar á la felicidad, á que aspiramos innatamente. 
Yo eápero que ü. poniendo en- ejercicio su amor por la huma- 
nidad, su zelo por el servicio i sus fervientes deseos porla 
prosperidad del territorio que manda, contribuya eficas- 
mente á que esos miserables havitantes lleguen algún día á 
reconocer la dignidad del hombre, i á ser útiles al Estado de 
que dependen. 

Dids guarde á ü. 

Luis José Orbegoso, (1) 



(i) Doctimetito del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta lo. — Número 527. 



— 280 - 



TERCERA. NOTA 



República Peruana 
Prefectura del departamento 



TrujillOf septiembre de 1827, 

Al señor intendente de la provincia de Mainas. 

S. I. 

Transcribo á U. para su inteligencia i efectos consiguien- 
tes lo que en 18 de agosto último me dice el señor ministro 
de hacienda. 

"S. E. el Vice-presidente de la República en vista de la 
nota de US. de 26 de junio último número 113 en que mani- 
fiesta baver suspendido en la provincia de Mainas, el uso de 
papel sellado por los motivos que en ella expresa: Se ha ser- 
vido declarar con fecha de hajer exenta por ahora del uso 
del papel sellado á dicha provincia según lo acordó US. pro- 
visionalmente." 

Lo comunico á US. para su inteligencia i consiguientes 
efectos. 

Dios guarde á U. 

Mañano Castro, (1) 



fi] Documento del archiyo especial de límites. — Sección Ecuador. ~ Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta lo. — Número 527. 



— 281 — 



CUARTA NOTA 



República Peruana 

Prefectura 
del departamento de la Libertad 



Trujillo, septiembre 7 de 1827. 

Al señor intendente de la provincia de Mainas. 

S. I. 

Con esta fecha digo á los señores administradores del 
Tesoro público lo que trascribo á U. para su inteligencia i 
ñnes consiguientes. 

''Acompaño á USS. la fianza que tiene prestada por pa- 
pel sellado el intendente de la provincia de Mainas, para que 
con respecto á estar esta exenta por ahora del uso de dicho 
artículo en virtud de suprema orden de 18 de agosto próximo 
pasado se sirvan USS. proceder á la liquidación de la cuen- 
ta que por este ramo tenga aquel intendente i á la chancela- 
ción de la espresada fianza en caso de no resultarle cargo al- 
guno." 

Dios guarde á U. 

Mariano Castro, (1) 



12) Documento del afchivo espacial de liiñites. ^ Sección Bcaaáof . — Si^le XlX, rep¿> 
bticfei. ■» Carpeta lo. — Kómero 527. 



282 - 



i8aQ 

Prohibiendo el trabajo forzado do los indigoaas 

Bando 
DON CARLOS DEL CASTILLO 

SUBPREFECTO CüNSTITUCIONAIv PEI^APROVIfCCIA DE M.AINAS, & 

Por cuanto: 

La Suprema Magistratura de la República §^ ha digna- 
do confirmar la elección que la honorable Junta Departa- 
mental há producido en mi persona pai:a la administración 
política de esta provincia, i siendo notorio que todos Ips ha- 
vitantes de las misiones de Mainas sufren una horrorosa 
servidumbre bajo el yugo inflexible de lo^ tenientes governa- 
dores; i otros comisionados que no les permiten d^sfru^bar de 
las inmensas bentajas que 1/es concede ta carta magna del 
Estado, i siendo un deber mío hacer se practiquen al pié de 
la letra, i con la mayor religiosidad todos sus artículps. 

Por tanto: 

l'^ — Todos los indígenas que se hallen ocupados en la 
extracción de zarza, ú otros renglones que producen esas 
montañas á la fuerza involuntariamente quedan libres de 
este ejercicio, 6 de cualquiera otro á que hayan sido contraí- 
dos sin su pleno consentimiento; 

2^ — Los tenientes governadores bajo la más estricta 
responsabilidad averiguarán escrupulosamente quantos in- 
dividuos de la clase indígena se hallan ocupados en los.CQD- 
tracciones del artículo anterior, i darán cuenta áeste govier- 
no oficialmente, de la misma suerte que todos aquellos á 



- 283 - 

quienes no se les hubiere pagado, á efecto de que se verifique 
la recompensa de pus trabajos. 

39 — Los tenientes gobernadores serán altamente res- 
ponsables, á esta magistratura si en los subcecivo fuere ocu- 
pado algún indígena contra su voluntad, i sin preceder la 
satistacción del trabajo que comprendieren. 

Publiquese por bando en todos los pueblos, i fíjese en los 
lugares acostumbrados. . 

Dado en Moyobamba, á 20 de febrero de 1830. 

Carlos del Castillo, (1) 



1830 

Amenaza de los salvajes al pueble de Santiage 

República Peruana 
Gobierno de las misiones 



Balsapuerto^ 10 de marzo de 1830. 



Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 



Señor sub-prefecto: 

En este momento acabo de recibir el adjunto parte que 
incluye á US. para su conocimiento en que el gobernador inte- 
rino de Santiago da parte á este govierno para que impues- 



I) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta 5. - Número 434. 

36 



— 284 — 

to de ellos5 tome US. las providencias que sean necesarias; 
previniendo á US. que en el acto que recibí este parte oficié 
al dicho governador como al de Borjq, para que ambos uni- 
dos con sus gentes defiendan sus poblaciones, en caso de po- 
derse defender, i no fuese tan crecido número de bárbaros, i 
den ambos prontamente los partes de quanto ocurra á este 
govierno. 

Dios guarde á US. 

José Manuel Rengiío. (1) 



PARTK A QUE SE REFIbRE LA ANTERIOR NOTA, 



República Peruana 



Govierno Accidental de Santiago 



Febrero 15 de 1830. 



Al Señor Governador de las Miciones: 

Mi adorado gefe; con esta fecha se compareció el enemi- 
go de este Pueblo que siempre lo ha tenido amenazado al 
Cristiano, que es la nación del infiel Anacuni, estos en otro 
tiempo han sido amigos haora que entre infieles se han com- 
pactado con la nación del Patuca quieren matar al Cristia- 
no, por tres beses hemos tenido noticia dequeestán incorpo- 
rados entre ellos para heñirse ya á la pelea, i como los del 
Pueblo tienen de amiga á la nación de los Guambisas ellos 



[i I Docjmcnto dw*l archivo especial de límites. — Sección lícuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta lo, — Nóir.ero 5J2. 



- 28o - 

clan abiso al Cristiano para que esté prebisto, y efectiba- 
mente en esta ocasión quando abisen hemos estado esperan- 
do por hoi ó mañana, i el día de hayer estando un hombre 
en su tambo lo han hallado los infieles quatro que se han be- 
nido de espías, i aquel hombre que ha estado en su tambo bi- 
no como Dios lo hayudó» á dar abiso; i no bien se supo sa- 
lió dies i siete hombres en seguimiento de esos quatro Infie- 
fieles. lo han hallado i lo han muerto, i para que U. lo sepa 
^e abiso que le han saqueado los que lo han muerto una Ba- 
lloneta, dos cuchillos y dos Rejones i una sobretana, i ahora 
estamos esperando que llegue la tropa de los Bárbaros á 
aniquilarnos, porque la Balloneta le ha dado el Patuca que 
en un tiempo han muerto cinquenta soldados de Macas, i 
mas han traido una casaca de hilo colarado i una Gorrita 
de terciopelo en seda con sus frangas amarillas que el patu- 
ca le ha dado al anarnui haciéndole amigo i conforme lo hi- 
cieron á los soldados nos quiere hacer á nosotros, su contes- 
tación puede ser que llegue después de la pelea; si apurase el 
enemigo, al Governador de Borja no le quiero pedir aucilio 
porque en días pasados le escribí pidiéndole un fabor de 
que lo atage á todo el que se presentase en su juzgado sin su 
pasarporte porque la gente de este pueblo cada bes que se 
emborracha dice que ba a bibir en Limón sin que nadie le 
conseda licencia, i me contestó^ diciendo que no tiene por 
que atajarlos que el no tiene cuenta con la gente de otro juz- 
gado. 



Dios guarde á U. 



o 



Benseslao Gomes. (1) 



Ul Documento del archivo especial de limites. ^ Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta lo. — Número 532. 



— 286 — 



1830 



Ordenando auxilios al gobernador de Santiago. 



República Peruana 



Subprefectura de Mainas 



Moyobamba, Marzo 20 de 1830, 



Al Governador de las Misiones. 

Instruido en la comunicación de U. de 10 del presente en 
qne me incluye la nota del Gobernador de Santiago debo 
debir á U.: que inmediatamente, i con un Propio Dolando 
circule U. á los Governadores de Borja, Barranca i San An- 
tonio presenten con la prontitud posible todo el aucilio que 
necesite el Governador de San Santiago para contener á los 
Infieles que le anuncian bajo la mas extricta responsabilidad 

remitiendo toda la gente considerante, i las Armas que pue- 
dan, esto es las que se unan por ella, i que procuren rechazar 

cualquiera imbación que los Bárbaros intenten. Que dirija 
la Expedición los Governadores de Santiago i Borja unidos ^ 
i sin diferencia ni cuestión alguna que cause desobediencia 
previniéndoles que procuren no hacer mortandad sin funda- 
mento, únicamente prender á los que se pueda, i que vivos i 
sin maltratarlos los remitan á U., i U. á esta Sub- Prefectura 
para disponer de ellos sean de la edad que se fuesen, dando á 
U. continuos avisos para que U. me los comunique oportu- 
namente. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. ( 1 ) 



'il Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 5. — Número 434. 



— 287 — 



1830 



Auxilios ai gobernador do Santiago para que defien- 
da ese pueblo de la agresión de los salvajes. 

Rcpóblica Peruana 
Govierno de las Miciones 



Balsapuerto, 14 de Abrilde 1830, 

Al Señor Sub- Prefecto de la Provincia de Mainas. 
Seiior Sub-Prefecto: 

Sinembargo de haber ya circulado tina ordena los Go- 
vernadores de San Antonio, Barranca iBorja para qae auci- 
lien con la Gente que puedan y Armas al Governador de San- 
tiago; luego que recibí la orden superior de US. fecha 20 del 
próximo pasado les he vuelto á circular previniéndoles cura- 
plan exactamente con todo lo prevenido en dicha superior 
Orden lo que pongo en conocimiento de US. 



Dios Guarde á US. 



José Manuel Rengifo. (1) 



(I ) Documento del arí^bivo especial de limites. —Sección Ecuador. —Sigo XIX, repú- 
blica—Carpeta lo— Número 532. 

37 



— 288 — 



1830 



Primer nombramiento de gobernedor para el pueblo 
de Nauta. 

República Peruana 



Subprefectura de Main as 

Moyobamha, 30 de Abril de 1830. 

Al ciudadano Juan Gorendi. 

Consultando esta Sub- Prefectura el mejor orden i arre- 
glo en los Pueblos de la Provincia que la componen porque 
esta es una de las reglas i ordenes del Gobierno, ha tenido á 
bien nombrar á U. Gobernador Interino del nuevo Pueblo 
nombrado Nauta que mi antecesor Don Damián Nájar con- 
cedió licencia [1] para formarlo á los Indígenas Cocamas 
del Pueblo de la Laguna; encargándole procure constituir- 
los en el mejor orden, arreglando el Pueblo por sus Calles, 
Plaza i Caminos, entradas i salidas, usos i costumbres, i ser- 
vidumbre; entablándoles á que sus Casas sean de bastante 
consistencia i formalidad, que no duerman en los Montes si- 
no en sus Casas, no en el suelo sino en Barbacoas i que final- 
mente deba U. encaminarlos á la observancia de costumbres 
civilizadas i no bárbaras: previniéndole que de todo dé cuen. 
ta á esta Sub-Prefectura oportunamente. 

Cuide ü. de enseñar la DoctrÍLa menor á los niños todos 
los días i los Grandes miércoles i viernes, i el Rosario la no- 
che del Sábado i Domingo. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. [2] 



[i] véase dicha licencia en el capitulo "Obras públicas" de uno de los siguientes to16- 
mcnes. 

I2| Documento del archivo especial de límites — Sección Ecuador — Siglo XIX, repú- 
blica — Carpeta 5 — húmero 434. 



— 289 - 



1830 



Persecución de los salvajes que amenazaban los 
Pueblos de las misiones altas. 



Nota-circular á los gobernadores de misiones, Santiago, 

Borja, etc. 

RepábUca Peruana 
Sábpreíectura de Mainas 

Moyohamha, Julio 30 de 1830. 

Al Gobernador de las Misiones, Santiago, Borja, la Barran- 
ca i San Antonio. 

Al oficio de V. que con fecha 14 del presente me dirige 
acompañándome las notas del Gobernador de Santiago he 
proyectado el decreto que sigue. (Aquí el Decreto.) I lo 
comunico á V. para que sin demora ordene V. se efectúe la 
correría de infieles mandada, cuidando de que nadie tome 
para sí, ninguno de los indios que se agarraren sino que to* 
dos los pongan á disposición de V. en Balsapuerto para de 
allí disponer de ellos este Gobierno atendiendo siempre el 
mérito de los sugetos que los hayan sacado, su providad, 
caridad i buenas costumbres, en beneficio de la humanidad 
que necesita civilización i Doctrina de que me dará V. el 
oportuno aviso. 

Dios guarde á V. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



(U Documento del archivo especial de lfixiites>~Secci6n Ecuador— Siglo XIX, república 
—Carpeta 5— Número 434. 



- 290 - 



NOTA AL GOBERNADOR DB SANTIAGO. 



Repúbica Peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobambay Julio 30 de 1830. 

Al Gobernador de Santiago. 

Al oficio de U. que con fecha 19 de Jtinio me dirige, he 
proveído el decreto que sigue. (Aquí el Decreto.) I lo comu- 
nico á U. para que sin pérdida de tiempo ponga en planta 
la correría que se ordena, quedando responsable á los per- 
juicios que ocasionare su demora; pues para ello se oficia 
con esta fecha á los demás Gobernadores á fin de que lo 
auxilien, como está mandado: cuidando al mismo tiempo 
que persona alguna estravíe á ningún individuo de los que 
se tomaren, sin que este Gobierno tenga conocimiento de 
ello en beneficio de la humanidad pues todos los que se 
agarraren los pondrá U. en Balsapuerto á consignación del 
Gobernador de las Misiones para disponer de ellos con arre- 
glo al mérito de los individuos que los hubiesen tomado i 
quisieran educarlos i doctrinarlos. 



Dios guarde á U. 



Carlos del Castillo Rengil^* • [^3 



li] Documento del archivo especial de límites—Sección Ecuador— ^iglo XIX, repúbli- 
ca—Carpeta 5— Número_434. 



- 291 



SEGUNDA NOTA AL GOBERNADOR DE SANTIAGO. 



República Peruana 
Subprefecttira de Mainas 



Moyobamba, Octubre 19 de 1830. 



Al Gobernador de Santiago. 

Impuesto en la nota de U. de 8 de Setiembre debo decir- 
le: Que inmediatamente Jes intime U. á los Gobernadores 
que relata mi nota de 30 de Julio, lo auxilien segán se pre- 
viene, sin escusa, ni pretesto alguno, porque en caso de in- 
subordinación serán penados á proporción de su apatía, 
quedando responsables de los daños que ocasionaren los In 
fíeles invasores de aquel Pueblo Cristiano, que necesita ser 
auxiliado de la Fuerza Pública de esos Distritos comarca- 
nos: Cuidando U. al mismo tiempo el cumplimiento de to- 
dos i cada nno de los Puntos de que habla mi referida nota 
de 30 de Julio, porque hacía responsable i especialmente en 
que los Indios que se pudiesen tomar de cualquiera edad i 
sexo que fuesen, los remitan sin sacar ninguno, á disposi- 
ción del Gobernador de Balsapuerto, como está mandado. 



Dios Guarde á U. 



Carlos del Castillo Rengifo. [1] 



fi] Documento del archivo especial de Kmitea — Sección Ecuador— Siglo XIX. repúbli- 
ca—Carpeta 5—434. 



— 292 - 



TERCERA NOTA AL GOBEI<;^ADOR DE SANTIAGO 



República peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobümba, noviembre 19 de 1880, 

Al governador de Santiago. 

Contestando la nota de U. de 21 de octubre debo decir: 
Que inmediatamente compela U. á los gobernadores de Bor- 
ja, la Barranca, i San Antonio para que lo au filien á U. pa- 
ra el cumplimiento de lo mandado en mi nota de 30 de julio, 
sin escusa ni pretesto alguno, i á la ma^-or brevedad porque 
serán responsables á los daños que el pueblo experimente i 
la apatía i descuido con que cumplan con las órdenes que se 
les comunican i de su resultado, me dará U. aviso. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo, (1) 



(I) Doeuirtento del afchivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica . — CariHíta 5. — Número 454. 



— 293 — 



NOTA AL GOBERNADOR DE BORJA 



República peruana 
Subprefectura de Main as 



Moyobamba, noviembre 19 de 1830. 

Al gobernador de Borja. 

Contestando la nota de U. fecha 23 de octubre debo de- 
cirle: Que procure U. hacerse allí de partido i conocimiento 
con aquellos vecinos, tratándolos con filantropía i pulso, 
dando sus órdenes á los curacas i que ellos manden obe- 
decerle; teniendo entendido que es preciso tolerar al- 
go para grangear mucho. La Laguna está ya proveída de 
gobernador que lo és don Santiago Lozano i no ha renun- 
ciado su destino; por esto es que tratará U. de conformarse 
mientras hai otro gobierno que vaque, que entonces se le as- 
cenderá. 

Así mismo auxiliará U. al gobernador de Santiago por 

quanto se tiene ordenado á U. en mi comunicación de 30 de 

julio que ya debe de haberle entregado su antecesor, sin que 

haiga escusa alguna á fin de cortar los males que padecen 

esos pueblos con los infieles vecinos. 

t 
Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



(I) Documento del archiro especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo Xtt, repü 
blica. — Carpeta 5. — Número 434. 



— 294 - 



CUARTA NOTA DEL GOBERNADOR HE SANTIAGO 



República peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobambíiy 30 de noviembre de 1830. • 

Al gobernador de Santiago. 

Contestando la de U. su fecha 1^ del presente debo decir- 
le: que transcriba U. esta á los gobernadores de Borja, la 
Barranca, i San Antonio, por la cual se les obliga i ordena á 
que presten á U. todo el auxilio que necesite para ahuyentar 
á los inñeles dañinos que acosan al distrito de su mando, i 
proporcionándole gente bíberes la nuficiente para la empre- 
sa; i en caso que ninguno quiera auxiliarlo, me dará U. par- 
te con la contestación de ellos para quitarlos i remitir otros 
que sepan cumplir con lo mandado i sean más buenos ciuda- 
danos obedientes al erobierno sobre todo: compélalos U. al 
efecto valiéndose de todos los medios prudentes que le su- 
giera un buen zelo i actividad; pues para ello se le confería 
la autoridad suñciente, á fin de que procure U. tranquilizar 
su distrito i restablecer el orden; auxiliándose con los viage- 
ros, comerciantes i demás que hubiesen, por allí, á nombre 
de la Nación: i de que dará cuenta oportunamente, según 
i como se le tiene ordenado. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



( I ) DocunMffito del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo xix, repú- 
blica. — Carpeta 5. — Número 434. 



- 295 - 



NOTA AL GOBERNADOR DE MISIONES 



República peruana 
Sabprefectura de Mainas 



Moyobamba^ diciembre 11 de 1830. 

Al gobernador de las misiones. 

En vista de lanotadeU. fecha 29 del pasadodebo decirle: 
Que inmediatamente apure U. á los gobernadores de la Ba- 
rranca, Borja, i San Antonio ocurran prontamente á soco- 
rrer i auxiliíir al gobernador de Santiago para auyentar á 
los inñeles que los persiguen i amenazan con muertes i demás 
estorciones que se me han representado: i en caso de 
desatendencia de dichos gobernadores, déme U. parte para 
quitarlos i mandar otros que sepan cumplir con las ordenes 
del gobierno. 

Transcríbales U. esta i derae parte de sus resultados. 
Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



d» Documento del archivo especial de limites. — Sección Bcuador. — Siglo xix, rep6- 
blica. — Carpeta 5. — Número 434. 



— 296 - 



EL GOBERNADOR DE MISIONES AL SUfiPREFECTO DE MAINAS 

República peruana 
Gobierno de las misiones 



Balsapuerto, 22 de agosto de 1830. 
Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

Señor subprefecto: 

Tan luego como recibí la superior orden de V. S. fecha 
30 del próximo pasado (1 ) la circulé á los gobernadores de la 
misión alta para que se reúnan con todos los vecinos, á dar- 
le aucilio al gobernador de Santiago, i este los comande á 
todos, i los persigan á los gentiles hasta botarlos de sus do- 
minios; i á todos los que puedan empuñar del sexo ó edad 
que fuese los remitan á este gobierno dando los partes más 
veloces á este de quanto ocurra. 

Dios guarde á US. 

José Manuel Rengifo. (2) 



(I ) Véase en la página 2S9. 

(a) Documento del archivo especial delimites. —Sección Kcaador. — Siglo xix, repú- 
blica. — Carpeta 10. — Número 532. 



— 297 - 



1830 

Facultades que marcan las atribuciones de los Go- 
bernadores del Interior de esta Provincia de Mal- 
nas con arreglo á las leyes de la nación, dadas 
por esta sub-Preffectura de Malnas. 



Artículo f^— Estando el Gobierno Político de cada Dis- 
trito, según el artículo 134 de la Constitución á cargo de un 
ciudadano denominado Gobernador bajo la inmediata de- 
pendencia del Sub-Prefecto, reside en él la Superior Autori- 
dad dentro de su Distrito para cuidar de la tranquilidad pú- 
blica: del buen orcen, de la seguridad de las personas i bie- 
nes de esos habitantes: de la Execución de las Leyes i de las 
órdenes del Gobierno i en general de todo lo que pertenece al 
orden Público i prosperidad del Distrito; i así como será res- 
ponsable de los abusos de su autoridad, deberá ser también 
puntualmente obedecido i respetado de todos. 

Art. 2^— Los Gobernadores son independientes unos de 
otros i no pueden corresponderse entre sí, sobre negocios ge- 
nerales. 

Art. 3*^— No solo podrán ejecutar gubernativamente las 
personas impuestas por las Leyes de Policía i Bandosdebuen 
Gobierno sino que tendrán facultad para imponer i exijir 
multas á los que les desobedezcan 6 les falten al respeto i á 
los que turben el orden i sociego públicos. 

Art. 4^--Corregirán verbalmente las faltas ligeras de 
los tuncionarios de su dependencia: en las graves podrán dar 
parte á la Sub-Prefectura para que esta mande se les forme 
causa i con pruebas justificadas, sobre mala versación de los 
intereses del Estado, podrán suspenderlos, dando cuenta al 

Sub-Prefecto para que este dé aviso al Prefecto del Departa- 
mento. 

Art. 5^— El Gobernador tendrá su residencia en la Capi- 
tal del Distrito ó cualquiera de sus Pueblos anexos, con tal 
que no pueden abandonarlo libertosamente, sin licencia de 



- 298 - 

la Sub- Prefectura 6 por motivos muí rigurosos, en que no 
puedan sostenerse á toda costa. 

Art. 6*^— Los Gobernadores para mantener el orden Pú- 
blico podrán disponer de la Fuerza Pública que la componen 
los Alcaldes, Comisarios, i ministros, en donde no la haya 
expresamente instalada i en los Pueblos de Neófitos, los Cu- 
racas i Justicias 6 de la Milicia Nacional existente dentro del 
territorio de su mando, que se compone de todos los Ciuda- 
danos del Pueblo. 

Art. 7^ — En los casos de Sedición 6 Conmoción Popular 
darán las providencias necesarias, para que la Fuerza Públi- 
ca los contenga, pidiendo si fuere necesario el competente au- 
xilio á los Gobernadores inmediatos, á la Sub- Prefectura ó 
al Comandante de Armas; arrestando á los perturbadores 
conforme á lo prevenidoen el artículo 139 de la Constitución, 
poniéndolos á disposición de sus respectivos Jueces i dando 
aviso á la Sub Prefectura para que ella dé aviso al Supremo 
Poder Ejecutivo. 

Art. 8^— Si aconteciese invación súbita de enemigos exte- 
riores en los Territorios de Fronteras ó de Inficiesen los Pue 
blos Cristianos, lo avisarán los Gobernadores á la Sub-Pre- 
fectura para que se mande expresamente repeler por la Fuer- 
za Pública existente en esos Distritos i sino hubiese gente 
bastante, pedirán auxilio á los Gobernadores inmediatos, 
con la que se irán sosteniendo, mientras se revuelve lo con- 
veniente i si por algún caso ó acontecimiento tomasen algu- 
nos prisioneros durante esta espera, lo remitirán á disposi- 
ción de esta SubPrefectura sin excusa ni pretexto alguno, 
porque en caso de darles dirección, serán responsables. 

Art. 9*^ — Cuidarán de que los caminos públicos estén se- 
guros i libres de mal hechores, haciéndol'^s perseguir activa- 
mente con Partidas de la Fuerza Pública, que la componen 
los mismos habitadores de los Pueblos, bajo la responsabili- 
dad de cualquier mal que por su desatandencia resultare. 

Art. 10.— Harán se publiquen en la Capital, de sus Dis- 
tritos las Leyes i Decretos que se expidiesen por el Congreso 
i el Gobierno i que se guarden, cumplan i ejecuten inviolable- 
mente, acusando recibos de todos los que se Ins remitiere. 

Art. 11. — Los Gobernadores serán el conducto por don- 
de el Sub- Prefecto comunicará las Leyes, Decretos i órdenes 



— 299 - 

que hubiesen de publicarse e» sus Territorios, cuidando de 
su observancia i de mantener el orden i tranquilidad de sus 
Distritos, para lo cual podrán valerse del apremio, del arres- 
to i multas i pedirán el auxilio de la Fuerza, si fuere necesa- 
rio, consultando al Sub-Prefecto las dudas que se le ofrezca i 
haciendo cumplir las órdenes que éste comunicare. 

Art. 12.— Cuidarán raui particularmente unos i otros 
que en sus territorios no existan vagos 6 mal entendidos, 
perturbadores de la tranquilidad Pública'i seguridad del Go- 
iíierno i si los hubiere, darán parte á la Sub- Prefectura para 
resolver lo conveniente. 

Art. 13.— Corresponde á los Gobernadores visar los pa- 
saportes que lleven los comerciantes i los viajeros de países 
extranjeros i cuando les ocurra alguna duda en ellos, la con- 
sultarán á la Sub-Prefectura para que se resuelva lo conve- 
niente: deteniendo á los individuos para que no pasen ade- 
lante, intertanto se dispone. 

Art. 14.— Cuidarán de proporcionar bagajes, alojamien- 
to i subsistencias á los comerciantes i viajeros, cuidando que 
sean pagados con arreglo á las costumbres que rigen i á los 
aranceles de la Provincia. 

Art. 15— Deberán los gobernadores remitir á la Subpre- 
feccura cada seis meses una razón de los nacidos, muertos, 
casados en todo su distrito, para que se puedan tener á la 
vista en caso necesario, dando igualmente noticia délos des- 
cubrimientos i casos maravillosos que ocurran. 

Art. 16.— Así mismo informarán cada mes sobre el nú- 
mero de indígenas de uno i otro sexo, que quedaran huérfa- 
nos de padre i madre, desde los recién nacidos hasta la edad 
de 21 años, puntualizando su edad i circunstancias: cuidan- 
así mismo que se reúnan todos dos días de la semana en los 
templos á rezar é instruirse en los dogmas de la religión ca- 
tólica i buena moral. 

Art. 17.— Teniéndose en consideración la inercia de los 
indios para el trabajo i que por este motivo, viven desnudos, 
entregados al ocio i á la más espantosa miseria, de que pro- 
viene su ninguna civilización i su desdichada muerte, porque 
se alimentan de reptiles venenosos i frutas montaraces i da- 
ñosas. Los gobernadores cuidarán de proveer cada cuatro 
meses de peones á esta ciudad, según costumbre, asignando 

39 



— 300 — 

á los sujetos que se los pidiesen el competente numero de 
ellos- en clase de expedicionarios: igualmente á los comer- 
ciantes para la importación de sus empresas, cada i cuando 
los pidan, cuidando sí, que sean pagados honradamente i 
según los aranceles de la provincia. 

Art. 18.— Deben proteger por todos los medios que estén 
á su alcance el libre ejercicio del comercio, sin mesclarse la 
autoridad en monopolios, ni contratos con los comercian- 
tes, que miren á la opresión de los pueblos, ni á constituirse 
comerciantes en lugar de magistrados: no por esto queda pri- 
vado el gobernador de procurar por medios legales de su 
subsistencia, en fuerza de no tener sueldo, ni aún para gas- 
tos de escritorio; pero con tal atención que á nadie se le de- 
fraude lo que legítimamente le pertenezca, ni se le obligue á 
la fuerza á comprar lo que no necesita, sino permitir que to- 
men lo que les fuese útil i benéñco. 

Art. 19. — Cuidarán por lo tanto de que estén reparados 
los puentes i canoas, corrientes de acequias i fuentes: asegu- 
rados los edificios i casas, francas las calles, sin basuras, yer- 
bas ni estorbos de ninguna especie, de acuerdo con los alcal- 
des, municipalidades, curacas i demás justicias. 

Art. 20. — Cuando ocurriese en su distrito epidemias 6 
enfermedades contagiosas ó endémicas, como viruela i otras, 
tomarán los gobernadores las medidas más prudentes para 
su extinción i darán parte á la subprefectura. 

Art. 21. — Pondrán todo esmero en establecer siquiera 
una escuela de primeras letras, tomando los arbitrios posi- 
bles i legales para el que se encargare de ser preceptor, llene 
sus deberes. 

Art. 22.— Cuidarán de las cárceles en su aseo i buen tra- 
to de los infelices que las ocupan i nombrará los alcaides ó 
carceleros. 

Art. 23.— Jamás se denegarán á prestar los informes que 
se les pidieren por autoridades competentes para substan- 
ciar los expedientes ó promover el servicio público. 

Art. 24. — Cuidarán con escrupulosidad el ramo de co- 
rreos, procurando proporcionar conductores, la seguridad i 
rapidez de la correspondencia pública, sin permitir que per- 



— 301 - 

sona alguna tome las cartas para imponerse ni de sus le- 
mas. 

Art. 25. — También celarán los contrabandos i en caso 
de pillar alguno, darán cuenta á la subprefectura. 

Art. 26.— Los gobernadores informarán á la Subprefec- 
tura sobre los individuos que merezcan obtener destinos ci- 
viles en sus respectivos distritos. 

Art. 28.— Estando pues por ahora sometida á los gober- 
nadores la facultad de otorgar todos los instrumentos pú- 
blicos que ocurran entre sus gobernados, solo á ellos toca 
otorgar á falta de escribanos testamentos, poderes especiales 
i generales, laudos, obligaciones, escrituras de venta, libertad 
i compañías, en registro 6 protocolo que para ello formarán, 
dando á las partes los testimonios que pidieren, autorizan- 
do unos i otros con tres testigos de actuación, pero no po- 
drán otorgar estos -instrumentos, cuando ellos mismos sean 
los principales contratantes en dichos documentos i en el 
caso concurrirán á otorgarlos ante el gobernador más in- 
mediato. 

Art. 29. — Cuidarán de que los bienes mortuorios de los 
que mueran en su distrito abintestato se inventaríen i depo. 
siten por cualquiera de los señores alcaldes de las municipa- 
dades, en los pueblos donde las hayan i en donde nó por los 
mismos gobern¿¿dores; que darán unos i otros parte á la 
Subprefectura con el expediente que corresponde para pa- 
sarlo al juzgado de 1* instancia de la provincia i que en su 
vista se resuelva lo conveniente. 

Art. 30.— En los distritos en donde hayan municipalida- 
des, no conocerán los gobernadores de ningún asunto judi- 
cial ya sea de menor 6 mayor cuantía; pues para lo primero 
están facultados los alcaldes hasta la cantidad de 200 pesos 
según la lei de 22 de diciembre de 1829, i para lo segundo 
hai juzgado de 1* instancia en la provincia donde deben ocu- 
rrir los clientes á usar de sus derechos como viere convenir- 
les. 

Art. 31.— En los delitos criminales, leves i graves que 
ocurran, podrán arrestar á los delincuentes; i ponerlos den- 
tro de 24 horas á disposición de los señores alcaldes para 
que como leves los juzguen i del juzgado de 1* instancia de 



- 302 - 

la provincia para que sean juzgados gravemente con arre- 
glo á las leyes, remitiéndoles los antecedentes que justifican 
el delito i sus consecuencias. 

Dada en Moyobamba, i setiembre 12 de 1830. 

Carlos del Castillo Rengifo. ( 1 ) 



1831 

Amenaza da los salvafas al puabio da Santiago 

República Peruana. 
Snbprefectura de Main as. 

N- 37. 

Moyobamhay i marzo de 1831. 

Señor Prefecto del departamento de la Libertad. 

Las notas que tengo el honor de elevar originalmente al 
superior conocimiento de US. manifiestan que los indios 
fieles de la nación Patuca i demás que circundan al dis- 
trito de Santiago han acosado de muerte á los havitadores 
hasta el extremo de hacerlos abandonar su territorio i despo- 
seerse de él; haviendo salido el governador hasta esta capi- 
tal á buscar auxilio, trayendo consigo los santos i demás 
reliquias de la iglesia: hállanse en el mismo peligro, los go- 
viernos de Borja, Barranca i San Antonio la costumbre de 
la infedilidad es, entrar en los pueblos christianos, robar á 
sus moradores, matar á los varones i cargtir al corazón de 



1 1 ] Documento del archivo especial de Hmites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 5, — Núm. 434. 



- 303 - 

los montes con las mujeres i hacerlas apostatar, aumentán- 
dose como los irracionales: Esta subprefectura carece de 
a.rffias, pólvora municiones con que repelerlos i aunque ha 
librado providencias enérfjicas á los gobernadores inmedia- 
tos, ninguno ha podido hasta hoi animarse á la empresa por 
la, desnudes de armas mas ventajosas que la flecha i el vene- 
no que ellos usan para atacar: así es que los pobladores de 
Sa.ntiago se hallan dispersos en varios pueblos i la provin- 
cia ha perdido un punto, que como tan inmediato á las ori- 
llas del Marañen producía en tiempo de verano una que 
otra porción de oro, que se labra en las playas i lugares co- 
nocidos de aquel territorio i que con el tiemjjo i un fomento 
general, hubiera producido al Estado ventajas: por esto es 
que suplico á US. se sirva ordenarme lo que deba hacer para 
restaurar aquel puerto i retirar á estos enemigos de la hu- 
manidad i de la religión, teniéndose presente, que de estos 
ataques se sutren continuamente en los más pueblos de aque- 
llas orillas por los inñeles pobladores del interior délos mon- 
tes; acreditando esta verdad la comunicación del govema- 
dor del distrito de Iquitos, que igualmente acompaño para 
que US. en vista de todo, me ordene lo que fuese de su supe- 
rior beneplácito. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



(I ) Documento del archivo especial de limites. ^ Sección fíctladof. -^ Siglo ^t?C, tu* 
pública. — f'arpcta 5. — Nfim. 435. 



— 304 — 



1831 



Armamento do la antigua guarnición do Halna^ 



República Peruana. 

Prefectura del Departamento 

de La libertad 

i Comandancia General de Trujillo. 



á 26 de mayo de 1831. 

Al sabprefecto de la provincia de Mainas. 

Con esta fecha prebengo al sargento mayor don Damián 
Najar, lo que sigue: 

Los fusiles i demás útiles de guerra que tubo la extinta 
compañía de guarnición de Mainas, qne se hallan en poder 
de U. dispondrá que se entreguen al suprefecto de aquella 
provincia, para que los remita á esta capital en el orden que 
se le previene con esta fecha. 

I lo comunico á U. para su inteligencia, i que procedien- 
do á recibir las armas i útiles que se expresan, remita todo 
al subprefecto de Chachapoyas, á quien con esta fecha orde- 
no lo conveniente. 

Dios guarde á U. 

Pablo Dieguez (1) 



( í ) Documento del archivo especial de Ifmitea. — Sección Ecuador. — Siglo XlX, re* 
públ ica. -^ Carpeta lo. - Núm. 536. 



— 305 — 



1831 

So declara que Halnas está eximida del uso de pe* 
peí sellado. 

República Peruana. 

Prefectura del departamento 
de La Libertad. 



Trujillo, á 30 de junio de 1831. 

Al subprefecto de la provincia de Mainas. 

El señor Ministro de Hacienda con fecha 22 del presente, 
me comunica la suprema orden que sigue: 

"Señor prefecto: 

** El supremo gobierno en vista de un recurso presenta- 
*'do por el diputado don Pablo Reina, á nombre de la pro- 
"vincia'de Mainas, solicitando se continúe á esta en la 
''posesión en que ha estado de no usar papel sellado; se 
**ha servido, por decreto de 17 del corriente, de acuerdo con 
** el parecer de la contaduría jeneral de valores que reprodu- 
'*ce el físcal de la corte suprema, acceder á lo solicitado; de- 
"clarando, en su consecuencia, no comprendida la referida 
"provincia en el decreto dé 16 de abril último dictado sobre 
"el particular. 

" De orden suprema lo comunico á US. para su inteligen- 
"cia i demás fines." 

I la trascribo á U. para su inteligencia, i que la haga no- 
toria á los habitantes de esa provincia. 

Dios guarde á U. 

P. Dieguez. [Ij 

[i] Documento del archivo especial de limites. -> Sección Ecnador. ^ Siglo XIZ, re« 
pública. — Carpeta 4. •-' Núm. 412. 



- 306 - 



1831 

Subordinación de los gobernadores de los pueblos de 
las misiones de Halnas al gobernador general. 

República Peruana. 
Gobierno de las Misiones. 



Balsapuerto, 24 de agosto de 1831. 

Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 
S. S. P. 

En cumplí niient o de las superiores ordenes de US. fechas 
14 del presente, i en su virtud he practicado en darle su cur- 
so necesario en esta dependencia; el uno trata sobre qne los 
governadores estén sugetos á, mí, como á governador de 
misionas en general; i de igual suerte he pasado copia del 
oficio en que retrata de los 20 indios al servicio de cada pue- 
blo de los de Jeberos i Cahuapanas, con exigencia á sus go- 
vernadores para su puntual cumplimiento, lo que servirá á 
US. de gobierno. 

Dios guarde á US. 

Doroteo Arebalo, (1) 



(] ) Docnmento del archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, r^ 
pública. — ( arpeta lo. — Núm. 533. 



- 307 - 



1831 

AulorU^ndo •! ftnbprofoeio úb Halnas para que em- 
pleo la guardia nacional en la defensa do las po- 
blaciones que amenacen ios salvajes. 

República Peruana 
Gobierno de las Misiones. 



N. 39. 

Chachapoyas, á 26 de septiembre de 1831. 

Al señor subprefecto de Maiiias. 

El señor Ministro de Gobierno en fecha 6 del actual se 
sirve declarar la nota que trascribo á U. para su conoci- 
miento i efectos subsecuentes. 

** Señor prefecto. 

** El señor Ministro de la Guerra á cuyo despacho dirigí 
la consulta de US. de 28 de julio último número 30, me dice 
haber resuelto S. E. que en caso de que intenten los salvajes 
hacer incursiones en la provincia de Mainas, como US. teme, 
se emplearía el batallón de la guardia nacional de Moyo- 
bamba, que debe organizarse i disciplinarse perfectamente. 

•* Lo que digo á US. para su inteligencia i demás fines. — 
Dios guarde á US. — Matías Le6n*\ 

Dios guarde á U. 

M. Mesía. (1) 



(I) Docmnento del archivo especial de Ifmites.— Secci6n Bcuador.^Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta No. 10.— No. 489. 
40 



— 308 - 



1832 



Aduana an la ffrontara con al Brasil (1) 



República Peruana. 
Gobierno de las Misiones. 

BalsapuertOf á 26 de junio de 1832. 

Al señor subprefecto de la provincia. 
S. S. P. 

Eli vista de la suprema determinación, que US. me tras- 
crive con fecha 8 de abril próximo pasado relativa al comer- 
cio que se hase por los subditos del Brasil, en que se advier- 
te haberse servido espedir S. E. el Presidente de la República 
el decreto en que dice se erija una receptoría provisional en 
la raya que divide esta provincia del territorio imperial del 
Brasil, compuesta de un receptor i dos guardas, á los que se 
les asigna el diez por ciento de premio sobre las cantidades 
que recaudasen: he circulado para que se cumpla como se 
ordena. 

Lo comunico á US. para su inteligencia. 
Dios guarde á US. 

Doroteo Arebalo. (2) 



(n En el tomo VI, páginas 229 { 230, Se han insertado dos documentos, de Í3 de marco 
i 6 de abril de 1R32, que tratan de este mismo asunto. 

íá) Documento del archivo especial de límites. -^ acción ecuador. — Siglo XIX, rs- 
pública. — ■ Carpeta 14. — Núm. 551. 



- 309 — 



1832 

Compañías do cívicos. 

República Peraana. 
Subprefectura de Main as. 

N. 60. 

Moyobamba, julio 7 de 1832. 

Al señor prefecto del departamento. 

Teniendo que pasar á la visita del interior de esta depen- 
dencia por los distritos de Lamas i Tarapoto en el próximo 
mes de agosto, como le digo á US. con esta fecha hemos con- 
venido con el señor sargento mayor de exercito don Damián 
Najar, jefe instructor de los cívicos de esta provincia el que 
se acompañe conmigo á los expresados distritos, para que 
prestándole como hasta aquí con mi presencia i actividad 
los brazos auxiliares se arreglen nueve compañías cívicas 
que se hallan bastantemente desarregladas; pues, es forsosí- 
simo tener en regla tada la fuerza de la milicia nacional, pa- 
ra que instruida en la naturaleza de su propósito, sea capaz 
de hacer respetar su derecho en este punto, limítrofe de dos 
fronteras, adecuadas para cualquiera invasión del enemigo 
por sus ríos navegables, desde Tarapoto hasta los últimos 
confínes del Ñapo, distante de esta más de 860 leguas, por 
donde tiene residencia Colombia (1) agregada desde la ac- 
ción del señor Sucre á esos términos, aún sin embargo de 
haber correspondido anteriormente á esta provincia: así 
mismo manifiesta la misma ruta hasta la frontera de Tava- 
tinga, término brasilero, las comodidades que prestan el 
cordón del Marañón i el río Huallaga; lo que antepongo al 
superior conocimiento de US. para su inteligencia. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo. (2) 

.' I ) Se refiere al antiguo. 

i2i Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta No. 5.— No. 435, 



— 310 — 



1832 

El gobernador do las misiones de Halnas se dlrlgoiá 
los pueblos de Andoas I Pinches para defenderlos 
de los salvajes. 

Pepfiblica Peruana. 
Gobierno de las Misiones. 

Santa Cruz, á 14 de septiembre de 1832, 

Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

S. S. P. 

Con motivo de que el curaca de Andoas ha venido perso- 
nalmente con el fin de pedir auxilio á este gobierno para ahu- 
yentar los infieles muratos que los amenazan incesantemen- 
te i como también me refiere dicho curaca estar arriesgados 
los havitantes de los pueblos vecinos de Andoas i que los ci* 
tados infieles han logrado matar más de quatro indios cris- 
tianos; por tanto he creído de mi deber seguir con esta fe- 
cha para los puntos de Andoas i Pinches^ con este objeto 
tan interesante de berlos, i auxiliarlos encuanto fuere posible. 

Lo que comunico á VS. para su inteligencia. 
Dios guarde á VS. 

Doroteo Arebalo. [1] 



[i] Documento del ax^hivo especial de Umite*. --Sección Ecuador .*-«glo XlX, repiS' 
bllca.-*-Carpeta No. to.— No. 534. 



- 311 - 



1833 

9ecoplorías Jo alcabalas en el pueblo do Lorolo 

República Peruana. 
Administración de Correos. 



Moyobamba, i mayo 20 de 1833, 

Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

S. S. P. 

En cumplimiento de la nota de US. fecha de hayer en la 
que se sirve trascribirme la nota prefectural de este depar- 
tamento fecha 11 del corriente número 9 referente á ja ex*- 
gencia de mi pronta marcha al punto de Loreto, frontera de 
esta República con el empleo de receptor de alcabalas por 
suprema disposición, sin embargo de la renuncia que tengo 
hecha dirigida el 6 del actual en el correo pasado, hacien- 
do ver los motivos mui poderosos que obstan para no poder 
dar el cumplimiento de esta orden, digo á US. que obedezco 
con la mayor sumisión i respeto, aun con conocimiento de 
una odiosa decadencia de mi crédito, por dejar descubiertos 
mis acreedores que me confiaron, varios renglones de comer- 
cío, mis repartimientos botados, causando una posterga- 
ción de 3U recaudo, i sin más asignación que la iptenperíe de 
paises que ignoro, i playas: me arroja dirigirme al citado 
punto con evidencia de lo expuesto, á fin de que en mi perso- 
na no se note omisión en obedecimiento á la orden supre- 
ma. 

Según conozco, este destino, no es más que un accidente 
inevitabre, sin mas dotación, i por tanto para verificar di- 
cha empresa para el punto que se me destina, se ha de ser- 
vir US. franquearme embarcación, bogas, canoas i demás 
auxilios para dirigirme al lugar de Loreto á cuenta del Es- 



— 312 - 

tado, en cuyo servicio voi á sacrificar mi salud, mis intere- 
res i aún la vida misma. 

Marcharé á mi destino en el término de ocho días de esta 
fecha, lo que pongo en conocimiento de US. para su inteli- 
gencia, i que le comunique al señor prefecto del departa- 
mento. 

Dios guarde á US. 

Gregorio Hidalgo. [1] 



1833 

Establecimiento de munlclpelldades en todos los 
pueblos de provincia de Halnas. 

República Peruana. 

Prefectura 
del departamento de las Amazonas. 



N. 21. 

Chachapoyas^ junio 8 de 1833. 

Al subprefecto de Mainas. 

Queriendo esta prefectura no se retarden los asuntos pú- 
blicos por falta de objetos que sean precisos absolver opor- 
tunamente é instruida ella que varios distritos ó mnchos que 
constituyen esa provincia de Mainas, no tienen municipali- 
dades que inmediatamente atiendan á sus necesidades públi- 
cas en distintos ramos administrativos; he determinado se 



[i] Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador.— Siglo KIX, repú- 
blica. — Carpeta No. lo.— No. 536. 



— 313 — 

creen estos cuerpos municipios en ellos con oportunidad, i 
mientras quiero se disponga por U. que la elección de gober- 
nadores en terna doble que deben practicarse por las mis- 
mas municipalidades de todos los referidos distritos, se haga 
i cumpla por la de esa ciuda de Moyobamba en sujetos, ap- 
tos, cinscunspectos i conocidamente amantes al bien general 
del pais. 

Dios guarde á US. 

José P. Hernández. ( 1 ) 



1834 

Auxilios do los gobornodoros do San Antonio, Barran- 
ca I Bor|a al puoblo do Santiago amonazado por 
los salvajos. 

Repáblica Peruana 
Gobierno de las Misiones. 



Balzapuerto, i mayo 12 de 1834. 

AI señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

S. S. R 

Por el parte que incluyo á US. he determinado que los 
gobernadores de San Antonio, barranca, Borja i Santiago, 
en junta de sus moradores se reúnan al de Santiago por el 
término de tres meses, hasta que llegue el berano, i se feti- 



(I) Documento del arrhivo edpeciál de limites. — Seciiión Ecuador. ^ Siglo ^iX, re' 
publica. — Carpeta io> — Kúm. 535. 



— 314 — 

ren los infieles, como se verificó el año antepasado, de qual. 
determinación pongo á conocimiento oportuno de US. para 
su superior inteligencia. 

Dios guarde á US. 

Doroteo A rebato. (1) 



1834 



Amenazas do los Aguarunls al puoblo do Santiago. 

República Peruana 
Sub-prefectura de Mainas 



MoyobamhHy julio 21 de 1834. 

Al señor prefecto del departamento de Amazonas. 

Número 17. 

Señor. 

Las naciones infieles de Aguarunis, i Patucas, se han 
conspirado decididamente á perseguir á los Pueblos de San- 
tiago i Borja con el fin de destruir sus havitantes: tas ame- 
nazas de dichos infieles son dianas, i temibles, i con este mo- 
tivo los havitantes de dichos Pueblos tratan de desmem- 
brarla, girando cada uno por donde puedan por hallarse in- 
defensos, i espuestos á ser víctimas de los barbaros. Este 
acontecimiento demuestran las dos notas que áUS. adjunto 
originales, en cuya inteligencia se servirá US. instruirme el 



tO Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
páblica. - 1 arpeta lo. - Ndm. 539. 



- 315 — 

método i forma de repeler á dichos infieles de las inmediacio- 
nes de los cristianos, porque es un caso indudable^ como 
inevitable la proccima ruina de los citados Pueblos si con 
tiempo no se les invade poniendo medios de perseguirlos. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo. (1) 



PHIMERA JHOTlí A QUE SE REFIERE LA ANTERIOR DEL, SUB-PRE- 
FECTO DE MAINAS. 

República Peruana 

Barranca, abril 18 de 1834. 

Al señor Subprefecto de la Provincia de Mainas. 
S. S. P. 

El día miércoles santo llego á este punto mandado por 
el Gobernador interino del Pueblo de Santiago quien daba 
una noticia verbal de que los Jíbaros de la nación Aguaruni 
salían con intención de usar su traición, que siempre la acos- 
tumbran, i teniendo esta noticia, dicho Rodríguez avisándole 
el Curaca Ambucia tuvo abien de pedir ausilio á este punto- 
i el siguió con toda su jente al encuentro de los dichos Jíba 
ros, caminaron de sus tambos á una distancia de ocho, á 



(I) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador.— Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta la.—Númcro 543. 

41 



• — 316 — 

diez cuadras, poco más ó menos, i vieron salir de un caño 
dos canoas, i mandó espiar el Gobernador, i cuando se en- 
contraron les dijo: pues yo no he querido pelear con ustedes, 
sino que con el Curaca Ambucia i el Tunji, i el Pincha, i que 
á estos los queremos matar por brujos, que esto les espHcó; 
con uno que sabía la lengua general de todos, pero ellos 
siempre queriendo hacer la traición, lo que ellos intentaban, 
i viéndose en este estado tuvo á bien de cargar un cañón que 
tenía i pegar fuego con una mecha, i al instante que oyeron 
este traquido se retiraron desafíándonos en que ellos se iban 
á hacer una embarcación que fuera suficiente para todos ellos 
i venir de aquí á tres meses reunidas las tres naciones. 

I con esta noticifi se halla el Pueblo de Santiago en una 
confusión de que unos quieren salir para Jaén, i otros al pun- 
to de Limón con don Francisco Rodríguez; á quien le tengo 
o'-denado de que ninguno se mueva hasta ínter que no deter- 
mine la superioridad, pues 3^0 el día primero después de la 
Pascua me encaminé al de Santiago con doce indios; i micu- 
ñado Mariano Calderón habereneIestadoenquesehallaba,i 
para dar parte de todo lo acaecido i como el Marañón estu- 
vo mui crecido no pude adelantar mi marcha, por más que 
quise, i después de haber caminado seis días, me encontré 
por Honohaga con don Manuel Rodríguez, quien me espli- 
có, como digo arriba, el haberse retirado los infieles con la 
disposición de volver de aquí á tres meses por lo que comuni- 
co á US. paraquecomoSuperiordetodala Provincia, tome la 
medida de lo más conveniente; pues de lo contrario se arrui- 
narán estos Pueblos, pues que ellos no pueden hacer nada con 
las armas del país, por lo que debe prover US. siquiera con 
cuarenta hombres bien armados, aun que no sean militares, 
que para pelear con infieles no es menester ser militares i 
ellos no es de temer más que su traición i como ellos se cu- 
bren casi todo el cuerpo con una rodela por lo que no pue- 
den hacerles nada con las armas del país al no ser armas de 
fuego, i que en toda esta misión alta no hai uno que tenga 
su arma para poder hacer frente pues que yo también me 
hallo sin arma i con la gente del Pueblo de Borja en no 
oyendo bien de infieles, se metieron en sus canoas, desampa- 
rando, primeramente los Santos, i también el Pueblo; i como 
la Nación Aguaruni se halla ya internándose á la orilla 



- 317 - / 

del Marañen i á una corta distancia del pueblo de Santiago 
i solamente por la Divina Providencia del Todo-Poderoso 
no salen «na noche i se cargan con todo lo que hai, es cuan- 
"to debo imponer á US, 

Dios guarde á US. 

A ndrés Muñoz. ( 1 ) 



SEGÜANDA NOTA A QUE SE REFIERE LA ANTERIOR DELSUB-PRE- 
FECTO DE MAINAS. 

República Peruana 

Barranca á Ig abril de 1834. 
Al señor gobernador de la Misión Alta. 

Es día de miércoles santo, llegó á este Pueblo un propio 
de Limón que viene mandado por don Francisco Rodríguez 
apedir auxilio por haber salido los infieles de la Nación 
Aguaruni, con una intención de asaltar al Pueblo de Santia- 
go pencando que estos avian de entrar descuidados, i como 
don Francisco Rodríguez procuró á reunir á toda su gente j 
fueron al encuentro auna distancia de sus tambos que no se- 
ría más que ocho cuadras, encontraron en el cascajo veinte 
indios de los Aguarunis en dos canoas i biendo que los chris 
tianos tenían más fuerza les dijo que ellos no querían matar 
á los chistianos sino que al Curaca Ambucia, i al Tunqui, 
al Pincha que á es^os los querían matar por brujos, i así 
ahora no haremos nada, pero que de aquí á tres meses vol. 
berán con todos los parientes; iban á hacer una canoa gran, 
de para que puedan venir dentro todos reunidos con los Pa- 



" [i] Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta 12. — Número 543. 



- 318 ~ 

tttcas, Chinganisas, pues nosotros también tenemos armas, 
i buenas, que esto les mandó esplicar con uno que sabía la 
lengua general de los infieles, i con esta noticia toda la gente 
de Santiago se halla vien confusa que los otros quieren salir 
para Jaén, otros para Limón con don Francisco Rodríguez; 
de lo que tengo ordenado á ellos de que no se retiren á parte 
alguna, hasta inter no determine el Gobierno, pues que yo 
el día martes primero de este me encamino para Santiago 
llebandome doce indios que me dio el Gobernador de este 
Pueblo á ver en el estado en que se hallaba, i dar parte de 
todo lo acaecido; i lo que no puede adelantar mi marcha 
por haber estado mui crecido el Marañón; después de haber 
caminado cinco días, el Domingo á las tres de la tarde me 
encontré en Honohaga con don Manuel Onorio Rodríguez, 
que me esplicó, como digo, que los infieles ya se habian reti- 
rado previniéndoles que diaqui á tres meses estarían con 
ellos, i tube avien de regresarme de ese punto á dar parte de 
todo lo acaecido al señor Sab-prefecto, i á U. lo mismo para 
que puedan determinar lo que mejor convenga, i de lo con- 
trario se arruinaran esos dos Pueblos, porque ya no pueden 
aguantar i tanvien todos ya quieren retirarse por donde á 
ellos les parece, i quo ya no pueden aguantar con tanto bár- 
baro que lo persigue. 

I es cuanto lo que debo informar, i dar parte á U. 
Dios guarde á U. 

Andrés Muñoz. [1] 



ti) Docomtfüto del archivo especial de Ifmltea. — Sección Ecuador. — Siglo xii. fepd' 
blica. — Carpeta 12. — Número 543. 



— 319 — 



1834 

Peticlón do auxilios para dofondor las poblaclonos 
do Santiago I Borja do los ataquos do los salvajos. 

República Peruana 

Prefectura 

del departamento délas Amazonas 

• 

Chachapoyas^ á 8 de agosto de 1834. 

Al señor Snb-prefecto de la Provincia de Mainas. 
Número 20. 

En el correo de 28 del próximo pasado fueron elevadas 
al Supremo Govierno por el conducto respectivo las dos no- 
tas que me incluyó, i la de U. originales, encareciendo por 
cuantos medios pudo esta Prefectura la suprema piedad, al 
mismo tiempo que pidiendo á S. £. aplicase el remedio opor- 
tufio para contener la invación de esas tribus salvajes. Pa- 
ra su mayor satisfacción, i para que entre tanto se resuelva 
por el supremo Govierno la consulta que hice, tome U. uni- 
camente medidas precautorias, arregladas á la prudencia, i 
humanidad que le son características propias solo para inti- 
midarlas sin ofender, trascribo á á U. la nota Prefectural de 
28 del misma. Está concevida en los términos siguientes. 

* 'República Peruana.— Prefectura del Departamento de 
Amazonas. — Chachapoyas, á 28 de julio de 1834.— Señor 
Ministro.— Con el sentimiento más vivo tengo el honor de 
comunicar á US., que los Pueblos infieles Aguarini, Patucas, 
hacen sus incursiones hostiles en los de Santiago y Borja, se- 
gún lo asegura el Sub- Prefecto de Mainas, cuya nota i las 
dos inclusas que adjuto, harán la prueba de este aconteci- 
miento. Se rae piden instrucciones para atacarlos. Desde 
luego consultaría según mis atribuciones la seguridad de di- 



- 320 - 

chos puntos; más el amor la humanidad, i el deseo de 
asierto no me hacen partir de lijero, entre tanto se digne la 
suprema justificación de S. E. resolver con mejor tino esta 
materia tan grave. 

Las prevenciones que hago á aquel Sub-prefecto, son re- 
ducidas á medidas puramente humanas que tienen por obje- 
to contenerlos por la persuación i afabilidad, evitando la 
menor efusión de sangre. Pueda ser que mis deseos tengan fe- 
liz éxito, i ahorremos á la nación inmensos gastos, i más sa- 
crificios que hijos desnaturalizados la hicieron sufrir. 

Este es uno de los motivos que califican concluyentemen- 
te la necesidad imperiosa de la ecsistencia de una fuerza ar- 
mada en las fronteras. 

Por lo que en esta parte, reprodusco el informe que ten- 
go dado á cerca de la pención de 11.344, pesos reclamada 
por los señores administradores de la Tesorería General de 

La Livertad. 

En cuya consecuencia, séame permitido por ahora enca- 
recer á S. E. á fin de que esta solicitud tenga un despacho rá- 
pido, para poder evitar á este Departamento de guerras in- 
testinas i desastrosas combulsiones. Aseguro á US. que mi 
Govierno precario, no quiciera se manche con sangre. De- 
searía ver el progreso de mis aspiraciones en favor de estas 
tribus salvajes. La esperanza de que el supremo Govierno 

ha de calmar mis inquietudes, es la única que me hace sobre 
llevar noticia tan funesta. Dignese pues US. elevar al cono- 
cimiento supremo, 6 interponer su mediación para el reme- 
dio más análogo al carácter de los invasores. 

Tengo por este medio la satisfacción de dirigirme á US. 
tributándole mis respectos, como de US. mui atentó obse- 
cuente servidor. 

Miguel Mesia. 

■« 

Señor Ministro de Estado en el departamento de gobierno i 
relaciones esteriores. 

Dios guarde á U. 

Manuel Mesia . ( 1 ) 



íi) Documento del archivo especial de límites. —Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta to. — Núm. 538. 



- 321 — 



1834 



Se encarga al teníante Bregorlo del Castillo la perse- 
cución de los bárbaras que amenazan SantlagOp 
Borjap Barranca I San Antonio. 

KOTA DEL GOBERNADOR DE DICHOS PUEBi^OS COMUNICÁNDO- 
LES EL NOMBRAMIENTO. 

República peruana 
Subprefectura de Mainas 

Moyobamba, 14 de agosto de 1834, 

A los Governadores de Santiago, Borja, Barranca i San 
Antonio. 

En virtvd de la orden Superior de 28 de julio de próximo 
pasado del señor Prefecto del Departamento, se ha servido es- 
te Govierno librar comisión bastante al teniente 1^ de Gra- 
naderos don (Gregorio del Castillo para que de acuerdo con 
US. i los demás Governadores inmediatos persigan á los in- 
fieles barbaros que amenazan á esos Pueblos, i por tanto pre- 
vengo á U. que según las medidas i providencias que tomare 
el expresado señor Castillo, como comisionado para el efec- 
to, le den U. U. todo auxilio que necesitare con toda la gen- 
te de su mando para la ejecución de dicho empresa de cuyo 
cumplimiento lehagoáU. responsable, así como el de instruir- 
me de todo lo obrado. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



(I) Documento del archivo especial de Umites.'^Secclón Hcuador.- 'Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta 5. — No. 536. , 



- 322 



NOTA AL TENIENTE CaSITLLO DÁNDOLE LA COMISIÓN 

República peruana 
Subprefecttira de Mainas 



Mojobambüt 14 de agosto de 1834, 

Al Teniente 1^ de la Compañía de Granaderos Cívicos don 
Gregorio del Castillo. 

En virtud de la orden Superior de 28 de julio, an- 
terior del señor Prefecto de este Departamento relativa 
á las activas medidas que se deve tomar para contener 6 re- 
peler á los infieles barbaros que intenten imbadir á los habi- 
tantes de los Pueblos de Santiago, Borxa, i Barranca, tiene 
por conveniente este Govierno, confiado en el patriotismo su- 
puesto que se dirige á los espresados puntos, librarle la pre- 
sente comisión, autorizándole competentemente, para que 
informado escrupulosamente de dicha inobación tómelos me- 
dios mas capaces bajo de serias providencias de acuerdo con 
los Governadores de Santiago, Borxa, Barranca i San An- 
tonio para impedir dicho peligro, repeliéndolos hasta el mis- 
mo caso á aquellos barbaros que i aun en las inmediaciones 
délos expresados PueblosdeSantiago, Borxa,i Barrancaim- 
partiendo aviso oportunamente de haver llenado completa- 
mente esta comisión, con documentos que califiquen su ope- 
ración, é informando de todos aquellos queno hayan querido 
prestarle obediencia en este tan exigente servicio al bien ge- 
neral, de la providencia i la nación. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. [1] 



fi]— Docamcnto del archivo especial de limites— Sección Ecuador— Siglo XIX, repú- 
blica .«-Carpeta 5.— N. 436. 



— 323 



1834 

Se nombro ¿ don Podro Guerra gobornador do Andooo 
con cargo do que Informo sobro la conducta del 
párroco de su pueblo. 

República peruana 
Subprefectiira de Mainas 

Moyobawbay 23 de octubre de 1834, 

• ■ ■ 

Al ciudadano Pedro de la Guerra. 

Póngase U. inmediatamente al pueblo de Andoas á há- 
cerse cargo del govíerno dé ese distrito, i del de Aipinches 
interinamente mientras dispone otra cosa más digna el se- 
ñor prefecto del departamento áquien se da parte con esta 
fecha lo que motiba esta determinación por datos recibidos 
que el religioso frai Fernando Guerrero cura teniente de di- 
cho punto se alia frenético sin razón de su ministerio sacer- 
dotal, ni de su misma persona^ i en un desprecio total de sus 
feligreses andoínos: Examine U. la verdad de quanto pasa; 
si fuese cierto hará U. una lista de todos sus intereses i dará 
parte susta«clalmente para poner en conocimiento del señor 
provisor, i governador eclesiástico d«:l obispado para que 
determine lo que fuere de su superior agrado. 

Dios guarde á ü, 

Carlos del Castillo Rengifo, (1) 



[í] Docttmentd del archivó especial de límites. «-• Sección Bctiader. — Siglo XIX, re. 
pública. — Número 436. — Cari>eta 5. 

42 



324 - 



1834 

Consulta al gobor nadar da Chasuta sobra la hoya ñu* 
¥lal á qua partanaca al Pachltaa. 

República peruana 
Subprefectura de M aínas 



Moyobamba^ 15 de noviembre de 1834, 

Al governador de Chasuta. 

Inmediatamente que reciba U. el adjunto pliego para el 
reverendo padre frai Manuel Plaza, lo remitirá U. sin pérdi- 
da de momentos, con gente buena i de su mayor confianza, 
encargando á que de ninguna manera se pierda por ser inte- 
resantísimo al servicio público que el govierno se interesa 
por el bien común. Después de remitir el enunciado pliego 
me dará U. parte oficialmente para los fines que puedan re- 
sultar. Asi mismo me dirá U. á la mayor brevedad el pun- 
to donde es i ase boca el Mairo i Pachitea si en el río Hua- 
llaga en que parte, ó si en el Ucayali, informándose el por- 
menor con el reverendo padre frai Mariano de Jesús, que se- 
gún noticias tiene inteligencia particular de lo que se desea 
i me abisará á la mayor brevedad. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1 ) 



lil Documento dd archivo especial de tímhe«. •-- Sección ticuadof. -^ Siglo XlX, ttpi^ 
t)Iwa. «- Carpeta 5. — Número 436. 



- 325 — 



1835 

Orden al gobernador de Misiones para que extraiga 
del pueblo de Omaguas verlos ínfleles Meyorunas 
allí prisioneros. 

República peruana 
Subpreíectura de Mainas 



Moyobamba^ 27 de septiembre de 1835, 

Al governador interino de las misiones. 

Tan luego que sea ü. inteligenciado en el contenido de 
esta nota, se trasladará al pueblo de Omaguas asociado de 
los vecinos del pueblo de Oran Francisco Malajaya, Veiitu- 
ra Vilches i Ramón Vilches, i si carculase U. que para cum- 
plir devida mente el encargo que se le bá ha confiar será de 
necesidad la cooperación de otros mas sugetos residentes en 
el resto de la población del mando de U., los exortará aque 
lo acompañen: llegado pues con su comitiba al punto indi- 
cado de acuerdo con el governador inquicisionará por lu 
nomenclatura que le adjunto por los indios que ella pone á 
U. de manifiesto, aquien los compelará aque le presenten los 
infieles de la nación Alayoruna que advitrariamente tienen 
en su poder embia de prisioneros, i después de intimarles 
que se abstengan en adelate de hacer escursiones etériles en 
Yosques de aquellos sin conocimiento de esta subprefectura; 
tomará todas las providencias que sean más análogas á la 
traslación de los citados autómatas aesta ciudad en donde 
se les depositará por este govierno en casas de sugetos que 
ehos cargo de su educación, los instruyan en los dogmas de 
nuestra religión que es el pedestal divino de toda luz, U. lle- 
vará una razón exacta de los gastos que ocurran en esta 



-^. 326 — 

comisión que terminará en el punto de la Laguna los que 
con su abiso le serán satisfechos: Al governador del antedi- 
cho pueblo, se hará entrega por U. de los presos para lo que 
U. le previene con esta fecha lo combeniente añadiéndole tra- 
te con la mejor piedad alos desgraciados antropófagos; 
sobre lo que, me parece ser de demás hacer á U. preven- 
ciones que la humanidad reclama, i ella le dictará al efecto 
las que debe observar con sus semejantes, quienes se hallan 
identificados con nosotros por exencia. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



1835 

Orden á los gobernadores de los distritos de Misiones 
para que no salgan del pueblo de su mando sino 
con conocimiento de le subprefectura de Malnas. 

República peruana 
Subprefectura de M aínas 



Moyobambay 30 de septiembre de 1835, 

A los governadores de las misiones alta i baja. 

Se á observado con escándalo por esta subprefectura 
que los gobernadores de los distritos de esas misiones sin 
más licencias que su advitrariedad, desamparando su pue- 



I» Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Sigle XIX, repú- 
blica. — Carpeta 5. — Número 436. 



— 327 — 

blo í toda obligación del fin que esta puesto, no solo se 
separan de un pueblo a otro, sino que también se meten en 
los bosques por dos i tres meses i se mandan para Tavatin- 
ga, sin el correspondiente pasaporte del gefedeque se hallan 
constituidos, faltando á la subordinación mas precisa para 
exemplarización de sus governados, i toda la órbita de sus 
obligacianes, en cuya virtud prevengo á U. U. 

1^ — Que para, moverse de su pueblo dos leguas distan- 
tes con intención de tardar dos ó tres días han de dar preci- 
sa é indispensablemente, parte aesta subprefectura, espo- 
niendo los motivos que le precisa su separación para conce- 
derle el permiso, si fuese justo. 

2^ — Que para bajar á Tavatinga ha de hacer con licen- 
cia i pasaporte explícito de esta subprefectura. 

3^ — Luego que sea notado, no hacerlo así para sepa- 
rarse como lo acostumbran, provado que sea no solo que- 
darán suspensos de su destino, relevado con otro ciudada- 
no en el momento, sino que también expulsado de esas mi- 
sianes por insubordinado á esta ciudad donde pasan muchí- 
simos infieles con su jornal para su subsistencia; pues á tan- 
tas órdenes que se le han remitido con este obgeto con liver- 

4 

tad quieren hacerse superiores contra las leyes. 

Espero me acusen U. U. recibo de esta nota para los fi- 
nes que tengan lugar. 

Dios guarde á ü. ü. 

Carlos del Cnstillo Rengifo. ( 1 ) 



lil Documento del nfchivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siglo XlX, re^ 
pública. -• Carpeta 5. -^ Nfimtfo 436, 



— 328 — 



1836 



Visita á los pueblos del Huallaga 



. República peruana 
Subprefectura de Mainas 



Movobambay 6 de abril de 1836, 

Al governador del Cercado. 

En virtud de haver á U. nombrado con esta fecha en 
atención A las continuas quejas de los traficantes, visitador 
del Cordón del Huallaga, he tenido á bien para que en regla 
pueda llenar una importante comisión, darle las instruccio- 
nes siguientes: Luego que llegue U. en cada uno de los pue- 
blos publicara esta nota para que llegue á noticia de todos 
i que lo respeten i guarden el respeto. 

Formará U. un padrón general en cada uno de los pue- 
blos con expresión de cada sexo i edades. 

Examinará U. en cada pueblo de acuerdo con el señor 
cura, donde lo haya, qual es el sugeto encargado de la ins- 
trucción de primeras letras, i de la doctrina christiana,qual 
la formula de que se conduce los maestros con sus mucha- 
chos oidiendo de la satisfacción de U. los hará reconocer en- 
cargando asus havitantes le retribuyan su trabajo en la for- 
ma posible para que pueda sostenerse. 

Que á más de la doctrina que deven rezar en las escue- 
las los niños precisamente entienda con los cholos i cholas 
que no estén en las escuelas; el maestro es otro para el efec- 
to encargado en la enseñanza de la doctrina christiana en 
los miércoles biernes de cada semana siendo separadas las 
asistencias para el pueblo en los sábados i domingos á la 
doctrina i rosario de que enseñaran los governadores^ alcaU 



— 329 — 

des, ú otro destinado aeste ministerio previo conocimiento 
del cura que se alie encargado de esos pueblos. 

De todo lo referido pondrá constancia é instruirá aeste 
govierno. 

Para el mejor régimen de cada pueblo tomará U. cono- 
cimientos de aquellos vecinos que propondrá U. para cura- 
cas capitanes i a^feres para que se les remita su correspon- 
diente título. 

Tomará U. ideas prudentes i arregladas en justicia sobre 
la cantidad que ganaban un Boga i una canoa de un pueblo 
á otro anteriormente, según arancel, i siendo execibo la mo- 
dificará provisionalmente, i comunicará aeste govierno pa- 
ra que consulte á la superioridad para su remedio. 

Exortará U. eficazmente atodos los havitantes de los 
pueblos de su comisión con palabras que entiendan para que 
respeten i veneren á los señores sacerdotes, á sus curacas i 
governadares obedeciéndoles rendidamente. 

Pondrá U. una constancia de la distancia que media de 
un pueblo á otro, i el nfimero de sus moradores, la necesidad 
que hai de curacas en toda la combersión para que en prime- 
ra ocasión reclame esta subprefectura al sí*ñor prefecto i és- 
te trate con el diocesano para su remedio. 

Me informará el cumplimiento de estas prevenciones es. 
poniendo en los casos que sea realisado. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. ( 1 ) 



\i^ Docamcnto dd archivo eSpedal de limited. — Sección ^cúadoi*. ^ Siprló itiSc, ffcp¿» 
buce. -^ Carpeta 5. — Número 436. 



— 330 — 



836 



Cumplimiento de un compromiso contraido conel pá« 
rróco de Canelos. 

República peruana 
Subpreíéctura de Mainas 



Moyobamba^ 15 de agosto de 1837. 

Al governador de Lanas. 

Don José Santa María reclama como apoderado del R. 
P. frai Leandro Jícaro por don Bernardo Panduro sobre tin 
compromiso qile tiene de echo hir á vivir con dicho religioso en 
Canelos dependencia de Mainas voluntariamente; i lo peor 
es que le deve no se que pesos: por tanto luego que reciba U. 
esta, hará, que el Juez de Paz, le exhiva todo lo que debe di- 
cho Panduro, sino quiere hirse á cumplir su protesta todo 
bajo de una acta sin permitirle el Juez dé Paz atrasos de una 
i otra parte oidas á las partes. Del resultado me dará U. 
parte, sin ingerirse en nada de asunto Judicial, para mi in- 
teligencia. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



(I) Documenio del archivo especial de Ifmitea— Sección Ecuador— Siglo XIX, repúbli- 
ca—Carpeta 5—434. 



^ 3ái - 



1836 

P«r|u|clos ocasionados piMl.los ladígoipos on ol PwUr- 
mayo. 

República peruana 
Subprefectura de M ai ñas 

Moyobamba^ 25 de agosto dé 1836, 

Al ilustrísimo señor obispo electo de Chachapoyas. 

Ilustrísimo señor. 

Bl padre don Bruno de la Guardia en nota 20 de abril 
del corriente año datada en la frontera de Loreto níé dice ló 
que sigue: 

'• Señor: — El Putümayo se baila én la actualidad en'una 
desgracia cbn las gúerr£^s intestinas dé aquellas naciones, 
Mitanas, Mariates, i Yuris que tienéfi' arrasados í consumi- 
dos alos blancos, portugueses, an saudó" párá fuera de mie-r 
d'd, i los potos vecinos españoles aií subido ala compación; 
las unidas danipanás que havian las tienen abajo, i la he pe- 
dido, i eií 'estos díaá ande llegar áeáte punto donde servirán: 
dé lo dicho tengo escritu al vicario don Julián para su elpte- 
ro reconocimiento. — Bruno' de la Guardia.^^ 

Qiue acopio á US. I. para su inteligencia, i demás fines, 
íl^egurando á' US. I: que por mi parte tengo dadas las pre^ 
Venciones nécíesarias á la pronta restauración de dichas cam- 
panas. 



f : 



• » 



Dios guarde á U. I. • : . 

Carlos del Castillo Reugifo;'{l) 



(2\ ' Documento del archivo especial de íímitea — Sección Ecuador ~ Siglo XIX, rcpíi" 

» ■ • 

bUca — ^Carpeta 5 — Núinero 436. 
43 



r:- 83Í? - 



1896 



Loreto. 

PRIMERA NOTA DBL SURPRBFSCTO DE MAINAS 



Subprefectura de ^fainas 



Moyobamba, 5 de setiembre de 1836. 



Al Gobernador de Us Misiones. 

Contentando la nota de U# de 28 de A«of to último digo: 
que procure indagar las noticias verídicas de Ips Portugue- 
ses que se hallan en 9us términps de la Frontera Imperial 
de T^vatinga con movimientos Polítjcos que quieren tocar 
incautamente en los, dominios de la R^j)ábHca peruana; 
[mandando ]a adjunta cotí la velocidad posible al señor 
don Bruno de la Gfiardia] qoq prevención de que todos los 
Gobernadores desde Santa Pruz hasta Cochiqulp^s^ in^unan 
todas las canoas que bai en su Pueblo, i apronten unos pa- 
los de balsa que al menos alcansen cien soldados: dando 
parte á esta Magistratura noche i día, ca^a Gobernador 
por separado para tomar las medidas urgentes i necesarias, 
á mas de lo que hasta la fecha se toman, i según el dato efet:- 
tivo que quisieran subir los Portugueses de mala fé á ollar 
la delicadesa de una Nación amiga i libre que no ie dá moti- 
vo de reyerta par£^ que pisen sin mas licencia que su Anar- 
quía los sagrados suelos de la Frontera de Loreto Domi- 
nios Libres del Perú, i proceder con cierta noticia el movi- 
miento de la Fuerza Armada de la Guardia Niicional de la 
Provincia de Mainas contra ellos, i las que d señor coronel 



^ 333 .- 

prefecto i comandante del departatneto de Amazonas oi'de* 
ne lo cppveniente ^gún lof$. partes que se le han dado, i se 
le darán subsestvamente á este importante objeto. 

Todos los Portugueses que legalmente (por i^o mezclar- 
se en la revolución) iban subido é irán subiendo buscando 
amparo i protección de las banderas de la República Perua- 
na serán recibidos con aquella protección necesaria por to 
dos los Gobernadores y vivirán ^n la p^rte que les agrade 
dándoles todo auxilio ind^mniz^ando su valor, estando U. i 
todos á la mira de la conducta de ellos, n^ieqtras duren }ps 
movimientos políticos del Gran Brasil para que se vuelvan 
á sus casas según lo desean. 

; Apruebo las medidas tomadas por V« con los Goberna- 
dores de Pevas i Loreto, i lo demás que me trata esperando 
los partes que debe U. dar para los fines que haya logar. . 



Dios guarde A U. 



C. del Castillo. {1] 



S80UNDA NOT4 DBL SUBPaSPGCTO OB MA.fN4S. 



Repáblica Pemana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobamba, 16 de Setiembre de 1836. 



AI Gobernador de las Misiones. 



Desde el 28 de Agosto último, que U. me dio parte que 
los portugueses revoltosos se hallaban en Tabatinga con 
bastante Fuerza intentando ollar los sagrados suelos de la 



[il Doouapento úd «fcbivo «ifieoÍ6,l de Iteités. ^ Sección Bcttador. ~ Sifflo XIK, repú- 
blica. — Carpeta I2. — Número 543. 



— 334 — 

Repáblic'a Pei-tiána, hasta !á Techa no ha dado TJ. niás avisó, 
m parte en el estado éh»qóé, d^üoítide ié "hallan 'dichos ene- 
migos, sinembárgo de habéfselé'preveriido á ü. lo' necesario 
en á del corriente 'para su puntuálóbserVancía del orden pu- 
blicó, i él servicio de láNaeián-; f)ór 16 t|ue vtfelvó á prevenir 
á ül que ^n pérdida de un ráomento dé los partes cítcuns- 
tanciadamente á este Gobierno dfetodos los pormenores, 
circulando sobre lá marcha i con la velocidad dé üa pensa- 
miento á todos los Distritos denlas Misiones^, no den anxili<^ 
ninguno blancos ni Indios á los enemigos que por deágrada 
toquen en nuestros términos, mas liíen sé* metan A • los "bos- 
ques, hasta bayan las fuerzas de esta capital á''r^ñir la 
gente blanca éfindia' de los Pueblos conmigo mismo^r los de- 
más dekExercito qtte esperan un decreto para moverse cotí 
las Fuensks en ¿1 Departarachto de nuestra heroica Provin- 
cia, según noticias evidentes; en inteligencia que si así no 
lo verifican i por neligencia de U. i de los Gobernadoi^es se 
hallan ultrajados los pueblos, no digo pueblos, un solo 
de teiireao de Mainas de los mal intencionados responderán 
con sus vidas á proporción de su delito, calificado el caso 
por la primera autoridad del Departamento, 6 el Jefe Su- 
premo de la República sin recurso. 

El silencio de U. de este importantísimo asunto de mas 
de quince días, criminaliza á ü, i* á todos * los .. Gobernadores, 
con tal motivo i por que así requieren las Leyes Patrias: re- 
pito á U. dé los partes, si posible es, todos los días para, to- 
mar las demás medidas necesarias. 

■ • i * - I 

Dios Guarde á U. 



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Carlos del Castillo, [1 ] 



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fi) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo Xl5Cj re- 
pública. — Carpeta 12. — Número 543. 



— 335 - 



TERCERA NOTA. 



República Peruana 
Subprcilectura de Maina9 

Moyobamba, 24 de Setiembre de 1836. 

AI Gobernador de las Misiones. 

En el momento que reciba U. esta orden prevendrá A to- 
dos los Goliernadores de las Misiones Alta y Baja para que 
armen á cien hombies entre indios i blancos moradores en 
todos los pueblos con lanzas, flechas, arcos i rejones, armas 
de fuego i otras herramientas i que pasándose li$ta de ma- 
ñana i de tarde con sus armas acuartelados en sus casas de 
los Gobernadores estén siempre espeditos para poner una 
defensa en regla cuando los Brasileros facciosos quieran 
atropellar el nuevo Estado Ñor Peruano, contra todas las 
instituciones políticas de las naciones destruyendo el edificio 
social, i por consiguiente perturbando en nuestro territorio 
la apreciable paz que gozamos. 

En nota 5 del corriente se le ordenó á U, expresamente 
para que en todos los puntos construyan Balsí^s capaces de 
embarcar cien hombres en cada una, i reuniendo toda^ las 
canoas suficientes para la pronta comodidad de formar una 
fuerza respetable i repeler al enemigo extranjero en caso ne- 
cesario, cualquiera acción imbasora que tenga lugar por 
descuido de U. á interrumpir el orden, será responsable, i 
de su cumplimiento me avisará con propio para tomar otras 
providencias según la naturaleza de las circunstancias. 

Dios gDarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. [1] 



'i1 Documento del archivo especial de límites. — Seccidn Ecuador.— S^lo XIX, re- 
pública. — Carpeta 5. — Número 436. 

44 



— 336 — 



1836 

Permiso á varios brasileros para que se internen 
Loreto por la frontera del Amazonas. 

República Peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyóbamba, 6 de setiembre de 1836. 

Al señor Prefecto de Amazonas. 

Doi parte á US. que los señores portugueses abecinda- 
dos en la villa de Teffe comerciantes llegaron á nuestra ra- 
ya de Loreto á ampararse en las banderas de nuestra Repú- 
blica en 15 de junio, i en 23 de julio escriben del pueblo de 
Pevas distante de Loreto diez días de surcada como verá 
US. por las adjuntas que le incluyo; en la misma forma escri- 
ben todos son los siguientes: don Francisco Carballo con su 
familia; don Antonio Pinto iden; don Benito José Coello 
ídem; don Antonio Simones, don Claudio José de Silva jues 
de pas de la villa de Teffe; don Daniel Cordoco, i no se sabe 
quantos más estarán surcando. Asi mismo incluyo á US. 
esa noticia que me dá don Bruno de la Guardia residente 
en Loreto, que ha subido también ha^ta Moromorote de 
miedo que lo maten: US. en vista de todo determinará lo 
mejor que vea conveniente: por mi parte, tengo dado á di- 
chos señores permiso suban i estén en la parte que les agra- 
de Ínter socieguen sus bullas, en conformidad que dichos se- 
ñores harán lo mismo con nosotros en caso contrario, más 
quando no vienen aser mal alguno sino buscan amparo, US. 
determinará lo más justo, i me dirá lo que deba aser. 

Es imposible señor que surquen los bulliciosos que están 
en Tavatinga,no obstante tengo dadas las órdenes á los go- 



— 337 — 

bemadores de los distritos hagan tinas balsas que quepan 
100 hombres, i un circular general para que en su vista se 
contengan i recelen. Es quanto tengo que decií á US. para 
su inteligencia i govierno. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



1836 



Aduana de Loreto. 



República Peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobámba, noviembre 4 de 1836, 

Al ciudadano don Gregorio Hidalgo. 

Instruida esta subprefectura de la orden de 1^ de octu- 
bre próximo pasado del señor contador general de valores 
de Lima comunicada á U. en 28 del mismo por la Prefectura 
del departamento que me trascrive en su apreciable de 4 del 
corriente referente á la cuenta que le exige dicho señor con- 
tador por razón de que el año 1833, se sirvió erigir el supre- 
mo gobierno la aduana del punto de Loreto (2), confiándo- 
le á U. la receptoría, cuyo informe dirigió U. por mi conduc- 
to á la prefectura por ser imposible su establecimiento, le 
contesto: Que con fecha 6 de enero de 1834, número 86 



(1) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta 5. — Número 437. 

(2) Vo fué el año 1853 sino el 183a. como puede verse por el documento inserto en el 
tomo YI, dágina 229. 



— 3:38 — 

acompañé el paquete qtte U. nie adjtiintó en sn nota 15 de oc- 
tubre de 1833, del que me persuado sería el informe que biza 
á la preífectuVa del departamento sobre los- motivos que le 
obligaron para retirarse á su casa, dejando á mi destino^. 

Es quanto hai de dato sobre esta materia en esta sub- 
prefectura que le servirá de norte para satisfacer al gobierno. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



1836 



Arreglo de los pueblos del Hualiega 



E. N. P. 
Subprefectura de Maxnas« 

Moyobamba, noviembre 4 de 1836, 

Al señor Prefecto del Departamento. 

En consecuencia de la comisión que le conferí al gorerna- 
dor del cercado de esta ciudad don Pedro Pablo Vásqnez pa- 
ra reparar el arreglo de los pueblos del cordón del Huallagu 
con sus res(>ectivas instrucciones al intento, á desempeñado 
con la mayor honrades i delicadesa de los términos de las 
instrucciones de su comisión según demuestra por su infor- 
me de 3 de setiembre próximo pasado que original le acom- 
paño: US. inteligenciado de las disposiciones de dicho visita- 
dor que están en regla i mui benéficas á la reformación de 
aquellos pueblos semi— neófitos tanto tiempo abandonados, 
se servirá aprovarlos i de dar órdenes á esta subprefectura 
para llevar adevito efecto las escuelas que ha establecido, i 

(I) Docamento dd archivo especial de limites. — Sección Ecoador. ~ Siglo xn, rep&' 
bUca. — Carpeta la. -~ Número 545. 



el método de resar la doctrina cristiana por doctrina mayor, 
i menor como detalla el mencionado visitador en su citado in- 
forme por la razón nominal de enipleados peruanos y maes- 
tros de escuela que ha propuesto en cumplimiento de lo dis- 
puesto de esta subprefectura para el mgor régimen de aque- 
llos puebtes;^ verá* US. que es conforme ésa medida como se 
acostumbra en los pueblos de las naciones civilizadas i en su 
superior inteligencia se servirá aprovarlos y remitirles sus co- 
rrespondientes títulos: También acompaño á US. el arancel 
que ha impuesto originalmente el que es mtii venta/osó y d^ 
mucho mérito ha virtud de ser favorable tanto para los in- 
dios bogas como para los trancantes del Huallaga. Esta 
subprefectura ha adoptado por bien hechas todas las disjDo- 
siciones por menores de dicho visitador particularmente la 
formación' dé distritos, y la' elección de sUs governadores que 
sea en ciudadanos capaces de su desempeño de quienes se 
servirá US. espedir sus' coi-respondientes títulos para que en- 
tren al exercicio de sus funciones. — Amas el interés que lleva 
el' rtiencionádb visitador déla* reétauración de loS pueblos 
dfeí Tingo; Pufeblo'Nuevó, Chü'O Playa. Pa'upántico, Pucará 
i Limbnio qufe indébidataerite usut-pa lá jurisdíéción de esta 
magistratura elgovérnadóf db Monsóh dependiente de Hua- 
malíéá su^lito á US. con el itiayor interés se sirba* tohiar las 
medidas' oportunas i- conáiguiéntes reclamando al supremo 
goviemo pafa que se restituyan' dichos puieblos aesta juris- 
dicción á quien corresponden* por principios pbsitibos de la 
declaración de los lindes de los governadores anteriores. 

Al sobredicho don Pedro Basquez que ha desempeñado 
la citada comisión con una escrupulosidad recomendable i 
desinterés, sin grabar á los pueblos de su comisión en medio 
real pagando de su peculio todas las bogas, flete de canoa i 
gastos de papel sin embargo de ser un servicio interesante 
al estado, al departamento i aesta provincia recomiento á 
US. para que tenga presente sus servicios i que se los eleve 
al conocimiento del govierno. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo, (1) 



íi> Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. —Siglo xix, repfi. 
blica. — Carjieta 5. — Número 437. 



- 340 — 



1837 

Supresión del gobierno general de Hlelonee. 

E. N. P. 
Subprefectura de Mainas. 



N^ 15. 



Mojobambay 1^ de enero de 1837. 



Al señor prefecto i comandante general. 

Dándole el lleno devido ala snprema comanicación de 
US. fecha 4 del corriente número 51 relatiba á la supresión 
del govierno general de la misión de Mainas por ser opuesta 
su permanencia á nuestra institución, he dirigido con esta 
fecha las órdenes necesarias á todos los govemadores de 
ella i principalmente al que lo ha ejercido, sujetándolo al jui- 
cio de residencia que previenen las leyes de lo que daré opor- 
tuno abiso al juez de 1^ instancia. 

Dios guarde á US, 

Carlos del Castillo Rengifo. [1] 



[i].— Documento del archivo especial de límites.— Sección Ecuador.— Siglo XIX, repil- 
blica.«>K?arpeta 5.— N. 437. 



— 341 — 



1837 

Investigaciones sebre la existencia de una mina de 
azogue en las inmediaciones dei pueblo de Lar 



KOTA DEL SUBPRBFBCTO DB MAINAS 

AL PREFECTO DE AMAZONAS. 

Moyobamba, majo 6 de 1S37, 

E. N. P. 
Subprefectura de Mainas, 



Al señor prefecto i comandante general del departamento de 
Amazonas. 

S. P, 

En cumplimiento de la superior comunicación de VS. fe- 
cha 27 de abril próximo pasado número 39 i orden suprema 
referente á la especulación de la mina de asogue en las inme- 
piaciones de la ciudad de Lamas; con esta fecha ordeno á los 
governadores de Lamas i Tarapoto á que con la más viva 
energía soliciten el sitio, ó mina de dicho asogue i que me re- 
mitan del centro de la mina los metales más trasparentes 
que figuren á asogue en cantidad de una arroba ó más pa- 
ra dirigir á US. para su ensaye, examen i reconocimiento 
de su lei: también les prevengo á dichos gobernadores que 
presencien ellos mismos el trabajo de la mina i me den 
parte oportuno de su buen resultado para poner en conoci- 
miento de US. con lo que dejo contestada su citada nota. 

Dios guarde á VS. 

Carlos del Castillo. (1) 



(O Documento del archivo especial de líniites.-'^cdóü Ecuador. ^Siglo XIX, repú- 
blica— Cari)eta io— Número 527. 



- 342 - 



BL SUBPREFECTO DE MAINAS A LOS GOBERNADORES 

DE LAMAS I TARAPOTO 

P. N. P. 
Sobprefectura de Maioas. 



Moyobambaj 9 de majo d^ 1837. 

A los governadores de Lamas i Tarapoto. 

61 27 de abril áltiiTio i coa el número 31 me dice el señor 
teniente coronel prefecto i comandante general del departa- 
mento la orden que sigue: (Aquí el oficio) 

Que trascribo á UU. para que en el momento en unión de 
los jueces depas de esos distritos i circunvecinos los más idó- 
neos se reúnan i averiguando donde e^ la n\ina de abogue 
que trata la suprema orden, ser en las inmediaciones de esa 
ciudad, manden en persona, busquen la dicha mina, que re- 
mitan los metales que se consigan del mismo centro de la 
tierra de dicha mina^ con dos ó quatro peones, qne sean pa- 
gados en esta por mí su trabajo, de la conducción de dichos 
metales, con insinuaciones ciertas de los correos, pampa ó 
donde es tal riqueza cituada, qué indicios tienen los montesi 
i cerros, piedras; qué quebradas la tributan quanto dista del 
pueblo; para con ellas poder dar un parte sin desvíos. Intere- 
sa mucho que Uü me contesten esta nota en el término más 
corto de 12 días. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo, (1) 



,'il Documento del archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repü- 
blica. — Carpeta 5, — Número 440. 



- 343 - 



SEGUNDA NOTA DBL SUBPRBPBCTO DB MATNAS 

AL PREPBCTO DE AMAZONAS. 

E. N. P. 

StiV prefectura 
de la provincia de Mainas. 



N^ 69. 

Moyobamba, junio 6 de 1837. 

Al señor prefecto i comandante general del departamento. 

Para practicar personalmente lo que US. me previene en 
su nota apreciable de 27 de abril último, me ha sido preciso 
averiguar el paradero de la mina de azogue, que US. me in- 
dica está situada á las inmediaciones de la ciudad de Lamas. 
Pero no lo he conseguido á pesar de mis ardientes deseos, 
como lo testifica la nota del gobernador del distrito de 
aquel nombre, que tengo el honor de elevar al superior co- 
nocimiento de US. para su satisfacción. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo. [1] 



Li 1 Documento del archivo especial de límites— Sección Ecuador— Siglo xix, república. 
—Carpeta lo— Número 527. 

45 



— 344 — 



NOTA ANEXA A LA ANTERIOR DEL SUBRREFECTO DE MaINAS. 

Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

Con la nota de US. fecha 9 de nia3'o del presente mes es 
en este govierno trascribiéndome la nota del señor teniente 
coronel prefecto i comandante general del departamento, so- 
bre la mina de asogue cuya averiguación he practicado hoi 
á la fecha en concurso de la honorablejunta de notables, i al- 
gunos vecinos, pues no se ha conseguido noticia de ninguna, 
clase de metal ae mina por lo que á US. doi á saber para su 
govierno. 

Dios guarde á US. 

Nicolás Rodríguez. (1) 



1838 

Permiso al braslloro Silva Ferreira para penetrar ai 
río Putumayo. 

República Peruana 
Subprefectura de Mainas 

Moyobamba, á 28 de febrero de 1838. 

Al governador del distrito de Pevas. 

Siendo constante en este govierno i á todos los vecinos 
sensatos de esta provincia de Mainas que el finado don 



(I) Docamento del archivo especial (W limites — Sección Kcuador-^ifi^lo Xix, repúbli- 
ca — Carpeta lo — Número 527. 



— 345 — 

Francisco Caracallo tuvo primero su manción en el río Pu. 
tu mayo, i que él restituyó una campana perteneciente al Pu- 
turaa3-o, i puso en poder del señor doctor don Bruno de la 
Guarda, que la dicha campana se hallk en el día á disposi- 
ción del señor vicario general de las misiones doctor don Jo- 
sé Julián del Castillo Rengifo, i que siendo también constan- 
te que más de un año hizo mansión tanto en el pueblo de Pe- 
vas, i en el de Cochiquinas con la maj'or honrades que exi- 
gía su educación con comunicaciones asi á esta subprefectu* 
ra, i al señor prefecto del departamento de nuestra comarca, 
i al señor teniente coronel de ejército i comandante jeneral 
don Damián Nájar. En este estado su suegro del indicado 
caballero el señor ilustrísimo don Joaquín de Silva Ferreira, 
reclama, pide, i suplica, á este govierno le permita se intro- 
duzca al dicho Putumayo por la vía de los Yaguas á recojer 
todos los intereses del susodicho fínado su yerno. Por tan- 
to siendo justo su pedido ordeno á U. que no le impida di- 
cho viaje al indicado señor reclamante, con solo la adverten- 
cia de que no melle las leyes constituidas de nuestra nación 
por ningún objeto con correrías i sacrificios de indios infeli- 
ces ni otra cosa que deshonre al indicado señor de Silva 
(que estoi mui lejos de persuadirme á tal cosa) de cuyo veri- 
ficativo me dará U. aviso. 

Dios guarde á US. 

Jaan Portal Babilonia, (1) 



(I) Documento del archivo especial de Umites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta $. — Núm. 443, 



— 346 — 



1839 

El sttbpreffecto de Halnas pide aprobación de las me- 
didas que dictó para defender Santiago I Borja de 
las Invasiones de los salvajes. 

República Peruana. 

Subprefectura i ComandaDcia Militar 
de la Provincia de Mainas. 



N- 38. 

jStoyobamba, abril 6 de 1839» 

Al señor prefecto i comandante general del departamento de 
Amasonas* 

S. S. P. 

Consiguiente al parte que dio á esta subprefectura el go- 
bernador del distrito de Santiago i Borja don Juan José Su- 
maeta en nota 11 de diciembre último sobre la persecución 
de la nación neóñtaAguaruna á los pueblos ante dichos, que 
en dos ocasiones ha descendido desde el río Paracada donde 
recide por el Marañón con el obgeto de invadirlos, y sacrifi- 
carlos, repite dicho gobernador en 8 de febrero próximo pa- 
sado que dicha nación ha emprendido tercera invasión, i en 
ella ha sacrificado á los ciudadanos José Maldonado 3' Ma- 
nuel Rodríguez, i habiendo hecho estas víctimas se ha regre- 
sado asu hogar amenazando á Santiago i Borja de volverse 
con toda su gente que se compone de doscientos i tantos ha- 
bitantes, cuya amenaza tan funesta ha puesto á sus vecinos 
en una resolución ciega de abandonar los pueblos i trasmi- 
tirse á otros á fin de evitarse ser víctimas en manos de los 
bárbaros infieles. 



- 347 - 

Esta nación es muí diferente de las demás naciones sal- 
vajes del Bajo Marañón, Uca^'ali. Yahuari, Putumayo, i 
otros puntos, que son de arco i flecha, i lanzas envenenadas 
porque su armamento de esta es de rodelas, dardos i lanza, 
i algunos con armas de fuego, adquiridas en los términos del 
Equador: es naturalmente zag^s, ficciosa, i astuta, i con es- 
te método de política se induce á los pueblos, i ejecuta sus 
traiciones; i como los puntos de Santiago i Borja son mui 
precisos conservar en su tranquilidad i reposo, como á los 
demás de la provincia parece á este gobierno formar una es- 
pedición de beinticinco cíbicos con armas de fuego, i mandar 
al hogar de dichos infieles, i repelerlos á otros bosques á fin 
de que con esta esperiencia se escarmenten los injustos inva- 
sores. 

Ninguna nación por bárbara que sea se debe inquietar 
su tranquilidad, ni reducirla á fuerza ó adoptar ninguna 
causa que voluntariamente no quiera, porque sería infringir 
las garantías que prescribe la naturaleza á todos los seres 
de la tierra, pero en este caso, no es ocasionarla sin causa, 
sino por un medio de defensa para asegurar la tranquilidad 
de los puelilos, que es permitida por la misma esiusa déla 
naturaleza, i por la misma lei de las naciones cultas; i en su 
virtud tengo á bien j^oner al conocimiento superior de US. 
para se sirva aprobar dicha espedición en inteligencia que á 
esta empresa no le inspira ningón interés aljgobiefno porque 
son infieles desnudos, que el de aliviar á sus governados afli- 
gidos. 

Este motivo me impele á despachar este propio dador de 
esta, esperando que US. resuelva lo que juzgue conveniente; 
así lo cree su mui atento obsecuente S. S. 

Dios guarde á US. 

Juan Portal Bahilonia. (1) 



( I \ Documento riel archivo especial de Hmites. — ' SccciAn Kcilndof. — Siglo XtX, fi- 
pública. — Oarpeta ii. — Nám. 541. 



— 348 — 



1839 

Castigo al gobarnador do Pabas por habar dirigido 
una corroría da aalvajas an los torrltorlos dal Na^ 
po. 

NOTA AL AUTOR DE LA FALTA. 

Repáblica Peruana. 

Subprefectura i Comandancia Militar 
de la Provincia de Mainas. 



Moyobambü, abril 24 de 1839, 

Al ex-gobernador del pueblo de Pebas don Doroteo Arébalo. 

El ex-subprefecto don Gregorio del Castillo ha dirigido 
al conocimiento de este gobierno el parte que le dá en una 
carta miciva de 26 de enero áltimo sobre el sacriñcio que su- 
frieron León Arévalo, i Montilla por la nairión Payaguas, 
cuvas víctimas le motivó hacerse de gente armada con la 
mayor contrariedad sin conocimiento de este gobierno, para 
ir en venganza de una casta salvaje que metida en su hogar 
sin ser ocasionada, i encontrada no ofende á nación. Aun- 
que U. no dice en su carta haber tomado treinta i tantos 
cholitos, i cholitas de esa nación, se sabe por noticias que 
andan en la calle de que los bajó á ese n(í mero de prisioneros; 
es admirable que lo calle, cuando por ningún caso podrá os- 
curecerlos: en cuya virtud pondrá usted á disposición de don 
Joaquín de León los últimos infielitos. é infielitas parft que 
remitiéndome con persona segura, los dirija á la prefectura 
del departamento quien en su vista dictará lo que juzgue con- 
veniente con ellos, i con U. A si mismo me mandará ü. bein- 
te cinco pesos que condena el artículo 5 del auto de buen go- 
bierno de 30 de agosto del año anterior aprovado por la 



- 349 - 

prefectura á los que sin licencia del gobierno hacen corre- 
rías, cuyo impuesto pertenece al rudo municipal de esta 
ciudad. 

Dios guarde á U. 

Juan Babilonia. (1) 



NOTA AL GOBKRNADOR DE MISIONES. 



República Peni n na. 



Subprefectura i Comandancia Militar 
de la Provincia de Mainas. 



Moyobamba, abril 24 de 1839, 

Al ciudadano don Joaquín de León. 

Con esta fecha paso á don Doroteo Arévalo la orden 
que sigue. (Aquí el oficio). 

Que trascribo para que en su inteligencia haga efectiva 
dicha orden, i habiendo recibido los citados beinte, i cinco 
pesos en cualquiera especie al precio de este punto no siendo 
géneros, i los infielitos, é infielitas que haya bajado, sin de- 
jar ninguno los remita á esta capital ami disposición con 
don Buenaventura Vilelis morador de Oran haciéndole res- 
ponsable si malbersa el cumplimiento de una orden pues es- 
pero los cholitos para dirigirlos á la prefectura á fin de que 
disponga de ellos. 

Espero de su patriotismo que nada se le contrapondrá 
para que cumplidamente evacué esta comisión. 

Dios guarde á U. 

Juan Babilonia. (2) 



ii I Documento del archivo especial de límites. — Sección Kcuador. — Siglo XIX, re- 
pública. - Carpeta ii. — Kúm. 541. 

(2) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. Siglo XlX, re- 
pública. — Carpeta lo. - Núm 536. 



- 350 — 



1839 

NombrainlMita do mi segundo gobernador para el 
frito de Valle. 

República Peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobamba^ muyo 12 de 1839. 



Al ciudadano Faustino Sepúlveda. 

Hallándose bastantemente mal servido el distrito del Va- 
lle con un solo gobernador por los diferentes puntos de su 
jurisdición, i deseando el adelantamiento del orden, i el me- 
jor servicio de la nación i del público, he tenido á bien nom- 
brarle á U. gobernador del Puesto de Pisana, i sus anexos 
hasta Balsayaco para que pueda ü. gobernar esos natura- 
les, i absuelva puntualmente todas las providencias i demás 
que fueren concefnientes en beneñcío de los trancantes. Bn 
cuya virtud publicará U. este nombramiento provisorio en 
ese puerto en el pueblo de Pisana, i Basayaco para que le 
reconozcan por tal funcionario i le guarden i hagan guardar 
los- fueros, i privilegios que por este le pertenecen. 

Encargo á U, extrictamente, i bajo de la más seria res- 
posabilidad el buen orden, tranquilidad, i la devida subor- 
dinación que debe establecer, i conservar ilesamente en esos 
naturales del distrito de su mando. 

Dios guarde á U. 

Gregorio del Castillo. ( 1 ) 



[i] Documento del archivo especial de limites. -^ Sección Ecuador. — Siglo XIX, re* 
pública. - Carpeta 6. — Núm. 446. 



— 351 - 



1839 



Proyecto do oduanlllo do la frontera norto dol Aroazo- 



República Peruana 

Subprefectura i Comandancia Militar 
de Mainas 



Moyohamba^ septiembre 6 de 1839, 

N^ 142. 

Al señor prefecto i comandante Jeneral del departamento de 
Amazonas. 

S. P. 

Por la superior nota de US. de 17 de agosto próximo 
pasado número 125 que incluye su nota de 13 del mismo di- 
rigida al señor jeneral en jefe del ejército nacional, i jefe su- 
perior del norte, soi informado que US. se desvela en el inte- 
rés de dar término á los desordenes de los portugueses en esta 
provincia, i erigir el establecimiento de una aduanilla que 
debe ser en Loreto, 6 Pebas por estar este punto á bajo 
de la boca del río Ucayali, i de la del Huallaga, i no en la 
Laguna por mui inmediato á esta capital, que sería difícil 
cobrar los derechos á los que se dirigen por Uca^'ali por el 
Ñapo, i por el Marañón arriba. 

Circularé á quienes corresponde la citada nota para in- 
teligencia i demás efectos. 

Dios guarde á US. 

Jvan Babilonia. (1) 



(n Documento del archivo especial de límites. — Sección Bcuador. — Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta No. II.— No, 54Í. 

46 



— 352 — 



1840 

Propuesta úm gobernador generol de Misiones 

Repúbica Peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobambii^juaio 11 de 1840. 

Al señor prefecto del departamento. 

La experiencia hace presente todos los días á esta sub- 
prefectura te falta de un gobernador general en las misiones 
alta i baja de esta provincia que con mas inmediación á los 
demás gobernadores, al paso de estimarlos parece buen i 
exacto cumplimiento de sus deberes, entable i mantenga el 
orden i armonía, que no se conocen en dichas misiones desde 
que les falta el mencionado governador: por cuja razón 
tengo á bien proponer para el expresado destino á don Eus- 
taquio Babilionia en primer lugar, en segundo á don Tori- 
bio Vasques i en tercero á don Gregorio del Castillo para 
que si fuese del superior agrado de US. se sirva mandar ex- 
tender el despacho correspondiente á uno de ellos, teniendo 
presente que para el cargo de la presente solicitud el más 
adecuado i apropocito es el que ocupa el primer lugar de la 
terna. 

Dios guarde á U. 

Sinforoso Reina. (!) 



CO Docunfcnto del arcírivo especial de Ifmítes.-^^ecd^ Ectiador.-^^iglo XIX, repú- 
blica. -^af peta No. 6.— íío. 447. 



— 353 — 



1840 

Para qua los gobar nadara a da las alllas da Mlslanas 
saan tañidas par slmplas Inspactaras. 

República Peruana 
Subprefectura de M aínas 



Moyobamba^ julio 6 de 1840, 

W 66. 

Al señor coronel prefecto del departamento. 

S. C. P. 

Por los fundamentos que arroja la superior cominicación 
de US. 28 del que espira, i los que le espuse en nota 11 del 
mismo mes, veo se á propuesto US. determinar que todos los 
individuos que han obtenido despachos de governadores pa- 
ra los aillos de los habitantes de las misiones de esta pro- 
vincia sean tenidos por inspectores, quedando sujetos al 
governador don Eustaquio Babilonia, aquien pondrá en po- 
sesión de su destino tan luego como se me presente su despa- 
cho, i le transcribiere la superior determinación de US. como 
igualmente aquicnes corresponda. 

Dios guarde á US. 

Sinforoso Reina . ( 1 ) 



[i] Documento del archivo especial de Hraites.— Sección Ecuador. — Sij^Io XIX, repú- 
blica. — Carpeta No. ii. — ^No. 542. 



- 354 - 



1841 



Aduanllla en la f rentera de Lo reto 

República Peruana 
Subprefectura de Mainas 

Moyobamba^ noviembre 6 de 1841, 
N^ 65. 

Al señor coronel prefecto del departamento. 

En contestación á la superior nota de US. 28 del próxi- 
mo pasado número 105 relativa álos estrangeros que se ha- 
llan introducidos en la frontera de Loreto procedentes del 
imperio brasilence, debo decirle: Qne con fecha 19 de junio 
ponen en conocimiento de esta subprefectura la decisión que 
tiene de sugetarse á todas las pensiones que se les imponga 
con arreglo á las leyes, i que si ellos desconocen las cargas 
nacionales es porque hasta la fecha no se les ha impuesto nin- 
guna. En esta virtud digo á US. que le sería mui fitil á nues- 
tra nación, principalmente á esta provincia, establecer en di- 
cha frontera una aduanilla que esté á la mira de las intro- 
ducciones que hacen dichos extrangeros, como también de 
las substracciones de productos de esta provincia i que todo 
artículo pagando una pensión según el reglamento, podía, de 
alguna manera, ayudar las necesidades del estado, i de con- 
siguiente aumentaría, i activaría más el comercio de esta 
provincia. Sin que obste esto, mi obligación el obedecer, i 
cumplir puntualmente sus órdenes; le aseguro que seré ince- 
santo en dirigir mis providencias contra todos aquellos que 
les sean deudores á los emperadores extrangeros bajo los 
mismos términos que US. me previene. 

Dios Guarde á U. 

José María Arebalo. (1) 

(I) Documento del archivo especial de limite». — Sección Ecuador. -^ Siglo XIX, re 
pública^ — Carpeta 12. - Núm. 545. 



3^ í? 



1843 

Supresión do los gobernadores de les pueblos de Mi- 
siones. 

República Peni ana 
Sub-prefectura de Mainas 



Moyohamba^ marzo 6 de 1834. 

A los gobernadores de la misión alta i baja. 

Por resolución suprema de 8 de junio anterior se ha dis- 
puesto que para el mejor arreglo de las misiones queden su- 
primidas las gobernaciones en los pueblos de ella, reasumién- 
dose puramente en seis distritos, los quales sean regidos por 
individuos propuestos por S. S. L, i á los quales la subpre- 
fectura les libre el despacho conforme al artículo undécimo 
de la citada resolución suprema, i estando actualmente gi- 
rándose estos, prevengo á U. U. que en el entre tanto, mar- 
chen los dichos, traten U. U. de redondearse de los intereses, 
como también de formar el inventario perteneciente al ar- 
chivo del pueblo de su cargo, para que tan luego como se 
presenten los nombrados, se lo entreguen el mando de él, 
igualmente que los inventarios contenidos. 

Dios guarde á ü. U. 

Gregorio del Castillo, (1) 



[ I ] Documento d«l archivo est)eci&.l de IfmiteB. -^ Sección EcUador. «^ Siglo XVÍ, n» 
pública. — Carpeta t>. — Kúm. 449. 



— 356 — 



1843 

Proyacto da astablaclrolanto da ana aduana an al In* 
tarior da Malnas. 

Rep(íblica Pemana 
Subprefectura de Mainas 

Moyobamba^ julio 6 de 1843. 

Al señor prefecto del departamento de Amazonas. 

S. P. 

Con la estimable comunicación de US. de 26 del próxi- 
mo pasado número 51 tengo la honra de haberme impuesto 
en la del ministerio de hacienda fecha 12 de mayo último 
que trata sobre la creación de una aduana en el interior de 
esta provincia que cobre los derechos de los efectos que im- 
porten 6 exporten los extrangeros del Ecuador, i del Bracil 
como solicitado por US. wVle congratulo con esta medida 
que tal vez reporte algo á mi providencia i entre tanto exijo 
del señor gobernador en jeneral de misiones los datos relati- 
vos al comercio de industria que US. me pide, que este fun- 
cionario es quien debe darlos exactos, por quanto se halla 
en contacto con los estados indicados para remitirlos á US. 
oportunamente. 

Dios guarde á US. 

Gregorio del Castillo. { 1 ) 



(1) Documento deí archivo especial de límite». — Sección Ecnador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 6. — Nám. 451. 



— 357 — 



1834-1844 

Destrucción del pueblo de Senta Teresa por ios sal- 
vajes i medidas para contener los avances de 
éstos. 



NOTA DEL GOBERNADOR DE JEBEROS AL SUBPREFECTO 

DE MAINAS 

Repáblica Peruana 
Gobierno de Jeveros 



Jeveros, noviembre 2 de 1843. 



Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 



S. S. P. 

Acabo de recibir una nota con fecha 30 del que ha feneci- 
do, en que el juez de paz de la Barranca me dá un funesto 
parte de haver sido alevosamente devastada la población 
de Santa Teresa por los infieles Guambisas, 6 Aguarunas, 
habiendo sido comprendidos en esta lastimosa carnicería un 
vecino de esa ciudad, llamado don Canuto Acosta con cinco 
cocamillas. La barbarie no ha parado en esto, pues tam> 
bien me avisa el mismo juez de paz que cinco barranquinos 
que fueron á labrar una canoa por el río de Morona fueron 
víctimas de los mismos bárbaros. Me pide aucilio con la 
gente de esta ciudad, para estorvar otra nueva invación (que 
según el dicho de ellos) intentan contra los pueblos restantes 
hasta esta ciudad, i esa de Moyobamba- Por esto es, señor 



- 358 — 

subprefecto, debe poner en resguardo á dichos pueblos como 
que debe mirar en fuerza de su autoridad por su bienestar. 

Dios guarde á U. 

José de los Santos Días. (1) 



EL SUBPREFECTO DE MAINAS AL GOBERNADOR DE MISIONES 

República peruana 
Subpreiectura de Mainas 



N^ 1. 

Moyobamba^ noviembre 11 de 1843. 

Al señor gobernador en jeneral de las misiones don Pedro 
Pablo Vasquez Caicedo. 

El expedicionario de Santiago i Borja don José Monteza 
con fecha 9 del corriente adjuntándome dos notas una del 
juez de paz del pueblo de San Antonio fecha en 28 de octubre 
último, i la otra del gobernador de Jeveros en 2 del corrien- 
te que ambas piesas le traslado, me dice lo que sigue (aquí 
las notas). 

Que transcribo á U. para que instruido en todo proceda 
por primera vez por todos los medios de prudencia, urbani- 
dad i buena inteligencia á contener cualesquiera desorden i 
tropelía, prevenido que si estas virtudes ejercitadas no hu- 
biesen lugar sea por la causa que fuere, alarme U. todos los 
distritos i pueblos de su mando, i bajo su estrecha responsa- 
bilidad los contrarreste, i repela hasta hacerlos rendir á dichos 
infieles ó que se retiren á sus guaridas dejándonos en paz i 



|il Documento dd archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — ^lo xix, repA- 
blica. — Carpeta 6. — Número 45a. 



- 359 - 

tranquilidad, obrando en caso necesario de común acuerdo 
con don José Monteza expcrdicionario de Santiago i Boija, 
quien hasta optar 1^ resolución del señor coronel prefecto 
del departamento que en esta fecha le doi parte si así requie- 
re el caso, se estacione con su gente en la ciudad de Jeveros 6 
en otro punto más conveniente. U. con su patriotismo, zelo, 
honor, honradez como tan práctico en las costumbres de 
esas regiones propenderá á dirigir sus pasos con el acierto 
que apetezco evitando si posible fuera toda desgracia ajena 
á nuestro sistema i santa religión, sin cesar de darme parte 
de las ocurrencias aunque sea por momentos para mi inteli- 
gencia i gobierno. 

Dios guarde á U. 

Evaristo Tañirde Córdoba. (1) 



EL SUBPRBFBCTO DB MAINAS AL GOBERNADOR D£ JEBEROS 

República peruana 
Subprefectura de Mainas 

N^ 2. 

Moyobamha, 11 de noviembre de 1843. 

Al gobernador de Jeveros. 

En vista de su apreciable nota 2 del corriente mes refe- 
rente á las desgracias ocasionadas por los infieles guambi- 
sas asesinando en Santa Teresa á once individuos cristianos, 
para repulsarlos en esta fecha he dado la orden conbeniente 
al señor gobernador en jeneral de esas misiones. U. como 



(i] Documento del archivo especial de limites. — Sección Hcttador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta 6. — Número 452. 

47 



— 360 - 

tan interesado á nuestra sagrada causa poniéndose de acuer- 
do con dicho señor gobernador en jeneral procederá bajo su 
estrecha responsabilidad á contener semejantes desórdenes, 
i tropelías valiéndose en primera vez por todos los medios 
de la prodencia, i sagacidad para evitar algunas desgracias 
mas en mayor 6 menor númefo. Mas no consiguiendo por 
estos medios suaves i recomendables por segunda alarmará 
U. con energía á todos los pueblos de su dependencia, i por 
la fuerza repelará U. á dichos infieles hasta hacerlos rendir, 
6 que se retiren á sus guaridas dejándonos en tranquilidad, 
i buen orden, tomando para ello todas las medidas necesa- 
i obrando de coman acuerdo también en caso preciso con don 
José Monteza expedicionario de santiago i Borja, que tiene 
número de armas del estado, i gente de su expedición, i de sus 
resultas dándome aviso continuamente para mi inteligencia 
i gobierno. 

Dios guarde á U. 

Evaristo Tafur de Córdova, (1) 



[i] Documento del archivo especial íIc límites. -»$>ecci6<i Kcimdof. — Siíflo XIX, te- 
pública. — Carpeta 6. — Número 452. 



— 361 — 



EL SUBPBEFBCTO DB UAINAS AL PREFECTO DR AMAZONAS 

República peruana • ' • 

— ' • ; ■ . • ' : ' ' • ; . ■ 

Subprefectura de Mainas . 



Móyóbámba^ noviembre 11 de 1848, 



I I 



Al señor cpronel prefecto de este departamento de Amázp» 
ñas. 

' s. c; p. ' 

■: ■ : ■ ■• ■■ ■ . 

La!s tres piezas que tengo el honor de pasar á ías supe- 
riores manos dé US. bajo los números 1, 2 i 3, lá primera 
del juez de paz dé Sif^n Antonio, la segunda del gobernador de 
Jeveros, i lá tercera de don José Mpntéza, éxpedidónario de 
Santiago i Borja, instruirán á US. délos sucesos que Han pasa- 
do en Santa Teresa Causados por los infieles Guambisas, ó 
Aguarunas, i los desafíos que nos hacen de continuar con sus 
fechorías en aquellos pueblois vecinos. Cerciorado US. ple- 
namente de tales sucesos que todos los años por este tiempo 
siempre acostumbran hacer según los informes quede los ve- 
cinos notables de esta ciudad he recivido, i de que además 
de ello tienen noticia dé la dicha expedición i se han alarmado 
sin duda alguna para rechazarla. Eh su consecuencia se ser- 
virá US. dictar las providencias necesarias, con todo el 
acierto que acostumbra para contenerlos. No obstante este 
p^rte que dirijo á US., yclosmente, he puesto también tal su- 
ceso en conocimiento del señor comandante jeneral de este 
departamento que se halla presente transcribiéndole con to- 
da presteza las dichas tres piezas para que como tan obli- 
gado propenda por todos medios posibles á contener dicho 
desorden. Yo de la mía con acuerdo de dicho señor coman- 
dante jeneral, tengo para el efecto dictadas las ordenes co- 
rrespondiente dirigidas al gobernador en jeneral de aquellas 



— 362 — 

regione», i al de Jeveros, previniéndole á don José Monteza 
quede estacionada su expedición en Jeveros entre tanto se 
sirva dictarlas acertadas resoluciones de US. no con otro fin 
sino con el de tranquilisar esos desórdenes más bien con la 
prudencia i moderación que con la fuerza como ha sucedido 
en esta ciudad que con mi llegada toda inquietud i alarma de 
los vecinos ha desaparecido totalmente, i se hallan toda clase 
de vecinos en pura tranquilidad, perfecta armonía, i buena 
inteligencia. No creo que con esos pobres neófitos i erran- 
tes salgan de sus guaridas ni invadan más puntos de 
los que han acostumbrado hacer por horfandad de ellos. 
Mas si intentasen adelantar sus pasos á los pueblos reduci- 
dos, ordeno á dichos gobernadores les repulsen con toda 
fuerza, i vigor, hasta rendirlos, ó hacerlos contramarchar á 
sus guaridas, cuyas noticia que exijo con energía á los refe- 
ridos funcionarios continuamente pondré en el superior co- 
nocimiento de US. para lo combeniente. 

Hasta la fecha no se han arreglado las milicias naciona- 
les en esta ciudad, ni hai un solo jefe ni oficial con quien en- 
tenderse más de el referido señor comandante jeneral sin un 
solo soldado, i me pareire de justicia se me amplié facultad 
por US. para arreglar provisionalmente una ó dos compa- 
ñías para casos semejantes. La materia me parece de poca 
importancia, i juzgo en la penetración de US. no le molesta- 
rá en grado superlativo que demande sacrificios extraordi- 
narios. Haré yo de mi parte cuanto esté á mis alcances pa- 
ra contener tales incidencias, i tropelías en correspondencia 
de mi deber, de mi patriotismo tantas veces acreditado, de 
mi honor, i honradez. Suplico á US. no se retarde la contes- 
tación para obrar con más acierto, según sus prevenciones. 

Dios guarde á US. 

S. C. P. 
Evaristo Tafur de Córdova. (1) 



(I í Docttixicnto del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo ;wx, repú- 
blica. — Carpeta 6. — Kámero 452. 



- 363 - 



EL GOBERNADOR DE MISIONES AL SUBPREFECTO DE MAINAS 

República Peruana 
Gobierno en jeneral de las misiones 



Balsapucrto, noviembre 16 de 1843. 



Al señor coronel subfirefecto de esta provincia. 



w). V^* v). Jl • 

Instruido en los tres partes que US. me incluye er su 
respetable de 11 del presente, relativos á la inmolación de 
once víctimas por los infieles Guambisas 6 Aguarunas por 
Santa Teresa, i que la orgullosa resolución de estos es devas- 
tar estos pueblos, principalmente la ciudad de Jeveros, i á 
esa capital, según dice el comisario de San Antonio, motivos 
que han impulsado á US. para ordenarme que alarme los 
pueblos amenazados i también los vecinos para el efecto de 
que estén espeditos para una pronta defensa, i en consecuen- 
cia mande repeler á sus hogares á los bárbaros á fin de que 
la provincia descance sobre la paz i tranquilidad. En virtud 
i en cumplimiento de la predicha orden, he mandado que en 
este pueblo, Chayavitas, Cahuapanas, Muniches, Jeveros, 
San Antonio, i barranca se armen de lanzas i macanas de 
chonta, porque estos infieles no tienen ninguna clase de 
arma ofensiva por ser pacíficos, i los de Yurimaguas, Santa 
Cruz, Laguna, San Regis, Parinari Nauta i Omaguas de ar- 
cos i flechas, i he dispuesto que por primera partida vayan 
los gobernadores de la Laguna i Nauta con cien flecheros es- 
cogidos cada uno á espulsar á los sobredichos infieles de los 
puntos del río de Santiago hasta constituirlos A lo mas re- 
moto de sus hogares salvajes, lo que efectuarán con el res- 
guardo del piquete del señor don José Monteza. • 



- 364 — 

Se lo digo á US. para su superior inteligencia i de máa 
efectos. 

Dios guarde á US. 

Pedro Pablo Vasqvez Caicedo, (1) 



EL SUBPREFBCTO DE MAINAS AL GOBERNADOR DE MISIONES 



República peruana 
Subprefectura de Mainas 



N^ 8. 

Moyobamba, noviembre 28 de 1843. 

Al gobernador en jeneral de las misiones. 

El benemérito señor coronel prefecto en su superior nota 
21 del corriente referente á la invasión que los infieles de las 
tribus Guambisas i Aguarunas han hecho sobre los pueblos 
de Santiago i Borja, Barranca i Santa Teresa de que le di 
parte con la nota oficial del juez de paz de dicho pueblo de 
Santa Teresa, se ha servido decirme lo siguiente: [aquí la 
nota]. 

En su consecuencia i cumplimiento ordeno á U. que ob- 
servando puntualmente lo dispuesto por dicho señor coronel 
prefecto i remitiéndome un detalle circunstanciado de cuanto 
ha pasado en esos pueblos con la imbación de los referidos 
infieles proceda á contenerlos alarmando á todos los habi- 
tantes de esos distritos bajo su estrecha responsabilidad 
dándome continuos avisos de sus resultados. 



fi} Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecnador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Número 452. — Carpeta 6. 



— 365 - 

Igualmente impedirá por el orden legal á don José Mon- 
teza la continuación de su expepición á Santiago i Borja co- 
mo lo ordena el expresadp señor coronel prefecto entre tan- 
to preste las seguridades debidas de sus resultados, para con 
este objeto le transcribo, con esta fecha en nota oficial que 
le dirijo por conducto de U. dicha superior resolución previ- 
niendo á U. que después de obrar señido á esta me acuse el 
correspondiente recivo para los fines consiguientes. 

Dios guarde á U. 

Evaristo Tafur de Córdova. (1) 



BL GOBERNADOR DE MISIONES AL SUBPREFECTO DE MAINAS 

Pepública Peruana. 
Gobierno en jeneral de misiones 

BalsapuertOf noviembre 8 de 1843. 

Al señor coronel subprefecto de esta provincia. 

S. C. Subprefecto. 

Acompaño á US. el parte que me dá el juez de paz de 
Unuaga con fecha 28 de noviembre próximo pasado del des- 
graciado acontecimiento del 31 de octubre último en Santa 
Teresa con los naturales de Santiago por los infieles Guam- 
bisas. El parte es bien confuso, i según me he informado 
hoi con don Felipe López, i los curacas de Cahuapanas Am- 
brosio Amaringosa i Valentín Guiñapi fué este triste i la- 
mentable suceso en la forma siguiente. 



ii) Documento del archivo especial de límites. ~ Sección P«cuador. — Siglo XIX, repú- 
blicn. — Carpeta 6. — Número 45a. 



— 366 ^ 

El 31 de octubre ultimo se desembarcaron cincuenta i 
nueve inñeles Guambisas dirigidos por cinco curacas i se dis- 
tribuyeron en las casas de sus amigos, compadres, comiendo 
i veviendo. como habían hecho siempre, pero todos con sus 
rejones de fierro bien brillantes, i afilados, i en circunstan- 
cias de que el curaca Ambusha, infiel lenguaras, estaba con 
diez de sus compañeros, ya cerca de las once ó doce, toman- 
do aguardiente en la casa de su compadre don Fernando 
Núñez, se aportó don Canuto Acosta con su canoa i bogas 
en Santa Teresa, i saliendo de su embarcación se dirigió 
ala casa de su compadre don Fernando Nuñez, i en pos 
de él sus bogas, quedándose cuidando sus cholitos, su 
hijo Buenaventura, i su sobnno Eusebio. Llegado que 
fué á su compadre le saludó mui alegre, i del mismo 
modo al curaca Ambusha, i ú los demás. Se echó en la 
amaca, i entre conversaciones le brindó Núñez una botella 
de aguardiente, del cual convidó al curaca infiel, á sus bo- 
gas, i á los diez infieles que estaban en la casa. Luego el cu- 
raca dijo: quiero sentarme al lado de Guiracucha para par- 
lar un rato, i le dijo á don Canuto: T6 traerás algún mal. 
¿Cierto es que bienen soldados para matarnos? A estos inte- 
rrogatorios respondió don Canuto sin precaución é impru- 
dente diciéndole: — Que traigo la peste, para que tú, i tu gen- 
te mueran. Vienen los soldados para amarrarte i amarrar 
tu gente, i llevarles para Moyobamba. Sobresaltado con 
tales respuestas se levantó el curaca i le dijo — Supuesto que 
yo i mi gente hemos de morir; muere tu primero, i todos los 
cristianos— Dicho esto, le envasó con su lanza en la amaca, i 
le continuó las lanzadas hasta matarlo — Muerto el pobre 
Acosta, pasó con furia sobre Nüñez, i mientras mata á este, 
los diez que estaban en esa casa, mataron á los cocamillas. i 
á todoá los que se fueron á la novedad de la llegada de don 
Canuto. Con el ejemplo del curaca, todos los de su comi- 
sión lanzaron á cuantos cristianos habían en el lugar i á los 
cholitos de don Canuto, á su hijo. Buenaventura i á su so- 
brino Eusebio, después de matarlos los botaron al Mara-| 
ñon. Concluida la carnicería tomaron por despojo cuanto 
llevó Acosta, i cuanto tuvieron los muertos se repartieron, i 
se llevaron por triunfo de la victoria doce mujeres mucha- 
chas prisioneras distribuidas entre los curacas, i las cosa» 



- 367 — 

que refiere el parte. Los que se escaparon por hallarse en 
sus chacras i pescas, que fueron raui pocos, se bajaron para 
Unuaga, i dieron noticia: enervados de sentimiento Juan 
Bautista Gama, Vicente Pérez, José Torres, Mariano Torres, 
Rafael Torres, Felipe Torres i otros de Borja, se fueron con 
sus espetas á Santa Teresa, i hallaron los muertos envueltos 
en su sangre, ya en sus casas, ya en los patios, ya dentro de 
sus toldos, 6 aposentos, i á don Canuto en la casa de N6ñez 
con su casero compadre, i con los cocamillas muertos. Se- 
gún la razón que me han dado los curacas de Cahuapanas 
como informados por otro de Barranca, los infieles fueron 
dirigidos por cinco curacas de las tres naciones, Guambisas, 
Aguarunas, i Muratos, i que estos han protestado destruir 
los pueblos cristianos porque se lisonjean en la muchedum- 
bre de sus naciones. 

Los Santiaguinos segán el reconocimiento que hicieron, 
fueron muertos veinte i nueve, i los de la canoa de don Ca- 
nuto incluso él nueve. 

También han muerto en manos de los mismos infieles 
dies Barranquinos: á cinco sacrificaron estando haciendo ca- 
noa, encontrándoles en busca de sarsa. 

Todo lo que tengo el honor de poner en conocimiento 
para su superior inteligencia i demás efectos. 

Dios guarde á US. 

Pedro Pablo Vasquez Caiceci o, (1) 



(i]. — Documentos del archivo especial de límites.— Sección Ecuador.— Siglo XIX, repú- | 

blica.— Carpeta 6.— N. 452. 

48 



^ 368 — 



EL JUEZ DE PAZ DE UNÜAGA AL GOBERNADOR DE MISIONES 

República Peruana 
Jiiez de Paz de este pueblo 



Unuaga^ 28 de noviembre de 1843. 



Al señor gobernador en jeneral de la provincia de Mainas. 

Con esta fecha sea aberiguado df todo, con el señor co- 
misario i ante todo el pueblo, los infieles han hecho un de3- 
troso en Santa Teresa, tiranamente hirieron i mataron 29 al- 
mas entre chicos i grandes; ala familia de don Canuto mata- 
ron 4 bogas, 4 muchachos coa él cinco i sus cosas todito se 
cargaron sin dejar, nada mas de su canoa toda quebrada, 
que á punta de acha quebraron; solo aparece una arma ful- 
minante, que hallaron entro déla agua, i más llevaron once 
mujeres chicas i grandes i mas llevaron cosas de la iglesia 
tres manteles dos paeñuelos ballonas un manto de la virgen 
tres paños de listas de Lamas i otras cosas; bolvio una mu- 
jer christtana que vino uida délas manos de los infieles i m^ 
llevaron un pendón, esta mujer dise que los infieles ya están 
cosechando sus chacras en el puesto Yurimaguas i en otras 
casas están juntos todavía i que están con intenciones de re- 
tirarse á este dicho punto para que ninguho pueda dar con 
ellos, i que havia oido decir á dichos barbaros van á saltar 
hasta CahuapanasXeveros i la capital de Moyobamba i que 
disen no temerá ninguna fuersa armada, i que sus intenciones 
es de soltarlos en el pongo de Manseirichi á cuantos fuesen á 
perseguirlos. A los tres días de haber sucedido el terrible 
asesinato de don Canuto Acosta i avitantes del pueblo de 
Santa Teresa han salido los pocos agraviados que han so- 
brado á bengar su afrenta que han hecho los infieles i apenas 
han encontrado otra parte de infieles que no han venido á 
hacer esa desgracia, i de no poder encontrar á los hechorea^ 



— 369 

han restituido la sangre de sus compatriotas con la sangré 
de estos i desolando á los barones han traído también ellos 
cuatro fnujercj^ infielas i una idñelita i un infielito i mas otra 
inñelita. 

Yó el juez de paz de Unuaga he entregado por exijencia 
riel governador de estos distritos don Santos Dias, cuatro 
sable?, nueve achns pertenecientes al fínado don Canuto 
Acosta, que dicho ñnado rae encargó para venderle en oro, 
lo que participo al govierno. 

Dios guarde á U. 
A ruego de don p. Antonio Torres por no saber escribir. 

Juan de ¡a Cruz Cifuentes. (1) 



EL SUBPRBFECTO DB MAINAS AL GOBEftNADOR DB MISIONES 

República peruana 
Subprcfectura de Mainas 

N. 17. 

Moyobambay diciembre 12 de 1843, 

Al gobernador en jeneral de las misiones. 

Por su apreciada comunicación 8 del corriente mes, he 
visto con dolor, i grande indignación los asesinatos que á 
nuestros conciudadanos han hecho en Santa Teresa los infie- 
les Guambisas, Aguarones, i Muratos, que provocan á una 
ardiente i decidida venganza para perseguirlos por todos 
medios, razón i justicia, i someterlos por toda fuerza á su 



\i\ Documento del nrehivo especial de limites. — Sección Bcuádor. — SírIo XIX, re- 
pública. — Carpeta 13. — Número 547. 



— 370 - 

tal exterminio. Mas siendo estos unos neófitos irracionales, 
que en todo han obrado sin conocimiento de dogmas católi- 
cos ni de los efectos délos crimines que han cometido, lo que 
por ahora nos conviene á nuestra defensa es que se alarme 
como antes de ahora lo tengo prevenido á todos los havi- 
tantes de estos distritos inmediatos á Santa Teresa, Barran- 
ca, Santiago i Borja, i no pudiendo perseguirlos has^a sus 
guaridas para tomarlos por medios 4egales sin causarles 
mortandad citen á la defensa absoluta» sin permitirles por 
ninguna manera vuelban á nuestros suelos cristianos i sa- 
grados á cometer otros tantos ó mayores atententados. Pa- 
ra esto mandará U. armar á dichos havitantes con armas de 
fuego que no falta en esos puntos, con rejones, puñales, achas, 
ipuUes, flechas i macanas, i con otras que se consigan, i sean 
esenciales para el caso dando para ello las ordenes necesa- 
rias á todos los gobernadores, inspectores i jueces de paz de 
aquellos distintos pueblos i nombrando de consiguiente co- 
misionados de conocido patriotismo, virtudes morales, zelo, 
honor, honradez i amor al bien público, i que sean de toda 
responsabilidad para que obren de comuno bajo las sagra- 
das obligaciones de U. mismo, dándome consecutivos avisos 
de todo lo que resultare ó que no siendo favorable alarme 
todo este honrado vecindario, i pasen á perseguirlos unidos 
todos ustedes. 

Dios guarde á U. 

Evaristo Tafurde Córdova. (1) 



(I) Documento át\ archivo especial de líiníte«. -^ Sección EcUadof. ~ Siglo XtX, i'epíi- 
blica. — Carpeta 6. -^ Número 452. 



— 371 - 



EL SÜBPREFBCTO DE MAINAS 

AL COMANDANTE GENERAL DE AMAZONAS. 



República Peruana. 

Subrefectura 
de la provincia de Mainas. 



Moyobamba, diciembre 13 de 1843, 

Al señor comandante general de este departamento de Ama- 
zonas. 

El gobernador en jeneral délas misiones refiriéndose á la 
ínvacion, asesinatos echos en Santa Teresa á nuestros con- 
ciudadanos por los infieles guambisas, aguarones i muratos, 
en su comunicación 8 del corriente mes ha dado el parte si- 
guiente: 

** Señor coronel sub-prefecto.— Acompaño á US. el parte 
que me dá el juez de paz de Unuaga con fecha 25 de noviem- 
bre paóximo pasado del desgraciado acontecimiento del 31 
de octubre último en Santa Teresa con naturoles de Santia- 
go, por los infieles guambisas. El parte es bien confuso, i se- 
gún me he informado hoi con don F'elipe Lopes, i los curacas 
deCahuapanas Ambrosio Amaringosa i Valentín Guiñapi fué 
este triste i lamentable suceso en la forma siguiente. — El 31 
de octubre último se desembarcaron cincuenta i nueve infieles 
guambisas dirigidos por cinco curacas, i se distribuyeron en 
las casas de sus amigos i compadres, comiendo i veviendo 
como habían hecho siempre, pero todos con sus rejones de 
fierro bien brillantes i afilados, i en circunstancias de que el 
curaca Ambusha infiel lenguaraz, estaba con die¿ de sus 
compañeros, ya cerca de las once ó doce, tomando agurdien- 
te en la casa de su comp^idre don Fernando Nuñes, se apor- 
tó don Benito Acosta en su casa i Bogas en Santa Teresa i 
saliendo de su embarcación se dirigió á la casa de su compa- 
dre Nuñes i en pos el sus bogas, quedándose cuidando sus 
choUtos, su hijo Buenaventura, i su sobrino Eusebio. Lie- 



- 372 - 

gado qtie fué á su compadre la saludó muí alegre, i del mis- 
mo modo al curaca Ambusha, i entre combersaciones le brin- 
dó Nuñez una botella de aguardiente, del cual convidó al cu- 
raca infíel, á sus bogas, i á los diez inñeles que estaban en la 
casa. Luego el curaca dijo— Quiero sentarme al lado de Gui- 
lacuha pnra parlar un rato, i le dijo á don Canuto. Tu trae- 
rás algún mal. Cierto es que vienen soldados para matar- 
nos? A estos interrogatorios respondió don Canuto sin pre- 
caución é imprudente dieiéndole — Que traigo la peste para 
que tú, i tu gente mueran, — Bienen los soldados para ama- 
rrarte, i amarrar tu gente, i llevarles para'Moyobamba. So- 
bresaltado con tales respuestas se levantó el curaca, i le di- 
jo. Supuesto que yo i mi gente hemos de morir, muere tu 
primero i todos los cristianos. Dicho esto lo envasó con su 
lansa en la amaca, i le continuó las lanzads hasta matarlo. 

Muerto el pobre Acosta, pasó con furia sobre Nuñes, i mien- 
tras mató á éste, los diez que estaban en esa casa» mataron 
á los cocamillas, i á todos los qae se fueron á la novedad de 
a llegada de Canuto. Con el ejemplo del curaca, todos los 
de su comitiva lanzoron á cuantos cristianos habían en el 
lugar, i á los cholitos de don Canuto, á su hijo Buenaventu- 
ra, i á su sobrino Ensebio, después de matarlos, los botaron 
al Marañon. Concluida la carnicería tomaron por despojos 
cuanto llevó Acosta, i cuanto tuvieron los muertos se repar- 
tieron, i se llevaron por triunfo de la victoria dose mujeres 
muchachas prisioneras distribuidas entre los curacas, i las 
cosas que refiere el parte. Los que se escaparon por hallarse 
en sus chacras, i pescas, que fueron mui pocos, se bajaron 
para ünuaga, i dieron noticia: enervados dé Sentimiento 
Juan Bautista Gama, Vísente Peres, José Tomas, Mariano 
Torres, Rafael Torres, Felipe Torres, i otros de Borja, se fue- 
ron co!k sus escopetas á Santa Teresa, i hallaron los muertos 
envueltos en sus sangres — ^ya en sus casas— ya en los patios 
—ya dentro de sus toldos, ó aposentos, i á don Canuto en la 
casa de Nuñes con su casero compadre, i con los cocamillas 
muertos. Según la razón que me han dado los caracas de 
Cahuapanas. como informados por otros de Barranca» los 
infieles fueron dirigidos por cinco curacas de las tres nacio- 
nes, guambisas, aguarones i muratos, i que estos han pro- 
testado destruir los pueblos cristianos porque se lisongean 



- 373 - 

€11 la muchedumbre de sus naciones. Los santiaguincs se- 
gún el reconocimiento que hicieron, fueron muertos veinti- 
nueve, i los de la canoa de don Canuto incluso el nuevo. — 
También han muerto en manoj de lus mismos infieles dies 
barranquinos: á cinco sacrificaron estando haciendo canoas, 
á dos encontrándoles en busca de remesas, i á tres en busca 
de zarza,— Todo lo que tengo el honor de poner en su cono- 
cimiento para su superior inteligencia, i demás efectos. — 
Dios guarde á US.— Pedro Pablo Vasquez Caicedo.** 

Que lleno de amargura por tales acontecimientos ines- 
perados, tengo la honra de transcribir á US. dicho parte pa- 
ra que en su vista tome las medidas combenientes para 
contener dichos asesinatos en proteción de la humanidad, 
mandando perseguir á dichos infieles si fuese de su agra- 
do en todas direcciones, pues protesto yo que para el fin 
indicado por mi parte habré dictado ja las ordenes corres- 
pondientes, i las dictaré consecutivamente, desde luego pro- 
cediendo sobre todo á poner el caso en el superior cono- 
cimiento del benemérito señor coronel prefecto de este de- 
partamento—todo lo que le servirá á US. de inteligencia pa- 
ra los fines consiguiente. 

Dios guarde á US. 

Evaristo Tafurde Córdova. (1) 



(I) Documento del archivo eáp^cial de lifmites. — Sección Ecuador. — Siglo 3tIX, *e» 
públicA. -» Carpeta 13. — Número 547. 



— 374 



EL SUBPREFECTO DE MAINAS , 

AL COMANDANTE GENERAL DE AMAZONAS. 



República Peruana 

Subprefectura 
de la provincia de Mainas. 



Moyobama, diciembre 15 de 1843. 

Al señor teniente coronel de exercito i comandante general 
de este departamento de Amazonas. 

Señor: 

Su mui apreciada comunicación 13 del corriente raes me 
ha instruido hallarse US. decido á marchar al pueblo de Santa 
Tereea á perseguir á los infieles que asesinaron á nuestros 
conciudadanos, siempre que esta subprefectura ponga á su 
disposición 50 hombres de la guardia nacional de esta ciu- 
dad, que sería verificable si US. mismo i los señores vecinos 
notables contribuyesen con los demás auxilios que US. me 
exige. Mas habiendo gente de número crecido en los distri- 
tos inmediatos á dicho pueblo de Santa Teresa, quizá según 
los informes que he recivido, de iguales ó mejores circunstau'- 
cias para el objeto, se servirá US. decirme que día se pone 
en marcha para dar las ordenes necesarias al señor gober- 
nador en jeneral de las miciones para que le proporcione di- 
chos cincuenta hombres escogidos de toda la porción que 
reciden en dichos puntos, i también los víveres necesarios 
para que no sea mas costosa desde aquí la marcha con los 
expresados cincuenta hombres en tiempo de tanta escases 
como US. mismo lo sabe. 

Esta subprefectura tiene la honra de tributar á US. los 
debidos agradecimientos por la dcsición inalterable en bene- 
ficio público, cierto de que con su presencia en Santa Teresa 



- 375 — 

todo lo allanará US. sin estrépito con el dicho señor gober- 
nador en jeneral que también se halla trabajando con igual 
decisión. 

Dios guarde á US. 

Evaristo Tahjr de Cordova. [1] 



EL COMANDANTE GENERAL DE AMAZONAS AL SUBPREFECTO 

DE MAIN AS 



Comandancia general de Amazonas 



Diciembre, 19 de 18é3. 



Al señor subprefecto de esta provincia. 

La comunicación que US. se a servido transcribirme del 
gobernador en jeneral de las misiones, corrovora los anterio- 
res partes que han dado las autoridades de San Antonio i 
Xeveros, relatibos á los sucesos infaustos que tuvieron lugar 
en el pueblo de Santa Teresa, pero como hoi aparesen bajo 
un semblante mas deplorable, reclaman con mas razón el 
castigo exemplar que esta recivido por el uso de otras nacio- 
nes cibilisadas á los que han dado muerte alevosa á nues- 
tros compatriotas; pues aun que es verdad que los asesinos 
son gentiles también lo es que no por esto están excluidos de 
espiar un delito de orrenda magnitud, i hallándome yo ani- 
mado de los mismos setimientos de US. estoi pronto á po- 
nerme en marcha á la caveza de cincuenta hombres de la 



(I I Documento del archivo especial de Ifmitea — Sección Ecuador — Si^lo XIX, repú- 
blica — Carpeta 13 — Número 547. 

49 



— 376 - 

guardia nacional que US. pondrá á mi disposición [sí lo ha- 
llare por combenience] para perseguir á los infieles i escar- 
mentarlos, desde luego proporcionando esa subprefectura 
los auxilios que son indispensables p<ira la mobilidad de la 
tropa. 

Es cuanto tenj^o la honra de desír A US. en respuesta á 
su distinguida nota que se á servido dirigirme en esta fecha- 



Dios guarde á US. 



e» 



José Félix Castro, (1) 



EL SUBPREFECTO DB MAINAS AL PREFECTO DE AMAZONAS 

República Peruana 
' Subprefectura de la provincia Mainas 



Moyobamba, diciembre 19 de 1843. 
N. 22. 

Al señor coronel prefecto de este departamento de Amazonas 

Señor coronel prefecto. 

Tengo la honra de elevar á las superiores manos de US. 
el parte original que me ha dado el gobernador en jeneral de 
las misiones sobre los asesinatos que cometiereron en Santa 
Teresa con nuestros conciudadanos, los infieles Guambisas, 
i Aguarunas i Muratos. El mismo parte acompañado con 



(I) Documento del af chivo especial de Kmited. —Sección Bcuador. ~ Si^lo XIX, rep6' 
blica. — Carpeta 13. ■— Número 547. 



- 377 - 

el que á dicha gobernador le di6 el juez de paz d^l pueblo de 
Unuaga instruirá á la superior ifitegridad de US. todo lo 
que eñ esos puntos desgraciadas han pasado como de hallar- 
se retirados dichos infieles. Empero no obstante he dado 
las ordenes correspondientes al citado gobernador á que vele 
incesantemente á que los referidos infieles no regresen á co- 
meter otra vez iguales atehtados, que me obligan sin repa- 
rar en mi edad abanzada á marchar á esos puntos, i tratar 
de su total exterminio entusiasmando para ello álosvecirióís 
honrados de esta ciudad i su provincia. 

Dios guarde á US. 

■ 

S. C. P. 
Evaristo Tafur de Cardará, (1) 



EL SUBPRBFECTO DE MAINAS AL PREFECTO DE AMAZONAS 

República peruana 
Subprefécttira de Main as 

N^ 17 

Moyobamba, julio 6 de 1844. 

Al señor coronel prefecto de este departamentode Amazona^ 

Impuesto en la nota que US. ha dirigido al señor coman- 
mandante jeneral de este departamento la misma que US. se 
ha servido trancribirme en su mui apreciable comunicación 



[i) Docameflto del afchlvo especial át límites.— lección Bctiatlor. -^i|flo XIX, repá- 
blica— Carpeta lo— Número 527. 



- 378 - 

Homero 193 debo en contesto decir: que la incursión de los 
infieles en el interior de esta provincia actualmente parece 
estar suspensa, sus planes preparados contra los salvajes, 
me son desconocidos: el estado de estos deve ser miserables: 
no cuentan jamás recursos de ninguna clase; si al contrario 
los bárbaros, bien considerado, va por su unión, multitud, i 
fuerza para cometer. El año pasado se llevaron sobre los 
pueblos de Santiago i Borja, i mataron cinquenta, i mas tre- 
ce entre grandes i pequeños, de 1 i otro sexo i entre ellos pe- 
recieran don Canuto Acosta, i sus muchachos, i se llevaron 
de quince á veinte mujeres cautivas; de resultas de esto los 
demás havitantes de los pueblos referidos se han retirado á 
vivir en otros puntos del Marañón. Actualmentes no se sa- 
be las movimientos de dichos bárbaros. La subprefectura 
es del parecer de US. con respecto á la indicación que se hace 
sobre la introducción de una fuerza armada en los pueblos 
de la montaña, pues los barbaron no tienen habitación co- 
nocida según estoi informado, haciéndose de esta suerte inú- 
til é impracticable su persecución i de consiguiente solo 
gravosa la marcha de dicha fuerza armada en espedición. 

Cuando se hizo presente por el gobernador jeneral de 
misiones que dichos bárbaros estaban procsimos á la intro- 
ducción de nuebo sobre los pueblos de la misión alta, en me- 
ses anteriores, se dio parte al antecesor de US. pidiéndole ar- 
mas de fuego para hacer la defensa, i por lo que hace á los 
recursos que se suministraría á la tropa que marchase, los 
vecinos de esta, en virtud de una invitación del señor coman- 
dante jeneral, i de esta subprefectura acordaron hacer una 
pequeña erogación, i según las posibilidades de cada uno; es- 
ta se va colectando en el día, pero es tan solo para propor- 
cionar toldos, i vestidos á la expedición, pues para sueldos 
no alcanza, los cuales se escusan proporcionarles, ya porque 
no hai deque, ya también porque se ofrecieron muchos sin 
sueldo alguno ni gravamen al estado. Con respecto á los 
víveres que se necesitan para dicha espedición pueden con- 
tribuir los pueblos del Marañón con ellos. Con este acuer- 
do se han reunido más de sesenta plazas por el indicado se- 
ñor comandante jeneral. En 1^ de de abril último puse en 
conocimiento de esa prefectura de que las noticias la apro- 
bación de los infieles habían sido falsas según testimonio de 



- 379 - 

los que viajafon por la Tnisifin alta, i tocarotí á los pueblos 
de BoTJa, i Satitiago; por Altímo d gobetnador jetieral á 
cjuien en esta fecha le paso fen tratifebripcióti la citada de ÜS. 
.segfin ttie pt^viettfe, podrá subinitiistrat los datos necesarios, 
i mas oportunos sobre los puntos que en ella se ensancha. 

Dios Guarde á US. 

José María Reátegui. [1] 



1843 

Injpectores de policía en los IweMett He aniñas. 

República IVroaiia. 
Subprefectura de Mainas. 



N. 106. 



Moyobamba, á 6 de octubre de 1843, 



Al señor Coronel Prefecto del departamento de Amazonas. 

S. C. P. 

Habiendo aprobado el supremo gobierno el 9 de marzo 
último la colocación de seis gobernadores en el interior de 
las misiones á mérito de la demarcación que hizo el dignísi- 
mo, é ilustrísimo señor obispo de esta diócesis éntrelos vein- 
ticinco pueblos de que ellos se componen, se han quedado 
los demás en una total asefalía de los miembros que antes 



reí. -9>octmiet!to del kkIiíto egpedgl 4e Ifmítes.— 8ecd6n BcMidor.— 81g¡1o XIX, repú- 
blica. - Carpeta 6.—N. 437. . 
50 



- 380 - 

con el nombre de gobernadores cuidaban del orden, del trá- 
fico, i particularmente de la policía de los pueblos, i limpieza 
de estos, porque los gobernadores no pueden estar á un 
mismo tiempo en los pueblos de sus distritos, causa porque 
cada día se adelanta el desorden, el abandono de la agricul- 
tura, i la insubordinación de los indígenas. 

I pareciéndome justo, i racionable que sin contrabenir 
las medidas de su señoría ilustrísima i la aprobación supre- 
ma se puede poner unos subalternos de intendente de poli- 
cía en cada pueblo que antes era regido por un funcionario 
político para el reparo de los motibos indicados conforme 
al artículo 143 título 16 de la Constitución bajo la depen- 
dencia de gobernadores de distritos, suplico á US. se sirba 
declarar que esta subprcfectura nombre sujetos de su con- 
fianza para el efecto, esto es, si fuere de su superior agrado. 



Dios guarde á.US, 



S. C. P. 
José Monteza. (1) 



(I)-— Documento del archivo especial de llmites.^Seccióa Eícuadoí,-«Slglo Xl^» rcpfi' 
blica.— Carpeta i3.-*Documento 547. 



- 381 - 



RESOLUCIÓN RECAÍDA EN LA ANTERIOR NOTA 

Chachapoyas^ otubre 13 de 1843. 

El sub-prefecto de la provincia de Mainas nombrará en 
todos los pneblos los inspectores de policía que vigilen i cui- 
den la conservación del orden público bajo la inmediata de- 
pendencia de los governadores del distrito confo rme á lo 
prevenido en el art. 48 de la lei de 29 de noviembre de 1839 
i á quienes puede dirigir también las órdenes que corresponda 
como intendente de policía que es de la misma provincia. 

Transcríbase esta resolución en contestación. 

Castro, 
Julián Torres^ 

Secretario. (1) 



( I ) Documento del archivo especial de límites.— Sección Ectiador.— Siglo XlX, repú- 
blica.— Carpeta 13. — ^No. 547. 



- 383 - 



1^43 

Auxilios do Incites oosami^s é Iss autoridadss brasl- 
Isras para la s|scuclón da obras on ol puarto do 
TahaMngam 

República peruana 
Subprefectura de Mamas 

Moyohamba^ noviembre 30 de 1843. 

Al señor coronel prefecto de este departamento de Amazo- 
nas. 

Señor coronel prefecto: 

Tengo la honra de elevar al superior conocimiento de 
US. la nota del comandante de la frontera de Tavatinga ca- 
pitán de exercito imperial del Brasil referente á solicitar in- 
dios cocamas i cocamillas para emplearlos en sus obras, que 
el ilustrisimo señor obispo de esta diócesis se ha servido pa- 
sarme con su respetable nota 21 de noviembre ultimo, para 
que en su vista se digne la s.ttperioridad de US. resolver lo 
conbeniente, sirviéndose acusar el correspondiente recivo. 



Dios guarde á US. 



S. C. P. 
Evaristo Tañir de Córdova. [1] 



[i].<^Docttmento áfi\ archito especial de UmlUs.— Sección £cuadof. - Siglo XlX, repá' 
bltca.'-Oarpvta 12.— N. 543. 



- 383 - 



RESOLUCIÓN RECAÍDA EN ^^ NOTA PRECEDENTE 

Cbapohas, diciembre 13 de 1843. 

Vistos en la nota suplicatoria sin techa del capitán del 
ejercito imperial del Brasil comandante de la frontera en 
Tabatinga; el sub-prefecto de la provincia de Mainas espe- 
dirá las ordenes correspondientes, para que dicho coman* 
dante sea auciliado con los diez i seis indios cocamas ó coca* 
millas que 'solicita para los trabajos que indica en su citada 
comunicación: con advertencia que siendo la industria libre 
en la república peruana, los referidos indios no serán obliga- 
dos pqr l^ taei::^a, ^po que cQ^cuririráu yo^untariao^^nt^, del 
mismo modo que por ^\ tiempo que ello^ tepga^ $ ^\ep esti- 
pular, pudiendo ^Itqrnarse con acuerdo de las ^\itorida<ícs 
respectiva^ de la frontera, qpe de$d^ luego quedaran de arre- 
glar cuanto 3ea Qqnduceote al mejor qrdeq enere cUm, i á 
las seguridades que debe prestárseles ^^esp^tq de l^ impor 
tancia de sus jornales, i regreso 4 su país cuando quieran 
verificarlo; dando parte de cualesquiera cosa que. observen 
coritraria a esta resolución. 

Transcríbase en contestación. 

Castro, 
fylian Torrea, 

Secretado. (1) 



( I ) Documento del arthlvo especial de limites— Sección Ecuador— Ziglo XIX, tcpúbU 
«a—- Ca rpeta I3'^547. 



- 384, 



1845 

Prescripciones para la defensa del pueblo de Barran- 
ca en caso Je un ataque de salvajes. 

República Peruana 
Distrito de Balsapuerto, 

Febrero 26 de 1845. 
Al señor subprefecto de la provincia de Mainas. 

Dando cumplimiento á la orden de US. pasé al pueblo de 
la Barranca adonde convoqué alos pocos habitantes i les ise 
saberla orden que llevava de US., i instruya también del man- 
do como deben aliarse i puedan defenderse cuando por caso 
sean invadisos por los infíeles huambisas i aguarones, por 
quienes noe aliado noticia alguna ciño que todo está en si. 
lencio, i me persuado será porque actualmente deven hallar- 
se dichos infíeles en obra de sus chacras i canoas; 

US. debe tratar se ponga en dicho pueblo con la brevedad 
posible una escolta de diez ú doce hombres armados para que 
se hallen hay como de av^anzada acompañándolos á los pocos 
indígenas del sitado pueblo de la Barr.anca; porque aunque 
se hallan en silencio los infíeles no dejan de aliarse siempre 
sobresaltados i por esta razón seallan dispersos los mas, al- 
gunos por Lamas, Tarapoto i Santa Cruz i otros abriendo 
mas poblaciones en el antiguo Sanantonio aliándose solo en 
el pueblo de la Barranca dies i seis avitantes, i será de sentir 
se destruya del todo, al inspector don Espíritu Romero e or- 
denado que siempre que aya noticia alguna me dé parte in- 
mediatamente. Con lo que me párese he cumplido con las 
ordenes de US. fecha 23 de diciembre del ano procsimo se. 
sante. 

Dios guarde á US. 

Diego Rengjfo. (1) 

U).— Documento del archivo especial de Kmitcs.— Sección Ecuador.— Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta 10.— No. 538. 



— 385 — 



184 



5 



Término para al cumpilmianto an Mainaa da las ór- 
danas suparloras. 

República Peruana 
Snb -prefectura de Mainas 

N. 143. 

Moyobambay octubre 6 de 1845. 

Al señor coronel prefecto del departamento. 

Inteligenciado de la orden suprema fecha 2 de septiem- 
bre próximo pasado que US. se ha servido transcribirme en 
su respetable i superior comunicación de 26 del mismo nú- 
mero 131 sobre que no cumpliendo esta sub-prefectura las 
ordenes de US. á los quince días después de recibirla sea sus- 
pendido el que la desempeña, me cabe el honor de hacer á 
US. las observaciones siguientes: 1* que el gobierno de La- 
mas dista de esta ciudad cuatro días de camino por tierra 
y en tiempo de aguas por las crecientes hai que gastar más 
de seis días, al de Tarapoto hai cinco en tiempo bueno, al 
de Chasuta ocho, al de Saposoa ocho, al de Juanjuí once, á 
los del Huallaga en tiempo de vaceante hasta el Tingo de 
Monzón treinta i estando el Huallaga crecido quinde días 
más, al de Balsapuerto cuatro días, i á los del interior de 
bajada caminando día i noche hasta Loreto por el Mara- 
ñón ó hasta Andoas de subida por el Pastazá treinta i más 
días si uno navega favorable, i de dichas distancias al cabo 
de tres meses se recibe el resultado de alguna providencia ó 
el cumplimiento de algunas ordénes superiores. Agrégase á 
lo referido que para gobernadores é inspectores, como de- 
mandan las circunstancias, i como son unos pueblos reduci- 
dos que ningún interés tienen que reproduzcan en ellos hai que 



- 386 — 

aspirar no se encuentran ciudadanos de alguna consideración 
que quieran ir á encargarse de esos destinos, i, por consi- 
guiente hai que tolerarles las follas que ocacionan: razones 
poderosas para que el sub- prefecto de Mainas, no pueda dar 
cumplimiento en el tiempo indicado por dicha resolución su- 
prema, sino eñ el término de la distancia. Prescindiendo los 
obstáculos que me circundan para el cumplimiento de cual- 
quiera orden superior en termino propuesto, seré inexorable 
en el desempeño de las superiores ordenes de US. como su 
atento i obsecuente servidor. 

Dios guarde á US. 

José Monteza. (1) 



1848 

El sob-iirelecto de Haliiam ptñs el «lonibramlmto de 
ttn gobérfeíador en generhl de las misiones bajas. 

República peraana 
Subprefectura de Maiúas 

N. 38. 

Moyobamba^ á 6 de julio de 1848. 

Al señor benemérito coronel prefecto del departamento de 
Amazonas. 

B. señor C. prefecto. 

Desde mi ingreso al mando político de esta provincia 
hasta la época he esperimentado, sin variación alguna, en 
los iuncionariós del cordón del Marañón, mucha dejades i 



fi) Documento del archivo especial de límitei.^Sección Bcuador. — Siglo xix, repúbli 
ca.-Carpeta6.— No. 455. 



— 387 — 

una criminal apatía en el servicio público, la distancia de- 
masiado larga en que se hallan de esta capital es un motibo 
que alegan para sustraerse de las responsabilidades que pue- 
dan gravitar sobre ellos, i por el mismo motivo, de no reci- 
bir las ordenes que se les comunican en tiempo oportuno. 

La presencia de un funcionario esperto i sagas, los des- 
pertaría sin duda del letargo en que yacen, i cuidarían de 
llenar á su lado las funciones de su cargo, i sus obligaciones 
particulares. Este funcionario eccistía anteriormente con el 
título de gobernador jeneral de la misión baja, i ahora poco 
se suprimió, no sé con que motivo, i sé hecha de ver palpa- 
blementa la falta que hace. 

Deseando pues esta sub- prefectura el ecsacto cumplimien. 
to de las ordenes que dicta para el servicio páblico i del Es. 
tado,cree ser de su deber, representar á US. la necesidad que 
hai de un gobernador jeneral en la misión baja, con la mis- 
ma autoridad que el que ecsiste en el pueblo de Balzapuerto, 
con el título de gobernador de las misiones, quien en este ca. 
so, quedará solo con el de gobernador jeneral de la misión 
alta. 

En la adjunta planilla encontrará US. los nombres de 
los propuestos para el mencionado cargo; recomiendo á US. 
el primero, por considerarlo mas digno, i capas de desempe- 
ñar con energía i sagacidad— como lo ha hecho cuando ha 
obtenido otras. 

Dios guarde á US. 

José Orosco, (1) 



(I) Documento del archivo especial delimites. —Sección Ecuador. — Silicio xix, repú- 
lica. — Carpeta i6. — Número 556. 

51 



— . 388 — 



PROVEÍDO EN LA ANTERIOR NOTA. 

Chachapoyas, julio 13 de 1848, 

Vuelva al sub-prefecto ocurrente para que agregue la ra- 
zón que equivocadamente asegura acompañar, é informe 
circunstanciadamente sobre el mejor orden que puede adop- 
tarse conforme á las leyes para evitar los tropiezos de que 
se encarga esta nota. 



Villaznar, 



Julián Torres, 

Secrtario. [1] 



SEGUNDA NOTA DEL SUBPREFKCTO DE MAINAS 

SOBRE EL MISMO ASUNTO. 

Benemérito señor coronel prefecto. 

En cumplimiento del superior decreto marginal de US. 
digo: que sin embargo de haber remitido á US. por conduc- 
to particular la razón que se relata en el decreto citado, 
vuelvo á acompañar otra igual á aquella, informando asi 
mismo sobre el mejor orden que debe adoptarse para evitar 
los tropiezos de que he hecho mención en la presente; que 
habiendo notado de antemano, i habiendo esperimentado el 
retardo que sufre el servicio público, como el del Estado por 
falta de correos en el interior, propuso esta subprefectura se 
estableciera un correo mensual. 

Mas ya que no se pudo establecer este correo, queriendo 
reemplazar esta falta poniéndose ó creando de nuevo un go- 



(I) Documento del archivo especial de Kmites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta i6. — • Número 556. 



- 389 — 

bemador general en la Misión Baja, creo debe tenerse en 
consideración los puntos siguientes: 

1^ Que todo gobernador de distrito trascriba á los fun- 
cionarios de su dependencia las órdenes que le impartiese el 
gobernador general, al segundo día de su recepción, sino fue- 
ren de las mui urgentes, i siéndolas, en el momento de haber- 
las recibido; 

2^ Que todo funcionario subalterno del gobernador de 
distrito, este mismo, i el general, cumplirán las órdenes co- 
municadas dentro de segundo día, sino fuesen de las mui ur- 
gentes, i siéndolas, en el momento de haberse impuesto de 
ellas; 

3^ Que los referidos acusaran el recibo correspondiente 
de dichas órdenes en el término de la distancia, quedando 
responsables si así no cumpliesen, á una multa determinada, 
. i suspensión del empleo; 

4^ Que los mencionados lleven razón del día i hora en 
que tocaren á sus manos las órdenes eitadas, i acusando su 
recibo que anuncien el día i hora en que éste sale; 

5*^ Que el subprcfecto comunique las órdenes que estime 
convenientes á cualquiera funcionario de su dependencia, sea 
por conducto del gobernador en general ó de la suya en par- 
ticular; 

íi" Que todo funcionario encargado por sus superiores 
de pasar á otro, cualquiera comunicación, exija recibo de 
ella. Este le servirá de resguardo, cuando se le haga respon- 
sable de la demora. 

7° Para evitar que las comunicaciones sufran demora, 
i el funcionario que las reciba tenga como dirigirlas al punto 
que fueran encomendadas, será mui del caso se nombren do- 
ce indígenas que anualmente sirvan de propios; éstos condu- 
cirán dichas comunicaciones de dos en dos— turnándose men- 
sualmente, á los cuales se deberá prestarles los auxilios ne- 
cesarios, i no pagar derechos por tierra; 

8^ Que los mencionados propios hagan este servicio 
gratis, respecto de no pagarse en esta provincia contribución 
alguna, i sean escentos de todas las demás obras comunes; . 

9^ Que los gobernadores generahs recidan en el punto 
céntrico de la Misión de su mando; 



- 390 ~ 

10. Que se les faculte á dichos gobernadores, para que 
puedan consultar la remoción de los gobernadores de distri- 
to é inspectores que no cumplan con su dtber, previo un in- 
forme circunstanciado de todas las infracciones que hayan 
cometido, tanto en estos puntos, como en los artículos de 
constitución. 

Es cuanto puedo informar en virtud de lo mandado — 
añadiendb qu¿ US. debe i puede dictar instrucciones por las 
que se rijan los gobernadores generales en el desempeño de 
las funciones de su cargo, el cual no estando reconocido por 
la constitución, no está tampoco detalladas en ellas sus atri- 
buciones. 

Subprefectura de la provincia de Maioas. 
Moyobamba. julio 21 de 1848. 

José Orosco, [Ij 



1850 



Nombramiento do un visitador para los pueblos do 
Pinchas I Andoas. 



República Peruana 
Subprefectura de Mainas. 



Moyobamba, julio 27 de 1850. 



Al ciudadano Teodoro Idalgo. 

Hallándose esta subprefectura informada de los desór- 
denes, tropelías i estorciones que cometen los traficantes 
por la misión alta i particularmente los viajeros á Pinches i 



I 



I 



[il Documento del archivo especial de Kmites.-^ Sección Ecuador. >- Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta i6. — Número 556. 



- 391 - 

Andoas i siendo peculiar á sus deberes velar por la conserva- 
ción del ónlcn público i tranquilidad de sus gobernados, i 
siendo tan irritable en esta parte la conducta del goberna- 
dor de los dichos pueblos Pinches i Andoas que se descuida 
en lo absoluto con los partes mensuales de las ocurrencias 
como mandando prevengo á U. que recibida esta se prepare 
á marchar á inspeccionar sobre dichas desórdenes haciéndo- 
se cargo del arreglo de los referidos pueblos hasta ver estin- 
guidos los abusos i política inmoral que por aquellos puntos 
se han introducido á mérito de la distancia que los separa 
del gobierno, con cuyo objeto digo con esta misma fecha al 
expresado gobernador público que en todo el tiempo que 
fuere necesario para los arreglos mencionados se ponga en 
acuerdo con U. prefiriéndoles sus acciones sobre los pueblos 
para que pueda U. dar el lleno debido á la comisión que se 
le confiere, debiendo comunicar canseciitibamente á la sub- 
prefectura todas las ocurrencias que tengan lugar desde el 
día que se presente U. á los puntos sobre dichos. 

Dios guarde á U. 

Manuel del Castillo, [1] 



Li 1 Documento del archivo especial de límites-^Sección Bcuadot— Siglo XlÜ, repúbliCA* 
—Carpeta 7.— Número 463. 



— 392 — 



1850 

Prohibición del trabafo forzado da ios indíganas. 

República Peruana 
Departamento de Amazonas. 

Chachapoyas, diciembre 30 de 1850. 

Al sub-prefecto de Mainas. 

Personas de mucha veracidad i crédito, han informado 
á esta Prefectura que los funcionarios encargados del mejor 
régimen de los pueblos del interior de Mainas, cometen una 
multitud de abusos, sin que los desgraciado, que los sufren 
puedan alcanzar justicia. Bl uso de pongos, semaneros, ó 
asistentes para el servicio gratuito de dichos funcionarios, 
es uno de los mayores atentados. La substracción forsosa 
de indígenas de sus hogares, con el fastuoso nombre de in- 
dios de espedición, (para emplearlos en la servidumbre), es 
otro atentado contra la libertad natural i civil. La prefec. 
tura, que no puede mirar con indiferencia la suerte desgracia- 
da de esa porción de individuos, que pertenece á la misma 
sociedad que formamos, previene á U., que bajo de respon- 
sabilidad cumpla los puntos siguientes: 1.° que ningún fun- 
cionario de la clase, cual fuere, vuelba en lo sucesivo, á tener 
pongos, semaneros ó asistentes, A menos de satisfacerles 
dos reales diarios de jornal; 2.° que bajo el escandaloso tí" 
tulo de indios de espedición, no vueiban tampoco á subs- 
traerlos en la clase de forsados; 3.° que solamente en el 
caso, de que dichos indígenas quieran jornales, podrán 
abandonarse de sus pueblos, dando parte á sus párrocos, 
curacas i demás justicias, para que tengan conocimiento de 
sus anuencias; 4°. el jornal será precisamente el de dos rea- 
es i el de la mitad; si los patrones les suministran con los 



— 393 - 

alimentos; 5.° los ajustamientos de los haberes, que deben- 
guen dichos indíjenas, se harán ante las autoridades locales 
del lufjar en donde presten sus servicios, ^con intervención 
del procurador; i el patrón 6 patrones entregarán el dinero, 
esto es, en Moyobamba, i en los demás pueblos los artículos 
usados en la compra, venta, i á precios acostumbrados, en 
el mercado; 6.° los contraventores á esta disposición, imar- 
cha en consonancia con las leyes serán sometidos ajuicio co- 
mo enemigos á la libertad. Mas para que nadie alegue igno- 
rancia, trascribirá U. esta resolución á todos los funciona- 
rios de su dependencia. 

Dios guarde á U. 

Modesto Vega, (1) 



1851 

Hostilidados do los oalvajos al puoblo do Barranca. 

NOTA DEL GOBERNADOR DE MISIONES 

AL SUBPREFECTO DE MAINAS. 

Repiíblica Peruana. 
Gobierno general de estas misiones. 

Balsapuerto, abril 18 de 1851. 

Al peñor teniente coronel sub-prefecto de la provincia de 
Mainas. 

S. S. P. ' 

I 

Con arreglo á la orden de U. fecha 31 del próximo pasa* 
do número 26 á consecuencia del parte que di sobre que el 

(I) Documento del archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re» 
pública. — » Carpeta 17. — Núm. 558. 



- 394 - 

pueblo de In Barranca se halla amenazado por los barbaros 
huambisas; he librado las ordenes combenientes á los gober- 
nadores i tenientes gobernadores inmediatos al pueblo ame- 
nazado previniéndoles que ellos i sus gobernadores estén lis- 
tos para marchar á la defensa inmediatamente que sean 
avisados por el teniente gobernador de aquel punto, entre 
tanto se les imparta lo que resuelva S. S. el prefecto del de- 
partamento seguu U. me indica. En cuanto á prepararme 
para marchar á citiarme en el punto central de los distritos, 
espero sus ordenes para verificarlo. Con lo que contesto su 
citada. 

Dios guarde á U. 

Valera. (1) 



SEGUNDA NOTA DEL GOBERNADOR DE MISIONES 

AL SUBPREFECTO DE MAINAS. 

República Peruana. 
Gobierno general de estos distritos. 

Balsapuerto, mayo 22 de 1851. 

Al señor teniente coronel subprefecto de la provincia de Mai- 
nas. 

Señor S. P. 

En mi comunicación fecha 23 de marzo próximo pasado 
acompaño copia del parte que recivi del teniente gobernador 
de la Barranca é hise presente á U. el fuerte conflicto en que 
por entonces se hallaban los habitantes de aquel pueblo á la 
vista de las continuas visitas que les hacían los bárbaros 
Ahuárones, de los perjuicios que recibían i de que los Huam- 



[i] Dncutnento del archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re* 
pública. - Carpeta 17. — Núm. 557. 



- á95 - 

bisas en la persecución de estos, podían hacer mayor estrago 
con ellos. La contestación de U. fué la más favorable, que 
debía esperarse, i en su virtud dicté las órdenes necesarias 
para que los tenientes gobernadores inmediatos se previnie- 
sen á obrar defensivamente en favor del amenazado. Esta 
medida que debiera alentarlos i sujetarlos á esos pueblos á 
prestarse á un aucilio de tanta importancia, los ha intiñii- 
dado tanto que los mismos tenientes gobernadores hat) con- 
testado manifestando el disgusto que han recivido con los 
medios adoptados para defensa, por el terror pánico que 
tienen estos indios á los bárbaros. Ett este estado de impo- 
sibilidad para poder socorrer la Barranca, en los momentos 
de despachar esta comunicación con las demás he recibido el 
parte, que original acompaño á U. por el que verá la pose- 
ción que han tomado los Ahuarones i el modo ostil con que 
se manejan. Para rechasatlos i escarmentarlos lo más pron- 
to posible ya que no se debe contar con los pueblos para los 
planes de defensa, preciso será ocurrir al auxilio de cuantos 
blancos se hallan eti este punto, al de los tenientes goberna* 
dores de este distrito, el de Jeberos i á los Borgeños residen- 
tes en San Antonio suficientes para el objeto que persigo, 
deviendo tomarse otras providencias para evitar la incur- 
sión de los Huambisas en julio próximo según lo indica el 
parte. 

Espero, pues, su contestación i orden para marchar 
con los aucilios que pueda reunir, sin perjuicio de haber or- 
denado con esta fecha al gobernador de Jeberos para que con 
sus subordinados marche inmediatátnente á fijarse fen ün 
punto de observación. 

Lo comunico á U. para su inteligencia i demás fines. 

Dios guai*de á U. 

José María Árebaío, (1) 



íi) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecnador. — Siglo XIX, repú- 
btíca. — Carpeta 17. — Numero 557. 

52 



— 396 — 



1851 



Residencia del gobernador general de Misiones en el 
pueblo de Nauta. 



República Peruana 
Gobierno general del interior de Mainas. 



BalsapuertOt Julio 2 de 1851. 



Al señor prefecto del departamento de Amazonas. 



S. P. 



En cumplimiento de la mui respetable orden de US. fe- 
cha 30 de mayo, que tengo la honra de contestarla, relativa 
A trasladarme al punto de Nauta, como el lugar señalado 
para la residencia del gobernador jeneral que adjunta á la 
orden 28 del próximo pasado me ha remitido la subprefec- 
tura marcho obediente; mañana, habiendo ya entregado el 
mando político del distrito al nombrado gobernador don 
Teodoro Hidalgo, con todas las formalidades de estilo, con 
los deseos fervientes de llenar los deberes de un funcionario 
amante del bien público, i de corresponder ala confianza que 
se me ha hecho. En cuanto á contener la incursión de los 
bárbaros, yo me ofrecí á la subprefectuea para marchar en 
socorro de los pueblos amenasados con los recursos qne ya 
había adoptado, mas ella se echado sobre sí este trabajo 
en tal caso, no haré mas que ayudarlo en cuanto me ordene, 
apesar de la grande distancia en que me boi á poner. Pose- 
sionado en Nauta, no dudo estaré mas al corriente de las 
circunstancias de la misión baja, de allí haré presen te á US. 



- 397 - 

las necesidades de esos pueblos, i de los arreglos que me ha 
ordenado el jefe de la provincia. 



Dios guarde á ÜS. 



S. S. P. 
José María Arebalo. [1] 



1851 

Extracción do Indígenas de los torrltorlos de Malnas 
por los brasileros. 

República Peruana. 
Prefectura de Amazonas. 

N. 147. 

Chachapoyas^ diciembre 7 de 1851. 

Al subprefecto de la provincia de Mainas. 

Se ha informado esta prefectura que los brasileros que 
se introducen al interior de Mainas, se llevan continua- 
mente una multitud de indígenas peruanos bajo el ca- 
rácter de auciliares 6 de espeditos en el manejo de las balzas 
i canoas, i que luego como ingresan al territorio de sus auci- 
liados estos les señalan amos ó lugares que deban poblar, 
que abandonados entonces de aquellos recursos que podían 
facilitarles su regreso se quedan sepultados en tierra estran- 
gera, dejando en esta parte en abandono perpetuo á sus es- 
posas é hijos; i como este procedimiento es opuesto al dere- 
cho natural, al de gentes i al aumento de la población pe- 



;!] Docamento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, rt- 
públlca. — Carpeta i8. — Número 561. 



- 398 -r 

roana; prevengo á U. que por ahora i mientras- qu^ el ro* 
biemo mande guarnecer nuestra frontera, ordene 4 lo* go- 
bernadores del territorio de su mando, que en lo sucesivo 
pongan término á este perjiíício irreparable, guardando el 
orden siguiente: 1.° que el aucilio de bogadores ¡que pueda i 
deba dar al estrangero por justos precios ó salarios, debe 
ser solo hasta el punto de Loreto que es la raya del territo- 
rio peruano, pudtendo servir igual aucilio de los suyos que 
se hallan fronterisos en Tabatinga 2.°; al gobernador del dis- 
trito de Loreto, prevendrá U. que como funcionario público, 
existente en la raya, cuide del cumplimiento del mandato 
precedente, bajo el supuesto de que en caso omiso 6 denega- 
do, será despojado i sometido ajuicio, como encubridor 6 
protector de la desolación de los referidos pufiblo^ del inte- 
rior, i de quedar obligado en dar á los hijos menores de los 
indígenas que por su descuido pasen adelante, los alimentos 
necesarios hasta que cumplan la edad prevenida por lei; 3.^ 
si algún peruano se dirijiese al Brasil con sg. comercio:» lleva- 
rá la misión reservada de hacer uso del derecho dereversión, 
es decir de poder estimular á los peruanos que encontrase en 
aquellos territorios, para que se restituyan á sus hogares i 
al seno de sus esposas é hijos, prestándoles en caso necesa- 
rio los aucilios precisos, los que desde luego serán reconoci- 
dos i pagados por la nación; teniendo U. entendido que esta 
disposición la elevaré en el inmediato correo al supremo co- 
nocimiento de S. E. el Presidente de la República para su in- 
teligencia i demás fines. 

m 

Dios guarde á U. 

Sa ntiago Rodrígúz. ( 1 ) 



<i) Documeato del archivo especial de Umitses. ^ Sección Ecuador. — 9iglo XlX, tt* 
pública. — Carpeta 7. — Núm. 446. 



- 399 - 



1853 



■HanftleMn militar en la frantara éa Larato 

EL PREFECTO DE A&IAZONAS AL SUB PREFECTO DB MAINAS 

República Peruana. 
Prefectura de Amazonas. 

N. 17.-C. 

Chachapoyas, á 15 de febrero de 1833. 

Al subprefecto de Mainas. 

Por el ministerio de guerra se me ha comunicado con fe- 
cga 26 de enero último la suprema resolución siguiente: 

r * 

**No habiendo sido posible hasta el día remitir al coman- 
dante militar de Loreto en las. fronteras del Brasil la fuerza 
armada que en diversas comunicaciones ha pedido para 
atender á las exi;j;encias del servicio; ha dispuesto S. E. en 
esta fecha se organice allí un piquete de cuarenta hombres 
para la que se mandará de esta capital los oficiales, arma- 
mento^ vestuario i municiones que le sean precisos. Mas co- 
mo el jefe expresado tal vez no tenga los elementos precisos 
para dar cumplimiento á esta disposición por falta de hom- 
bres ú otra cualquiera causa, quiere S, E. que U. se ponga de 
acuer con él^ suministrándole cuantp sea preciso, i coadyu- 
vando can todo su celo á que á la brevedad posible quede or- 
ganizada dicha fuerza. Para que no le falte á US. como su- 
ministrar el pago de los haberes que ella ha de devengar^ me 
he dirigido al señor ministro de hacienda con el fin de que 
por lá tesorería de Trujillo se remese á US. mensuíilmente la 



— 400 — 

cantidad que para ello sea preciso. De orden suprema lo di- 
go á US. para su inteligencia i cumplimiento." 

■ 

Que trascribo á ü. con el objeto de que me diga en res- 
puesta si los cuarenta hombres de tropa á que se contrae di- 
cha suprema orden podría formarse en esa ciudad ó en otra 
por aquella jente vastante velicosa. 

Dios guarde á U. 

Santiago Rodríguez, (1) 



EL SUB-PRBFECTO DB MAINAS AL PRBFBCTO DB AMAZONAS 

República Peruana 
Subprefectura de Mainas 



N. 25. 



Moyobamba, febrero 23 de 1853, 



Al señor Prefecto del Departamento. 

La suprema orden comunicada á US. por el ministerio 
de la guerra i que me transcribe en nota signada con el nú- 
mero 17, se instruye de la necesidad que tiene el supremo go- 
bierno de establecer en la frontera de Loreto una guarnición 
de cuarenta hombres para que el señor comandante militar 
de aquella frontera pueda atender á las exigencias del servi- 
cio. Es con este motivo que US. desea saber si los cuarenta 
hombres á que se contrae dicha superior Jorden podrán for- 
marse en esta ciudad ó en otro punto, á lo cual debo contes- 



(II Documento del archivo espscial ds límites. - iec;:i5a Ecuador. — Siglo 2(I!C, tí 
pú blica. — Carpeta 7. — Núffl. 469. 



- 401 -" 

tar: que en esta capital se puede organizar dos batallones de 
quinientas plazas cada uno de gente apta para el servicio de 
las armas, por su talla, robustes i otras cualidades que se 
requieren en el soldado; pero como US. se sirve indicor es 
gente bostante belicosa, i aunque estoi cierto que los cua- 
renta hombres de que se trata se prestarían voluntarios con 
tal de que se les asegure de que no saldrán del territorio de 
la provincia, no por esto creo que harían el servicio de guar- 
nición con la exactitud de soldados del ejército, i es tal mi 
desconfianza que á mi entender si se les dejara de pagar el 
sueldo por pocos meses, si no era cierta una defección cuan- 
do menos sería sería segura la deserción inevitable de la ma- 
yor parte de ellos. En mi concepto si es indispensable for- 
mar la guarnición de gente de esta provincia sería mas con- 
veniente de organizaría de gente de Jeveros, ó cuando menos 
sacar de dicha ciudad veinte hombres i los otros veinte de es- 
ta i Tarapoto. US. con conocimiento de estos datos resol- 
verá lo que juzgue mas aceptable. 



Dios guarde á US. 



S. P. 
Pablo Ortiz. (1) 



(I» Documento del archivo especial de limites —Sección Eícaador.-Sigtlo xiit, fepábli* 
fca*^Cdit>éta 19^— Ñúóicro 563. 



— 402 — 



SBGUNDA NOTA DEL PREFECTO DE AMAZONAS 



República Peruana 
Prefectura de Amazonas 



Chachapoyas^ á 1^ de marzo de 1853. 



Circular N^ 24. 



Al STibprefecto de Mainas. 

Por el ministerio de hacienda se me ha comunicado en 
1^ de febrero último la suprema orden siguiente: 

**E1 señor jeneral ministro de la guerra comunica, que á 
consecuencia de ha ver determinado S. E. el presidente que se 
situé en la frontera de Loreto una columna de cuarenta hom- 
bres de tropa de Infantería, ha nombrado, en acuerdo de 5 
del actual para que la mande, al capitán don Jacinto Soto i 
destinando asi mismo á ella á los subtenientes don Dámaso 
Castañón i don Pablo Bocanegra. — Lo aviso á U. para los 
fines consiguientes." 

Que trascribo á U. para su conocimiento i demás fines. 
Dios guarde á VS. 

Santiago Rodríguez, (1) 



(I) Documento del archivo especial de límites.— Sección Bcuador.— Siglo XIK, repú- 
blica.— Carpeta No. II.— No. 541. 



- 403 - 



TERCERA NOTA DEL PREFECTO DE AMAZONAS 



República Peruana 
Prefectura de Amazonas 



Chachapoyas, á 1° de marzo de 1853, 
Circular N^ 26. 

Al subprefecto de Mainas. 

Por la dirección jeneral de Hacienda se me ha comunica- 
do en 29 de enero último la orden siguiente: 

''Con motivo de haber mandado S. £.. él Presidiente que 
en la frontera de Loreto se situé una columna de cuarenta 
individuos de tropa de infantería al mando del coronel don 
Francisco Alvarado Ortiz» he dado á la Tesorería de La Li- 
bertad la orden respectiva para que remita en cada mes á la 
disposición de US. la suma que importen los haberes, tanto 
de dicho jefe, como de los oñciaJes i soldados que formen dicha 
columna, i se ha prevenido también que la remesa ha de ser 
mui puntual á fín de que en ningún caso i por motivo alguno 
deje la fuerza indicada de estar al corriente de sus sueldos, — 
I tengo el honor de comunicarlo á US. para su conocimiento 
i demás fines. 

Que trascribo á para su conocimiento i demás fines. 

Dios guarde á US. 

Santiago Hodrigvez, (1) 



I il Docmnea^o dd archiro «special de Umites. •^ 6«cGt6a BcuMor. — S^o xcx, tvpú* 
blica. — Carpeta 6. -- Número 452, 

53 



— 404 - 



CUARTA NOTA DEL PREFECTO DE AMAZONAS 



República Peruana 
Prelctura de Amazonas 



Chachapoyas, á 15 de marzo de 1853, 



Circular N^ 31. 



Al subprefecto de Mainas. 

Estando dispuesto por suprema orden de 25 de enero úl- 
timo que en el interior de Mainas, exista una guarnición 
compuesta de cuarenta individuos de tropa para que la au- 
toridad militar de la frontera atienda á las necesidades del 
servicio i resultando esta disposición de decoro propio de la 
nación i del departamento, tanto más si se atiendo á la in- 
mediata navegación del Amazonas i el Marañón por vapo- 
res que deben venir del Brasil, he creído conveniente prevenir 
á U. que en el momento que reciba esta orden' publique un 
bando exitando su amor patrio á los ciudados que quieran 
voluntariamente alistarse en la referida guarnición para que 
se presenten desde luego ante la subprefectura de su cargo, 
con tal de que sean aparentes para el servicio, i en la inteli- 
gencia: 1*^ que el haber que les corresponde sea como és de 
tres reales diarios desde el día que sean llamados á cuartel; 
2^ que los servicios que presten serán como son en el depar- 
tamento; 3*^ que en el departamento no podrá tener lugar 
en lo sucesivo reclutamiento alguno, puesto que sus hijos 
van á afianzar la seguridad i los derechos de la nación. 

' Será también uno de los principales deberes de esa sub-. 
prefectura el comunicar esta orden á los goberftidores de los 
distritos, á fin de que hagan igual emplazamiento á todos 
los que quieran pertenecer á la referida guarnición, debiendo 
cada uno de ellos presentarse en el término de la distancia á 
la subprefectura de su cargo, siendo por consiguiente de su 



— 405 — 

obligación el pasarme una relación de ellos, señalándoles 
previamente por cuartel de voluntarios la casa de cavildo, 
donde se reunirán los de la ciudad tan luego se le comunique 
á U. la orden de acuartelamiento. 

Dios guarde á U. 

Santiago Rodríguez. [1] 



1855 

Levantamiento del plano del departamento de Ama- 
zonas, por los ingenieros Marianl i Montferrer. 

República Peruana 
Prefectura de Amazonas 



Chachapoyas^ abril 29 de 1855, 
Circular N^ 40. 

Al subprefecto de Mo^'obamba. 

Por el ministerio de gobierno se ha dirigido á esta pre- 
fectura con fecha 26 de marzo último la nota del tenor si- 
guiente: 

**Siendo necesario practicar en el antiguo departamento 
de La Libertad operaciones geodésicas i topográficas para 
resolver con ventaja de los pueblos las cuestiones relativas 
á la subsistencia i á los límites de este departamento, i del 
nuevo de Cajamarca; S. E. el Presidente, en acuerdo de 14 
del actual, ha nombrado una comisión compuesta ds los in- 
genieros civiles don Luis Mariani i don Alfonso Montferrier 



(i] Documento del archivo e9p-.*cial de límites. — Sección Fciiador. - Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 6. — Súm. 449. 



— 406 - 

para que, conforme á las instrucciones qne se le han comuni- 
cado, levante el plano de aquella parte de la república i lo re- 
mita con informe á este ministerio. El ingeniero en jefe don 
Emilio Chevalier inspeccionará estas operaciones dirigiéndo- 
se oportunamente á esos lugares. Para que estos comisio- 
nados puedan llenar con exactitud su encargo, S. E. dispone 
que US. espida las órdenes correspondientes á fin de que se 
les provea de bagajes, guías, peones i de cuantos utensilios 
necesiten para el desempeño de su comisión. — Lo que comu- 
nico á US. para su puntual cumplimiento.** 

Que trascribo á U. para que luego que toquen en la pro- 
vincia de su mando los comisionados ingenieros civiles don 
Luis Mariani i don Alfonso Montferrier para levantar el 
plano del departamento se les proporcione bagajes, guias, 
peones i todos los necesarios que pidan para el desempeño 
de su comisión. 

Dios guarde á U. U. 

Juan Corrales Melgar. ( 1 ) 



(I) Documento del archiro especial de limites. — Sección Ecuador. '^ Siglo XIX, re 
pública. — Carpeta ta. — Kúm, 459. 



- 407 — 



856 



Auxilios militares ai pueblo de Andoas 



República Peruana. 
Subprefectura de la provincia 



Moyobamba, abril 23 de 1856. 

N'> 36. 

Al seÍFior prefecto del departamento. 

S. P. 

Quedo instruido por la apreciable comunicación de US. 
de 7 del corriente número 62 (1) del superior decreto de US. 
tendente al pronto auxilio de armas, correajes, cien tiros á 
vala 1 diez Lanzas, con que debe contar el gobernador del 
distrito de Andoas, para sostener los pueblos de su mando, 
de la invación de los bárbaros. 

Dios guarde rt US. 

Marcelino del Castillo . (2) 



-t- 



(I ) Corre en el tomo i.°, página 248. 

(2> Documento del archivo especial de límites. — Sección Kcuador. — SíkIo xix, repú' 
blica. -> Carpeta 6. — Número 452. 



- 408 - 



1856 



Remisión de armas á los habitantes del pueblo do 
Andoas. 

República peruana 
Prefectura de Amazonas 



N*? 76. 

Chachapoyas, abril 26 de 1856. 

Al señor subprefecto de Movobamba. 

A objeto de favorecer á los habitantes de Jeveros 5 An- 
doas lo mas breve posible, i que las poblaciones de la misión 
alta no queden desiertas, remito á órdenes del capitán de in- 
fantería comandante de la guarnición del alto, Amazonas 
don Claudio Stivenson, veinticinco fuciles.de chispa corrien- 
tes, ciento cinco corrajes completos, setenta i cinco piedras 
de chispa, i mil tiros de bala, todo lo que será distribuido de 
la manera mas prudente i á proporción de las existencias lo- 
cales, pues á ese fin, el mencionado capitán cuya residencia 
será en Jeveros, lleva el especial encargo de acudir adonde 
fuera necesario con su persona i con la gente que todos i ca- 
da uno de los gobernadores deben proporcionarle para re- 
chasar á los salvajes. 

Para llevar acabo el importante objeto de estaespedición 
que dentro de pocos días se realizará completamente á las 
órdenesdel gobernadordel Alto Amazonas don Pedro Reina, 
facilitará U. sin pérdida de tiempo la movilidad de esta reme- 
sa i del oficial espidiendo órdenes mui terminantes á los go- 
bernadores de esa comprensión para que se pongan de acuer- 
do con él, en todo lo concerniente á pedir aucilios, para repe- 
ler á los infieles para que sus vecinos se presten á la organi- 
zación de piquetes de níicionales, i para que se adopten me- 



— 409 - 

didas conducentes á la conservación de las armas i municio- 
nes, sin perjuicio de designar los puntos que mas inmediata- 
mente demanden protección, 

Dígolo & U. para su inteligencia i debido cumplimiento, 
Dios guarde a U. 

Julián Torres. (1) 



1856 



Rescate de Indios andoas tomados por los záparos 



República Peruana 

Prefectura del departamento 
de Ainazonas 



Moyobíimba, Julio 10 de 1856, 



Al señor prefecto d.l departamento. 

Satisfago la superior nota de US. de 3 del presente nu- 
mero 141 referente áquecontinuamenteson arrebatados por 
los gobernadores de los pueblos del distrito de Andoas algu- 
nos cholitos i cholitas con sentimiento de sus padres i ata- 
que de la especie humana que se lee en el número 34tomo 30 
del Peruano pajina 134- de la estadística del señor coronel 
gobernador del litoral de Loreto diciéndole: que entre tan- 
tos cholitos que anteriormente han traído de los puntos de 
Andoas se ha sabido haber sido rescatados de los infiels Zá- 



|i' Documento del archivo cspeciiil de límite». — Sección Kcaador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta 6, — Número 452. 



— 410 - 

paros no de los inñeles cristianos, porque los Záparos que 
continuamente tienen sus ataques con otras naciones salva- 
jes vecinas, suelen tomar por prisioneros á todos los de me- 
nor edad matando á los grandes, i ellos como vencedores 
venden como despojos á los cristianos, de aquí resulta que 
los Andoas teniendo relaciones con dichos Záparos han teni- 
do la franqueza de introducirse en esa nación, con los artícu- 
los que más necesiten para canjearlos i de estos han tomado 
los blancos pagándoles el rescate para educarlos i reducirlos 
á la religión i á la sociedad. No obstante transcribiré la re- 
ferida superior orden de US. al gobernador del distrito de 
Andoas para que cuide de su cumplimiento. 

Dios guarde á US. 

Marcelino del Castiho. [1] 



1872 



Incendio del pueblo de Iquitos. 



República Peruana. 

Suprefectura de la provincia 
del Bajo Amazonas. 



Iquitos, agosto 30 de 1872, 

Benemérito señor prefecto del departamento de Loreto. 

S. C. P. 

Un suceso inesperado tiencne contristado el espíritu de 
todos los vecinos que forman este pueblo. 



[i] Documento del archivo especial de límites.— Sección Bcu«dor.^Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta No. 20.— No. 566. 



- 411 - 

El 27 del presente, á las diez de la mañana, s^e incendió 
de una manera casual la casa de Juana Espinosa, que esta- 
ba situada á una cuadra de distancia al norte' de la pobla- 
ción i como el aire soplase con fuerza de este punto, las chis- 
pas venían á caer al techo de la única iglesia que tenía Iqui- 
tos, la cual fué devorada por las llamas en menos de un 
cuarto de hora. Las oñcinas de la comandancia general de 
marina, maj^oría de ordenes, comisaría, capitanía de puerto 
i el cuartel de la Columna de Marina que se hallaban en la 
misma manzana, fueron también destruidos por el íuego- 
por consiguiente, el combustible se hacía mayor i difícil de 
contenerlo, como en efecto, el fuego pasó ñ la esquina opues- 
to i arruinó con la tienda de comercio de don Timoteo Shmit, 
un nuevo ediñcio de este señor que aún no había concluido 
de construir i una hermosa finca perteneciente á los señores 
Maurraille en la que vivían diversas familias. 

A fin de poder contener el fuego hubo necesidad de echar 
abajo varios techos de casas, contándose en ese número los 
de la cárcel pública i escuela, i que venciendo mil dificulta- 
des había hecho poner nuevos, pocos días antes, invirtien- 
do en ellos un pequeño fondo que entregué á la honorable 
municipalidad para su manejo i aún sacrificando algunas 
cantidades del corto sueldo de que disfruto como sub-pre- 
fecto. 

Ya comprenderá US. que desde el instante en que se ini- 
ció el fuego, cumpliendo con mi deber, me constituí al lugar 
del conflicto i á fin de proceder con mejor acierto i brazos, 
pasé un oficio al señor comandante general de marina, pi- 
diéndole pusiese á mi disposición las tripulaciones de los bu. 
ques.i demás dependencias de su mando, lo cual me fué con- 
cedido en el acto. 

Faltaría á un deber de justicia sino hiciera mención 
de la parte tan activa que tomaron el gobernador, la ho- 
norable municipalidad, los señores comandantes de los bu- 
ques con sus oficiales i tripulaciones i en general las depen- 
dencias de marina, inclusa la columna que prestó servicios 
importantes. 

No han quedado atrás algunos señores comerciantes; 
pero entre todos los que más se han distinguido, son los ex- 
trangeros, tanto los empleados en la factoría del Estado, 

54 



— 412 — 

como también la mayor parte de los que son simples veci- 
nos. 

Como dejo dicho á US. el incendio comenzó á las diez de 
la mañana del día 27, duró con fuerza mas de cuatro horas 
i pudo extinguirse del todo á día siguiente á las dos de la, 
tarde. 

Hoi Iquitos formado en su mayor parte de techos de 
paja no existiera, á no ser por el señor don Antonio Sepeda, 
que nos facilitó una pequeña bomba de su propiedad, ayu* 
dándonos á más con sus peones i trabajo personal. 

Este es un caso, señor profecto, que prueba bien claro la 
necesidad que hai por lo menos de dos bombas ^n un lugar 
en donde no solo hai que cuidar de los intereses del comer- 
cio i del pueblo, sino también oficinas i talleres que encierran 
grandes sumas del Estado. 

En medio de tan deplorable acontecimiento me es grato 
comunicar á US., pue no ha habido desgracia personal que 
lamentar como tampoco en los intereses del fisco pues á pre- 
caución ordené sacasen todo lo que las oficinas encerraban 
poniendo á cargo de sus correspondientes empleados. 

Es cuanto tengo que comunicar á US. respecto del de- 
plorable suceso que dejo mencionado. 

Dios guarde á US. 

S. C. P. 

Enrique Pardo. (1) 



( I ) ''Registro Oficial de Loreto"— Setiembre de 1872. 



— 413 ^ 



1901 

Se ordena que todos los pagos ¿ las oficinas fiscales 
de Loreto se haga en moneda nacional. 

República Peruana 

Prefectura 
del departamento de Loreto 

N. 72. 

Iquitós, Junio 21 de 1901. 

Señor representante de la compañía nacional de recauda- 
ción. 

A mérito del informe emitido por el señor administrador 
de la aduana de este puerto á petición de este despacho, en 
la fecha se ha expedido la siguiente resolución: 

** Visto el informe del señor administrador de la aduana 
por el que manifiesta que los derechos de aduana son perci- 
bidos en moneda de oro ó en soles de plata con el recargo de 
50 % conforme á ley i que sólo por la escacés de numerario 
en esta i>laza se ha tolerado que se haga el abono de dere- 
chos de importación, exportación, etc., en moneda extran- 
gera á la par que la moneda nacional, obligada i recono- 
cida por la lei del Estado para su percepción en las ofici- 
nas fiscales, tolerancia que se ha hecho excesiva aun en 
las demás oficinas fiscales; i teniendo en consideración: 

1.° Que por lej'es especiales de 11 de diciembre de 1897, 
se ha declarado terminantemente que la moneda que las 
aduanas de la república deben recibir en pago de derechos 
de importación, exportación, etc.; así como han resuelto la 
fijesa á la moneda nacional; 



— 414 - 

2.° Que no es posible se siga tolerando la costumbre de 
que se dá cuenta, con infracción de las leyes del país i con 
detrimento de los intereses ñscales; i 

3° Que la resolución suprema de 11 de abril de 1892 au- 
toriza para declarar sin efecto cuando se juzgue conveniente 
i sin responsabilidad alguna las medidas de tolerancia res- 
pecto á la moneda; en uso á las facultades é instrucciones 
que tiene recibidas este despacho, se resuelve: 

1.° Las oficinas de aduana, así como toda oficina fiscal 
en este departamento no recibirán, después de noventa días 
de la fecha, otra moneda en pago de derecho, compra de pa- 
pel sellado, timbres, etc., etc., que la nacional. 

Comuniqúese para su cumplimiento, regístrese, trascrí- 
base i dése cuenta para su aprobación." 

Que trascribo á U*. previniéndole que desde la fecha no 
puede esa oficina hacer remesa alguna de contingente en 
moneda nacional á la capital de la República, pudiéndolo 
hacer por medio de letras como es de práctica comercial.. 

Sírvase acusar recibo del presente oficio. 
Dios guarde á U. 

Pedro Portillo. 

Es copia. — Iquitos, setiembre 9 de 1903. 

[Firmado]— Ferriiccio Gahríelli, 
Un sello de la prefectura de Loreto. 



— 415 ^ 



DOCUMENTO ANEXO AL ANTERIOR. 

Razonen que motivaron el bando prefectura! ordenando que 

■ 

en Ja aduana de este puerto i en Jas oñcinas ñscales no 
se recibiese, de la fecha en noventa días otra moneda que 
la nacional. 

1.° Las leyes especiales de 11 de diciembre de 1897 han 
declarado terminantemente la moneda en que deben satis- 
facerse los impuestos, así como han dado fijeza á la moneda 

nacional; y el supremo gobierno, en resolución de 4 de 

de 1897 igualmente dispuso que los derechos fiscales po- 
drán ser satisfechos en libras esterlinas, moneda sellada, á 
razón de una libra por cada diez soles. 

2.° Antes de ahora se satisfacían, según informe del se- 
ñor administrador de aduana, los derechos en moneda de 
oro 6 en soles de plata, pero por la gran internación de mo- 
neda extranjera i la ocultación i exportación de cantidades 
crecidas de la moneda nacional, dio lugar á la tolerancia de 
de que dá cuenta en su informe el señor administrador, in- 
forme que motivó d decreto en referencia. 

3.° En el departamento se introduce con exceso moneda 
extranjera de los países del Ecuador, Chile, Venezuela i Bo- 
livia, moneda que está depreciada fuertemente. 

4.° Mensualmente i en cada salida de vapor al extran- 
jero se exportaba la moneda peruana en abundancia, con 
el deliberado propósito de desterrarla del departamento i 
lanzar á la circulación como en efecto sucede, moneda ex- 
tranjera á la par que la nacional, adquirida en ot^os lugares 
con el 20 % ó más de descuento, constituyendo así un nego- 
cio por demás ilícito i dañoso al país. 

5.° El comercio, por su parte ha ido reuniendo en sus 
depósitos, la moneda nacional para su exportación, i de- 
jando únicamente la extranjera, la misma que, por la con- 
secuencia anotada, se recibe en la aduana etc., á la par, por 
escasez obligada de la nacional; i 



-- 416 — 

6.° El señor representante de la compañía nacional de 
recaudación, haciendo gran daño al departamento i al país 
en general, exportaba á Lima trimestralmente fuerte canti- 
dad de soles peruanos, siendo la última remesa de , 

los que unidos á lo^ que exportó igualmente el abogado se- 
ñor Arturo F. Portal, hacen el total de...,. razón 

por la que he prohibido esa exportación hasta tanto se ni- 
vele la existencia de numerario nacional con las necesidades 
del departamento, i como consecuencia natural, la no inter- 
nación de moneda extrangera feble, circulando la que hoi 
existe en inmensa cantidad, con la depreciación consiguiente 
en vista del bando de esta prefectura. En mi deseo pues de 
no consentir que en departamento nacional llegue el caso de 
circular monedas de todas naciones menos la nuestra, con 
sólo utilidad á un comercio poco escrupuloso, he tomado la 
medida que doi cuenta, en la seguridad que orientado el su- 
premo gobierno, de la verdad i justicia que asiste á esta pre- 
fectura, otorgará la respectiva aprobación. 

Iquitos, junio 21 de 1901. 

Pedro Portillo. 
Es copia. — Iquitos, setiembre 10 de 1903. 

[Firmado]— Ferrüc/o GrabiellL 
Un sello de la prefectura de Loreto. 



— 417 - 



1901 



Estanco de la sal 



Iquitos, agosto de 1901* 



Señor director de administración. 

Lima. 



N. 69. 



S. D. 



A mi llegada á esta ciudad i hacerme cargo del puesto 
que bondadosamente me confiara el supremo gobierno, me im- 
puse con bastante extrañesa que el decreto expedido por el 
ex-comisionado especial señor Joaquín Capelo, con fecha 24» 
de febrero de 1900, declarando que el estanco de la sal no 
surtiría los benéficos efectos que su autor deseara al crearlo, 
pues el jefe del estanco no contaba con los recursos necesa- 
rios para hacer pedidos á Europa ni mantener en los distin- 
tos puestos de venta en el departamento cantidad suficiente 
de sal para atender al consumo. — El departamento todo su- 
fría grave perjuicio, i la sal, que es el artículo de primera ne- 
cesidad en Loreto, no la había en plaza en venta, sino á pre- 
cios elevadísimos con sólo beneficios de algunos comercian- 
tes que formaban de él monopolio exclusivo, i con detrimen- 
to de la clase pobre que día á día venía soportando sin mo- 
tivo, las consecuencias de una medida absurda por sus resul- 
tados. 

En mi deseo de aliviar la condición de los habitantes del 
departamento i ejerciendo un acto de extricta justicia, tuve 
á bien publicar el bando que incluyo i cuyos benéficos resulta- 
dos empiezan ya á palparse según lo comprueba la copia que 
incluyo del oficio que ha dirigido á esta prefectura la H. cá. 
mará de comercio de este departamento. 



- 418 — 

Al poner en conocimiento de US. lo expuesto abrigo la 
firme persuacióu de que, penetrado de lo justiciera que es la 
medida adoptada, se servirá acordar con el señor ministro 
del ramo la correspondiente aprobación. 

Dios guarde á US. 

Pedro Portillo, 

Es copia.— Iquitos, setiembre 10 de 1903. 

Ferruccío Grabielli, (1) 
Un sello de la prefectura de Loreto. 



1905 



Servicio de cerge I déscarge por el muelle de Iqiiltos 

Iquitos^ diciembre 25 de 1905. 

Visto el anterior recurso, se resuelve: 

1.^ Cúmplase el decreto supremo de 6 de setiembre de 
1905 i en consecuencia póngase á los concesionarios del 
muelle de Iquitos Booth & Cia. en posesión de todo el servi- 
cio de carga i descarga que les corresponde inclusive el de ca- 
botaje; 

2.° El capitán de puerto i el presidente de la cámara de 
comercio harán uso de las facultades que les acuerda el men- 
cionado decreto cuando lo crean oportuno; 

3.° Regirá la tarifa aprobada por este despacho en de- 
creto de 20 del presente mes, la que corresponde á las cláu- 
sulas respectivas del contrato; 



I > Copia en poder del doctor don Hildebraado Fuentes 



— 419 — 

4.° Los señores administradores de la Aduana i capitán 
del puerto dictarán las medidas tendentes al cumplimiento 
de este decreto, al que se dará publicidad para conocimiento 
del comercio. 

Regístrese, comuniqúese i publíquese. 

Fuentes. [1] 



1906 

Muelle de Iquitos 

Lima, 16 de febrero de 1906. 

Visto el recurso presentado por don Arturo F. Portal, 
apoderado de Booth i C*, concesionario de la obra del mue- 
lle i almacenes fiscales de Iquitos, en que expresa que sus re- 
presentados han invertido hasta el 22 de febrero de 1904 en 
esos trabajos la suma de Lp. 54,345.15 ch. 5 p., 6 sea más 
del doble del presupuesto primitivo que calculó de un modo 
aproximado como costo Lp. 25,216 i pide á mérito de ello 
que el gobierno, reconociendo como valor el que indica, re- 
nuncie en compensación del mayor capital invertido al dere- 
cho de expropiar la obra antes del plazo de explotación; 

Considerando: 

Que aunque Booth i Co. hayan invertido mayor suma 
que el monto del presupuesto formado por ellos mismos, de- 
ben haberlo hecho en cumplimiento de lo estipulado en el 
contrato respecto á la amplitud, rapidez i seguridad con que 
deben hacer el servicio de carga, descarga i almacenaje i es- 
pecialmente de lo que expresan los incisos /. i L, de la cláu- 
sula 1* así como también atendiendo á su propia convenien- 
cia; 



[i] "Registro Uncial de Lorcto".— Diciembre de :905. 
55 



— 420 - 

Que no puede convenir á los intereses del comercio i del 
fisco que el gobierno se desprenda de las facultades que le re- 
conoce el contrato; 

De acuerdo con el informe de la sección de obras publi- 
cas; 

Se resuelve: 
Denegar la solicitud de Booth i Cia. 
Regístrese, comuniqúese i publíquese. 
Rúbrica de S. E. (1) 

Bíiha. (2) (3) 



906 



Saneamiento de Iquitos. 

Iquitos, febrero 8 de 1906, 

Señor coronel prefecto del departamento. 

Designados por US. para estudiar la mejor manera de 
incrementar las rentas fiscales, á efecto de poder hacer fren- 
te á los gastos que origina la implantación de los servicios 
de agua potable en cañerías, albañales i desecación de los 
pantanos que rodean esta ciudad, para lo cual se insinuó, en 
esa prefectura, la conveniencia de elevar la tasa de los dere- 
chos de aduana, sean de importación ó de exportación, ó la 
de crear un impuesto especial destinado al objeto ya dicho, 
creemos que es inútil hacer tal estudio, pues el supremo go- 



n I Doctor don Jo sé Pardo. 

(3) Ingrcniero don José. 

(3) Documento del archivo dj la dirección de obras públicas. 



- 421 — 

bierno, lo ha previsto con la anticipación que el caso re- 
quiere. 

En efecto, el día 11 de noviembre de 1904, remitió á las 
cámaras legislativas, un proyecto de lei, mediante el cual se 
eleva la tarifa aduanera de importación, en este departa- 
mento, al nivel de la que señalan las le^^es i arancel vigentes 
para las demás aduanas de la República. 

En el oficio del señor ministro de hacienda, que acompaña 
á aquel proyecto, fundándolo, se lee: 

*• El poder ejecutivo considera que el fomento de la re- 
**gión oriental, su desarrollo i su defensa, son necesidades 
** nacionales urgentes i cuya satisfacción debe ocupar lugar 
*' preferente en el programa del actual gobierno." 

** La telegrafía eléctrica; el establecimiento de una com- 
** pañía nacional de navegación; adquirir elementos de de- 
*'fensa i apropiados para la navegación fluvial; OBRAS DE 
•'AGUA I SANEAMIENTO DE IQUITOS i las espectativas 
**de los nuevos gastos por la creación de un nuevo departa- 
** mentó i de una corte en Iquitos, todo esto demanda su- 
** mas ingentes que imponen incrementnr los productos de la 
''aduana de esa región, PRODUCTOR QUE SE DEDICA. 
*'RÁN EXCLUSIVAMENTE, en su oportunidad, á su fo- 
''mentó i desarrollo. 

Como se vé, i lo dejamos dicho, el supremo gobierno, con 
la previsión que lo distingue; se ha ocupado en ponerse en 
actitud de llevar á la práctica esta obra, que, como las de- 
más que ha enumerado en su comunicación á las cámaras 
legislativas es urgentísima. 

Sinembargo, como es nuestro deber el contribuir, en 
nuestra limitada acción, al estudio del arduo problema tri- 
butario, vamos á ocuparnos, con los documentos oficiales á 
la vista, de emitir nuestra opinión en tan delicado como 
trascendental asunto. 






— 422 — 

Se propuso, por alguno de los caballeros que concurrie- 
ron á la invitación que se sirvió hacernos US., para tratar 
la cuestión saneamiento, bajo su aspecto económico, el me- 
dio de elevar los derechos fijados á la exportación de gomas; 
mas, este medio debe descartarse, & mérito de que, al discu- 
tirse en la H. cámara de diputados, el proyecto de lei en- 
viado por el supremo gobierno, para nivelar los derechos de 
importación, fué ampliado en el sentido de que la goma 
elástica, sea cual fuere su denominación, abonase como de- 
recho de exportación, S. 0.20 por cada kilogramo de peso 
bruto, resultando así que, aquella queda sujeta á la siguien- 
te elevación de derechos: 

[Tomamos para el cálculo, como unidad, el cajón, tal 
como se prepara hoi para exportarlo, pues el derecho es por 
el peso bruto, ó sea con el envase.] 



— 423 — 



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— 424 — 

ó sea un aumento, cu3^o promedio es, para la exportación, 

de 141 ÍI %. 

« 
« « 

Se propuso, también, por otro caballero de los asisten- 
tes á la reunión celebrada en esa pretectura, el estableci- 
miento de un impuesto especial; mas, por mucho que nos he- 
mos esforzado por encontrar la materia imponible, no nos 
ha sido posible conseguirlo, pues tratándose de la importa- 
ción, ya no es conveniente ma3'or elevación de la que se tra- 
ta de llevar á cabo por el congreso. 

Y no se diga que aquí se pretende no pagar impuesto*, 
pues no debe olvidarse que, excento el departamento del 
pago de contribuciones conforme con las leyes que regían, 
encontrándose la república en las circunstancias aflictivas 
en que se hallaba, á causa de la guerra, sin lei que lo auto 
rizara, á no ser la suprema lei del patriotismo, el comercio 
de esta ciudad acordó, con el señor prefecto dv)n Tadeo Te- 
rri, pagar un derecho por la importación de mercaderías 
que hacía, fijándose á éste en el 7V¿ % sobre el valor de las 
facturas comerciales que, originales, se presentaban para la 
liquidación de tal derecho, estableciéndose, así, la aduana, 
el 5 de agosto de 1882, expidiendo, al efecto, el señor prefec- 
to, el decreto del caso. 

Esa tasa de importación se cobró hasta que se dictó la lei 
de 4 de noviembre de 1887, que, legalizando la existencia de 
la aduana, estableció como tasa del derecho de importación 
el 15 % ad volorem, tarifa que ha regido hasta que se puso 
en vigencia la nueva tarifa arancelaria dictada por lei de 18 
de noviembre de 1903, la cual elevó el derecho de importa- 
ción al 30 %. 

Cuando aún no tenía un año de ejercicio la última tari- 
fa, se envió al congreso nacional, por el supremo gobierno, 
el proyecto de lei acompañado al oficio ae II de noviembre 
de 1904 á que hemos hecho referencia. 

De otro lado, debemos fijar la atención en la progresiva 
elevación de impuestos que se ha hecho i ha producido los 
más lisonjeros resultados para el incremento de las reí. tas 
fiscales, como se vé por la siguiente demostración: 



— 425 — 

En el año 1903, rigiendo la tarifa de 1887, 

produjo la aduana de este puerto Lp. 62,304.2.35 

En 1904, cobrándose los derechos, hasta 

fin de marzo, con la tarifa de 1887, i, 

después, con la de 18 de noviembre de 

1903, dio 128.887.3.48 

^^^MM^I^^^^ ^^^H^Hia» ^^^^^^^ «MBM^^^^ 

Lo que representa un aumento de Lp. 66,583.1.13 



ó lo que es lo mismo el 115"9í^, sobre lo que se obtenía con la 
anterior tarifa. 

Ahora tomando — como es natural — la producción en el 
año 1905, durante el cual se han recaudado los derechos 
aduaneros con la tarifa de 1903, alcanzaremos á ver que, el 
aumento, es mucho mayor. Helo aquí comprobado: 

Producto en 1905....... ........ Lp. 148,000.0.00 

,, en 1903 en el que regía la tarifa 
de 1887 ...: „ 62,304.2.35 

Aumento en 1905 „ 85,995.7.65 

que es el 125"% sobre lo producido con la anterior tarifa. 

No debe olvidarse que, hasta la fecha, ya será lei del Es- 
tado la nueva elevación de impuestos adup.neros solicitada 
por el supremo gobierno, la que está llamada á dar una su- 
ma que sobrepasará en un 30% al actual rendimiento de la 
aduana. 



* 
• « 



Tratando, ahora de la posibilidad de ejecutar las obras 
íle saneamiento de Iquitos, con la renta que produce al fis- 
co, es algo que salta á la vista, i con tanta más razón para 
los que tienen en sus manos la gerencia de los negocios del 
Estado, que vienen manifestando el interés que les inspira 
esta importante sección de la república. 

Con todo pasamos á demostrar tal posibilidad, aunque 
corriendo el riesgo de hacernos pesados; mas, contamos con 
que US. se dignará escusarnos en gracia al propósito que 



— 426 — 

nos guia: satisfacer lo más ampliamente posible, el honroso 
encargo que nos confiara. 



* 
« « 



A la renta aduanera ha seguido, la que, por diversoscon- 
ceptos, recauda la compañía nacional, pues la creación de 
los nuevos impuestos al consumo de azúcar i fósforos, como 
el alza de los de consumo á los alcoholes i al tabaco, han 
producido lo que expresamos á continuación: 

Del 1^ de julio de 1904 al 30 de junio de 

de 1905, con las nuevas tarifas Lp. 40,392.5.40 

Del 1^ de julio de 1903 al 30 de junio de 
junio de 1904, con las antiguas tari- 
fas „ 16,827.3.93 

Dando así un incremento de Lp. 23,565.1.47 



La renta que recauda la compañía salinera del Perú, no 
la tomamos en consideración por estar destinada (por la lei 
de su institución) á un fin eminentemente patriótico: el res- 
cate de Tacna i Arica. 

Concretando, resulta que, Loreto contribuye para el in- 
cremento de las rentas fiscales: 

Por derechos de aduana Lp. 148.O00.0.00 

Por compañía de recaudación ,, 40,392.540 

O sea con un total de Lp. 188,392.5.40 

que distribuidos entre los cien mil habitantes que, de un mo- 
do exajerado, se atribuyen á Loreto, dá por cada uno un 
promedio de contribución de £ 1.8.83, mientras, en las de- 
más secciones de la República, contribuyen al sostenimiento 
de los gastos del Estado, en una proporción infinitamente 
exigua si se compara con la de Loreto. 



- 427 - 

Para comprobar este aserto, tenemos á la vista el cua- 
tlro que demuestra el desarrollo de las rentas generales de la 
República, durante el último cuatrenio, i que figura como 
anexo de la memoria presentada al congreso, por el señor 
ministro de hacienda, en la última legislatura ordinaria. 

Dicho cuadro, acusa, como renta en el 

año 1904, un valor total, debido alo 

recaudado, de £p. 1.990,568.2.32 

Del cual deducidos: por 

rentas de Loreto.... £p, 188,392.5,40 

Por impuesto á la sal 
en toda la Repúbli- 
ca 70,737.5.74 

6 sea la suma de „ 259,130.1.14 



quedan como impuestos pagados por las 

demás seccione» de la República £p. 1.731,438.1.18 

que divididos, á su vez, entre los 2.900,000 habitantes del 
Perú, descontados los que se atribuyen á Loreto, dá un pro- 
medio por individuo de £p. 0.5.98, 6 sea £p. 1.2.86 menos 
que en Loreto!, proporción que, será mayor aún, tan luego 
como se ponga el cúmplase á la lei que presentó el supremo 
gobierno para elevar los impuestos aduaneros en Loreto, lo 
que debemos esperar tenga lugar en este primer semestre 
del año en curso. 

* 
• « 

Resulta de lo expuesto con la elocuente expresión de las 
cifras tomadas de los documentos oficiales, enviados á las 
cámaras legislativas, que, mientras en Loreto producimos 
como tres, en los demás pueblos del Perú se produce como 
uno, i por lo mismo, no es posible elevar más los impuestos. 



* 
« • 



Pasamos ahora, á ocuparnos de lo que gasta Loreto en 
su administración i en atender á otros servicios, como sean: 
56 



— 428 - 

el sostenimiento de las comitiones de los ríos Jurná i Purús, 
que corresponden de modo exclusivo al ramo de relaciones 
exteriores, así como eí pago del servicio consular en Ma- 
naos; los gastos de la telegrafía inalámbrica; el servicio de 
resguardo i guarnición de nuestras fronteras: el sostenimien- 
to é incremento de la flotilla del Estado; que no pesan sobre 
los demás departamentos. Para esto, nos concretamos tan 
sólo á dejar constancia de las sumas que, en el año de 1904, 
se han remesado á la. orden de la dirección general del teso- 
ro, i de las que se han pagado por cuenta de los diversos mi- 
nisterios por gastos que no corresponden al presupuesto de 
Loreto. 

Helas aquí: 



POR LA aduana: 

Ssrvicio diplomático i consular Lp. 

Extraordinarios de relaciones exteriores. ,, 

Gastos de propaganda , 

Contingentes á la orden de la dirección 

general del tesoro , 



400.0.00 

7,223.3.42 

180.0.00 

54,787.0.00 



POR LA TBSORBRÍA FISCAL: 

Gastos extrordinaríos 

De gobierno „ 4,339.0.86 

De relaciones exteriores ,, 1,324.0.45 

De Justicia „ 37.0.50 

De hacienda ,, 18.5.00 

De guerra „ 6,840.5.35 

De fomento „ 60.3.90 

Servicio diplomático i consular ,, 366.6.65 

Ejército nacional „ 18.794.9.20 

Armada nacional ,, 6,372,8.54 

Gastos generales de guerra „ 1,136.9.20 

Vestuario equipo del ejército ,, 709.9,58 

POR c' DE fkgaudacíón: 

Valor de lo recaudado 40,392.5.40 

Total Lp. 142,983.8.09 



— 429 — 

Enviadas á Lima ó pagadas por servicios 

ajenos al presupuesto de Loreto. 

Lo que significa que, de las Lp. 169,279.8.88 

que produjo Loreto en 1904, solo se han 

invertido en su administración i gas- 



tos presupuestados Lp. 26.296.0.79 



« 



De esta exposición, como llevamos dicho, se deduce que, 
la renta que produce el departamento, es bastante para 
atender no solo á sus necesidades, sino también para ayu- 
dar al erario nacional á soportar las cargas del Estado. 

En consecíaencia, señor prefecto, la comisión que habéis 
nobrado para tratar de este asunto es de parecer: 

Que una veí cubiertos los gastos de la administración 
pública en el departamento, así como atendidos los que con- 
signe el presupuesto para obras, instrucción i otros de ca- 
rácter extraordinario, se destine, anualmente consignando 
la respectiva partida en el presupuesto general, la tercera 
parte del sobrante de sus egresos, para con ella, atender al 
servicio de amortización é intereses del empréstito que debe 
levantarse parala ejecución de las obras de saneamiento de 
Iquitos que son más costosas de lo que, á la simple vista, 
áparace. 



Dejamos cumplida la comisión que se sirvió US. confiar- 
nos, discerniéndonos, con ella, un honor por el cual presenta- 
mos á US. nuestros más sinceros agradecimientos. 

Dios Guarde á US. 

S. C. P. 

(Firmados) —: CeciV/o Hernández, —Benjamín C. Dublé.— 
Marcel Oury. — Manuel Chamot, — Dr, Manuel Irujo.— 
Clemente R, Alcalá. 



( I ) "Loreto Címercinl".— lo de marzo de 1906, 



— 430 — 



1906 



Derechos de importación 

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Por cuanto: 
El Congreso ha dado la lei siguiente: 

El Congreso de la República peruana. 

Ha dado la lei siguiente: 

Art. 1^— En las aduanas del departamento de Loreto, 
todas las mercaderías enumeradas en la sección séptima del 
arancel de aforos hoi vigente, pagarán un derecho de impor- 
tación de 15 % sobre el avalúo que en él se les señale. 

Art. 2^— Declárase libre de derechos de importación el- 
ganado en pié; las embarcaciones 'destinadas á la navega- 
ción, sean ó nó á vapor, en piezas ó armadas^ i los elementos 
exclusivamente navales; el carbón de piedra; las herramien- 
tas i máquinas de toda clase para la agricultura i las indus- 
trias; los rieles con sus útiles i todo el material rodante para 
ferrocarriles, el oro amonedado; los libros i útiles de ense- 
ñanza; los hornos para uso industrial, los alambiques recti- 
ficadores de cobre; las pailas de hierro i de cobre de más de 
cuarenta i seis kilos de peso; i las tichelas ó tacitas de uso 
exclusivo para la explotación de las gomas. 

Art. 3*^— Todas las demás mercaderías qus se introduz- 
can pagarán el derecho de 30 % con excepción de la joyería 
de oro i plata con piedras ^preciosas sueltas que pagarán 

• 

3 %: el oro i la plata labrados, que se gravarán con 10 %; * 
los fósforos de palo, que pagarán por todo derecho de im- 
portación de consumo el específico señalado en el arancel. 

Art. 4^— Toda goma que se exporte por las mismas adua- 
nas, cualquiera que sea su clase ó calidad, pagará un dcre- 



- 431 — 

cho de veinte centavos por kilogramo, peso bruto, 6 de vein- 
ticuatro centavos, peso neto, cuando no estén encajonados. 

Art. 5*^— De ese derecho de exportación se aplicarán dos 
centavos á formar un fondo destinado á las primas que, por 
lei especial, se concederán para fomentar el plantío de arbo- 
les de jebe, á cuyo efecto se llevará cuenta especial del pro- 
ducto de su ingreso, el cual se empozará en la caja de depó- 
sitOvS i consignaciones. 

Art. 6*^— Esta leí empezará á surtir sus efectos ciento 
veinte días después de su promulgación. 

Comuniqúese al poder ejecutivo para que disponga lo 
necesario á su cumplimiento. 

Dado en la sala de sesiones del congreso, en Lima, á los 
veinticuatro días del mes de enero de mil novecientos seis. 

M. Irigoyen, presidente del senado. 
Antonio Miró Quezada, diputado presidente. 
José Manuel García^ senador secretario. 
Fermín Málaga Santolalla, secretario de la cámara de 
diputados. 

Por tanto: mando se imprima, publique, circule i se le dé 
el debido cumplimiento. 

Dado en la casa de gobierno en Lima, á los 27 días del 
mes de enero de 1906. 

José Pardo. (1) (2) 

A, B, Legvía. 



[i] Los antecedentes de esta lei se han consijfnado en el tomo 7.^, páginas 632 & 634. 
[2] Registiro ofícial de Lorcto, 30 de abril de 1906. 



— 432 - 



1906 



Pago de derechos á la empresa del muelle de Iquitos 



Lima, 3 de febrero de 1906, 

Estando á lo prescrito en el artículo 26 del supremo de- 
creto de 5 de mayo de 1887 en todos los casos análogos: 

Se resuelve: 

Para seguridad del pago de los derechos correspondien- 
tes á la empresa del muello de Iquitos, la aduana de este 
puerto, no admitirá ningún manifiesto por menor sin el V*' 
B^ de aquélla. 

Regístrese i cúmplase por la superintendencia general de 
aduanas. 



Rúbrica de S.E. (1) 



Leguia. (2) (3) 



Ü) Doctor don José Pardo. 

( 3 1 Don Augusto B. 

(3) Documento existente en el miniílterio de hacienda. 



— 433 



1906 

Llbaración de impuastos al carbón da'plodra 

Lima, 21 de febrero de 1906. 

Vista la solicitud N? 9, letra B; 

De acuerdo con el informe de la sección ministerial de 
conti ¡buciones; 

Estando á lo prescrito en las leyes de 23 de noviembre 
de 1888 (1) i 27 de enero último (2); 

Se resuelve: 

Despáchese, en Iquitos, libre de todo impuesto fiscal, el 
carbón de piedra que se importe por ese puerto. 

Regístrese i cúmplase por el superintendente general de 
aduanas. 

Rúbrica de S. E. (3) 

Ugaía. (4) (5) 



1 1 ) Pof el artículo t.<^ de dichA lei de exonefa de todo Impuesto fiscal el carbón de pie* 
dra que se introduzca á la república por cualquiera de sus puertos. La lei en referencia se 
halla inserta en la colección de leyes expedidas por los congresos de 1888 i 1889, publicada 
por el doctor Aranda, página 46. 

(a) Corre en la página de este tomo. 

(3) Doctor don José Pardo. 

(4) Don Augusto B. 

(5) Documento del archivo del ministerio de hacienda. 



— 434 — 



1906 

Abono de las asignaciones dejadas en Lima por ios 
empieados dei ministerio de gobierno en el depara 
lamento de Loreto. 

4 

Lima, 11 de junio de 1906. 



Siendo conveniente i justo procurar á las familias de los 
funcionarios i empleados dependientes del ministerio de go- 
bierno, el percibo puntual de de las asignaciones que en fa- 
vor de ellas se establecen: 

Se resuelve: 

1^ — Para el pai?o de las asignaciones fijadas por emplea- 
dos que marchan á los departamentos de Amazonas i Lore- 
to, no exigirá la oficina pagadora certificado alguno; pero 
cuidará de exigir, en tiempo, una fianza de persona solvente 
á su entera satisfacción. 

2^ — Para que sean abonadas la» asignaciones respecti- 
vas á los demás departamentos cuidará la tesorería fiscal 
de dar por telégrafo el aviso correspondiente á la otra ofici- 
na pagadora, apenas practique el descuento mensual sin per- 
juicio de enviarle, por correo, el certificado de partida, como 
es de práctica. 



Regístrese, comuniqúese i publíquese. 
Rúbrica de S. E. [1] 



Zapata, [2] [3] 



['il Doctor don José Pardo, 

[2] Coronel don Brnesto. 

1^3] D jcumw'tito del archivo del ministerit» de gobierno. 



- 435 — 



1906 



Organización úel almacén fiscal de Iquitos 



Iqaitos, 14 de julio de 1906. 

Atendiendo á que es indispensable dar conveniente orga- 
nización al almacén fiscal, que en la actualidad no está suje- 
to á ninguna prescripción que garantice los intereses del Es- 
tado, i que es así mismo necesario establecer reglas fijas pa- 
ra el ingreso i extracción de los artículos que se deposi- 
ten en él. 

Se resuelve: 

A, — El almacén fiscal ó arsenal, correrá á cargo de un 
empleado que deberá prestar fianza por £ 300 oro, para res- 
ponder por los *:argos que pudiera contraer en el desempeño 
del puesto. 

B. — Dicho empleado es el único responsable por todos 
los artículos, enseres, mercaderías, etc., que desaparezcan del 
almacén ó que se extraigan sin la orden correspondiente. 

C. — El mismo guarda almacén llevará, en perfectas con- 
diciones de limpieza i exactitud, un libro á manera de libro 
de cuentas corrientes, en el que destinará las páginas fronte- 
rizas por cada clase de artículos, consignando el cargo en 
las de la izquierda i el descargo en las de la derecha. Unas 
i otras de estas páginas se rayarán formando cinco colum- 
nas verticales para las siguientes anotaciones: primera, fe- 
chas; segunda, artículos i sus variedades; debiendo especifi- 
carse el peso, medida ó cantidad, según fuera el artículo i en 
renglón separado para cada variedad; tercera, procedencia 
en el folio del cargo i destino en el descargo; cuarto, precio; i 
quinto, observaciones. 

D, — Los primeros asientos en el indicado libro serán los 
que resulten del inventario, i sucesivamente, los de los ingre- 
sos i extracciones que ce efectuaren. 

56 



— 436 — 

£.— Se considerarán únicamente como comprobantes vá- 
lidos, dicho expediente de inventarios i. las órdenes que expi- 
da la prefectura, directamente ó á solicitud de los coman- 
dantes de lanchas, capitanía de puerto, etc., sin las que no 
se hará ninguna operación de carga ó descarga. 

P.)— Los comprobantes se enumerarán i ordenarán en 
legajos; debiendo hacerse en cada asiento del libro, referencia 
al comprobante respectivo. 

G.)— El último día de cada mes, el guarda almacén ele- 
vará á la prefectura un estado que demuestre los ingresos i 
egresos habidos durante el mismo mes; i cada semestre prac- 
ticará confrontación de las existencias, elevando, asi mismo, 
el balance á la prefectura. 

Comuniqúese, dése cuenta, regístrese i archívese. 

Zapata, 
Estanislao Castañeda, 

Secretario. (1) 



(I ) "El Registro Oficial del departamento de Loreto de 15 de Julio de 1906.— Tomo 
IV, número 65. 



— 437 — 



1907 



Reorganlsación de ios servicios administrativos en 
la vía central. 

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Teniendo en consideración: 

Que el proyecto que, por disposición suprenja,ha presen- 
tado el ingeniero del camino al Pichis, don Augusto E. Ta- 
mayo, para unificar la administración de los caminos i telé- 
grafos en la región de Chanchamayo i Pichis, i el servicio de 
correos entre San Luis de Sbuaro i Masisea, i para el esta- 
blecimiento de la navegación en los ríos Pichis i Pachitea, 
responde á la mejora de las comunicaciones con el departa- 
mento de Loreto, i al desarrollo de una de las zonas más im- 
portantes del territorio nacional; 

Decreta: 

Artículo 1' — Créase la administración de la vía central, 
que comprenderá los siguientes servicios i dependencias: 

Los caminos de Chanchamayo i Pichis; 

La línea telegráfica sin hilos entre puerto Bermúdez; 

La instalación de telegrafía sin hilos entre puerto Ber- 
múdez, Masisea i demás estaciones que se establezcan; 

El servicio de correos entre San Luis de Shuaro i Ma- 
sisea; 

La navegación de los ríos Pichis i Pachitea entre puer- 
to Bermúdez i Masísea; 

Artículo 2*^ — Los servicios de la vía central serán atendi- 
dos por el personal siguiente: 

Un ingeniero jefe; 

Un segundo ingeniero; 

Un contador; 

Un amanuense secretario; 

Un sirviente. 



— 438 — 



CAMINO. 

Primera sección entre Palca i San Luis de Shuaro. 

ün contador de trabajos; 
Dos capataces; 
Catorce operarios. 

Segunda sección entre San Luis i Puerto Bermúdcz, 

* 

Dos capataces; 
Cuarenta operarios. 

SERVICIO TELEGRÁFICO. 

Correo i telégrafo terrestre. 

Un telegrafista inspector; 

Ocho telegrafistas para las oficinasde Palca, San Ramón, 
La Merced, Pueblo Pardo, San Luis, Eneñas, Azupizü i puer- 
to Bermúdez. 

Seis reparadores para La Merced, San Luis, Eneñas, 
Azupizú, Agoachine i puerto Bermúdez. 

Telégrafo sin hilos. 

Un inspector mecánico; 
Dos telegrafistas; 
Dos mecíínicos; 
Dos ayudantes; 
Dos operarios. 

Navegación. 

Un comandante; 
Un primer maquinista; 
Un primer práctico; 
Un segundo práctico; 
Un cocinero; 
Tres marineros; 
Dos fogoneros. 



— 439 - 

Artículo 3"— Los trabajos de conservación del camino 
entre Palca i Puerto Bermúdez se realizarán en la torraa ac- 
tual, debiendo el ingeniero jefe del camino presentar oportu- 
namente los proyectos respectivos para las nuevas obras de 
mejora. 

Artículo 4^ — El servicio telegráfico dependiente de la vía 
central, comprende las oficinas de Palca, San Ramón, La 
Merced, Pueblo Pardo, San Luis, Eneñas, Azupi/-ú, Puerto 
Bermúdez i Masisea. 

Por el ministerio de gobierno se dispondrá la entrega de 
las cuatro primeras oficinas mencionadas, dependientes has- 
ta hoi de la dirección de correos i telégrafos, así como el abo- 
no mensual por la tesorería de Junín del valor de su presu- 
puesto. 

El jefe de la vía central, presentará para su aprobación 
el reglamento á que debe sujetarse el servicio público, tra- 
tándose de las oficinas radiográficas. 

Artículo 5.°— El servicio de correos entre la capital i el 
departamento de Loreto se realizará por la vía central, de- 
pendiendo de la administración de ésta el trasporte de vali- 
jas entre San Luis i entre Masisea é Iquitos. 

La dirección generel de correos dispondrá que las valijas 
despachadas por la vía central, no tengan un peso mayor de 
35 kilos i que se acondicionen debidamente para su buena 
conservación. 

El jefe de la vía central queda autorizado para organizar 
el servicio de correos en su sección de la manera que juzgue 
más conveniente, sea celebrando contratos para el trasporte 
de las valijas, sea adquiriendo los elementos necesarios á di- 
cho trasporte, dentro de los límites del presupuesto respecti- 
vo i con cargo de dar cuenta minuciosa á la dirección de co- 
rreos. 

Artículo 6.°— Establécese el servicio de navegación en los 
ríos Pachitea i Pichis, dedicando por el momento, á ese ser- 
vicio, una de las nuevas lanchas adquiridas por el Estado, 
que realizará viajes quincenales entre Puerto Bermúdez i 
Masisea, conduciendo correspondencia i pasajeros. 

La lancha dependerá directamente del ingeniero-jefe de 
la vía central, quien propondrá el personal que debe equi- 
parla. 



— 440 — 

Artículo 7.° — Para asegurar el servicio de navegación se 
crean los siguientes puestos de leña: 

Río P/icWtea— •*Baños": un punto entre "Sira" i **Zun- 
garuyacu", "Yanayacu". 

Río PicAis—** Puerto Victoria'*. 

Estos puestos recibirán una subvención de Lp. 5 cada 
uno, que abonorá el ingeniero de la vía central. 

Artículo 8*^— El jefe de la vía central formulará anual- 
mente el proyecto de presupuesto administrativo de los ser- 
vicios de su dependencia i lo someterá á la aprobación del 
ministerio de fomento. 

Artículo 9*^ — Los gastos de la administración de la vía 
central, conservación de puentes i caminos; de los servicios 
de correos, navegación, telégrafo, se cubrirán con cargo á 
los siguientes ingresos: 

Al año. 



Partida Núm. 7046 del presupuesto gene- 
ral, conservación del camino al Pichis. Lp. 9.000.000 

Partida Núm. 6250 — Pliego de guerra i 
marina — Presupuesto de la lancha 
•'Iquitos" (••Veloz") „ 2.509.524 

Partidas Núms. 2010 i, 2010 h, 2010 g, 
2010 f, 2010— Pliego de gobierno i po- 
licía — Presupuesto de las ofícinas te- 
legráficas de Palca, San Ramón, La 
Merced i Pueblo Pardo 465.000 

Suma destinada á la conservación del ca- 
mino á Chánchamayo, aumentada en 
la compra del producto de los mismos 
impuestos „ 330.000 

Crédito extraordinario para el sosteni- 
miento de las ofícinas radiográficas... „ 3.024.000 

Ingresos calculados por servicio de nave- 
gación „ 552.000 

Ingresos calculados por servicio telegrá- 
fico „ 468.000 



Total Lp. 19.036.524 



- 441 -^ 

Artículo 10. — Fara la realización de los pagos, el jefe de 
la vía central, girará mensualmente contra las tesorerías 
ñscales de Junín i Loreto, especificando en cada giro el nú- 
mero de la partida del presupuesto general i del especial á 
que el giro se refiere. 

Corresponden á la tesorería de Junín los pagos relati- 
vos á: 

La conservación de los caminos, (partida 7406 del 
presupuesto general i parte del producto de impuestos de 
alcabala i peaje en el valle de Chant^hamayo). 

El sostenimiento de las oficinas de Palca, San Ramón, 
La Merced i Pueblo Pardo. (Partidas números 2010 i, 
2010 h, 2010g, 2010 f, 2010e.) 

La tesorería de Loreto cubrirá los giros que se refiere 
al servicio de navegación. (Partida número 6250 del pre- 
supuesto general) i al de telegrafía sin hilos. (Crédito ex- 
traordinario). 

Se trascribirá el presente decreto al ministerio de hacien- 
da, para que este despacho dicte las órdenes respectivas; 

Artículo 11. — El contador del ministerio de fomento 
formulará un proyecto de decreto reglamentando lo relativo 
á la contabilidad de la vía central. 

Artículo 12. — La organización establecida en este de- 
creto principiará el 1° de junio del presente año. 

Dado en la casa de de gobierno, en Lima, á doce de abril 
de mil novecientos siete. 

José Pardo. 
Delfín Vidalón, (1) 



(I) Ministro de fomento. 



442 — 



1907 



Introducción do ormos do guorro á Lorio. 



EL PRBSIDENTB DE LA REPÚBLICA, 



Considerando: 

Que conviene reglamentar la introducción de armas de 
guerra al territorio nacional, i el uso que de ellas se haga 
por particulares; , 

Decreta: 

Artículo 1*^ — Las casas comerciales importadoras de 
armas de guerra, antes de hacer al extranjero pedidos de ese 
artículo, se presentarán al ministerio de gobierno, por medio 
de una solicitud, dando aviso de su determinación i suminis- 
trándole todos los datos al respecto; i el ministerio concede- 
rá la autorización, ó manifestará la necesidad de que el pe- 
dido se difiera, según lo juzgue conveniente. En el primer 
caso, cuidará de dar el correspondiente aviso al ministerio 
de hacienda. 

Artículo 2"^ — Cuando las armas lleguen al puerto del 
Callao, la casa importadora pedirá al ministerio de hacien- 
da el despacho de aduana; i ese ministerio, apenas le conce- 
da, dará de ello cuenta al de gobierno. 

Artículo 3"^ — Los comerciantes de armas de guerra es- 
tán obligados á presentar al ministerio de gobierno una re- 
lación detallada de las armas que hayan importado, confor- 
me á la autorización á que se refiere el artículo 1*^, cuando 
más después de tres días de haberlas recibido, para que di- 
cho ministerio conozca si el número de las autorizadas es el 
de las recibidas, i si se conforman éstas con aquellas, en las 
demás circunstancias especificadas. 



— 443 - 

Artículo 4^ — Para poder efectuar la venta de armas de 
guerra las casas importadoras, presentarán al ministerio de 
gobierno un memorándum en el que se consigne: 

a) — El sistema del arma. 

fe)— El calibre de la misma. 

c )— El número de fábrica. 

d)— Su dotación de municiones. 

e )— El nombre del comprador. 

/*)— El nombre de la persona que garantice á éste; i 

¿^)— El lugar donde ha de ser usada el arma. 

El memorándum estará firmado por el jefe de la casa, 
por el comprador i por el que garantice, i será archivado en 
el ministerio, en legajo especial; dándose á la casa vendedo- 
ra, por la dirección de gobierno, copia certificada de la licen- 
cia que se conceda, en dos ejemplares, uno de los que servirá 
de constancia á la casa, i el otro al dueño del arma. 

La dirección de gobierno comunicará, además, las licen- 
cias concedidas, á la autoridad política del departamento 

■ 

en que resida la persona compradora de las armas, para los 
fines respectivos. 

Artículo 5° — En el ministerio de gobierno se llevarán 
dos libros: uno **autürizac¡ones'* á los comerciantes, i otro 
de * 'licencias'* para la venta á los particulares. 

Artículo 6.° — En el libro de **autorizaciones*' serán re- 
gistradas las resoluciones ministeriales concediendo permiso 
á las casas importadoras, para que formulen sus pedidos al 
extranjero; i en el de ''licencias", las que se refieran á la ven- 
ta á los particulares. 

Artículo 7"^ — Sólo será permitida la compra de armas 
de guerra^ á las personas que demuestren que el uso de aqué- 
llas les es es indispensable para garantía de vidas é intereses, 
en lugares mui apartados de las poblaciones; á los explora- 
dores ó industriales que se dirijan á las regiones montaño- 
sas de la república, i á los clubs de tiro al blanco oficialmen- 
te reconocidos. 

Artículo 8^ — Todo el que posea armas de guerra, con 
licencia del gobierno, conforme á esta cJisposición está obli- 
gado á presenta rías á las autoridades políticas en el momen- 
to en que éstas lo dispongan. 
57 



— 444 — 

Artículo 9^ — Será mancomunada la responsabilidad del 
comprador de una arma, con el que lo garantice, en el caso 
que ocurra algún trastorno público, i esas armas se encuen- 
tren en poder de los trastornadores. 

Artículo 10. — El ministerio de gobierno hará practicar 
visitas de inspección en las casas comerciales autorizadas, 
cada vez que lo juzgue conveniente; i las armas que se en- 
cuentre, i que no hubiesen sido registradas, con las formali- 
dades prescritas en esta disposición, serán decomisadas. 

Lo serán también las que se hallen en cualquier otro es- 
tablecimiento que no hubiera sido autorizado para la im- 
portación, ó en poder de particulares que carezcan de la li- 
cencia respectiva. 

Artículo 11. — A ninguna persona le será permitido com- 
prar más de cinco armas de guerra. 

Artículo 12. — La venta de dichas armas queda circuns- 
crita á establecimientos ae la capital de la república, sin que 
por ningún motivo pueda hacerse en otro lugar de ésta. 

Artículo 13. — Los particulares que posean armas de 
guerra, con licencia que el ministerio de gobierno les hubiera 
concedido antes de la publicación de este decreto, se presen- 
tarán por sí 6 por medio de apoderados en el término de 15 
días para los que vivan en esta capital, i 90, para los que 
residan fuera, — con el objeto de refrendar dichas licencias. 

No están exceptuados de esta disposición, los clubs de 
tiro al blanco á que se refiere el artículo 7.° 

Artículo 14. — Quedan canceladas las licencias que hn- 
bieran concedido á particulares, para usar armas de guerra, 
las autoridades políticas dependientes del ministerio de go- 
bierno. 

Artículo 15. — Los comerciantes que importen armas á 
los departamentos de Loreto i San Martín, se entenderán 
para este objeto, con la respectiva prefectura, la que reem- 
plazará al ministerio de gobierno en las atribuciones que 
señala el presente decreto. 

Artículo 16. — El gobierno se reserva la facultad, en 
cualquier momento, de suspender el comercio de armas. 



— 445 - 



DISPOSICIONES TRANSITORIAS. 

Las Casas importadoras de armas de guerra proporcio- 
narán en Lima al ministerio de gobierno i en Moyohamba é 
ígnitos, á las respectivas prefecturas, en el plazo perento- 
rio de ocho días, contados desde aquel en que se publique 
este decreto, la relación detallada de sus existencias. 

Dado en la casa de gobierno, en Lima, á los veintidós 
días del mes de abril de mil novecientos siete. 

José Pardo. 
Hernán Velarde. (1) 



( 1 1 Ministro de f^obíerno. 



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CAPITULO VII 




miu 



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INSTRUCCIÓN PUBLICñ 



1825 



Escuelas en las Misiones de Mainas. 

República Peruana. 
Ofibierno de las misiones. 

* 

N.° 14. 

Balsapuerto, 1!^ de Julio de 1825. 

Al señor Intendente de la Provincia. 

S. I. 

Por el superior oficio de U. de 7 del corriente que he 
recibido, trascripta la superior orden, para el establecimien- 
to de escuelas en este distrito de que procuraré agitar quan- 
tos arvitrios estén en mí para el logro de un asunto tan in- 
teresante á la República. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo, (1) 



(1) Documento del archivo especial de límite» — Sección Ecuador. ^ Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 9. — Número 491. 



— 450 - 



1831 

Establocimionto do escuelas de primeras letras en 
ios pueblos de Malnas. 



El oficio que sobre el particular dirigió el 6 de junio de 1831 el prefecto 
de La Libertad al subprefecto de Mainas se encuentra en el tomo 19 p^iifi- 
na 223. 



1832 



Enseñanza de las primeras letras en el pueblo de 
Santiago. 



República Peruana 
Gobierno de las Mibiones. 



Balsapuerto i marzo 20 de 1832. 

Al señor subprefecto de la provincia. 

S. S. P. 

( Contestado. ) 

Habiendo fallecido el Curaca Pasqual Guiñapi del pueblo 
de Cahuapanas nuebo Fundador de la Barranqqita, se han 
dispersado todos los indios, i están retribuyéndose á su an- 
tiguo ogar: i no teniendo efecto la dirección del Governador 
de dicho sitio Don Mateo Portocarrero, he tenido á bien de 
que este se baya prontamente á posesionarse deGovernador 



- 451 - 

en los Pueblos de Santiago i Borja por no haber en dichos 
Pueblos quien dirija como se deve los papeles importantes 
al servicio de la Nación, i como en ig^al encargadole la Ins- 
trucción i enseñanza de primeras Letras á ésos muchachos 
blancos que caresen de este necesario tan importante. 

Con esta fecha ordeno al Governador de Cahuapanas, 
quejos reciva con amor á todos los indios que quieran ins- 
truirse, sin consentir que los del partido Alto los rechasen 
con palabras insultativas: Todo lo que pongo en noticia de 
US. para su inteligencia. 

Dios guarde á US. 

« 

Doroteo Arehalo. (1) 



1832 

Invitación á los padres de familia de Malnas para 
que envíen sus hijos á escuchar las lecciones de 
matemótlcas que se dictan en el seminarlo de Tru- 
Jlllo. 



Véase en el tomo 1^, página 224. el oñcio del prefecto de La Libertad al 
subprefecto de Mainas, de 8 de junio de 1832. 



íil Documento del archivo especial de limite».— Sección Ecuador.— Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta No. lo. — No. 534. 



— 452 — 



1832 

Solicltacdo una Joven de Mainas para que estudie en 
la casa de maternidad de Lime. 

República Peruana. * 

Prefectura del Departamento 
de la Libertad 



(circular) 

N. 59. 

Trugillo, á 30 de agosto de 1832, 

Al subprefectí) de la provincia de Mainas. 

La mui honorable junta departamental teniendo presen- 
te las ventajas que nacerían de la estención del arte obsté- 
trico, que se enseña en la casa de maternidad establecida en 
la capital bajo la dirección de madama Fecel, me ha indica- 
do la necesidad de invitar á los pueblos á la participación 
de tan íitil enseñanza. 1 sin embargo de estar practicada es- 
ta diligencia á virtud de suprema orden de 17 de septiembre 
del año pasado de 830, que circulé en la mía de 30, de ese mis- 
mo mes, bajo el número 104; sin haver conseguido por res- 
puesta más que el patético convencimiento de la indiferencia 
con que se miran en esos lugares esta clase de bienes, reitero 
.4 U. aquella con prevención de que promueva por todos me- 
dios á que se consiga al menos una joben de esa provincia 
que pueda acercarse á participar de los conocimientos indi- 
cados costeándose su viaje, por la honorable municipalida- 
des á quienes advertirá U. lo necesario del caso, conforme lo 
acordado, por la mui honorable junta, de entre cuyos hono- 



— 453 — 

rabies miembros, hai uno, que jenerosamente se comprome- 
te á costear el viaje por mar de todas lasque ocurran del de- 
partamento. 

Dios gtiarde á U. 

P.Dieguez. (1) 



1843 



Escuela do primaras letras en Jeberos 



República Peruana. 
Gohernación del distrito 



Jeveros. Junio 19 de 1843, 

Al ilustrísimo i reverendísimo señor doctor don José María 
de Arriaga, dignísimo obispo de esta diócesis. 

Ilustrísimo i reverendísimo señor. 

En meses anteriores impartí á US. I. las noticias sóbrela 
apertura de la escuela de primeras letras de esta ciudad, aho- 
ra tengo por con veniente participarle el estado en quese halla. 
Quisiera, pues, decir ya á US. I. del progreso que tienen los 
niños de un modo que le dejara placentero: mas me priva de 
este consuelo el ningún aprecio que hacen los padres de ía- 
milia de esta clase de educación, pues lejos de procurar la 
ilustración de sus hijos, los remontan ó nó sé donde los me- 
ten cuando los ven destinarse para adoctrinarlos i solo el 



(IJ Documento del archivo especial de límites.— Sección Ivcuador. — Sisólo K IX, repú. 
blica.^i^arpeta 4. — No. 425. 

58 



— 454 — 

temor del castigo que se les aplica, hace que, tengamos ac- 
tualmente seis niños, que se hallan deletreando,, al paso que 
son poco á poco instruidos en el castellano, habiendo fuga- 
do dos de los primeros, que fueron los mejores. Todos los 
muchachos de doctrina reunidos, se dirigen desde el colegio 
para la iglesia, las tardes de los sábados, las mañanas i 
tardes de los domingos i otros días festivos, presididos por 
los de la escuela, quienes entonan entre tanto el Padre nues- 
tro, el Avemaria, el Credo, &, &, método conque parece que 
vá facilitándose el adelantamiento de los niños en aprender 
la doctrina cristiana. El Señor derrame su santa bendición 
sobre todos ellos i nosotros, mediante las fervorosas oracio- 
nes de US. I.; de suerte que nuestros ojos tengan la dicha de 
ver algún día progresar nuestra santa religión. 

Dios guarde á US. I. 

Ilustrísimo Reverendísimo señor. 

José Inocencio Hidalgo, ( 1 ) 



(I ) "El Coracrcio"-Año V. Núm. 1,327. 



^ 455 



1843 



Edicto del Obispo do Malnas á ios padros do lamilla 
pidiéndolos onvíon sus iil|os á la oscuola do primo- 
ras ¡otras ostabloclda on ol somlnarlo do Moyp- 
bamb». 

Nos DON José María DE Arriaga, por la gracia de Dios 
I DE LA Santa Sede Apostólica, Obispo de M aínas en 
LA República del Perú, etc. 

A los feligreses de esta Ciudad i más pueblos, salud i ben- 
dición. 

i 

Conociendo, que el bien de la Iglesia, i del Estado prin- 
cipalmente depende de la racional cristiana educación de la 
juventud, estamos persuadidos que no hai establecimientos 
más útiles ni más necesaiios que los de las escuelas públicas, 
destinadas para enseñar á los niños, las primeras letras, i 
los rudimentos de nuestra Sagrada Religión. Deaqui nuestro 
mayor dolor; al ver que en esta eiudad no hai al presente 
otras escuelas que las de algunos maestros particulares, que 
enseñan á los que pueden satisfacerles su trabajo, i esto con 
muchos vicios, que deseamos cortar, i con tal mesquindad, 
que aun salidos de sus escuelas, se les encuentra sin instruc- 
ción, i se les vé crecer, vivir i morir, en la más deplorable ig- 
norancia, de las verdades de nuestra santa Fé, i de los man- 
damientos del Decálogo, i de la Iglesia. 

Recordamos, que los Obispos de los primeros dichosos 
siglos de lá Iglesia establecieron escuelas públicas, entre las 
cuales fué celebérrima la de Alejandría, i singularmente mien- 
tras que la reaventaron Panthemo, san Clemente i Orígenes. 
I aunque estas escuelas primariamente se instituyeron con 
el fin de enseñar la Doctrina Cristiana á los catecúmenos, es 
innegable que la misma obligación que aquellos obispos tu- 
vieron de procurar que la supieran los que habían de recibir 



— 456 - 

el Bautismo, la hai de solicitar, que la sepan los que lo reci- 
bieron recien nacidos, cuando llegan al uso de razón. 

Cargando sobre nuestros débiles hombros el doble peso 
que los otros como por un blasón del brazo Omnipotente. 
Siguiendo el ejemplo de aquellos excelentísimos prelados, he- 
mos hecho cuanto nos ha sugerido el espíritu del Señor para 
el restablecimiento de las misiones. I sin embargo de que pa- 
ra los nacidos, bautizados i criados en el seno de nuestra 
Iglesia hemos cuidado desde nuestro ingreso al Obispado de 
seguir los pasos de Santo Toribio Mogrovejo, enseñando los 
domingos i días de fíesta la Doctrina Cristiana i esplicándo- 
la. No siendo bastante esta medida para llenar nuestros de- 
seos de formar dignos Ministros para el Altar, Magistrados 
útiles para el Estado, i santos para el cielo: tenemos á bien 
siguiendo las huellas de otros celosos obispos, como el señor 
Climed de Barcelona, i hemos resuelto abrir en un sakSn ca- 
paz i decentemente preparado del patio primero dé este se- 
minario donde estudian los manteistas con comunicación al 
interior pero cerradas una escuela gratuita, nombrando por 
maestros de dicho seminario, asignándoles por su trabajo 
un pequeño salario proporcionado á nuestra escasa renta • 
En esta escuela se enseñará. Doctrina Cristiana, á leer, es- 
cribir, contar. Gramática Castellana i reglas de buena edu- 
cación sacadas de la Escritura Sagrada que van insertadas 
en las muestras. El método que debe observarse en esta 
instrucción, queda analisado en un plan que hemos apro- 
vado. 

Persuadidos de que la falta de educación i sus tristes 
consecuencias son general en estas provincias, i en la mayor 
parte de la diócesis; i que si bien por la solicitud i repetidas 
órdenes del Gobierno político, se han instituido escuelas. en 
algunos pueblos, ellas adolecen de los mismos vicios que la- 
mentamos en las de esta ciudad, hemos tenido también que 
exhortar i rogar á nuestros benerables coadjutores los pá- 
rrocos, para que en aquellas feligrecias de su .respectivo car- 
go, en donde aun no se hayan creado escuelas, las abran á 
nuestra invitación, haciendo esfuerzos caritativos i genero- 
sos, i tengan el cuidado de bar i examinar si los maestros 
de las ya instaladas están instruidos i son capaces de ense- 
ñar Religión i la moral, á sus discípulos, poniendo por de- 
contado el oportuno remedio á los males que notasen i con- 



— 457 - 

virtiéndose á la vez de párrocos en instructores de estas pri- 
meras i más interesantes disciplinas 

En esta virtud: Padres de familia, amados hermanos i 
feligreses nuestros ponemos en vuestra noticia, que el día 
dos del entrante mes de octubre estará abierta la escuela en 
el mencionado salón. Por tanto, no solo os rogamos i ex- 
hortamos á que enviéis vuestros hijos, sino que os hacemos 
presente que estáis en conciencia obligados á ejecutarlo los 
que por vuestra ignorancia no sabéis, ó por vuestras ocu- 
paciones no podéis enseñarles la Doctrina Cristiana. Porque 
la misma ley natural y divina que os manda sustentar i ves- 
tir los cuerpos de vuestros hijos, os obliga á alimentar sus 
almas con el manjar de la doctrina cristiana i adornarlos 
con el hermoso traje de las virtudes que les enseñaran sus 
maestros; i aun, si bien se mira esta obligación es tanto ma- 
yor que aquella, cuanto es más excelente el alma que el cuer- 
po de vuestros hijos, i cuanto es más preciosa la vida espiri- 
tual que la corporal. 

A la verdad ni la ignorancia, ni la pobreza han podido 
disculpar en el tribunal de Dios, la grave falta que habéis 
cometido, dejando de procurar que vuestros hijos aprendie- 
sen lo que deben de saber para salvarse. Ya ni aun á los ojos 
del mundo, tendréis disculpa una vez que se abre en esta 

ciudad la mencionada escuela, en que los maestros darán á 
vuestros hijos una graciosa i cristiana enseñanza: I además 
hemos dispuesto que se den algunos catecismos á los que 
sois tan pobres, que no podéis comprarlos, muestras i otros 
útiles para el intento. 

No podemos presumir, amados hermanos que seáis tan 
rebeldes á la voluntad de Dios, i tan crueles con vuestros 
hijos, por el vil provecho que esperáis reportar de su mez- 
quino trabajo desde los cinco á los diez años ó doce de edad 
queréis malograr la ocasión que se os ofrece. Pues así se ha- 
rán maestros vuestros y de toda vuestra familia. Serán unas 
pequeñas centellas que encenderán en esta ciudad un sagrado 
fuego: Serán preciosos aromas que difundirán en ella el buen 
olor de Jesucristo: Serán buenas semillas que producirán sa- 
zonados frutos de virtud: Serán padres que criarán otros 
hijos, semejantes á sí mismos en la modestia, piedad i reli- 
,gión. Serán vuestro consuelo, la gloria de esta ciudad i la 



— 458 — 

« 

edifícació n de nuestra Iglesia. Dios quiera bendecir nuestra 
recta intención, i haceros eternamente felices, como lo roga- 
mos. 

Es dado en nuestro Seminario Conciliar del Dulcísimo 
Corazón de Jesús de la ciudad de Moyobamba, firmado de 
nuestra mano, sellado con el de nuestro oficio, i refrendado 
por nuestro infrascrito secretario de visita, á los veintitrés 
días del mes.de setiembre del año del Señor de mil ochocien- 
tos cuarenta i tres. 

José María, 

Obispo de Mpyítas. 

Por mandado de Su Señoría Ilustrísima el Obispo mi Señor 
Pedro Raiz, 

Secretario de Visita. 

Es fiel copia de su original al que en caso necesario me 
refiero. 

Moyobamba, setiembre 27 de 1843. 

Pedro Ruiz, 

Secretario de Visita. 

Es copia.— Moyobamba, 6 de octubre de 1843. 

Juan Bautista Rojas 

Secretario. [I] 



Iil Documento del archivo etipectal de límites. — Sección Ecuador. — Si^lo XXX, repú- 
blica. — Cariota 13. — Número 547. 



— 459 — 



1843 



"i 



Protección á la escuela da primeras letras fundada 
en Moyobamba por el obispo Arrlaga. 

EL CIUDADANO JOSÉ MONTEZA TENIENTE CORONEL COMANDAN' 
TE DEL SEGUNDO BATALLÓN DE INFANTERÍA DE LA GUAR- 
DIA NACIONAL DE LA CAPITAL DEL DEPARTAMENTO DE 
AMAZONAS, SUB-PREFECTO É INTENDENTE DE POLICÍA DE 
MAINAS, &. 

Considerando: 

1.°— Que la instrucción popular es uno de los puntos 
cardinales en que debe fijarse la atención de los mandata- 
rios, porque influye directamente sobre la suerte de las na* 
ciones; 

2.°— Que no teniendo esta provincia fondos capaces, pa- 
ra soportar los gastos que demanda un establecimiento de 
primeras letras i demás ramos de educación popular; 

3.°— Que al efecto, ha querido la bondad del ilustrísimo 
señor obispo adjudicar parte de su escasa renta al estable- 
cimiento de una escuela pública, en que se enseñarán A los 
niños las primeras letras, gramática castellana i los elemen- 
tos de nuestra sagrada religión; 

De acuerdo con tan laudable i piadosa institución, he 
venido en decretar i decreto: 

Artículo I*' — Todos los padres de familia de esta ciudad 
quedan forzosamente obligados, bajo la más estricta res- 
ponsabilidad, á poner á sus hijos en la escuela pública que 
se vá á establecer, bajo la dirección del ilustrísimo señor 
obispo en un salón del seminario de esta ciudad; el día dos 
del presente. 

Artículo 2.°— El contenido del artículo anterior se ex- 
tiende también átodo padre de familia que se halle domicilia- 



- 460 — 

do en los pueblos de Rioja, Sorítor, Habana, i demás pobla- 
ciones del círculo; debiendo traer á sus hijos á la escuela el 
día diez de octubre, sin falta alguna, i sin eludir las ordenes 
terminantes que tengo expedidas á este respecto, al gober- 
nador de Rioja é inspectores de los demás distritos. 

Articulo 3.° — Los que infringiesen el tenor de los dos ar- 
tículos precedentes desoyendo las leyes que les impone nues- 
tra sagrada religión, i las naturales i cibiles; serán puestos 
en arresto por el término de veinte días; i además serán 
compelidos á obrar según el tenor de este bando, i según lo 
dispuesto en el edicto de su señoría ilustrísima que se acom- 
paña en copia autentica, cuya saludable institución se pu- 
blica hoi para que llegue al conocimiento de aquellos á quie- 
nes corresponde obedecer. 

Publíquese por bando, circúlese i fíjese en los lugares de 
costumbre. 

Es dado en Moyobamba, capital de la provincia de Mai- 
nas, á los treinta días del mes de setiembre de mil ochocien- 
tos cuarenta i tres años. 



José Monteza, 



Juan Bautista Rojas^ 

Secretario (1) 



(21 Documento del afchivo eápeciul de límites. — Sección Rcuador. — Siíjl" xix, nrpú. 
blica. — Cnrpéta i.^. — Número 547. 



— 461 — 



1843 

El obispo do Malnas solicita so consldoro anoxa al 
somlnario do Moyobamba la oscuola do prlmoras 
¡otras quo ha fundado on osa ciudad. 

Kepúbica Peruana 



Moyobamba, octubre 6 de 1843. 

Al señor ministro de gobierno, culto i beneñcencia. 

Señor ministro: 

Me cabe la honra de decir á US. en repuesta á su mui 
apreciable comunicación de 6 del anterior, que en 4 del mis* 
mo mes acompañé á US. los datos relativos al estado ecle- 
ciástico de este obispado. 

Me resta solo suplicar ahora á US. que se haga añadir 
al seminario de Moyobamba como anexa i dependienie de él 
una escuela gratuita de primera instrucción, que se abrió el 
día dos del corriente mes en fuerza de un edicto que previa- 
mente hice publicar (1), para fundar en él mi conducta i ha- 
cer ver los deberes que en cierto modo ligaban mi concien- 
cia. Por no molestar las atenciones de US., omito darle 
cuenta con una copia de él, como en caso semejante lo hizo 
el señor Climed arzobispo de Barcelona ante su soberano; 
pero por otra vía cuidaré de que se publique por la prensa, 
como que es un establecimiento del que depende el levanta- 
miento de las misiones que, miran con estremada caridad 
los buenos cristianos de esta capital. 



ii ] Véase la página 455. 
59 



- 462 - 

Puédense igualmente agregar otras tres escuelas de 
primera instrucción en los pueblos de Mainas. 1* en Je- 
veros regida i costeada por el colegio de misiones. 2^ en 
Santa Cruz distrito de Laguna, sin dotación. 3^ en Andoas» 
ídem. 

Dios guarde á US. 



Señor ministro. 



Es copia de que doi fé. 
Moyobamba, octubre 6 de 1843. 



José María ^ 

Obispo de Mainas. 



Pedro Rviz, 

Secretario de visita. 



1844 



Escuelas do primeras letras en las misiones de Mal- 



República Peruana. 

Suprefectura de la provincia 
de Mainas. 



N'^ 47. 



Moyobamba, febrero 20 de 1844. 



Al señor coronel prefecto de este departamento de Amazo- 
nas. 



S. C. P. 

Tengo la honra de elevar á las superiores manos de US. 
la adjunta nota dol gobernador en jeneral de las misiones 



( I » "El Comercio"— Aflo V— N" 1327. 



— 463 - 

de esta provincia, referente 6. la institución de la instrucción 
primaria, para que en su vista se sirva US. resolver cual fue- 
re mas conforme & su superior beneplácito. 

Dios guarde á US. 

Evaristo Tañtr de Córdova. ( 1 ) 



APROBACIÓN DE LAS MEDIDAS ADOPTADAS 

POR EL GOBERNADOR DE MAINAS, 

Chachapoyas, febrero 27 de 1847, 

Apruébanse las medidas adoptadas por el gobernador 
jeneral de misiones para la plantificación de las escuelas de 
instrucción primaria en los pueblos de la nación, para cuyo 
objeto i el de su mejor organización diríjase la nota corres* 
pondiente al ilustrísimo señor obispo de la diócesis á fin de 
que exite por su parte á los párrocos el deber que tienen co- 
mo miembros natos de beneficencia de atender con preferen- 
cia al importante adelantamiento de la juventud, i archí- 
vese. 

Castro^ 
Julián Torres, 

Secretario. (2) 



(I) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador.— Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 13. — Número 548. 

(3). -Documento del archivo especial de limites.— Sección Ecuador.— Siglo XIX, repú- 
blica. -Carpeta 13.— N.° 548. 



~ 464 - 



NOTA A QUE SE REFIERE EL SUBPREFECTO DE MAINAS 
I QUE ORIGINÓ LA ANTERIOR RESOLUCIÓN. 

■ 

República Peruana 

Gobierno en General 
de las Misiones de Mainas. 



N.° 18. 



Balsapuerto, febrero 2 de 1844, 



Al señor coronel subprefecto de esta provincia. 

S)* W* C^« X • 

Satisfago la superior circular de US. 11 del anterior nú* 
mero 33 diciendo: Que no encontrando este gobierno un me- 
dio que sea capaz para poder establecer escuelas de primeras 
letras en todos los pueblos de esta misión deseando la cítí- 
lización de la juventud indígena que yace miserablemente en 
una tenebrosa ceguedad, espedí un acuerdo en 6 de octubre 
en Pebas el año 184'2, encargando la enseñanza primaria á 
todos los gobernadores é inspectores de los pueblos, porque 
estos por razón de sus destinos eran los únicos que gratui- 
tamente hubiesen enseñado, i en consecuencia con la misma 
fecha número 6 elevé á la prefectura del departamento exi- 
giendo su superior aprobación, i al mismo tiempo pidiéndole 
cuatrocientos ejemplares de cartillas para distribuir en las 
escuelas, i exigir á los pueblos el precio de los catecismos al 
precio que se me remitiesen i á cada uno según el número que 
le era necesario i dicha superioridad me contestó en 22 de 
diciembre del mismo año aprobando dicho acuerdo, i ofre- 
ciéndome mandar imprimir las cartillas i catecismos. Circu- 
lé dicho acuerdo aprobado exigiendo el número de alumnos 
de que se formase cada escuela, i en circunstancias de que se 
estaba arreglando su plantificación tuvo lugar el cumpli- 
miento del supremo decreto de 8 de junio del citado año, que 



— 465 "^ 

comunicándoseme en 28 de abril del año anterior por la pre- 
fectura, posecionándose los seis gobernadores de distritos, 
trasmití á todos los inspectores i gobernadores á fin de que 
cesasen de sus funciones políticas, i de hecho quedó todo en 
nada. Ahora es necesario tomar la misma medida con la 
obligación de que cada pueblo le haga al preceptor dos chá- 
caras anuales para su alimento, i que esa subprefectura pi- 
da cartillas i catecismos al gobierno para que mande impri- 
mir, i adquiridos que sean remitirme para distribuir en todos 
los pueblos, exigiéndoles el precio de ellos en cera, 6 en la 
especie que quiera el gobierno, ya que de otro modo no se 
puede lograr la civilización de la juventud semi salvaje en 
estas regiones nacientes. 

Dios guarde á US. 

Pedro Pablo Vasquez Caycedo. [1] 



1851 

Proyectaila traslación da la ascuala da primaras te- 
tras da Balsapuarto á Nauta. 



Véase en el tomo VII, página 22 la propuesta que al respecto hizo el 
(Gobernador dé Misiones en 18 de setiembre de 1851. 



[i] Documento del archivo especial de límites. — Sección iScuadof. ~ Siglo XlX, rep6* 
blica. — Carpeta 13. — Número 548. 



- 466 — 



1853 

Raglamonlo para las escuelas públicas del departa- 
mente de Amazonas, entre ellas las de Malnas. 



BL CIUDADANO SANTIAGO RODRÍGUEZ, SUBINSPECTOR DE LA 
GUARDIA NACIONAL I PREFECTO DEL DEPARTAMENTO DE 
AMAZONAS. 

Deseando uniformar en lo posible la inslrucción primaria 
en todos los pueblos de este departamento, i exterminar 
varios abusos que refluyen en perjuicio de la juventud, he 
venido en acordar el siguiente reglamento: 

Artículo 1.^ En las escuelas públicas de é^ta i en la de 
Moyobamba se enseñará primero á leer, escribir por la 
muestra de Palomares i Torcuato conforma & la suprema 
orden de 31 de marzo de 1840, contar, gramática castella- 
na, religión i costura á las mujeres. 2 Los preceptores pú- 
blicos no impondrán gabela alguna á los niños que enseñen 
como lo acostumbran en varias escuelas. 3 No costeando la 
nación para el uso de las escuelas más que la dotación de 
los preceptores, los padres de los alumnos proporcionarán 
los libros que designen dichos preceptores. 4 Ningún pre- 
ceptor admitirá en su establecimiento á un alumno de otra 
esencia, i el que fuere inmoral c incorregible será lanzado de 
ella. 5 Cada seis meses habrá en cada escuela un examen 
privado al que asistirán los preceptores que hai en la pobla- 
ción, i al año, uno público al que asistirán las autoridades 
locales i los padres de familia, para que se enteren del ade- 
lantamiento de los alumnos; i los preceptores que no corres- 
pondiesen debidamente á la confianza depositada en ellos 
serán destituidos del destino, i si por algún accidente no hu- 
biesen recibido sus haberes, solo tendrán derecho á la mitad 
de cuanto tengan devengado. 

Articulo 2.^ Bn las escuelas públicas de los pueblos en- 



- 467 - 

señarán los preceptores á leer, escribir, contar i la doctrina 
cristiana. 

Artícalo 3*^ Las horas destinadas para la enseñanza se- 
rán por la mañana desde las nueve hasta las doce, i por la 
tarde desde las dos hasta las cinco. 

Artículo 4.° Todo padre de familia queda obligado á 
remitir á sus hijos á la escuela desde la edad de siete años 
hasta la de quince, á no ser que tengan impedimento legal. 

Articulo 5.° Bl padre de familia indolente á la educación 
de su hijo será multado de uno á dos pesos, i se empleará en 
la compra de útiles necesarios para el mismo establecimien-, 
to, i la policía hará efectiva la multa. 

6.° Todos los preceptores públicos i privados quedan 
sujetos á la inmediata inspección de las autoridades locales, 
juntas de beneñcencia, curas i demás funcionarios públicos, 
i los que tengan jurisdicción sobre aquellos castigarán las 
faltas que notaren en la enseñanza ó en la moral. 

Bs dado en la casa prefectural de Chachapoyas á 30 de 
noviembre de 1853. 



Santiago Rodríguez 



Juan Martínez PizarrOy 

Secretario. 



Es copia. 



Manuel María Torres 

Oficial archivero. (1) 



(I) Bl "HeffÍBtro Oficial" de Trojlllo del sábado 24 de dieiembre de 1853 > Tomo II, 
nfimero 56. 



— 468 — 



1861 



Establecimiento de une escuele náutlce en el deper- 
tamento msritinio militar de Loreto. 



El decreto que trata del particular, de fecha 7 de enero de 1861, se ha 
'inserto en el tomo 1.", página 23. 



1864 

Colegio de Instrucción medie en le copltal del depor- 
tomentode Loreto. 



Véase la resolución legislativa de 28 de enero de 1864- en el tomo 1*?, 
página 464. 



1871 

Aumento de le dotoclón eslgnode el colegio de Ins- 
trucción medie do lo copltol de Loreto. 



La lei de 19 de enero de 1871, que trata del particular, se halla en el to 
mo 1.°, página 470. 



- 469 - 



1871 

Ootofl^ é9 alAas oa la capital dal dopartomaato da 
Lorato. 



En el tomo 1*?, página 471, está inserta la ki de 19 de enero de 1871 
(|ue manda establecer dicho colegio. 



1893 



Esouala tallar an la ciudad da Mcycbamba. 



La lei que trata de la creación de ese establecimiento, fechada el 18 de 
noviembre de 1893 se halla en el tomo 1*?, página 475. 



1900 

Creación da un coiagio de inatriicclón media en Iqui- 
tos. 

Véase en el tomo 1^, página 299, la lei de 23 de febrero de 1900. 



60 



470 — 



19.04 



So mandan Invartlr £ 4yB32'B an la primara anaa« 
ftanza da Lorato. 



En el tomo 1*?, página 512, se ha considerado el decreto supremo de 9 de 
julio de 1904 qne trata del particular. 



1904 

Autorización al prafacto do Lorato para qua provoa 
da pracoptoroa á laa oacuolaa fflacalaa. 

Véase el oficio de 25 de julio de 1904 en el tomo l.'\ página 514. 



1904 

Daclarando inaubalatanta la craaclón da algimaa aa- 
cualaa an San Marttn I mandando aatablocar una 
da aagundo grado an Tarapoto. 



En el tomo 1.°, página 516, se encuentra la resolución suprema de 11 de 
agosto de 1904, que trata de aquellos asuntos. 



- 471 — 



1905 

Sa mandan aplicar £ 7,200 consignadas an al pllago 
adicional da Instrucción dal prasupuasto ganaral 
da la rapúbllca al sostanlmlanto da varias ascua- 
las ffiscalasp antro ollas algunas da Loroto. 



Véase en el tomo 1.°, página 51K, la resolución suprema de 25 de febre- 
ro de 1905. 



1905 



Establaclmlento do una ascuala tallar an ¡quitos. 



Véase en el tomo 7.°, página 682 la resolución suprema de 7 de abril de 
1905. 



1905 



Prosupuosto do las ascualas ffiscalos do Loroto. 



Véase la resolución ministerial de 28 de abril de 1905 en el tomo 6.°, 

■ * 

página l6l. 



— 472 — 



1905 



Se daclara naelonal ol colegio éo Inotrueclón modlo 
ém Taropoto. 



La lei de 27 de setiembre de 1905 que trata del particular, se encuentra 
en el tomo 7°, página 699. 



1905 



Escuela de comercio en Yurlmaguas. 



Véase la lei de 27 de noviembre de 1965, en el tomo 7.®, página 711. 



1905 



Creación de escuelas Mcnlcas en Loreto 

EL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA 

Considerando: 

Que las condiciones especiales del departamento de Lore- 
to, reclaman el establecimiento de escuelas de comercio é in- 
dustrias de preferencia á los colegios de segunda enseñanza, 
que sin las ventajas de proporcionar á sus alumnos una ma- 
nera de subsistir de resultados inmediatos sólo son frecuen- 
tados por los jóvenes que se dedican á los estudios universi- 
tarios; 



- 673 - 



Decreta: 



Artículo 1*=^ — Créase escuelas de comercio é industrias 
en las ciudades de Iquitos, Tarapoto i Yurímaguas á cuyo 
sostenimiento se atenderá con los fondos votados en el pre- 
supuesto departamental de Loreto. 

Artículo 2^ — En esas escuelas se enseñarán las siguien- 
tes materias; 

Castellano (estudio práctico de la lengua castellana). — 
Dictados sobre temas tomados de la vida social. — Corres- 
pondencia comercial; aritmética comercial; 

Geografía (universal, ftsica i comercial). — Especial del 
Perú.— Historia (la especial del Pero.)— Nociones de historia 
contemporánea; 

Dibujo i caligrafía (dibujo de lineas, ángulos, superficies 
curvas); geometría aplicada; 

Ciencias comerciales [contabilidad.— Documentos]; 

Física i química especiales; 

Economía social é industrial; 

Higiene (alimentación.— Alcoholismo.— Aseo. — Cuidado 
de enfermos, etc.) 

Mecánica i resistencia de materiales; 
* Elementos de legislación comercial é industrial; inglés; 

Cursos manuales (Ebanistería— Mecánica.— A gricultura- 
etc); 

Mecanografía; 

Artículo 3^ — Mientras la primera enseñanza se organi- 
za debidamente en el departan>ento de Loreto, se establece- 
rá en estas escuelas de comercio, una sección preparatoria. 

Artículo 4^ — El ministerio de instrucción expedirá el 
plan de estudios i programas á que debe sujetarse la ense- 
ñanza en estas escuelas. 

Dado en la casa de gobierno, en Lima, á los 14 días del 
mes de diciembre de 1905. 

José Pardo. 

Jorge Polar, (1) 



[i] Archivo del ministerio de juiticia. 



— 474 - 



1906 

Bocas por Loroto para la escuela da artes I oflclos da 
Lima. 

Lima, áWde abril de 1906, 

Señor prefecto del departamento de Loreto. 

Iquitos. 

Habiéndose acordado por el supremo gobierno becas en 
la escuela de Artes i Oficios por cada uno de los departamen- 
tos de la república, con objeto de que de la enseñanza de ella 
aproveche el mayor número de jóvenes pobres í meritorios, 
me fué grato comunicar á US. la suprema resolución de 9 de 
febrero del año en curso, según la que la circunscripción te- 
rritorial de su digno mando tenía opción á seis de las becas 
señaladas en aquel. ^ 

Como quiera que dada la distancia que separa esta capi- 
tal de esa, es de presuprimir que las citades becas no podrán 
ser provistas para el año en curso, cúmpleme dirigirme á US. 
á efecto de que, se sirva adoptar las medidas mas conducen- 
tes, para lograr que en el próximo año escolar sea posible 
adjudicarlas oportunamente á los naturales del departamen- 
to que reúnan los requisitos estipulados, basándose para ello 
en lo ya establecido en la suprema resolución recordada, que 
aunque supongo se halla á la fecha en poder de US. remito 
adjunta al presente. 

Dios guarde á US. 

y. A. Loredo, (1) 



[i] Re^fftro oficial del departamento de Loreto, 15 junio de 1906. 



- 475 - 



1906 

Edificio para el centro escolar de Iquitos 

Lima, 1"^ de junio de 1906, 

« 

Habiéndose consignado, en la partida N^ 791 del presu- 
puesto administrativo de la instrucción primaria, la suma 
de mil libras peruanas (£p. 1000), para la construcción de 
un local destinado á Centro Escolar en la ciudad de Iquitos; i 

Siendo conveniente nombrar una comisión que se encar- 
gue de todo lo relativo á la construcción de dicho local; 

Se resuelve: 

1^ — Nombrar con el antedicho objeto, una comisión 
compuesta del prefecto del departamento de Loreto, que la 
presidirá, del inspector de instrucción primaria de la provin- 
cia del Bajo Amazonas i del doctor don Mariano Rojas; i 

2' — La tesorería fiscal de Loreto cubrirá los libramien- 
tos relativos á los gastos que efectué dicha comisión; de- 
biendo aquéllos ser autorizados por el presidente de ella; 
aplicándose el gasto á la referida partida N^ 791. 

Rúbrica de S. E. [1] 

Polar. [2] [3] 



Li 1 Doctot don José Pardo. 

la 1 Doctor don Jor|ife. 

[3] Registro oñdal de Loreto, 30 de junio de 1906. 



- 476 — 



1907 



Plan do estudios paro las oscuaias comarciaias da 
Lorata. 

Lima, 23 de marzo de 1907. 

Habiendo llegado la oportunidad de determinar las asig- 
naturas de que deben constar las Escuela Comerciales é In- 
dustriales del departamento de Loreto; 

Se dispone: 

Los cursos de enseñanza en los referidos planteles de ins- 
trucción, quedarán distribuidos de la siguiente manera. 

1^' Asignatura. — Castellano, Historia Universal i del 
Perú, 14 horas semanales. 

2* Asignatura. — Aritmética Comercial, Geometría Apli- 
cada i contabilidad 14 horas semanales. 

3* Asignatura. — Geografía Comercia i del Perfi, Econo- 
mía, Legislación é higiene, 14 horas semanales. 

4^ Asignatura. — Física, Química i Mecánica aplicadas i 
Agricultura, 13 horas semanales. 

Clases de contrata: 

Inglés 9 horas semanales. 

Caligrafía i dibujo, 7 horas semanales. 

Trabajo manual i mecanografía, 9 horas semanales. 

Regístrese i comuniqúese. 

Washburn. (1) (2) 



( I ) Doctor don Carlos. 

( 3 ) Archivo del mintateriu de justicia. 




^ f < ^"-^^r ^ J N i» t 4 ^ ^ 



CHPITULO Yin 



CAMINOS TERRESTRES 




GfíiVLTNOS' TERRESTRES 



1835 



Rofocclón del camino del tambe de Roque á Sapo- 



PKIMBKA ORDEN PARA KA EJBCUCION DE ESA OBRA 



República peruana 



Sub prefectura de M aínas 



Moyobamba, 13 de ^'uJio de 1885, 



Al ^¿[obernhdór del distrito de Saposoa. 

• 
Informado '^sti? gobierno de que hai un camino recto pa- 
ra el pueblo de sii mando, tomando la dirección del Tambo 
de Roqueda Yuracyaco, camino de menos distancia del que 
se trafica por los pueblos de Tabalosos x San Miguel, por 
donde en tiempo de las epidemias de viruelas, sarampión i 
otras pestes, se abandonan por miedo muchas cargas de ba- 
rios infieles, en perjuicio de los negociantes, i responsabili- 
dad de los cargueros, particularmente intereses del diezmo, 
i siendo un deber del gobierno reparar efectos de esta natu- 

61 



— 480 — 

ralesa por las facultades que le son conferidas por Jas reglas 
de sus atribuciones, i presentando ventajas insuperables el 
que se refaccione el citado camino que se vedó en tiempo del 
antiguo gobierno á causa de los contrabando de esta capital, 
á ese pueblo: ordeno á U. que en el momento de recibir esta 
tome providencias las mas activas, i formando comiciones 
mande refaccionar el citado camino desde Roque hasta Sa- 
posoa dejando en un estado de que puedan libremente trafi- 
car bestias; combiene sobre todo la permanencia de ese ca- 
mino por los fines indicados i particular resultando en bien 
general de todos: quedando U. i la honorable junta de nota- 
bles responsables si no lo verifican conforme lo mandado. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



SEGUNDA NOTA SOBRE EL MISMO PARTICULAR 



República peruana 
Sul)prefectura de Mainas 



Moyohamba, 6 de noviembre de 1835. 

Al gobernador de Saposoa. 

No habiendo hasta la fecha dado U. parte de ha ver cum- 
plido la orden que se le comuniqué en 18 de agosto último 
reiterándole lo que se le previne en 13 de junio del corriente 
año sobre el allanamiento de caminos según costumbre de 
la pertenencia de ese distrito; i de que mandase abrir el ca- 
mino vedado por el govierno anterior del parage de Roque 
para unirlo al de ese punto: haviéndo pasado el término mas 



(t) Documento del archÍTO especial de límites.— Sección Ecuador.— Si^lo XIX, repü- 
hlica.— arpeta 5.— No. 436. 



- 481 - 

de 4 meses; ordeno á U., por última vez, acuse el recibo de la 
indicada nota, abisando los impedimentos que le han emba- 
rasado para no dar el lleno exactamente de un asunto tan 
interesante al bien general de todos, para en su vista tomar 
las providencias mas rectas i combenientes para su berifica- 
tibo, castigando á medida de la falta de insubordinación 
que merece tal notable desatendcncia. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



TERCERA CONMINATORIA 



República Peruana 
Sub prefectura de Main as 

Morobamba, 29 de noviembre de 1835, 

Al gobernador del distrito de Saposoa. 

La nota de U. de 23 de noviembre del presente mes rela- 
tiba á la imposibilidad de descubrir la trocha del punto de 
Yuracyaco al tambo de Roque, no satisface á esta sub prefec- 
tura á virtud de que no es creible que un camino transitado 
por tantos años, no se encuentre, i por tanto ordeno á U., 
por 3* vez, se abra ese camino, i se cumplan las ordenes de 
esta magistratura, procurando que los indios se empleen en 
ese descubrimiento auxiliados por su alimento con las cos- 
tas de los blancos como es de costumbre; quedo impuesto 
de que el camino de Lamas se haya abierto, i que tenga U. 
cuidado en mandar allanar los demás caminos públicos i 



(I ).— Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador.— Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta 5,— No. 436. 



— 482 - 

necesarios para la comodidad i 'salubridad cóni.ú(]. Espero 
mje comunique el cumplimiento de las ordenes refer^ntesi á Ja 
abertura del camino de Alao desde el punto de :yi>r.ayacQ á 
Roque. • . 

Dios guarde á U. 

Ca ríos del Ca stillo Rengifo . [ 1 ] 



1836 

Camino del tambo do Roquo á Saposoa. 

República peruana 
Sul)prefectura de Mainas 



Moyohamba, 6 de julio de 1836. 
Al gobernador de Saposoa. 

• ■ ■ ' 

El 18 de agosto del año 1834 i en 13 de julio i 9 de di- 
cieml^re del mismo año pasado 1835 ha dado á U. este go- 
vierno ordenes bastante extencibas para que mande abrir el 
camino vedado en el gobierno español desde el punto de Rd- 
qye hasta el de ese punto: últimamente prevengo á U. que 
ep.el término de 25 días de recibida esta comunicación, cum- 
pla todo lo antes ordenado, i me dé parte volando de haver- 
lo ex.ecutado i cumplido, en inteligencia quede no hacerlo no 
solo lo suspenderé de su cargo por sü inaptitud i desentenden- 
cia, sino que remitiré un vecino de esta, ciudad de goberna- 
dor á ese pun^oicon instrucciones fuertes á que le haga^ á 
UU. obedecer lo que se les. manda i conozcan que están suge- 



|il Documento del archivo especial de Kmitea. — Sección Ecuador. — Siglo xix, repfi- 
blica. — Carpeta 5. — Número 436. 



— 483 - 

tos á las Wes constituidas. Espero el contesto de esta nota 
con impaciencia, yá cumplida cabalmente para tomar las 
precaucianes necesarias, sin tolerancia como hasta aquí 
vista. 

Dios Guarde á U. 

CaNos del Castillo Rengífo, [1] 



1837 

Camino de Jspelacio á Saposoa 

Repfiblica Teruana. 
Subprefectura de Mainas. 

Movóbamba. 13 de enero de 1837. 

• ..,■.'• ■ - 

Al gob^nador del'distrito de Saposoa. 

♦ • ■ ■ • 

' Tan luego qué reciba U. ésta nombrará quatro indios 
montaraces para que salga don Gregorio Ríos á la especu- 
lación del camino de ese punto á Xepelácío de las labransas 
de don Gregario Al varado llamado SituUi, que dicen ser por 
allí el antiguo camino de los Incas, deviendo al mismo tiem- 
po coiicur%-ir con su persona á darles toda auxilio ál indica- 
da comisionado; el asunto será de común utilidad, i á la vez 
de su apertura formal disfrutaremas de las ventajas más 
cómodas, i particularmente ese pueblo si como dicen se atra- 
viesa á.Xepelació en tres días; me dará U. parte de su. resul- 
tado para dar las provinencias, i dando ' parte al govierno 
se allane ese camino. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. [2] 



[ I ] Documento del archivo especial de limites. — Sección Fcuador. - Siglo XIX, rC' 
pública. — Carpeta 5. — Núm. 436. 

[j¡} Documento del archiro espedal de limites. -<- Sección Ecuador. -^,Sigto S IX, re> 
pública. — Carpeta 5. — Nücn. 440. 



— 484 — 



1837 

Camino de Saposoa al tambo de Roque 

PRIMERA NOTA AL GOBERNADOR DE SAPOSOA 

República Peruana 
Sub-prefectura de Mainas 

Moyobamba, 14 de enero de 1837. 

Al gobernador de Sapasoa. 

Sin embargo de ha verle prevenido en 18 de agosto de 
1835, 13 de julio 6 i 23 de noviembre del mismo año, para 
la abertura del camino antiguo del punto de Yuracyaco al 
tambo de Koque, i no haverse adelantado nada hasta esta 
fecha por las disculpas i motivos injustos que pone U. con 
pretesto que no se encuentra ni señales de dicho camino, or- 
deno á U. por última vez, que en el instante que reciba esta 
nota disponga que el notable indígena de Saposoa acompa- 
ñado con un blanco racional salgan á la altura de la trocha, 
llevando consigo á los indios José María TapuUima, Juan 
de Mata Shupingahua i otros más, á ñn de lograrse el ñn 
deseado, pues nos resultará grandes ventajas de su verifi- 
cación. 

Espero con impaciencia me participe del buen resultado 
de esta orden. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo, (1) 



(I). -Documento del archivo espceial de llmltcB. - S«cctAn Bcnador.- Siglo XIX, repá- 
blica.— '"arpeta s--^- 44° 



— 485 - 



SEGUiNDA NOTA DEL GOBERNADOR DE SAPOSOA 



República peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyohamha, 2 de marzo de 1837. 

Al governador de Saposoa. 

Impuesto en la nota de U. de 13 de febrero último devo 
decirle que procure luego que se levanten las aguas á que sa- 
quen la trocha del camino á Roque los indígenas que previ- 
ne á U. en mi anterior sin dejar al olvido camo hasta aquí 
lo ha hecho pues precisa muchísimo cumpla las ordenes del 
señor prefecto i comandante general del departamento cier- 
es que, los que U. ha mandado vuelvan con que no han podi- 
do por las crecientes de los ríos. 

Bn breve que se suspendan las aguas determinaré el día i 
fecha que salgan los de Xepelacio á encontrarse con ceña de 
tambores i trompetas con don José Gregorio Ríos, i U. hará 
lo mismo en darle gente quando yo le abise. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo, [1] 



í i]— Documentos del afchtVn eüpecidl de límitéí»— Sección Ecuadof— Sl^lo ÍCÍX, fepé 
blicR.— Carpeta S.-^N. 440. 



486 -- 



1837 



Camino de Jepelaclo á Guayabamba 



E. N. P. 

Subprcfectura de M aínas. 

N' 5. 

Al señor Teniente Coronel de Ejército, Prefecto i Comandan- 
te General del departamento dé Amazonas. 

S. P. 

En contestación á la respetable nota superior de US. de 
17 del corriente nómero 5, digo que, el descubrimiento del 
camino de Xepelacio para Guayabamba, no se ha podido 
hasta la fecha poner en práctica regular como se desea, por 
las muchas aguas de la presente estación: Don Eustaquio 
Babilonia fué á Jepelacio, i volvió el tercero día con este pre- 
testo; llamé á don Pedro Santiago Moreno para darle comi- 
sión á este importante asunto, i puso la misma diñcultad 
que el primero, ofreciéndose ir para el verano: éste dá unos 
indicios favorables no solo para sacar el camino á Guaya- 
bamba, sino también descubrir el Cerro de la Nieve de Cajá- 
marquilla que dice se podría atravesar de ésta en mui pocos 
días con tal que se le dé alguna gratificación. Hasta mientras 
se han ido á abrir trocha cinco individuos casadores de aves, 
por dichas montañas, llamados José María Villegas, Juan 
Bautista Bela, Carlos Saavedra, León Labi i el cholo Juan 
Bautista Sánchez i su hijo; luego que vuelvan estos de su 
comisión daré las providencias más adecuadas á fin de cum- 
plir i llenar todo lo que US. me ordena en este objeto. 

Antes de todo según las insinuaciones que me ha dado 
Moreno, he comisionado á don Gregorio Ríos vecino de Sa- 
posoa en 13 del corriente para que con cuatro indios mon- 



— 487 — 

tarases salga á las Labransas de don Gregorio Alvarado lla- 
mado Situilli, el antiguo camino de Saposoa botado, para 
Xepelacio, que se hechaban trece días solo en haber si pueden 
llegar á Logia Yaquillo ó otro punto q^ie conoce, i encon. 
trar las trochas, para que salga á la especulación. Aseguro á 
US. que no me descuidaré en afrontar este asunto cuanto e3té 
de mi parte. 

Por lo que respecta al camino de Yuraguaco, don Cle- 
mente del Águila volvió, i dá las noticias siguientes: de Yu- 
racyacu caminó por aquellos ásperos montes con su respecti- 
va trocha tres días i topó con una peña ó cerro altísimo, i 
lejos de ir al poniente siguió por la izquierda del cerro, i su- 
biendo dicho cerro hasta su última altura, columbró mui 
cortísimo el punto de Unicara camino de Moyobamba, i no 
teniendo que comer junto con sus compañeros se regresó en 
un solo día temprano á Yuracyacu; i asegurándome dicho 
don Clemente salir el dia 30 del corriente á descubrir la tro- 
cha por la falda del cerro dicho al poniente quien sabe hasta 
salir á algunos pueblos de la sierra le he ofrecido dar doce 
gamitanas de á ocho reales para su mantención, de los 
fondos de la alcabala, i por no querer mas por ahora, no se 
le ha ofrecido más. 

Se esperan noticias favorables de todo cuanto espongo 
para poner en su conocimiento. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo, (1) 



(I) Documento del archivo especial de límites. — í'ección Ecuador. — Siglo XIX, re 
pública — Carpeta lo. — K6m. 537. 

62 



— 488 — 



1837 

Camino do Sorltor ¿Guayabamba 

E. N. P. 
Subprefectura de Mainas. . ^ 

Moyobamba, 28 de marzo de 1837, 
Al señor prefecto ¡ comandante general. 

Al momento que recibí la superior orden de US. de 6 del 

• 

corriente número 21 referente al descubrimiento del camino 
del puvíblo de Soritor al valle de Guayabamba, notifiqué á 
don Alejandro Alvarez para que emprendiese su expedición 
con la asignación que esa prefectura le señala, i con la de los 
que le acompañan en retribución de sus trabajos, se preparó 
al efecto con el objeto de dirigirse por su trocha, seguro i 
bajo la confianza de salir á Guayabamba, i estando en este 
preparativo se ha descubierto que don Faustino Rodríguez 
natural de Guayabamba que vino con el padre Goyeneche, 
informado de la trocha de dicho don Alejandro AlvaYez se 
ha encaminado con sus peones conduciendo sus tocuyos, i 
demás intereses para su jpaís por aquella trocha ahora 18 
días segün me informa el alcalde don Atanacio Ríos, que in- 
fiere que á la fecha está descansado en su casa i no obstante 
trato, de cumplir Alvarez su comisión en estos días, i según 
los informes que diese pondré oportunamente al superior 
conocimiento de US. para proceder á la apuración de dicho 
camino hasta el estado de ponerlo traficable con toda clase de 
negociaciones proporcionando todas las herramientas i de- 
más instrumentos anexos para .emprender el desempeño de 
tan interesante servicio al bien general. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo, [1] 

(il Documento del archivo especial de límites— Sección Ecuad or. — Siglo xix, repúbli- 
ca —Carpeta 5.— No. 436. 



— 489 — 



1837 



Camino de Situlll á Jepelaclo 



NOTA DEL SUBPREFECTO DE MAINAS 

AL GOBERNADOR DE SAPOSOA. 



E. N. P. 
$ubprefectura de Mainas. 



Moyobamhüy marzo 29 de 1837. 

Al gobernador del pueblo de Saposoa. 

Con fecha 2 del corriente dije á U. que le indicaría un día 
fijo i determinado para que el comisionado don Gregorio 
Ríos pusiese en ejecución la apertura del camino de Situlli á 
Jepelacio, concurriendo loshavitantes de este en el mismo día 
al encuentro; i hallándose ya estacionadas las aguas, dan- 
do ocasión capaz de emprenderla, ordeno á U. que el día 
diez de abril á los ocho días después de Quasimodo le preste 
U. todo el acompañamiento de peones, víveres i demás ausi- 
lios al citado don Gregorio Ríos para que con cajas i trom- 
petas salga indefectiblemente el día que se le cita para cuyo 
efecto ordeno con esta fecha, al alcalde de Jepelacio, para que 
espedicione su gente i que con el mismo aparato i vocería 
salga al encuentro. Espero me avise U. de haberlo verifica- 
do con un propio, para avisarlo al señor Prefecto del depar- 
tamento, de tan laudable operación. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengifo. [1] 



1i] Djcumsnto del archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 5 — Núm. 440. 



— 490 - 



NOTA AL COMISIONADO PARA LA APERTURA DEL CAMINO 

E. N. P. 

Subprefectura de Mainas. 

Moyobamba, marzo 29 de 1837. 

Al ciudadano don Mariano Ríos. 

Con esta fecha ordeno al gobernador de ese distrito pa- 
ra que el día dies de abril le dé á U. todo el acompañado de 
peones, víveres i demás auxilios para que plantifique U. el 
descubrimiento del camino antiguo de Sitilli á Jepelacio: se 
lisongea este gobierno de tenerlo ya por descubierto ese mis- 
mo camino, i que el ramo comercial tenga esa proporción 
ventajosa por el zelo, cuidado, actividad i desvelo de V. i 
cree que será incomparable á fin de que la empresa no pierda 
su efecto. 

Con esta fecha ordeno al alcalde de Jepelacio para que 
el día indicado salga con su gente, con cajas, trompetas al 
encuentro de U. encargándole sumamente el verificativo de 
esta gran empresa. 

Dios guarde U. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



(I ) Documento del archivo especial de límites ~ Sección Ecuador •> Giglo XIX, ttp6i' 
blica. — Carpeta 5 — Número 440. 



— 491 - 



1837 



Caminos do lo Loguno á Pochlso 



República peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobamba, 6 de abril de 1837. 

AI alcalde del pueblo de Laguna. 

Sin embargo de que he dado ordenes para que habrán 
los caminos generalmente todos los pueblos cada uno por 
su pertenencia hasta los mojones que les corresponde, le pre- 
vengo: que esa gente de su pueblo componga desde el puer- 
to hasta el pueblo, i de allí al mojón que tiene con Pachiza, 
i respecto de ser ese punto bado común i real, que siembren 
todos sin decisión alguna plátanos, yucas i críen puercos pa- 
ra dar auxilio á los pasajeros. Así mismo están prevenidos 
los de Pachiza, Guicungo i Balsayaquillo para pue reunidos 
habrán el camino del Valle, de cuya operación está eccenta 
esa gente. 

Dios guarde á U. 

Carlos del Castillo Rengiío. (1) 



:i) Documento del archivo especial de lírrtites-^cciórt Ftcuadof— Siglo XIX, retiúbli' 
ca-»Carpcta 5-^40. 



— 492 — 



1837 



Camino do Yuracyacu é Puealadriilo 



E. N. P. 

Subprefectura de M ai ñas. 



Moyobama^ 6 de junio de 1837. 

Al señor pi^efecto i comandante general del departamento. 

En bista de la respetable nota de US. fecba 14 de abril 
último numero 38, debo indicarle: que he tomado las probi- 
dencias mas eñcaces al ejercito de qué don .Clemente del 
Águila emprenda su marcha al descubrimiento del camino 
de Yuracyaco que salea Puealadriilo hasta conseguirlo, pues 
ya lo ha verificado otras veces i ha regresado sin logro. 

Del mismo modo he apercibido á don Alejandro Albares 
sobre la apertura del camino que sale dé Soritor á Guaya- 
bamba. I del resultado daré á US. el mas puntual abiso. 

Dios guarde á US. 

Carlos del Castillo Rengifo. (1) 



( I) IJocumento del archivo especial de limites. — Sección Ecuador. — Siíflo XlX, repú- 
blica. — Carpeta 5. — Número 437. 



— 493 — 



1838 



Camino de Calavera á Quilcarumi 



República peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobamba, i septiembre 15 de 1838. 

Al gobernador del distrito de Tarapoto. 

Ha sido mui satisfactoria la nota de U. fecha 9 del co- 
rriente á esa sub-prefectura, referente al allanamiento del tre- 
cho agregado de Calavera á Quilcarumi» que convengo que 
U. tomó por la tercia parte del agregado de su pertenencia 
de la punta de la Campana, punto limítrofe anterior con 
Lamas hasta el tambo de Roque, cuyo tambo debe U. man- 
dar dejar construido en el mejor modo posible, de buen ta- 
maño, capaz de dar guarida á los trancantes que muchas 
veces se juntan en número suficiente. 

Habiendo U. tomado ese agregado, i con la pensión de 
tener á su cuidada la conservación de los tambos de Potre- 
ro i Roque le queda á la ciudad de Lamas desde Roque bas- 
ta Calavera: á Tabalasos de Calavera á Quilcarumi, i el 
plantificar el tambo de Lahuarpia, i á los de esta ciudad, de 
esta seja hasta Quilcarumi, i la reposición de su tambo, i el 
de construir el de Guerillo. 

Me han informado que usted yá mandó abrir el camino 
de su pertenencia anterior en nombre, i por cumplimiento, 
porque se ha quedado ,el camino, como si nunca hubiese 
abierto nadie, i por tanto prevengo á U. mande allanarlo, 
bien limpiado i ancho, que los calses, puentes i tambos sean 
trabajados con perfección, i)ara cuyo registro mandaré un 
comisionado de esta capital para que según el informe de 
éste, si diese lugar, buelvan á reformarlo, i en último caso. 



- 494 - 

se tome providencias de imponerle á U. una multa pecuna 
ría por su condesendencia, que le será sensible. 

Dios guarde á U. 

Gregorío del Castillo, [1] 



1845 



Camino do Soposoo á Cojomorquillo 



República Peruana 
Subprefectura de Mainas 



Moyobamba, obrero 20 de 1845. 



A los ciudadanos don Baltasar Rengifo i don Juan de la 
Cruz Cepida. 

Con fecha 12 del presente, me dice el benemérito señor 
coronel prefecto del departamento, que procure descubrir el 
camino del Saposoa perdido que se dirige á Cajamarquilla, 
para que según el resultado del descubrimiento proteja su 
aperción para el mejor trancito; i habiendo dispuesto esta 
subprefectura actual, i que al efecto deben irse dos ciudadanos 
que por sus patriotismos sean interesados al bien coman, he 
nombrado á U. i á don Juan de la Cruz Cepida para que 
acompañen á los conocedores don Baltasar Vela, don Lucas 
Avanto i donjuán Sánchez; i en su virtud esperando que no 
se denegará á tan importante servicio á nombre de la Nación 
i de la provincia prevengo á U. que se disponga para dicho 



[ij.— Documento del archiva especial de l(niitcs.-'Secci6n Bcuador.— Siglo XIX, repú- 
blica.— Carpeta Ó.^'Doctimento 446. 



— 495 — 

día, i por este gobierno se le darán los peones i demás que 
se necesitan i será U. compensado de su justo trabajo. 

Del buen celo de U. se espera que no perdonará cuantos 
medios estén á su alcance de acuerdo conel compañero para 
que los trocheros, 6 casadores al efecto nombrados no vuel- 
van á sacar la trocha á Cajamarquilla. 

Dios guarde á U. 

José María Reátegai. [1] 



1845 



Camino de Copallin é Atunmayo 



República Peruana 

Subprefectura 
de la provincia de Mainas. 



Moyobamba, abril 28 de 1845. 

N*? 64. 

Al benemérito señor coronel prefecto del departamento. 

En este momento que son laS dos de la tarde recibí la 
respetable comunicación de US., de 19 del actual, numero 54 
relativa al cumplimiento de los cuatro artículos que contie- 
ne consiguientes al laudable objeto á que US. se ha propues- 
to en abrir el camino de Copallin para Atunmayo con obje- 
to de consultar el engrandecimiento de esta provincia, faci- 
litándole por esa vía los giros de sus producciones i de los 
negocios extranjeros introducidos por nuestra frontera de 



( 1 1— Docurncnto del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 6. — Núm. 454. 

63 



— 496 — 

los términos del Bracil á las provincias altas del Marañen 
por buques pequeños de vapor, contesto á US. diciendo: Que 
conforme al artículo primero de ella mandase poner las seis 
canoas en el punto del pueblo de Cahuapanas distante de esa 
dicha ciudad ocho días de camino por tierra para que em- 
barcándose en el río de este nombre salivan al Marañón por 
la Barranca en dos días de bajada, i seguir hasta Yusamaru 
desembarcadero para seguir la trocha que sigue para Copa- 
Uin según datos de varios sugetos distante de la boca del 
río de Santiago ocho di? s de surcada por el Marañón, aun- 
que de la voca del citado río ó la quebrada de la Nieve na- 
vegable con embarcaciones pequeñas seis días de suscada á 
la banda izquierda de Amazonas, menos cuatro días de sur- 
gidero que al anterior que deciende de las montañas de lam- 
brasbamba, también hai como rebuscar el camino US. para 
que tenga efecto el artículo 2^ es necesario que me indique 
el día, i mes en que saldrán para esta los dos ciudadanos 
comisionados, para librar las providencias consiguien para 
sus conduciones, i deber ser habiendo terminado las aguas, 
i las crecientes, por que en la actualidad está los ríos por los 
montes, para el verificativo del 3*^ i 4r^ se irán á quedarse pa- 
ra el cuidado de las canoas en el dicho punto cuatro San- 
tiaguinos los más expeditos, como vecinos de esos labade- 
ros, i al efecto dispondré, si fuere de su superior agrado, que 
el gobernador jeneral marche con un piquete de ocho hom- 
bres resguardando la comisión que ha de ir, de los infieles 
que nunca faltan. 

Sobre todo trataré de cumplir cuantas prevenciones que 
sobre este respecto rae dirija US. como su atento i obsecuen- 
te servidor. 



Dios srarde á US. 



& 



José María ReáteguL (1) 



(I) Documento del archivo especial de límites.— Sección Ecuador'.— Siglo XIX, repfi- 
blica. — Carpeta Xo. 6.— No. 455. 



— 497 — 






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— 498 - 

Notas.— No aparecen los costos de estas obras porque 
se han hecho i se hacen por erogaciones ya en dinero ó ya en 
trabajos personales que prestan los ciudadanos de esta i de- 
más pueblos, que ban enumerados arriba: así es que sería 
difícil calcular la suma de pesos que se haya imbertido 6 im- 
birtiesen hasta la conclusión de dichas obras. Klcavildo que 
se está trabajando en esta capital, se halla actual trabaján- 
dose el techo con tejas; de costo de todo él se calculará cuan- 
do esté concluido, pues esta obra se hace fuera de los arvi- 
trios i erogaciones voluntarias de los ciudadanos de esta ca- 
pital. 

No encontrándose en las casillas de la razón anterior, 
obras públicas sobre barrancos ó sanjas, creo pues dar una 
idea sobre lo que se está componiendo i está para concluirse 
en esta capital, i lo verifico en el orden que sigue:' 

La ciudad de Moyobamba se halla situada en un banco 
6 meseta de tierra compuesta de arena i greda. Las frecuen- 
tes lluvias han formado los barrancos que circulan la ciudad 
pues corren por medio de casi todas las calles i son hasta de 
veinte varas de profundidad. Un barranco de estos he manda- 
do detener en su curso formándole diques de contorno, con 
paredes de piedras, cal i ladrillo de una altura de mas de diez 
varas, con su caño en medio para conducir el agua, bajo de 
arquería. Así he conseguido asegurar la duración de la igle- 
sia, pues seguramente le habría sepultado bajo los derrumbes 
del barranco referido que marcha en dirección á ella, igual- 
mente .que á otras casas, incluyéndose la casa de cavildo, que 
se está construyendo. 

Moyobamba, á 21 de agosto de 1848. 

José Orosco» (1) 



( I ) Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. -~ Siglo xix, repú- 
blica. — Carpeta i6. — Número 556. 



— 499 — 



NOTA DE REMISIÓN DEL ANTERIOR CUADRO 



República Peruana. 

Subrefectura 
de la provincia de Mainas. 



N. 50. 

Moyobamba, á 21 de agosto de 1848, 

Ai benemérito señor coronel prefecto del departamento de 
Amazonas. 

B. S. coronel prefecto. 

Para los fines que haya lugar, i cumpliendo la orden su- 
perior de US., fecha 26 de julio último, incluyo á US. las ra- 
zones de los empleados de esta provincia, aldeas i ciudades 
de ella, i número de sus habitantes. 

Dios guarde á US. 

José Orosco, (1) 



'O— Documento del archivo especial de límites. — Sección Bcuador — Siglo XtX, repú' 
blica. — Carpeta i6. — Número 556. ' 



— 500 — 



1851 

Reparación de los caminos, puentes i tambos del go- 
bierno de las misiones de Mainas. 

República Peruana 

Gobierno jeneral del interior 
. de Mainas 

N. 2. 

BalsapuertOf Julio 4 de 1851, 

Al señor te. tiente coronel de exercito i snb prefecto de la pro- 
vincia de Mainas. 

S. vS. P. 

En contestación á la respetable comunicación de U. fe- 
cha 29 del próximo pasado número 192, referente á la re- 
composición de los caminos, puentes i tambos, devo decirle: 
que con fecha 29 de mayo, último mes de la estación de 
aguas, circuló este gobierno jeneral las ordenes combcnien- 
tes á todos los gobernadores de distritos, i con mas eficacia 
á los de Balsapuerto, Jeberos i la Laguna, para que éstos á 
mas de tener que reparar los caminos que cruzan su territo- 
rio, tienen también que recomponer por trechos (que ya tie- 
nen señalados), desde este punto hasta el de la Jalea, que es 
el promedio en el tránsito para Moyobamba, En cu^'a vir- 
tud los cahuapanas i los cha^'abitas, actualmente se hallan 
en el trabajo que, para su formalidad i mejor arreglo, obli- 
gue al teniente gobernador de Cahuapanas á fin de que per- 
sonalmente asista á dicho trabajo. No he olvidado tampoco 
investigar sobre los caminos que siendo de mucho rodeo pu- 
diera dársele dirección para evitar los incombenientes que 
presentan los primeros, mas esto no es fácil conseguir con es- 
tos habitantes opuestos á toda buena razón i entregados á 



— 501 — 

costumbres perniciosas. En los demás distritos, escepto Pe- 
bas que tiene mui corto trecho de allí á San José de los Ya- 
guas, me ocuparé de los puertos cuidando que todos se re- 
paren con calses para el fácil i cómodo embarque i desem- 
barque del tráfico. Los de Muniches i Yurimaguas que tam- 
bién tienen por costumbre las obligaciones de reparar sus. 
trechos en el camino para la capital han retardado el pun- 
tual cumplimiento de mi citada orden. Supongo que ya es- 
tin en camino, de lo contrario con mi bajada los haré que 
salgan inmediatamente. 

Dios guarde á U. 

José María Arebalo. (1) 



852 



Trocha de Huayabamba á Soritor 



Pepública Peruana. 
Gobierno de esta Villa 



Soritor^ 6 de Junio de 1852. 

Al benemérito señor prefecto del departamento de Amazo* 
ñas. 

Con fecha 27 del próximo pasado se ha dado cumpli- 
miento ala laudable empresa del descubrimiento de la trocha, 
que viene de Huayabamba á esta villa, por las recomenda- 
bles personas de Julián Gárate i Miguel Rodríguez. En su 
consecuencia imparto á esa prefectura dé las providencias 



(II Documento del archivo especial dt límites — Sección Ecuador. — Siglo XIX, re* 
pábltea. — Carpeta 17. — Ñámefo 557. 



- 502 - 

necesarias para su total descubrimiento pues, previendo que 
estos descubridores, carecen de comida, hé ido personalmen- 
te á su encuentro, i de facto ha sucedido así; pues esto mis- 
mo me había encargado el señor prefecto La Torre Bueno. 

Lo que participo á US. para los usos que le fueren con- 
venientes. 

Dios guarde á US. 

Alejandro Alvarez. (1) 



1852 



Trocha de Huayabamba á Sorltor. 



República peruana 
Subprefectura de Main as 



N.° 286. 



Moyobamba^ noviembre 23 de 1832, 



Al señor prefecto del departamento. 

Acompaño á US. la nota del gobernador de la villa de 
Soritor en la que dá cuenta del viaje que en virtud de la or- 
den de esa superioridad hice que participara al cerro de Titi- 
caca considerádolo punto intermedio entre la villa de Soritor 
i la de Huayabamba. 

Como US. notará, el resultado de esta'esploración no ha 
correspondido á nuestros deseos por los motivos que alega 



íi) Documento del archivo especial de límiteí.— Sección Ecuador.— Siglo XIX, repú. 
blica.--Carpeta i8.— -No. 56a. 



- 503 — 

dicho gobernador; mas no por esto soi de opinión que debe 
desistirse de una empresa de tanta importancia para el de- 
partamento. Puede convinarse otro viaje prometiendo á 
US. por mi parte, que por este lado haré cuanto sea posible 
para el logro de esta empresa. 



Dios guarde á US. 



S. P. 
Pablo Ortiz. (1) 



NOTA DEL GOBERNADOR DE SORITOR 



Kepáblica Peruana. 
Gobernación de la villa 



Sorítor, setiembre 13 de 1852. 



Al señor sub-prefecto de la provincia. 

S. S. 

Cumpliendo con la disposición superior de la prefectura 
del departamento que se sirvió US. trascribirme en nota de 
29 del próximo pasado, partí personalmente acompañado 
de ocho hombres prácticos el 30 del citado á la exploración 
del camino de Huayabamba, i habiendo marchado abriendo 
la trocha necesaria tocamos en el primer día al tambo de 
Polopanta, donde pasamos la nocbe, sin haver encontrado 
en esta jornada ninguna cosa notable más que la quebrada 
de Ochio. algo considerable, pero vadeable, que atraviesa un 
terreno llano. Al siguiente día primero del corriente conti- 
nuamos nuestra marcha en el mismo orden hasta que nos 
dio la noche en el punto de Huaraticrana sin haver descu- 
bierto más que todo llanura. El día 2 continuando desde 
dicho paraje marchamos hasta el de Machinacsi conducidos 



(I I Documento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo xix, repú- 
blica. — Carpeta iS. — N&mero 562. 

64 



- 504 - 

pot una llanura deliciosa. El 3, continuando nuestra mar- 
cha por travesías i llanuras, no descubrimos mas que algu- 
nos arroyos pequeños i mucha casería de aves i monos,, i 
particularmente pájaros de diversos colores de hermosa vis- 
ta; pasamos la noche en el tambo de Oñate. El 4 seguimos de 
nuestra marcha así mismo por travesías i llanuras, i nos dio 
la noche al pié del Serró grande. El 5 desde este punto sali- 
mos mui tarde por el aguacero que desde el primer día nos 
molestaba i en este fué mucho mas recio, i nos dio la noche 
antes de concluir la bajada del dicho cerro en cuya falda pa- 
samos la noche. El 6 concluimos la bajada i haviendo an- 
dado una llanura tocamos á orillas del río Tonechima don- 
de ya no es mas que una pequeña quebrada mui estendida 
en playa. El 7 nos tocó subir una cuesta tendida i como no 
paraba el aguacero no concluimos la subida i tuvimos que 
pasar la noche en media cuesta. El 8 seguimos la marcha 
por una travesía hasta que nos dio la noche en un pajonal 
corto. El 9 continuando la travesía caminamos hasta las 
cinco de la tarde i descubrimos el cerro de Titicaca á la dis- 
tancia de legua i media. El 10 nos embarasó el aguacero 
que amaneció lloviendo con rigor, i como se nos acabaron 
los víveres contramarchamos de aquel paraje el once i llega- 
mos en esta villa el día ayer doce á la una de la tarde. 

Siendo pues el mencionado cerro de Titicaca baquería de 
Huayabamba como se dice, i haviendose columbrado á tan 
pequeña distancia la tarde del día nueve del punto donde 
contramarchamos, parece probable la poca distancia que 
media de un pueblo á otro. 

Esta circunstancia i la marcha puntualizada de la comi- 
sión, pongo al conocimiento de U. para que se sirva elevar á 
la prefectura del departamento, á fin de que se digne propor- 
cionarnos los medios para poner en practica la apertura del 
camino que ofrece grandes ventajas á los dos pueblos i tal 
vez á las dos provincias. 

Tal objeto, me franquea la oportunidad de ofrecer á U. 
mis respetos. 

Dios guarde á U. 

Alejandro Alvarez. [1] 



I i] Docnmento del archivo especial de límites. — Sección Ecuador. — Siglo XIX, repú- 
blica. — Carpeta i8. — Número 562. 



— 505 — 



1853 

Oposición del sub-prefecto de Mainas á que Me im- 
ponga á los vecinos de su provincia la repara' 
ción de caminos de Cliapoyas. 

República Peruana 
Subprefectura de Mainas. 



Moyobamba^ Julio 23 de 1853. 

Al señor prefecto del departamento. 

S. P. 

Los havitantes de los pueblos de Soritor, Calsada i Ha- 
vana, se hallan actualmente ocupados en el arreglo i com- 
postura de los caminos cada uno en su propia jurisdicción. 
Los de los pueblos del cercado de esta ciudad hasta los lin- 
deros de Lamas i Balsapuerto i los de estos distritos hasta 
los pueblos que la costumbre ha demarcado se hallan tam- 
bién ocupados del mismo arreglo, finalmente en virtud de la 
orden que US. se sirvió comunicarme con fecha 30 del próxi- 
mo pasado en toda la provincia se mandó se cumpliese con 
exactitud apesar de que hace pocos meses que se compusie- 
ron los caminos públicos por haverse retardado dicho tra- 
bajo con motibo del último reclutamiento. Hoi se anticipa 
2 meses sobre la techa que la costumbre ha sancionado en 
estos lugares, pero hai necesidad de ello para el tráfico de 
los inmigrantes i le ordena ejecute con una exactitud ma- 
temática. 

Parece, señor prefecto, que llenando mis deveres desde que 
en cuanto he recibido una orden la he cumplido i la hago 



- 506 - 

cumplir en todos los puntos que tengo jurisdicción. Destinar 
á mis governados que escasamente tienen tiempo para satis- 
facer los mandatos de las autoridades locales á travajos 
ajenos de otra provincia, que sin duda alguna cuenta con 
mas recursos para sus mejoras locales esto es á lo que no he 
crido estar obligado i este es el fundamento que he tenido 
para pasar en silencio aquella parte de la comunicación de 
US. con relación al arreglo de los caminos de la provincia 
de Chachapoyas para los hijos de Moyotamba. En la dis- 
tinguida comunicación de US. signada con el número 70 se 
hace referencia á que los hijos de esta provincia que se diri- 
gen á Chachapoyas á comprar ganado i otros artículos es- 
pían en el tráfico perjuicios irreparables por la fragosidad 
de aquel camino. Siendo esto induvitable como es mui 
obvio, me parece que este cargo se devia á las autoridades 
de la dependencias de US. en aquella provincia pues que 
aparte de ser de cargo de ellas el arreglo de caminos en 
aquel territorio es mui arreglado i conforme que faciliten 
las vías de comunicación á su capital á los hijos de esta pro- 
vincia que les llevan el dinero para retornar sus productos 
ventajosamente de otro modo no es posible tampo hacer 
valer el argumento de que porque los hijos de esta provincia 
trafican por dicho camino se hallan comprometidos á traba- 
jar su compostura porque la misma razón existiría para que 
los hijos de Chachapoyas que se dirigen á Balsapuerto á 
comprar productos de esta provincia seles obligare á trava- 
jar i componer el camino de esta ciudad hasta Balsapuerto. 

No ha vía derecho para ello, así como no hai para que los ha- 
vitantes de Moj'obamba arreglen el camino de Chachapo- 
yas por el que se dirijen. 

US. sabe qne la línea divisoria de ambas provincias, es 
el río Tonchima i que después de media legua de camino de 
dicho río marchando así á Chachapoyas se encuentra la vi- 
lla de Rioja que cuenta con 1500 ha vitantes cuya villa es de 
la dependencia de esa subprefectura de Chachapoyas. De la 
indicada villa á Paucartambo se enumeran ocho leguas que 
se hacen en dos jornadas; por consiguiente nada es más justo 
que los havitantes de la prenotada villa de Rioja, por esta 
parte, i los del distrito de Olleros, por la otra, operen en sus 
respectivos territorios hasta alcanzar la mejora del camino 



- 507 - 

que conduce A la capital de la provincia, i no que los havi- 
tantes de otra provincia sean arrojados hasta el centro de 
una vía de comunicación en territorio extranjero cuando en 
el suyo propio no cuentan con todos los recursos para 
ponerlo espedito. Por un principio de igualdad, de reciproci- 
dad puede un vecino cooperar á la limpieza de la casa de otro 
con tal que el otro á su vez le preste igual servicio. El resul- 
tado de esta convención podía ser provechosa para ambos» 
pero esto es en la suposición de que el uno pueda abundaren 
recursos para el aseo de la casa propia. La subprefectura 
de Moyobamba no cuenta sino con elementos necesarios es- 
casamente para asear la parte de su territorio ni tampoco 
esperar que la deChacapoyas se destine alguna vez á que los 
ha vitantes de su dependencia se empleen en la composición 
de caminos que cruzan por ajena jurisdicción. Decontado si 
no hai abundancia de recursos de una parte, sino hai reci- 
procidad por la otra, es claro que no deve existir la conven- 
ción ó si existe no puede ser sino onerosa. La superior nota 
de US. bajo el número 82 tiene por objeto reiterarme la or- 
den de reparación del camino de Riqia á Pucatambo ase- 
verando US. que en la época de la dominación española los 
hijos de esta provincia travajaron en la composición del pre- 
dicho camino, lo cual aquí nadie duda, así como en la mencio- 
nada época el pueblo de Rioja pertenecía á esta provincia i 
consiguientemente en la línea divisoria no era el río Tonchi- 
ma como en el día lo es i bien pudieron aserio al presente, 
si dicha villa perteneciese á la provincia. Si después de la 
emancipación algún mandatario continuó á las exijencias 
de Chachapoyas i con menoscavo de los derechos de los go- 
bernados ha procedido al arreglo de dicho tráfico. 

No me parece justificable que porque un funcionario des- 
conoció su deber se encuentre otro en precisión de ocurrir en 
igual error cuando mui bien pudo conducirse por el sendero 
de la justicia, de la razón i de la equidad. 

He hecho á US. esta esposición para establecer una re- 
putación de sus resoluciones porque no me hallo poseído del 
espíritu de contradicción; mi objeto no es otro que el de pro- 
pender á que se conserven ilesos los derechos de mis subordi- 
nados que son los de US. por cuya rason deve serme lícito es- 
perar de su patriotismo é ilustración que no se insistirá en la 



— 508 — 

imposición de untravajoque no les incumbe practicar i para 
lo cual los habitantes de Soritor, Havana i Calzada no tienen 
voluntad para emprenderlo. 

Dios guarde á US. 

S. P. 

Pablo Ottiz, (1) 



i855 



Camino de Moyobamba á Cajamarquilla. 



República Peruana. 

Suprefectura de la provincia 
de Moyobamba. 



N'^ 99. 

Moyobamba, setiembre 8 de 1855, 

Al benemérito señor prefecto del departamento de .Amazo- 
nas. 

B. o. P. 

Por una carta particular indiqué á US. en el correo pa- 
sado la importancia de tomar todos los medios posibles pa- 
ra poner en contacto esta provincia con la de Pataz arre- 
glando el camino de esta ciudad á la villa de Cajamarquilla, 
i de una fácil exploración de una trocha al efecto de la em- 
presa de tanto interés de la que refluirá grandiosos benefi- 
cios á ambas provincias por relaciones, i por la participa- 
ción de sus proviciones entre la una í la otra, particularmen- 
te á esta que carece de los más indispensables artículos para 



(I) Documento del archivo especial de límites. -^ Sección Ecuador.— Siglo XIX, re- 
pública. — Carpeta 7. — Kúmero 466. 



- 509 — 

proveer la muchedumbre de sus familias, que desgraciada- 
mente no pueden criar en estas montañas ganado vacuno, 
lanar, ni yeguarizo, porque á mas de estos intereses induda- 
bles particulares de los dos pueblos, ofrece este camino arre- 
glado una conocida ventaja á la nación i al comercio por si- 
tuarlo á Trujillo, mas inmediato por la vía de Huamachuco, 
i lo mi^mo á Cajamarca tomando el camino de las Balsas i 
Celendín. El entusiasmo de esta ciudad para emprehender 
la indicada exploración, i poner el camino en un estado tran- 
sitable en general por las probabilidades de su inmediación, 
por tener á la vista sus ventaja i porque de ella refluye el 
consuelo de sus familias. 

No pudiendo mas tiempo desentenderse esta sub- prefec- 
tura de la prontitud con que debe remitirse una comisión de 
doce hombres motaraces prácticos para la primera expedi- 
ción bajo la dirección del extranjero don Ignacio Maurelli 
que irá llevando su vitácora para facilitar la dirección por- 
que entiende la brájula, puesto que se me ha comprometido 
solo espero de la protección de US. para que, aprobándolo, 
dé impulso con sus superiores providencias, i al mismo tiem- 
po se sirve invitar al gobernador de Camarquilla para que 
en conformidad de la que le hago por lo que acompaño á 
US. para su conocimiento i se sirva dirigirla si es posible por 
un espreso de mi cuenta i si fuere del agrado de US. me indi- 
que el día en que deben salir las comisiones de una i otra 
provincia. 

Espero que esta comunicación será aceptada en la pro- 
tección de US., pues depende de ella para que surta su efecto. 

Dios guarde á US. 

Marcelino del Castillo. (1) 



(I).— Documento del archivo etpeeial de llmttcs.— Sección ficuador.— Siglo XIX, rep6- 
bllva.— 'Carpeta 19.— N. 565. 



— 510 — 



856 



Instrucciones para la composición de caminos en la 
provincia de Mainas. 

República Peruana 
Prefectura de Amazonas 

Chfíchaj^oyas, mayo 7 de 1856. 

N° 88. 

Al señor subprefecto de la provincia de Mo3'^obamba. 

Por reiteradas órdenes se ha prevenido á U. que en el 
próximo mes de junio, se inicie la formal composición de los 
caminos, puentes, tambos i calzadas, ya generales como par- 
ticulares. I al objeto de que no se repita lo acaecido en años 
anteriores, en que las comunidades ó personas obligadas 
han salido á entretener el tiempo echando desmontes en los 
cajones, i arrancando unas cuantas yerbas, para alucinar al 
público, todo ocasionado por falta de actividad, i de concu- 
rrencia de las autoridades respectivas; paso á hacer á ü. las 
indicaciones respectivas. 

I*' Conforme al artículo 62 del reglamento de funciona- 
rios políticos, asistirán todas las personas no impedidas le- 
galmente, por si ó por medio del jornal respectivo, del lu- 
gar designado por el gobitfrno ó comisionado nombrado pa- 
ra la composición de los caminos, puentes, tambos i calzadas 
de s»i pertenencia» cuidando que en las distancias cortas se 
deje el número de trabajadores competente. 

2^ El trabajo principiará alas 7 déla mañana i acabará á 
las 6 de la tarde, sin mas interrupción que la necesaria para 
que tomen alimento i un pequeño descanso. 

S'' Para la exactitud debida en el trabajo, se nombra- 
rán comisionados subalternos que recibirán órdenes del go- 



- 511 ^ 

bernador ó comisionado general, i á cada uno de ellos se les 
desit^nará diez individuos, los cuales trabajarán bajo su di- 
rección en las horas indicadas, siendo deber deéstos pasar 
lista á la hora de principiar la fatiga i á la de terminarla, 
para que el jornalero que no hubiese cumplido su obliga- 
ción, la llene en las horas de descanso. 

4"^ Todos los caminos aun en la parte mas estrecha, de- 
ben de tener dos varas de ancho cuando menos, debiendo 
ensancharse en los terrenoe donde la localidad lo permita. 

5*^ Los cajones pendientes, i todos los demás sitios que 
han solido rellenarse con tierra suelta causando en el pri- 
mer aguacero atolladeros intransitables, procurarán empe- 
drarse, i en caso de no haberlo con que practicarlo, se alla- 
nará el piso hasta tocar en tierra masisa, votando á los es- 
tremos los desmontes que aparezcan. 

6"^ Se procurará acortar las distancias abriendo canii. 
nos directos por los lugares apropiados, i en una palabra 
adoptando las medidas que reporten al páblico las ventajas 
del tráfico. 

7' En los caminos de montaña, donde la arboleda con- 
serva la humedad, porque los rayos del Sol no pueden pene- 
trar en ellos, se harán los desmontes más prolongados, á de- 
recha é izquierda para que el tránsito se haga por el me- 
dio. 

8"^ Todos los puentes se cubrirán de techo, principalmen- 
te los del camino real de Balsas á Moyobamba, consultán- 
dose en lo posible la seguridad del piso i su duración. 

9*^ En las cuestas i bajadas, i en los lugares resbaUídizos, 
se formarán escarpes de piedra, i en caso de no haberla, de 
madera gruesa á manera de escalera. 

10'' Se cuidará coa particular esmero de colocar desa- 
gües empedrados, no solo en todos los recodos, sino tam- 
bién en los llanos, para impedir las inundaciones i pantanos. 

11^ Los que vulgarmente se llaman camellones, se desba- 
ratarán botando las rebalsas á los estremos, i dejando nive- 
lado el piso con piedras ó est¿icadas. 

12'^ Las calzadas se renovarán en su totalidad, si así lo 
exije el estado de conservación ó deterioro en que se hallen, 
cuidando de que las nuevas que se levanten sean prolonga- 
das de piedra chata, grande i masisa. 
65 



- 512 - 

13^ Los tambos se levantarán sobre pilares de piedra, i 
los techos se colocarán á una altura incapaz de que el tran- 
seúnte pueda con facilidad echar mano de la paja 6 madera, 
para retocilarse, i que al contorno de cada uno de ellos haya 
una acequia de una vara de profundidad, por donde corran 
las vertientes ó humedades, i evite el que se formen atolla- 
deros, como con frecuencia sucede, siendo cada tambo de 12 
varas de largo i seis de ancho, i teniendo por lo menos de 
barbacoas i su respectiva traüca á la puerta. 

Dígolo á U. para conocimiento de los respectivos gober- 
nadores, i su debido cumplimiento. 

Dios gtfarde á U. 

Julián Torres, (1) 



1863 

Estudio de la vía Moyobainba— Balsapuerto. 

En la ciudad de Moyobamba, capital de la provincia li- 
toral de Loreto, á los 22 días del mes de agosto de 1863; 
reunidos en la casa prefectural de la H. corporación munici- 
pal, el señor subprefecto, tesorero, juez de 1* instancia acci- 
dental, el venerable párroco, el comercio i vecinos notables 
de esta ciudad, con el objeto de acordar sobre la apertura de 
la nueva vía descubierta de Balsapuerto á esta ciudad, des- 
pués de serías discusiones, resolvieron: que para que se lleve 
á debido efecto la apertura del camino, i para que los traba- 
jos que se han de emprender para su realización tengan un 
resultado feliz, acordaron se practique previamente la explo- 
ración de él por comisionados prácticos é inteligentes en la 
materia: que para que los intereses tanto del comercio como 



(i). -Documento del archivo especial de límites —Sección Ecuador.— Siglo XIX, rep6- 
blíca. -Carpeta 8.--N.O 478. 



- 513 - 

del pueblo sean perfectamente representados, se nombrará 
por la junta dos comisionados i un suplente, i por la muni- 
cipalidad el tercero dirimente i también un suplente: que 
dichos comisionados saldrán á la exploración del camino en 
el perentorio término de veinte días contados desde esta fe- 
cha. En esta virtud, i bajo las bases espuestas, procedieron 
al nombramiento de las personas que deben desempeñar la 
comisión, i por pluralidad absoluta salieron electos de parte 
del comercio i el pueblo, comisionados propietarios los seño- 
res don Marcelino del Castillo i don José Villacorta, i por 
suplente don Agustín San Martín; i de parte de la municipa- 
lidad don Buenaventura Panduro, como tercero en discordia 
i por suplente don Antonio Pinedo. Acto continuo se acor- 
dó levantar un empréstito suficiente para dar principio al 
trabajo, mientras el supremo gobierno remita la cantidad 
señalada en el presupuesto para dicho camino, con la que se 
indemnizará las erogaciones que se hahan por el comercio i 
demás vecinos, los que serán cotizados por una comisión 
que al efecto se creará, para que con conocimiento especial 
del estado de negocios i capitales de cada comerciante i de 
Cada vecino» haga las asignaciones correspondientes, tanto 
en esta ciudad como en los pueblos inmediatos, á cuyo traba- 
jo darán principio desde el siguiente día de la publicación de 
este acuerdo. Bajo este punto de vista procedieron á la elec- 
ción de la comisión cotizadora, i por unanimidad resultaron 
electos los señores don José Toribio Vasquez Caicedo, don 
Facundo del Águila i don Eugenio Paz, los mismos que co- 
menzarán á hacer las recaudaciones de las asignaciones que 
hagan, tan luego como la comisión exploradora haya emiti- 
do su dictamen i presentádolo á la junta. 

Para asegurar la buena administración i economía de 
los fondos, se procedió inmediatamente á elegir un tesorero, 
i cuya elección recayó en el señor cura don Julián del Águila. 

Que siendo de vital importancia para el porvenir de la 
provincia el trabajo del camino, que al presente se trata, se 
consideró indispensable un director que con conocimiento de 
las necesidades de los trabajadores resuelva oportunamente 
el modo de satisfacerlas, i de evitar cualquiera inconve- 
niente que se oponga al trabajo, i cuyas órdenes libradas al 
tesorero aseguren no solamente la esmerada administración 



- 514 - 

de los fondos i la buena dirección de la obra, sino también 
los intereses generales que están cifra dos con un dichoso por- 
venir de la provincia en el camino de Balsapuerto á esta ciu- 
dad, i se fijaron que el descubridor de la trocha por donde 
pueda facilitarse la inmediata comunicación de esta á los 
ríos, sea el director. Asi mismo tuvieron en conisderación, 
que para salvar la responsabilidad del tesorero, remita el 
director, al fin de cada mes, un estado del número de traba- 
jadores i de los gastos, á la municipalidad, á fin de que visa- 
do por ésta sea remitido á la prefectura para su publicación 
en el Periódico oficial de la provincia. Por ultimo, acorda- 
ron se dé la publicidad necesaria á este acuerdo en el indica- 
do periódico; i concluyó la presente que la firmaron en el día 
de la fecha. 

M. G. Mugaburu, Manuel S. Lombarda tesorero; Marce- 
lino del Castillo, siihpvekcto; Pedro Villacorta, alcalde mu- 
nicipal; Alejandro Lozano, gobernador del cercado; /. Tori- 
bio V, Caicedo, juez de 1* instancia accidental; Julián del 
Águila, cura; Bruno Acosta, síndico procurador; Diego Rss^ 
F, K le fus, Pablo Morí, Luis Sisley, José Reyes Guerra, Ro- 
mualdo del Águila, Mateo Moriega, Jo&é María Córdova^ 
Facundo del Águila, Felipe Reyes, fosé Campos, Toríbio 
Najar, Fabián Soplin, Eugenio Paz del Carpió, J. 1.^ Mau- 
relli, José Villacorta, José Jesús del Castillo, Carlos Char- 
pentier, Antoríio Pinedo, Martin Proaño, Manuel R. Farge^ 
José Pérez, Agustín San Martín, /. N. Montero, vice cónsul 
de la N. G.; Pedro Vasquez Ruiz', Pedro Pablo Vasquez Cai- 
cedo, José del Carmen Vasquez (1 ). 



( I ; "Registro Oñcial de Loreto".— Año de :863. 



— 515 — 



1865 

Apertura del camino de ¡Noycbamba ¿ Baisapuerto I 
exploración del mismo por el prefecto de Loreto, 
don Francisco de P. Secada. 



NOTA DEL PREFECTO DANDO CUENTA 

DE SU PRIMERA EXPLORACIÓN, 

República Peruana 

Prefectura de la provincia litoral 
de Loreto 



Movohamba, febrero 6 de 1865. 

m 

Señor ministro ile Estado en el despacho de gobierno, poli- 
cía i obras páblicas. 

S. M. 

Con noticia de que los trabajos de la sección occidental 
en la obra de la apertura del camino de esta ciudad á Balsa- 
puerto, estaban próximos á unirse con los de la sección cen- 
tral; me puse en marcha á la montaña, acompañado del te- 
sorero don Manuel Lombard i del ayudante de la prefectu- 
ra, capitán don Marcelino del Castillo. El 10 del próximo 
pasado apesar de la estación i del mal estado de mi salud 
con el fin de inspeccionarlos, i cerciorarme si la obra del ca- 
mino estaba ó no bien practicada. He tenido que emplear- 
me 22 días en esta expedición para no regresar antes de ob- 
tener un resultado satisfactorio; i me es grato participar á 
US. que, aun cuando á mi llegada al sitio de los trabajos, 
mediaba todavía entre ambas secciones como una legua de 
bosque por abrirse, que tuvimos que atravesar á pié, se ha 
hecho el roce de ese espacio durante mi permanencia en aquel 
lugar; se ha terraplenado el piso, allanado sus sinuosidades, 



— 516 — 

mediante un sólido puente de 30 varas de largo i 3 de ancho, 
colocado en el río Cachi-yacu, sobre los maderos más corpu- 
lentos i elevados de esas inmediaciones, (uno de los cuales 
tiene 38 pulgadas de diámetro), han quedado unidos los tra- 
bajos de las dos secciones en el paraje indicado. De suerte 
que, desde Moyobamba hasta unas cinco leguas antes de 
Balsapuerto,está hecho el camino; i como la sección oriental 
cuando mandé suspender sus trabajos tenía ya practicadas 
dos leguas de las cinco referidas, sólo quedan por abrirse las 
tres restantes, para la completa terminación de esta obra 
tan importante á la civilización i al progreso de estos pue- 
blos. 

Cuando con la actividad i el empeño con que el subpre- 
fecto don Remigio Saens ha sobrellevado las fatigas i priva- 
ciones que demandará i requiere, aún, esta penosa empresa, 
me prometo que no pasará del mes de marzo próximo, sin 
que esas tres leguas de bosque estén convertidas en un buen 
camino como todo lo restante, que este pundonoroso funcio- 
nario ha hecho trabajar en la sección central de que está en- 
cargado, venciendo las mayores diñcultades, asistiendo per- 
sonalmente al lugar de los trabajos i trabajando él mismo 
(como he tenido ocasión de verlo) á la par que los peones, 
descalzo i sumido en los pantanos, bajo la lluvia i la intem- 
perie de las montañas, por tal de impulsar la obra, hacerla 
perfecta í dar cima á su desinteresada i noble empresa. 

De las 22 leguas de trayecto, que mide el camino desde 
Moyobamba hasta Balsapuerto, están, pues, practicadas 
diez i nueve, de las cuales requieren algunos reparos ciertos 
trechos, comprendidos en las dos leguas trabajadas por 
la sección oriental, i algunos defectos que se advierten en las 
dos últimas leguas antes de llegar á Paujil-yacu, que la sec- 
ción occidental no pudo evitar por no haberlo permitido el 
rigor de la presente estación i la fuga frecuente de los peones, 
debida á la instigación constante i á los medios ejercidos 
para frustrar la apertura de este camino por parte de algu- 
nas personas opuestas á su realización. 

Estos reparos demandan treinta ó cuarenta días de tra- 
bajo, poco más ó menos, que debe|hacerse en el verano próxi- 
mo á cuyo efecto he dispuesto, que tan luego como el sub- 
prefecto haya concluido la apertura de las tres leguas del 



- 517 - 

bosque interpuesto entre el lugar en que quedaron los tra- 
bajos de la sección oriental, que partió de Balsapuerto, i el 
paraje de donde la central emprendió los suyos, proceda á 
hacerse esas rectificaciones, que consisten en mejorar los cal- 
ces dar curso á las aguas detenidas por los desmontes, qui- 
tar la rapidez de las pequeñas lomadas atravesadas p:>r el 
camino; renovar los puentesillos de los arro3-os, por estar 
sumamente angostos i débiles, i formar dos tambos ó posa- 
das más entre Moyobamba i Cachi— yacu. cuyo río ha logra- 
do el subprefecto don Remigio Saens, variando la dirección 
primitiva del camino mediante nuevas incursiones verifica- 
das por los bosques, que no sea necesario pasarlo mas que 
una sola vez, i ésta por el hermoso i sóljdo puente del que ya 
he hecho á V. S. mención. 

A más de este puente se han colocado cuatro de suma 
necesidad sobre los ríos Uchcu, Copal, Piedra-liza i Colpa- 
yacu, el menor de los cuales tiene veinte varas de longitud; 
todos sólidos, de las mejores maderas i cubiertos también los 
dos últimos trabajados por el subprefecto, así como el de 
Cachi-yacu con tablones de cedro i caoba de cinco pulgadas 
de espesor. 

Yo,apesar de las penurias físicas de los infinitos sinsabo- 
res que me ha demandado esta obra i de los defectos que he 
advertido en las últimas leguas de la sección occidental, he 
quedado complacido del buen suceso que se ha obtenido has- 
ta hoi en su ejecución. 

La elección del terreno por el cual se ha proyectado el 
camino, está hecha con inteligencia i puedo asegurar, que es 
el ÚTiico que se presta á este fin i se encuentra en toda la in- 
mensa región montañosa que media entre Moyobamba i 
Balsapuerto, flanqueando la línea, que cruza en su mayor 
parte por terrenos horizontales, duros i dominan tes, siguien- 
do las cuchillas de los diversos valles que desembocan en el 
Cachi-yacu sin ser mui elevados. Ninguno de los seis gran- 
des ríos i diez i ocho riachuelos que se encuentran en el trán- 
sito, se atraviesan más de una sola vez, ó por los pu<?ntes de 
que los más caudalosos i constantes están provistos, ó por 
vados cómodos i deseml)arazados de las piedras i palizadas 
que los hacían sino peligrosos incómodos por lo menos. N<) 
existe en todas las diez i nueve leguas de camino abierto, un 



— 518 — 

solo trecho que ofrezcn el menor p-*lia^ro al pasajero. A to- 
das estas favorables circunstancias, hai que agregar la no 
menos satisfactoria, de que no hemos tenido que deplorar 
hasta hoi la menor desgracia en los trabajadores, pues ni 
siquiera han enfermado durante la obra. 

Cuando ésta se halle del todo terminada, tendré oca- 
ción de hacer á V. S. una exposición minuciosa de cuanto 
concierne á ella, de su costo detallado, de los medios estra- 
ños que se han puesto enjuego por sentimientos egoístas de 
mala índole para fustrarla i de las dificultades de todo géne- 
ro que se han superado i aun resta vencer, i se vencerán, 
pues convencido c:>mo estr)i de la absoluta necesidad de este 
camino, de su importancia i de su trascendencia en el orden 
material i moral de estos pueblos, no omitiré esfuerzo algu 
no á fin de hacerlo concluir i que principie con él una era de 
ventura para estas regiones. 

Dios guarde á V. S. 

S. M. 

Francisco de P. Secada. 



1865 



Camino de Moyobamba al río Indocha 



República Peruana 

Director de la obra del camino 
de '-Indoche/' 



Moyobamba, octubre 30 de 1865. 

Señor coronel prefecto de esta provincia litoral. 

S. P. 

Me es satisfactorio poner en conocimiento de US., haber 
terminado ya la rectificación del camino abierto desdt esta 



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ciudad, al puente **Gomez Sanches" recientemente construi- 
do sobre el río **Indoche.*' Se ha trabajado además unas 
(400) cuatrocientas varas hacia la parte opuesta, en direec- 
ció á la Calzada. De suerte, que desde allí á esta ciudad, á 
donde dista una legua i cuarto del puente, ha quedado un 
camino que no deja nada que desear respecto del mejor de la 
costa; ancho, seco, orizontal i cómodo, mediante el trabajo 
que se ha emprendido, como puede US. hacerlo inspeccionar, 
no obstante de haber estado visitando la obra con frecuencia. 
Queda pues cumplida mi comisión por ahora, hasta tan- 
to la prefectura se digne encomendarme alguna otra, que me 
será grato cumplir. 



Dios guarde á US. 



S. C. P. 
José Marín Olivera. [1] 



1871 

Camine de Chachapoyas al Marañen 

República peruana 
Prefectura de Amazonas 

N^ 18. 

Chachapoyas, octubre 14 de 1871. 

Señor ministro de Estado del despacho de gobierno, policía i 
obras públicas. 

S. M. 

La importancia de un camino fácil por su apertura i 
costo que una la capital de este departamento, al punto más 

1 1 ] Registro oficial de Loreto, noviembre de 1865. 
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próximo navegable del rio Marañon ha sido reconocido por 
todos los habitantes de estos lugares, i por el supremo go- 
bierno, como el único medio de alcanzar el porvenir i pro- 
greso de los departamentos de Amazonas i Loreto. 

Para conseguir tan importante i avanzado objeto, los 
gobiernos en diferentes ocasiones han empleado grandes su- 
mas de dinero para la exploración de las montañas de Bon- 
gará al Poneo de Manseriche; estos gastos i esfuerzos, no 
han producido otra cosa, sino la pérdida de cantidades d e 
dinero, i vidas de hombres asesinados por los infieles. 

Posteriormente á lo dicho, exploró las mismas monta- 
ñas, el finado patriota señor obispo Ruiz, el que consiguió 
catequizar i bautizar á una parte de las tribus Aguarunas. 
Ultimamenre el señor prefecto Eguren, remitió una comisión 
exploradora por las mismas montañas de Bongará en la 
que no tuvo otro resultado que la pérdida de ocho hombres, 
asesinados por la tribu Aguarunas i el gasto de seis mil so- 
les. Todos los esfuerzos relacionados no pudieron llevarse á 
su término, por falta de un ingeniero que tuviese conoci- 
miento de la posisión geográfica de los diversos puntos que 
se esperaban poner en comunicación con estos lugares. 

El señor ingeniero don Arturo Wertheman fué nom- 
brado por el supremo gobierno para explorar el terreno 
comprendido entre los ríos Utcubamba, Marañón i Hualla- 
ga, i hacer los reconocimientos para la apertura de una tro. 
cha ó camino que una por navegación fluvial este departai- 
mentó con el Amazonas. Lo referido tuvo lugar en 1.° de 
mayo de 1870 el que quedó descubie